Conferencia General Octubre de 2012
Ver a los demás como lo que pueden llegar a ser
Por el presidente Thomas S. Monson
Debemos cultivar la capacidad de ver a los hombres no como lo que son ahora, sino como lo que pueden llegar a ser.
Mis queridos hermanos, dos veces al año, este magnífico Centro de Conferencias se llena con el sacerdocio de Dios al reunirnos para escuchar mensajes inspiradores. Un maravilloso espíritu impregna la reunión general del sacerdocio de la Iglesia, el cual emana del Centro de Conferencias y llega a cada edificio donde los hijos de Dios están reunidos. Sin duda hemos sentido ese espíritu esta noche.
Hace muchos años, antes de que se construyera este hermoso Centro de Conferencias, alguien que visitaba la Manzana del Templo, en Salt Lake City, asistió a una sesión de conferencia general en el Tabernáculo. Escuchó los mensajes de las Autoridades Generales; puso atención a las oraciones; oyó la bella música del Coro del Tabernáculo; se maravilló ante la grandiosidad del majestuoso órgano del Tabernáculo. Cuando hubo terminado la reunión, se le oyó decir: “Daría todo lo que poseo si supiera que lo que los oradores dijeron hoy es verdad”. Básicamente estaba diciendo: “Desearía tener un testimonio del Evangelio”.
Absolutamente nada en este mundo proporciona más consuelo y felicidad que el testimonio de la verdad. Aunque en diferentes medidas, creo que todo hombre o jovencito que se encuentra aquí esta noche tiene un testimonio. Si sienten que aún no tienen el fuerte testimonio que desearían, los exhorto a esforzarse a fin de obtener dicho testimonio. Si ya es fuerte y profundo, esfuércense por mantenerlo así. Qué bendecidos somos por tener conocimiento de la verdad.
Mi mensaje esta noche, hermanos, es que hay incontables personas cuyo testimonio es pequeño o nulo en este momento y que podrían obtenerlo, o lo obtendrían, si estuviésemos dispuestos a esforzarnos por compartir el nuestro y ayudarlos a cambiar. En ocasiones, nosotros podemos proporcionar el incentivo para cambiar. Mencionaré primero a quienes son miembros pero que actualmente no están completamente comprometidos al Evangelio.
Hace muchos años, en una conferencia de área en Helsinki, Finlandia, escuché un mensaje poderoso, memorable y motivador que se dio en una sesión para madres e hijas. No he olvidado ese mensaje a pesar de que han pasado casi 40 años desde que lo escuché. Entre las muchas verdades que mencionó la oradora, dijo que a una mujer debe decírsele que es hermosa; debe decírsele que se la aprecia; debe decírsele que es valiosa. Seguir leyendo






































