Ver a los demás como lo que pueden llegar a ser

Conferencia General Octubre de 2012

Ver a los demás como lo que pueden llegar a ser

Por el presidente Thomas S. Monson

Debemos cultivar la capacidad de ver a los hombres no como lo que son ahora, sino como lo que pueden llegar a ser.


Mis queridos hermanos, dos veces al año, este magnífico Centro de Conferencias se llena con el sacerdocio de Dios al reunirnos para escuchar mensajes inspiradores. Un maravilloso espíritu impregna la reunión general del sacerdocio de la Iglesia, el cual emana del Centro de Conferencias y llega a cada edificio donde los hijos de Dios están reunidos. Sin duda hemos sentido ese espíritu esta noche.

Hace muchos años, antes de que se construyera este hermoso Centro de Conferencias, alguien que visitaba la Manzana del Templo, en Salt Lake City, asistió a una sesión de conferencia general en el Tabernáculo. Escuchó los mensajes de las Autoridades Generales; puso atención a las oraciones; oyó la bella música del Coro del Tabernáculo; se maravilló ante la grandiosidad del majestuoso órgano del Tabernáculo. Cuando hubo terminado la reunión, se le oyó decir: “Daría todo lo que poseo si supiera que lo que los oradores dijeron hoy es verdad”. Básicamente estaba diciendo: “Desearía tener un testimonio del Evangelio”.

Absolutamente nada en este mundo proporciona más consuelo y felicidad que el testimonio de la verdad. Aunque en diferentes medidas, creo que todo hombre o jovencito que se encuentra aquí esta noche tiene un testimonio. Si sienten que aún no tienen el fuerte testimonio que desearían, los exhorto a esforzarse a fin de obtener dicho testimonio. Si ya es fuerte y profundo, esfuércense por mantenerlo así. Qué bendecidos somos por tener conocimiento de la verdad.

Mi mensaje esta noche, hermanos, es que hay incontables personas cuyo testimonio es pequeño o nulo en este momento y que podrían obtenerlo, o lo obtendrían, si estuviésemos dispuestos a esforzarnos por compartir el nuestro y ayudarlos a cambiar. En ocasiones, nosotros podemos proporcionar el incentivo para cambiar. Mencionaré primero a quienes son miembros pero que actualmente no están completamente comprometidos al Evangelio.

Hace muchos años, en una conferencia de área en Helsinki, Finlandia, escuché un mensaje poderoso, memorable y motivador que se dio en una sesión para madres e hijas. No he olvidado ese mensaje a pesar de que han pasado casi 40 años desde que lo escuché. Entre las muchas verdades que mencionó la oradora, dijo que a una mujer debe decírsele que es hermosa; debe decírsele que se la aprecia; debe decírsele que es valiosa. Seguir leyendo

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Ayúdenlos a fijar metas elevadas

Conferencia General Octubre 20122012-11-00-liahona
Ayúdenlos a fijar metas elevadas
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Henry B. Eyring

Con la guía de ustedes, aquellos a quienes dirijan podrán ver, querer y creer que pueden lograr su pleno potencial para servir en el reino de Dios.

Estoy tan agradecido por la oportunidad de estar en esta gran reunión del sacerdocio y de haber escuchado enseñanza y testimonios maravillosos. Me hizo pensar sobre mi experiencia personal; casi todo lo que he logrado como poseedor del sacerdocio ha sido porque personas que me conocían vieron en mí aquello que yo no podía ver.

Cuando era un padre joven, oré para saber qué contribuciones podrían hacer mis hijos en el reino del Señor. Para los varones, sabía que podrían tener oportunidades en el sacerdocio; para las mujeres, sabía que brindarían servicio representando al Señor. Todos estarían llevando a cabo Su obra. Sabía que cada uno era una persona individual y, por lo tanto, el Señor les habría dado dones específicos para que cada uno de ellos los utilizara en Su servicio.

Ahora bien, no puedo decir a cada padre y a cada líder de jóvenes los detalles de lo que sería mejor que hicieran; sin embargo, les prometo que ustedes los bendecirán para ayudarlos a reconocer los dones espirituales con los que nacieron. Toda persona es diferente y la contribución que hará será diferente. Nadie está condenado al fracaso. A medida que ustedes busquen revelación para reconocer dones que Dios ve en quienes ustedes dirigen en el sacerdocio, en especial los jóvenes, serán bendecidos para ayudarlos a elevar la mira del servicio que ellos pueden realizar. Con la guía de ustedes, aquellos a quienes dirijan podrán ver, querer y creer que pueden lograr su pleno potencial para servir en el reino de Dios.

Con mis propios hijos, oré por revelación para saber cómo podía ayudar a cada uno a prepararse en forma individual para las oportunidades específicas de servir a Dios; y después traté de ayudarlos a imaginar, tener esperanzas y trabajar por ese futuro. Para cada hijo esculpí una tabla con una cita de un pasaje de las Escrituras que describía sus dones especiales, y una imagen que representaba ese don. Al pie de la imagen y de la inscripción esculpí la fecha de bautismo y de ordenación a los oficios del sacerdocio de cada uno, con la medida de su estatura grabada en la fecha de cada logro. Seguir leyendo

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El gozo del sacerdocio

Conferencia General Octubre de 2012
El gozo del sacerdocio
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera PresidenciaDieter F. Uchtdorf

Abracemos y entendamos la maravilla y el privilegio del sacerdocio. Aceptemos y amemos las responsabilidades que se nos pide cumplir.

El gozo de volar

Hace muchos años, un par de comandantes de avión amigos míos y yo decidimos hacer realidad el sueño de nuestra juventud de restaurar un aeroplano antiguo. Juntos compramos un antiguo Piper Cub de 1938 y comenzamos a trabajar para devolverlo a su estado original. El proyecto fue una obra de amor que tuvo un significado especial para mí, pues había aprendido a volar en un aparato parecido cuando era joven.

Ese aeroplano se construyó apenas 35 años después de que los hermanos Wright hicieran su famoso primer vuelo. El sólo pensar en ello me hace sentir muy viejo.

El motor carecía de arranque eléctrico; mientras alguien cebaba el motor desde la cabina, otra persona en tierra tenía que agarrar la hélice y tirar de ella con fuerza para que el motor arrancara por sí mismo. Cada vez que se arrancaba el motor era un momento de emoción y valentía.

Cuando el aeroplano ya estaba en pleno vuelo, era evidente que el Piper Cub no se había concebido para ser veloz. De hecho, siempre que había un fuerte viento en contra, parecía que no se movía en lo absoluto. Recuerdo estar volando con mi hijo adolescente, Guido, por encima de la autopista en Alemania y, como era de esperarse, ¡los coches nos adelantaban fácilmente!

¡Pero cómo amaba yo aquel avioncito! Era la manera perfecta de experimentar la maravilla y la belleza de volar. Uno podía oír, sentir, oler, probar y ver la esencia de volar. Los hermanos Wright lo expresaron así: “[Nada] se equipara al gozo de los aviadores cuando se desplazan por el cielo sobre unas alas grandes y blancas”1.

En contrapartida, a principios de este año tuve el privilegio de volar en un sofisticado avión de combate F-18 con los mundialmente famosos Blue Angels, el equipo de demostraciones aéreas de la Marina de los Estados Unidos. Fue como volar hacia atrás en el recuerdo, pues casi ese mismo día se cumplían exactamente 50 años desde que había terminado mi formación como piloto de combate de las fuerzas aéreas.

Desde luego, la experiencia de volar en el F-18 fue totalmente diferente a la del Piper Cub. Me mostró una belleza de vuelo más dinámica. Era como aplicar las leyes actuales de la aerodinámica de una manera más perfecta. No obstante, volar con los Blue Angels me recordó inmediatamente que ser piloto de aviones de combate es idóneo para cuando se es joven. Cito de nuevo a los hermanos Wright: “Más que ninguna otra cosa, la sensación [de volar] equivale a una paz perfecta mezclada con una emoción que tensa cada nervio al máximo”2. Además de eso, volar con los Blue Angels supuso una manera completamente distinta de tener “ángeles” a mí alrededor para sostenerme.

Si me preguntaran cuál de las dos experiencias de vuelo disfruté más, no sabría decirles. En algunos aspectos, obviamente, fueron diferentes, por no decir más, y en otros aspectos, fueron muy parecidas.

Tanto en el Piper Cub como en el F-18 sentí la emoción, la belleza y la alegría de volar. En ambos casos sentí el llamado del poeta a “[distanciarme] de los hoscos lazos de la tierra y [bailar] en los cielos con alas plateadas por la risa”3.

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Tengan cuidado en cuanto a ustedes mismos

Conferencia General Octubre de 20122012-11-00-liahona
Tengan cuidado en cuanto a ustedes mismos
Por el élder Anthony D. Perkins
De los Setenta

Anthony D. Perkins

[Manténganse] en el camino del sacerdocio profundizando su conversión y fortaleciendo a su familia… Eviten la tragedia prestando atención a las señales espirituales de “Precaución” que Dios y los profetas han puesto en nuestro camino.

Cuando era joven, nuestra familia viajaba en auto por las Montañas Rocosas de Estados Unidos para visitar a los abuelos. La vía comenzaba en planicies de artemisa, ascendía por empinadas laderas cubiertas de pinos, y finalmente terminaba en alamedas y en la cima de prados desde donde podíamos ver casi hasta el infinito.

Pero ese hermoso camino no era perfectamente seguro. La mayoría se había construido en la ladera de montañas empinadas. Para proteger a los viajeros, los constructores colocaron vallas de contención y carteles que decían: “Cuidado: Zona de derrumbes”. Notamos que había buena razón para esas advertencias, pues había piedras y rocas esparcidas a lo largo del lecho del río mucho más abajo del camino. En ocasiones, veíamos autos aplastados al fondo del cañón, la trágica evidencia de conductores que no habían prestado atención.

El juramento y convenio del sacerdocio

Hermanos, cada uno de ustedes ha entrado, o pronto entrará, en el juramento y convenio del Sacerdocio de Melquisedec1. Ese convenio abarca una gloriosa jornada que comienza con la recepción de los sacerdocios menor y mayor, progresa cuando magnificamos nuestros llamamientos, y asciende continuamente hacia el panorama más grande de Dios hasta que recibimos “todo lo que [el] Padre tiene”2.

El sabio diseñador de ese camino celestial ha colocado señales de precaución para nuestro viaje. El juramento y convenio del sacerdocio contiene esta advertencia que lleva a un examen de conciencia: “Y ahora os doy el mandamiento de tener cuidado, en cuanto a vosotros mismos”3.

¿Por qué nos mandaría Dios que tuviéramos cuidado? Él sabe que Satanás es un ser real4 que procura arrastrar nuestra alma al abismo de miseria5. Dios también sabe que dentro de los poseedores del sacerdocio hay un “hombre natural”6al acecho que es “propenso a andar errante”7. Por tanto, los profetas nos invitan a “despojarnos del viejo hombre”8 y ser “de Cristo… revestidos”9mediante la fe, el arrepentimiento, las ordenanzas de salvación y el vivir el Evangelio a diario.

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Sean valientes en cuanto a intrepidez, vigor y actividad

Conferencia General Octubre de 20122012-11-00-liahona
Sean valientes en cuanto a intrepidez, vigor y actividad
Por el obispo Gary E. Stevenson
Obispo Presidente

Gary E. Stevenson

[Sean] valientes en cuanto a intrepidez como dignos poseedores del sacerdocio, tal como lo hicieron los 2.000 soldados jóvenes.

Esta noche me siento particularmente bendecido de hablar como obispo a los jóvenes poseedores del Sacerdocio Aarónico que están reunidos de todas partes del mundo para esta reunión general del sacerdocio. Comparto con ustedes una historia del Libro de Mormón que describe a Helamán y a sus 2.000 soldados jóvenes. En este pasaje se nos revela el carácter de aquellos jóvenes de la antigüedad que pueden servir de inspiración para ustedes, jóvenes de los últimos días. Cito un pasaje predilecto: “Y todos ellos eran jóvenes, y sumamente valientes en cuanto a intrepidez, y también en cuanto a vigor y actividad; mas he aquí, esto no era todo; eran hombres que en todo momento se mantenían fieles”1. Intrepidez, vigor, actividad y fidelidad. ¡Qué rasgos tan admirables!

Me gustaría concentrarme en el primer rasgo que los describe: “valientes en cuanto a intrepidez”. Para mí, eso define la convicción de esos jóvenes de hacer lo correcto con valor, o como dice Alma, “ser testigos de Dios en todo tiempo… y en todo lugar”2. Los 2.000 soldados jóvenes tuvieron incontables oportunidades de demostrar su valor, y cada uno de ustedes también tendrá momentos decisivos que requerirán valor. Un amigo mío, John, compartió conmigo uno de esos momentos en su vida.

Hace algunos años, John fue aceptado en una prestigiosa universidad japonesa. Él formaba parte del programa de estudiantes internacionales junto a otros alumnos destacados provenientes de todo el mundo. Algunos se inscribieron con la esperanza de aprender más sobre la cultura y el idioma, otros lo consideraban un primer paso para tener una profesión y un empleo en Japón, pero todos habían dejado atrás su hogar para estudiar en un país extranjero.

Poco después de la llegada de John, se corrió la voz entre los estudiantes extranjeros de una fiesta que se iba a realizar en la azotea de una residencia privada. Esa noche, John y dos amigos fueron a la dirección indicada. Seguir leyendo

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Hermanos, tenemos trabajo que hacer

Conferencia General Octubre de 20122012-11-00-liahona
Hermanos, tenemos trabajo que hacer
Por el élder D. Todd Christofferson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

D. Todd Christofferson

Como hombres del sacerdocio, tenemos una función esencial que desempeñar en la sociedad, en el hogar y en la Iglesia.

Hermanos, en años recientes se ha hablado y escrito mucho sobre los problemas que enfrentan los hombres y los muchachos. Por ejemplo, entre algunos títulos de libros están: ¿Por qué ya no quedan hombres buenos?, La desaparición de los varones, El fin de los hombres, Por qué fracasan los muchachos yCómo hacerse hombre. Un detalle interesante es que la mayoría de ellos han sido escritos por mujeres. En todo caso, lo que esos análisis tienen en común es que en muchas sociedades actuales, los hombres y los muchachos reciben señales conflictivas y degradantes sobre las funciones y el valor que tienen en la sociedad.

La autora de Cómo hacerse hombre lo describió de esta manera: “Una regla casi universal de la civilización ha sido que mientras que las jovencitas se hacían mujeres sencillamente por llegar a la madurez física, los muchachos tenían que pasar una prueba: debían demostrar valor, proezas físicas o dominio de las habilidades imprescindibles. El objetivo era que probaran su capacidad como protectores de mujeres y niños, y ése era siempre su principal papel social. Sin embargo hoy en día, debido al adelanto de la mujer en una economía avanzada, el que los esposos y padres sean quienes provean el sustento es optativo, y las cualidades de carácter que los hombres debían tener para desempeñar su función, como fortaleza, estoicismo, valor y fidelidad, son obsoletas e incluso un tanto bochornosas”1.

En su afán por promover oportunidades para la mujer, algo que aplaudimos, hay quienes denigran al hombre y sus contribuciones; parece que consideran la vida como una competencia entre el hombre y la mujer, en la que uno debe dominar al otro; y ahora es el turno de la mujer. Algunos afirman que lo principal es una profesión y que el matrimonio y los hijos deben ser optativos; por lo tanto, ¿para qué necesitamos al hombre?2. Hay demasiadas películas de Hollywood, series de televisión y de cable e incluso avisos comerciales que representan al hombre como incompetente, inmaduro o egocéntrico; esa degradación cultural del hombre está causando un efecto dañino. Seguir leyendo

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Proteger a los niños

Conferencia General Octubre de 20122012-11-00-liahona
Proteger a los niños
Por el élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks

Ninguno debería resistirse a la súplica de que nos unamos para aumentar nuestra preocupación por el bienestar y el futuro de nuestros hijos: la nueva generación.

Todos podemos recordar nuestros sentimientos cuando un niño nos ha pedido ayuda. Un amoroso Padre Celestial nos da esos sentimientos para impulsarnos a ayudar a Sus hijos. Les pido que recuerden esos sentimientos a medida que hablo acerca de nuestra responsabilidad de proteger y actuar a favor del bienestar de los niños.

Hablo desde la perspectiva del evangelio de Jesucristo, lo que incluye Su plan de salvación. Ése es mi llamamiento. Los líderes locales de la Iglesia tienen la responsabilidad de una sola jurisdicción, como un barrio o una estaca, pero un apóstol tiene la responsabilidad de dar testimonio al mundo entero. En toda nación y en toda raza y credo, todos los niños son hijos de Dios.

Aunque no hablo en términos de política o de normas públicas, al igual que otros líderes eclesiásticos, no puedo hablar del bienestar de los niños sin analizar también las decisiones que toman los ciudadanos, los funcionarios públicos y los trabajadores de organizaciones privadas. Todos estamos bajo el mandato del Salvador de amarnos y cuidarnos el uno al otro y, en especial, a los más débiles e indefensos.

Los niños son muy vulnerables. Tienen poco o ningún poder para protegerse o asegurar su sustento, y poca influencia en lo mucho que es vital para su bienestar. Los niños necesitan que otros hablen por ellos, y necesitan personas que tomen decisiones poniendo el bienestar de ellos por delante de los intereses egoístas de los adultos. Seguir leyendo

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Estar anhelosamente consagrados

Conferencia General Octubre de 2012

Estar anhelosamente consagrados

Por el élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Mediante el esfuerzo de muchas manos “anhelosamente consagradas a una causa buena”, se llevan a cabo grandes obras y se aligeran las cargas.



Élder Perry, pienso que usted debe ser la persona de 90 años más joven que haya en toda la Iglesia. Se habrán dado cuenta de cómo prácticamente saltó de la silla.

Mis queridos hermanos y hermanas, cada vez que pruebo un tomate fresco, que haya madurado en la planta, o un jugoso durazno [melocotón] maduro, tomado del árbol, mis pensamientos se remontan a hace 60 años, cuando mi padre tenía una pequeña granja con durazneros en Holladay, Utah. Allí él tenía colmenas para que las abejas polinizaran las flores de durazno, las que luego se convertían en duraznos grandes y deliciosos.

Mi padre quería mucho a sus delicadas abejas y se maravillaba al ver cómo miles de ellas, trabajando juntas, lograban transformar el néctar de las flores de durazno en dulce dorada miel, uno de los alimentos más benéficos de la naturaleza; de hecho, uno de los alimentos que, según los expertos en nutrición, reúne todas las substancias necesarias para sustentar la vida: enzimas, vitaminas, minerales y agua.

Mi padre siempre trató de que yo participara en su trabajo con las abejas, pero yo prefería dejar que él las cuidara. Sin embargo, desde entonces, he aprendido más acerca de la gran organización que existe en las colmenas, una colonia constituida por unas 60.000 abejas.

Las abejas se sienten impelidas a polinizar, juntar el néctar y condensarlo para producir miel. Es una magnífica obsesión que nuestro Creador grabó en su estructura genética. Se estima que para producir menos de medio kilo de miel, en la colmena donde hay un promedio de 20.000 a 60.000 abejas, en conjunto tienen que visitar millones de flores y viajar lo que equivale a dar la vuelta al mundo dos veces. En la corta vida de una abeja, de unas semanas a cuatro meses, ésta contribuye a la colmena con tan sólo una doceava parte de una cucharadita de miel.

Aunque parezca insignificante, cuando se compara con la cantidad total, la contribución de una doceava parte de una cucharadita de miel de cada abeja es esencial para la vida de la colmena. Las abejas dependen la una de la otra. Lo que sería un trabajo demasiado abrumador para unas pocas abejas, se vuelve más fácil debido a que todas cumplen fielmente su parte. Seguir leyendo

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Venid a mí, oh casa de Israel

Conferencia General Octubre de 20122012-11-00-liahona
“Venid a mí, oh casa de Israel”
Por el élder Larry Echo Hawk
De los Setenta

Larry Echo Hawk

En la medida en que vayamos al Salvador, Jesucristo, y purifiquemos nuestro corazón, seremos los instrumentos para que se cumplan las poderosas promesas del Libro de Mórmón.

Serví como voluntario en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam. Poco después de llegar a Quántico, Virginia, para recibir entrenamiento básico, me hallé en posición de firme frente a mi litera, en nuestro barracón, junto con otros 54 reclutas del Cuerpo de Marines. Conocí a nuestro oficial instructor, un veterano duro y aguerrido, cuando abrió la puerta del barracón de una patada y entró vociferando una sarta de palabras blasfemas.

Tras esa aterradora presentación, comenzó por un extremo del barracón a confrontar a cada recluta con preguntas. Sin excepción, el oficial instructor encontró minuciosamente algo con que ridiculizar a cada recluta, dando voces y con lenguaje soez. Poco a poco se acercaba por el pasillo mientras cada marine respondía a gritos el obligado “Sí” o “No, mi sargento”. Yo no lograba ver con exactitud qué estaba haciendo porque se nos había mandado estar en posición de firme y con la vista al frente. Cuando llegó mi turno, me di cuenta de que tomó la bolsa de lona con mis pertenencias y la vació sobre el colchón que estaba a mis espaldas. Revisó mis cosas y caminó hasta situarse frente a mí. Me preparé para el ataque. Él tenía en sus manos mi ejemplar del Libro de Mormón. Yo esperaba oír sus gritos; pero, en vez de ello, se acercó lentamente y me susurró: “¿Eres mormón?”.

Tal y como nos habían mandado, le grité: “Sí, mi sargento”.

De nuevo me preparé para lo peor. Sin embargo, hizo una pausa y levantó la mano en la que sostenía mi Libro de Mormón, y con una voz muy apacible, dijo: “¿Crees en este libro?”.

Nuevamente grité: “Sí, mi sargento”.

A ese punto, yo estaba convencido de que iba a empezar a gritar y a menospreciar a los mormones y al Libro de Mormón, pero permaneció allí, de pie, en silencio. Después de un momento, regresó a mi litera y, con mucho cuidado, depositó el Libro de Mormón. Acto seguido, me pasó de largo sin detenerse y continuó ridiculizando y menospreciando a los demás reclutas con blasfemias. Seguir leyendo

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Qué recompensa dará el hombre por su alma?

Conferencia General Octubre de 20122012-11-00-liahona
¿Qué recompensa dará el hombre por su alma?
Por el élder Robert C. Gay
De los Setenta

Robert C. Gay

Debemos abandonar todos nuestros pecados, grandes o pequeños, para recibir del Padre la recompensa de la vida eterna.

En una ocasión, el Salvador preguntó a Sus discípulos: “¿Qué recompensa dará el hombre por su alma?”1.

Ésta es una pregunta en la cual hace años mi padre me enseñó a reflexionar detenidamente. Mientras crecía, mis padres me asignaban tareas en la casa y me daban dinero por ese trabajo. A menudo utilizaba ese dinero, un poco más de 50 centavos a la semana, para ir al cine. En aquel entonces, una entrada al cine costaba 25 centavos para un niño de once años. Me quedaba con 25 centavos para gastar en golosinas, que costaban 5 centavos cada una. ¡Una película y cinco golosinas! No podía haber algo mejor que eso.

Todo iba bien hasta que cumplí los doce años. Una tarde mientras estaba en la fila, me di cuenta de que el precio de la entrada para un niño de doce años era 35 centavos, y eso significaba dos golosinas menos. Sin estar muy dispuesto a hacer ese sacrificio, pensé para mis adentros: “Tienes el mismo aspecto que hace una semana”. Me acerqué y pedí la entrada de 25 centavos. El cajero ni se inmutó y yo compré mis cinco golosinas de siempre en vez de tres.

Encantado con mi logro, más tarde corrí a casa para contarle a mi papá sobre mi gran hazaña. Mientras le contaba los detalles, él no dijo nada. Cuando terminé, simplemente me miró y dijo: “Hijo, ¿venderías tu alma por una moneda?”. Sus palabras traspasaron mi joven corazón; ésa es una lección que nunca he olvidado.

Años más tarde, me encontré haciendo la misma pregunta a un poseedor del Sacerdocio de Melquisedec menos activo. Era un hombre maravilloso que amaba a su familia; sin embargo, no había ido a la Iglesia por muchos años. Tenía un hijo con talento que jugaba en un equipo de deportes de primera clase que viajaba a otros lugares, y que practicaba y jugaba los domingos. Ese equipo había ganado muchos campeonatos importantes. Al reunirnos, le recordé que, como poseedor del sacerdocio, se le prometió que si magnificaba el juramento y el convenio del sacerdocio, recibiría “todo lo que [nuestro] Padre tiene”2. Entonces le pregunté: “¿Vale un campeonato nacional más que todo lo que tiene el Padre?”. Con suavidad dijo: “Entiendo”, y concertó una cita para ir a ver a su obispo.

Hoy en día es muy fácil quedar atrapado en las cosas del mundo, a pesar de nuestras buenas intenciones. El mundo nos empuja a “traspasar lo señalado”3. Hace poco alguien me preguntó: “¿Realmente importa una copa?”. ¿Se dan cuenta de que es una pregunta del adversario? Caín preguntó: “¿Quién es el Señor, para que tenga que conocerlo?”4, y luego perdió su alma. Al excusarnos de los pecados menores, Satanás triunfa. Por una botella de leche5, un nombre mal escrito6, un plato de guisado7, se han cambiado primogenituras y herencias. Seguir leyendo

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La norma de los templos

Conferencia General Octubre de 20122012-11-00-liahona
La norma de los templos
Por el élder Scott D. Whiting
De los Setenta

Scott D. Whiting

Las altas normas para la construcción de templos que usa la Iglesia son un modelo y un símbolo de la forma en que deberíamos vivir.

Cuando hace poco recorrí el hermoso Templo de Brigham City, Utah, recordé una experiencia que tuve cuando fui el coordinador del programa de puertas abiertas de la rededicación y la celebración cultural del histórico Templo de Laie, Hawaii.

Pocos meses antes de que se completara la extensa renovación, me invitaron a recorrer el templo con el director ejecutivo del Departamento de Templos, el élder William R. Walker, y sus colegas de ese departamento. Además, también había varios integrantes de la compañía constructora. El objetivo del recorrido era, en parte, evaluar el progreso y la calidad del trabajo realizado. Al momento del recorrido, se había completado alrededor de un 85 por ciento de la obra.

Al avanzar por el templo, observaba y escuchaba al élder Walker y sus colegas mientras inspeccionaban la obra y conversaban con el contratista encargado. De vez en cuando, veía que un hombre pasaba la mano por las paredes mientras íbamos de un salón a otro. Varias veces, después de hacerlo, se frotaba las yemas de los dedos, se acercaba al contratista y le decía: “Esta pared está áspera, y la aspereza no concuerda con las normas para el templo. Tendrán que volver a lijarla y pulirla”. El contratista anotaba cada observación sin replicar.

Al llegar a una parte del templo que pocas personas llegarían a ver, ese mismo hombre nos detuvo y dirigió nuestra atención hacia una hermosa ventana de vidrio emplomado, que acababan de colocar. La ventana medía unos 60 cm de ancho por 1,80 m de alto y tenía un motivo geométrico con pequeños vidrios de colores incrustados. Señaló un cuadrado de 5 cm de vidrio de color que componía un motivo sencillo y dijo: “Ese cuadrado está torcido”. Miré el cuadrado y, para mí, estaba colocado perfectamente. Sin embargo, al usar un instrumento de medición para inspeccionarlo mejor, vi que había un fallo: el cuadrado realmente estaba torcido 3 mm. Entonces se le dieron instrucciones al contratista de que esa ventana tenía que cambiarse, pues no cumplía con las normas del templo. Seguir leyendo

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Llegar a ser buenos padres

Conferencia General Octubre de 20122012-11-00-liahona
Llegar a ser buenos padres
Por el élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry

Existen muchas maneras mediante las cuales los buenos padres pueden acceder a la ayuda y al apoyo que necesitan para enseñar a sus hijos el evangelio de Jesucristo.

Este verano llegué a un hito especial: cumplí 90 años. Al llegar a ciertos hitos en la vida, nos es de ayuda y es instructivo reflexionar sobre los acontecimientos y las experiencias del pasado. Quizás a ustedes, los jóvenes que estén escuchando o leyendo este discurso, no les impresionen demasiado 90 años de vida, pero cuando yo nací, el vivir todo ese tiempo se consideraba un gran logro. Todos los días estoy agradecido al Padre Celestial por bendecirme con una larga vida.

Muchas cosas han cambiado en el transcurso de mi vida; he visto el desarrollo de la era industrial y de la era de la información. La producción de automóviles en masa, los teléfonos y los aviones eran las grandes innovaciones de los primeros años de mi vida. En la actualidad, las formas en que encontramos, compartimos y usamos la información cambian casi a diario. A mi edad, me maravilla el mundo rápidamente cambiante en el que todos vivimos. Muchos de los adelantos de hoy estimulan la imaginación con el potencial que tienen de mejorar nuestra vida.

Con todos los cambios vertiginosos que ocurren a nuestro alrededor, oramos y nos esforzamos con empeño para asegurar que los valores del evangelio de Jesucristo perduren. Algunos de ellos ya están en peligro de perderse. Entre los primeros de esta lista de valores y, por lo tanto, de los principales objetivos del adversario, se encuentran la santidad del matrimonio y la importancia central de las familias. Éstos proporcionan un ancla y un refugio seguro de un hogar en donde a cada hijo de un amoroso Padre Celestial se le puede influir para bien y puede adquirir valores eternos.

Mi propia familia, al anticipar la celebración de este hito de mis 90 años, empezó a ayudarme a recordar y a apreciar las experiencias de mi larga vida. Por ejemplo, mi sobrina recopiló y compartió conmigo varias cartas que yo había escrito a mis padres hace casi 70 años desde mi puesto de infante de marina en la isla de Saipán, en el Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial.

Una de esas cartas me llamó la atención en particular; era una que le escribí a mi madre para que la abriera y la leyera el Día de las Madres en 1945. Me gustaría compartir con ustedes algunos extractos con la esperanza de que vean la razón por la que siempre estaré agradecido a mi querido padre y querida madre por las lecciones que aprendí de sus enseñanzas en el hogar. Mis padres son el ejemplo que tengo y que define a padres buenos que dieron la mayor prioridad a su matrimonio y a la debida crianza de los hijos. Seguir leyendo

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La prueba de vuestra fe

Conferencia General Octubre de 20122012-11-00-liahona
La prueba de vuestra fe
Por el élder Neil L. Andersen
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Neil L. Andersen

Al igual que el fuego intenso que transforma el metal en acero, si permanecemos fieles durante los fuegos de prueba de nuestra fe, somos espiritualmente refinados y fortalecidos.

Hace diez años, cuando mi esposa Kathy y yo vivíamos en São Paulo, Brasil, el presidente David Marriott presidía la Misión Brasil São Paulo Interlagos. Él, su esposa Neill, y sus hijos Will, Wesley y Trace vivían cerca de nosotros. Ellos habían dejado su hogar, su negocio y a muchos familiares a fin de responder al llamado del profeta de servir en una misión.

El presidente Marriott me llamó una tarde. A su preciada y recta hija Georgia, de 21 años, que cursaba el último año de estudios de violín en la Universidad de Indiana, la había atropellado un camión cuando regresaba en bicicleta de una reunión en la Iglesia. Los primeros informes decían que ella estaba bien, pero horas más tarde, su condición empeoró considerablemente.

La familia y los amigos empezaron a ayunar y a orar por un milagro para Georgia. Su madre viajó toda la noche en avión desde Brasil. Al llegar a Indiana al día siguiente, la esperaban otros hijos mayores que entre lágrimas le explicaron que habían estado con Georgia en el momento que había muerto.

Observé a la familia Marriott en el momento de esa experiencia y en los meses y años subsiguientes. Lloraron, oraron, hablaron de Georgia, sintieron inmenso dolor y tristeza, pero su fe no vaciló. Durante la sesión de esta mañana, hemos escuchado de una fe similar en la hermosa vida de las familias Bowen y Wilberger1.

El don de la fe es un valioso legado espiritual. “…ésta es la vida eterna”, oró Jesús, “que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”2.

Nuestra fe se centra en Dios, nuestro Padre, y en Su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor; y la refuerza nuestro conocimiento de que la plenitud del Evangelio se ha restaurado en la tierra, de que el Libro de Mormón es la palabra de Dios, y de que los profetas y apóstoles hoy en día poseen las llaves del sacerdocio. Atesoramos nuestra fe, nos esforzamos por fortalecerla, oramos por aumentarla, y hacemos todo lo posible por protegerla y defenderla.

El apóstol Pedro describió algo a lo que llamó una “prueba de vuestra fe”3. Él la había experimentado. Recuerden las palabras de Jesús:

“Simón… Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo;

“pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte”4.

Pedro más tarde alentó a los demás: “…no os asombréis”, dijo, “del fuego de prueba que os ha sobrevenido para poneros a prueba, como si alguna cosa extraña os aconteciese”5.

Esos fuegos de prueba tienen como fin hacernos más fuertes, pero tienen el potencial de disminuir o incluso destruir nuestra confianza en el Hijo de Dios y debilitar nuestra determinación de guardar las promesas que le hemos hecho. Muchas veces, esas pruebas están camufladas, lo que dificulta que podamos reconocerlas. Se arraigan en nuestras debilidades, nuestras vulnerabilidades, nuestras susceptibilidades o en aquellas cosas que para nosotros son importantes. Una prueba real pero manejable para una persona puede ser una prueba de fuego para otra. Seguir leyendo

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Lamentos y resoluciones

Conferencia General Octubre de 20122012-11-00-liahona
Lamentos y resoluciones
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Dieter F. Uchtdorf

Cuanto más nos dediquemos a buscar la santidad y la felicidad, menos probabilidades habrá de que nos lamentemos luego.

Lamentos

Presidente Monson, lo amamos. Gracias por sus anuncios inspirados e históricos en cuanto a la construcción de nuevos templos y al servicio misional. Debido a ellos, estoy seguro de que tanto nosotros como muchas generaciones futuras recibiremos grandes bendiciones.

Mis queridos hermanos y hermanas, ¡mis queridos amigos! Todos somos mortales. Espero que esto no sea una sorpresa para nadie.

Ninguno de nosotros estará mucho tiempo en la tierra. Tenemos cierta cantidad de preciados años que, en la perspectiva eterna, apenas corresponde a un abrir y cerrar de ojos.

Y luego partimos. Nuestros espíritus “son llevados de regreso a ese dios que [nos] dio la vida”1. Nuestro cuerpo es sepultado y dejamos atrás las cosas del mundo al pasar a la siguiente esfera de nuestra existencia.

Cuando somos jóvenes, parece que viviremos para siempre. Pensamos que nos esperan una infinidad de amaneceres más allá del horizonte, y nos parece que el futuro es una senda ininterrumpida que se extiende interminablemente ante nosotros.

Sin embargo, cuanto mayores somos, más tendemos a mirar hacia atrás y nos maravillamos ante lo corto que el camino realmente es. Nos preguntamos cómo pueden haber pasado tan rápido los años y comenzamos a pensar en las decisiones que hemos tomado y las cosas que hemos hecho. En el proceso, recordamos muchos dulces momentos que nos dan satisfacción al alma y gozo al corazón; pero también recordamos lo que lamentamos, lo que desearíamos volver hacia atrás y cambiar.

Una enfermera a cargo de enfermos terminales dice que a menudo les ha hecho una pregunta sencilla a los pacientes que se preparan para dejar esta vida.

“¿Hay algo de lo que se lamenta?”, les pregunta2.

Estar tan cerca del último día de vida mortal a menudo aclara la mente y ofrece comprensión y perspectiva. Así que, al preguntarles si se lamentaban de algo, estas personas abrían su corazón y reflexionaban sobre qué cambiarían si pudieran volver el tiempo hacia atrás.

Al considerar lo que habían dicho, me llamó la atención la forma en que los principios fundamentales del evangelio de Jesucristo pueden influir en nuestra vida, si tan sólo los aplicamos.

Los principios del Evangelio no son nada misteriosos. Los hemos estudiado en las Escrituras, los hemos tratado en la Escuela Dominical y hemos escuchado de ellos desde el púlpito muchas veces. Estos principios y valores divinos son sencillos y claros; son hermosos, profundos y poderosos; y definitivamente nos ayudan a evitar que nos lamentemos en el futuro.

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Pregúntenles a los misioneros; ellos pueden ayudarlos!

Conferencia General Octubre de 20122012-11-00-liahona
¡Pregúntenles a los misioneros; ellos pueden ayudarlos!
Por el élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Russell M. Nelson

Todos los misioneros, jóvenes y mayores, prestan servicio con el único propósito de mejorar la vida de otras personas.

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos, extendemos nuestro amor y saludos a cada uno de ustedes. Estamos muy felices con el anuncio del presidente Thomas S. Monson esta mañana que establece la edad mínima para el servicio misional en 18 años para los hombres jóvenes y 19 años para las mujeres. Por medio de esta opción, más jóvenes podrán disfrutar de la bendición de una misión.

Hace dos años, como ha sido firmemente reafirmado esta mañana, el presidente Monson declaró: “Todo joven digno y capaz debe prepararse para servir en una misión. El servicio misional es un deber del sacerdocio, una obligación que el Señor espera de nosotros, a quienes se nos ha dado tanto”1. Una vez más explicó que para las hermanas, una misión es una opción que aceptamos con gusto, pero no una responsabilidad; y también volvió a invitar a las parejas mayores a que sirvieran.

La preparación para una misión es importante. Una misión es un acto de servicio voluntario hacia Dios y hacia la humanidad. Los misioneros se mantienen con sus ahorros. Los padres, parientes y donantes al fondo misional general también ayudan. Todos los misioneros, jóvenes y mayores, prestan servicio con el único propósito de mejorar la vida de otras personas.

La decisión de servir en una misión moldeará el destino espiritual del misionero, de su esposa o esposo y de su posteridad por generaciones futuras. El deseo de servir es consecuencia natural de la conversión, la dignidad y la preparación.

En esta gran audiencia mundial, muchos de ustedes no pertenecen a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y saben muy poco de nosotros y de los misioneros. Están aquí o participando de otro modo porque quieren saber más acerca de los mormones y de lo que enseñan nuestros misioneros. Al conocernos mejor, verán que compartimos muchos de los mismos valores. Los alentamos a retener todo lo bueno y verdadero, y a ver si podemos agregar más a ello. En este mundo lleno de desafíos, de vez en cuando necesitamos ayuda. La religión, la verdad eterna y los misioneros son una parte esencial de esa ayuda. Seguir leyendo

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