Se solicitan manos y corazones para apresurar la obra

Conferencia General de Mujeres, marzo de 2014

Se solicitan manos y corazones
para apresurar la obra

Por Linda K. Burton
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Podemos ofrecer manos para ayudar y un corazón para apresurar la maravillosa obra del Padre Celestial.


Queridas hermanas, ¡cuánto las amamos! Al ver ese hermoso video, ¿vieron su propia mano extendida para ayudar a alguien por ese sendero del convenio? Estaba pensando en una niña de la Primaria que se llama Brynn que sólo tiene una mano; y sin embargo, la utiliza para bendecir a su familia y a sus amigos, tanto Santos de los Últimos Días como de otras religiones. ¿No es hermosa? ¡Y ustedes también! Hermanas, podemos ofrecer manos para ayudar y un corazón para apresurar la maravillosa obra del Padre Celestial.

Tal como nuestras fieles hermanas de las Escrituras —Eva, Sara, María y muchas otras— conocían su identidad y su propósito, Brynn sabe que es hija de Dios1. Nosotras también podemos saber en cuanto a nuestro legado divino como hijas amadas de Dios y la obra esencial que Él tiene para que llevemos a cabo.

El Salvador enseñó: “El que quiera hacer la voluntad de él conocerá… la doctrina”2. ¿Qué necesitamos saber y hacer “para que algún día… [podamos] con Él vivir”?3. Podemos aprender del relato del joven rico que le preguntó a Jesús lo que necesitaba hacer a fin de recibir la vida eterna.

Jesús le contestó: “…si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”.

El joven le preguntó cuáles debía guardar, y Jesús le recordó varios de los Diez Mandamientos con los cuales todos estamos familiarizados.

El joven respondió: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?”.

Jesús dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”4.

Jesús lo llamó a ser parte de Su obra: la obra de un discípulo. Nuestra obra es la misma. Debemos “[desechar] las cosas de este mundo… [adherirnos] a [nuestros] convenios”5 y venir a Cristo y seguirle. ¡Eso es lo que hacen los discípulos!

Pero hermanas, no comencemos a sentirnos culpables porque el Salvador le habló al joven rico sobre ser perfecto. La palabra perfecto de este relato se tradujo de una palabra griega que significa “completo”. A medida que hacemos nuestro mejor esfuerzo por seguir adelante en el sendero del convenio, llegamos a ser más completos y perfectos en esta vida.

Tal como el joven rico de la época de Jesús, a veces nos sentimos tentadas a darnos por vencidas o dar marcha atrás porque quizás pensemos que no podemos hacerlo solas. ¡Y tenemos razón! No podemos hacer las cosas difíciles que se nos ha pedido hacer sin ayuda. La ayuda viene mediante la expiación de Jesucristo, la guía del Espíritu Santo y las manos de otras personas que ayudan. Seguir leyendo

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Hermandad: Cuánto nos necesitamos unas a otras

Conferencia General de Mujeres de marzo de 2014

Hermandad: Cuánto nos necesitamos unas a otras

Bonnie L. Oscarsonpor Bonnie L. Oscarson
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Debemos dejar de centrarnos en nuestras diferencias y buscar lo que tenemos en común.


En ese video, vimos ocho países y escuchamos nueve idiomas diferentes. Imagínense cuántos idiomas más se agregaron en esa última estrofa. Es electrizante saber que como una hermandad mundial podemos elevar nuestras voces en testimonio de la verdad eterna de que somos hijas de un amoroso Padre Celestial.

Qué gran privilegio es estar aquí en esta ocasión histórica y dirigirme a todas las mujeres de la Iglesia de ocho años en adelante. Esta tarde hay una fuerza formidable en nuestra unidad. Al vernos a todas reunidas en el Centro de Conferencias y contemplar las miles más que están viendo esta transmisión alrededor del mundo, el poder combinado de nuestro testimonio y nuestra fe en Jesucristo ciertamente constituye una de las asambleas de mujeres más potentes y llenas de fe en la historia de la Iglesia, si no del mundo.

Esta tarde nos regocijamos en las muchas funciones que desempeñamos como mujeres en la Iglesia. Aunque en muchos aspectos somos diferentes y únicas, también reconocemos que todas somos hijas del mismo Padre Celestial, lo cual nos hace hermanas. Estamos unidas en la edificación del reino de Dios y en los convenios que hemos hecho, no importa cuáles sean nuestras circunstancias. ¡Sin duda, esta asamblea combinada es la hermandad más gloriosa sobre la faz de la tierra!1

Ser hermanas supone que existe un lazo inquebrantable entre nosotras. Las hermanas se cuidan unas a otras, velan las unas por las otras, se consuelan mutuamente y se brindan apoyo en tiempos buenos y malos. El Señor ha dicho: “Yo os digo: Sed uno; y si no sois uno, no sois míos”2.

El adversario quiere que nos critiquemos o juzguemos unas a otras; quiere que nos concentremos en nuestras diferencias y nos comparemos unas a otras. Tal vez a ustedes les guste hacer ejercicio riguroso una hora todos los días porque las hace sentir bien, mientras que yo considero que he logrado una proeza atlética si subo un piso por las escaleras en vez de tomar el ascensor. Pero, podemos seguir siendo amigas, ¿verdad?

Nosotras, las mujeres, somos muy severas con nosotras mismas. Si nos comparamos unas a otras, siempre nos sentiremos ineptas o estaremos resentidas. La hermana Patricia T. Holland dijo en una ocasión: “A lo que quiero llegar es a que no podemos considerarnos cristianas y seguir juzgándonos unas a otras, ni a nosotras mismas, tan duramente”3. Continúa diciendo que no hay nada por lo que valga la pena perder nuestra compasión y hermandad; sencillamente tenemos que relajarnos y regocijarnos en nuestras diferencias divinas. Tenemos que darnos cuenta de que todas deseamos servir en el reino valiéndonos de nuestros talentos y dones singulares, y a nuestra propia manera; entonces podremos disfrutar nuestra hermandad y nuestras asociaciones, y empezar a prestar servicio. Seguir leyendo

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El guardar convenios nos protege, nos prepara y nos inviste con poder

Conferencia General de Mujeres de marzo de 2014

El guardar convenios nos protege,
nos prepara y nos inviste con poder

Rosemary M. Wixom

Por Rosemary M. Wixom
Presidenta General de la Primaria

Somos mujeres de todas las edades que hacen convenios y que caminan por el sendero de la mortalidad de regreso a Su presencia.


Oh, hermanas, las amamos. Mientras visitaba México, hace poco, capté un destello de la hermandad que todas sentimos esta tarde. Imaginen esta escena: Acabábamos de terminar la reunión de la Primaria un domingo por la mañana y los niños, las maestras y yo estábamos saliendo al pasillo lleno de gente. En ese momento, se abrió la puerta de la clase de las Mujeres Jóvenes y vi a las jovencitas y a sus líderes; todas nos acercamos para abrazarnos. Con los niños que se aferraban a mi falda y las mujeres que me rodeaban, quería expresar lo que sentía en ese momento.

No hablo español, así que acudieron a mi mente sólo palabras en inglés; miré todos sus rostros y dije en inglés: “Somos hijas de un Padre Celestial que nos ama y nosotras lo amamos a Él”. De inmediato, todas empezaron a recitar esas palabras en español. Allí estábamos, en un pasillo abarrotado, recitando juntas el lema de las Mujeres Jóvenes: “Seremos testigos de Dios en todo tiempo, en todas las cosas y en todo lugar”.

Esta tarde estamos reunidas por todo el mundo como Sus discípulas, con el deseo de defender y de sostener el reino de Dios. Somos hijas de nuestro Padre Celestial; somos mujeres de todas las edades que hacen convenios y que caminan por el sendero de la mortalidad de regreso a Su presencia. El guardar convenios nos protege, nos prepara y nos inviste con poder.

Esta tarde, hay entre nosotras niñas en edad de Primaria; algunas de ustedes hace poco tomaron el primer paso hacia el sendero de la vida eterna con la ordenanza del bautismo.

Miren a su alrededor; el futuro es brillante al ver a mujeres que también han hecho convenios y están listas para mostrarles el camino a lo largo del sendero que yace por delante.

Las niñas de 8, 9, 10 u 11 años que estén en el Centro de Conferencias, en su casa, o en alguna capilla en el mundo, ¿podrían ponerse de pie? Bienvenidas a la reunión general de mujeres. Por favor sigan de pie porque queremos invitarlas a participar esta noche. Voy a tararear una canción de la Primaria; tan pronto como la reconozcan, ¿pueden comenzar a cantarla conmigo? Pero, tienen que cantar fuerte para que todos las oigan. Seguir leyendo

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La resurrección de Jesucristo

Conferencia General abril de 2014

La resurrección de Jesucristo

D. Todd ChristoffersonPor el élder D. Todd Christofferson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Jesús de Nazaret es el Redentor resucitado, y yo testifico de todo lo que se desprende del hecho de Su resurrección.


Un sentimiento devastador de derrota y desesperación embargaba a Sus discípulos mientras Jesús sufría y agonizaba en la cruz, y cuando Su cuerpo sin vida fue colocado en el sepulcro. A pesar de que el Salvador había hablado varias veces acerca de Su muerte y posterior resurrección, ellos no lo habían entendido. Sin embargo, la sombría tarde de Su crucifixión pronto dio paso a la gozosa mañana de Su resurrección; pero ese gozo sólo vino cuando los discípulos se convirtieron en testigos oculares de la Resurrección, porque aun la declaración de los ángeles en cuanto a que Él había resucitado era al principio incomprensible: ¡se trataba totalmente de un hecho sin precedentes!

María Magdalena y algunas otras mujeres llegaron al sepulcro muy de mañana ese domingo, trayendo especias aromáticas y perfumes para completar la unción que se había iniciado cuando colocaron apresuradamente el cuerpo del Señor en el sepulcro antes del inminente día de reposo. En aquella mañana extraordinaria, ellas hallaron abierto el sepulcro, la piedra que lo cubría había sido removida, y dos ángeles las saludaron declarando:

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

“No está aquí, sino que ha resucitado; acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea,

“diciendo: Es menester que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado y resucite al tercer día”1.

“Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

“E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos”2.

Conforme mandaron los ángeles, María Magdalena miró dentro de la tumba, pero al parecer, lo único que captó su mente fue que el cuerpo del Señor había desaparecido. Ella corrió a informar a los apóstoles, y hallando a Pedro y a Juan, les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto”3. Pedro y Juan corrieron al sepulcro y comprobaron que, efectivamente, la tumba estaba vacía, y vieron “los lienzos puestos allí, y el sudario que había estado sobre su cabeza… enrollado en un lugar aparte”4. Al parecer, Juan fue el primero en entender el magnífico mensaje de la resurrección. Él escribe que: “vio y creyó”, mientras que los otros “aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que [Jesús] resucitase de entre los muertos”5. Seguir leyendo

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Si alguno tiene falta de sabiduría

Conferencia General abril de 2014

Si alguno tiene falta de sabiduría

Marcos A. AidukaitisPor el élder Marcos A. Aidukaitis
De los Setenta

Dios revelará la verdad a quienes la busquen tal y como consta en las Escrituras.


El otro día, mi nieto de 10 años estaba estudiando en internet acerca del cerebro humano, pues quiere ser cirujano; no es difícil darse cuenta de que es mucho más inteligente que yo.

En casa nos gusta usar internet; utilizamos las redes sociales, el correo electrónico y otros medios para comunicarnos con parientes y amigos. Mis hijos hacen muchas de sus tareas escolares por internet.

Cualquiera que sea la pregunta, si necesitamos información, la buscamos en línea y obtenemos abundante material en cuestión de segundos; es maravilloso.

Internet nos brinda muchas oportunidades de aprendizaje. Sin embargo, Satanás quiere que seamos desdichados y distorsiona el propósito real de las cosas; él se vale de esta gran herramienta para promover la duda y el temor, y para destruir la fe y la esperanza.

Con todo lo que hay disponible en internet, debemos considerar cautelosamente hacia dónde enfocar nuestros esfuerzos. Satanás puede mantenernos ocupados, distraídos y enviciados al seleccionar información, mucha de la cual puede ser pura basura.

Uno no debe deambular entre la basura.

Presten atención a la guía que se nos brinda en las Escrituras: “…a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis… que es de Dios”1.

De manera real, encaramos el mismo dilema al que se enfrentó José Smith en su juventud: con demasiada frecuencia carecemos de sabiduría. Seguir leyendo

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Donde esté vuestro tesoro…

Conferencia General abril de 2014

“Donde esté vuestro tesoro…”

Michael J. TehPor el élder Michael John U. Teh
De los Setenta

Si no tenemos cuidado, empezaremos a buscar lo temporal más que lo espiritual.


Poco después de la conferencia general de octubre de 2007, uno de mis hermanos me dijo que pasarían siete años antes de que yo volviera a tener esta estresante experiencia. Me sentí aliviado y le dije que los consideraría mis “siete años de abundancia”. Bien, pues aquí estoy; mis siete años de abundancia han llegado a su fin.

El pasado enero, mi esposa, Grace, y yo recibimos la asignación de visitar a los miembros de Filipinas que habían quedado desolados por un gran terremoto y un súper tifón. Nos regocijamos porque la asignación era una respuesta a nuestras oraciones y un testimonio de la misericordia y la bondad de un Padre Celestial amoroso, que calmó un poco nuestro anhelo de expresarles personalmente nuestro amor y preocupación.

La mayoría de los miembros con los que nos encontramos aún seguían viviendo en refugios temporales como carpas, centros comunitarios y centros de reuniones de la Iglesia. Los hogares que visitamos tenían sólo parte del techo o ningún techo en absoluto. Aquella gente no tenía mucho, y lo poco que tenían lo habían perdido en los desastres. Había lodo y escombros por todas partes. Sin embargo, estaban llenos de gratitud por la poca ayuda que habían recibido y estaban con buen ánimo a pesar de sus circunstancias tan difíciles. Cuando les preguntábamos cómo lo sobrellevaban, todos respondían con un firme: “Estamos bien”. Obviamente, su fe en Jesucristo les daba la esperanza de que, al final, todo saldría bien. Hogar tras hogar, carpa tras carpa, la hermana Teh y yo aprendimos de aquellos santos fieles.

En tiempos de calamidad o de tragedia, el Señor tiene una manera de volver a centrarnos a nosotros y a nuestras prioridades. De repente, todas las cosas materiales por las que tanto trabajamos dejan de tener importancia, y lo que verdaderamente importa es nuestra familia y las relaciones con los demás. Una buena hermana lo expresó así: “Cuando el agua bajó y llegó el momento de empezar a limpiar, contemplé mi casa y pensé: ‘¡Cuánta basura he acumulado todos estos años!’”.

Sospecho que esa hermana ha ganado una perspectiva mejor y, por tanto, será más cauta a la hora de decidir qué cosas son necesarias y aquellas de las que en verdad puede prescindir. Seguir leyendo

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El profeta José Smith

Conferencia General abril de 2014

El profeta José Smith

Lawrence E. CorbridgePor el élder Lawrence E. Corbridge
De los Setenta

Las revelaciones dadas a José Smith afirman que fue un profeta de Dios.


La Primera Visión

Un jovencito lee la Biblia y sus ojos se detienen en un extraordinario pasaje de las Escrituras; ese momento cambiaría el mundo.

Está deseoso de saber qué iglesia lo conducirá a la verdad y a la salvación. Ha tratado con casi todo lo demás, y ahora recurre a la Biblia y lee estas palabras: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”1.

Reflexiona en ellas una y otra vez, y el primer destello de luz penetra la obscuridad. ¿Es ésa la respuesta? ¿Es el medio para salir de la confusión y la obscuridad? ¿Puede ser así de sencillo, preguntar a Dios y Él responderá? Al fin decide que debe preguntar a Dios o permanecer en las tinieblas y la confusión.

Sin embargo, a pesar de lo ansioso que está, no corre a un rincón tranquilo y ora apresuradamente. Sólo tiene catorce años, pero en su apuro por saber, no se apresura. Ésa no va a ser simplemente otra oración; decide dónde ir y cuándo hacer el intento y se prepara para hablar con Dios.

Entonces llega el día, es la mañana de un día hermoso y despejado, a principios de la primavera de 18202. Camina solo en la quietud de una arboleda cercana bajo los árboles que se erigen sobre él. Llega al lugar que había escogido de antemano, se arrodilla y eleva a Dios los deseos de su corazón.

Para describir lo que sucede después, él dice:

“…vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí.

“…Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: [José], Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo”! 3.

Sólo veinticuatro años después, José Smith y su hermano Hyrum morirían a causa de lo que comenzó allí.

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Obediencia mediante nuestra fidelidad

Conferencia General abril de 2014

Obediencia mediante nuestra fidelidad

L. Tom PerryPor el élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La obediencia es un emblema de nuestra fe en la sabiduría y el poder de la máxima autoridad, a saber, Dios.


La noche de hogar que la hermana Perry y yo hemos estado haciendo los lunes por la noche de pronto aumentó de tamaño. A nuestro complejo de apartamentos se han mudado mi hermano, su hija, el hermano de Barbara y una sobrina con su esposo. Es la única vez en la que he tenido la bendición de tener familia que viviera cerca de mí desde que era niño. En ese entonces, mi familia vivía en la misma cuadra junto con varios parientes de la familia de mi madre. La casa del abuelo Sonne estaba al lado de la nuestra, al norte, y la de la tía Emma al otro lado, al sur. En el lado sur de la cuadra vivía la tía Josephine, y en el lado este de la cuadra vivía el tío Alma.

Durante mi niñez, nos relacionamos con los parientes de nuestra familia todos los días y compartimos momentos al trabajar, jugar y pasar tiempo juntos. No podíamos hacer muchas travesuras sin que nuestras madres se enteraran rápidamente. Nuestro mundo es diferente ahora, los integrantes de la mayoría de las familias viven en diferentes lugares. Aun si viven relativamente cerca el uno del otro, a menudo no viven al lado. Incluso así, debo creer que mi niñez y mi situación actual son un pedacito de cielo al tener a parientes queridos viviendo cerca el uno del otro. Me sirve como un recordatorio constante de la naturaleza eterna de la unidad familiar.

En mi juventud, tuve una relación especial con mi abuelo. Yo era el hijo mayor de la familia, retiré la nieve de las aceras en el invierno y cuidé del césped en el verano, tanto de nuestra casa como de la de mi abuelo y las de mis dos tías. Por lo general, el abuelo se sentaba en el porche delantero mientras yo cortaba el césped. Cuando había terminado, me sentaba en los escalones de la entrada a la casa y conversaba con él; esos momentos son recuerdos preciados para mí.

Un día le pregunté a mi abuelo cómo sabría yo si siempre estaba haciendo lo correcto, ya que en la vida se nos presentan muchas opciones. Como él solía hacer, me respondió con una experiencia de su vida en la granja.

Él me enseñó la manera de entrenar a una yunta de caballos para que trabajaran juntos. Explicó que una yunta de caballos siempre debe saber quién está a cargo. Una de las claves para controlar y dirigir a un caballo es un arnés y un freno. Si un miembro de la yunta cree que no necesita obedecer la voluntad del conductor, la yunta nunca tirará ni trabajará junto al otro caballo para maximizar su capacidad.

Analicemos ahora la lección que mi abuelo me enseñó usando este ejemplo. ¿Quién es el conductor de la yunta de caballos? Mi abuelo creía que es el Señor. Él es quien tiene un propósito y un plan. Él es también quien entrena y crea la yunta de caballos, y a su vez, quien crea a cada uno de los caballos. El conductor sabe lo que es mejor, y la única manera de que un caballo sepa que siempre está haciendo lo correcto es ser obediente y seguir la guía del conductor. Seguir leyendo

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Vivir firmes en la fe

Conferencia General abril de 2014

Vivir firmes en la fe

William R. WalkerPor el élder William R. Walker
De los Setenta

Cada uno de nosotros será enormemente bendecido si conocemos las historias de fe y sacrificio que llevaron a nuestros antepasados a unirse a la Iglesia del Señor.


Me encanta la historia de la Iglesia. Quizá como muchos de ustedes, mi fe se fortalece cuando aprendo acerca de la notable dedicación de nuestros antepasados que aceptaron el Evangelio y vivieron firmes en la fe.

Hace un mes, 12.000 maravillosos jóvenes del distrito del Templo de Gilbert, Arizona, celebraron la finalización de su nuevo templo con una actuación inspiradora, con la que demostraron su compromiso de llevar una vida justa. El lema de su celebración era “Vivir firmes en la fe”.

Al igual que hicieron esos jóvenes de Arizona, cada Santo de los Últimos Días debe comprometerse a “vivir firme en la fe”.

La letra en inglés del himno “Firmes creced en la fe”, dice: “Firmes en la fe que nuestros padres atesoraron” (“True to the Faith”, Hymns Nº 154).

Y podríamos añadir: “Firmes en la fe que nuestros abuelos atesoraron”.

Me pregunté si cada uno de esos jóvenes tan entusiastas de Arizona conocía su propia historia en la Iglesia, si cada uno sabía cómo habían llegado sus familiares a ser miembros de la Iglesia. Sería maravilloso que todos los Santos de los Últimos Días conocieran la historia de la conversión de sus antepasados.

Ya sean ustedes descendientes o no de los pioneros, la herencia de fe y sacrificio de los mormones pioneros es su herencia. Es la noble herencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Uno de los capítulos más maravillosos de la historia de la Iglesia tuvo lugar cuando Wilford Woodruff, un apóstol del Señor, estaba enseñando el evangelio restaurado de Jesucristo en Gran Bretaña en 1840, sólo 10 años después del establecimiento de la Iglesia.

Wilford Woodruff y otros apóstoles se habían centrado en trabajar en las áreas de Liverpool y Preston, Inglaterra, con mucho éxito. El élder Woodruff, que llegaría a convertirse en Presidente de la Iglesia, oraba constantemente a Dios para que lo guiara en esa obra tan importante. Sus oraciones le inspiraron a dirigirse a otro lugar a enseñar el Evangelio. Seguir leyendo

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El testimonio

Conferencia General abril de 2014

El testimonio

Boyd K. PackerPor el presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

Deseo compartir con ustedes esas verdades cuyo conocimiento es de mayor valor.


Las épocas de guerra o de incertidumbre nos hacen dirigir la atención hacia las cosas que realmente importan.

La Segunda Guerra Mundial fue una época de gran confusión espiritual para mí. Había dejado mi hogar en Brigham City, Utah, EE.UU. con tan sólo pedacitos de un testimonio, y sentía la necesidad de algo más. Prácticamente todos los estudiantes del último año de mi secundaria estaban camino a la zona de batalla en cuestión de semanas. Mientras estaba estacionado en la isla de Lejima, al norte de Okinawa, Japón, libraba una lucha contra la duda y la incertidumbre. Deseaba un testimonio personal del Evangelio. ¡Deseaba saber!

Durante una noche de insomnio dejé mi tienda y entré en un refugio construido con tanques de combustible de 190 litros llenos de arena y colocados en línea, uno sobre otro, formando un cercado. No tenía techo, así que me metí allí, miré al cielo estrellado y me arrodillé a orar.

Sucedió hacia la mitad de mi oración. No podría describirles lo que pasó aunque quisiera sinceramente; está más allá de mi capacidad de expresión, pero es tan real hoy como lo fue aquella noche, hace más de 65 años. Supe que era una señal muy íntima y muy personal. Al fin sabía por mí mismo. Yo sabía con certeza, porque me había sido concedido. Al cabo de un rato salí de aquel refugio y caminé, o más bien floté, de vuelta a mi cama. Pasé el resto de la noche lleno de gozo y asombro.

Lejos de pensar que yo era alguien especial, pensé que si tal cosa me había sucedido a mí, podía sucederle a cualquier persona. Todavía creo eso. En los años que han pasado he llegado a comprender que una experiencia así es, al mismo tiempo, una luz a seguir y una carga que asumir.

Deseo compartir con ustedes aquellas verdades cuyo conocimiento es de mayor valor, las cosas que he aprendido y experimentado en mis casi 90 años de vida y más de 50 años como Autoridad General. Mucho de lo que he llegado a saber entra en la categoría de las cosas que no se pueden enseñar, pero se pueden aprender. Seguir leyendo

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El amor: La esencia del Evangelio

Conferencia General abril de 2014

El amor: La esencia del Evangelio

Thomas S. MonsonPor el presidente Thomas S. Monson

No podemos amar verdaderamente a Dios si no amamos a nuestros compañeros de viaje en este trayecto mortal.


Mis amados hermanos y hermanas, cuando nuestro Salvador ministró entre los hombres, un abogado inquisitivo le preguntó: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?”.

Mateo registra que Jesús respondió:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente.

“Éste es el primero y grande mandamiento.

“Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”1.

Marcos concluye el relato con las palabras del Salvador: “No hay otro mandamiento mayor que éstos”2.

No podemos amar verdaderamente a Dios si no amamos a nuestros compañeros de viaje en este trayecto mortal. Del mismo modo, no podemos amar completamente a nuestro prójimo si no amamos a Dios, el Padre de todos nosotros. El apóstol Juan nos dice: “Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano”3. Somos hijos de nuestro Padre Celestial, engendrados en espíritu y, como tales, somos hermanos y hermanas. Si tenemos presente esta verdad, el amar a todos los hijos de Dios se hará más fácil.

De hecho, el amor es la esencia misma del Evangelio, y Jesucristo es nuestro Ejemplo. Su vida fue un legado de amor: sanó al enfermo, elevó al oprimido y salvó al pecador. Al final, la multitud enfurecida le quitó la vida; y sin embargo, desde la colina del Gólgota resuenan las palabras: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”4, la expresión máxima de compasión y amor en la tierra.

Hay muchos atributos que son manifestaciones de amor, tales como la bondad, la paciencia, la abnegación, la comprensión y el perdón. En todas nuestras asociaciones, éstos y otros atributos similares servirán para que los demás vean el amor en nuestro corazón.

Por lo general, nuestro amor se manifestará en nuestras interacciones cotidianas mutuas. La más importante será la capacidad que tengamos para reconocer la necesidad de una persona y luego hacer algo al respecto. Siempre he atesorado el sentimiento que se expresa en este corto poema:

Muchas veces he llorado,
por la falta de visión,
de no ver la necesidad de otros;
pero jamás he sentido
un dejo de tristeza
por mostrar demasiada bondad5.

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Soportar sus cargas con facilidad

Conferencia General abril de 2014

Soportar sus cargas con facilidad

David A. BednarPor el élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Las cargas particulares de nuestra vida personal nos ayudan a confiar en los méritos, la misericordia y la gracia del Santo Mesías.


Tengo un querido amigo que, en los primeros años de su matrimonio, estaba convencido de que él y su familia necesitaban una camioneta de tracción 4×4, mientras que su esposa estaba segura de que él no la necesitaba, sino que simplemente quería el nuevo vehículo. En una conversación, bromeando, este hombre y su esposa comenzaron a considerar las ventajas y desventajas de dicha compra.

“Querida, necesitamos una camioneta con sistema de tracción 4×4”.

Ella le preguntó: “¿Por qué piensas que necesitas una camioneta nueva?”.

Él le respondió con lo que consideró ser la respuesta perfecta: “¿Qué tal si necesitamos leche para nuestros hijos durante una terrible tormenta, y la única forma de llegar a la tienda es en una camioneta?”.

Su esposa le respondió con una sonrisa: “Si compramos una camioneta nueva, no tendremos dinero para comprar leche. Entonces, ¿para qué preocuparse de cómo llegar a la tienda en una emergencia?”.

Con el transcurso del tiempo, siguieron analizándolo y finalmente decidieron adquirir la camioneta. Al poco tiempo de haber comprado el nuevo vehículo, mi amigo quería demostrar la utilidad de la camioneta y justificar sus razones para comprarla, por lo que decidió que cortaría y transportaría una carga de leña para su casa. Era otoño y ya había caído nieve en las montañas donde planeaba encontrar la madera. Al conducir montaña arriba, la nieve se hacía cada vez más profunda. Mi amigo reconoció que las condiciones resbaladizas de la carretera representaban un riesgo, pero con gran confianza en la nueva camioneta, siguió adelante.

Tristemente, mi amigo avanzó demasiado por la nevada carretera. Al desviar la camioneta hacia un lado de la carretera, donde había decidido cortar la leña, se quedó atascado. Las cuatro ruedas de la camioneta nueva patinaban en la nieve. Reconoció de inmediato que no sabía cómo salir de esa situación peligrosa, y se sintió avergonzado y preocupado. Seguir leyendo

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Sus cuatro minutos

Conferencia General abril de 2014

Sus cuatro minutos

Gary E. StevensonPor el obispo Gary E. Stevenson
Obispo Presidente

El milagro de la Expiación puede compensar las imperfecciones de nuestro desempeño.


Los recientes Juegos Olímpicos de Invierno cautivaron al mundo cuando los atletas que representaron a 89 países compitieron en 98 disciplinas diferentes. Cabe destacar que diez de esos atletas son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tres de los cuales ganaron medallas y recientemente se destacó su participación en Church News: Christopher Fogt, Noelle Pikus-Pace, y Torah Bright1. Ofrecemos nuestras felicitaciones a todos los atletas que compitieron. ¡Bien hecho!

Hablo de esos juegos esta mañana dirigiendo mis reflexiones a los hombres jóvenes, las mujeres jóvenes y los jóvenes adultos solteros; a ustedes que están en los años críticos que marcarán el rumbo de su vida. Siento que me urge dirigirme a ustedes.

Para que tengan ese mismo sentido de urgencia, primero comparto la historia de Noelle Pikus-Pace, una de esos atletas Santos de los Últimos Días. En el evento de Noelle, el skeleton o trineo simple, los atletas corren para ganar velocidad y luego se lanzan de cabeza sobre un pequeño trineo. Con la cara a sólo unos centímetros de la superficie, se deslizan por una pista serpenteante y congelada a más de 145 kilómetros por hora.

Sorprendentemente, los años de preparación se considerarán un éxito o una decepción según lo que suceda en el espacio de cuatro intensos períodos de rondas de sesenta segundos.

Los sueños de Noelle en los Juegos Olímpicos de 2006 quedaron destrozados cuando, debido a un terrible accidente, se fracturó la pierna. En los Juegos Olímpicos de 2010, una vez más sus sueños no se cumplieron cuando sólo una décima de segundo le impidió estar en el podio de las ganadoras de medallas2.

¿Se imaginan la ansiedad que ella sentía mientras esperaba comenzar su primera carrera en las Olimpíadas de 2014? Los años de preparación culminarían en sólo una pequeña fracción de tiempo. Cuatro minutos en total. Ella había pasado años preparándose para esos cuatro minutos, y pasaría toda la vida meditando en ellos.

Las carreras finales de Noelle fueron prácticamente impecables. Nunca olvidaremos su salto a las gradas para abrazar a su familia después de cruzar la línea final y exclamar: “¡Lo logramos!”. Años de preparación habían dado resultado. Vimos que su medallón de las Mujeres Jóvenes le colgaba en el cuello cuando le colocaron la medalla de plata al lado3. Seguir leyendo

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No temas… yo estoy contigo

Conferencia General abril de 2014

“No temas… yo estoy contigo”

Jean A. StevensPor Jean A. Stevens
Primera Consejera de la Presidencia General de la Primaria

A medida que adquirimos mayor fe y confianza en el Señor, tenemos acceso a Su poder para bendecirnos y librarnos.


Pocos sentimientos se comparan con las tiernas emociones de convertirse en padre. No hay nada más dulce que recibir a un precioso bebé, directo desde los cielos. Uno de mis hermanos experimentó ese sentimiento de una manera especialmente conmovedora: su primer hijito fue prematuro y pesó sólo 1,3 kg. Hunter pasó sus primeros dos meses de vida en la unidad de cuidados intensivos neonatales de un hospital. Esos meses fueron una época emotiva para toda la familia mientras esperábamos e implorábamos la ayuda del Señor.

El pequeño Hunter necesitaba mucha ayuda y luchó para obtener la fuerza necesaria para vivir. La mano fuerte del amoroso padre a menudo tomaba la pequeña mano de su vulnerable hijito para alentarlo.

Así es para todos los hijos de Dios. Nuestro Padre Celestial extiende Su mano a cada uno de nosotros con Su infinito amor. Él tiene poder sobre todas las cosas y desea ayudarnos a aprender, a crecer y a volver a Él. Esto define el propósito de nuestro Padre: “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”1.

A medida que adquirimos mayor fe y confianza en el Señor, tenemos acceso a Su poder para bendecirnos y librarnos.

A través de las páginas del Libro de Mormón, se entreteje este hermoso tema del poder de Dios para librar a Sus hijos. Nefi lo presentó en el primer capítulo del libro. En el versículo 20, leemos: “…he aquí, yo, Nefi, os mostraré que las entrañables misericordias del Señor se extienden sobre todos aquellos que, a causa de su fe, él ha escogido, para fortalecerlos, sí, hasta tener el poder de librarse”2.

Hace muchos años, llegué a comprender de una manera muy personal las verdades expresadas en este versículo. Llegué a saber cuán cerca se encuentra en realidad nuestro Padre Celestial y lo mucho que Él desea ayudarnos.

Una tarde, al acercarse la noche, estaba conduciendo en compañía de mis hijos cuando vi a un niño que caminaba a lo largo de la calle desolada. Después de pasar junto a él, tuve la clara impresión de que debía volver y ayudarlo, pero me preocupó que el niño se asustara al ver que una persona extraña parara el auto a su lado durante la noche, y seguí conduciendo. La fuerte impresión volvió otra vez con estas palabras en mi mente: “¡Ve a ayudar a ese niño!”.

Conduje hasta donde estaba y le pregunté: “¿Necesitas ayuda? Tuve la impresión de que debo ayudarte”. Seguir leyendo

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Hacer el seguimiento

Conferencia General abril de 2014

Hacer el seguimiento

M. Russell BallardPor el élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Todos podemos participar de manera más constante en la obra misional al reemplazar nuestro temor con verdadera fe.


En septiembre se cumplirán sesenta y cuatro años desde que regresé a casa de mi misión en Inglaterra. Tres días después de haber vuelto, asistí a un baile de inicio de cursos de la Universidad de Utah con un amigo. Él me dijo que yo tenía que conocer a una hermosa estudiante del segundo año que se llamaba Barbara Bowen; fue y la trajo, nos presentó, y empezamos a bailar.

Lamentablemente, era un baile en el que uno bailaba con la chica sólo hasta que otra persona le tocara el hombro; de ese modo esa persona lo reemplazaba y seguía bailando con ella. Barbara era una muchacha alegre y popular, de modo que bailamos menos de un minuto antes de que otro joven viniera a tocarme el hombro.

Yo no podía conformarme con eso. Había aprendido en mi misión la importancia de hacer el seguimiento, por lo que conseguí el número de teléfono de ella y la llamé al día siguiente para pedirle que saliéramos juntos; sin embargo, ella estaba demasiado ocupada con los estudios y compromisos sociales. Por suerte, la misión me enseñó a perseverar ante el desánimo y, al final, pude hacer arreglos para salir con ella, lo que condujo a que saliésemos juntos otras veces. De algún modo, en esas ocasiones pude convencerla de que yo era el único ex misionero verdadero y viviente, por lo menos para ella. Ahora, 64 años más tarde, tenemos siete hijos, muchos nietos y bisnietos que son evidencia de la importante verdad de que no importa cuán bueno sea el mensaje que uno tenga, quizás no se presente la oportunidad de darlo a conocer sin un seguimiento constante y repetitivo.

Ésta quizás sea la razón por la que he sentido la clara impresión hoy de dar seguimiento a dos de mis mensajes previos de conferencia general.

En la conferencia de octubre de 2011, rogué que recordáramos estas importantes palabras del Señor: “porque así se llamará mi iglesia en los postreros días, a saber, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”1.

Con esas palabras, el Señor deja claro que éste no es sólo un título formal, sino también el nombre por el cual se habrá de llamar Su Iglesia. A raíz de esa clara afirmación, no debemos referirnos a la Iglesia por ningún otro nombre, como “la Iglesia Mormona” o “la Iglesia SUD”. Seguir leyendo

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