Conferencia General de Mujeres, marzo de 2014
Se solicitan manos y corazones
para apresurar la obra
Por Linda K. Burton
Presidenta General de la Sociedad de Socorro
Podemos ofrecer manos para ayudar y un corazón para apresurar la maravillosa obra del Padre Celestial.
Queridas hermanas, ¡cuánto las amamos! Al ver ese hermoso video, ¿vieron su propia mano extendida para ayudar a alguien por ese sendero del convenio? Estaba pensando en una niña de la Primaria que se llama Brynn que sólo tiene una mano; y sin embargo, la utiliza para bendecir a su familia y a sus amigos, tanto Santos de los Últimos Días como de otras religiones. ¿No es hermosa? ¡Y ustedes también! Hermanas, podemos ofrecer manos para ayudar y un corazón para apresurar la maravillosa obra del Padre Celestial.
Tal como nuestras fieles hermanas de las Escrituras —Eva, Sara, María y muchas otras— conocían su identidad y su propósito, Brynn sabe que es hija de Dios1. Nosotras también podemos saber en cuanto a nuestro legado divino como hijas amadas de Dios y la obra esencial que Él tiene para que llevemos a cabo.
El Salvador enseñó: “El que quiera hacer la voluntad de él conocerá… la doctrina”2. ¿Qué necesitamos saber y hacer “para que algún día… [podamos] con Él vivir”?3. Podemos aprender del relato del joven rico que le preguntó a Jesús lo que necesitaba hacer a fin de recibir la vida eterna.
Jesús le contestó: “…si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”.
El joven le preguntó cuáles debía guardar, y Jesús le recordó varios de los Diez Mandamientos con los cuales todos estamos familiarizados.
El joven respondió: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?”.
Jesús dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”4.
Jesús lo llamó a ser parte de Su obra: la obra de un discípulo. Nuestra obra es la misma. Debemos “[desechar] las cosas de este mundo… [adherirnos] a [nuestros] convenios”5 y venir a Cristo y seguirle. ¡Eso es lo que hacen los discípulos!
Pero hermanas, no comencemos a sentirnos culpables porque el Salvador le habló al joven rico sobre ser perfecto. La palabra perfecto de este relato se tradujo de una palabra griega que significa “completo”. A medida que hacemos nuestro mejor esfuerzo por seguir adelante en el sendero del convenio, llegamos a ser más completos y perfectos en esta vida.
Tal como el joven rico de la época de Jesús, a veces nos sentimos tentadas a darnos por vencidas o dar marcha atrás porque quizás pensemos que no podemos hacerlo solas. ¡Y tenemos razón! No podemos hacer las cosas difíciles que se nos ha pedido hacer sin ayuda. La ayuda viene mediante la expiación de Jesucristo, la guía del Espíritu Santo y las manos de otras personas que ayudan. Seguir leyendo







































