Agradecidos en cualquier circunstancia

Conferencia General abril de 2014

Agradecidos en cualquier circunstancia

Dieter F. UchtdorfPor el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

¿No tenemos razón para estar llenos de gratitud, a pesar de las circunstancias en las que nos encontremos?


A lo largo de los años, he tenido la sagrada oportunidad de reunirme con muchas personas cuyos pesares parecen haberles llegado hasta lo más profundo del alma. En esos momentos, he escuchado a mis amados hermanos y hermanas, y me he afligido con ellos por sus tribulaciones. He pensado en lo que podría decirles y me he esforzado por saber cómo consolarlos y apoyarlos en sus pruebas.

A veces, su angustia es el resultado de lo que para ellos parece ser un final; algunos se enfrentan al fin de una preciada relación, como la muerte de un ser querido o el distanciamiento de un familiar; otros piensan que afrontan el fin de la esperanza: la esperanza de casarse, de tener hijos, o de superar una enfermedad; otros quizás se enfrenten al fin de su fe, a medida que las voces confusas y conflictivas del mundo los tientan a dudar, e incluso a abandonar, lo que una vez supieron que era verdadero.

Tarde o temprano, creo que todos pasamos por tiempos en los que nuestro mundo parece venirse abajo, dejándonos solos, frustrados y a la deriva.

Le puede pasar a cualquier persona; nadie es inmune a ello.

Podemos ser agradecidos

La situación de cada persona es diferente, y los detalles de cada vida son únicos; no obstante, he aprendido que hay algo que quitaría la amargura que experimentemos en la vida. Hay algo que podemos hacer a fin de que nuestra vida sea más dulce, feliz y hasta gloriosa.

¡Podemos ser agradecidos!

Tal vez suene contrario a la sabiduría del mundo sugerir que la persona que esté llena de pesares le deba dar gracias a Dios. Sin embargo, aquellos que dejan a un lado la botella de la amargura y en vez de ello alzan la copa de la gratitud pueden encontrar una bebida purificante de sanación, paz y entendimiento.

Como discípulos de Cristo, se nos manda dar “las gracias al Señor [nuestro] Dios en todas las cosas”1, cantar “a Jehová con acción de gracias”2, y hacer que “rebose [nuestro] corazón de gratitud a Dios”3.

¿Por qué nos manda Dios que seamos agradecidos?

Todos los mandamientos del Señor se nos dan para poner bendiciones a nuestro alcance. Los mandamientos son oportunidades de ejercer nuestro albedrío y de recibir bendiciones. Nuestro amoroso Padre Celestial sabe que el elegir cultivar un espíritu de gratitud nos brindará verdadero gozo y gran felicidad.

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Esfuércense y sean valientes

Conferencia General abril de 2014

Esfuércense y sean valientes

Thomas S. MonsonPor el presidente Thomas S. Monson

Tengamos todos nosotros el valor de desafiar la opinión popular, la valentía de defender nuestros principios.


Mis amados hermanos, ¡qué bueno es estar con ustedes otra vez! Ruego la ayuda divina al aprovechar esta oportunidad de dirigirme a ustedes.

Aparte de los que están en este centro de conferencias, hay otros miles de hermanos reunidos en capillas y otros edificios alrededor del mundo. Hay un vínculo común que nos une, pues se nos ha encomendado el sacerdocio de Dios.

Estamos aquí sobre la tierra en una época maravillosa de la historia. Nuestras oportunidades son casi ilimitadas, pero también afrontamos una multitud de retos, algunos singulares de nuestra época.

Vivimos en un mundo en que, en gran medida, los valores morales se han dejado de lado, el pecado está vergonzosamente a la vista y las tentaciones para apartarnos del sendero estrecho y angosto nos circundan. Nos enfrentamos a la presión persistente y las influencias insidiosas que destruyen aquello que es decente y tratan de reemplazarlo con las filosofías y prácticas superficiales de una sociedad secular.

Debido a éstos y otros retos, constantemente tenemos frente a nosotros decisiones que tomar, las cuales pueden determinar nuestro destino. A fin de que nosotros tomemos las decisiones correctas, se necesita valentía; la valentía para decir “no” cuando debamos y la valentía para decir “sí” cuando sea adecuado, así como la valentía para hacer lo correcto porque es lo correcto.

Puesto que la tendencia en la sociedad de hoy se aleja rápidamente de los valores y principios que el Señor nos ha dado, con toda seguridad se nos llamará a defender aquello en lo que creemos. ¿Tendremos el valor para hacerlo?

El presidente J. Reuben Clark, Jr., que fue miembro de la Primera Presidencia por muchos años, dijo: “No son desconocidos los casos en los que algunos hombres de supuesta fe… han sentido que, por el hecho de que el defender su fe íntegra quizás acarrease el ridículo de sus colegas incrédulos, tienen que modificar o justificar su fe, o debilitarla de forma destructiva, o incluso aparentar desecharla. Los tales son hipócritas…”1. A ninguno de nosotros nos gustaría que se nos clasificara de hipócritas; sin embargo, ¿nos resistimos a declarar nuestras creencias en algunas circunstancias?

Podemos ayudarnos a nosotros mismos en nuestro deseo de hacer lo correcto si nos situamos en lugares y participamos en actividades que influyan en nuestro pensamiento para bien, y donde el Espíritu del Señor se sienta cómodo.

Recuerdo haber leído hace un tiempo el consejo que un padre le dio a su hijo cuando iba a dejar el hogar para ir a estudiar: “Si alguna vez te encuentras donde no deberías estar, ¡sal de allí de inmediato!”. A cada uno de ustedes les doy el mismo consejo: “Si alguna vez se encuentran donde no deberían estar, ¡salgan de allí de inmediato!”. Seguir leyendo

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El hombre del sacerdocio

Conferencia General, 5 de abril de 2014

El hombre del sacerdocio

Henry B. EyringPor el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Pueden ser un gran ejemplo, uno común y corriente, o un ejemplo malo. Pueden pensar que a ustedes no les importa, pero al Señor sí le importa.


Todos tenemos héroes, en particular cuando somos jóvenes. Nací y crecí en Princeton, Nueva Jersey, en los Estados Unidos. Los equipos de deportes más famosos cerca de donde vivíamos tenían su sede en la Ciudad de Nueva York. Allí, en esos tiempos antiguos, había tres equipos de béisbol profesionales: los Dodgers de Brooklyn, los Gigantes de Nueva York y los Yankees de Nueva York. Filadelfia estaba más cerca de nuestra casa, y era la sede de los equipos de béisbol de los Athletics y los Phillies. Había muchos posibles héroes para mí en esos equipos.

Joe DiMaggio, quien jugó para los Yankees de Nueva York, se convirtió en mi héroe de béisbol. Cuando mis hermanos y mis amigos jugaban al béisbol en los terrenos de la escuela al lado de nuestra casa, yo intentaba batear de la manera en que pensaba que Joe DiMaggio lo hacía. Eso era antes, cuando no había televisión (en la prehistoria), así que sólo tenía fotos de periódicos para copiar su manera de batear.

Cuando era joven, mi padre me llevó al estadio de los Yankees. Ésa fue la única vez que vi jugar a Joe DiMaggio. En mi mente es como si estuviera allí; puedo verlo batear y veo la pelota de béisbol blanca volando hacia las gradas en el medio campo.

Nunca jugué al béisbol tan bien como mi héroe de la niñez; pero las pocas veces que le pegué bien a la pelota, copié su poderoso swing tanto como pude.

Cuando elegimos héroes, comenzamos a copiar, consciente o inconscientemente, lo que más admiramos de ellos.

Afortunadamente, mis padres sabios pusieron a grandes héroes en mi camino cuando era niño. Mi padre me llevó al estadio Yankee sólo una vez para ver a mi jugador de béisbol, pero cada domingo me permitió ver a un hombre del sacerdocio que se convirtió en un héroe. Ese héroe moldeó mi vida. Mi padre era el presidente de una pequeña rama que se reunía en nuestro hogar. Por cierto, si bajábamos al primer piso el domingo por la mañana, ya estaban en la capilla. Nunca asistieron más de 30 personas a nuestra rama. Seguir leyendo

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Están durmiendo durante la Restauración?

Conferencia General abril de 2014

¿Están durmiendo durante la Restauración?

Dieter F. UchtdorfPor el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Hay demasiado en juego para nosotros como individuos, como familias y como la Iglesia de Cristo para hacer las cosas a medias en esta obra sagrada.


Hace casi 200 años, el cuento corto estadounidense, “Rip Van Winkle”, se convirtió en un éxito de inmediato. El personaje principal, Rip, es un hombre sin ambiciones que es muy diestro para evadir dos cosas: el trabajo y a su esposa.

Un día, mientras paseaba con su perro sin rumbo por las montañas, descubre a un grupo de hombres vestidos de forma extraña que estaban bebiendo y jugando. Después de aceptar un poco de licor, Rip se siente somnoliento y cierra los ojos por un rato. Cuando vuelve a abrir los ojos, se sorprende al descubrir que su perro se había ido, su rifle se había oxidado y que ahora él tenía una larga barba.

Rip regresa a su pueblo y descubre que todo ha cambiado. Su esposa ha muerto, sus amigos se han ido y el retrato del rey Jorge III que estaba en la taberna ha sido reemplazado por un retrato de alguien que no reconoce: el General George Washington.

¡Rip Van Winkle había dormido durante 20 años! En el proceso, se había perdido de uno de los períodos más emocionantes de la historia de su país, había dormido durante la Revolución de los Estados Unidos.

En mayo de 1966, el Dr. Martin Luther King Jr. utilizó ese cuento como ejemplo para su discurso “No duerman durante la Revolución”1.

Hoy en día, me gustaría hablar del mismo tema y sugerir una pregunta a todos nosotros que poseemos el sacerdocio de Dios: ¿Están durmiendo durante la Restauración?

Vivimos en la época de la Restauración

A veces consideramos la restauración del Evangelio como algo que está completo, que ya dejamos atrás: José Smith tradujo el Libro de Mormón, recibió las llaves del sacerdocio, se organizó la Iglesia. En realidad, la Restauración es un proceso en pleno desarrollo; la estamos viviendo ahora mismo. Abarca “todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela” y los “muchos grandes e importantes asuntos” “que aún revelará”2. Hermanos, los emocionantes acontecimientos que se están desarrollando hoy en día son parte de ese período de preparación predicho hace mucho tiempo y que culminará en la gloriosa segunda venida de nuestro Salvador, Jesucristo.

¡Éste es uno de los periodos más extraordinarios de la historia del mundo! Los profetas antiguos ansiaban ver nuestra época.

Cuando nuestro tiempo en la vida terrenal se haya terminado, ¿qué experiencias podremos compartir sobre nuestra contribución a este período significativo de nuestra vida y para el avance de la obra del Señor? ¿Podremos decir que pusimos manos a la obra y trabajamos con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza? ¿O tendremos que admitir que nuestra función, en su mayor parte, fue de observadores?

Supongo que hay diversas razones por las que es fácil adormilarse un poco con respecto a la edificación del reino de Dios. Permítanme mencionar tres razones importantes. Al hacerlo, los invito a meditar para determinar si alguna podría aplicarse. Si ven algo en lo que se puede mejorar, les pido que piensen en lo que se podría hacer a fin de cambiar para mejor.

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La generación escogida

Conferencia General abril de 2014

La generación escogida

Randall L. RiddPor Randall L. Ridd
Segundo Consejero de la Presidencia General de los Hombres Jóvenes

Han sido escogidos para participar en Su obra en estos tiempos porque Él confía en que tomen las decisiones correctas.


Jóvenes, es probable que hayan oído antes que son “linaje escogido”, en referencia a que Dios los eligió y preparó a fin de venir a la tierra en esta época para un gran propósito; yo sé que es así. Pero esta tarde deseo dirigirme a ustedes como la “generación escogida”, ya que nunca antes en la historia se ha bendecido a la gente con tantas opciones. Más opciones significan más oportunidades; más oportunidades significan más potencial para hacer lo bueno y, desafortunadamente, lo malo. Creo que Dios los ha enviado aquí en estos tiempos porque Él confía en que discernirán con éxito entre la asombrosa multitud de opciones disponibles.

En 1974, el presidente Spencer W. Kimball dijo: “Creo que el Señor anhela poner en nuestras manos invenciones que nosotros, las personas comunes, apenas podemos vislumbrar” (“When the World Will Be Converted”, Ensign, octubre de 1974, pág. 10).

¡Y lo ha hecho! Ustedes están creciendo con una de las mayores herramientas para bien en la historia del hombre: el internet, que viene acompañado de un complejo menú de opciones. Sin embargo, la abundancia de opciones conlleva la correspondiente porción de responsabilidad. Facilita el acceso a lo mejor así como lo peor de todo lo que ofrece. Con el internet pueden lograr cosas magníficas en poco tiempo o quedar atrapados en un sinnúmero de trivialidades que desperdician su tiempo y disminuyen su potencial. Con un clic del botón pueden acceder a cualquier cosa que su corazón desee. Ésa es la clave: ¿Qué desea su corazón? ¿Hacia qué se ven atraídos? ¿A dónde los conducirán sus deseos?

Recuerden que Dios “concede a los hombres según lo que deseen” (Alma 29:4) y que Él “[juzgará] a todos los hombres según sus obras, según el deseo de sus corazones” (D. y C. 137:9; véase también Alma 41:3).

El élder Bruce R. McConkie dijo: “En un sentido real, aunque figurado, el libro de la vida es el registro de los actos de los hombres cuyo registro queda impreso en el cuerpo… Es decir que todo pensamiento, toda palabra y toda obra tiene un [efecto] en el cuerpo humano; todos ellos dejan sus marcas, las cuales Aquel que es Eterno puede leer con la sencillez con la que se leen las palabras de un libro” (Mormon Doctrine, 2da. edición, 1966, pág. 97). Seguir leyendo

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Qué clase de hombres?

Conferencia General abril de 2014

¿Qué clase de hombres?

Donald L. HallstromPor el élder Donald L. Hallstrom
De la Presidencia de los Setenta

¿Qué cambios se requieren de nosotros para llegar a ser la clase de hombres que debemos ser?


Al contemplar esta reunión mundial, se nos recuerda que no hay nada que se compare con esta reunión, en ninguna parte. El propósito de la sesión del sacerdocio de la conferencia general es enseñar a los poseedores del sacerdocio la clase de hombres que debemos ser (véase 3 Nefi 27:27) e inspirarnos a alcanzar ese ideal.

Durante mis años como poseedor del Sacerdocio Aarónico en Hawái, hace medio siglo, y luego como misionero en Inglaterra, nos reuníamos en los centros de reuniones para escuchar (haciendo un gran esfuerzo) la sesión del sacerdocio mediante una conexión telefónica. Posteriormente, los satélites hicieron posible la transmisión a ciertas instalaciones de la Iglesia dotadas de grandes antenas parabólicas y, gracias a ello, podíamos ver y escuchar las sesiones. ¡Estábamos maravillados con esa tecnología! Pocas personas se habrían imaginado el mundo de hoy, en el que cualquiera que tenga conexión a internet con un teléfono inteligente, una tableta o una computadora puede recibir los mensajes de esta reunión.

Sin embargo, esta mayor accesibilidad a la voz de los siervos del Señor, que es la misma voz del Señor (véase D. y C. 1:38), tiene poco valor a menos que estemos dispuestos a recibir la palabra (véase D. y C. 11:21) y luego seguirla. En pocas palabras, el propósito de la conferencia general y de esta sesión del sacerdocio sólo se alcanza si estamos dispuestos a actuar, si estamos dispuestos a cambiar.

Hace varias décadas, yo prestaba servicio como obispo. Por un largo período, sostuve entrevistas con un hombre de nuestro barrio que era muchos años mayor que yo. Ese hermano tenía problemas en su relación con su esposa y estaba alejado de sus hijos. Le costaba conservar un puesto de trabajo, no tenía amigos cercanos y le parecía tan difícil relacionarse con los miembros del barrio que al final no quería servir en la Iglesia. Durante una conversación intensa sobre los desafíos de su vida, él se inclinó hacia mí, a modo de conclusión de todas nuestras conversaciones, y me dijo: “Obispo, tengo mal genio, ¡y así es como soy!”.

Esa afirmación me dejó atónito esa noche y me ha mortificado desde entonces. Una vez que ese hombre decidió, y una vez que cualquiera de nosotros llegue a esa conclusión, que “así es como yo soy”, renunciamos a nuestra capacidad de cambiar. Bien podríamos levantar la bandera blanca, abandonar nuestras armas, admitir la derrota y simplemente rendirnos, toda posibilidad de ganar se habrá perdido. Aunque algunos de nosotros pensemos que eso no es lo que nos describe, probablemente cada uno de nosotros demuestre al menos mediante uno o dos malos hábitos esa actitud del tipo “Así es como yo soy”. Seguir leyendo

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Las llaves y la autoridad del sacerdocio

Conferencia General 5 de abril de 2014

Las llaves y la autoridad del sacerdocio

Dallin H. OaksPor el élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Las llaves del sacerdocio guían tanto a las mujeres como a los hombres, y las ordenanzas y la autoridad del sacerdocio atañen tanto a las mujeres como a los hombres.


I.

En esta conferencia hemos visto el relevo de algunos hermanos fieles, y hemos sostenido a otros en sus llamamientos. En esta rotación, tan común en la Iglesia, no se nos “degrada” al ser relevados, y no se nos “asciende” cuando se nos llama; no hay “ascensos ni descensos” en el servicio del Señor. Únicamente se da marcha “hacia adelante o hacia atrás”, y esa diferencia radica en la forma en que aceptamos y actuamos con respecto a nuestros relevos y llamamientos. En una ocasión presidí en el relevo de un joven presidente de estaca que había prestado servicio diligente durante nueve años, y ahora se regocijaba por el nuevo llamamiento que él y su esposa acababan de recibir; se los llamó como líderes de la guardería de su barrio. ¡Únicamente en esta Iglesia se consideraría eso como algo igualmente honorable!

II.

En una conferencia de mujeres, Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, dijo: “Esperamos inculcar en cada una de nosotras un mayor deseo de entender mejor el sacerdocio”1. Eso se aplica a todos nosotros, y para ello, hablaré sobre las llaves y la autoridad del sacerdocio. Debido a que esos temas son de igual interés para hombres y mujeres, me complace que esta reunión se transmita y se publique para todos los miembros de la Iglesia. El poder del sacerdocio nos bendice a todos. Las llaves del sacerdocio guían tanto a las mujeres como a los hombres, y las ordenanzas y la autoridad del sacerdocio atañen tanto a las mujeres como a los hombres.

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Ora siempre

Conferencia General octubre 2008

Ora siempre

Élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La oración se vuelve más ferviente al consultar al Señor en todos nuestros hechos, al expresar gratitud sincera y al orar por los demás.


Mi mensaje de la última conferencia general se centró en el principio del Evangelio de pedir en oración con fe. Hoy quiero analizar tres principios adicionales que pueden ser de utilidad para que nuestras oraciones sean más fervientes, y ruego la ayuda del Espíritu Santo para ustedes y para mí.

Principio Nº 1. La oración se vuelve más ferviente cuando consultamos al Señor en todos nuestros hechos (véase Alma 37:37).

En una palabra, la oración es la comunicación con el Padre Celestial por parte de Sus hijos e hijas en la tierra. “Tan pronto como nos damos cuenta de nuestro verdadero parentesco con Dios (concretamente, que Dios es nuestro Padre, y que nosotros somos Sus hijos), de inmediato la oración se convierte en algo natural e instintivo por parte nuestra” (“Oración”, Diccionario Bíblico en inglés, pág. 752). Se nos manda orar siempre al Padre en el nombre del Hijo (véase 3 Nefi 18:19–20). Se nos promete que si oramos con sinceridad por lo que sea correcto y bueno, y de acuerdo con la voluntad de Dios, seremos bendecidos, protegidos y guiados (véase 3 Nefi 18:20; D. y C. 19:38).

La revelación es la comunicación del Padre Celestial con Sus hijos en la tierra. Al pedir con fe, podemos recibir revelación tras revelación y conocimiento sobre conocimiento, y llegar a conocer los misterios y las cosas apacibles que traen gozo y vida eterna (véase D. y C. 42:61). Los misterios son aquellos asuntos que sólo se pueden conocer y comprender por medio del poder del Espíritu Santo (véase Harold B. Lee, Ye Are the Light of the World, 1974, pág. 211).

Las revelaciones del Padre y del Hijo se transmiten por medio del tercer miembro de la Trinidad, o sea, el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el testigo del Padre y del Hijo y el mensajero de Ellos.

Los modelos que Dios utilizó al crear la tierra nos sirven de instrucción para ayudarnos a entender qué hacer para que la oración cobre más significado. En el tercer capítulo del libro de Moisés aprendemos que todas las cosas se crearon espiritualmente antes de que existieran físicamente en la tierra.

“Y ahora bien, he aquí, te digo que éstos son los orígenes del cielo y de la tierra, cuando fueron creados, el día en que yo, Dios el Señor, hice el cielo y la tierra;

“y toda planta del campo antes que existiese en la tierra, y toda hierba del campo antes que creciese. Porque yo, Dios el Señor, creé espiritualmente todas las cosas de que he hablado, antes que existiesen físicamente sobre la faz de la tierra” (Moisés 3:4–5).

De estos versículos aprendemos que la creación espiritual precedió a la temporal. De igual manera, la ferviente oración por la mañana es un importante elemento de la creación espiritual de cada día, y precede la creación temporal o las labores del día. Al igual que la creación temporal estaba unida a la creación espiritual y era una continuación de ella, así también las fervientes oraciones por la mañana y por la noche están unidas mutuamente y son una extensión la una de la otra.

Consideren este ejemplo: Es posible que haya cosas en nuestro carácter, en nuestra conducta o con respecto a nuestro progreso espiritual sobre las que necesitemos hablar con nuestro Padre Celestial en la oración de la mañana. Después de expresar el debido agradecimiento por las bendiciones recibidas, suplicamos entendimiento, guía y ayuda para hacer las cosas que no podemos hacer valiéndonos sólo de nuestro poder. Por ejemplo, al orar, podríamos hacer lo siguiente:

  • Reflexionar en las ocasiones en las que hayamos hablado con dureza o indebidamente a quienes más amamos.
  • Reconocer que aunque sabemos lo que debemos hacer, no siempre actuamos de acuerdo con ese conocimiento.
  • Expresar remordimiento por nuestras debilidades y por no despojarnos más resueltamente del hombre natural.
  • Tomar la determinación de imitar más completamente la vida del Salvador.
  • Suplicar más fortaleza para actuar mejor y llegar a ser mejores.

El orar de esa manera es una parte clave de la preparación espiritual para nuestro día.

En el transcurso del día, conservamos una oración en el corazón para recibir ayuda y guía constantes, tal como sugirió Alma: “…deja que todos tus pensamientos se dirijan al Señor” (Alma 37:36).

Durante ese día particular, notamos que hay ocasiones en las que normalmente tendríamos la tendencia de hablar con dureza, pero no lo hacemos; o estaríamos predispuestos a la ira, pero no cedemos a ella. Discernimos la ayuda y la fortaleza celestiales y humildemente reconocemos las respuestas a nuestra oración. Aun en ese momento de descubrimiento, ofrecemos una silenciosa oración de gratitud.

Al final de nuestro día, volvemos a arrodillarnos y damos un informe a nuestro Padre. Examinamos los acontecimientos del día y expresamos sincero agradecimiento por las bendiciones y la ayuda recibida. Nos arrepentimos y, con la ayuda del Espíritu del Señor, buscamos maneras de actuar mejor y de llegar a ser mejores. De ese modo, la oración de la noche aumenta y es una continuación de la oración de la mañana; y la oración de la noche es también una preparación para la ferviente oración de la mañana.

Las oraciones de la mañana y de la noche —y todas las intermedias— no son acontecimientos aislados que no guardan relación entre sí, sino que están unidas la una a la otra cada día y a lo largo de días, semanas, meses e incluso años. Así es como, en parte, cumplimos con la admonición de “orar siempre” (Lucas 21:36; 3 Nefi 18:15, 18; D. y C. 31:12). Oraciones fervientes como esas juegan un papel decisivo en obtener las bendiciones más sublimes que Dios tiene para Sus hijos fieles.

La oración se vuelve ferviente si recordamos nuestra relación con la Deidad y prestamos oído a la siguiente admonición:

“…implora a Dios todo tu sostén; sí, sean todos tus hechos en el Señor, y dondequiera que fueres, sea en el Señor; deja que todos tus pensamientos se dirijan al Señor; sí, deja que los afectos de tu corazón se funden en el Señor para siempre.

“Consulta al Señor en todos tus hechos, y él te dirigirá para bien; sí, cuando te acuestes por la noche, acuéstate en el Señor, para que él te cuide en tu sueño; y cuando te levantes por la mañana, rebose tu corazón de gratitud a Dios; y si haces estas cosas, serás enaltecido en el postrer día” (Alma 37:36–37; cursiva agregada).

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Raíces y ramas

Conferencia General Abril 2014

Raíces y ramas

Por el élder Quentin L. Cook
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El apresurar la obra de historia familiar y del templo en nuestros días es esencial para la salvación y la exaltación de las familias.


En 1981, poco antes de morir de cáncer, el controversial escritor William Saroyan dijo a la prensa: “Todo el mundo tiene que morir, pero siempre pensé que, en mi caso, se haría una excepción. ¿Y ahora qué?”1.

El “¿ahora qué?” frente a la muerte en esta vida y el “¿ahora qué?” al contemplar la vida después de la muerte están entre las preguntas fundamentales que se hace el alma y que el evangelio restaurado de Jesucristo responde tan hermosamente en el plan de felicidad del Padre.

En esta vida reímos, lloramos, trabajamos, nos divertimos, vivimos y después morimos. Job hizo la breve pregunta: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?”2. La respuesta es un resonante sí, gracias al sacrificio expiatorio del Salvador. Es interesante leer parte del variado preámbulo de Job a esa pregunta: “El hombre, nacido de mujer, corto de días… brota como una flor y es cortado… si el árbol es cortado, aún queda para él esperanza; retoñará aún, y sus renuevos no faltarán… y echará ramas como planta nueva”3. Seguir leyendo

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Qué piensa usted?

Conferencia General abril de 2014

¿Qué piensa usted?

Por el élder W. Craig Zwick
De los Setenta

Les ruego que, con interés compasivo en las circunstancias del prójimo, hagan esta pregunta: “¿Qué piensa usted?”.


Hace cuarenta y un años, subí al asiento del conductor de un camión con semirremolque de cinco ejes junto con Jan, mi bella esposa, y Scotty, nuestro bebé. Íbamos a transportar una pesada carga de materiales para la construcción a través de varios estados.

En aquellos días no había normativas sobre los cinturones de seguridad ni asientos infantiles; mi esposa llevaba a nuestro preciado hijo en los brazos. Tendría que haber sospechado la inquietud que ella sentía cuando comentó: “Estamos muy lejos del suelo”.

Conforme descendíamos el histórico [desfiladero] Donner Pass en una empinada parte de la carretera, la cabina del camión se llenó de humo de forma repentina e inesperada; era difícil ver y apenas podíamos respirar.

En los semirremolques pesados, los frenos no bastan para disminuir la velocidad rápidamente. Intenté detenerme con desesperación valiéndome del freno de compresión y la caja de velocidades.

Cuando me estaba estacionando al costado de la carretera, pero antes de que frenáramos por completo, mi esposa abrió la puerta de la cabina y saltó hacia afuera con el bebé en brazos. Observé con impotencia mientras rodaban en la tierra.

Apenas hube detenido el camión, salí rápido de la cabina llena de humo, corrí con las pulsaciones al máximo entre las piedras y la maleza, y los estreché en los brazos. Jan tenía los brazos y codos lastimados y sangrándole, pero afortunadamente ella y nuestro hijo estaban vivos. Los abracé con fuerza mientras se despejaba el polvo al costado del camino.

Al normalizarse mis pulsaciones y recobrar el aliento, dije: “¿En qué estabas pensando? ¿Sabes lo peligroso que es hacer eso? ¡Podrían haberse matado!”.

Me miró, con lágrimas en las mejillas tiznadas de humo, y me dijo algo que me penetró el corazón y que aún me resuena en los oídos: “Sólo intentaba salvar a nuestro hijo”. Seguir leyendo

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No tomemos el camino equivocado

Conferencia General abril de 2014

No tomemos el camino equivocado

Claudio D. ZivicPor el élder Claudio D. Zivic
De los Setenta

Oro para que no perdamos el rumbo, para que siempre estemos conectados con los cielos.


Un niño estaba tocando el piano, y un vendedor, al verlo a través de la ventana, le preguntó: “¿Está tu mamá?”.

A lo que el niño respondió: “Y…¿a usted qué le parece?”.

Nuestros cinco queridos hijos tocan el piano gracias a la motivación de mi esposa. Cuando la profesora llegaba a casa, nuestro hijo Adrián corría a esconderse para no tener la clase. Pero un día, ¡algo maravilloso ocurrió!: comenzó a amar la música de tal manera que siguió practicando por su cuenta.

Si en el proceso de nuestra conversión pudiésemos llegar a ese punto, sería maravilloso. Sería extraordinario vivir los mandamientos sin que nadie nos tenga que recordar constantemente que lo hagamos; y hacerlo de corazón, con una firme convicción de que, si seguimos el camino correcto, tendremos las recompensas prometidas en las Escrituras.

Hace varios años, junto con mi esposa, nuestra hija Evelin y una amiga de la familia, fuimos al Parque Nacional de los Arcos (en el Estado de Utah, EE. UU). Uno de los arcos más famosos de ese lugar es el llamado Arco Delicado. Decidimos caminar alrededor de dos km, subiendo la montaña, para llegar allí.

Emprendimos el camino con mucho entusiasmo, pero luego de un corto tramo ellas necesitaron descansar. Ante mis deseos de llegar, decidí continuar solo. Sin prestar atención al camino que debía tomar, seguí a un hombre que iba delante de mí, el cual, a mi parecer, avanzaba con mucha seguridad. El camino se hacía cada vez más difícil; era necesario saltar de una roca a otra. Por lo peligroso del camino, estaba seguro que ellas nunca podrían llegar. De repente, vi el Arco Delicado, pero grande fue mi sorpresa cuando observé que se encontraba en un lugar inaccesible para mí.

Con mucha frustración decidí regresar. Impacientemente esperé hasta que nos encontramos nuevamente. Mi pregunta inmediata fue: “¿Llegaron hasta el Arco Delicado?”. Ellas muy alegremente me dijeron que sí. Me explicaron que habían seguido las señales que indicaban el camino y que, con cuidado y esfuerzo, llegaron a su destino.

Lamentablemente yo había tomado el camino equivocado. ¡Qué gran lección aprendí ese día!

¿Cuán a menudo confundimos el camino correcto, dejándonos llevar por las tendencias del mundo? Continuamente debemos preguntarnos si estamos siendo hacedores de las palabras de Jesucristo y de Sus líderes.

En el libro de Juan, se encuentra una maravillosa enseñanza: Seguir leyendo

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Si me amáis, guardad mis mandamientos

Conferencia General abril de 2014

“Si me amáis, guardad mis mandamientos”

Robert D. HalesPor el élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Utilizar nuestro albedrío para obedecer significa elegir “hacer lo que es correcto [y dejar] que las consecuencias ocurran”.


Hermanos y hermanas, de todas las lecciones que aprendemos de la vida del Salvador, ninguna es más clara y poderosa que la lección de la obediencia.

El ejemplo del Salvador

En el concilio premortal de los cielos, Lucifer se rebeló en contra del plan del Padre Celestial. Los que siguieron a Lucifer terminaron su progreso eterno. ¡Tengan cuidado de a quién eligen seguir!

Luego, Jesús expresó Su compromiso de obedecer diciendo: “Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre”1. A lo largo de Su ministerio, Él “sufrió tentaciones pero no hizo caso de ellas”2. De hecho, “por lo que padeció aprendió la obediencia”3.

Porque nuestro Salvador fue obediente, Él expió nuestros pecados, de ese modo hizo posible nuestra resurrección y preparó el camino para que regresemos a nuestro Padre Celestial, quien sabía que cometeríamos errores mientras aprendíamos sobre la obediencia en la vida terrenal. Cuando obedecemos, aceptamos Su sacrificio, ya que “creemos que por la Expiación de [Jesucristo], todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes, ordenanzas y [mandamientos] del Evangelio”4.

Jesús nos enseñó a obedecer con palabras sencillas que son fáciles de comprender: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”5, y “Ven, sígueme”6.

Cuando nos bautizamos, “[tomamos] sobre [nosotros] el nombre de Cristo” y hacemos “convenio con Dios de [que seremos] obedientes hasta el fin de [nuestras] vidas”7. Todos los domingos renovamos ese convenio bautismal al tomar la Santa Cena y testificar que estamos dispuestos a guardar los mandamientos. Buscamos el perdón de todos los pensamientos, sentimientos o acciones que no estén en armonía con la voluntad de nuestro Padre Celestial. Cuando nos arrepentimos, apartándonos de la desobediencia y comenzando a obedecer otra vez, mostramos nuestro amor por Él.

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Porque ejemplo os he dado

Conferencia General abril de 2014

“Porque ejemplo os he dado”

Richard G. ScottÉlder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El ejemplo más grandioso que jamás caminó sobre la tierra es nuestro Salvador Jesucristo… Él nos invita a seguir Su ejemplo perfecto.


Al meditar sobre mi deber de compartir el Evangelio, reflexioné en seres queridos cuya tierna influencia me ayudó a encontrar el sendero divino que ayudó a mi progreso espiritual. En momentos importantes de mi vida, el Padre Celestial me bendijo con alguien que se interesó lo suficiente por mí como para encaminar mis decisiones hacia la dirección correcta. Ellos obedecían las palabras del Salvador: “Porque ejemplo os he dado, para que así como yo os he hecho, vosotros también hagáis”1.

En mi niñez, mi padre no era miembro de la Iglesia y mi madre era menos activa. Vivíamos en Washington D.C. y los padres de mi madre vivían a 4.000 kilómetros, en el estado de Washington. Algunos meses después de cumplir mis ocho años, mi abuela Whittle cruzó el país para visitarnos. Ella estaba preocupada porque ni mi hermano mayor ni yo nos habíamos bautizado. No sé qué le dijo a mis padres al respecto, pero una mañana nos llevó a mi hermano y a mí al parque y nos habló de la importancia de ser bautizados y de asistir regularmente a las reuniones de la Iglesia. No recuerdo exactamente lo que nos dijo, pero sus palabras me llegaron muy profundamente y al poco tiempo, mi hermano y yo nos bautizamos.

Ella siguió apoyándonos. Recuerdo que cuando a mi hermano o a mí nos asignaban un discurso en la Iglesia, la llamábamos por teléfono para pedirle sugerencias, y a los pocos días un discurso escrito a mano nos llegaba por correo. Después de un tiempo, sus sugerencias sólo eran bosquejos que requerían más esfuerzo de nuestra parte.

La abuela usaba sólo la valentía y el respeto necesario para ayudar a mi padre a darse cuenta de la importancia que tenía el llevarnos a la Iglesia para asistir a nuestras reuniones. De todas las formas apropiadas posibles nos ayudaba a sentir la necesidad del Evangelio en nuestra vida.

Lo más importante era que sabíamos que ella nos amaba y amaba el Evangelio. ¡Ella fue un ejemplo maravilloso! ¡Cuán agradecido me siento por el testimonio que compartió conmigo cuando era pequeño! Su influencia cambió la dirección de mi vida para mi bien eterno. Seguir leyendo

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Manifiesten su fe

Conferencia General Abril 2014

Manifiesten su fe

Russell M. NelsonPor el élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Aumenten su fe día a día mientras caminan hacia su destino eterno. ¡Proclamen su fe! ¡Manifiesten su fe!


Queridos hermanos y hermanas, expresamos nuestros más profundos sentimientos de amor y gratitud por ustedes y agradecemos las asignaciones de servir entre ustedes.

En un vuelo reciente, el piloto anunció que encontraríamos turbulencia durante el descenso y que todos los pasajeros debían ajustarse los cinturones de seguridad de sus asientos. Ciertamente, vino una turbulencia muy fuerte. Al otro lado del pasillo, un par de filas a mi espalda, una mujer muy aterrorizada gritaba con cada movimiento brusco y sacudida del avión. Su esposo procuraba consolarla, pero era inútil. Sus gritos histéricos duraron hasta que dejamos atrás la zona de turbulencia y aterrizamos sanos y salvos. Sentí pena por ella durante aquel momento de ansiedad. Como la fe es el antídoto contra el temor, deseé en silencio haber podido fortalecer su fe.

Más tarde, cuando los pasajeros salían de la aeronave, el esposo de aquella mujer se acercó y me dijo: “Lamento que mi esposa estuviera tan aterrorizada. De la única manera que pude consolarla fue diciéndole: ‘Mira, el élder Nelson está en el avión; no tienes que preocuparte’”.

No estoy seguro de que mi presencia en aquel vuelo debiera haberle dado consuelo alguno, pero diré que una de las realidades de la vida terrenal es que nuestra fe será probada y desafiada. A veces encaramos pruebas que parecen asuntos de vida o muerte. Para aquella mujer, el avión que se movía de manera violenta representó uno de esos momentos en los que estamos cara a cara con la fortaleza de nuestra fe.

Cuando hablamos de fe —la fe que puede mover montañas— no nos referimos a la fe en general sino a la fe en el Señor Jesucristo. Esa fe puede verse fortalecida al aprender acerca de Él y vivir nuestra religión. El Señor diseñó la doctrina de Jesucristo para ayudarnos a incrementar nuestra fe. Sin embargo, en el habla actual, la palabra religión puede significar algo diferente para cada persona.

Literalmente, la palabra religión significa “atarse o sujetarse de nuevo” a Dios1. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Estamos firmemente sujetos a Dios como para que se manifieste nuestra fe o tal vez estamos sujetos a otra cosa? Por ejemplo, los lunes por la mañana he oído conversaciones de competiciones atléticas profesionales que tuvieron lugar el domingo anterior. Respecto a algunos de estos ávidos fanáticos, me he preguntado si su “religión” tan sólo los “sujeta de nuevo” a alguna especie de pelota o balón.

Tal vez debiéramos preguntarnos: ¿Dónde está nuestra fe? ¿En un equipo? ¿En una marca? ¿En alguien famoso? Hasta los mejores equipos pierden y los famosos caen en el olvido. Sólo hay Uno en quien su fe estará a salvo: el Señor Jesucristo. ¡Ustedes necesitan manifestar su fe!

Dios declaró en el primero de Sus Diez Mandamientos: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”2. Y también dijo: “Elevad hacia mí todo pensamiento; no dudéis; no temáis”3. Sin embargo, muchos son los que piensan únicamente en su cuenta bancaria en busca de paz, o se vuelven a su prójimo procurando un ejemplo a seguir.

Los profesionales de la medicina, los académicos y los políticos suelen ver su fe puesta a prueba. Al tratar de alcanzar sus metas, ¿se manifestará su religión o quedará oculta? ¿Se sujetan a Dios o al hombre?

Yo tuve una prueba así hace varias décadas cuando uno de mis colegas médicos me reprendió por no haber separado mi conocimiento profesional de mis convicciones religiosas, y me exigió que no mezclara ambos. ¿Cómo hacerlo? ¡La verdad es la verdad! No es divisible y no se puede prescindir de ninguna de sus partes.

Tanto si procede de un laboratorio científico o de la revelación, toda verdad emana de Dios y es parte del evangelio de Jesucristo4. Sin embargo, se me pidió que ocultara mi fe, pero no accedí a la petición de mi colega. ¡Yo manifesté mi fe!

En todo entorno profesional, se exigen normas rigurosas de precisión. Los eruditos aprecian su libertad de expresión, pero la libertad plena no puede vivirse si los hombres decretan que parte de nuestro conocimiento esté “vedado”.

No se puede ignorar la verdad espiritual, especialmente los mandamientos divinos. Observar los mandamientos divinos nos brinda bendiciones, ¡siempre! Quebrantar los mandamientos divinos supone una pérdida de bendiciones, ¡cada vez que los quebrantamos!5.

Abundan los problemas en este mundo porque está repleto de gente imperfecta cuyos objetivos y deseos reciben una fuerte influencia de su fe o falta de ella. Muchos anteponen otras prioridades a Dios. Algunos cuestionan la relevancia de la religión en la vida moderna. Como sucede en cada época, hoy también hay quienes se burlan del libre ejercicio de la religión o lo censuran. Algunos incluso culpan a la religión de cualquiera de los problemas del mundo. Es innegable que en ocasiones se han cometido atrocidades en nombre de la religión; pero vivir la religión pura del Señor, lo cual implica esforzarse por llegar a ser un verdadero discípulo de Jesucristo, es un modo de vida y un compromiso diario que nos brindará guía divina. Al practicar su religión están ejerciendo la fe, la están manifestando.

El Señor sabía que Sus hijos necesitarían aprender la forma de encontrarlo (a Él). “Porque estrecha es la puerta”, dijo, “y angosto el camino que conduce a la exaltación… y pocos son los que la hallan”6.

Las Escrituras proporcionan una de las mejores maneras de hallar nuestro camino y permanecer en él. El conocimiento de las Escrituras también proporciona protección valiosa. Por ejemplo, a lo largo de la historia, infecciones como la “fiebre del parto” cobraron la vida de muchas madres y bebés inocentes. Sin embargo, ¡en el Antiguo Testamento ya constaban hacía más de 3000 años los principios correctos para tratar a personas con infecciones!7. ¡Muchos perecieron porque el hombre, en su búsqueda del conocimiento, hizo caso omiso a la palabra del Señor!

Mis queridos hermanos y hermanas, ¿qué falta en nuestra vida si “siempre [estamos] aprendiendo, pero nunca [llegamos] al conocimiento de la verdad”?8. Podemos lograr mucho conocimiento gracias a las Escrituras y obtener inspiración mediante las oraciones de fe.

El hacerlo nos permitirá tomar decisiones a diario. Especialmente cuando se crean y aprueban las leyes de los hombres, las leyes de Dios deben seguir siendo nuestro baluarte. Cuando nos enfrentemos a temas controversiales, debemos procurar la guía de Dios en primer lugar.

Deberíamos “[aplicar] todas las Escrituras a nosotros mismos para nuestro provecho e instrucción”9. El peligro acecha cuando intentamos dividirnos con expresiones del tipo “mi vida privada” o “mi mejor comportamiento”. Si tratamos de segmentar nuestra vida en compartimentos separados, jamás estaremos a la altura de nuestra integridad personal; nunca llegaremos a desarrollar todo nuestroverdadero ser.

La tentación de ser populares podría dar prioridad a la opinión pública por encima de la palabra de Dios. Las campañas políticas y las estrategias de mercadotecnia emplean vastas encuestas de opinión para dar forma a sus planes. Los resultados de las encuestas son informativos, pero ¡difícilmente podrán emplearse como evidencia para justificar la desobediencia a los mandamientos de Dios! Aunque “todo el mundo lo haga”, lo que está mal nunca estará bien. La maldad, el error y las tinieblas jamás serán verídicos, aunque sean populares. Así lo declara una advertencia que se encuentra en las Escrituras: “¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno, malo; que hacen de la luz tinieblas y de las tinieblas luz!”10.

Después de la Primera Guerra Mundial, se hizo famosa una canción con una letra subida de tono. En su promoción de la inmoralidad, se afirmaba que 50 millones de personas no pueden estar equivocadas, aunque de hecho pueden estarlo, y por completo. La inmoralidad sigue siendo inmoralidad ante los ojos del Señor, quien un día juzgará todos nuestros hechos y deseos11.

Comparen el temor y la falta de fe que tanto prevalecen en el mundo actual con la fe y el valor de mi querida hija Emily, que ahora vive al otro lado del velo. Cuando la vida abandonaba su cuerpo maltrecho por el cáncer, apenas podía hablar; pero me dijo con una sonrisa: “Papi, no te preocupes por mí. ¡Sé que estaré bien!”. La fe de Emily se manifestó vivamente en aquel momento tierno, justo cuando más lo necesitábamos.

Esta bella y joven madre de cinco hijos tenía una fe plena en el Padre Celestial, en Su plan y en el bienestar eterno de su familia. Estaba firmemente sujeta a Dios; fue totalmente fiel a los convenios que concertó con el Señor y con su esposo. Amaba a sus hijos, pero tenía paz a pesar de su inminente separación de ellos. Ella tenía fe en su futuro y en el de ellos, porque tenía fe en nuestro Padre Celestial y en Su Hijo.

El presidente Thomas S. Monson dijo en 1986: “Sin duda sentiremos temor, soportaremos burlas y experimentaremos oposición. Tengamos el valor de desafiar la opinión popular, el valor de defender lo que sea justo. Tener valor y no transigir es lo que complace a Dios… Recordemos que todas las personas tienen sus temores, pero las que enfrentan con dignidad lo que temen, son las valientes”12.

¡El consejo del presidente Monson es imperecedero! Les suplico, mis queridos hermanos y hermanas, que aumenten su fe día a día mientras caminan hacia su destino eterno. ¡Proclamen su fe! ¡Manifiesten su fe!13

Ruego que estén firmemente sujetos a Dios, que tengan Sus verdades eternas grabadas en el corazón, y que, durante toda la vida, ¡manifiesten su fe! En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Cuando nace un bebé, se practica una doble ligadura en el cordón umbilical y se realiza el corte entre ambas ligaduras. Una ligadura es una atadura: una atadura segura. La palabra religión tiene raíces Latinas. Re significa “de nuevo” o “volver a”, y probablemente ligaresignifica “atar, sujetar” o “ligar”. Así, entendemos que la religión “ata o sujeta a los creyentes a Dios”.

  2. Éxodo 20:3. Además, el Señor dijo: “Arrepentíos, y volveos de vuestros ídolos y… de todas vuestras abominaciones” (Ezequiel 14:6).

  3. Doctrina y Convenios 6:36.

  4. Véase de Spencer W. Kimball, The Teachings of Spencer W. Kimball, editado por Edward L. Kimball, 1982, pág. 391.

  5. Véanse Mosíah 2:41; Doctrina y Convenios 58:30–33; 82:10. Este principio se aplica a todo el mundo, pues “Dios no hace acepción de personas” (Hechos 10:34); véase también Moroni 8:12.

  6. Doctrina y Convenios 132:22.

  7. Véase Levítico 15:13.

  8. 2 Timoteo 3:7.

  9. 1 Nefi 19:23.

  10. Isaías 5:20.

  11. Las Escrituras nos enseñan: “Venid al Señor, el Santo. Recordad que sus sendas son justas. He aquí, la vía para el hombre es angosta, mas se halla en línea recta ante él; y el guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente, y no hay otra entrada sino por la puerta; porque él no puede ser engañado, pues su nombre es el Señor Dios” (2 Nefi 9:41).

  12. Thomas S. Monson, “El valor es importante”, Liahona, enero de 1987, pág. 41. En otra ocasión el presidente Monson dio esta admonición inspirada: “Para llevar una vida grandiosa debemos desarrollar la capacidad de enfrentar los problemas con valor, a la desilusión con buen ánimo y al triunfo con humildad… Somos hijos e hijas de un Dios viviente, a cuya imagen fuimos creados… No podemos sostener sinceramente esta convicción sin experimentar una profunda y renovada sensación de fortaleza y poder, aun el poder de vivir los mandamientos de Dios, el poder de resistir las tentaciones de Satanás” (Véase “Los canarios de alas grises”, Liahona, noviembre de 1973, pág. 40).

  13. “Absteneos de toda impiedad” (Moroni 10:32). No teman al hombre más que a Dios (véase Doctrina y Convenios 3:7; 59:5).

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Un incalculable legado de esperanza

Conferencia General de abril de 2014

Un incalculable legado de esperanza

Henry B. EyringPor el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Cuando deciden si van a hacer un convenio con Dios o si lo van a cumplir, deciden si van a dejar un legado de esperanza para aquellos que sigan su ejemplo.


Mis queridos hermanos y hermanas, algunos de ustedes vinieron a esta reunión por invitación de los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; quizás también ya los hayan invitado a hacer convenio con Dios por medio del bautismo.

Otros están escuchando porque aceptaron la invitación que les hizo un padre, una esposa o quizás un hijo, con la esperanza de que decidan volver a poner en el centro de su vida los convenios que ya han hecho con Dios. Algunos de los que están escuchando ya han tomado la decisión de volver a seguir al Salvador y hoy sienten el gozo de la bienvenida que Él les da.

Quienquiera que sean, y dondequiera que se encuentren, ustedes tienen en sus manos la felicidad de más personas de las que imaginan. Cada día y cada hora pueden escoger hacer un convenio con Dios o cumplirlo.

Dondequiera que se encuentren en el sendero para heredar el don de la vida eterna, tienen la oportunidad de mostrar a las personas el camino a una mayor felicidad. Cuando deciden si van a hacer un convenio con Dios o si lo van a cumplir, deciden si van a dejar un legado de esperanza para aquellos que sigan su ejemplo.

Ustedes y yo hemos sido bendecidos con la promesa de tal legado. Gran parte de mi felicidad en la vida se la debo a un hombre a quien nunca conocí; era un huérfano que llegó a ser uno de mis bisabuelos. Él me dejó un valioso legado de esperanza. Permítanme hablarles del papel que él desempeñó en crear ese legado para mí.

Se llamaba Heinrich Eyring; nació en una familia acomodada; su padre, Edward, tenía una finca grande en Coburg, en lo que hoy es Alemania. Su madre era la Vizcondesa Charlotte Von Blomberg; el padre de ella estaba al cuidado de las tierras del rey de Prusia.

Heinrich fue el primer hijo de Charlotte y de Edward; ella murió a los 31 años, poco después del nacimiento de su tercer hijo. Edward murió al poco tiempo, después de perder todas sus propiedades y su fortuna en una inversión que fracasó. Él tenía sólo 40 años, y dejó tres hijos huérfanos.

Heinrich, mi bisabuelo, había perdido a sus padres así como una gran herencia de bienes terrenales; era muy pobre. En su historia, escribió que consideraba que su mejor esperanza residía en ir a Norteamérica. Aunque allí no tenía familiares ni amigos, albergaba un sentimiento de esperanza en cuanto a ir a Norteamérica. Primeramente fue a Nueva York, y más tarde se trasladó a St. Louis, Misuri. Seguir leyendo

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