Como huerto de riego

6 de octubre de 2001
“Como huerto de riego”
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Jeffrey R. Holland

“Debemos pagarlos [diezmos y ofrendas] como una expresión personal de amor hacia nuestro generoso Padre Celestial”.

Segura y firmemente, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se extiende de manera profética por toda la tierra. En el lenguaje de Daniel es como una piedra “que del monte fue cortada… no con mano”. 1La mejor expresión que encontró Isaías para describir lo que vio fue “un prodigio grande y espantoso”. 2 ¡Y es un prodigio! Esta restauración y propagación del Evangelio de Jesucristo está llena de milagros, revelaciones y manifestaciones de todas clases, muchos de los cuales han surgido en nuestros tiempos.

Yo cumplí diecisiete años antes de que hubiera una estaca de Sión fuera de Norteamérica; ahora hay más de mil estacas en los otros continentes y en las islas del mar. Tenemos actualmente ciento veinticinco templos en funcionamiento o anunciados, más de la mitad de los cuales (64) están fuera de los Estados Unidos. Más aún, yo tenía casi dieciséis años antes de que hubiera un solo templo fuera de los estados y provincias de los Estados Unidos y Canadá.

Hemos visto en nuestra época que la revelación ha extendido el sacerdocio a todos los hombres dignos, de edad apropiada, una bendición que ha acelerado la obra en muchas partes del mundo. Hemos visto en esta época la publicación de nuestras Escrituras en casi cien idiomas, ya sea completas o en parte. Hemos visto en esta época la creación, largo tiempo esperada, de los Quórumes de Setentas, con grandes hombres provenientes de muchas naciones y, a su vez, enviados a prestar servicio en muchas naciones. Hace poco, el presidente Hinckley anunció el “Fondo perpetuo para la educación”, que tiene la posibilidad de bendecir a muchas personas aun en los lugares más distantes de la tierra. Y así continúa la internacionalización de la Iglesia.

Doy este breve resumen para destacar otro milagro, otra revelación por así llamarle, que puede haber pasado inadvertida para los miembros de la Iglesia en general; en cierto sentido, se esperaba que pasara inadvertida al público. Me refiero a la decisión de las Autoridades Generales, hace poco más de diez años, de suprimir cualquier asignación especial u otras obligaciones monetarias que tuvieran los miembros locales, tanto aquí como en otros países. Seguir leyendo

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El escribir los principios del Evangelio en nuestros corazones

6 de octubre de 2001
El escribir los principios del Evangelio en nuestros corazones
Élder Walter F. González
De los Setenta

Walter F. González

“El conocimiento por sí solo no es suficiente. Debemos tomarnos el tiempo para aplicar dichos principios en nuestras vidas”.

El inglés es el idioma de la restauración. En esta sesión de la conferencia, el inglés hablado con acento simboliza el crecimiento de la Iglesia en todo el mundo. Yo nací en Sudamérica, lugar donde la Iglesia ha crecido considerablemente. Cuando me uní a la Iglesia hace 30 años, había 108.000 miembros y seis estacas. Entonces, no había ningún templo en nuestro continente. Ahora somos dos millones seiscientos mil miembros y tenemos 557 estacas. Hay 11 templos en funcionamiento y dos en construcción. Nefi, hijo de Lehi, dijo: “Mas yo, Nefi, he escrito lo que he escrito; y lo estimo de gran valor, especialmente para mi pueblo. Porque continuamente ruego por ellos de día, y mis ojos bañan mi almohada de noche a causa de ellos” (2 Nefi 33:3). Este ruego, hecho de todo corazón, está siendo contestado en nuestros días. Nefi rogaba que las palabras que [había] escrito en debilidad [fueran] hechas fuertes” para nosotros; “pues los persuaden a hacer el bien; les hacen saber acerca de sus padres; y hablan de Jesús, y los persuaden a creer en él y a perseverar hasta el fin, que es la vida eterna” (2 Nefi 33:4).

He contemplado cómo los principios del Evangelio guían a más y más miembros en Sudamérica. Nuestra tarea, tanto en América del Sur como en otras partes, sigue siendo el buscar los principios que se encuentran en las Escrituras y enseñanzas de los profetas para escribirlos “no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Corintios 3:3). El escribir de ese modo los principios del Evangelio requiere tiempo. Se requiere tiempo tanto para exponernos a las verdades del Evangelio como para aplicarlas en nuestras vidas.

La mayoría de los miembros en América del Sur comenzamos a ser expuestos a los principios del Evangelio dedicando tiempo para escuchar las charlas y los testimonios de los misioneros. Nos hemos tomado el tiempo para escuchar, y ahora nos resulta inevitable sentir profunda gratitud hacia los misioneros que sirvieron en nuestros países. Nuestro profundo agradecimiento no es sólo hacia los misioneros sino también hacia sus familias. Hoy en día, cientos de miembros sudamericanos envían a sus propios hijos a servir como misioneros para compartir el Evangelio restaurado. Los que somos primera generación en la Iglesia sentimos también gratitud hacia nuestros padres que no son miembros por haber tomado tiempo para enseñarnos principios justos los cuales nos prepararon para reconocer y dar la bienvenida al mensaje del Evangelio. Seguir leyendo

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El plan de nuestro Padre

6 de octubre de 2001
El plan de nuestro Padre
Élder Christoffel Golden Jr.
De los Setenta

Christoffel Golden Jr.

“El deseo [de nuestro] Padre es proporcionarnos a todos la oportunidad de recibir una plenitud de gozo, incluso la plenitud que Él posee”.

En una revelación dada al profeta José Smith un día de junio de 1830, se nos da a conocer el manifiesto propósito de nuestro Padre Celestial: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” 1 . De acuerdo con esa declaración, el deseo del Padre es proporcionarnos a todos la oportunidad de recibir una plenitud de gozo, incluso la plenitud que Él posee en Su estado perfecto y glorificado 2 .

Durante estos trascendentales últimos días, declaramos que Dios nuestro Padre Eterno vive. Testificamos que existimos en Su presencia antes de esta vida, como Sus hijos espirituales. Durante nuestra existencia preterrenal, recibimos instrucción bajo condiciones que nos proporcionaron la oportunidad de desarrollar nuestros talentos y aptitudes. En esa bendita morada preterrenal, se nos permitió “escoger el bien o el mal”. Alma declara que escogimos el bien al ejercer una “fe… grande” y llevar a cabo “buenas obras”. De ese modo, guardamos nuestro primer estado, mientras que nuestro Padre, a su vez, nos preordenó para recibir ciertos privilegios en esta vida 3 .

Del mismo modo, las revelaciones de los últimos días revelan que nuestro Padre Celestial creó un gran plan de felicidad para todos Sus hijos espirituales que hubieran guardado su primer estado 4 . En él, se incluía la posibilidad de que algún día podríamos llegar a ser como nuestro Padre Celestial y poseer todos los atributos y derechos que Él ahora disfruta. El apóstol Pedro recordó a los santos que “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por [el] divino poder” de nuestro Señor, “para que por ellas [lleguemos] a ser participantes de la naturaleza divina…” 5 . La declaración de Pedro podría parecer audaz y admitimos que llevaría toda una vida, y aún más, para lograrla; de todas formas, su afirmación encuentra eco en el mandamiento del Salvador: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” 6 .

El plan del Padre también requería que todos los que guardasen su primer estado fuesen probados en un segundo estado o estado mortal. En ese ambiente, se nos requiere que actuemos por nosotros y nos probemos a nosotros mismos y a Dios para ver si guardaremos todos Sus mandamientos y venceremos el pecado y la oposición 7 . Seguir leyendo

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Ayuda mi incredulidad

6 de octubre de 2001
“Ayuda mi incredulidad”
Élder L. Whitney Clayton
De los Setenta

L. Whitney Clayton

“Promovemos el proceso de fortalecer nuestra fe cuando hacemos lo correcto, pues el aumento de fe es la consecuencia de ello”.

En una ocasión, el Salvador encontró a una gran multitud de personas que escuchaban una conversación entre sus discípulos y los escribas, y entonces preguntó a los escribas: “¿Qué disputáis con ellos?”.

Cierto hombre, arrodillándose ante Él, le respondió que había pedido a los discípulos que expulsaran un espíritu inmundo de su hijo, pero que “no pudieron”. El padre le suplicó, diciendo: “Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.

“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.

“E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad”.

Entonces el Salvador reprendió al espíritu inmundo y le mandó: “Sal de él, y no entres más en él. Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió…” 1 .

Todos hemos enfrentado dificultades, horas desesperadas cuando con lágrimas en los ojos nos hemos arrodillado y suplicado como hizo ese padre: “Señor, creo; ayuda mi incredulidad”.

Así como el Salvador se aprestó a ayudar a ese padre cuyo hijo “[padecía] muchísimo” 2 , así se apresta Él hoy día a ayudar nuestra incredulidad para que, mediante la fe, podamos superar las dificultades terrenales y salgamos triunfantes 3 .

La fe en el Señor Jesucristo es el primer principio del Evangelio y es más que una creencia 4 . La fe es una “esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas” 5 . “La fe siempre impulsa al que la ejerce a… la acción física y mental” 6 . “Tener fe en Jesucristo significa confiar en Él tan plenamente que obedeceremos cualquier cosa que nos mande. Sin obediencia no hay fe” 7 .

La fe es por el oír la palabra de Dios, y es un don espiritual 8 . La fe aumenta no sólo cuando oímos, sino cuando obramos según la palabra de Dios, obedientes a las verdades que se nos han enseñado 9 .

La respuesta de María a la anunciación del ángel es un magnífico ejemplo. El ángel Gabriel dijo a María: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo”. María, siendo obediente, dijo a Gabriel: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” 10 .

En otra ocasión, “andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Seguir leyendo

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Paso por paso

6 de octubre de 2001
Paso por paso
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin

“No tenemos que ser perfectos hoy; no tenemos que ser mejores que alguien más; todo lo que tenemos que hacer es ser lo mejor de nosotros mismos”.

Mis amados hermanos y hermanas, es un gran privilegio para mí estar ante ustedes hoy y dar mi testimonio en cuanto a la veracidad del Evangelio que ha sido restaurado. Acabamos de escuchar al élder David B. Haight, que tiene 95 años de edad. Si yo llego a esa edad, espero que mi memoria sea la mitad de lo buena que es la de él ahora.

Me regocijo cuando los santos se reúnen. Ya sea como familias en hogares humildes o en millares en enormes recintos, los cielos se regocijan cuando aquellos que aman y honran el nombre de Jesucristo se reúnen para adorar en Su nombre.

Las experiencias por las que pasamos en la vida son diferentes para todos. Si bien hay algunos hoy día que sienten gozo, otros sienten como si el corazón les fuera a estallar de pesar. Hay otros que sienten que el mundo es su ostra, otros sienten como si ellos mismos fueran la ostra, que fue sacada del océano para abrirla a la fuerza y robarles todo lo que era de valor para ellos.

No importa su condición en la vida, no importa su estado emocional o espiritual, quisiera ofrecerles consejo que podría serles útil, pese al punto en el que se encuentren en su jornada por esta vida terrenal.

Por cierto tenemos mucho por que estar agradecidos, y creo que si nos ponemos a pensar en las bendiciones que tenemos, nos olvidaremos de algunas de nuestras preocupaciones. No hay duda de que recibiremos serenidad y gozo si reconocemos las bendiciones que tenemos como Iglesia bajo el liderazgo de nuestro maravilloso Presidente, el presidente Gordon B. Hinckley. Nos será de mucho provecho.

Hace poco leí acerca de Erik Weihenmayer, un hombre de 33 años de edad que soñaba escalar el monte Everest, una proeza que presenta retos para muchos de los alpinistas más expertos del mundo. De hecho, casi el 90 por ciento de los que intentan realizar la escalada nunca llegan a la cima. Las temperaturas descienden a más de 50 grados centígrados bajo cero. Además del intenso frío, vientos de 150 km. por hora, grietas mortales y avalanchas, el alpinista debe superar los desafíos de la altitud, la falta de oxígeno, y quizás comida y agua insalubres. Desde 1953, por lo menos 165 alpinistas han perdido la vida al intentar escalar la cumbre de casi nueve mil metros de altura. Seguir leyendo

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La fe de nuestros profetas

6 de octubre de 2001
La fe de nuestros profetas
Élder David B. Haight
Del Quórum de los Doce Apóstoles

David B. Haight

“Lo que necesitamos es la fe de Brigham Young, la fe de Gordon B. Hinckley y la fe de los que son nuestros profetas y líderes”.

Espero que hayan sentido un pequeño ardor en su corazón, como yo lo he sentido al levantar la mano para sostener al presidente Hinckley como Presidente de la Iglesia y como profeta, vidente y revelador; así como a los demás oficiales que se les han presentado. ¡Qué oportunidad grande y maravillosa tenemos al poder sostener hoy a nuestro profeta viviente sobre la tierra!; pero no sólo al estar sentados aquí y levantar la mano de manera indiferente, sino sentir en el corazón y en el alma que no sólo lo sostenemos, sino que aprobamos lo que ha estado haciendo por nosotros al representarnos ante el mundo. Estamos agradecidos por la forma maravillosa e inspirada en la que él se ha comunicado y ha hablado al mundo, en particular en los últimos días y semanas.

Hace ya unos años, cuando Arturo Toscanini era el director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, él auspiciaba un programa radial los sábados por la tarde. Un día, entre la correspondencia que recibió, había una pequeña nota arrugada, escrita en papel color café, que decía:

“Estimado Sr. Toscanini: Soy un pastor solitario de las montañas de Wyoming; tengo dos preciadas posesiones: un violín y una radio a pilas. Las pilas están por gastarse y el violín está tan desafinado que ya no puedo tocarlo más. ¿Podría tocar un La el próximo sábado en su programa?”.

La semana siguiente, en el programa, Arturo Toscanini anunció: “Para un nuevo amigo oriundo de las montañas de Wyoming, la Orquesta Filarmónica de Nueva York tocará ahora, al unísono, un perfecto La”; e interpretó un perfecto La. Entonces, ese solitario hombre pudo afinar el La, luego el Mi, el Re y el Sol a partir de ese perfecto La.

¿No es interesante reflexionar en nuestra propia vida y en la de mucha gente que me escucha en este momento —aquellos cuyos violines o vidas puedan estar un tanto desafinados— que podemos participar de la conferencia general de la Iglesia y escuchar los mensajes maravillosos que se presentan? Aquellos de nosotros que tenemos la oportunidad de hablar rogamos con fervor a fin de tener la energía, la fortaleza y la vitalidad, tal como yo lo hago, al entrar en el ocaso de mi vida, de ponernos de pie y dar testimonio de la veracidad de esta obra, puesto que soy testigo de ella. Seguir leyendo

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La Expiación: nuestra mayor esperanza

6 de octubre de 2001
La Expiación: nuestra mayor esperanza
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. Faust“Nuestra salvación depende de creer en la Expiación y de aceptarla; dicha aceptación requiere de un esfuerzo continuo por comprenderla más plenamente”.

Mis amados hermanos, hermanas y amigos: Humildemente vengo a este púlpito esta mañana porque deseo hablarles del mayor acontecimiento de la historia. Ese singular acontecimiento fue la incomparable Expiación de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Se trata del acto más trascendente que haya ocurrido jamás, pero a la vez es el más difícil de comprender. Mis motivos para querer aprender todo lo que pueda sobre la Expiación son, en parte, egoístas: nuestra salvación depende de creer en la Expiación y de aceptarla 1 ; dicha aceptación requiere de un esfuerzo continuo por comprenderla más plenamente. La Expiación avanza nuestro curso terrenal de aprendizaje al hacer posible que nuestra naturaleza llegue a ser perfecta 2 . Todos hemos pecado y debemos arrepentirnos para saldar por completo nuestra parte de la deuda. Cuando nos arrepentimos con sinceridad, la magnífica expiación del Salvador paga el resto de esa deuda 3 .

Pablo ofreció una explicación sencilla sobre la necesidad de la Expiación. “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” 4 . Jesucristo fue escogido y preordenado para ser nuestro Redentor antes de que el mundo fuese formado. En Su calidad divina de Hijo, con Su vida sin mancha, el derramamiento de Su sangre en el jardín de Getsemaní, Su espantosa muerte en la cruz y la consiguiente resurrección de Su cuerpo, llegó a ser el autor de nuestra salvación y llevó a cabo una expiación perfecta por toda la humanidad 5 .

El entender lo que podamos de la Expiación y la Resurrección de Cristo nos ayuda a obtener un conocimiento de Él y de Su misión 6 . Cualquier aumento de nuestra comprensión de Su sacrificio expiatorio nos acerca más a Él. Literalmente, la palabra Expiación significa “ser uno” con Él. La naturaleza de la Expiación y sus efectos son tan infinitos, tan incomprensibles y tan profundos, que escapan a nuestro conocimiento y comprensión de hombres terrenales. Estoy sumamente agradecido por el principio de la gracia salvadora. Muchos creen que sólo tienen que confesar que Jesús es el Cristo y que entonces ya son salvos por la gracia; pero no podemos salvarnos por la gracia solamente, pues “sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos” 7 .

Hace unos años, el presidente Gordon B. Hinckley relató “algo parecido a una parábola” sobre “una escuela de un solo cuarto en las montañas del estado de Virginia, donde los muchachos eran tan rudos que ningún maestro había logrado disciplinarlos”. Seguir leyendo

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Oración

6 de octubre de 2001
Oración
Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Henry B. Eyring

“Con… fe, podremos orar por lo que deseamos y estar agradecidos por lo que recibamos. Únicamente con esa fe oraremos con la diligencia que Dios requiere”.

El mundo parece estar en conmoción; hay guerras y rumores de guerras; la economía de continentes enteros está en dificultades; las cosechas se están perdiendo debido a la carencia de lluvia por toda la tierra, y las personas que están en peligro han inundado los cielos con sus oraciones. En público, como en privado, están suplicando a Dios que les dé ayuda, consuelo y dirección.

Probablemente se habrán dado cuenta, como yo en días recientes, que las oraciones no sólo se han vuelto más numerosas, sino más sinceras. A menudo me siento en el estrado en una reunión cerca de la persona a la que se le ha pedido orar. He escuchado lleno de asombro. Es evidente que las palabras son inspiradas de Dios, son elocuentes y prudentes; y el tono es el de un niño amoroso que busca ayuda, no como lo haríamos de un padre terrenal sino de un todopoderoso Padre Celestial que conoce nuestras necesidades antes de que le supliquemos.

La tendencia de orar con más fervor cuando el mundo parece estar fuera de control es algo que ha ocurrido desde el comienzo de la raza humana. En tiempos de tragedia y de peligro, la gente acude a Dios en oración. Incluso el antiguo rey David reconocería lo que está ocurriendo. Recordarán sus palabras en el libro de los Salmos:

“Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron” 1 .

El gran aumento de las oraciones sinceras, y la acogida del público, ha sido algo extraordinario para mí y para otros. Varias veces, en días recientes, alguien me ha dicho, con gran intensidad y con un tono de preocupación en su voz: “Esperemos que el cambio sea duradero”.

Esa preocupación es válida, ya que nuestra propia experiencia y los registros de los tratos de Dios con Sus hijos nos han enseñado eso. La dependencia en Dios se puede esfumar rápidamente cuando las oraciones reciben respuesta. Y, cuando aminoren las dificultades, lo mismo sucede con las oraciones. En el Libro de Mormón se repite esa triste historia una y otra vez. Seguir leyendo

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No es bueno que el hombre ni la mujer estén solos

6 de octubre de 2001
No es bueno que el hombre ni la mujer estén solos
Sheri L. Dew
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Sheri L. Dew“Es posible que ningún matrimonio ni familia, ni barrio ni estaca alcance la plenitud de su potencial hasta que esposos y esposas, madres y padres, y hombres y mujeres trabajen juntos en unidad de propósito”.

Durante casi cinco años, he tenido la bendición de prestar servicio con las hermanas de la Sociedad de Socorro y los líderes del sacerdocio desde el África hasta el Amazonas. Esas experiencias que he tenido con ustedes han fortalecido para mí la importancia de un principio fundamental del Evangelio. Quisiera dirigir mis palabras acerca de ese principio, en especial a los jóvenes adultos de la Iglesia, tanto varones como mujeres, que están a punto de emprender la fase más difícil de sus vidas.

Este verano me lastimé un hombro y no pude utilizar el brazo por semanas. Nunca me había dado cuenta cuánto depende un brazo del otro para el equilibrio, ni cuánto menos podía levantar con un solo brazo que con los dos, ni de que había cosas que definitivamente no podía hacer. Esa discapacidad no sólo avivó mi respeto por quienes afrontan tan bien sus limitaciones físicas, sino que me ayudó a darme cuenta cuánto más pueden hacer los dos brazos juntos.

Por lo general, dos son mejores que uno 1 , como lo confirmó nuestro Padre cuando declaró que “no era bueno que el hombre estuviese solo” 2e hizo ayuda idónea para Adán, alguien que tuviera dones singulares que le brindaría “equilibrio”, le ayudaría a compartir las dificultades de la vida terrenal y le permitiría hacer cosas que por sí solo no podría. Ya que “en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón” 3 .

Satanás comprende el poder que tienen el hombre y la mujer unidos en rectitud. Él sigue resentido por haber sido expulsado a un exilio eterno después de que Miguel guiara en contra de él a las huestes del cielo, compuestas de hombres y mujeres valientes unidos en la causa de Cristo. Según las sobrias palabras de Pedro, “el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” 4 . Lucifer está resuelto a devorar matrimonios y familias, ya que la disolución de éstos es una amenaza para la salvación de todos sus integrantes y para la fortaleza del reino mismo del Señor. Por tanto, Satanás trata de confundirnos en lo que respecta a las mayordomías y naturalezas particulares que poseemos como hombres y mujeres. Él nos bombardea con mensajes distorsionados acerca del sexo, el matrimonio, la familia y todas las relaciones de los sexos masculino y femenino. Él desea hacernos creer que el hombre y la mujer son tan iguales que nuestros dones exclusivos no son necesarios, o que son tan diferentes que nunca podremos comprendernos unos a otros. Ninguna de esas cosas es cierta.

Nuestro Padre sabía exactamente lo que hacía cuando nos creó. Él nos hizo lo suficientemente semejantes para que nos amáramos los unos a los otros, pero lo suficientemente diferentes para que tuviésemos que unir nuestras fuerzas y mayordomías para crear un “todo”. Ni el hombre ni la mujer son perfectos o completos sin el otro. Por consiguiente, es posible que ningún matrimonio ni familia, ni barrio ni estaca alcance la plenitud de su potencial hasta que esposos y esposas, madres y padres, y hombres y mujeres trabajen juntos en unidad de propósito, y se respeten y confíen en la fortaleza mutua. Seguir leyendo

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La edificación de un puente de fe

6 de octubre de 2001
La edificación de un puente de fe
Élder Charles Didier
De la Presidencia de los Setenta

Charles Didier

“Nuestra vida mortal es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios y construir, para ello, un puente de fe que abra la puerta a la inmortalidad y la vida eterna”.

A la entrada del edificio de una gran empresa publicitaria, hay, en una de las paredes, la siguiente inscripción: “El hombre edifica demasiadas murallas y no suficientes puentes” (de JCDecaux, una firma de Francia).

En efecto, las murallas suelen construirse para separar dos o más entidades física, mental e incluso espiritualmente, y para constituir un obstáculo. Se construyen porque representan el concepto de defensa, protección y separación. Algunas murallas se han hecho famosas por esas razones: las murallas de Jerusalén, la Gran Muralla China, el Muro de Berlín. Los muros, como símbolos, también se emplean en expresiones comunes que expresan separación, como en “un muro de incomprensión”, “un muro de intolerancia” o “¡es como hablarle a la pared!”.

Los puentes son lo contrario de las murallas, ya que se construyen para unir dos o más entidades y constituir unidad. Se construyen para salvar obstáculos. Algunos puentes también se han hecho famosos, como el Puente de Sighs, el Puente Allenby y muchos otros. El vocablo también se emplea para expresar el concepto de reunión o de unidad como en “tender un puente de comprensión” o “[tender un puente] para salvar diferencias”.

Al reflexionar en nuestra existencia mortal en esta tierra y en el propósito de la vida que explicó Alma al decir: “esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios” (Alma 34:32), ¿vemos la manera del Señor de ayudarnos a cumplir con ese propósito? Es simplemente —valiéndonos de la metáfora—, ayudarnos a construir un puente de fe en nuestra vida para cruzar y salvar los muros de la incredulidad, la indiferencia, el temor o el pecado. Nuestra vida mortal es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios y construir, para ello, un puente de fe que abra la puerta a la inmortalidad y la vida eterna.

¿Cómo construimos ese puente de fe? Seguir leyendo

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Compartir el Evangelio

6 de octubre de 2001
Compartir el Evangelio
Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks

“Los misioneros más eficaces, tanto los miembros como los regulares, siempre obran por amor… Si carecemos de ese amor por los demás, debemos orar para recibirlo”.

Gracias, presidente Hinckley, por su gran mensaje. Estamos profundamente agradecidos por su vigoroso e inspirado liderazgo en estos tiempos difíciles. Bajo ese liderazgo avanzamos la obra del Señor que con tanta urgencia necesita este mundo tan atribulado.

Proclamar las buenas nuevas del Evangelio de Jesucristo es un principio fundamental de la fe cristiana. Tres autores de los Evangelios recogen esta indicación del Salvador.

El libro de Marcos registra: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15–16).

Mateo cita el mandato del Salvador: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Lucas declara: “Así está escrito… que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones” (Lucas 24:46–47).

Al aplicar la guía del Salvador a nuestra época, los profetas modernos nos han exhortado a cada uno a compartir el Evangelio.

El presidente Gordon B. Hinckley ha hecho sonar el clarín en nuestra época. En un discurso de una transmisión mundial vía satélite a misioneros y líderes locales, pidió “un incremento de entusiasmo a nivel de toda la Iglesia”. Aunque los misioneros deben seguir con sus mejores esfuerzos para encontrar personas a las cuales enseñar, él declaró que “hay una mejor manera [y] esa manera es por medio de los miembros de la Iglesia”. Nos pidió a cada uno que diéramos lo mejor de nosotros mismos a la hora de ayudar a los misioneros a encontrar personas a quienes enseñar. También pidió que cada presidente de estaca y cada obispo “acepte la responsabilidad y el compromiso de encontrar y hermanar investigadores” dentro de sus unidades. Además, el presidente Hinckley invocó las bendiciones del Señor respecto a “cumplir este trascendental cometido que tenemos” (Presidente Gordon B. Hinckley, “Apacienta mis ovejas”, Liahona, julio de 1999, págs. 119, 121).

Aunque han pasado dos años y medio desde que nuestro presidente realizara esta petición, la mayoría no hemos obrado eficazmente al respecto.

Al haber estudiado con detenimiento las palabras del presidente Hinckley y meditado en cómo podemos compartir el Evangelio, he llegado a la conclusión de que necesitamos tres cosas para dar cumplimiento al reto de nuestro profeta. Primero, necesitamos un deseosincero de compartir el Evangelio; segundo, precisamos ayuda divina; y tercero, debemos saber qué hacer. Seguir leyendo

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El vivir durante el cumplimiento de los tiempos

6 de octubre de 2001
El vivir durante el cumplimiento de los tiempos
Presidente Gordon B. Hinckley

Gordon B. Hinckley

“A pesar de las aflicciones que nos rodean, a pesar de las sórdidas cosas que vemos en casi todas partes, a pesar de los conflictos que cunden por el mundo, podemos ser mejores”.

Mis amados hermanos y hermanas dondequiera que se encuentren, bienvenidos a esta gran conferencia mundial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Estamos reunidos en nuestro maravilloso y nuevo Centro de Conferencias en Salt Lake City. El edificio está lleno o pronto lo estará. Estoy muy contento de que lo tengamos. Estoy tan agradecido por la inspiración de construirlo. ¡Qué estructura tan admirable! Desearía que todos pudiésemos estar reunidos bajo un mismo techo, pero eso no es posible. Estoy tan profundamente agradecido porque tenemos las maravillas de la televisión, la radio, el cable, la transmisión vía satélite y el Internet. Nos hemos convertido en una gran Iglesia mundial y ahora es posible que la gran mayoría de nuestros miembros participe en estas reuniones como una gran familia, que habla muchos idiomas, que se encuentra en muchas tierras, pero que son todos de una fe, una doctrina y un bautismo.

Esta mañana apenas puedo contener mis emociones al pensar en lo que el Señor ha hecho por nosotros.

No sé qué hicimos en la preexistencia para merecer las maravillosas bendiciones que disfrutamos. Hemos venido a la tierra en esta gran época de la larga historia de la humanidad. Es una época maravillosa, la mejor de todas. Al reflexionar en el lento pero pesado curso del género humano, desde el tiempo de nuestros primeros padres, no podemos más que sentirnos agradecidos.

La era en la que vivimos es el cumplimiento de los tiempos del que se habla en las Escrituras, en que Dios ha juntado todos los elementos de dispensaciones pasadas. Desde el día en que Él y Su Hijo Amado se manifestaron al joven José, ha venido sobre el mundo un torrente de conocimiento. El corazón de los hombres se ha tornado a sus padres como cumplimiento de las palabras de Malaquías. La visión de Joel se ha cumplido, en la que declaró:

“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.

“Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.

“Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.

“El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.

“Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado” (Joel 2:28–32). Seguir leyendo

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Los Diez Mandamientos

Conferencia General Octubre 1971

Los Diez Mandamientos

Bernard P. Brockbank

por el élder Bernard P. Brockbank
Ayudante del Consejo de los Doce


Mis queridos hermanos: Hay una gran responsabilidad en ser un Santo de los Últimos Días; no existe conocimiento tan importante como el revelado por Dios a los hombres. Quisiera reflexionar sobre el siguiente pasaje de escritura:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. . .

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1:26-27).

Todos los padres deben enseñarles a sus hijos que son hijos de Dios, creados a la imagen y semejanza de Él. El mundo tiene hambre de esta verdad. Dios también dijo que creó al hombre del polvo de la tierra. La creación y nacimiento terrenal del hombre son evidencia viviente de un poder divino, y el hombre queda sin ninguna excusa. El Señor dio personalmente mandamientos que ayudarían a la humanidad a progresar y a desarrollar sus atributos divinos.

Esta tarde quisiera leer y comentar brevemente los Diez Mandamientos del Señor. Los animales no conocen ni enseñan estos Diez Mandamientos; en nuestro hogar tenemos varios animales, entre ellos un pavo real que es tan colorido y bello como cualquier otra criatura, pero no tiene uso para los mandamientos del Señor, porque es un animal. Los Diez Mandamientos no fueron dados para los animales, sino para el hombre, dados para aquellos que son creados a la imagen y semejanza de Dios; pero algunas personas les prestan sólo un poco más de atención que algunos de los animales más bajos.

Dios ha amonestado y mandado a sus hijos que no amen ni adoren ídolos ni dioses falsos creados por la mente y las manos de los hombres. Él dijo:

«Yo soy Jehová tu Dios. . .
«No tendrás dioses ajenos delante de mí.
«No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
«No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,
«Y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos» (Éxodo 20:2-6).

Padres, si fracasamos en amar al Dios viviente, si mostramos más amor e interés por las cosas y placeres mundanos, Dios ha dicho que visitará la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que lo odian. La falta de respeto de un padre hacia el Dios viviente y creador puede ser transmitida a su posteridad. De la misma forma, el amor y respeto de un padre pueden transmitirse a sus hijos.

El apóstol Pablo amonestó a los santos de Roma en cuanto a los peligros y males que caen sobre el hombre, cuando ama y adora dioses falsos y a las creaciones mundanas más que a Dios, diciendo: Seguir leyendo

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El Profeta del Señor

Julio de 1972
El Profeta del Señor
por Arthur R. Bassett

“El Profeta del Señor”. El título nos trae toda clase de reminiscencias, desde la de los barbados hombres del desierto con sus largas y fluctuantes túnicas, hasta los modernos presidentes de la Iglesia.

Nos recuerda a reverendos patriarcas tales como Adán y Abraham; almas sensibles como las de Enoc, Juan el Amado y Lorenzo Snow; dinámicos y fuertes caudillos como lo fueron Moisés y Brigham Young; abanderados como Pablo y Alma; hombres que desplegaron el futuro en proféticas visiones, como Isaías y José Smith.

Cada profeta es diferente; cada cual tiene su propia y especial personalidad. No obstante, todos ellos son similares en lo concerniente a un importante aspecto, su relación con el foco central de su vida, su fe, creencia y confianza en Jesucristo, el Hijo de Dios,

El término profeta puede tener varias connotaciones, pero ninguna de ellas es más adecuada que la que dice: “Aquel que posee el espíritu de profecía’’. Y de acuerdo con Juan el Amado: “. . . porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía” (Apocalipsis 19:10).

Como consecuencia de esto, podemos suponer que unos profetas reflejarán algunas de las facetas de la personalidad de Jesucristo, otros reflejarán otra, Pero considerados en su totalidad, presentan un inspirador y altamente motivante estudio de vida y variadas costumbres.

Numerosos han sido los hombres que en nuestros tiempos hemos llamado profetas. Aquellos que sirven en la Primera Presidencia y en el Consejo de los Doce, del mismo modo que el Patriarca de la Iglesia, son sostenidos como tales; pero pocos hombres han sido “el Profeta”.

El presidente José Fielding Smith ha escrito:

“Cuando un apóstol es ordenado, se le confieren todas las llaves y autoridades que fueron dadas por José Smith a los apóstoles antes de su muerte. Estos hermanos, sin embargo, no pueden hacer uso de esas autoridades excepto cuando llega la oportunidad en que se encuentren en la presidencia. Antes de esa oportunidad, los poderes yacen en estado latente. Este es el motivo por el cual son sostenidos como profetas, videntes y reveladores en la Iglesia, pero puede haber solamente un revelador para la Iglesia a un tiempo (el Presidente de la Iglesia). Todas las llaves del sacerdocio residen en su persona y son delegadas en su dirección.” Seguir leyendo

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Las cosas más importantes

Conferencia General Octubre 1971

Las cosas más importantes

A. Theodore Tuttle

por el presidente A. Theodore Tuttle
del Primer Consejo de los Setenta


Hace algunos años leí un artícu­lo en el diario de Salt Lake City, «Deseret News» titulado «El conejo mecánico.» Decía en parte:

«La mayoría de nuestros lec­tores tienen que haber sonreído el otro día, cuando leyeron el artículo sobre los galgos de ca­rrera que no saben reconocer un conejo cuando lo ven. Están tan acostumbrados a perseguir el conejo mecánico a lo largo de la pista, que cuando uno real se les cruzó en medio de la carrera, los perros ni siquiera lo miraron. Tonto, ¿verdad? Pero también triste, por ser una perversión de los instintos naturales . . .

Nosotros también persegui­mos conejos mecánicos. Persegui­mos salarios, sin siquiera echar una ojeada a las bellezas natura­les que nos rodean.

Perseguimos el tiempo de acuerdo con el abarrotado calen­dario de nuestro escritorio, sin siquiera dedicar un poco de tiem­po para conversar con nuestro vecino o para visitar a nuestro amigo enfermo.

Perseguimos los placeres so­ciales en el ruidoso mundo que nos rodea, ignorando la belleza y el privilegio del sereno momen­to hogareño, del cuento de hadas hecho al niño de inocente mirada.

Perseguimos el prestigio y la riqueza, dejando de reconocer las reales oportunidades de gozo que se nos cruzan en el camino . . .»

Wordsworth, un famoso poeta norteamericano dijo lo siguiente, refiriéndose a esa condición:

«El mundo nos abruma: tarde y temprano, ganando y gastando, desperdiciamos nuestros poderes.»

«Corred vosotros, pobres, supercivilizados y ciegos perros. Nunca podréis cazar vuestro conejo hasta que aprendáis a reconocer a uno verdadero.

Pero tendréis compañía en vuestra carrera; la compañía de un sinnúmero de hombres que nun­ca alcanzan el gozo que procuran, hasta que ellos también aprendan a reconocer al verdadero.»

Esto especifica nuestro desafío: Ved «que las cosas más impor­tantes… no estén a merced de las cosas menos importantes.» (Ashley Montague.)

Alguien recompuso ese pen­samiento de la siguiente forma:

«Muy a menudo nos compene­tramos en lo profundo de las cosas superficiales.»

En revelaciones modernas el Señor ha dicho: Seguir leyendo

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