6 de octubre de 2001
“Como huerto de riego”
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles
“Debemos pagarlos [diezmos y ofrendas] como una expresión personal de amor hacia nuestro generoso Padre Celestial”.
Segura y firmemente, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se extiende de manera profética por toda la tierra. En el lenguaje de Daniel es como una piedra “que del monte fue cortada… no con mano”. 1La mejor expresión que encontró Isaías para describir lo que vio fue “un prodigio grande y espantoso”. 2 ¡Y es un prodigio! Esta restauración y propagación del Evangelio de Jesucristo está llena de milagros, revelaciones y manifestaciones de todas clases, muchos de los cuales han surgido en nuestros tiempos.
Yo cumplí diecisiete años antes de que hubiera una estaca de Sión fuera de Norteamérica; ahora hay más de mil estacas en los otros continentes y en las islas del mar. Tenemos actualmente ciento veinticinco templos en funcionamiento o anunciados, más de la mitad de los cuales (64) están fuera de los Estados Unidos. Más aún, yo tenía casi dieciséis años antes de que hubiera un solo templo fuera de los estados y provincias de los Estados Unidos y Canadá.
Hemos visto en nuestra época que la revelación ha extendido el sacerdocio a todos los hombres dignos, de edad apropiada, una bendición que ha acelerado la obra en muchas partes del mundo. Hemos visto en esta época la publicación de nuestras Escrituras en casi cien idiomas, ya sea completas o en parte. Hemos visto en esta época la creación, largo tiempo esperada, de los Quórumes de Setentas, con grandes hombres provenientes de muchas naciones y, a su vez, enviados a prestar servicio en muchas naciones. Hace poco, el presidente Hinckley anunció el “Fondo perpetuo para la educación”, que tiene la posibilidad de bendecir a muchas personas aun en los lugares más distantes de la tierra. Y así continúa la internacionalización de la Iglesia.
Doy este breve resumen para destacar otro milagro, otra revelación por así llamarle, que puede haber pasado inadvertida para los miembros de la Iglesia en general; en cierto sentido, se esperaba que pasara inadvertida al público. Me refiero a la decisión de las Autoridades Generales, hace poco más de diez años, de suprimir cualquier asignación especial u otras obligaciones monetarias que tuvieran los miembros locales, tanto aquí como en otros países. Seguir leyendo








































