En busca de tesoros
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Aprendan del pasado, prepárense para el futuro, vivan en el presente.
Cuando era niño me gustaba leer La Isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. También veía películas de aventuras donde varias personas tenían trozos de un mapa bastante gastado que conducía a un tesoro escondido si sólo pudiesen encontrar todas las piezas de dicho mapa.
Recuerdo que todas las tardes oía un programa de radio de quince minutos que se llamaba “Jack Armstrong, el jovencito estadounidense ideal”. Empezaba con el anuncio comercial cantado: “¿Has probado los ‘Wheaties’, el mejor alimento para el desayuno?”. Luego, se oía una voz llena de misterio con el mensaje: “Vamos ahora con Jack y Betty que se acercan a la fabulosa entrada secreta del cementerio de los elefantes, donde está escondido un tesoro. Pero cuidado, el peligro acecha”.
Nada podía despegarme de ese programa; era como si yo estuviese al frente de la búsqueda del tesoro escondido del valioso marfil.
En otra época y en un entorno diferente, el Salvador del mundo habló de tesoros. En Su Sermón del Monte, Él dijo: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” 1 .
La recompensa prometida no era un tesoro de marfil, ni de oro ni de plata; tampoco consistía de hectáreas de tierra ni una cartera de acciones. El Maestro habló de riquezas que están al alcance de todos, incluso un gozo indescriptible en esta vida y felicidad eterna en el más allá.
Hoy día he decidido proporcionarles las tres piezas de su mapa del tesoro para guiarlos a su felicidad eterna. Son éstas: Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2003 La fe en medio de la tribulación trae paz y gozo
Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles
No importa cuán terribles aparezcan ser las condiciones del mundo hoy, cualesquiera sean las tormentas personales,… este gozo puede ser nuestro ahora.
Después de enseñar a la multitud, Jesús y Sus discípulos zarparon hacia la costa oriental del mar de Galilea; era noche, y el Salvador descansaba cómodamente cerca de la popa, dormido sobre un cabezal. Al rato “se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca”. Aterrados, los discípulos lo despertaron: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” 1 . Su respuesta, tranquila como de costumbre, fue: “¿Por qué teméis, hombres de poca fe?” 2 . “Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza” 3 .
Él, que había creado la tierra, de nuevo estaba en control de los elementos 4 . Maravillados, Sus discípulos preguntaron: “¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?” 5 .
Vivimos en tiempos turbulentos; una gran tormenta de iniquidad se cierne sobre la tierra; los vientos de maldad rugen a nuestro alrededor; las olas de guerra golpean contra nuestra barca. Como Pedro escribió a Timoteo: “…en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos… que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” 6 .
Es cierto que nos rodean nubes peligrosas, pero así como las palabras del Salvador infundieron paz a los apóstoles en la barca, hoy día nos dan paz: “Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin” 7 . “…Si estáis preparados, no temeréis” 8 .
Jehová dijo a Elías el profeta: “Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová”. Elías obedeció, y tras una tormenta de viento, terremotos y fuego, por fin recibió la visita de “un silbo apacible y delicado”. A Elías, que se había escondido en una cueva, el Señor preguntó: “¿Qué haces aquí, Elías?” Elías respondió: “…porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida”. Pero el Señor tenía una obra importante para Elías, por tanto, le dijo “Ve, vuélvete por tu camino” 9 . De modo que Elías fue. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2003 Bendecidos con el agua viva
Kathleen H. Hughes
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro
El agua viva sana, alimenta y sustenta; brinda paz y regocijo.
A principios de Su ministerio, Cristo fue de Jerusalén a la ciudad de su niñez, Nazaret de Galilea. Al pasar por Samaria, cansado del camino, se detuvo a descansar junto al antiguo pozo de Jacob. Mientras Jesús esperaba y Sus discípulos buscaban alimentos en la ciudad, llegó al pozo una mujer samaritana. Ustedes conocen el relato. Cuando Jesús le pidió de beber, ella se sorprendió de que un judío se lo pidiese, puesto que desde hacía siglos judíos y samaritanos se habían considerado enemigos. Pero Cristo le dijo que si supiera Quién era el que hablaba con ella, ella le pediría agua a Él: agua viva, agua que le saciaría la sed para siempre. Como, desde luego, ella no le entendió, Él le explicó: “…Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13–14).
A la samaritana le agradó la idea de no tener que volver a beber agua; ni echaría de menos tener que acarrear a diario los pesados cántaros desde el pozo hasta su casa. Pero cuando Cristo le testificó que Él era el Mesías y cuando el Espíritu le confirmó que así era en efecto, ella comenzó a vislumbrar que Jesús le hablaba de verdades mayores. Entonces, dejó su cántaro y fue a toda prisa a buscar a otras personas para que fueran y oyeran. No obstante, dudo de que en ese momento ella comprendiera del todo —o si nosotros comprendemos del todo— lo que significa tener una fuente de agua viva dentro de nosotros.
El agua viva sana, alimenta y sustenta; brinda paz y regocijo.
Una mujer que conozco luchaba contra la indignación que sentía hacia alguien que la había lastimado a ella y a su familia. Aunque aconsejó a sus hijos que no guardasen resentimientos, ella misma pugnaba con el rencor dentro de sí. Tras semanas de haber pedido ayuda a nuestro Padre Celestial en cuanto a eso, por fin experimentó un cambio. De ello, contó: “Un día, en medio de mis casi constantes oraciones, sanó mi herida. Una sensación física inundó todo mi ser, después de lo cual sentí seguridad y paz. Supe que ocurriera lo que ocurriese, mi familia y yo estaríamos a salvo. La ira se apartó de mí y también desapareció mi deseo de venganza”. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2003 El perdón transformará el resentimiento en amor
Élder David E. Sorensen
De la Presidencia de los Setenta
El perdonar significa que los problemas del pasado no marcarán más nuestro destino y podremos concentrarnos en el futuro con el amor de Dios en el corazón.
Es algo maravilloso ver los dones del Espíritu que el Señor ha concedido al élder Nelson. Sus talentos serán una bendición no sólo para la Iglesia, sino para el mundo entero.
Hoy quisiera hablar en cuanto al perdón.
Me crié en un pequeño pueblo agrícola donde el agua era el elemento vital de la comunidad. Recuerdo a la gente de la localidad que constantemente estaba alerta, que se preocupaba y oraba por lluvia, por los derechos de irrigación y por el agua en general. En ocasiones mis hijos me hacen bromas y me dicen que nunca han conocido a nadie que se preocupe tanto por la lluvia. Les contesto que supongo que tienen razón porque donde me crié, la lluvia era más que una preocupación, ¡era un asunto de supervivencia!
Bajo el estrés y la tensión de aquel clima, a veces la gente no siempre se comportaba como era de esperar. En ocasiones, los vecinos discutían si alguno de los granjeros utilizaba más agua de la que le correspondía. Así fue como comenzó el problema entre dos hombres que vivían cerca de nuestro campo de pastoreo, a los que llamaré Chet y Walt. Esos dos vecinos empezaron a pelear por el agua de la acequia de irrigación que compartían. Al principio fue algo sin malicia alguna, pero, con el correr de los años, los dos hombres permitieron que sus desacuerdos se convirtieran en resentimientos y luego en fuertes discusiones, hasta llegar a las amenazas.
Una mañana de julio, ambos pensaron que les faltaba más agua; fueron hasta la acequia para ver qué había sucedido, cada uno pensando que el otro le había robado el agua que le correspondía. Llegaron a la compuerta al mismo tiempo, se empezaron a insultar y luego a reñir. Walt era corpulento y macizo; Chet era de baja estatura, fuerte y tenaz. Al caldearse los ánimos, empezaron a utilizar como armas las palas que llevaban y accidentalmente Walt le pegó a Chet en un ojo, dejándolo tuerto.
Pasaron los meses y los años y Chet no podía perdonar ni olvidar. La cólera que sentía por haber perdido el ojo se hacía más grande y su odio se intensificaba en su interior. Un día, Chet fue al granero, tomó el rifle del estante, montó su caballo y se dirigió hacia la compuerta de la acequia; hizo un dique para desviar el agua del canal que pasaba por los campos de Walt; sabía que pronto aquél iría a ver lo que sucedía. Chet se escondió detrás de unos arbustos y esperó. Cuando Walt apareció, Chet le disparó y lo mató; luego montó su caballo, se dirigió a casa y llamó a la policía para informarles que acababa de matar a Walt.
A mi padre se le pidió formar parte del jurado que juzgó a Chet por asesinato, pero él mismo se descalificó porque era amigo de ambos hombres y sus familias por mucho tiempo. Chet fue juzgado y declarado culpable de asesinato y sentenciado a cadena perpetua.
Después de muchos años, la esposa de Chet fue a ver a mi padre y le preguntó si estaría dispuesto a firmar una solicitud, dirigida al gobernador, en la que se pedía clemencia para su esposo, cuyo estado de salud se había deteriorado después de haber estado tantos años en la penitenciaría estatal. Papá firmó la petición. Unas noches más tarde, dos de los hijos mayores de Walt llegaron a nuestra casa muy enojados. Dijeron que debido a que mi padre había firmado la solicitud, muchos otros también lo habían hecho. Le pidieron a mi padre que retirara su nombre de la petición, pero él se negó. Él sabía que Chet estaba muy débil y enfermo; había sufrido muchos años en la cárcel por ese crimen cometido en un arrebato de ira. Él quería que Chet tuviera un funeral decente y lo enterraran junto a su familia.
Los hijos de Walt se encendieron de furor y dijeron: “Si lo dejan libre, nos aseguraremos de que algo le pase tanto a él como a su familia”.
Finalmente, Chet fue puesto en libertad y se le permitió ir a casa y morir junto a sus familiares. Por suerte, no hubo más violencia entre las familias. A menudo mi padre lamentaba cuán trágico fue que Chet y Walt, esos vecinos y amigos de la infancia, hubiesen permitido que la ira destrozara sus vidas. Qué tragedia que la ira del momento aumentara hasta quedar fuera de control —llegando finalmente a apoderarse de la vida de ambos hombres— simplemente porque dos hombres no pudieron perdonarse debido al supuesto mal manejo de un poco de agua de irrigación.
El Salvador dijo: “Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino” 1 ; y de ese modo nos manda resolver nuestros desacuerdos lo más pronto posible, a no ser que la ira del momento alcance niveles de crueldad física o emocional y quedemos bajo el dominio de nuestra ira.
En ningún otro lugar se aplica mejor este principio que en la familia. Quizás la preocupación principal de ustedes no sea el agua, pero cada ser sobre la tierra, que vive bajo el estrés y la presión de este clima telestial, tendrá razones —reales o imaginarias— para ofenderse. ¿Cómo reaccionaremos? ¿Nos ofenderemos? ¿Criticaremos? ¿Nos dejaremos dominar por la ira del momento?
El presidente Brigham Young comparó el sentirse ofendido a la mordedura de una víbora. Dijo que “hay dos formas de actuar cuando a alguien lo muerde una serpiente de cascabel: una, perseguirla y matarla debido a la rabia, el miedo o la venganza; o tratar de sacar rápidamente el veneno del cuerpo”. Dijo: “Si hacemos lo último, lo más probable es que sobrevivamos, pero si decidimos hacer lo primero, es posible que no vivamos para terminar la tarea” 2 .
Permítanme ahora tomar un momento para recalcar que en primer lugar debemos asegurarnos de no causar mordeduras espirituales o emocionales a nuestra familia. En gran parte de la cultura popular actual, se menosprecian las virtudes del perdón y de la bondad, mientras que se fomenta la burla, la ira y la crítica severas. Si no tenemos cuidado, podríamos ser víctimas de esos hábitos en nuestro hogar y en nuestras familias, y al poco tiempo empezaremos a criticar a nuestro cónyuge, nuestros hijos y demás familiares. ¡No lastimemos con críticas egoístas a quienes más amamos! Dentro del seno familiar, las discusiones insignificantes y las críticas sin importancia, si no las detenemos, envenenarán las relaciones y se intensificarán hasta llegar al distanciamiento e incluso al maltrato y al divorcio. En vez de ello, al igual que el veneno ponzoñoso, debemos actuar rápidamente para disminuir las discusiones, eliminar las burlas, evitar la crítica y disipar el resentimiento y la ira. No podemos darnos el lujo de cavilar en esos sentimientos peligrosos, ni siquiera un día.
Comparen la trágica historia de Walt y Chet con el ejemplo de José de Egipto. Los hermanos de José lo odiaron por celos, conspiraron para quitarle la vida y finalmente lo vendieron como esclavo a Egipto. Una vez allí, José luchó por años para salir de la esclavitud. Durante esa época tan difícil, José podría haber condenado a sus hermanos y jurado vengarse de ellos; para aliviar su dolor podría haber tramado vengarse algún día, pero no lo hizo.
Con el tiempo, José llegó a gobernar Egipto, ocupando el segundo lugar después de Faraón. Durante una hambruna devastadora, los hermanos de José viajaron a Egipto para obtener alimentos. Al no reconocer a José, se inclinaron ante él debido a su elevada posición. No cabe duda de que en ese momento José tenía el poder para exigir venganza; podía haber encarcelado a sus hermanos o sentenciarlos a muerte. Pero en cambio, reiteró su perdón, diciendo: “Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá… Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad… y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios” 3 .
La disposición que tuvo José de perdonar transformó el resentimiento en amor.
Quisiera dejar bien en claro que el perdón de los pecados no debe confundirse con el tolerar la maldad. De hecho, en la Traducción de José Smith, el Señor dijo: “…juzgad con justo juicio” 4 . El Salvador nos pide que perdonemos y combatamos la maldad en todas sus formas, y aun cuando debemos perdonar a quienes nos hagan daño, aún así debemos actuar en forma constructiva para asegurar que el daño no vuelva a ocurrir. Una mujer a la que se le maltrate no debe buscar la venganza, pero tampoco debe pensar que no puede tomar las medidas necesarias para prevenir futuros maltratos. El empresario al que se trate injustamente en una transacción no debe odiar a la persona que no fue honrada, sino que podría tomar las medidas necesarias para remediar el error. El perdón no requiere que aceptemos ni toleremos la maldad ni que hagamos caso omiso del mal que nos rodea o al de nuestra propia vida. Pero al luchar contra el pecado, no debemos permitir que el odio ni la ira controle nuestros pensamientos o acciones.
El Salvador dijo: “Por tanto, os digo que debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor, porque en él permanece el mayor pecado” 5 .
Eso no quiere decir que perdonar sea fácil. Cuando alguien nos ha lastimado a nosotros o a aquellos que amamos, el dolor puede ser casi insoportable. Parecería que el dolor o la injusticia es lo más importante del mundo y que no hay otro remedio más que la venganza. Sin embargo, Cristo, el Príncipe de Paz, nos enseña algo mejor. Podría resultar muy difícil perdonar a alguien el daño que nos haya hecho, pero cuando lo hacemos, nos encaminamos hacia un futuro mejor. El mal que nos haya hecho otra persona deja de controlar el curso de nuestra vida. El perdonar a los demás nos libera para escoger cómo viviremos. El perdonar significa que los problemas del pasado no marcarán más nuestro destino y podremos concentrarnos en el futuro con el amor de Dios en el corazón.
Que a las semillas de la ausencia del perdón que obsesionó a mis vecinos nunca se les permita echar raíces en nuestro hogar. Oremos a nuestro Padre Celestial para que nos ayude a superar el necio orgullo, el resentimiento y las nimiedades. Que Él nos ayude a perdonar y amar, para que seamos amigos de nuestro Salvador, de los demás y de nosotros mismos. “…De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” 6 . En el nombre de Jesucristo. Amén.
Notas
Mateo 5:25.
Marion D. Hanks, “Forgiveness: The Ultimate Form of Love”, Ensign, enero de 1974, pág. 20.
Conferencia General Abril 2003 El sereno poder de la oración
Élder Russell M. Nelson
del Quórum de los Doce Apóstoles
Debemos orar de acuerdo con la voluntad de nuestro Padre Celestial. Él desea probarnos, fortalecernos y ayudarnos a alcanzar todo nuestro potencial.
En esta época de computadoras, teléfonos e identificadores de llamadas (bípers), las personas se comunican entre sí mucho mejor que antes; aun así, todavía hay carencias en la comunicación. Hace poco, mientras visitaba un hogar de ancianos, estuve hablando con una señora sobre su familia; me dijo que tiene tres hijos y que dos de ellos la visitan regularmente.
“¿Y su otro hijo?”, le pregunté.
“No sé dónde está”, me contestó, con lágrimas en los ojos. “Desde hace años no he sabido de él; ni sé tampoco cuántos nietos tengo de él”.
Por qué oramos
Si una madre terrenal anhela tanto saber de sus hijos, no es difícil entender por qué el amoroso Padre Celestial desea escuchar a los Suyos 1 . Mediante la oración, demostramos nuestro amor por Dios. ¡Y Él ha hecho que sea tan fácil! Podemos dirigirle nuestras oraciones en cualquier momento; no necesitamos un equipo especial, ni siquiera es necesario cambiar pilas ni pagar una cuota mensual para hacerlo.
Hay personas que sólo oran cuando tienen problemas, y hay otras que no oran nunca. Un pasaje de las Escrituras hace esta observación: “No os acordáis del Señor vuestro Dios en las cosas con que os ha bendecido, mas siempre recordáis vuestras riquezas, no para dar gracias al Señor… por ellas…” 2 .
Durante mucho tiempo los profetas nos han dicho que debemos orar humildemente y con frecuencia 3 .
Cómo debemos orar
Jesús nos enseñó a orar 4 . Oramos a nuestro Padre Celestial 5 , en el nombre de Jesucristo 6 , por el poder del Espíritu Santo 7 . Ese es el “orden verdadero de la oración” 8 , en contraste con las “vanas repeticiones” 9 o recitados que se ofrecen “para ser vistos de los hombres” 10 . Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 2003 El estado de la iglesia
Presidente Gordon B. Hinckley
El Evangelio de Jesucristo es el camino de la paz. En la medida en que lo sigamos y lo incorporemos a nuestras vidas… seremos bendecidos y prosperados.
Mis amados hermanos y hermanas, qué milagro es poder dirigirles la palabra y hacerla llegar a todo el mundo. Les hablamos desde el Centro de Conferencias de Salt Lake City. Hablamos en nuestra lengua materna. Pero muchos miles de ustedes están reunidos en instalaciones de la Iglesia en diversos países y nos oyen en cincuenta y seis lenguas.
Nos hemos reunido de nuevo en una gran conferencia mundial de la Iglesia según la voluntad y la instrucción del Señor.
Al congregarnos, el mundo está en agitación. Hay guerra y contención. Hay mucha intranquilidad. Los miembros de la familia de la Iglesia son ciudadanos de varias naciones. Algunos estamos de un lado y otros del otro lado de un gran debate. Pienso hablar acerca de eso mañana por la mañana.
Pero, a pesar de todos los problemas con que nos enfrentamos, me complace informar que la obra de la Iglesia sigue adelante. Seguimos creciendo en todo el mundo. Nuestra obra misional continúa sin serios impedimentos. Los conversos siguen llegando a la Iglesia y nuestros números van aumentando constantemente. Junto con esta labor existe la necesidad de integrar con solidez a todos lo que son bautizados como conversos. Pedimos a todos los miembros de la Iglesia que tiendan una mano de ayuda a los nuevos conversos, que los rodeen con sus brazos y los hagan sentirse en casa. Bendíganlos con su amistad. Anímenlos con su fe. Todo hombre, toda mujer y todo niño digno del bautismo es digno de estar en un entorno estable y amistoso en el cual progresar en la Iglesia y sus muchas actividades.
La asistencia a la reunión sacramental aumenta gradualmente. Hay posibilidad de mejoramiento, y los insto a esforzarse de continuo por lograrlo. Aun así, no sé de otra Iglesia que tenga tan elevado porcentaje de asistencia uniforme a sus reuniones.
Me siento muy agradecido por la fortaleza de la juventud de la Iglesia. Con tristeza veo que a algunos no se les presta ayuda. Pero es milagroso ver la fortaleza de nuestros jóvenes en medio de las muchas e impuras tentaciones que los rodean constantemente. La bajeza y la inmundicia de la pornografía, la instigación a participar de las drogas y la erótica invitación a bajar todas las barreras en la conducta sexual son algunas de las tentadoras atracciones que encaran de continuo. Pero a pesar de las atracciones del mundo en que viven, ellos permanecen fieles a la fe de sus padres y al Evangelio que aman. No tengo palabras para destacar lo bueno de nuestra magnífica gente joven.
La fe en el pago de diezmos y ofrendas aumenta pese a los apuros económicos en que nos encontramos. Podemos seguir adelante con la construcción de centros de reuniones y de templos, con nuestro amplio programa educativo y con las muchas actividades que dependen de los ingresos de diezmos de la Iglesia. Les prometo que no haremos contraer deudas a la Iglesia. Nos limitaremos estrictamente al programa de los ingresos de diezmos y utilizaremos esos sagrados fondos para los propósitos designados por el Señor.
Mencionaré un asunto al que se ha dado mucha atención en la prensa local. Se trata de nuestra decisión de comprar los bienes inmuebles del centro comercial que está inmediatamente al sur de la Manzana del Templo.
Consideramos que tenemos la importante responsabilidad de proteger los contornos aledaños del Templo de Salt Lake. La Iglesia es dueña de la mayor parte del terreno en el que está el centro comercial, y los dueños de los edificios han expresado su deseo de venderlos. Dichos edificios necesitan importantes y costosas reformas. Nos ha parecido indispensable hacer algo por mejorar esa zona. Pero deseo asegurar a toda la Iglesia que los fondos de diezmos no se han empleado ni se emplearán para la adquisición de esas propiedades, ni tampoco se emplearán para ampliarlas para fines comerciales.
Los fondos para ello han provenido y provendrán de los negocios que posee la Iglesia. Esos recursos, junto con las ganancias derivadas de inversiones, se utilizarán para este programa.
Me complace informar que podemos seguir adelante con la construcción de capillas. Estamos construyendo unas cuatrocientas capillas nuevas al año a fin de dar cabida al aumento de miembros de la Iglesia. Eso es una labor considerable y espléndida, por la cual estamos profundamente agradecidos. Además, seguimos construyendo templos por todo el mundo, y tenemos el gusto de informar un incremento en la actividad del templo. Esta importantísima obra, tanto para los vivos como por los muertos, es parte fundamental del Evangelio de Jesucristo.
Nos agrada advertir un aumento en la preparación familiar en nuestra gente. Este programa, que se ha enseñado desde hace más de sesenta años, afianza de un modo incalculable la seguridad y el bienestar de los Santos de los Últimos Días. Cada familia tiene la responsabilidad de abastecerse de lo indispensable todo lo que pueda. De nuevo instamos a nuestra gente a evitar contraer deudas innecesarias, a ser moderados a la hora de comprometer su dinero, a ahorrar algún dinero para las emergencias. Advertimos a nuestra gente cuidarse de los planes que prometen hacerse rico muy rápidamente, así como de otras situaciones de las que sea difícil librarse, las que casi siempre tienen por objeto atrapar a los crédulos.
No ceso de asombrarme por la gran medida de servicio voluntario que presta nuestra gente. Estoy convencido de que el servicio voluntario es la manera del Señor de llevar a cabo Su obra. El funcionamiento de los barrios, de las estacas y de los quórumes, así como las funciones de las organizaciones auxiliares se realiza bajo la dirección de voluntarios. El amplio programa misional depende del servicio voluntario.
Además, tenemos un gran número de miembros mayores que son misioneros de servicio a la Iglesia. Más de dieciocho mil [de ellos] donan todo su tiempo o gran parte de su tiempo a esta obra. Les damos las gracias por su dedicado servicio.
En esta conferencia se cumple el segundo aniversario del Fondo Perpetuo para la Educación. Me alegra informar que este programa sigue adelante sobre una base sólida. Unos 8.000 hombres jóvenes y mujeres jóvenes cursan estudios al presente para mejorar sus conocimientos y sus oportunidades de empleo. Como promedio, con los dos años de estudios que ahora tienen, están aumentando sus ingresos cuatro veces y media. ¡Es un milagro!
Y así podría continuar. Baste con decir que la Iglesia se encuentra en buen estado. Creo que sus asuntos se tramitan con prudencia. Los de nuestro pueblo van creciendo en fe, en amor por el Señor y en la observancia de Sus enseñanzas.
Éstos son tiempos difíciles. La economía está pasando apuros. Hay conflicto en el mundo. Pero el Todopoderoso guarda Su promesa de que Él bendecirá a los que anden con fe y rectitud ante Él.
El Evangelio de Jesucristo es el camino de la paz. En la medida en que lo sigamos y lo incorporemos a nuestras vidas, en la misma proporción seremos bendecidos y prosperados. ¡Qué prodigioso es ser parte de esta obra maravillosa! Regocijémonos en nuestra gran oportunidad. Sirvamos con alegría.
Ruego que las más ricas bendiciones del cielo descansen sobre ustedes, mis amados colaboradores. Que la fe aumente en sus corazones. Que haya amor y paz en sus hogares. Que haya alimento en su mesa y que tengan ropa para vestir. Que, al favorecerlos el cielo, tengan calidez en el corazón y reciban consuelo en los momentos de tribulaciones. Ésta es mi oración en esta oportunidad, al comenzar esta gran conferencia, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Los matrimonios serían más felices si se nutrieran con mayor esmero.
Mis queridos hermanos y hermanas, gracias por el amor que tienen por el Señor y Su Evangelio. Vivan donde vivan, sus vidas de rectitud proporcionan buenos ejemplos en estos tiempos de deterioro moral y de matrimonios desintegrados.
Como Autoridades Generales, viajamos alrededor del mundo y, en ocasiones, vemos escenas preocupantes. En un vuelo reciente, me senté detrás de un hombre y su esposa. Resultaba obvio que la mujer amaba a su esposo; podía ver su anillo de bodas mientras ella le acariciaba la nuca y se apoyaba en su hombro buscando su compañía.
Sin embargo, el hombre parecía estar totalmente ajeno a la presencia de su esposa y su atención se centraba únicamente en un juego electrónico. A lo largo de todo el vuelo, no levantó la vista de aquel aparato. No la miró ni una sola vez, ni habló con ella, ni reaccionó ante sus anhelos de afecto.
Al ver la falta de atención de aquel hombre me dieron ganas de gritar: “¡Pero, hombre, despierta! ¿Es que no te das cuenta? ¡Pon atención! ¡Tu esposa te ama! ¡Te necesita!”.
Nada sé de ellos, ni les he visto desde entonces. Quizás me alarmé sin motivo. Es muy posible que si aquel hombre hubiera sospechado cuánto me p reocupé por ellos, habría sentido lástima de mí por no saber utilizar aquel juguete electrónico tan apasionante.
Pero esto sí sé: sé que “…el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos” 1 . Sé que la tierra fue creada y que la Iglesia del Señor se restauró con el objeto de que las familias sean selladas y exaltadas como entidades eternas 2 . Y sé que uno de los astutos métodos de Satanás para minar la obra del Señor consiste en atacar las instituciones sagradas del matrimonio y de la familia.
El matrimonio proporciona mayores posibilidades de obtener la felicidad que cualquier otro tipo de relación humana; aun así, algunos matrimonios no desarrollan plenamente el potencial que tienen. Por el contrario, permiten que su romance se eche a perder, dejan de valorarse el uno al otro y permiten que otros intereses o que los nubarrones del abandono oscurezcan la visión de lo que su matrimonio podría llegar a ser en realidad. Los matrimonios serían más felices si se nutrieran con mayor esmero.
Comprendo que hay muchos miembros adultos de la Iglesia que no están casados. Por causas ajenas a ellos, hacen frente a las pruebas de la vida solos. Recordemos que, a la manera del Señor y, en su debido tiempo, no habrá ninguna bendición que les sea retenida a Sus santos fieles 3 . Para aquellos que ahora están casados o lo estarán, permítanme sugerirles dos pasos que pueden seguir para tener un matrimonio más feliz.
I. La base doctrinal
El primer paso consiste en comprender la base doctrinal del matrimonio. El Señor declaró que el matrimonio es la unión legal entre un hombre y una mujer: “…el matrimonio lo decretó Dios para el hombre.
“Por tanto, es lícito que tenga una esposa, y los dos serán una sola carne, y todo esto para que la tierra cumpla el objeto de su creación” 4 .
Las tendencias del mundo de definir el matrimonio de otra manera, contribuirán lamentablemente a destruir la institución del matrimonio. Tales designios son contrarios al plan de Dios.
Fue Él quien dijo: “…por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” 5 .
En las Escrituras se nos reitera que: “…en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer [es] sin el varón” 6 .
El matrimonio es la base del orden social, la fuente de la virtud y el cimiento de la exaltación eterna. Dios ha definido el matrimonio como un convenio eterno y sempiterno 7 . El matrimonio es santificado cuando se valora y se honra en santidad. No se trata solamente de una unión entre marido y mujer, incluye una asociación con Dios 8 . Tanto el esposo como la esposa “…tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro” 9 . Los hijos que nazcan de esa unión matrimonial son: “herencia de Jehová” 10 . El matrimonio no es sino el retoño de la vida familiar; la paternidad es la flor. Y ese ramo de flores es aun más bello cuando se lo adorna con nietos. Las familias pueden ser eternas como el mismo reino de Dios. 11
El matrimonio es a la vez un mandamiento y un principio de exaltación del Evangelio 12 . Debido a que es ordenado por Dios, las expresiones físicas e íntimas de un amor matrimonial son sagradas; sin embargo, en demasiadas ocasiones esos dones divinos se profanan. Si un matrimonio permite que un lenguaje soez y la pornografía corrompan sus relaciones íntimas, ofenden a su Creador al mismo tiempo que degradan sus propios dones divinos. La verdadera felicidad se basa en la pureza individual 13 . En las Escrituras se nos manda: “Sed limpios” 14 . El matrimonio siempre debería un convenio que eleve tanto al esposo como a la esposa hacia la exaltación en la gloria celestial.
El Señor dispuso que el matrimonio continuara más allá de la muerte física. Su plan ofrece continuidad eterna de la familia en el reino de Dios. Su plan proporciona templos y oportunidades de oficiar en ellos tanto por los muertos como por los vivos. Un matrimonio sellado en el templo introduce al esposo y a la esposa a ese gran orden de unidad tan necesario para la perfección de la obra de Dios 15 .
Las doctrinas pertinentes al matrimonio incluyen el albedrío individual y la responsabilidad. Todos nosotros somos responsables de nuestras decisiones. Los matrimonios bendecidos con hijos son responsables ante Dios por el cuidado que den a sus hijos.
Al reunirme con líderes del sacerdocio, con frecuencia les pregunto por las prioridades que conceden a sus diversas responsabilidades. Por lo general, mencionan sus importantes deberes eclesiásticos a los que se les ha llamado, pero muy pocos recuerdan sus responsabilidades en el hogar; pero el propósito de los oficios del sacerdocio, las llaves, los llamamientos y los quórumes no es otro que el de exaltar a las familias 16 . La autoridad del sacerdocio se ha restaurado con el fin de sellar a las familias por la eternidad. En consecuencia, hermanos, su principal deber del sacerdocio es nutrir su matrimonio: cuidar, respetar, honrar y amar a su esposa. Sean una bendición para ella y para sus hijos.
II. Cómo fortalecer el matrimonio
Con estas bases doctrinales en mente, consideremos el segundo paso: las acciones concretas que fortalecen al matrimonio. Permítanme compartir como ejemplo algunas sugerencias e invitar a cada matrimonio a meditarlas y a adaptarlas a sus circunstancias individuales, según sea necesario.
Mis sugerencias utilizan tres verbos de acción: apreciar, comunicar y contemplar.
El apreciarse: Decir “te amo” y “gracias” no es difícil, pero esas expresiones de amor y de agradecimiento van más allá del simple hecho de reconocer un pensamiento y un acto buenos; son señales de buenos modales. Si el compañero agradecido busca lo bueno en su cónyuge y ambos se dicen cumplidos en forma sincera, el esposo y la esposa se esforzarán por llegar a ser el tipo de persona que se describe con esos cumplidos.
Sugerencia número dos: El comunicarse bien con el cónyuge también es importante. La buena comunicación implica dedicar tiempo a la planificación conjunta. Los matrimonios tienen que pasar tiempo a solas para hablar y escucharse de verdad el uno al otro. Tienen que cooperar y ayudarse como compañeros iguales. Precisan nutrir con amor su intimidad espiritual y física. Deben procurar elevarse y motivarse mutuamente. La unidad matrimonial se mantiene cuando ambos entienden las metas. La buena comunicación mejora con la oración. El orar y mencionar específicamente una buena acción (o necesidad) del cónyuge nutre el matrimonio.
Mi tercera sugerencia es el contemplar. Esta palabra tiene un significado profundo ya que sus raíces latinas son con, que significa “con” y templum, que significa “espacio o lugar para meditar”. Esta palabra es la raíz de la palabra templo. Si el matrimonio contempla con frecuencia— los dos juntos en el templo —los convenios sagrados se recordarán y se cumplirán mejor. La frecuente participación en el servicio del templo, junto con el estudio constante de las Escrituras en familia, nutre el matrimonio y fortalece la fe en la familia. La contemplación permite que uno prevea y esté en armonía (o esté a tono) mutuamente y con el Señor. La contemplación nutrirá al matrimonio y al reino de Dios. El Maestro dijo: “Por tanto, no busquéis las cosas de este mundo, mas buscad primeramente edificar el reino de Dios, y establecer su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” 17 .
Invito a todo compañero conyugal a analizar estas sugerencias y a después fijar metas concretas para nutrir su propia relación. Comiencen con un deseo sincero. Averigüen qué cosas precisan hacer para bendecir su unidad y su propósito espirituales. Ante todo, ¡no sean egoístas! Cultiven un espíritu de desinterés y de generosidad. Juntos, celebren y honren cada día como si fuese un don preciado del cielo.
El presidente Harold B. Lee dijo: “La obra más importante del Señor que ustedes o yo efectuemos será dentro de las paredes de nuestro propio hogar” 18 ; y el presidente David O. McKay declaró: “Ningún otro éxito puede compensar el fracaso en el hogar” 19 .
Cuando ustedes, en calidad de esposo y esposa, reconozcan el divino designio de su unión, cuando sientan en lo más profundo que Dios les ha puesto el uno con el otro, su visión aumentará y su entendimiento se elevará. Tales sentimientos se expresan en las palabras de una canción que ha sido una de mis favoritas durante mucho tiempo:
Porque vienes a mí,
con todo tu amor
mi mano tomas y veo del cielo su fulgor.
Un mundo de esperanza y gozo veo en ti,
porque vienes a mí.
break
Porque al hablarme en tonos delicados,
las rosas florecen a mi paso.
Entre lágrimas y gozo voy a ti,
porque me hablas a mí.
Porque Dios te hizo mía,
te atesoraré
en la luz, en las tinieblas y por siempre.
Que Dios a nuestro amor divino le sonría,
porque Dios te hizo mía 20 .
Es mi oración que cada matrimonio pueda nutrirse de esa manera, en el nombre de Jesucristo. Amén.
Notas
1. “La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, octubre de 1988, pág.24.
2. Siempre que las Escrituras advierten que “la tierra será totalmente asolada”, esta advertencia está vinculada con la necesidad de la autoridad del sacerdocio para sellar a familias unidas en los santos templos (véase D. y C. 2:3; 138:48; José Smith—Historia 1:39).
3. Véase Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, compilación de Bruce R. McConkie, volumen II, pág. 71.
4. D. y C. 49:15–16.
5. Mateo 19:5. Véase también Marcos 10:7–8.
6. 1 Corintios 11:11.
7. Véase D. y C. 132:19.
8. Véase Mateo 19:6.
9. “La familia: Una proclamación para el mundo”, párrafo 6.
10. Salmos 127:3.
11. Véase D. y C. 132:19–20.
12. Véase Joseph Fielding Smith, The Way to Perfection, 1935, págs. 232–33.
13. Véase Alma 41:10.
14. Véase D. y C. 38:42; Véase también Isaías 52:11; 3 Nefi 20:41; D. y C. 133:5.
15. Véase D. y C. 128:15–18.
16. Véase D. y C. 23:3.
17. Traducción de José Smith, Mateo 6:38.
18. Véase Harold B. Lee, Stand Ye In Holy Places, 1974, pág. 255.
19. Véase “El hogar: refugio y santuario”, Liahona, enero de 1998, pág. 34.
20. Palabras de Edward Teschemacher, Because; traducción.
Conferencia General Octubre 2004 Un mal trágico entre nosotros
Presidente Gordon B. Hinckley
[La pornografía] es como una furiosa tempestad que destruye a personas y a familias, y que aniquila totalmente lo que una vez fue sano y hermoso.
Mis queridos hermanos, es espléndido estar con ustedes en esta muy concurrida reunión del sacerdocio. Creo que ésta es la congregación más grande del sacerdocio que haya habido. Qué contraste con la ocasión que describió Wilford Woodruff de cuando todos los poseedores del sacerdocio del mundo se reunieron en una habitación, en Kirtland, Ohio, para recibir instrucción del profeta José.
Hemos oído excelentes consejos en esta ocasión y se los recomiendo.
Al dirigirles este mensaje para terminar, más bien a regañadientes, hablaré de un asunto que he tratado anteriormente. Lo hago con el espíritu de las palabras de Alma, que dijo: “…ésta es mi gloria, que quizá sea un instrumento en las manos de Dios para conducir a algún alma al arrepentimiento…” (Alma 29:9).
Con ese espíritu, les hablaré esta noche. Lo que tengo que decir no es nuevo, pues ya he hablado sobre ello. El número de septiembre de la revista Ensign y el de la revista Liahona contienen un discurso que di hace unos años sobre el mismo particular. El hermano Oaks ha mencionado eso en esta reunión.
Si bien el asunto al que me refiero era un problema entonces, ahora es un problema mucho más grave y se va volviendo cada vez peor. Es como una furiosa tempestad que destruye a personas y a familias, y que aniquila totalmente lo que una vez fue sano y hermoso. Me refiero a la pornografía en todas sus manifestaciones.
Lo hago por motivo de las cartas que recibo de esposas deshechas de dolor.
Quisiera leer partes de una carta que recibí hace sólo unos días y lo hago con el consentimiento de quien la escribió. He quitado todo lo que podría revelar la identidad de las partes interesadas y he hecho unos pocos cambios editoriales con el fin de darle claridad y fluidez. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2004 “Yo estoy a la puerta y llamo”
Élder Ronald T. Halverson
De los Setenta
[Les] invito… a hacer todo lo necesario para buscar la verdad sinceramente, a conocer a Dios, el Eterno Padre y a Su Hijo, Jesucristo.
Hace unas semanas, me encontraba en una reunión social con un amigo de muchos años, un amigo que acababa de jubilarse, un hombre culto que ha logrado mucho éxito y es reconocido en su país como el líder en su profesión. Al estar sentados juntos a la hora de la cena, se volvió hacia mí y me preguntó acerca de la Iglesia. Eso me sorprendió un poco, ya que yo estaba al tanto de que él, como muchas personas en el mundo de hoy, había razonado el concepto de Dios y llegado a la conclusión de que Dios no existe. Su pregunta fue sincera; aparentemente fue algo en que había estado pensando, puesto que salió a colación sin que nada de la conversación previa lo hubiera motivado.
Al responderle, le hablé en cuanto a la Restauración, que Dios el Eterno Padre y Su Hijo Jesucristo se le aparecieron a José Smith y que por conducto de él, el sacerdocio y la autoridad de Dios fueron restaurados en la tierra. Le testifiqué que sabía con certeza que lo que le había dicho era verdad. Hubo una prolongada pausa mientras contemplaba a mi amigo meditar en lo que le había dicho. Después, a sabiendas de que en su interior ponderaba lo que había escuchado, me incliné y le dije: “Tú también puedes saber con la misma certeza que yo, que lo que te he testificado es verdad, si le pides a ‘Dios el Eterno Padre… con un corazón sincero… teniendo fe en Cristo, [te prometo que] él [te] manifestará la verdad de [estas cosas] por el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo [podrás] conocer la verdad de todas las cosas’ ” 1 .
Siguió meditando. Lamentablemente, otros invitados nos interrumpieron y ese precioso momento se esfumó, pero me di cuenta de que en su corazón aún asimilaba lo que había escuchado y sentido. Espero poder tener otra oportunidad de hablar con él puesto que hay muchas otras cosas que quisiera compartirle. Sé que él, al igual que miles o millones de personas en el mundo hoy día, está satisfecho con la vida tal como es. Como dijo Nefi acerca de esas personas: “Las han pacificado y adormecido con seguridad carnal” 2 . Han estado sumidas en las tradiciones y se han regido por los preceptos de los hombres.
Al reflexionar en aquel momento, me he hecho la pregunta: ¿Cuál es la recompensa que se recibe por seguir las filosofías de los hombres? La respuesta parece clara. Las filosofías mueren junto con sus civilizaciones y quedan en el polvo del pasado sin tener esperanza de una recompensa eterna. Percibí que mi amigo había sentido la influencia del Espíritu del Señor. Nuestro Padre Celestial nunca nos desamparará. El Salvador dijo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” 3 . Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2004 Tiempos peligrosos
Élder Cecil O. Samuelson Jr.
De los Setenta
Cuán agradecido estoy, en estos tiempos peligrosos, por la protección y la guía que se nos brinda mediante la sagrada convicción de que Jesucristo vive hoy.
Hermanos, es a la vez consolador y potencialmente preocupante saber que vivimos en una época y en un tiempo que no sólo fueron previstos por los profetas de dispensaciones anteriores, sino que a la vez era claramente el punto focal de sus inquietudes y aspiraciones. El apóstol Pablo dijo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1), y después siguió catalogando y describiendo con admirable exactitud mucho de lo que vemos en la actualidad en los medios de comunicación, en los avisos de entretenimiento y en casi todo lugar en el mundo que nos rodea. A pesar de ser tan cuidadosos, como debemos serlo, el evitar en forma absoluta mucho del peligro que aparentemente nos envuelve es, a lo más, difícil y a menudo casi imposible.
Felizmente, no nos hemos quedado sin esperanza ni sin apoyo espiritual al esforzarnos, en forma individual y como familias, por lograr los sagrados propósitos de la vida terrenal para lo cual vinimos a esta probación terrenal. Cada una de nuestras circunstancias es única. Venimos literalmente de los cuatro cabos de la tierra y también venimos de familias, circunstancias, desafíos, oportunidades, experiencias y triunfos sumamente diferentes.
De igual modo, en común con toda la familia humana, cada cual siendo la progenie de nuestro amoroso Padre Celestial, compartimos una vasta congruencia en nuestro ADN o composición genética física, así como las bendiciones y las características universalmente posibles y prometidas que distinguen nuestro origen y potencial divinos. Esta mezcla especial de nuestros orígenes y características comunes, y también de nuestros atributos, experiencias y desafíos especiales y únicos hacen que cada uno de nosotros sea quién es y lo que es. Aunque tengamos diferencias en lo que constituyen los peligros especiales para nosotros en forma individual, compartimos mucho que establece la acertada descripción de “tiempos peligrosos” para todos. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2004 Testimonio puro
Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles
El testimonio —el verdadero testimonio, nacido del Espíritu y confirmado por el Espíritu Santo— cambia vidas.
Hace poco regresé de una asignación en Asia donde nos reunimos con fieles santos y misioneros. Una de las reuniones se efectuó en un área metropolitana donde hay cerca de 14.000 miembros de la Iglesia que viven entre una población de casi 21 millones de personas. Si se aplicara esa misma proporción a esta reunión, en el Centro de Conferencias sólo tendríamos 13 miembros de la Iglesia esparcidos entre esta congregación de más de veinte mil personas.
Esa experiencia me hizo ver cuán profundamente agradecidos debemos estar todos por saber que, después de muchos años de oscuridad y apostasía, José Smith tuvo una maravillosa visión del Padre y del Hijo en la Arboleda Sagrada. Claramente, en el mundo de hoy, es algo raro y precioso tener un testimonio de que Dios nuestro Padre Celestial vive, de que Su Hijo Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor y de que la autoridad del sacerdocio para administrar el Evangelio de Jesucristo se ha restaurado de nuevo en la tierra. La enorme bendición de tener un testimonio de estas verdades no se puede medir ni tomarse a la ligera.
El testimonio personal es el fundamento de nuestra fe; es el poder unificador que hace que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sea algo singular en la vida de sus miembros, en comparación con todas las demás denominaciones religiosas del mundo. La doctrina de la Restauración es gloriosa de por sí, pero lo que la hace poderosa y le da gran significado son los testimonios personales de los miembros de la Iglesia de todo el mundo que aceptan la restauración del Evangelio y se esfuerzan por vivir sus enseñanzas cada día.
Un testimonio es un testigo o una confirmación de la verdad eterna grabado en el corazón y en el alma de las personas mediante el Espíritu Santo, cuyo ministerio principal es testificar de la verdad, en particular en lo relativo al Padre y al Hijo. Cuando una persona recibe un testimonio de la verdad a través de este proceso divinamente señalado, inmediatamente empieza a tener un efecto en la vida de esa persona. Según dijo Alma, hijo: “…empezará a hincharse en vuestro pecho; y al sentir esta sensación de crecimiento, empezaréis a decir dentro de vosotros: Debe ser que ésta es una semilla buena, o que la palabra es buena, porque empieza a ensanchar mi alma; sí, empieza a iluminar mi entendimiento; sí, empieza a ser deliciosa para mí” (Alma 32: 27–28). Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2004 Sigamos adelante
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Hay una cosa que el Señor espera de nosotros, no importa cuáles sean nuestras dificultades y nuestros pesares: Él espera que sigamos adelante.
He vivido lo suficiente para vivir en carne propia muchos de los desafíos de la vida. He conocido a personas excepcionales que han soportado pruebas graves mientras que otros, por lo menos en apariencia, parecen tener pocas dificultades en la vida.
A menudo, quienes luchan con la adversidad preguntan: “¿Por qué me sucedió a mí?”. Pasan noches de insomnio preguntándose por qué se sienten tan solos, enfermos, desanimados, oprimidos y descorazonados.
La pregunta: “¿Por qué a mí?” puede ser difícil de responder y a menudo lleva a la frustración y a la desesperación. Hay una mejor pregunta que nos podemos hacer y esa pregunta es: “¿Qué podría aprender de esta experiencia?”.
La forma en que respondamos a esa pregunta puede determinar la calidad de nuestra vida no sólo en esta tierra sino en las eternidades futuras. Aunque nuestras pruebas sean diversas, hay una cosa que el Señor espera de nosotros, no importa cuáles sean nuestras dificultades y nuestros pesares: Él espera que sigamos adelante.
La doctrina de perseverar hasta el fin
Una de las doctrinas fundamentales del Evangelio de Jesucristo es perseverar hasta el fin. Jesús enseñó: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” 1 ; y: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” 2 . Algunos piensan que perseverar hasta el fin es simplemente sufrir con los desafíos, pero es mucho más que eso; es el proceso de venir a Cristo y ser perfeccionados en Él.
Nefi, un profeta del Libro de Mormón, enseñó: “Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna” 3 . Seguir leyendo →
Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Sí, vivimos en tiempos turbulentos. A menudo, el futuro es incierto; por tanto, es preciso prepararnos para lo incierto.
Es un privilegio estar ante ustedes en esta conferencia general de la Sociedad de Socorro. Sé que, además de ustedes, que se encuentran en este Centro de Conferencias, hay muchos miles de hermanas que están viendo y oyendo esta conferencia por transmisión de satélite.
Al dirigirles la palabra en esta ocasión, comprendo que, como varón, soy una minoría y debo ser prudente con lo que diga. Me siento como el tímido primo campesino que fue a visitar a sus parientes en la gran ciudad. Como no los había visto desde hacía años, se sorprendió cuando un niño pequeño le abrió la puerta. El niño le hizo pasar y tomar asiento, y entonces le preguntó: “Y usted, ¿quién es?”.
El visitante le contestó: “Soy el primo del lado de su padre”, a lo que el niño le contestó: “Señor, en esta casa, ¡eso lo pone a usted en el lado incorrecto!”.
Confío en que, en esta oportunidad, yo me encuentre en el lado correcto, o sea, en el lado del Señor.
Hace años vi una fotografía de una clase de la Escuela Dominical del Barrio Seis, de la Estaca Pioneer, de Salt Lake City. La fotografía se había tomado en 1905 y, en ella, una encantadora niñita con el cabello recogido en dos coletas estaba en la fila delantera; su nombre era Belle Smith. Más tarde, ya como Belle Smith Spafford, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, escribió: “Nunca ha ejercido la mujer una influencia mayor que en el mundo de hoy; nunca han estado tan abiertas para ella las puertas de la oportunidad. Ésta es una etapa atractiva, emocionante, desafiante y exigente para la mujer; es un tiempo rico en recompensas si conservamos el equilibrio, si aprendemos los verdaderos valores de la vida y si determinamos nuestras prioridades con sabiduría” 1 .
La organización de la Sociedad de Socorro se ha puesto la meta de eliminar el analfabetismo. Los que sabemos leer y escribir no comprendemos del todo la privación de los que no saben hacerlo. A esas personas las envuelve una nube oscura que sofoca su progreso, opaca su intelecto y ensombrece sus esperanzas. Hermanas de la Sociedad de Socorro, ustedes pueden desvanecer esa nube de desesperación y recibir la luz divina del cielo al iluminar ésta a sus hermanas. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2004 Recuerda las enseñanzas de tu padre
Élder H. Bryan Richards
De los Setenta
El Libro de Mormón puede cambiar vidas y, de hecho, lo hace.
El 10 de enero de 1945 recibí mi bendición patriarcal de manos de John M. Knight, el presidente de misión de mi padre. Fue la única vez que le vi. Después de pronunciar mi linaje, sus palabras (las primeras palabras de consejo de mi bendición) fueron: “Recuerda las enseñanzas de tu padre”. Dicho consejo ha sido, y sigue siendo, una gran bendición en mi vida.
Poco tiempo después de recibir mi bendición, regresaba a casa después de haber asistido a la Escuela Dominical. La lección había tratado sobre la Primera Visión de José Smith, y yo me preguntaba si había ocurrido de verdad. Mi padre se dirigía a una reunión de la Iglesia, pero lo detuve y le pregunté: “Papá, ¿cómo sabemos que en verdad José Smith tuvo esa visión?”. Mi padre me pasó el brazo por los hombros, nos sentamos en el sofá de la sala y compartió conmigo el relato del profeta José así como su propio testimonio de su veracidad. Aquella experiencia con mi padre sigue viva en mi corazón en la actualidad. Desde entonces nunca he dudado del relato del profeta José sobre la Primera Visión.
A lo largo de mi adolescencia recuerdo con claridad el estudio que mi padre hacía con regularidad del Libro de Mormón. Su amor por el Libro de Mormón y su consejo de estudiarlo y meditar en él marcaron el inicio de un trayecto en compañía de este registro sagrado que es el cimiento de mi testimonio personal; es un trayecto que cada uno debe realizar.
Durante mi vida otras personas han contribuido a mi trayecto personal con el Libro de Mormón. Mi primera maestra de seminario compartió su experiencia de cuando era misionera y deseaba saber si el Libro de Mormón era verdadero. Nos habló de cómo leyó el discurso del rey Benjamín y en su mente lo vio en su torre, oyéndole pronunciar ese gran sermón. El testimonio de ella, acompañado del Espíritu, causó una gran impresión en mi mente. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 2004 ¿Qué es un quórum?
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Una de las más grandes bendiciones que se pueda recibir al ser poseedor del sacerdocio… es el pertenecer a un quórum del sacerdocio.
“Habiendo sido inspirado por el Espíritu Santo para poner los cimientos de ella y edificarla para la fe santísima.
“Dicha iglesia se organizó y se estableció en el año de tu Señor de mil ochocientos treinta, en el cuarto mes y en el sexto día de mes llamado abril” (D. y C. 21:2–3).
Fue en ese día que José Smith, Oliver Cowdery y otros miembros de las familias Smith y Whitmer se reunieron en el hogar de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Condado de Séneca, Nueva York. Después de las debidas canciones y oraciones, se leyó a la gente allí reunida las revelaciones concernientes a la organización de la Iglesia. En esas revelaciones se expusieron el orden del sacerdocio y los deberes de los oficiales de la Iglesia. La organización de la Iglesia de la actualidad se ha edificado siguiendo ese modelo.
“…de acuerdo con el mandamiento previo, el profeta José preguntó a los hermanos presentes para saber si ellos los aceptarían a él y a Oliver Cowdery como sus maestros de las cosas del reino de Dios; y si estaban dispuestos a proceder a organizar la Iglesia de acuerdo con el mandamiento del Señor, a lo cual ellos dieron su consentimiento mediante el voto unánime” (B. H. Roberts, A Comprehensive History of the Church, tomo I, pág. 196).
Y así tenemos el modelo establecido desde el principio mismo: “Y todas las cosas se harán de común acuerdo en la iglesia, con mucha oración y fe, porque recibiréis todas las cosas por la fe…” (D. y C 26:2).
Siento algo muy especial en todo mi ser cuando veo las manos levantadas en escuadra para sostener a los líderes de esta Iglesia. Hoy día los miembros de la Iglesia sostuvieron a dos nuevos miembros del Quórum de los Doce Apóstoles aquí, en el Centro de Conferencias, y mediante la televisión, Internet y el satélite a casi todos los rincones de la tierra. Seguir leyendo →