A mí lo hicisteis

Conferencia General Abril 1990logo 4
A mí lo hicisteis
por el élder Richard P Lindsay
de los Setenta

Richard P Lindsay“No se buscan elogios ni recompensa por los actos de bondad y de amor que con frecuencia se realizan en hogares humildes y que provienen del tierno corazón de siervos dedicados del Señor.”

El año pasado capté una nueva visión de las siguientes palabras del Salvador:

“Entonces los justos le. responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?
“¿Y. cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?
“¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
“Y. respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a unos de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” (Mateo 25:37-40.)

Durante las visitas que hice el año pasado a más de treinta estacas de Sión, mi vida ha sido bendecida y mi fe ha aumentado al observar el amor cristiano y el servicio dedicado y silente de muchos Santos de los Ultimos Días.

Los ejemplos de caridad, o sea, el amor puro de Cristo, no se limitan a lugares geográficos, a la edad, al sexo ni al nivel social de la persona. No se buscan elogios ni recompensa por los actos de bondad y de amor que con frecuencia se realizan en hogares humildes y que provienen del tierno corazón de siervos dedicados del Señor.

Permitidme citar algunos ejemplos de la vida de estos verdaderos seguidores de Cristo.

Cumpliendo con una asignación, durante una conferencia de estaca, el élder Paramore y yo tuvimos la bendición de visitar a un hermano. E126 de agosto de 1958, mientras estaba trabajando en lo alto de una torre, se había caído de cabeza, aproximadamente diez metros de altura, quedando paralítico del cuello para abajo. En la historia de la medicina es uno de los pocos cuadriplégicos que ha vivido tantos años en esas condiciones. E1 no había podido asistir a las reuniones de la conferencia de estaca, pero en la sesión del sábado por la noche se hizo una breve presentación de un video casete acerca de su vida y testimonio. E1 no está en una cama, sino en una rejilla circular metálica donde recibe la abnegada atención de las enfermeras, las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, y ha sido así desde que tuvo el accidente, hace más de treinta y un años.

En nuestra visita, este hermano sólo tuvo palabras de elogio para las enfermeras, los líderes del sacerdocio, los maestros orientadores y todos los demás que durante esos largos años le habían brindado su apoyo y ayudado tanto temporal como espiritualmente. Un buen presidente de estaca le había dado la asignación de escribir periódicamente a los misioneros y a los militares de la estaca. Muchas veces recibí inspiración al leer las cartas que él enviaba a distintas partes del mundo para fortalecer la fe de los misioneros.

En una de esas cartas decía: “Cristo es la única vía hacia la salvación. Todas las otras sendas son desvíos hacia la muerte; nuestra determinación de seguir a Cristo debe ir paralela a la de servir en su Iglesia”.

En otra estaca, durante una reunión dominical de la Primaria, conocí a las dos hermosas hijas de un médico y su esposa, ambos fieles miembros de la Iglesia. La mayor estaba en una silla de ruedas y la menor se movía con mucha dificultad. Ambas sufrían de una degeneración progresiva, hereditaria e incurable. Según la opinión médica, no les queda mucho tiempo de vida. Los ojos de las niñas eran hermosos y muy vívidos, llenos de fe y de amor por el Salvador, cuya presencia se había manifestado en su vida por medio del amor de los padres, abuelos y maestros.

Para que el deseo de los padres de tener más hijos se hiciera realidad, habían adoptado otras dos hermosas niñas de otro país. En vez de maldecir a Dios, tal como sugirieron los conocidos de Job cuando él sufría las pruebas de su fe, esta pareja brindó su amor a otras dos hermosas criaturas que ahora tienen la bendición de pertenecer a una casa de fe, donde la dedicación y la vida de los padres son un ejemplo viviente del amor pum de Cristo.

Hace poco, en otra conferencia de estaca, mi esposa y yo tuvimos la bendición de visitar otro hogar de fe, ubicado en Idaho. El joven padre padecía una seria enfermedad. Fue una escena que nunca olvidaré: La esposa y los cinco hijos pequeños, junto con los líderes del quórum del sacerdocio del padre, se arrodillan alrededor de la cama para pedir al Padre por la vida de aquel buen hombre. A continuación se le bendijo en aquel círculo de fe. Hace poco tuvimos la bendición de reunirnos de nuevo con esta pareja y de escuchar su hermoso y humilde testimonio de las bendiciones del Señor al restaurar la salud del hermano.

En otra ocasión similar, una hermana, confinada a una silla de ruedas, testificó acerca de la fortaleza que había recibido por medio del amor que sintió del Señor al leer el Libro de Mormón. Tiempo atrás, su esposo la había ayudado a adaptarse a una enfermedad que la había dejado lisiada; después él también enfermó y quedó postrado en cama. Ella expresó la gratitud que sentía hacia el Señor por haberle dado la fuerza para valerse más por sí misma y cuidar de sus necesidades. Hasta había podido atender en parte a su querido esposo, quien la había cuidado durante tantos años. Los familiares y los miembros de la Iglesia también los habían ayudado a fin de que pudieran permanecer en su hogar, que estaba lleno de hermosos recuerdos de reuniones familiares de años más felices.

El presidente Kimball dijo: “E1 Señor contesta nuestras oraciones, pero, en general, lo hace por intermedio de otra persona”. Algo que ocurrió en los últimos años del ministerio de este Profeta me ayudó a lograr una mejor comprensión de ese concepto y a ver como su vida era un testigo viviente de sus palabras.

En ese entonces yo era presidente de estaca. En una ocasión, fui al hospital a visitar a una hermana que estaba desahuciada. Hacía más de cuarenta años, yo había ido a la escuela con esa hermana y su esposo. Se habían querido desde niños, pero no habían tenido hijos. Para llenar ese vacío, el sirvió como líder Scout y ella como “madre Scout” para muchos niños, cubriendo toda una generación.

Al llegar al hospital, me sentí abrumado al presentir lo que les deparaba. Hacía semanas que aquel hermano estaba en el hospital acompañando a su querida esposa, día y noche, consolándola y ayudándola a sobrellevar el dolor y el sufrimiento físico.

Cuando iba por el corredor, vi que él salía de la habitación. En otras ocasiones en que los había ido a ver, su rostro reflejaba una gran pena, pero esa vez estaba radiante y sus ojos brillaban de emoción. Antes de que pudiera yo emitir palabra alguna, me dijo: “No te imaginas lo que acaba de suceder. Mi esposa y yo estábamos muy tristes y el presidente Kimball nos vino a ver; él está internado porque lo operaron. Oró con nosotros y nos bendijo; fue como si el Salvador mismo hubiera venido a mitigar nuestro dolor”. Muchos otros pacientes del hospital también recibieron una bendición de esta alma tan noble que estaba muy familiarizado con el dolor y el sufrimiento.

En lo que a mí respecta, he recibido mucho del amor del Salvador por medio de la bondad de muchos de los siervos del Señor. Concuerdo con el rey Benjamín que dijo que si sirvíamos al Salvador con toda nuestra alma, todavía seriamos servidores inútiles. (Véase Mosíah 2:12.) Y todo debido a su gran amor y al sacrificio expiatorio por cada uno de sus hijos.

Hace unos meses, un patriarca de noventa años, muy amigo de mi padre, fue sepultado en este valle. Mi padre murió durante la depresión de 1932; diez días después falleció mi hermano mayor, de catorce años. Durante los cuarenta y siete años en que mi madre fue viuda, esa alma noble nos fue a visitar para aconsejarnos, consolarnos y darnos bendiciones del sacerdocio. Su ejemplo y su preocupación por nuestro bienestar, junto con la bondad de muchos otros lideres del sacerdocio y vecinos, nos ayudó a enfrentar los problemas de la depresión económica, de las guerras y de las muchas influencias del mundo, así como los problemas del diario vivir de cada uno de nosotros. Del mismo modo, y de muchas otras formas, ayudó a muchísimos otros, bajo circunstancias similares a las nuestras.

Para mi, su vida fue el epitome de la “religión pura” que se describe en Santiago: “Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27).

Mis hermanos, en esta época tan difícil, existe una gran necesidad de bendecir a los “más pequeños” de los hijos de nuestro Padre Celestial. Necesitamos mucho del don de la sabiduría, del discernimiento, de la caridad, a fin de saber cómo extender una mano piadosa para enriquecer la vida de nuestros hermanos y hermanas.

Oro para que, día a día. seamos más diligentes para estar “en los negocios de nuestro Padre” (véase Lucas 2:49), para amar y servir a nuestro prójimo, para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, consolar al que sufre (véase Mateo 25:37-39), para levantar las manos caídas y fortalecer las rodillas desfallecidas (véase D. y C. 81:5), para creer y vivir de acuerdo con la doctrina del Salvador, para seguirle y dar prioridad a los asuntos de su reino. Lo ruego en el santo nombre de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén.

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Ventanas

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Ventanas
Por el Presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson«Nuestro señor nos llama a todos y nos invita con amor no solo a contemplar la belleza que se ve por las ventanas que él abre, sino también a pasar por ellas hacia las valiosísimas oportunidades que nos brinda de ser una bendición para los demás.»

Mientras esperaba en la oficina de una aerolínea en Londres, Inglaterra, escogí un folleto con avisos ele turismo de entre otros que había en una mesita, el cual ostentaba el título «Ventanas hacia el mundo». En cada página había una fotografía enmarcada de algún conocido y hermoso sitio con una elocuente descripción que le hacía a uno desear visitar todos esos lugares: El Matterhorn de Suiza, las montañas de Nueva Zelanda, el Tal Mahal de la India, todos ellos invitaban al lector de un modo increíble.

Las ventanas son magníficas, ya que sirven de mareo al objeto de nuestra atención. A través de ellas vemos las creaciones de Dios; el azul del cielo, las ondulantes nubes, el verdor de los bosques, todos ellos quedan como enmarcados en nuestra memoria. Por las ventanas también vemos la llegada de los amigos, una tormenta que se aproxima, una hermosa puesta de sol y el desfile del diario vivir.

Por las ventanas nos llega la luz que nos alegra el alma. Donde no hay ventanas, como en las celdas de las cárceles, el mundo queda oculto a la vista. Sin luz, las deprimentes tinieblas nos envuelven.

Las ventanas nos enseñan lecciones inolvidables. Siempre recordare una vez que fui a casa del presidente Hugh B. Brown. Era día de graduación en la Universidad Brigham Young; él tenía que dirigir la ceremonia y yo daría el discurso correspondiente. Fui a buscar al presidente Brown y le acompañé a mi coche. Antes de partir, me dijo: «Espere unos minutos. Zina, mi esposa, se asomara a la ventana».

Dirigí hacia allí la mirada, advertí que la cortina se separaba y vi a Zina Brown, que, desde su silla de ruedas, sacudía cariñosamente un pañuelito blanco hacia su sonriente esposo. El presidente Brown se sacó un pañuelo (blanco también) del bolsillo y comenzó a sacudirlo suavemente, para gran alegría de su esposa. En seguida, emprendimos el rumbo a Provo. Seguir leyendo

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Una vida para aprender

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Una vida para aprender
Por el Élder Victor L. Brown
Miembro Emérito Del Primer Quórum De Los Setenta

Victor L. Brown«He sido bendecido por conocer a muchos jóvenes de la iglesia que ‘andan en la verdad’ y que me han enseñado tanto con su obediencia a los mandamientos del señor.»

Hoy hace veintiocho años, para mi total sorpresa, que mi vida profesional tomó un rumbo completamente diferente. Había pasado veintiún años en la industria aeronáutica comercial y me gustaba y me acababa de mudar a una casa nueva en Chicago cuando recibí una llamada de la sede de la Iglesia invitándome a venir a Salt l.ake City para una entrevista con el presidente David O. McKay. Todos mis planes anteriores quedaron de lado cuando fui llamado a ser consejero del nuevo Obispo Presidente John II. Vandenberg. Nunca había pensado en llegar a ser Autoridad General, pero sólo hubo una respuesta cuando el presidente McKay, un Profeta de Dios, me llamó a esta obra.

Los veintiocho años siguientes a esa experiencia de octubre de 1961 me dieron oportunidades de servicio que nunca había soñado. He sido bendecido con colaboradores dedicados de muchos países y de las oficinas generales que han trabajado fielmente para edificar el reino de Dios, a veces a costa de grandes sacrificios personales.

Tuve el privilegio de servir bajo la dirección de cuatro presidentes de la Iglesia: los presidentes David O. McKay, Joseph Fielding Smith, Harold B. Lee y Spencer W. Kimball. Como miembro del Obispado Presidente por veinticuatro años, me senté en reuniones semanales con la Primera Presidencia y tuve el privilegio de que me enseñaran esos profetas de Dios. Fui relevado antes de que el presidente Ezra Taft Benson fuese llamado como Presidente de la Iglesia. Aunque no me entrevisté en forma regular con él, agradezco su liderazgo y he sacado provecho del desafío que ha hecho a cada miembro de la Iglesia de estudiar y meditar las verdades del Libro de Mormón. Cada uno de los cinco presidentes bajo los cuales serví como Autoridad General tuvo su propia personalidad y su propio estilo; yo testifico que cada uno de ellos es un profeta de Dios. Por mi asociación con ellos, he llegado a entender por qué les sostenemos como profetas, videntes y reveladores. Seguir leyendo

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Un pendón a las naciones

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Un pendón a las naciones
Por el Presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«Mientras realicéis la obra que habéis sido llamados a desempeñar, no perdáis nunca la visión majestuosa y maravillosa del panorama completo.»

Mis queridos hermanos,  le agradezco mucho al  hermano Cuthbert su oración. Es siempre una gran responsabilidad el hablar desde este histórico Tabernáculo, y por eso busco la guía del Espíritu Santo.

Por un momento me gustaría transportaros 142 años atrás, cuando no había ni Tabernáculo ni templo ni Manzana del Templo. El 24 de julio de 1847 llegó a este valle la primera compañía pionera. Un grupo de avanzada había llegado uno o dos días antes. Brigham Young llegó un día sábado, y al día siguiente tuvieron las reuniones dominicales, la de la mañana y la de la tarde. No había edificios de ninguna clase donde reunirse, y me imagino que, en medio del abrasador calor de aquel verano, se habrán sentado en las lanzas de los carros y recostado contra las ruedas para escuchar a sus lideres. Promediaba ya el verano y los pioneros se vieron enfrentados con una tremenda y urgente tarea: Debían sembrar inmediatamente los campos a fin de poder levantar la cosecha antes del invierno. Pero Brigham Young les suplicó que no violaran el día de reposo, ni ese día ni en el futuro.

A la mañana siguiente se dividieron en grupos para explorar los alrededores. Brigham Young, Wilford Woodruff y otros subieron a la colina que esta al norte de donde estamos nosotros ahora, y escalaron un pico en forma de bóveda; Brigham Young lo hizo con dificultad por su reciente enfermedad.

Cuando se detuvieron en la cima miraron el valle, hacia el sur. Era muy árido, con excepción de los sauces y los juncos que crecían a lo largo de los arroyos que llevaban al lago el agua de las montañas. No había ningún edificio, pero el sábado anterior, Brigham Young había dicho: «Este es el lugar».

A esa cima la llamaron «Ensign Peak» (Pico Pendón), en referencia a las proféticas palabras de Isaías: «Alzará [el Señor] pendón a naciones lejanas, y silbará al que esta en el extremo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente» (Isaías 5:26). Seguir leyendo

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Sobrepongámonos a la adversidad

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Sobrepongámonos a la adversidad
Por el Elder Carlos H. Amado
Del Segundo Quorum De Los Setenta

Carlos H. Amado«No hay una respuesta para todas las adversidades de la vi da. Cuando las pruebas llegan es el momento de volver nuestra alma a Dios, quien es el autor de la vida y la única fuente de consuelo.»

El mismo día que llegue con mi familia a la Ciudad de México, recibí una llamada telefónica de un compañero de misión de hace 23 años pidiendo hablar conmigo esa noche. Su hijo mayor, que recién empezaba su primer semestre en la universidad, había fallecido en un trágico accidente. Un muchacho de 17 años con gran entusiasmo por la vida, fiel en la Iglesia, graduado de Seminario. Tan sólo dos semanas atrás había hablado con sus padres de sus deseos y metas y ahora ya no estaba. Aun cuando ellos entienden bien el plan de salvación, y están sellados por la eternidad, la separación física les afecta.

Los que han pasado por esa prueba reconocen que hay tragedias tan difíciles que la mente humana no puede darles una explicación racional; no hay una respuesta para todas las adversidades de la vida. Cuando las pruebas llegan, es el momento de volver nuestra alma a Dios, quien es el autor de la vida y la única fuente de consuelo. «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.» (Juan 14:27)

Hace algunos meses supe que la esposa de un amigo que estaba nuevamente embarazada estaba en peligro de abortar; por lo tanto, me junte con otras personas que también estaban interesadas en hacer algo para que el embarazo llegara a su termino y poder salvar la vida del bebe. Mientras se tomaban las medidas necesarias, se nos informó que la causa ya estaba perdida; esta era la tercera vez que sufría la misma dolorosa experiencia. Las primeras preguntas que vinieron a mi mente fueron: ¿Que les digo ahora para consolarlos? ¿Cómo les ayudara el Señor a sobrellevar este nuevo golpe?

El día que ella salió del hospital, se enteró de que otra hermana de su estaca estaba pasando por la misma experiencia; así es que, llena de confianza en Dios, se apresuró a visitarla y darle apoyo, convirtiendo su tragedia en una bendición de consuelo para otros. Seguir leyendo

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Sigamos el ejemplo de nuestro Salvador

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Sigamos el ejemplo de nuestro Salvador
Por la Hermana Michaelene P. Grassli
Presidenta General de la Primaria

Michaelene P. Grassli«No tengan miedo a Satanás ni a lo futuro, sino que sigan el ejemplo del hijo de nuestro padre celestial, nuestro Salvador Jesucristo. Entonces se fortalecerán y podrán decir con confianza: ‘vete de mi, Satanás’.»

¿Se han preguntado ustedes, jovencitas de la Primaria, cómo será su vida cuando sean grandes?

¿En que cifran sus sueños? Amy, que tiene diez años, me dijo: «Imagino cómo iré a ser, adónde iré y lo que haré». Kristine, de once años, dijo: «Me preocupa lo malo que ocurre en la escuela; ¡hay cosas que me asustan!

¿Qué les reservara a ustedes el futuro? ¿Acaso grandes riesgos? ¿O enfrentarán peligros? ¿O tendrán pesares? ¿Tendrán amor y una familia? ¿Tendrán desilusiones? ¿Tendrán alegrías?

La respuesta a todas esas preguntas es si. ¡Si, si! Todo es posible.

Imaginen que tienen mucho hambre y que las hacen pasar a un comedor donde hay una diversidad de mesas de banquete con toda clase de comidas y que les permiten escoger lo que deseen. En una mesa hay alimentos sabrosos, pero que no son muy nutritivos. En otra, hay comidas definitivamente dañinas para el organismo y que les causarían aun la muerte. En otras mesas hay sólo un tipo de comida, como nada mas que postres. ¡Pero hay todavía otra con una gran variedad de deliciosas comidas bien equilibradas, saludables y nutritivas! ¿Que comida escogerían?

Sea lo que fuere que les reserve el futuro, así como las mesas del banquete están repletas de comidas en espera de que se les pruebe, la vida es un fabuloso festín de experiencias en espera de que ustedes las escojan. Al presente, tienen ustedes hambre de saber de la vida, y hay muchísimas «mesas», por decirlo así, de las cuales pueden ustedes escoger. Recuerden que algunas selecciones parecen buenas, pero hacen daño. Otras ofrecen diversión, pero no llevan a ninguna parte. Otras podrían destruirlas. Al igual que el festín de la mesa del banquete con una variedad de alimentos sanos es mejor para nuestro organismo, el mejor festín que podemos tener en la vida esta a la «mesa» de nuestro Señor. Seguir leyendo

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Seamos valientes y firmes

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Seamos valientes y firmes
Por el élder Marvin J. Ashton
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Marvin J. Ashton1«Jóvenes poseedores del sacerdocio, dios desea que salgamos victoriosos; él desea que triunféis de todos vuestros enemigos. Tenemos que ser valientes y firmes. Dios nos guía; no hay razón para la derrota.»

Hace ya muchos años, tuve ocasión de presenciar un campeonato atlético estatal de escuelas secundarias en la Universidad Brigham Young. La lección que aprendí al ver la carrera de una milla fue notable y no la olvidare jamás. Una docena de muchachos se habían clasificado para representar sus respectivas escuelas. Se dio la señal, y los bien entrenados jóvenes partieron. Cuatro de ellos, muy juntos uno a otro, llevaban la delantera. De pronto, el que iba en segundo lugar dio, sin querer, un fuerte pisotón al que iba adelante, arrancándole de esa manera la zapatilla de carrera.

Al advertir aquello, me pregunte que haría aquel muchacho ante lo que el otro chico le había hecho sin intención. Pense que tenia varias posibilidades: podría hacer un esfuerzo extra, alcanzar al que le había quitado el primer lugar, empuñar la mano y darle un puñetazo para vengarse; podría recurrir al entrenador y quejarse de que no era justo lo que le había ocurrido después de haberse preparado tanto toda su vida para aquel gran día; podría salirse de la carrera e ir a sus padres, o a su noviecita, y decirles que aquello era espantoso, o sentarse en la pista y echarse a llorar Pero para mi gran satisfacción, no hizo nada de eso, sino que siguió corriendo.

El suceso ocurrió a medio camino de la primera vuelta y yo pense: Que bien; terminaría la primera vuelta y se retirara. Pero tras dar la primera vuelta, siguió corriendo, y dio la segunda y la tercera; y a cada paso se le enterraban en el pie, a través de la media, trocitos del carbón con que hacían las pistas de carrera en aquella época. El chico no dejó de correr y yo pensaba: ¡Qué gran valor y autodisciplina! ¡Qué notables padres! ¡Que gran entrenador! ¡Que grandes lideres habrán forjado su carácter para que en una situación como esta no haya dejado de correr! El joven terminó la tarea que tenia que hacer. No llegó en primer lugar, pero fue un verdadero ganador. Cuando al final de la carrera fui a felieitarle por su valerosa constancia, él estaba tranquilo y sereno; había podido seguir adelante cuando hubiera sido mucho más fácil abandonar la carrera. Seguir leyendo

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Recordémosle siempre

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Recordémosle siempre
Por La Hna. Joanne B. Doxey
Segunda Consejera en la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Joanne B. Doxey«El señor depende de nosotras para que lo recordemos y enseñemos a nuestros hijos a recordarlo, a fin de que ellos a su vez puedan enseñar a sus hijos a recordarlo.»

Mis queridas hermanas, las que pertenecen a la hermandad mundial de la Iglesia y las que serán miembros algún día; las mujeres ya crecidas y las niñas que crecerán y serán mujeres; las que son madres y aquellas que algún día lo serán: A pesar de nuestros distintos antecedentes, de nuestras diferencias sociales o económicas, todas somos similares en un aspecto importante: somos todas hermanas, hijas de Dios, con el propósito común de regresar a El honorablemente después de esta vida terrenal.

En nuestra existencia premortal se nos enseñó el plan de salvación; aceptamos y apoyamos ese plan divino, incluso el privilegio y la responsabilidad de convertirnos en hijas, hermanas, esposas, madres y abuelas. Sabíamos que al venir a la tierra se nos probaría para ver si haríamos todas las cosas que el Señor Dios nos mandara (véase Abraham 3:25). Y se nos colocó un «velo de olvido» en la memoria para que dependiéramos de la fe en el Salvador para llevarnos de regreso a nuestro hogar celestial.

El Profeta de la actualidad, que habla en nombre del Salvador, nos ha dicho:

«Cuando nuestro Padre Celestial puso sobre esta tierra a Adán y Eva, lo hizo con el fin de enseñarles la manera de volver a Su presencia. Nuestro Padre prometió un Salvador que los redimiría de su estado caído. Les dio el plan de salvación y les indicó que enseñaran a sus hijos la fe en Jesucristo y el arrepentimiento.» (Ezra Taft Benson, «Lo que espero enseñéis a vuestros hijos acerca del Templo», Liahona, abril/mayo de 1986, pág. 4.)

Los que vivimos en estos últimos días de la tierra tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos esas mismas verdades. Siempre ha sido así. Como alguien ha dicho: «Al cuidado de la mujer se entrega el destino de esta generación y de las generaciones futuras».

¡Que importante es nuestra obra, hermanas! ¡Y que eterna nuestra influencia en el hogar y la familia! El Señor depende de nosotras para que lo recordemos y enseñemos a nuestros hijos a recordarlo, a fin de que ellos a su vez puedan enseñar a sus hijos a recordarlo. Esto, para que todos volvamos con rectitud a Su presencia. Seguir leyendo

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Pioneros modernos

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Pioneros modernos
por el élder Dallin H. Oaks
del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks«Entre los santos de los últimos días hay ocultos herpes y heroínas: los del ultimo carro cuya fidelidad al deber y devoción a la rectitud pasa inadvertida para todos menos para aquel a quien en realidad importa.»

Los días de los pioneros no han quedado atrás, pues hay pioneros modernos cuyas obras son una inspiración para todos nosotros.

En un mensaje acerca de los pioneros que atravesaron las llanuras hace mas de un siglo, el presidente J. Reuben Clark habló de aspectos que se aplican a los pioneros de todas las épocas. En la descripción que hizo de «Los del ultimo carro», el presidente Clark tributó honores a los pioneros comunes. «Esas grandes almas. . . de nombres desconocidos. . . no se recuerdan ni se honran en las páginas de la historia, sino que tan sólo se veneran en casa de sus hijos y de los hijos de sus hijos . . . » (J. Reuben Clark Selected Papers, pág. 67-68; editado por D. Yarn, 1984; véase también Improvement Era, nov. de 1947, págs. 704-705, 747-748).

En toda causa digna hay lideres y seguidores. En el convoy de carros, los lideres iban «delante donde el aire era diáfano y limpio, y donde veían con claridad la bóveda azul del cielo» (J. Reuben Clark: Selected Papers, pág. 69); pero, como lo observó el presidente Clark: «Los del ultimo carro no siempre podían ver a los hermanos que iban delante y el cielo azul quedaba muchas veces escondido tras las densas nubes de polvo. Día tras día, los del ultimo carro seguían adelante, harapientos y cansados, con los pies lastimados, a veces casi desalentados, sostenidos por su fe en el amor de Dios por ellos, en la veracidad del evangelio restaurado y en que el Señor guiaba a los hermanos que iban delante» (Ibid.).

Los propósitos de Dios se cumplieron por la lealtad inmutable y el trabajo extraordinario de los fieles de decenas de millares que siguieron adelante, como lo dijo el presidente Clark, «con poco encomio, con muy poco aliento y nunca con adulación» (Ibid. págs. 69-70).

«Y miles y miles de ellos. . . se pusieron a la altura de su humilde llamamiento y de su destino de un modo tan total como el hermano Brigham y los demás se pusieron a la altura de los de ellos, y Dios les recompensará por igual; fueron pioneros en palabra, en pensamiento, en obras y en fe tal como lo fueron los de cargos mas elevados. . . Dios nos conserve siempre fresca la memoria de ellos para que cumplamos con nuestro deber así como ellos cumplieron con el suyo.» (Ibid., págs. 73-74-) Seguir leyendo

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Nuestro reloj espiritual

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Nuestro reloj espiritual
Por El Élder Dean L. Larsen
de la Presidencia de los Setenta

Dean L. Larsen«Así como el ejercicio, la debida alimentación y el descanso son vitales para nuestro bienestar físico, elementos tales como las oraciones regulares, el estudio de las escrituras, el consagrar el día de reposo, el tomar la santa cena y servir al prójimo son necesarios para mantener el vigor espiritual.»

Desde el día de ayer en que se anunció que algunos de los miembros de los quórumes de Setenta pasarían a la e categoría de eméritos he estado tratando de pensar en palabras capaces de rendir el debido tributo a estos buenos hombres. He llegado a la conclusión de que no hay palabras adecuadas y de que en realidad el mayor tributo que se les puede rendir esta reflejado en las vidas de personas en distintas partes de la tierra a quienes ellos han inspirado mediante su influencia la cual se extenderá hacia generaciones futuras.

Amamos a estos hombres con un amor que no disminuirá, a pesar de que nuestro contacto con algunos de ellos no habrá de ser tan frecuente como en el pasado. Reconocemos que ellos han sido pioneros en muchos de los aspectos de la obra de la Iglesia en diversas partes del mundo, y que ahora son pioneros en un nuevo curso que algunos de nosotros habremos de seguir en un futuro cercano. Les hacemos portadores de nuestro amor, nuestras oraciones, nuestro más profundo respeto y admiración, y nuestro agradecimiento eterno.

En la pared de la cocina de nuestro hogar cuelga un reloj. Es un reloj de cuerda o sea que cada siete u ocho días se hace necesario revitalizar su mecanismo con una llave especial. Si no lo hacemos regularmente el reloj comienza a atrasarse sus campanadas se vuelven imprecisas y fuera de tono y finalmente el reloj se detiene hasta que se le da cuerda otra vez.

Hay veces que le estoy dando cuerda al reloj y pienso en lo bueno que seria si yo pudiera restaurar mis poderes físicos a su mas optimo grado de una manera tan sencilla como con el reloj. Supongo que esas son cosas en las que uno piensa a medida que va entrando en años y se va acercando a la última etapa de su vida. Seguir leyendo

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No murmures

Conferencia General Octubre 1989logo 4
No murmures
Por el Élder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. Maxwell«Por ejemplo, algunos murmuradores parecen tener la esperanza de poder amoldar la iglesia a su gusto con sus quejas y protestas. Pero ¿para qué querríamos estar afiliados a una iglesia que podemos amoldar a nuestra imagen, cuando es la imagen del señor la que un día tendremos que reflejar en nuestro semblante?»

Me uno a vosotros para expresar mi admiración por estos hombres magníficos que han sido relevados y cuya posición en la Iglesia ha cambiado. Ellos han sido ejemplares en su llamamiento y hoy siguen siéndolo. Su vida es como un sermón inspirador para todos nosotros.

Mi discurso fue preparado en junio en su mayor parte; es tanto para mi mismo como para los demás miembros de la Iglesia.

La murmuración se define como un resentimiento reprimido a medias o como una queja entre dientes. Todos los que han visto la película El violinista en el tejado recordarán cómo el protagonista, Tevye, se queja a Dios.

Así como «un bostezo puede ser un grito en silencio» (G. K. Chesterton, en The Concise Columbia Dictionary of Quotations, ed. por Robert Andrews, Nueva York: Universidad de Columbia, 1987), la murmuración puede ser mucho más que un susurro sofocado. Muchas veces cuando murmuramos, el objeto de nuestro disgusto es indudablemente el Señor, como cuando el pueblo se quejó contra Moisés. (Exodo 16:8; 1 Nefi 16:20.) Tevye, al menos, reconoció sinceramente a quién se dirigía.

La murmuración parece surgir naturalmente del hombre natural. En las Escrituras, recorre toda la escala de quejas que se hayan registrado: Necesitamos pan. Necesitamos agua (Números 21:5). No llegaron las tropas para reforzar el ejército (Alma 60). «¿Para qué salimos. . . de Egipto?» (Números 11:20). «¡Para qué salimos de Jerusalén?» (1 Nefi 2:11). Algunos, y quizás sea comprensible, murmuraron porque los perseguían los incrédulos; y otros hasta llegaron a murmurar por el nombre que debía llevar la Iglesia de Cristo. (Mosíah 27:1; 3 Nefi 27:3 4.) Y. lo que resulta irónico, el que se recibiera de Dios más Escrituras también causó murmuraciones. (2 Nefi 29:8.) Seguir leyendo

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Mirad al salvador

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Mirad al salvador
Por el Élder John Sonnenberg
Miembro Relevado del Segundo Quórum de los Setenta

John Sonnenberg«Hay en la actualidad una ‘estrella polar’ que nos guía: un amado profeta de dios. Seguidle; él os señalará el camino de la verdad y la rectitud. Seguid al señor, ya que el os dará la vida eterna.»

Mis queridos hermanas, me siento sumamente agradecido por la oportunidad que se me ha concedido de testificar de la divinidad le esta gran obra y dar testimonio al mundo de que es un profeta de Dios el que nos dirige Pienso que nunca en mi vida he escuchado palabras de amor más convincentes que las expresadas por el presidente Benson cuando me he reunido con él y sus devotos consejeros en el templo y él dice: ‘Os amo, mis queridos hermanos, os amo a cada uno de vosotros’. Desde el fondo de su corazón, él nos ha proclamado el verdadero significado del amor por nuestros semejantes.

Hace algunos años, mientras nos encontrábamos en la ciudad de Sydney, Australia, mi esposa y yo recibimos una carta de uno de nuestros nietos que decía así:

«Queridos abuelitos: Cumplí los doce años y el obispo me llamó el otro día a su oficina y me dijo:

«-Bruce, ahora que has cumplido doce años, quisiera hacerte algunas preguntas. ¿Amas al Señor?
«Le contesté que sí y él prosiguió.
«-¿Dices malas palabras?
«-No obispo, nunca digo malas palabras.
«-¿Quieres a tus padres?
«-Sí, obispo.
«-Bruce ¿pagas el diezmo?
«-Sí, obispo.

«Entonces, abuelitos, me dijo que al haber cumplido doce años podía recibir el Sacerdocio Aarónico y me preguntó si sabía qué era el Sacerdocio Aarónico. Yo le contesté que sabía un poco y que ahora podía ser ordenado diácono. ¿Y saben qué? A la semana siguiente el obispo me preguntó quién deseaba que me ordenara y yo le dije que quería que lo hiciera mi papá. Después papá puso las manos sobre mi cabeza, mientras el obispo y mis tíos formaban parte del círculo, y me confirió el Sacerdocio Aarónico y me ordenó diácono. Seguir leyendo

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Los pacíficos discípulos de Cristo

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Los pacíficos discípulos de Cristo
Por el élder L. Tom Perry
del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry«Los misioneros salen a predicar con las intenciones más puras, sin ningún designio secreto y con gran sacrificio personal. . . Son verdaderos embajadores que difunden la buena voluntad hacia la gente de los países en los que han vivido y trabajado.»

En un discurso que el coronel Thomas L. Kane que no era miembro de la Iglesia,  dio ante la Sociedad e Historia de Filadelfia y que anotó John R. Young dijo que al viajar unos años antes había pasado por la extraordinaria ciudad de Nauvoo en Illinois la cual se hallaba en las riberas del río Misisipi. Explicó que tras navegar en vapor por ese río  desembarcó y prosiguió su viaje por tierra por motivo de los rápidos.

Después de haber visto por el camino sólo campos estériles y en ellos vagabundos y fugitivos le la ley divisó Nauvoo. Y dijo:

«Al descender la última colina de mi jornada,  desplegó ante mí  un panorama de un contraste encantador. Abrazada por una curva del río resplandecía una bella ciudad bajo el tibio sol de la mañana. Sus hermosas casas nuevas rodeadas de verdes jardines circundaban una colina en forma de bóveda a la que coronaba un edificio de mármol, cuya elevada aguja, blanca y dorada resplandecía a la luz del día. La ciudad parecía extenderse varios kilómetros y más allá, a lo lejos se veía un hermoso paisaje cubierto de fructíferos sembrados cuadrangulares. Las señales inconfundibles del trabajo de gente industriosa y próspera, que saltaban a la vista por todas partes, componían una escena de belleza singular e impresionante. . . Allí no había nadie para recibirme y tan intenso era el silencio que se oía el zumbido de las moscas y el sonido de las olas al romper contra la baja ribera. Caminé por las calles solitarias. El pueblo yacía como en un sueño, bajo algún raro hechizo de soledad del que casi temí despertarlo pues era evidente que no había dormido mucho tiempo. No había pasto en las hendeduras  de los caminos pavimentados, las lluvias no habían borrado por completo las huellas de los peldaños polvorientos. Nadie me detuvo en mi camino.

«Entré en los talleres, cordelerías y herrerías vacíos. La rueca del hilador estaba detenida el carpintero había abandonado su banco de trabajo y sus virutas, sus marcos de ventana sin terminar; había cortezas frescas en la cuba del curtidor y madera ligera recién cortada apilada contra el horno del panadero. La herrería estaba fría pero el montón de carbón el caldero y el retorcido cucharón para el agua estaban allí como si el  herrero sólo hubiera salido de paseo. . . Seguir leyendo

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Los buenos recuerdos son bendiciones reales

Conferencia General Octubre 1989logo 4
Los buenos recuerdos son bendiciones reales
Por el élder Joe J. Christensen
Del Primer Quórum de los Setenta

Joe J. Christensen«El recuerdo es un jardín de edén del que jamás podemos ser expulsados.»

Hermanos, es un gran privilegio estar con vosotros esta tarde. He apreciado muchos los mensajes que hemos oído.

Alguien que fue más poeta que teólogo dijo: «El recuerdo es un Jardín de Edén del que jamás podemos ser expulsados». Los buenos recuerdos son verdaderas bendiciones y esta noche quisiera hablaros de algunos que han sido muy importantes en mi vida.

Cuando tenía más o menos la edad de algunos de vosotros, diácono, mi padre era el obispo del barrio de nuestro pequeño pueblo granjero de Banida, en la región sudeste de Idaho. Recuerdo la primera vez que me trajo a Salt Lake City para asistir a una reunión general del sacerdocio.

En esa época mi padre me parecía muy viejo; sin embargo, tiene que haber tenido unos treinta y ocho años Me sentía contento de estar con él.

Recuerdo que  nos sentamos en el balcón, allí, hacia el lado norte; y antes de que empezara la reunión, papa me indicó cuál de los hermanos sentados en el estrado era el presidente Heber J. Grant y cuáles eran sus consejeros. Vi a los Doce Apóstoles y a las demás Autoridades Generales. Esa noche me invadió un cálido sentimiento de amor y respeto hacia los líderes de la Iglesia, el que ha seguido aumentando hasta el día de hoy.

Allí decidí que haría todo lo posible por sostener a mi padre como obispo. No deseaba hacer nada que lo avergonzara o desilusionara y hasta hoy día agradezco la decisión que tome en esa oportunidad.

Ninguno de nosotros sabe cuánto va a vivir. En el Libro de Mormón, Alma hace la pregunta: «¿Podréis mirar a Dios en aquel día con un corazón puro y manos limpias?» (Alma 5:19). Recuerdo cuando el tener las «manos limpias y el corazón puro» se hizo importante en mi vida.

Fue después que mi amigo David Carlson y yo nos graduamos de la Escuela Secundaria de Preston. Nos sentíamos contentos de que era la misma escuela a la que habían asistido los presidentes Ezra Taft Benson y Harold B. Lee cuando eran jóvenes. Aun cuando habían cambiado el nombre de la escuela, ya que antes era la Academia de la Estaca Oneida, tuvimos algunas de nuestras clases en el mismo edificio. Seguir leyendo

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La única mira de glorificar a Dios

Conferencia General Octubre 1989logo 4
La única mira de glorificar a Dios
Por el Elder Marvin K. Jensen
Del Primer Quórum De Los Setenta

Marvin K. Jensen«Colocar nuestro orgullo y vanas ambiciones en el altar del sacrificio es una de las ofrendas más importantes que jamas podamos hacer.»

Hermanos, me es grato saludaros y expresar mi agradecimiento por haber sido llamado a servir como miembro del Primer Quórum de los Setenta. Mi esposa, Kathy, dice que siempre supo que yo recibiría algún tipo de sentencia en la vida, pero nunca soñamos que seria una bendición tan grande.

Nadie puede estar detrás de este púlpito por primera vezCdonde han estado tantos grandes hombres y mujeres con el correr de 108 añosC sin experimentar un fuerte sentido de incapacidad y a la vez un impresionante deseo de expresar agradecimiento. Yo siento ambos hoy día.

Deseo expresar mi agradecimiento a mis amigos y vecinos del pequeño valle entre las montañas donde nací y donde elegí permanecer hasta ahora; también a mis nobles antepasados y a mis familiares. Siempre me doy cuenta de su bondad e interés por mí. Agradezco sinceramente a mis padres, que continúan laboriosos con el proyecto que empezaron el día de mi nacimiento, hace ya cuarenta y siete años. Estoy especialmente en deuda con mi compañera; su apoyo, amor y alegre disposición hacen mi vida muy agradable. Sé que desea que todos sepáis que tiene una fuerte convicción de la veracidad del evangelio restaurado. Hemos sido bendecidos con ocho hermosos hijos, cuyo desarrollo y felicidad son nuestra preocupación primaria; quiero mucho a cada uno de ellos.

Siento también mucha gratitud por la bendición de estar diariamente en contacto con las Autoridades Generales de la Iglesia y prometo a estos hombres tan dedicados toda mi lealtad, mi amor y mi esfuerzo incansable en la edificación del reino de Dios. Les prometo también que siempre seguiré la admonición del Señor que encontramos en Doctrina y Convenios: «Por tanto, fortalece a tus hermanos en toda tu conducta, en todas tus oraciones, en todas tus exhortaciones y en todos tus hechos» (D. y C. 108:7). Seguir leyendo

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