La gratitud: un principio salvador

Conferencia General Abril 1990

La gratitud: Un principio salvador

por el élder James E Faust
del Quórum de los Doce Apóstoles

«Un corazón agradecido es el principio de la grandeza. Es un expresión de humildad. Es el fundamento para que se desarrollen virtudes como la oración, la fe la valentía, la alegría, la felicidad, el amor y el bienestar.»

Cerca del cierre de esta conferencia vengo a este púlpito a hablar sobre la gratitud como una expresión de fe y como un principio salvador. El Señor ha dicho: «Y. en nada ofende el hombre a Dios, o contra ninguno esta encendida su ira, sino aquellos que no confiesan su mano en todas las cosas y no obedecen sus mandamientos» (D. y C. 59:21). Para mi, este pasaje de las Escrituras dice claramente que «dar las gracias al Señor tu Dios en todas las cosas» (D. y C. 59:7) es mas que una cortesía: es un mandamiento.

Una de las ventajas de vivir mucho tiempo es que podemos recordar a menudo las épocas en que hemos pasado por situaciones peores que las de ahora. Estoy agradecido por haber vivido lo suficiente para conocer algunas de las bendiciones de la adversidad. Recuerdo la época de la gran depresión en los Estados Unidos, cuando teníamos ciertos valores grabados en nuestra alma. Uno de esos valores era la gratitud por lo poco que teníamos. La gran depresión de principios de la década de los treinta fue una terrible enseñanza. Aprendimos a vivir en forma prudente para sobrevivir. En lugar de crear en nosotros un sentimiento de envidia o enojo por lo que no teníamos, desarrollo en muchos un espíritu de agradecimiento por las escasas y sencillas cosas con las que habíamos sido bendecidos, como el pan casero recién horneado y los cereales, y muchas otras cosas.

Otro ejemplo: recuerdo a mi querida abuela Mary Caroline Roper Finlinson, haciendo jabón casero en la granja; su receta incluía grasa animal, una pequeña parte de lejía como detergente y cenizas de leña como abrasivo. El jabón tenía un aroma extraño y era casi tan duro como un ladrillo. No había dinero para comprar un jabón suave y perfumado. En la granja había mucha ropa llena de tierra y transpirada que lavar y muchos cuerpos que necesitaban desesperadamente el baño del sábado por la noche. Si se hubieran tenido que bañar con el jabón hecho en casa, habrían salido impecables pero habrían olido peor que antes del baño. Como ahora uso el jabón mas que cuando era niño, he desarrollado un sentido diario de agradecimiento por su aroma delicado.

Una de las maldades de nuestra época es el no ser agradecidos por tantas de las cosas que disfrutamos. Esto lo dijo el Señor: «Porque, Gen que se beneficia un hombre a quien se confiere un don, si no lo recibe?» (D. y C. 88:33). E1 apóstol Pablo describió nuestros días al indicar a Timoteo que en los últimos días «habrá hombres amadores de si mismos, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos» (2 Timoteo 3:2). Esos pecados son compañeros inseparables y la ingratitud es lo que nos hace susceptibles a ellos.

La historia del samaritano agradecido tiene un gran significado. Cuando el Salvador andaba entre Samaria y Galilea, «al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos… que alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!» Y Jesús les dijo que fueran a mostrarse a los sacerdotes.

«Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz, y se postró… a sus pies, dándole gracias; y este era samaritano.

«Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.» (Lucas 17:11-19.)

En esa época la lepra era una enfermedad tan repulsiva que a los afectados no se les permitía por ley acercarse a Jesús. Se esperaba que los que sufrían esta horrible enfermedad agonizaran juntos compartiendo su desgracia (véase Levítico 13:45-46). E1 clamor «¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!» tuvo que haber llegado al corazón del Salvador. Cuando fueron limpios y recibieron la aprobación de los sacerdotes de que ya eran aceptables en la sociedad, debieron haberse regocijado y sorprendido, y el hecho de haber recibido tan grande milagro tuvo que haberlos dejado muy satisfechos; sin embargo, olvidaron a su benefactor. Es difícil entender por que fueron tan desagradecidos. Esa ingratitud fue egoísta; es una forma de orgullo. ¿Cual es el significado de que el único que regresó a agradecer era samaritano? A1 igual que la historia del buen samaritano, la experiencia parece demostrar que aquellos que están en un estado económico o social inferior a menudo se elevan mas allá del deber y la nobleza.

Además de la gratitud personal como un principio de salvación, quisiera expresar lo que siento con respecto a la gratitud que debemos tener por las muchas bendiciones que disfrutamos.

Aquellos de entre vosotros que os habéis unido a la Iglesia en esta generación os habéis hermanado con un pueblo entre quienes hay muchos que tienen una gran herencia de sufrimiento y sacrificio. Ese sacrificio se transforma también en vuestra herencia, porque es la herencia de un pueblo con faltas e imperfecciones, pero con un propósito grande y noble. Ese propósito es ayudar a todo el genero humano a entender en forma dulce y pacifica quienes son, a sentir amor por sus semejantes y a tomar la determinación de guardar los mandamientos de Dios. Este es el llamado sagrado del evangelio; es la esencia de la adoración.

No hay duda de que necesitamos estar informados de los sucesos del mundo; pero los medios modernos de comunicación traen a nuestros hogares una avalancha de violencia y desdicha humana. Entonces es cuando llega el momento en que necesitamos encontrar una renovación espiritual pacífica.

Reconozco con agradecimiento la paz y la satisfacción que podemos encontrar en el nido espiritual de nuestro hogar, en nuestras reuniones sacramentales y en nuestros templos sagrados. En estos lugares nuestra alma descansa y tenemos la sensación de estar en nuestro hogar.

Tiempo atrás estuvimos en el reino de Tonga. El presidente Muti preparó en el centro de estaca una noche de hogar con música y mensajes de inspiración. La reunión era en honor de su Majestad el Rey Tupo Cuarto, monarca de Tonga. El rey, su hija y sus nietas amablemente aceptaron la invitación, al igual que muchos nobles y representantes diplomáticos que se encontraban en Tonga. Nuestros miembros presentaron un programa hermoso con cantos y versos. Una de las nietas del rey canto una canción titulada «Cuanto amo a mi abuelo». Al finalizar se invitó al élder Sonnenberg y a mi a hablar a la congregación.

Al terminar el programa, y haciendo caso omiso del protocolo, el rey vino a saludarnos a nosotros y a nuestras respectivas esposas en señal de agradecimiento por la actuación de sus súbditos miembros de la Iglesia. El protocolo social se observa en muchos lugares, pero las expresiones de bondad son adecuadas universalmente.

Parece que en nuestro interior se libra una lucha entre los distintos rasgos de carácter, y cuando no hay agradecimiento o este desaparece, a menudo se reemplaza con la rebelión. No hablo de rebelión en contra de la opresión civil; me refiero a la rebelión en contra de la limpieza moral, de la belleza, de la decencia, de la honradez, de la reverencia y del respeto por la autoridad paterna.

Un corazón agradecido es el principio de la grandeza. Es una expresión de humildad. Es el fundamento para que se desarrollen virtudes como la oración, la fe, la valentía, la alegría, la felicidad, el amor y el bienestar.

Pero hay una verdad indiscutible asociada con todo tipo de fortaleza humana: «Úsalo o piérdelo». Cuando no se utilizan, los músculos se debilitan, las habilidades se deterioran y la fe desaparece. E1 presidente Thomas S. Monson declaró: «Piensa en agradecer. En estas tres palabras esta la fórmula del matrimonio feliz, de la amistad duradera y de la felicidad personal» (Presidente Thomas S. Monson, Pathways to Pefect Don, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1973, pág. 254). E1 Señor dijo: «Y el que reciba todas las cosas con gratitud será glorificado; y le serán añadidas las cosas de esta tierra, hasta cien tantos, sí, y mas» (D. y C. 78:19).

Estoy agradecido por la gente de esta tierra que ama y aprecia a los niños pequeños. E1 año pasado volé de noche entre la Ciudad de México y Culiacán. Los asientos del avión eran algo estrechos y todos estaban ocupados, la mayoría con la agradable gente de México. En todas partes había paquetes y maletas de todo tamaño.

Una mujer joven apareció en el pasillo con cuatro pequeños, el mayor de unos cuatro años y el menor un recién nacido. Además tenía una bolsa con pañales, una sillita plegadiza y algunos paquetes. Los niños estaban cansados, llorando e inquietos. A1 encontrar su asiento en el avión, los demás pasajeros a su alrededor, tanto hombres como mujeres, se levantaron de inmediato para ayudarle y pronto los niños sintieron el amor y la tierna atención de los pasajeros. Pasaron de brazo en brazo por todo el avión y el resultado fue un avión lleno de niñeras y niñeros.

Los niños se calmaron en los brazos de los que los cuidaban y poco después se quedaron dormidos. Lo mas admirable fue ver a unos pocos hombres que obviamente eran padres o abuelos meciendo al recién nacido sin ningún temor de perder su imagen viril. La madre estuvo liberada del cuidado de los niños durante la mayor parte del vuelo.

¡Lo único que no me gustó fue que nadie me pasó el niñito a mi! Volví a aprender que el aprecio y la bondad hacia los niños es una expresión del amor que el Salvador tiene por ellos.

¿Cómo podemos pagar nuestra deuda de gratitud por la herencia de fe demostrada por los pioneros de muchos países a través del mundo, que se sacrificaron para que el evangelio echara raíces? ¿Cómo expresar el agradecimiento a los intrépidos pioneros de los carros de mano que arrastraron en esos carros a través de las praderas y de la nieve en las altas montañas sus escasas posesiones para escapar de la persecución y encontrar la paz para adorar tranquilos en estos valles? ¿Cómo pueden pagar los descendientes de las compañías de carros de mano de Martin, de Willie y otras compañías similares la fe de sus antepasados?

Una de esas almas intrépidas fue Emma Batchelor, una joven inglesa que viajaba sin su familia. Salió con la compañía de carros de mano de Willie, pero al llegar al Fuerte Laramie, se les ordenó alivianar las cargas. A Emma se le pidió que dejara su cofre de cobre en el que guardaba todas sus pertenencias.

Emma rehusó hacerlo y se sentó sobre su cofre a la orilla del camino; sabia que la compañía de Martin pasaría dentro de unos días. Había tenido el privilegio de empezar el viaje con la compañía Willie y cuando la compañía Martin la encontró se unió a la familia de Paul Gourley.

Muchos años mas tarde un hijo de esa familia escribió: «Aquí se unió a nuestra familia la hermana Emma Batchelor, cosa que nos alegró porque ella era joven y fuerte, y significaba mas harina para nuestro grupo». Fue entonces cuando la hermana Gourley dio a luz un hijo y Emma actuó como partera y cargó a la madre y al hijo en el carro de mano que luego ayudó a tirar durante dos días, mientras se reponía la madre.

Aquellos que murieron en la compañía Martin fueron relevados misericordiosamente de los sufrimientos que experimentaron otros viajeros que resultaron con pies, orejas, narices o dedos congelados, los que mas tarde les tuvieron que amputar. Sin embargo, Emma, que entonces tenia veintiún años de edad, fue una de las afortunadas y superó todas las pruebas.

Un año mas tarde conoció a Brigham Young, quien se sorprendió al verla que no tenia ninguna mutilación, y ella le dijo: «Hermano Young, yo no tengo a nadie que me cuide ni que me espere, así es que decidí cuidarme a mi misma. Yo fui de las que reclamaron cuando el hermano Savage nos advirtió no viajar en esas circunstancias, y me equivoque en eso, pero trate de compensar mi equivocación Cada día tire del carro cuando me tocaba mi turno; cuando llegábamos a un arroyo me sacaba los zapatos, los calcetines y la falda y los ponía sobre el carro. Cuando llegaba al otro lado con el carro, regresaba a buscar a Pablito para cargarlo sobre mi espalda. Luego me sentaba, me frotaba muy fuerte los pies con una bufanda de lana y me ponía los zapatos y los calcetines secos».

Los descendientes de esos pioneros pueden saldar parcialmente esa deuda siendo fieles a la causa por la cual sus antepasados sufrieron tanto.

Como en todos los mandamientos, la gratitud es la descripción de un modo de vivir que da resultados. El corazón agradecido abre los ojos a una multitud de bendiciones que nos rodean. El presidente J. Reuben Clark dijo: «Aferraos a las bendiciones que Dios os ha dado; vuestra tarea no es ganarlas, ya están aquí; vuestra tarea es apreciarlas» (Church News, 14 de junio de 1969, pág. 2). Al llegar al final de esta gran conferencia, espero que podamos cultivar corazones agradecidos para apreciar la multitud de bendiciones que Dios con tanta bondad nos ha concedido. Ruego que sepamos expresar abiertamente tal gratitud a nuestro Padre Celestial y a nuestros semejantes, lo ruego en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amen.

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La espiritualidad del servicio

Conferencia General Abril 1990logo 4
La espiritualidad del servicio
por el élder Derek A. Cuthbert
de los Setenta

Derek A. Cuthbert“El servicio cambia a la gente. El servicio refina, purifica, da una perspectiva más clara y nos motiva a actuar de una manera sobresaliente.”

El presidente Benson, quien habla por el Señor a todo el mundo, nos ha desafiado a vivir por el Espíritu y a enseñar por el Espíritu. ¿Cuántas veces le hemos escuchado decir: “Es el espíritu lo que cuenta en esta obra”? Sí, la obra del Señor es una obra espiritual. Mediante ella se cambian vidas, se desarrollan valores verdaderos y se superan las influencias mundanas.

A lo largo de los años, muchas personas, especialmente jóvenes, me han preguntado: “Elder Cuthbert, ¿cómo puedo ser más espiritual?” Mi respuesta siempre ha sido la misma: “Deben prestar más servicio”.

El servicio hace que miremos a lo que tenemos a nuestro alrededor, y no hacia nuestro interior. El servicio nos impulsa a considerar las necesidades de otras personas antes que las nuestras. El servicio justo es la expresión de la verdadera caridad tal como el Señor lo mostró.

¿Cómo puede entonces el servicio incrementar nuestra espiritualidad? Quisiera mencionar diez aspectos, de entre los cuales podéis escoger aquellos que más se apliquen a vuestra situación particular.

Primero, el servicio nos ayuda a establecer valores verdaderos y prioridades, al distinguir entre el valor de las cosas materiales, que son pasajeras, y el de aquellas cosas que son perdurables, aun eternas. Nuestro amado Profeta nos aconseja: “Si queréis encontraros a vosotros mismos, aprended a negaros a vosotros mismos para bendecir a otros. Olvidaos de vosotros mismos, tratad de encontrar a otro que necesite vuestro servicio, y descubriréis el secreto de una vida feliz y completa” (Liahona, agosto de 1979, pág. 48). Tenemos viviendo con nosotros una buena hermana que ha estado confinada a una silla de ruedas por 27 años. Por cierto que ella se olvida de sí misma en el servicio que presta a otros al hablar en charlas fogoneras y al ayudarnos en todo lo que le sea posible, siempre con una sonrisa encantadora y una actitud positiva. Seguir leyendo

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La época de la conferencia

Conferencia General Abril 1990logo 4
La época de la conferencia
por el presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson“Tal vez nunca en la historia haya existido una necesidad más grande de cooperación, de comprensión y de buena voluntad entre las personas y los pueblos.”

El presidente Benson ha sugerido que yo de comienzo a esta conferencia con un mensaje breve en su nombre y que extienda a todos los oyentes y televidentes de todo el mundo sus saludos, su amor y su bendición.

Un espíritu primaveral reluce en nuestra histórica Manzana del Templo. Los céspedes bien cuidados han abandonado el descolorido manto invernal y ahora relucen como una alfombra verde que realza los elegantes canteros de flores de brillantes colores. Este es un periodo de renovación, un tiempo para sentirse agradecidos y reflexionar.

El mundo ha experimentado grandes cambios desde que nos reunimos la ultima vez. El muro de Berlín se ha derrumbado. Las familias ahora pueden estar juntas en cualquiera de los dos lados y gozar de lo que se les ha privado durante tanto tiempo. En Polonia, Hungría, Checoslovaquia y la República Democrática Alemana, han resonado las campanas de la libertad anunciando una nueva época.

Todos recordamos, presidente Benson, el triste periodo que siguió a la Segunda Guerra Mundial cuando nuestros miembros sufrían de inanición y estaban al borde de la desesperación. Entones usted se hizo cargo de supervisar la distribución de ropa, comestibles y artículos médicos almacenados por la Iglesia a las familias europeas despojadas por la guerra.

Sus palabras, Presidente, resuenan con claridad: “Debemos dedicar nuestra fortaleza a satisfacer las necesidades del mundo y no a calmar sus temores Yo opino que los actos de misericordia, como la distribución de artículos de primera necesidad a los que los necesiten, se llevan a cabo con mas eficacia cuando los que los hacen son grupos privados u organizaciones como la Iglesia.” (Teachings of Ezra Taft Benson, Salt Lake City: Bookcraft, 1988, pág. 261.)

Siguiendo el espíritu del consejo del presidente Benson, tenemos la responsabilidad de dar ayuda como también esperanzas a los hambrientos, destituidos y oprimidos de este país y del extranjero. En este momento es lo que estamos haciendo, para bendición de muchos. En varias ciudades, donde hay mucha necesidad, se ha ablandado el corazón de las personas, y las expresiones de desaliento se han transformado en sonrisas de confianza, gracias a la generosidad de los miembros de la Iglesia que pagan ofrendas de ayuno como el Señor ha mandado. Seguir leyendo

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La biblioteca del Señor

Conferencia General Abril 1990logo 4
La biblioteca del Señor
por el élder Boyd K. Packer
del Quórum de los Doce Apóstoles

President Boyd K. Packer“Escudriñad las Escrituras porque ellas son les que dan testimonio de mí.”

Hermanos, siento el peso de la tremenda responsabilidad de dirigiros la palabra a vosotros, jóvenes poseedores del Sacerdocio Aarónico, o preparatorio, así como a los que poseéis el sacerdocio mayor, o en otras palabras, el Sacerdocio de Melquisedec, el Sacerdocio según el Orden mas Santo de Dios, o el Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios, como se describe en las Escrituras. En esta ocasión quisiera mostraros algunas de las cosas sagradas que a veces damos por sentadas.

“Escudriñad las Escrituras … porque ellas son las que dan testimonio de mí.” (Juan 5:39.)

Existe la tendencia de medir nuestro progreso con las cosas que vemos y podemos contar: bautismos de conversos, misioneros, estacas y barrios, capillas. Tal vez esto sea simbólico de la Iglesia como un todo.

Hay otras cosas que se pueden medir que simbolizan mas que el espíritu de la Iglesia, detalles que no son tan fáciles de ver ni de contar. Permitidme informaros en cuanto a algunos de ellos:

Las nuevas ediciones de las Escrituras

A principios de la década de los ochenta y después de una ardua labor por parte de un verdadero ejercito de voluntarios, la Iglesia publicó, en ingles, la edición de la Biblia de la versión del rey Santiago. Después siguieron las nuevas ediciones del Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio. Se disponía de los antiguos manuscritos, lo cual facilitó la corrección de muchos errores de impresión.

Al Libro de Mormón se le añadió el subtítulo “Otro testamento de Jesucristo” y a Doctrina y Convenios, el libro que jamas se terminara, se agregaron dos secciones mas.

El texto de la Biblia de la versión del rey Santiago no se alteró; tan sólo se añadió un innovador sistema de correlación de referencias de todos los libros canónicos, el cual contiene miles de notas al pie de la pagina, proporcionando así cientos de miles de combinaciones posibles de información. Seguir leyendo

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Iré y haré lo que el señor ha mandado

Conferencia General Abril 1990logo 4
Iré y haré lo que el Señor ha mandado
por la hermana Elaine L. Jack
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Elaine L. Jack«Mis consejeras y yo estamos deseosas de prestar servicio, y queremos hacerlo de tal manera que nos permita ayudar a las mujeres de todas partes a cooperar con el gran movimiento de avance de la Iglesia.»

Mis queridos hermanos, primero deseo aseverar mi creencia en estas palabras de Nefi: «Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque se que el nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado» (1 Nefi 3:7).

Sin esta convicción seria imposible aceptar la tremenda responsabilidad de servir como Presidenta General de la Sociedad de Socorro.

Siento una profunda gratitud por las hermanas que me han precedido en este llamamiento, hermanas como Barbara Winder, quien ha tenido una gran influencia en mi vida. Todos los días, en mis oraciones, doy gracias por el efecto positivo que tiene en mi vida mucha gente buena que me rodea: agradezco los amigos, los atentos vecinos, el personal de las oficinas de las Mujeres Jóvenes, la hermana Jayne Malan y las hermanas miembros de la mesa general de las Mujeres Jóvenes, con las que tengo un vinculo especial.

Siento el amor y la gran fortaleza que recibo de mis cuatro hijos y sus respectivas familias. Aprecio la imparcialidad y el buen sentido del humor que tienen, y me parece oírlos, en los dos extremos del país, mirando la transmisión de esta conferencia, y diciendo: «¡Que! ¿Mama? ¡No puede ser!» Ayer le comenté a mi hijo mayor, David, que el presidente Monson me había dicho que era posible que me llamaran para que dijera unas palabras. Le cité las palabras del presidente Monson: «No es preciso que de un sermón». Mi hijo entonces me dijo: «Mama, ¡eso es lo que te hemos estado diciendo desde hace años!» Me siento agradecida de que tengan el deseo de hacer lo correcto.

Doy gracias por mi hermana, que es también mi amiga. ¡Bendecida es la mujer que tiene una hermana como ella, y muy bendecida si tiene mas de una! La hermana Ardeth Kapp es como una verdadera hermana para mi, y quiero rendirle tributo por ser una mujer de gran visión, llamada por el Señor para guiar a las Mujeres Jóvenes de todo el mundo en una época muy difícil de la historia. Ella me ha enseñado y alentado, y me ha ayudado a progresar. Ha sido un placer para mi servir como consejera de la organización de las Mujeres Jóvenes. Seguir leyendo

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Escogeos hoy a…

Conferencia General Abril 1990logo 4
Escogeos hoy a…
por el élder Hans B. Ringger
de los Setenta

Hans B. Ringger«El Señor nos ha prometido quo si escogemos su camino, seremos bendecidos en abundancia e inmensurablemente, de maneras que exceden nuestra comprensión.»

Después de la resurrección de Cristo, los Doce Apóstoles predicaron el evangelio en la ciudad de Jerusalén. El mensaje de ellos llegó al corazón de muchas personas y, tras testificar de la realidad de la resurrección del Señor, les preguntaron: «…Varones hermanos, ¿qué haremos?» (Hechos 2:37).

Desde entonces, esa misma pregunta ha salido de labios de personas de todo el mundo, personas como vosotros y como yo. A diario tenemos que tomar decisiones con respecto a nuestro bienestar físico, emocional y espiritual, así como al bienestar de los que nos rodean. Lo que decidamos hacer se basa en nuestro entendimiento de lo que es bueno y recto para nosotros y procuramos evitar dar pasos en falso y cometer errores. Anhelamos la felicidad y el bienestar.

En mi propia vida, ese anhelo de una vida mas feliz y mas plena me ha llevado a evaluar con mayor esmero lo que decido hacer cada día. Y cuando siento la mayor necesidad de contar con un principio que me guíe es cuando me encuentro en una encrucijada, ya que sin cierta orientación me siento incapaz de seguir adelante sin cejar.

Una cosa es conocer el camino y otra, seguirlo. Algunos quizá luchemos buscando principios guías, algún fundamento en el cual apoyarnos, en tanto que otros que han trazado el plan perfecto nunca hallan la motivación, ni el tiempo ni la valentía para seguirlo. De un modo u otro, nos quedamos estancados por no comprender que la verdadera felicidad proviene de la realización de nuestros planes, creencias y esperanzas.

Creo que el fundamento y la luz guía de todas nuestras decisiones es el Evangelio de Jesucristo y Su mensaje al mundo. Las enseñanzas de Cristo deben estar impresas en nuestros deseos de escoger lo bueno y de ser felices. La vida justa de nuestro Señor debe reflejarse en nuestros actos. El Señor no sólo enseña el amor: El es amor. El no sólo habló de la importancia de la fe, el arrepentimiento, el bautismo y el don del Espíritu Santo: El vivió lo que esnifen; su vida reflejó el evangelio que predicó. Hubo y hay una armonía total entre sus pensamientos y sus actos. Seguir leyendo

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El sacerdocio Aarónico: «regresemos con honor»

Conferencia General Abril 1990

El Sacerdocio Aarónico: Regresemos con honor

Robert D. HalesObispo Robert D Hales
Obispo Presidente

“Jóvenes poseedores del Sacerdocio Aarónico, sean obedientes y ejerciten el libre albedrío con dignidad Sean dignos y prepárense para cumplir debidamente con sus llamamientos.”


Mis queridos hermanos, agradezco la oportunidad que tengo de dirigíos la palabra esta noche, como obispo. Me gustaría decir algo acerca del Sacerdocio Aarónico. Primero, quiero decir lo que no es: No es un programa de actividades; no es un sacerdocio en el que se avance por la edad sino por dignidad. Segundo, deseo hablar de lo que es.

Los años del Sacerdocio Aarónico son un periodo de acondicionamiento en nuestra vida en los que nos preparamos, en esta etapa terrenal, para ser dignos de regresar con honor a la presencia de nuestro Padre Celestial.

No recordamos que una vez vivimos con nuestro Padre Celestial y Jesucristo, ni que es muy posible que hayamos asistido a reuniones como esta, donde se nos explicó el plan que nuestro Padre tenia para nosotros. No recordamos que Lucifer, un hijo de Dios el Padre, un hermano de Jesucristo, se rebeló en contra del plan de Dios y, en su rebeldía, prometió que nos salvaría a todos. Pero el nos habría quitado nuestro libre albedrío, o sea, la libertad de tomar decisiones. No podemos recordar que su plan no fue aceptado porque, al no tener la libertad de escoger por nosotros mismos, no habría habido necesidad de venir a este periodo de probación; no habríamos tenido la oportunidad de experimentar la oposición ni el arrepentimiento. No habríamos aprendido a obedecer.

No seguimos a Lucifer porque, de haberlo hecho, nunca habríamos podido progresar en la tierra con la meta de regresar a la presencia de nuestro Padre Celestial.

Todos los habitantes de la tierra escogimos venir a esta etapa de probación mortal, la cual Alma describe como un estado de preparación.

Si comprendemos estos conceptos, veremos las decisiones importantes que tengamos que tomar con una perspectiva eterna.

Cuando era joven, tuve la oportunidad de estar en las Fuerzas Armadas; era piloto de aviones de combate. Para motivarnos, todas las unidades de nuestro escuadrón tenían un lema. El de nuestra unidad, que estaba en un costado del avión, era: “Regresar con honor”, y era un recordatorio de nuestra determinación de volver a la base con honor, sólo después de haber hecho todo lo posible por completar con éxito todos los aspectos de nuestra misión. Seguir leyendo

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El que persevera hasta el fin

Conferencia General Abril 1990
El que persevera hasta el fin
por el élder Neal A. Maxwell
del Quórum de los Doce Apóstoles

«La verdadera perseverancia no representa solamente el paso del tiempo, sino el peso del alma.»

Deseo agregar personalmente una bienvenida a los hermanos y a las hermanas a quienes hemos sostenido hoy. Lo que pasó hoy no habría ocurrido si no os hubierais casado tan bien espiritualmente hace ya muchos años.

En una de las raras ocasiones en que la voz misma de Dios se oyó, el Padre testificó diciendo: «Si, las palabras de mi Amado son verdaderas y fieles. Aquel que persevere hasta el fin, este será salvo» (2 Nefi 31:15). Entre todo lo que el Padre podía decir, ¿por que hizo hincapié en la perseverancia?

Primero, porque Dios ha dicho repetidamente que organizaría la vida terrenal para que fuera una experiencia de probación (véase Abraham 3:25; Mosíah 23:21). Hermanos, El ha cumplido su promesa y ha llevado a cabo su voluntad divina, ¿verdad? Por este motivo, como dijo Pedro, aun el «fuego de prueba» no debe parecernos una «cosa extraña» (1 Pedro 4:12). De ahí que el perseverar es vital y aquellos que perseveren hasta el ultimo serán los primeros espiritualmente.

Al tomar sobre nosotros el yugo de Jesús y perseverar, aprendemos mas a fondo sobre El, y particularmente a ser como El (Mateo 11:29). Aun cuando nuestras experiencias son ínfimas comparadas con las suyas, el proceso es el mismo.

En la vida son muchos los problemas que tenemos que soportar, como las enfermedades, la injusticia, la insensibilidad, la pobreza, la soledad, la indiferencia, los equívocos y las malas interpretaciones y, a veces, hasta los enemigos. Pablo nos recuerda que el manso y humilde Jesús, pese a ser Señor del universo, «sufrió tal contradicción de pecadores sobre si mismo» (Hebreos 12:3). Sus discípulos experimentaran variedades mas leves de esa misma oposición u hostilidad.

Nosotros tendemos a considerar sólo nuestra propia paciencia para sufrir, pero es la gran paciencia de Dios lo que nos da la oportunidad de mejorar, permitiéndonos el espacio y el tiempo que son tan imprescindibles para que lo logremos (Alma 42:4, 5).

Pablo dijo lo siguiente: Seguir leyendo

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El paseo en motocicleta

Conferencia General Abril 1990logo 4
El paseo en motocicleta
por el élder Kenneth Johnson
de los Setenta

Kenneth Johnson“Ese día tome la determinación de que nunca más dejaría que nadie ejerciera control sobre mi.”

Se que esta vida es la época en que el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios, pero nunca pense que tan pronto iba a estar tan cerca.

Al meditar acerca de este nuevo llamamiento, no puedo menos que pensar en mis amigos, los hombres jóvenes de la Iglesia. Me acuerdo de que hace unos pocos años, cuando yo tenia dieciséis y era aprendiz en una imprenta, uno de mis compañeros, otro aprendiz, estaba fascinado con las motocicletas. En aquella época sólo había motocicletas británicas, y el tenia una con un motor muy poderoso.

Un soleado día de verano me dijo:

-¿Te gustaría ir a dar una vuelta conmigo en la moto?-lo que me pareció una buena idea.

En aquel entonces no se usaba ropa especial para protegerse del frío, así que, usando vestimenta muy liviana, pase a ser el pasajero de su motocicleta. Mi amigo recorrió las calles serpenteantes de Norwich [Inglaterra], hasta que llegamos a una calle recta y larga. Inclinándose hacia atrás me preguntó:

-¿Has ido alguna vez a más de ciento cincuenta kilómetros por hora?
-¡No!-le conteste.
-Bueno, pues ¡apróntate!-me dijo.
-¡No! ¡No es necesario!-exclamé.

Pero comenzó a acelerar la motocicleta y la maquina avanzó rugiente. Cuando pasamos los ciento cincuenta kilómetros por hora, sentí que el viento me golpeaba con fuerza en la cara y me agitaba violentamente la ropa. Ese día tome la determinación de que nunca mas dejaría que nadie ejerciera control sobre mi. Seguir leyendo

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El guarda de mi hermano

Conferencia General Abril 1990logo 4
El guarda de mi hermano
por el presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson«Nuestro servicio al prójimo tal vez no sea tan espectacular, pero podemos fortalecer el espíritu humano, arropar cuerpos fríos, alimentar al hambriento, consolar a los acongojados y elevar almas preciosas a nuevas alturas.»

La Santa Biblia es una fuente de inspiración para mi. Este sagrado libro ha inspirado a la humanidad y motivado a sus lectores a vivir los mandamientos de Dios y a amarse los unos a los otros. Se imprime en grandes números, se ha traducido en mas idiomas y ha llegado al corazón de mas hombres que ningún otro libro.

En particular, me gusta leer, del libro de Génesis, el relato que describe la creación del mundo. Meditad en la poderosa declaración: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios…» (Génesis 1:27-28.)

El gozo se transforma en tristeza cuando nos enteramos de la trágica muerte de Abel por mano de su hermano Caín. En este breve versículo se encuentran capítulos de asesoramiento, lecciones para vivir y dirección de Dios: «Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde esta Abel tu hermano? Y el respondió: No se. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?» (Génesis 4:9.)

Estas dos significativas preguntas se hacen y se contestan en temas que se enseñan en las Escrituras. Uno de estos ejemplos se encuentra en la vida de José y sus hermanos. Como recordareis, José fue grandemente favorecido de su padre, Jacob, lo cual ocasionó celos y amargura por parte de sus hermanos. Estos siguieron el plan que habían tomado para matarlo, poniéndolo en un pozo sin alimento y sin agua para subsistir. Al ver que llegaba una caravana de mercaderes, los hermanos de José decidieron venderlo en lugar de matarlo. Por veinte monedas de plata lo sacaron del pozo y mas tarde fue a parar a la casa de Potifar, en la tierra de Egipto. Allí, prosperó porque «Jehová estaba con José» (Génesis 39:2).

Después de los años de abundancia, siguieron los años de escasez. Durante este ultimo periodo, cuando los hermanos de José llegaron a Egipto para comprar maíz, fueron bendecidos por este hombre tan favorecido en Egipto, o sea, su propio hermano. José muy bien hubiera negociado en forma severa debido al cruel y terrible trato que de ellos había recibido. Sin embargo, fue bondadoso y gentil y se ganó su confianza y apoyo con estas palabras y hechos: «Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios… Seguir leyendo

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El gozo máximo

Conferencia General Abril 1990logo 4
El gozo máximo
por el élder Clinton L Cutler
de los Setenta

Clinton L Cutler«Me siento lleno de gratitud hacia ese Padre amoroso, el Padre de todos nosotros, que está con los brazos extendidos, animándonos y pidiéndonos que regresemos a El y a su Hijo amado, nuestro Salvador.»

Mis queridos hermanos, en los últimos días mis recuerdos se han remontado al pasado. Cuarenta y siete años atrás, los miembros de mi quórum y yo tomamos un autobús especial para venir, desde Midvale, a este sagrado edificio, con el fin de asistir a la conferencia general. Era la época de la Segunda Guerra Mundial, y si llegábamos diez minutos antes de que comenzara la sesión, podíamos encontrar asientos disponibles sin ningún problema. Recuerdo cómo me sentía en aquellos años en que las Autoridades Generales no subían al estrado por la parte de atrás, sino que entraban por el lado opuesto del Tabernáculo y avanzaban por los pasillos. Recuerdo que un domingo en que estabamos esperando fuera, un hombre grande y alto entró por el portón del lado este de la Manzana del Templo. Era el presidente George Albert Smith, que en ese entonces era el Presidente del Consejo de los Doce, y se dirigió a nosotros y nos habló mientras nos palmeaba el hombro. No he olvidado lo que sentí al ver que un Apóstol del Señor se detenía para conversar con cuatro diáconos provenientes de granjas.

Al refrescar la memoria de todos esos años, me he percatado de los muchos milagros que han ocurrido en mi vida y de los cuales he sido testigo. Me siento lleno de gratitud hacia ese Padre amoroso, el Padre de todos nosotros, que esta con los brazos extendidos, animándonos y pidiéndonos que regresemos a El y a su Hijo amado, nuestro Salvador.

Pienso en todas esas almas escogidas: Mi madre, que a los ochenta y un años de edad es todavía quien establece el ritmo familiar poniendo el ejemplo que sus hijos siguen; pienso en los maestros, los asesores y en muchas otras personas queridas con quienes me he vinculado en el correr de todos estos años. Seguir leyendo

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El evangelio llenará la tierra

Conferencia General Abril 1990

El evangelio llenará la tierra

por el élder David B. Haight
del Quórum de los Doce Apóstoles

«Declaramos con todo solemnidad que el Señor está preparando a las naciones de la tierra pera recibir la verdad que El desea que tengan.»


Acabamos de tener el privilegio de levantar la mano para sostener con afecto a Ezra Taft Benson como Profeta de Dios; a sus inspirados consejeros y a los miembros del Quórum de los Doce Apóstoles como profetas, videntes y reveladores, así como a las demás Autoridades Generales de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. Y. por supuesto, aprobamos los cambios que se han hecho en las organizaciones auxiliares. También hemos escuchado el informe estadístico que muestra nuestro crecimiento en todo el mundo con su influencia estabilizadora, producto de la inspirada doctrina y normas de la Iglesia.

En un artículo que leí, un erudito, que no es Santo de los Ultimos Días, da una opinión original e interesante de esta Iglesia y del crecimiento inesperado que ha logrado desde su restauración, hace 160 años. Lo describe como un milagro y un acontecimiento sin precedentes. (Rodney Stark, «The Rise of a New World Faith», Review of Religious Research, Vol. 26, N° 1, Sept. de 1984, pág. 18.)

En 1842, el profeta José Smith, contestando una pregunta del editor de un periódico de Chicago, hizo esta profética declaración:

«…la verdad de Dios seguirá adelante valerosa… hasta que haya penetrado en todo continente, visitado toda región, abarcado todo país y resonado en todo oído, hasta que se cumplan los propósitos de Dios, y el gran Jehová diga que la obra esta concluida.» (Lecciones para el seminario de preparación para el templo, pág. 32.)

Durante un periodo de semanas, hemos presenciado cambios fenomenales en el mundo, en particular en el bloque comunista, cambios que los creyentes atribuyen al Todopoderoso, los cuales ha realizado para alcanzar sus gloriosos fines de llenar la tierra con el conocimiento de Jesucristo. Los muros se han derribado, los portales se han abierto y millones de voces entonan unísonas el son de la libertad. Gozamos de la aurora de un hermoso día. Seguir leyendo

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Como encontrar el camino de regreso

Conferencia General Abril 1990

Cómo encontrar el camino de regreso

Elder Richard G. Scottpor el élder Richard G. Scott
del Quórum de los Doce Apóstoles

«El camino de regreso no es tan difícil como te perece ahora. Satanás quiere hacerte creer que es imposible; pero eso no es verdad. El Salvador dio su vida para que tu puedas vencer completamente los problemas que enfrentas»

El propósito de mi mensaje es ayudar a muchos de vosotros a encontrar la vida que queréis tener, no la que vivís ahora.

Te hablo a ti, que estas atrapado en un estilo de vida que no disfrutas ni quieres. Tal vez públicamente afirmes que estas muy bien y rechaces los esfuerzos de otros por ayudarte diciendo que sabes bien lo que haces y que puedes arreglártelas solo. Pero cuando estas a solas, te sientes desdichado, desamparado y a veces con temor; evitas pensar demasiado en lo que estas haciendo; te parece que las paredes te aprisionan; te inducen apetitos que brindan momentáneo placer físico, pero que están seguidos de periodos de profunda depresión. Permíteme ayudarte mientras razonamos juntos.

No es necesario especificar tu problema para ayudarte a vencerlo. Sea cual sea, si viola los mandamientos del Señor, proviene de Satanás; y, si tu aplicas principios justos, el Señor puede vencer toda la influencia de Satanás.

Créeme, el camino de regreso no es tan difícil como te parece ahora. Satanás quiere hacerte creer que es imposible; pero eso no es verdad. El Salvador dio su vida para que tu puedas vencer completamente los problemas que enfrentas (2 Nefi 2:6-8).

Cuando alguien menciona los errores que cometes, ¿tiendes a mentir sobre ellos, a hacerlos parecer mucho mas leves de lo que en verdad son? ¿Admites sólo lo que se ve, tratando de ocultar a los demás lo mala que es realmente tu situación? Y lo peor de todo, ¿te mientes a ti mismo, haciendo de cuenta que todo esta bien cuando no es así? Esa actitud te priva de la ayuda que necesitas y es una puerta abierta a problemas peores.

Quizás tengas miedo cuando eres sincero contigo mismo. Hay muchas razones; una es que cambiar te exige seguir un camino desconocido, angosto y cuesta arriba; el otro parece agradable y fácil, pero lleva al pesar. Ninguno de tus compañeros de error te ayudara cuesta arriba, pues sólo piensan en si mismos. Tu sabes que la consecuencia de seguir el otro camino es la infelicidad, el fracaso, la desilusión y un temor mayor. Tus amigos no te quieren, sino que te usan para sus fines. ¡No los escuches!

Lucifer hará lo posible por tenerte cautivo; ya conoces su estrategia. El te susurra:

«Nadie sabrá.» «¡Sólo una vez mas!»

«No puedes cambiar; ya lo intentaste y no pudiste.» «Es demasiado tarde; has ido muy lejos ya.» No permitas que el te desaliente.

Cuando tomas el camino en subida, ese camino mas difícil del Salvador, encuentras recompensas en el. Al hacer algo bueno, al resistir la tentación, al alcanzar una meta, te sientes muy bien. Es un sentimiento muy diferente del que tienes cuando violas los mandamientos, totalmente diferente. Te brinda una sensación de paz y tranquilidad y el animo para seguir esforzándote.

Al orar para pedir ayuda, el Señor pondrá en tu camino lideres del sacerdocio que te aconsejen y amigos que te den apoyo si tu se lo permites. Pero recuerda que ellos sólo pueden ayudar si tu sigues las reglas que Cristo ha establecido (Alma 3:17-20); para que el mejoramiento sea duradero, tendrá que provenir de tu propia determinación de cambiar.

Si fuera posible hacerte el camino muy fácil, tu fortaleza no aumentaría; si siempre se te perdonara cada uno de los errores que cometes, sin esfuerzo alguno de tu parte, nunca recibiríais las bendiciones del arrepentimiento; si se hiciera todo por ti, no aprenderías a esforzarte, a tener confianza en ti mismo, a lograr el poder de cambiar.

Para liberarte de la transgresión, debes tener una fe sincera, arrepentirte de verdad, obedecer de buena gana y dar de ti.

¿Y por que debes dar de ti? Porque el egoísmo es la raíz de tu problema. Cuando florecen el egoísmo y la transgresión, el Espíritu del Señor no puede entrar en tu vida para bendecirte. Por lo tanto, a fin de lograr esto, debes vencer ese egoísmo. El enfocar en ti mismo tu faro sólo puede cegarte; pero si lo enfocas en los demás mediante actos de bondad y amor, iluminará tu camino hacia la paz y la felicidad.

El ejercer la fe te permite pedir fortaleza al Señor cuando la necesites; el obedecer sus mandamientos hará que El te de esa ayuda. Y por haber obedecido fielmente sus mandamientos, el poder de Dios estará contigo.

No vivas en la desolación, con lastima de ti mismo, por los errores que has cometido. Deja entrar la luz en tu vida, decidiéndote ahora a hacer lo justo (1 Nefi 22:26).

Quizás te sea difícil empezar, pero toma las Escrituras y húndete en ellas; busca tus pasajes favoritos; apóyate en las enseñanzas del Maestro, en el testimonio de sus siervos; refresca con la palabra de Dios tu alma reseca (véase 2 Nefi 4:15-16). Las Escrituras te darán consuelo y la fortaleza para vencer (véase Helamán 3:29-30).

Si has enredado tu vida y la has convertido en un lío de nudos, recuerda que eso llevó tiempo; no es lógico que pretendas desenredarla de una sola vez. Empieza haciéndolo nudo por nudo, decisión por decisión, y asegúrate de que, al desatarlos, la transgresión no forme otros nuevos.

Este ejemplo ilustra cómo puedes vencer el mal habito.

Imagina que vas manejando un auto y un niñito se te cruza en el camino. ¿Que harías? Si analizas atentamente cada uno de los pasos que seguirías, aprenderás a vencer tu mal habito:

  • Primero, tu mente tiene que decidir parar; no puede pasar nada hasta tomar esa decisión.
  • Luego, tienes que sacar el pie del acelerador. ¿Cómo detendrías el auto con un pie en el acelerador y el otro en el freno?
  • Por fin, aplicas el freno con firmeza.

Para vencer tu arraigado habito, puedes seguir el mismo patrón. Toma la decisión de parar de hacer lo malo; luego examina tu vida buscando todo lo que alimente ese habito como los malos pensamientos, el ambiente inmoral, los compañeros de error, etc.; sistemáticamente elimina o vence todo lo que contribuya a ese aspecto negativo de tu vida. Después, decídete a detener para siempre todo lo negativo.

Debes reconocer que pasaras por dos periodos de transición; el primero es el mas difícil: estarás enjaulando al tigre que ha controlado tu vida; sacudirá la jaula, rugirá, te amenazara y te causará algo de desazón. Pero te prometo que ese periodo pasara; su duración depende de la seriedad de tu transgresión, de lo fuerte que sea tu determinación y de la ayuda que busques del Señor. Pero recuerda que si te mantienes firme, pasara.

El segundo periodo no es tan intenso; es como estar «en guardia» para poder rechazar el ataque del enemigo. Eso también pasara, sentirás mas paz y tendrás mas dominio de tu vida. Y serás libre.

Una vez, tenla una cinta de medir que no funcionaba y decidí arreglarla. Empecé a quitar la lámina que la cubría de un lado para mirar adentro y al momento vi que estaba en aprietos; de pronto todo el mecanismo se desarmó en mis manos y volaron cinta y resortes en todas direcciones. Los esfuerzos que hice por armarla fueron frustrantes; me lastimaba. Estaba a punto de tirarla irritado, cuando pense: Alguien la diseñó. Si descubro los principios que la hacen funcionar, la arreglaré. Con mas paciencia examine el resorte principal y vi que si lo enroscaba de cierta manera, en lugar de forzarlo y quejarme, cedía fácilmente. Poco después lo había enroscado y colocado cuidadosamente en su lugar, había puesto la cinta y la cubierta, y funcionó perfectamente.

Lo mismo te pasa a ti. Cuando, por violar las leyes de Dios, cesas de funcionar debidamente, la fuerza y la compulsión no tendrán efecto en ti. Debes tratar de entender el plan del Diseñador y, al seguirlo, serás mas dócil; entonces se te podrá «reparar» mas fácilmente y funcionaras bien otra vez bajo la divina influencia de El.

El sobreponerse a una transgresión grave sigue un modelo de conducta: Primero, y lo mas difícil, es la lucha interna, el conflicto de sentimientos, la angustia de saberse descubierto, la preocupación del impacto que pueda tener en los demás y el miedo a lo desconocido; esta lucha se ve prolongada por la indecisión, lo que trae como consecuencia mas dolor y mas daño. Pero la puedes acortar tomando la firme determinación de purificar tu vida ahora, ahora mismo. Una vez tomada esa, seguirán otras decisiones y acciones, ninguna de las cuales es abrumadora; pero todas juntas mataran al monstruo que te ha dominado.

Lo mas difícil del cambio es tomar la decisión inalterable de efectuarlo y, si se requiere, pedirle ayuda al obispo. Después de ese comienzo, hallaras mas fácil de lo que creías el resto del camino. Unos días son mas difíciles que otros, pero el proceso se facilita porque, por la forma en que has empleado tu albedrío, mereces la ayuda del Señor y El magnífica tus esfuerzos (Omni 1:26).

Fíjate objetivos específicos y muévete hacia ellos en forma continua. Un timón no puede controlar una embarcación a la deriva, sino que esta debe estar en movimiento; así también tu tienes que moverte para poder controlar tu vida.

Satanás quiere que te justifiques, esto es, que tuerzas la verdad hasta darle una forma que parezca respaldar tu desviación de ella. El justificarte te conduce a callejones sin salida, te quita poder espiritual, te obstruye el camino a la felicidad, porque deforma tu comprensión de la verdad. Vence los justificativos con la verdad y con decisiones positivas. Con el tiempo, estas formaran un carácter que resistirá la influencia corrosiva que tratas de vencer.

Una vez decidido el cambio, cuando descubras que puedes traicionar tu promesa sin que nadie se entere, ¡no lo hagas! Eso destruir tu confianza en ti mismo y debilitara la que otros tengan en ti, desanimando a los que quieran ayudarte. No hay nada de bueno en que te traiciones a ti mismo desobedeciendo la confianza que se haya depositado en tu persona; de esa manera, dejan de existir el sostén y la fortaleza que la obediencia te brindaría.

A fin de alcanzar una meta a la que nunca has llegado, tendrás que hacer cosas que nunca has hecho.

No intentes enfrentar tu problema solamente con las armas de tu experiencia, tu comprensión y tu fortaleza; apóyate en el infinito poder del Señor decidiéndote ahora a obedecer sus enseñanzas (2 Nefi 31:19-21).

Si te parece que tus seres queridos son indiferentes, es porque ellos no saben que hacer; tu has rechazado los intentos que han hecho de ayudarte; no has querido ayuda. Pero, vuélvete a ellos con confianza; pídeles apoyo en tus esfuerzos sinceros por cambiar; demuéstrales que ahora es diferente, porque actuaras como el Señor quiere.

A medida que progreses en el camino de regreso, descubrirás en ti sentimientos que desde hace mucho tiempo no experimentabas: preocupación por los demás, amor abnegado, deseos de estar cerca de tus seres queridos, autorrespeto y confianza en ti mismo; todos ellos son evidencia de progreso, como si fueran una luz que aumenta al acercarse a la salida de un túnel.

¡Cómo quisiera substituir tus dudas con mi certeza! Pero esto es algo que no puedo darte. Puedo en cambio hacerte una invitación: Te ruego que te decidas ahora a arrepentirte y cambiar. Y te prometo, en el nombre del Señor, que El te ayudará. El estará contigo en todo momento en que lo necesites. El dio su vida para que tu puedas cambiar la tuya. Te prometo que sentirás su amor, su fortaleza, su sostén. Confía en El completamente. El no comete errores; El sabe lo que hace. Te ruego, decídete ahora a cambiar tu modo de vivir. Se obediente a sus enseñanzas y El te bendecirá. Te prometo que te bendecirá, en el nombre de Jesucristo. Amen.

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Bienaventurados los misericordiosos. . .

Conferencia General Abril 1990

Bienaventurados los misericordiosos. . .

por el presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

«La misericordia constituye la esencia misma del Evangelio de Jesucristo. El grado al cual la manifestemos reflejará si somos realmente discípulos de nuestro Señor y Maestro.»

Mis hermanos y hermanas, comprendo la Imponente responsabilidad de dirigiros la palabra en esta gran conferencia. Decenas de miles de vosotros estáis escuchando con gran expectación tanto aquí en el Tabernáculo como en vuestra casa y en mas de dos mil edificios de la Iglesia. Quisiera decir para comenzar que os amo como mis hermanos y hermanas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. Os amo por vuestra fe y por vuestra fidelidad. Os amo por vuestra integridad. Os amo por vuestro anhelo de vivir como el Señor desea que viváis y por el esfuerzo que hacéis por lograrlo.

Se que muchos de vosotros sobrelleváis cargas muy pesadas. Se que muchos de vosotros vivís bajo extremados apremios y tensión. Se que estáis deseosos de hacer lo bueno y que oráis y os esforzáis por hacerlo. También se que ninguno de nosotros ha alcanzado la perfección que se nos ha amonestado a buscar; por lo tanto, y sólo con el deseo de animar, me tomo la libertad de tratar un tema que me parece se aplica a todos nosotros; proviene del sermón que Jesús dio a la multitud congregada en el monte: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzaran misericordia» (Mateo 5:7).

Vivimos en un mundo donde reinan la aspereza y el rigor. Vivimos en un mundo lleno de hostilidad, mal genio y maldad. Por la naturaleza humana, muchísimos se inclinan a actuar con absoluto egoísmo sin importarles el daño que causen a los demás.

Un día conversé con una joven madre a la que su marido había abandonado. Con muy poca preparación, procuraba ganarse la vida para mantener a sus hijos. Angustiada y desalentada, con lagrimas en los ojos, me dijo: «El mundo laboral es muy cruel; en el, no se conoce la misericordia».

¡Que divina cualidad es la misericordia! Esta no puede disponerse por la ley, ya que debe salir del corazón; tiene que brotar del alma. La misericordia es parte de lo que hemos recibido como hijos de Dios y partícipes del linaje divino. Suplico que todos nos esforcemos mucho mas por dar mas amplia expresión y extensión a ese instinto que poseemos. Estoy convencido de que llegara la ocasión, quizá muchas ocasiones, en que tendremos que clamar pidiendo misericordia a otras personas. ¿Cómo podremos esperar recibirla si nosotros mismos no hemos sido misericordiosos? Seguir leyendo

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Ayudemos a otros a obtener un testimonio

Conferencia General Abril 1990logo 4
Ayudemos a otros a obtener un testimonio
por el élder H. Burke Peterson
de los Setenta

H. Burke Peterson«Para ayudar a los demás hay que valerse del amor, los comentarios positivos y la paciencia. En las relaciones en que se perdona y se olvidan los errores, abundan los momentos felices y la confianza mutua.»

Mis hermanos y hermanas, soy consciente de que muchos de vosotros estáis luchando por mantener la fe y el testimonio. Algunos hasta habéis dejado de lado lo espiritual porque estáis cansados de la batalla. Ruego que el Espíritu me guíe para ayudaros.

Aproximadamente treinta o cuarenta años antes del nacimiento de nuestro Salvador, un padre sabio, Helamán, llamó a sus hijos Nefi y Lehi para darles consejos:

«Y ahora recordad, hijos míos, recordad que es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, que debéis establecer vuestro fundamento, para que cuando el diablo lance sus impetuosos vientos… cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azoten, esto no tenga poder para arrastraros…» (Helamán 5:12, cursiva agregada.)

En otras palabras, les dijo que si seguían la senda correcta y tenían un testimonio de la divinidad del Señor Jesucristo, no tendrían que pasar por ninguna prueba que no pudieran vencer.

A medida que edificamos esa base segura, me temo que algunos de nosotros nos hayamos olvidado de nuestro deber de ayudarnos unos a otros a lograrlo.

Muchas veces podemos forzar o intimidar a otros a ser obedientes. Otras veces hasta podemos hacer cambiar a alguien de opinión. Pero no tenemos la capacidad de forzar lo que se arraiga en el corazón.

No podemos forzar el amor, el respeto ni la admiración; ni tampoco la fe ni el testimonio de la verdad.

Aunque no podamos forzar esas cosas que son las mas importantes, hay algo que podemos hacer unos por otros: podemos preparar el corazón de las personas para que obtengan un testimonio duradero de que Jesucristo es el Salvador del mundo.

Este concepto de primero ablandar el corazón de los que nos rodean se aplica a muchas relaciones como la de amigos, la de vecinos, la de compañeros de trabajo; como también la matrimonial y la de padres e hijos. Examinemos algunas formas de nutrir el corazón para que el testimonio se arraigue y crezca. Seguir leyendo

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