Cuál es la diferencia?

Conferencia General Octubre 1985logo 4
¿Cuál es la diferencia?
élder Derek A. Cuthbert
del Primer Quórum de los Setenta

Derek A. CuthbertDiez preguntas acerca de las características de la Iglesia del Señor.

Hace mas de mil novecientos años, al escribirles a los santos de Efeso, el apóstol Pablo declaró: «Un Señor, una fe, un bautismo» (Efesios 4:5). ¡Cuanto nos hemos apartado desde entonces, pues en la actualidad existen mas de mil iglesias distintas que profesan ser cristianas !

Durante mis primeros veinticuatro años de vida, fui miembro activo de una de esas iglesias cristianas; no obstante, tenia muchas dudas, por lo que escuche a los jóvenes misioneros mormones cuando tocaron a nuestra puerta en Inglaterra. Hay millones de personas que sienten dudas similares a las mías, son miembros de alguna Iglesia, pero no tienen una comprensión clara de las enseñanzas del Salvador .

Por ello, quisiera sugerir diez preguntas que los miembros de cualquier iglesia podrían hacerles a nuestros misioneros o, de hecho, a cualquier Santo de los Ultimos Días. Mi vida y la de mi esposa cambiaron cuando nos reunimos con los misioneros, les hicimos preguntas y oramos para conocer la verdad

Pregunta numero uno: ¿Por que no nos habla Dios en la actualidad ? Mi esposa y yo éramos adolescentes durante la época de la Segunda Guerra Mundial y esta pregunta acudía con frecuencia a nuestra mente. Sentíamos una fuerte necesidad de tener la guía del Señor en aquel entonces, tal como la sentimos en estos tiempos tan difíciles y peligrosos. En los tiempos antiguos, el Señor declaró por boca del profeta Amós: «Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas». (Amós 3:7.) Yo nunca pense que hubieran cesado las revelaciones solamente porque las que ya se habían recibido se habían publicado en un libro, la Santa Biblia.

Cinco años después de terminar la guerra recibí la respuesta. Dios habla de nuevo mediante sus profetas, y otra vez se recibe revelación de los cielos. Mientras nos enseñaban los misioneros, estas y muchas otras verdades maravillosas nos iluminaron la mente y elevaron nuestra alma. Que emocionante es comprender que vivimos en los últimos días, «los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo». (Hechos 3:21.) Que maravilloso es aprender que existe otro tomo de Escrituras, el Libro de Mormón, que fue revelado mediante un profeta de los últimos días como otro testamento de Jesucristo . Seguir leyendo

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Como yo os he amado

Conferencia General Octubre 1985logo 4
«Como yo os he amado»
élder Robert L. Backman
del Primer Quórum de los Setenta

Robert L. Backman«El tomar de la mano a otro, con peligro de perder la propia popularidad, requiere bastante madurez y un amor semejante al de Cristo.»

Fern asistía a la escuela secundaria de un insignificante pueblo. Era una de esas chicas que no llaman mucho la atención, una estudiante común y corriente, un nombre mas en la lista de asistencia; su familia era pobre y vivían en las afueras del pueblo. No formaba parte del «grupo» y las únicas veces en que se mencionaba su nombre era en esa forma burlona y sarcástica que parece jocosa cuando se es joven, inseguro y se siente la necesidad de poner a alguien en ridículo para aliviar las propias presiones. Su nombre llegó a ser sinónimo de cosa tonta o pasada de moda; cualquier cosa que fuera inaceptable o ridícula los estudiantes decían que era una «fernada».

Los jóvenes pueden ser muy crueles.

Una de las tradiciones de la escuela era reconocer al alumno que demostrara mas entusiasmo en apoyar los eventos deportivos y los equipos de la escuela. El día en que se convocó la asamblea para honrar a esa persona, como se esperaba llamaron a una de las jóvenes mas populares de la institución; ella se levantó y camino por el pasillo saludando a todos sus amigos. Pero luego sucedió un milagro. Cuando llegó al estrado dijo: «No puedo aceptar este honor. Es cierto que estimo a mis compañeros y los he apoyado en todos los eventos deportivos, pero Fern también asistió a todos los juegos. Yo venia en coche, rodeada de mis mejores amigos; ella venia a pie y sola, caminando los cuatro kilómetros desde su casa, algunas veces en la lluvia, otras entre la nieve. Y aunque estaba sola, no creo que hubiera otra persona que animara a los equipos con tanto espíritu como ella. Me gustaría nominarla como la alumna mas entusiasta de la escuela.»

Fern fue acompasada hasta el estrado y sus compañeros la colmaron de aplausos espontáneamente.

La juventud puede ser muy bondadosa.

Aquella joven es ahora una mujer madura, con el pelo veteado con hilos plateados. Le han sucedido muchas cosas que modelaron su vida, pero nada tan importante como lo que ocurrió en aquel memorable día en que fue aceptada por sus compañeros. Y hay muchos hombres y mujeres de la misma edad de Fern que no recuerdan cuantos partidos ganó o perdió el equipo aquel año; pero que nunca han olvidado el sentimiento tan cálido que tuvieron cuando se pusieron de pie y la aplaudieron en señal de bienvenida a su circulo amistoso. Seguir leyendo

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Allegaos a mí por medio de la obediencia

Conferencia General Octubre 1985logo 4
Allegaos a mí por medio de la obediencia
Barbara W. Winder
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Barbara W. Winder«Todas podemos llegar a sentir confianza y paz interior al obedecer los principios del evangelio.»

Mis queridas hermanas de todo el mundo, ¡que regocijo es reunirme con vosotras, unidas en espíritu, para aprender a acercamos a nuestro Padre Celestial y a su Hijo Jesucristo!

Hemos oído esta noche como podemos lograr eso por medio de la oración y del uso de las Escrituras. También se nos ha recordado que al participar de la Santa Cena cada domingo, nuestra mente y corazón deben llenarse con el anhelo de «recordarle» y «guardar sus mandamientos ‘ (D. y C 20:77). Mas adelante en esa oración, tenemos la promesa: «para que siempre puedan tener su Espíritu consigo» (D. y C. 20:77).

Desde el principio mismo, Dios ha enseñado a sus hijos que las bendiciones son el fruto de la obediencia. Cuando dio sus estatutos en el monte Sinaí para guiar a Israel, el Señor dijo que El hace misericordia a los que guardan sus mandamientos (véase Exodo 20:6). En Deuteronomio se nos dice que el Señor nos da mandamientos «para que nos vaya bien todos los días». (Deut. 6:24; cursiva agregada. )

El rey Benjamin, en su discurso de despedida tras una larga vida de servicio y experiencia, dijo: «Si guardáis sus mandamientos, el os bendice» (Mosíah 2:22).

Todas podemos llegar a sentir confianza y paz interior al obedecer los principios del evangelio.

Hace varios años, nuestra hija recién casada y su marido iniciaron una serie de traslados por estudios posgraduados, primer trabajo, etcétera. Esos traslados fueron a diversos puntos del país. Aunque en cada sitio el clima y las condiciones del terreno eran diferentes, ellos tomaron la resolución de seguir los consejos del Profeta y cultivar un huerto. Sus primeras tentativas fueron desalentadoras, ya que las hierbas prosperaban mucho mas que las hortalizas, pero lo hacían por obediencia. Con constancia y esfuerzo, cada año el huerto mejoraba mas; aprendieron nuevas técnicas y se volvieron mas diestros. Al llegar los hijos a su hogar, les enseñaban a trabajar y a cumplir deberes en el cuidado del huerto, el cual es ahora un bonito proyecto de «supervivencia» que bien vale la pena, y cuyos productos la familia disfruta y comparte con los demás; conservan el excedente para uso ulterior. Además de las lecciones practicas aprendidas, hallaron paz y seguridad al guardar los mandamientos. Sin duda, para ellos se cumplió la promesa: la exhortación del Profeta ha sido «para que les vaya bien todos los días» (Deut 6:24). Seguir leyendo

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Allegaos a mi

Conferencia General Octubre 1985logo 4
«Allegaos a mí»
élder J. Thomas Fyans
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

J. Thomas FyansPodemos acercarnos a nuestro Padre Celestial si buscamos conocerlo a través del estudio, si pedimos su ayuda mediante la oración y si llamamos a su puerta mediante la obediencia.

Y un niño los pastoreara» (Isaías 11:6). ¿Podéis imaginaros el gozo que siente nuestro Padre Celestial cuando nos acercamos a El con la tierna fe de un niño pequeño y aceptamos el amor que tiene para cada uno de nosotros’? El desea que nos alleguemos a El y nos ha prometido que estará allí para darnos la bienvenida. En Doctrina y Convenios dijo: «Allegaos a mi, y yo me allegare a vosotros» (D. y C 88:63) Esta es una invitación que nos extiende nuestro Padre Celestial de compartir las maravillosas bendiciones que tiene para nosotros. Después nos da instrucciones explícitas respecto a la manera de encontrarlo. «Buscadme diligentemente, y me hallareis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá.» (D. y C. 88:63; cursiva agregada. ) Buscad, pedid y llamad .

Con estas instrucciones, nos ha bosquejado los pasos que debemos seguir para acercarnos a El . Lo buscamos a través del estudio de las Escrituras y al escuchar a sus profetas, y así es como aprendemos de El y del eterno plan que tiene para nosotros. Pedimos mediante la oración y recibimos la guía de su Espíritu. Y al llamar, se nos abre la puerta para obtener la vida eterna y regresar a la presencia del Señor mediante la obediencia a sus mandamientos.

Si de la noche obscura nos llegan sinfonías preciosas por la radio emitidas

Si notas frágiles de un violín a través de mares anchos nos vienen transmitidas,

Si del espacio inmenso escuchamos enajenados tan maravillosa composición,

¿Por que, pues, dudan los hombres de que Dios pueda oír nuestra simple oración?

(Ethel Romig Fuller, «Proof», Masterpieces of Religious Verse [Harper and Brothersl. 1948, New York. pág 407.)

El Salvador nos ha prometido: «Cualquier cosa que le pidáis al Padre en mi nombre os será dada, si es para vuestro bien» (D. y C. 88:64). Seguir leyendo

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Allegaos a él en oración

Conferencia General Octubre 1985logo 4
Allegaos a él en oración
Dwan J. Young
Presidenta General de la Primaria

Dwan J. YoungPodemos orar eficazmente al prepararnos, sentir agradecimiento, buscar la ayuda de nuestro Padre Celestial y hacerlo en el nombre de Jesucristo, nuestro intercesor ante el Padre.

Gracias, jovencitas, por esa canción tan hermosa. Lo que habéis cantado me hace pensar en una oraciónCy cantar himnos es como si se orara, una forma de acercarnos a nuestro Padre Celestial.

Y es acerca de la oración que deseo hablaros esta noche. Nuestro Padre Celestial ha dicho: «Allegaos a mi, y yo me allegare a vosotros». (D. y C. 88:63.) La forma de allegarnos a nuestro Padre es hablar con El, y a eso le llamamos «oración». Hablamos con nuestro Padre en los cielos de manera muy similar a la que hablaríamos con nuestro padre aquí en la tierra, a quien queremos y respetamos.

¿Os asusta hablar con vuestro Padre Celestial? No debería ser así. Es cierto que El es poderoso, mucho mas de lo que podemos imaginar. Pero también es cierto que nos ama. . . mucho mas de lo que podemos imaginar. El nos conoce muy bien, sabe todos nuestros secretos, todos nuestros temores; y mas aun: sabe cual es el potencial de cada una. El nos conoce mejor de lo que nos conocemos nosotras mismas, y quiere lo mejor para nosotras, quiere que seamos felices y que tengamos éxito en la vida. A fin de poder ayudarnos, quiere que hablemos con El a menudo en oración humilde y reverente.

Hay quienes dicen que no saben orar, pero existen solamente cuatro pasos muy sencillos que debemos dar cuando queremos hablar con El:

El primero es prepararnos . Recordemos con quien vamos a hablar. Debemos acercarnos a El con humildad y mansedumbre, tan dispuestas a escucharlo como para hablarle. Debemos acordarnos de que el ser con quien hablamos es nuestro Padre Eterno, y arrodillarnos siempre que podamos; también nos cruzamos de brazos e inclinamos la cabeza para demostrarle que lo reverenciamos. No siempre es posible hacerlo así, a veces ni siquiera es posible cerrar los ojos al orar. Pero aun en momentos como esos, podemos tener una actitud reverente. Seguir leyendo

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Una invitación para servir

Conferencia General Abril 1985logo 4
Una invitación para servir
élder John Sonnenberg
del Primer Quórum de los Setenta

John Sonnenberg«Si hemos de llegar a ser como El, debemos actuar como El. Debemos incluso invitar a aquellos que no demuestren ningún interés en el mensaje del evangelio.»

Antes de comenzar, quisiera testificar que se que esta Iglesia es verdadera, que Jesús es el Cristo y que los lideres de esta Iglesia son profetas de Dios.

El 3 de octubre de 1984 comenzó como cualquier otro día. El sol salió e iluminó con colores otoñales nuestra región del país [el estado de Illinois], haciéndola parecer como el jardín de la nación. El día había sido un tanto tranquilo hasta que sonó el teléfono. «¿Elder Sonnenberg?» preguntó la voz, y después dijo: «Le llama la oficina de la Primera Presidencia. El presidente Hinckley desea hablar con usted».

Después de intercambiar expresiones de cortesía, me extendió la invitación de formar parte del Primer Quórum de los Setenta como Autoridad General. Ha sido y continua siendo algo abrumador para mi. El día adquirió un nuevo significado y una dimensión totalmente diferente en nuestra vida al meditar sobre el desafío y la invitación. Haré todo lo que este de mi parte por servir con todo mi corazón. Mi buena esposa, mis hijos y sus maravillosas familias ciertamente me apoyan, como siempre lo han hecho.

La vida de muchos hombres ha cambiado debido a tales invitaciones recibidas de los siervos de Dios. Manifesté mi aceptación preguntando «cuando y dónde» deseaba el Señor que sirviera.

Por todo el mundo hay hombres y mujeres que diariamente reciben la invitación de unirse a la Iglesia. El Salvador invita a todos los hombres, diciendo: «Ven, sígueme» (Luc. 18:22). El seguir a Jesús no es una invitación común y corriente. El cometido implica consecuencias sempiternas. A Pedro se le invitó a «boga[r] mar adentro» (Luc. 5:4). Había sido un pescador común, fuerte y tostado por el sol hasta el momento de recibir la invitación de echar la red para pescar (Luc. 5:4), y después nunca volvió a ser el mismo, puesto que mas que un barco sobre el tormentoso mar de Galilea, el Salvador guiaba su alma. Si, había sido un pescador común hasta que escuchó la voz de Cristo y aceptó su invitación. Seguir leyendo

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Spencer W. Kimball: Un verdadero discípulo de cristo

Conferencia General Abril 1985logo 4
Spencer W. Kimball: Un verdadero discípulo de Cristo
élder Marvin J. Ashton
del Quórum de los Doce Apóstoles

Marvin J. Ashton1«Por medio de su ejemplo, hemos aprendido a vivir una vida cristiana. El nos ha enseñado también el significado de la perseverancia.»

Cada vez que escucho la voz y las palabras del presidente Spencer W. Kimball, se reafirma en mi con gran fuerza el testimonio de que el es realmente un profeta. Al comenzar este discurso, quisiera recalcar mi testimonio de esta gran verdad. Por medio de el, hemos gozado continuamente de la bendición de ser guiados por las sendas del Señor. Por medio de su ejemplo, hemos aprendido a vivir una vida cristiana. El nos ha en se nado también el significado de la perseverancia.

Día tras día y prueba tras prueba, el presidente Kimball ha fijado sus metas y ha avanzado y se ha elevado, llegando a ser un verdadero discípulo de Cristo.

Como miembros de la Iglesia de Jesucristo, tenemos un profeta que nos ha demostrado, por medio de su diario vivir, la fórmula para lograr el éxito.

Espero que al compartir con vosotros esta noche algunas de las experiencias que he tenido al lado del presidente Kimball, pueda animar a todos nosotros a buscar la inspiración en nuestra vida para establecer nuestras propias metas.

Cuando se me ordenó Apóstol, Spencer W. Kimball era el presidente del Consejo de los Doce. Recuerdo que en esa ocasión me dijo: «Marvin, yo soy el presidente en funciones de los Doce; Harold B. Lee es el presidente de los Doce; pero mientras el siga sirviendo como consejero en la Primera Presidencia, el tiene mas antigüedad, y yo soy sólo el presidente en funciones».

Quería asegurarse de que yo entendía ese punto; siempre ha tenido mucho cuidado de nunca asumir un papel que no le corresponda. Con esto demostraba el respeto que sentía por el presidente Lee y, a la vez, me estaba enseñando. El siempre ha puesto en practica el pasaje de Mateo 23:12, que dice: «El que se humilla será enaltecido».

Después de una larga reunión en el templo, al poco tiempo que me ordenaran Apóstol, el presidente Kimball me tomó del brazo y me dijo: «¿Puede esperar unos minutos? Quisiera hablarle». Por supuesto, me quede, y cuando estuvimos solos me dijo: «No quiero que la Primera Presidencia o los demás miembros del Consejo de los Doce sepan que no me siento muy bien hoy. ¿Podría darme una bendición de salud?» Seguir leyendo

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Preparaos para servir

Conferencia General Abril 1985logo 4
Preparaos para servir
élder M. Russell Ballard
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

M. Russell Ballard«Siento un profundo impulso de llegar al corazón de todos los muchachos de la Iglesia, a fin de que cada uno pueda sentir dentro de si el deseo de ser. digno de tener el Sacerdocio de Melquisedec y salir en una misión.»

Hace quince días, en una asignación, partí de AddisAbeba, capital de Etiopía, a mas de dieciséis mil kilómetros de aquí. En cierto sentido, el mundo es pequeño; si hubiera podido volar directamente desde AddisAbeba a Salt Lake City, me habría llevado unas diecinueve horas. Sin embargo, en otros sentidos, es muy grande el mundo. En la tierra se encuentran miles de millones de hijos de nuestro Padre Celestial viviendo bajo circunstancias’ muy diferentes. La aflicción de los que viven en las zonas de sequía de Africa es terrible; el sufrimiento humano allí es indescriptible. No se todas las razones porque tiene que ser así, pero esta reciente experiencia ha dejado una profunda impresión en mi; nunca jamas seré la misma persona.

Puedo testificaros, mis hermanos, que comprendo como nunca que el gozar del privilegio de poseer el santo sacerdocio es una bendición muy apreciada. Si cada uno de vosotros, jóvenes del Sacerdocio Aarónico, hubiera estado conmigo y el hermano Glenn Pace en nuestro viaje a Etiopía, se habría llenado de deseos de honrar su llamamiento en el sacerdocio. Creo que ninguno de nosotros en esta gran reunión debe dejar de apreciar las grandes bendiciones que recibimos al poseer el sagrado sacerdocio.

Al llegar a Etiopía, había allí sólo un miembro de la Iglesia, el hermano Harry Hadlock, del estado de Washington, quien se llenó de gozo al encontrarse con dos hermanos del sacerdocio. El domingo de mañana, los tres tuvimos una reunión de testimonios, y luego, utilizando el poder del sacerdocio, bendijimos y repartimos la Santa Cena. El Espíritu del Señor estaba presente. Por el intenso deseo que sentíamos de ayudar a unos afligidos hijos de nuestro Padre, ofrecimos una oración pidiendo que lloviera sobre aquella tierra reseca. Sentimos la profunda importancia de nuestra misión; yo sabía que si le pedíamos al Señor que bendijera la tierra, los elementos responderían. Hermanos, oramos para que lloviera; y por el resto del tiempo que estuvimos en el país, llovió todos los días, en todo lugar adonde fuimos. Sentimos gratitud a nuestro Padre Celestial porque la lluvia nos atestiguó que El sabía que sus hijos, poseedores de su santo sacerdocio, atendían Sus asuntos en esa parte del mundo. Seguir leyendo

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Oídos para oír

Conferencia General Abril 1985logo 4
Oídos para oír
obispo Henry B. Eyring
Primer Consejero en el Obispado Presidente

Henry B. Eyring«Si todos estudiamos las Escrituras, oramos y aprestamos el corazón y los oídos, escucharemos la voz de Dios en la de aquellos a quienes ha enviado para enseñarnos y guiarnos.»

El viernes por la mañana el presidente Hinckley me llamó para que sirviera como consejero del obispo Hales en el Obispado Presidente. Me siento agradecido por el llamamiento y porque se que es el Salvador el que hace esos llamamientos por medio de sus siervos en Su Iglesia. También me siento agradecido por vuestro voto de sostenimiento, el cual estoy seguro se deriva de vuestra convicción de que Dios hizo el llamamiento.

Durante las reuniones de ayer me sentí emocionado por la reacción de las Autoridades Generales. Primero, expresaron su amor y confianza, lo que aprecio inmensamente, Pero, en el caso de los obispos Brown, Peterson y Clarke, además de los mismos sentimientos de amor, sentí que expresaban preocupación o ansiedad. Me di cuenta de que sabían lo que me esperaba y de que sabían que el sólo pensar en la gran responsabilidad que tendría sobre mis hombros me tenia abrumado. A medida que este sentimiento se intensificaba, me hacía pensar cada vez mas en mi mismo. Pero luego recordé que en las ultimas semanas un diácono ha vuelto a casa con las listas, anunciando que era el nuevo secretario del quórum; un maestro ha sido llamado como presidente de su quórum; una madre ha recibido el cargo de consejera en la Sociedad de Socorro; y un joven de diecinueve años ha sido trasladado a otra ciudad con un nuevo compañero de misión. A cada uno de ellos, así como a cada uno de vosotros, el temor a fracasar debió atemorizaros, al igual que a mí.

Ayer por la tarde sucedió algo que me ayudo mucho, y quizás sirva a vosotros también. Desde ese momento el temor desapareció. Sucedió cuando el obispo Hales estaba hablando en la conferencia. Al mencionar que nos conocíamos desde la niñez, acudió a mi mente el recuerdo de la sala de un hotel en New Brunswick, estado de Nueva Jersey. Es casi seguro que el élder Hales no estaba allí porque el pertenecía a lo que nosotros considerábamos la importante Estaca de Nueva York. Nosotros estabamos en el Distrito de Nueva Jersey, el que comprendía todo el estado. La Rama Princeton se reunía en el comedor de mi casa. Papa era el presidente de la rama; mi madre, la pianista y directora de música (lo que es difícil de hacer si lo pensamos bien). En toda la rama no había otra familia con niños, así que mi hermano Ted era el representante del Sacerdocio Aarónico, y mi hermano Harden y yo éramos los niños de la Primaria y la Escuela Dominical de Menores. La congregación se componía de estudiantes que estaban allí temporalmente, y algunos conversos de edad cuyos cónyuges no eran miembros. Seguir leyendo

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Nuestra responsabilidad de compartir el evangelio

Conferencia General Abril 1985logo 4
Nuestra responsabilidad de compartir el evangelio
Presidente Ezra Taft Benson
del Quórum de los Doce Apóstoles

Ezra Taft Benson«El encargo del Señor de predicar ‘el evangelio a toda criatura’ jamas dejara de tener vigencia en nuestra dispensación.»

Mis queridos hermanos y hermanas: Hemos convocado una conferencia de presidentes de misión de todo el mundo. Durante esta semana pasada, nos hemos reunido con estos magníficos hombres y sus esposas, y les hemos dado consejos e instrucciones. Por ese motivo, siento que debería decir unas pocas palabras sobre nuestra responsabilidad misional como miembros de la Iglesia.

Nuestra misión como Iglesia es la de predicar el evangelio a todo el mundo. Esto quiere decir todo país, nacionalidad y pueblo. En una carta dirigida al señor John Wentworth en marzo de 1842, José Smith profetizó: «Ninguna mano impía podrá impedir el progreso de la obra. . . La verdad de Dios avanzara valiente, noble e independiente, hasta que haya penetrado todo continente, estado en toda región, abarcado todo país y resonado en todo oído, hasta que los propósitos de Dios se cumplan y el gran Jehová declare que su obra se ha llevado a cabo». (History of the Church 4:540; cursiva agregada.)

A fin de apreciar el acelerado progreso que la Iglesia ha efectuado en las ultimas décadas, consideremos lo siguiente: Pasaron 117 años antes de que contáramos con un millón de miembros; dieciséis años después el numero llegó al segundo millón; nueve años mas tarde la cantidad ya era de tres millones; pero durante la administración del presidente Kimball, como Presidente de la Iglesia, se sumaron mas de dos millones de personas al numero de miembros.

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer antes de que se pueda decir que la obra de Dios se ha llevado a cabo: Tendrá que ablandarse el corazón de los gobernantes de todas las naciones, las puertas de los países tendrán que abrirse, será necesario vencer las falsas ideologías y predicar el evangelio a todos los hijos de nuestro Padre Celestial.

Como miembros de la Iglesia del Señor debemos tomar mas en serio la obra misional. El encargo del Señor de predicar «el evangelio a toda criatura» jamas dejara de tener vigencia en nuestra dispensación. Hemos sido grandemente bendecidos con los medios económicos, la tecnología, y con un inspirado mensaje para llevar el evangelio a toda la humanidad. De nosotros se espera mas que de cualquier otra generación. «De aquel a quien mucho se da, mucho se requiere.» (D. y C. 82:3.) Seguir leyendo

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Nací de buenos padres

Conferencia General Abril 1985logo 4
«Nací de buenos padres»
élder L. Tom Perry
del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry«Estableced tradiciones en vuestras familias que os unan, y que puedan demostrar vuestra devoción, amor y apoyo los unos por los otros.»

Deseo expresar mi profundo cariño y agradecimiento al obispo Brown, al obispo Peterson y al obispo Clarke por sus años de devoto servicio. Obispo Hales, obispo Eyring y obispo Pace, deseo que sepan que estoy dispuesto a hacer cualquier cosa que deseen.

«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.

«Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

«Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le comparare a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;

«y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.» (Mat. 7:2F27.)

Hace muchos años tuve el privilegio de servir en el comité encargado del Pabellón Mormón de la Feria Mundial de Nueva York. Recuerdo que después de meses de hacer planes, estabamos listos para empezar la construcción. Era un día hermoso y despejado cuando nos juntamos en el sitio reservado para la feria para dar la palada inicial. A nuestro alrededor había mucha actividad debido a la construcción de otros edificios para la feria. La construcción se hacia sobre una fértil pradera, y en lugar de la ceremonia tradicional en donde se sacan paladas de tierra, debido a lo blando del terreno íbamos a utilizar un martinete para enterrar pilotes del tamaño de postes de teléfono para formar los cimientos de nuestro pabellón.

Después de una oración y dos o tres discursos, llegó el momento de hincar el primer pilote. Todo estaba en su lugar; el martinete estaba listo para empezar. Largando un resoplido de vapor y con un fuerte golpe la maquina se puso a trabajar. Al segundo resoplido y el segundo golpe, el pilote estaba en camino. Al tercer resoplido y golpe, de repente la tierra se tragó el pilote y este se perdió completamente de vista. Ese día aprendimos mucho acerca de los cimientos. Seguir leyendo

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Las respuestas vendrán

Conferencia General Abril 1985logo 4
Las respuestas vendrán
élder Hans B. Ringger
del Primer Quórum de los Setenta

Hans B. Ringger«No conozco las preguntas que se me harán ni donde obtendré las respuestas, pero se que cuando haga mi parte y ore al respecto, las respuestas me llegarán.»

Hace unos días, el élder Packer nos enseñó que en los comienzos de la Iglesia, los santos a veces recibían una carta del «Apartado Postal B». Eso quería decir que recibían un llamamiento sin recibir primero una entrevista. Los presidentes de la Iglesia llamaban a los miembros a servir en misiones sin darles ningún aviso previo. Hoy siento como si eso me hubiera sucedido a mí.

El camino desde Suiza hasta este estrado en Salt Lake City es sumamente largo; tuve que cruzar muchas fronteras y solicitar una visa para entrar en este país. Pero me di cuenta de que cada vez que tenía que cruzar una frontera o hablar con las personas, eran muy amigables. Eso es exactamente lo que necesito para poder cumplir con mi asignación: amigos. Tengo algunos sentados detrás de mi, y otros enfrente.

Me siento realmente feliz de estar aquí y de tener la oportunidad de servir. Por el momento no conozco las preguntas que se me harán ni dónde obtendré las respuestas, pero se que cuando haga mi parte y ore al respecto, las respuestas me llegaran y seré bendecido en todo lo que haga.

Me siento muy agradecido por mis lideres del sacerdocio, por mis padres, mis hermanas, mis hermanos, mis maestros de la Escuela Dominical, que me han dado la fortaleza necesaria para cumplir con todas las asignaciones que recibo en mi vida. Espero poder servir de manera tal que el Señor se sienta complacido conmigo. Estoy muy agradecido a la Primera Presidencia por ofrecerme este privilegio de ser una Autoridad General. Dejo con vosotros mi testimonio de que se que nuestro Señor vive, que Jesús es el Cristo y que José Smith es un profeta verdadero, y lo digo en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La victoria sobre la muerte

Conferencia General Abril 1985logo 4
La victoria sobre la muerte
presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«En esta mañana de Pascua, en que recordamos al que dio Su vida por cada uno de nosotros, propongámonos a obedecer las enseñanzas de maestro Salvador y a actuar con misericordia» hacia los demás.

Unos días antes de la Navidad pasada, ocurrió una terrible tragedia en una de las grandes minas de carbón en la zona central del estado de Utah. Veintisiete mineros perdieron la vida cuando el fuego se propagó por los largos corredores subterráneos. Muchos de ellos eran hombres jóvenes que tenían esposas jóvenes e hijos pequeños. El corazón de miles de personas en el mundo entero se conmovió por el sufrimiento de los seres queridos que dejaron atrás.

Conocí a muchas de estas personas. Hable con ellas; las acompañé en los servicios fúnebres, donde se derramaron muchas lagrimas. Las viudas tenían un profundo sentimiento de soledad al contemplar el futuro desolador en el que tendrían que alimentar, vestir y educar solas a sus hijos. Las acompañamos en su dolor. Pero, por sobre todo, como un rayo de luz, se percibía la fe de que con la misma certeza de que la muerte era una realidad, habría también inmortalidad; la misma certeza de que así como había habido una separación, también habría una reunión. Esta es la fe que emana de Cristo, el que dio a todos la promesa de la inmortalidad.

Mis amados hermanos y hermanas, ¡que día tan glorioso es el domingo de Pascua! Es el día en que nosotros, junto con todos los cristianos de todo el mundo, celebramos el acontecimiento mas importante de la historia de la humanidad: la Resurrección de la tumba, cuando el Hijo de Dios volvió a la vida después de la muerte. De todos los detalles de la vida mortal, ninguno es mas seguro que la muerte como su fin. ¡Cuan trágica y profunda es la tristeza de los que quedan atrás! La acongojada viuda, el niños sin madre, el padre que ha quedado solo, todos ellos pueden testificar sobre el dolor de la separación.

Pero, demos gracias a Dios por la maravilla y grandeza de Su plan eterno. Agradezcamos y glorifiquemos a Su Amado Hijo, quien, con indescriptible agonía, dio su vida sobre la cruz del Calvario para pagar la deuda del pecado mortal. El es el que, mediante su sacrificio expiatorio, rompió las cadenas de la muerte y con el poder propio de los dioses se levantó triunfante de la tumba. El es nuestro Redentor, cl Redentor de la humanidad, el Salvador del mundo, el Hijo de Dios, el autor de nuestra salvación. Seguir leyendo

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La reverencia por la vida

Conferencia General Abril 1985

La reverencia por la vida

élder Russell M. Nelson
del Quórum de los Doce Apóstoles

«La vida proviene de la vida; es un don de nuestro Padre Celestial; es eterna, tal como Él es eterno. ¡EI no envía una vida inocente para que sea destruida!»

Unidos, agradecemos al Omnipotente la prodigiosa prolongación de la vida del élder Bruce R. McConkie, que nos ha dado tan poderoso discurso. Nuestra gratitud es inmensa.

Ruego que el Espíritu del Señor me ayude a comunicar su intención y su voluntad sobre un tema vital y muy delicado. Pido disculpas por las palabras repulsivas e impropias que empleare desde este santificado púlpito sólo para aclarar lo que expondré referente al respeto por la vida humana.

Como hijos e hijas de Dios, atesoramos la vida como uno de sus dones.

Innumerables vidas se pierden en las guerras; las cifras de todas las naciones son pasmosas. En los Estados Unidos de América murieron 100.000 en la Primera Guerra Mundial y más de 400.000 en la segunda. En sus primeros doscientos años como nación independiente, perdieron la vida en guerras más de un millón de estadounidenses.

Aunque la pérdida de vidas debido a las guerras es lamentable, estas cifras se ven empequeñecidas junto a las de una nueva guerra que anualmente cobra más víctimas que el número total de muertes de todas las guerras de este país.

Es la guerra al indefenso, al que no puede hablar; es la guerra al que aún no ha nacido.

Esa guerra, que se llama aborto, ha alcanzado proporciones gigantescas en todo el mundo. Más de cincuenta y cinco millones de abortos se registraron sólo en el año 1974. 1 El sesenta y cuatro por ciento de la población mundial vive actualmente en países que aprueban legalmente esta práctica. 2 En los Estados Unidos de América, se efectúan más de un millón y medio de abortos al año. 3 Casi el veinticinco por ciento del total de embarazos termina ahora en aborto. 4 En algunas grandes metrópolis, hay más abortos que nacimientos. 5 En otras naciones, las cifras son semejantes. Seguir leyendo

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La resurrección

Conferencia General Abril 1985logo 4
La resurrección
élder James E. Faust
del Quórum de los Doce Apóstoles

James E. Faust«Con la abundancia de testimonios, tanto antiguos como modernos, confirmados por el testimonio del Santo Espíritu de Dios, permanecemos firmes e inequívocos en nuestro conocimiento de que Jesucristo es el Salvador resucitado.»

Durante la Segunda Guerra Mundial, me encontré por unos días en un hospital militar africano con una infección en las vías respiratorias. Servían allí muchos empleados nativos a los que se les había encargado la tarea de limpiar, cambiar las sabanas y atender a los pacientes. Debido al paludismo, tan común en esos lugares, y a la abundancia de mosquitos que lo transmitían, dormíamos debajo de mosquiteros que colgaban del techo y rodeaban la cama. Una noche, puse mi billetera debajo de la almohada y me dormí.

Un poco mas tarde, me desperté asustado al sentir que unas manos tanteaban la cama. Sospeche que era un ladrón que trataba de apoderarse de mi billetera, e instintivamente le agarre de la mano y encendí la luz. Con el movimiento, la billetera apareció debajo de la almohada. Me sorprendió encontrar que la mano era la del asistente encargado de limpiar mi cuarto. Todo lo que dijo en su defensa fue: «No se preocupe, soy un discípulo». Podía darse cuenta por la expresión de mi cara que yo no comprendía, de manera que continuó y dijo sencillamente: «Soy un discípulo, un cristiano. No quiero su billetera; sólo estaba metiendo el mosquitero debajo del colchón para que no lo picaran los mosquitos mientras dormía». Llegue a reconocer que este joven no sólo era cristiano sino que era un discípulo.

Los verdaderos discípulos no se limitan a tener fe sino que la ponen en practica. El Salvador dijo: «El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta». (Jn. 7:17; cursiva agregada.) Los discípulos siguen al Divino Maestro. Sus acciones armonizan con sus creencias; saben quienes son y lo que Dios espera de ellos; irradia una paz interior y una seguridad en cuanto a la misión y la resurrección de Cristo; tienen hambre y sed de justicia; saben que están en la tierra con un propósito; entienden que existe la vida después de la muerte; creen firmemente que el acontecimiento trascendental del ministerio de Cristo fue la Expiación, la cual terminó en la Resurrección.

El profeta Eter dice que un discípulo tiene la «seguridad de un mundo mejor . . . y esta esperanza viene por la fe, proporciona un ancla a las almas de los hombres y los hace seguros y firmes, abundando siempre en buenas obras»(Et. 12:4). Seguir leyendo

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