La red del evangelio

Conferencia General Abril 1985logo 4
La red del evangelio
élder William Grant Bangerter
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

William G. Bangerter«Cientos de miles en la actualidad han encontrado en su propia vida la perla de gran precio; ellos son los abuelos del futuro cuyos nombres serán bendecidos por su posteridad. «

La gloria de la mañana de la Pascua inunda el alma de los que anhelan la vida eterna. La misma gloria coronó la majestuosa mañana en que el Padre y el Hijo anunciaron la alborada del día de la salvación en los últimos días.

El pensar en los sucesos de esas mañanas de esplendor conmueve los sentimientos mas íntimos de los miembros de la Iglesia.

Una fuerza mística, espiritual, semejante al magnetismo del imán, ha llevado a los santos a buscar el lugar donde puedan satisfacer sus anhelos. Ese es el espíritu del recogimiento predicho en las Escrituras. Es la razón por la cual todos estamos Aquí, atraídos literal y espiritualmente a Sión, un lugar real y tangible, donde los vivos deseos del alma se pueden realizar en preparación para la salvación y la vida eterna en el reino de Dios.

Al responder al nuevo llamamiento que se me asignó, sentí profundamente el fallecimiento del hombre cuya vacante pase a ocupar, el elder G. Homer Durham. El elder Durham se casó con Eudora, la hija del elder John A. Widtsoe. Aparte de su servicio en la Iglesia, estos dos hombres, el doctor Durham y el doctor Widtsoe se han destacado en sus cargos de liderazgo y responsabilidad, particularmente en el campo de la educación. El doctor Durham fue el primer miembro de la junta municipal de enseñanza superior en el Estado de Utah, y antes presidió en la Universidad del Estado de Arizona. Se le extraña mucho. El doctor John A. Widtsoe fue presidente de dos universidades antes de que se le llamara a servir como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles.

Hace muchos años, el elder Widtsoe contó la historia de su madre, Anna Karina Gaarden Widtsoe, que hace cien años cayó en las redes del evangelio . El prólogo del elder Widtsoe dice:

«Esta es la historia de una mujer, buscadora de la verdad, que, sacudida por las olas de una misteriosa fortuna, cayo en las redes del evangelio y fue llevada a un país lejano, donde, por poseer la verdad eterna, aunque en medio de la adversidad, ella y su familia encontraron infinita felicidad . » (John A . Widtsoe, In the Gospel Net. ) Seguir leyendo

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La preparación para el servicio misional

Conferencia General Abril 1985logo 4
La preparación para el servicio misional
presidente Ezra Taft Benson
del Quórum de los Doce Apóstoles

Ezra Taft Benson«Jóvenes, del Sacerdocio Aarónico tiene como fin prepararos para servir a nuestro Padre Celestial durante toda la vida.»

Mis muy queridos hermanos, esta es una reunión memorable. Me complace muchísimo estar con vosotros. Me siento agradecido de ver a tantos padres con sus hijos aquí en el Tabernáculo, y de estar seguro de que esta escena se repite en las congregaciones que nos escuchan en muchas partes del mundo.

Padres, la influencia mas grande que podáis ejercer sobre vuestros hijos la lograreis por medio del ejemplo. Si queréis que vuestros hijos se den cuenta de lo que el evangelio puede hacer para beneficiarlos, hacedles ver cómo os ha favorecido a vosotros.

Quisiera decir unas palabras a los jóvenes que os encontráis aquí porque tenéis el sacerdocio. El Sacerdocio Aarónico tiene como fin prepararos para servir a nuestro Padre Celestial durante toda la vida. La mayoría de los jóvenes que me escuchan están preparándose para ir en una misión. Permitidme sugeriros cuatro maneras en que podéis prepararos ahora mismo para ser misioneros.

Primero: Preparaos físicamente. Una misión de dos años requiere que se goce de buena salud. Demanda que mantengáis vuestro organismo limpio. Durante los primeros años de la adolescencia, cuando os enfrentáis a las tentaciones de fumar, o ingerir otras sustancias perniciosas, tened el valor de resistirlas. Obedeced la Palabra de Sabiduría: no fuméis, no toméis bebidas alcohólicas o drogas. Mantened vuestro cuerpo puro para servir al Señor.

Manteneos también moralmente puros, lo que incluye tener una mente limpia. Los pensamientos que tengáis determinaran vuestras acciones; por lo tanto, debéis controlarlos. Es difícil controlar los pensamientos si os exponéis voluntariamente a las tentaciones, así que debéis elegir muy bien lo que leáis, las películas que veáis y los entretenimientos en que paséis vuestro tiempo libre, para que podáis tener buenos pensamientos en lugar de deseos impuros.

Segundo: Preparaos mentalmente. Una misión requiere que os preparéis mental e intelectualmente en forma intensiva. Tendréis que memorizar las charlas de los misioneros, memorizar pasajes de las Escrituras y, muchas veces, hasta aprender otro idioma. La disciplina que esto demanda se aprende en los años de la juventud. Seguir leyendo

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Iré y haré lo que el señor ha mandado

Conferencia General Abril 1985logo 4
«Iré y haré lo que el Señor ha mandado»
Obispo Glenn L. Pace
Segundo Consejero en el Obispado Presidente

Glenn L. Pace«Tengo confianza en que Dios da a cualquier hombre o mujer la habilidad suficiente para desempeñar el cargo al cual los llama.»

Presidente Kimball, queremos que sepa que le queremos. Antes de hablaros del tema que he escogido, quisiera pedir disculpas a las personas aquí reunidas y en todo el mundo que tienen que escuchar esta conferencia por medio de interpretes. Durante el año pasado he tenido el privilegio de viajar por muchos de vuestros países y he aprendido a amaros y a respetaros a vosotros. Os pido disculpas porque no puedo hablaros en vuestro propio idioma. Ruego que el Señor nos bendiga mientras os hablo para que podáis entenderme como si estuviera hablándoos en vuestra propia lengua. Tal vez, algún día los miembros de esta zona de Utah tengamos que utilizar audífonos para entender lo que se dice en el Tabernáculo.

Espero poder haceros ver la humildad con que acepto este llamamiento. Hace poco me relevaron del puesto de segundo consejero. Es difícil expresar lo que uno siente cuando un día es el segundo consejero de un barrio y al otro, es el segundo consejero del Obispado Presidente. En el seminario para Representantes Regionales, efectuado el viernes por la mañana, el élder Russell M. Nelson nos dijo que el año pasado, en ese mismo seminario, se encontraba sentado en el fondo del salón sin llamar la atención, sintiéndose muy tranquilo, y que mas tarde ese mismo día le hicieron una entrevista que cambió su vida completamente. El viernes pasado asistí al seminario para Representantes Regionales, pero el boleto de mi entrada ni siquiera decía «Representante Regional»; sólo decía «Invitado». Para las cuatro de esa tarde ya había recibido una carta firmada por el presidente Hinckley en la que me notificaba que tenia que hablar trece minutos en la sesión del domingo por la tarde, en la Conferencia General. La primera pregunta que le hice al presidente Hinckley no fue «¿De que quiere que hable?», sino, «¿Que hago para que me dejen entrar?»

Hacia apenas tres días, el miércoles de noche, había estado ensayando una obra de teatro en el barrio. (A propósito, hermana Lalli, si me esta escuchando, discúlpeme por no haber ido al ensayo ayer.) En enero me relevaron del obispado después de servir cuatro años. Cuanto amaba ese cargo y a los hermanos con los cuales servia, al obispo Lee J. Lalli y a su capaz primer consejero D. Ray Alexander. Seguir leyendo

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En pos de la excelencia

Conferencia General Abril 1985logo 4
En pos de la excelencia
Peter Vidmar

Peter Vidmar«Decidamos ahora la Case de persona que deseamos ser. y cuando surja una situación difícil, estaremos preparados para pasar la prueba.»

Recuerdo que hace exactamente seis meses estuve ante este púlpito en compañía de Dale Murphy, el gran jugador de béisbol, y fue un gran placer el poder conocerlos a todos ustedes, pero dimos un gran suspiro de alivio cuando bajamos del estrado, porque sabíamos que no tendríamos que hablar. Así que aquí estoy ahora.

Se me ha pedido que esta noche dirija mis palabras a los jóvenes. Ruego humildemente poder instilar en ellos el deseo de ir en pos de la excelencia y de dedicarse al servicio de nuestro Padre Celestial .

Me siento muy honrado y orgulloso de haber podido representar a mi país en las Olimpiadas de 1984 en Los Angeles El participar en esa gran competencia es un acontecimiento que siempre atesorare y recordare; sin embargo, mi participación en la gimnasia me ha enseñado ciertas cualidades que trascienden las barreras del atletismo en si, ya que las cualidades, características y claves del éxito en los deportes se aplican también a todos los demás aspectos de nuestra vida.

Todos los que, de una forma u otra pudimos ver los Juegos Olímpicos, vimos a los mejores atletas del mundo participando al máximo de sus habilidades. Muchos de ellos batieron récords olímpicos en puntuación, tiempo y distancia.

¿Pero cómo lo hicieron? ¿Que es lo que hace a un gran atleta? Recuerdo a un gran campeón olímpico que una vez habló sobre este tema y mencionó algunos factores muy importantes tales como un buen entrenador, un buen equipo, entrenar con buenos atletas y simplemente un talento puramente natural. Todos estos ingredientes pueden ayudar a formar a un gran atleta, y cada uno contribuirá en cierto respecto, pero hay una cualidad que sobrepasa a todas las demás, sin la cual un atleta no puede ser completo. Ese ingrediente es el deseo. Seguir leyendo

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El tomar sobre nosotros el nombre de Cristo

Conferencia General Abril 1985

El tomar sobre nosotros el nombre de Cristo

Dallin H. Oaks

élder Dallin H. Oaks
del Quórum de los Doce Apóstoles

«Al participar de la Santa Cena, «cuando testificamos que estamos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo, manifestamos nuestra aspiración, o sea, nuestra determinación por lograr la exaltación en el reino celestial.»


Nos regocijamos por la resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en este día santo para toda la cristiandad, ocasión en que millares de cristianos van a sus iglesias a participar del sacramento de la Cena del Señor, la cual muchos llaman comunión (1 Cor. 10:16).

A los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días se les ha mandado participar de la Santa Cena todas las semanas (D. y C. 59:9, 12). Al hacerlo, testifican ante Dios, el Eterno Padre, como lo dice la oración por el pan, que están «dispuestos a tomar sobre si el nombre [del] Hijo, y a recordarle siempre, y a guardar sus mandamientos que el les ha dado» (D. y C. 20:77; Moro. 4:3). Debemos meditar en esos sagrados convenios durante el servicio de la Santa Cena.

En este domingo de resurrección, cabe reflexionar en lo que significa la Santa Cena. Empezare por lo primero que testificamos solemnemente a Dios el Eterno Padre: que estamos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de su Hijo. ¿Que significa eso?

Nuestro testimonio de que estamos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo tiene diversos significados. Algunos de estos son claros y dentro del alcance del entendimiento de nuestros hijos; otros son evidentes sólo para los que han escudriñado las Escrituras y meditado en los prodigios de la vida eterna.

Uno de los conceptos claros es que renovamos la promesa que hicimos al bautizarnos. De conformidad con las Escrituras, los que se bautizan testifican ante la Iglesia que «se han arrepentido verdaderamente de todos sus pecados, y que están dispuestos a tomar sobre si el nombre de Jesucristo, con la determinación de servirle hasta el fin» (D. y C. 20:37; 2 Ne. 31:13; Moro. 6:3). Cuando participamos de la Santa Cena, renovamos este convenio y todos los demás convenios que hicimos en las aguas del bautismo. (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, págs. 321, 325-326.) Seguir leyendo

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El señor esta a la cabeza

Conferencia General Abril 1985logo 4
El Señor está a la cabeza
élder Helio da Rocha Camargo
del Primer Quórum de los Setenta

Helio da Rocha Camargo«El evangelio es el plan para que todos los hijos de Dios obtengan la felicidad en este mundo.»

Mis queridos hermanos y hermanas, no os podéis siquiera imaginar cómo me siento enfrente de esta enorme y maravillosa congregación de miembros de la Iglesia después de haber sido llamado a dirigiros la palabra en este histórico tabernáculo. No se cómo me sostienen mis pobres piernas en este momento. Esta es una experiencia que nunca desee tener.

Cuando el presidente Hinckley me llamó y me pidió que aceptara este llamamiento, me vino a la mente el recuerdo de un caso en la historia del pueblo de Dios, Israel, en que tuvo que enfrentarse a sus enemigos. Juntaron un gran ejercito de fuertes soldados y se presentaron ante el Señor para ir a la batalla, pero el Señor no los aceptó. Les hizo reducirlo una y otra vez hasta que quedó sólo un batallón de trescientos Y con esta cantidad absurda de hombres, ganó la batalla y destruyó a los enemigos de Su pueblo.

Así me siento yo con respecto a mi llamamiento a ocupar esta posición. El Señor escogió ponerme a mi en este cargo para probar, por medio de mi incapacidad y mis debilidades, que El es Dios. Aun mediante la forma

defectuosa en que hablo ingles, El puede llevar a cabo su obra. Yo estoy seguro de esto. Se que El vive, que es el que esta a la cabeza y, como le dije al presidente Hinckley. es por creer esto que acepto este llamamiento con humildad, con la certeza de que el Señor esta conmigo, de que de El recibimos guía, de que El nos gobierna y de que este es su reino.

Se que el Señor vive; se que el presidente Kimball es un profeta, y digo esto con convicción absoluta. Podría contaros algo que ilustraría este punto, pero no hay tiempo ahora. Se que soy un hijo de Dios y que este evangelio es el plan para que todos los hijos de Dios obtengan la felicidad en este mundo, y digo esto en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El poner metas y progresar

Conferencia General Abril 1985

El poner metas y progresar

Spencer W. KimballPresidente Spencer W. Kimball

Una presentación en video de porciones de discursos que el presidente Kimball ha dado en sesiones anteriores del sacerdocio en las conferencias generales.

Me complace estar con vosotros esta noche en esta reunión de sacerdocio. Nos da particular agrado ver que padres e hijos vienen temprano a esta reunión, muchos de ellos con una o dos horas de anticipación para asegurarse un buen asiento, y otros miles se apresuraron en su camino al tabernáculo y a numerosos centros de estaca en muchas partes del país. Que los padres y sus hijos anden juntos -es una hermosa prolongación de la vida familiar que tanto amamos, y que el mundo comienza a reconocer como modelo.

«Estamos agradecidos de que estéis presentes; sentimos un gran y sincero afecto por cada uno de vosotros.» («Haciendo planes para una vida plena y satisfactoria», Liahona, sept. de 1974, pág. 32.)

«Nos preocupa sobremanera, hermanos, la necesidad de proveer en forma continua a nuestros jóvenes, oportunidades significativas que sirvan para desarrollar su alma en el servicio al prójimo. Generalmente, los jóvenes no se inactivan en la Iglesia como consecuencia del exceso de responsabilidades significativas; no hay joven que haya sido testigo personal de la forma en que el evangelio se pone en acción en la vida de la gente, que le de la espalda a sus obligaciones en el reino y las abandone.» («Los héroes de la juventud», Liahona, ago. de 1976. pág. 38.)

«Es sumamente apropiado para la juventud del Sacerdocio Aarónico, de la misma forma que para los hombres del Sacerdocio de Melquisedec, establecer silenciosa pero decididamente metas personales serias por medio de las cuales puedan mejorar, seleccionando algunas que deseen alcanzar en momentos específicos de sus vidas. Si los poseedores del sacerdocio de nuestro Padre Celestial carecen del indispensable dinamismo, aun cuando estén bien encaminados, tendrán escasa influencia sobre los demás. . . Vosotros sois la levadura de la cual depende el mundo, y debéis utilizar los poderes que poseéis para detener a un mundo errante y sin metas.

«Tenemos la esperanza de poder ayudar a nuestros jóvenes a comprender, más temprano en la vida, que hay ciertas decisiones que solamente se toman una vez. En otras oportunidades he mencionado desde este mismo púlpito algunas determinaciones adoptadas en mi juventud, que me fueron de gran ayuda porque no tuve que volver a tomarlas más adelante. Podemos alejar de nosotros algunas cosas de una vez por todas y dar el asunto por terminado. Podemos tomar una sola decisión sobre aquello que deseamos incorporar en nuestra vida y luego incluírselo, sin tener que reconsiderar y volver a decidir cien veces lo que vamos a hacer y lo que no vamos a hacer.» («Los héroes de la juventud», Liahona, ago. de 1976, pág. 39.)

«Permitidme que os hable de una de las metas que me propuse cuando era apenas un jovencito. Al oír a una de las autoridades de la Iglesia decirnos que debíamos leer las Escrituras, recapacite en el hecho de que nunca había leído la Biblia. Esa misma noche, al terminar el sermón, me fui a casa, subí a mi cuarto en la buhardilla, encendí una pequeña lámpara de aceite que se hallaba sobre una mesa, y leí los primeros capítulos de Génesis. Un año después cerré la Biblia, tras haber leído cada uno de los capítulos de ese libro grande y glorioso.

«Descubrí que esa Biblia que estaba leyendo estaba compuesta de 66 libros; estuve a punto de desanimarme cuando vi que contenía 1.189 capítulos comprendidos en 1.519 paginas. Era una tarea formidable, pero sabía que si otros lo habían hecho, yo también podía hacerlo.

«Comprobé que había ciertas partes que eran difíciles de comprender para un joven de catorce años, y algunas páginas no me eran de interés particular; pero después de haber leído los 66 libros y los 1.189 capítulos de las 1.519 páginas, sentí la gran satisfacción de saber que me había impuesto una meta y la había logrado.

«No os relato esto para jactarme; solo lo estoy usando como un ejemplo para decir que si yo pude hacerlo a la luz de una lámpara de aceite, vosotros podéis hacerlo a la luz de una eléctrica. Siempre he sentido gozo por haber leído la Biblia de principio a fin.» («Haciendo planes para una vida plena y satisfactoria», Liahona, sept. de 1974, pág. 34.)

«También recuerdo que sin compulsión por parte de persona alguna, decidí, siendo todavía joven, que jamás violaría la Palabra de Sabiduría. Sabia donde se hallaba escrita, sabia en forma general lo que el Señor había dicho, y sabía que si Él decía que le agradaba que los hombres se abstuvieran de estos elementos destructivos, lo que yo debía hacer era complacer a mi Padre Celestial. Así que resolví firmemente que jamás tocaría ninguna de esas cosas perjudiciales. Habiéndolo determinado en forma absoluta e inequívoca, descubrí que no era muy difícil cumplir la promesa que me había hecho a mí mismo y a mi Padre Celestial. . .

«Para estar seguros de que tendréis una vida plena y útil, debéis prepararos. Los planes que os tracéis mientras sois diáconos pueden aseguraros una vida plena. ¿Habéis empezado a ahorrar dinero destinado a la misión?

«Tal vez no os hayáis decidido con respecto al negocio, la profesión o la carrera que deseáis. Pero hay muchas generalidades que ya podéis incorporar a vuestras vidas, aun cuando todavía no sepáis si queréis llegar a ser abogado, o doctor, o maestro, o ingeniero. Hay muchas decisiones que ya habréis tomado o que deberéis tomar. ¿Que vais a hacer en los años que transcurrirán desde ahora hasta el día en que os caséis? ¿Que vais a hacer con respecto a vuestro matrimonio’?

«En este mismo momento podéis decidir que llegaréis a ser el diácono, el maestro o el presbítero más fiel, y podéis decidirlo con un convenio irrevocable. Podéis ser buenos alumnos podéis usar el tiempo debida y provechosamente, y de esa forma, lograr la felicidad para el resto de la vida.

«Podéis decidir desde ahora que cumpliréis una misión honorable, al llegar a la edad misional, y para ese fin determinaros a ganar dinero, a ahorrarlo y a invertirlo; y que estudiareis, serviréis y aprovechareis toda oportunidad a fin de preparar la mente, el corazón y el alma para ese glorioso periodo de vuestras vidas.» («Haciendo planes para una vida plena y satisfactoria», Liahona, sept. de 1974, págs. 33. 35.)

«Y ya que desde ahora os estableceréis la meta de cumplir una misión, recordad que cuesta mucho dinero ir a las distintas partes del mundo y predicar el evangelio. Recordad por lo tanto que tenéis el privilegio de comenzar a ahorrar dinero.

«Cada vez que recibáis dinero, ya sea como regalo o ganado por medio de trabajo, apartad aunque sea una pequeña cantidad y depositadla en una cuenta de ahorros dedicada a la misión. El ideal es que cada joven logre la mayor independencia económica con respecto a la financiación de su misión, y que trate de depender lo menos posible de sus padres, parientes o amigos. Cada joven de cada país de todo el mundo, que se haya bautizado y haya recibido el Espíritu Santo, tiene la responsabilidad de llevar el mensaje del evangelio a los pueblos del mundo. Vosotros también tenéis esa oportunidad, la cual contribuirá poderosamente a que logréis la grandeza.» («Los Davids y los Goliats», Liahona, mar. de 1975, pág. 33.)

«Con frecuencia se hace la pregunta, ‘¿Es el programa misional algo que se impone a los jóvenes?’ Y la respuesta, desde luego, es no. A cada cual le es dado su libre albedrío. . . Se le dice que debe pagar sus diezmos, asistir a las reuniones, vivir una vida limpia y libre de la suciedad del mundo, y hacer planes para un casamiento celestial en el Templo del Señor.» («Haciendo planes para una vida plena y satisfactoria», Liahona, sept. de 1974, pág. 33.)

«Quisiera recordaros, jóvenes, que en estos momentos os encontráis edificando vuestra vida futura, no importa la edad que tengáis. Esta vida puede llegar a carecer de valor, o puede resultar sumamente valiosa y hermosa. Puede estar llena de actividades constructivas o destructivas; puede ser plena de gozo y felicidad o estar plagada de miseria. Todo depende de vosotros y de vuestra actitud, ya que llegareis al lugar a donde os lleve la forma en que respondáis a las distintas situaciones que debáis afrontar. . .

«Mis queridos jóvenes, no podéis conformaros con estar entre el común denominador. Tenéis que vivir vidas libres de toda forma de maldad, ya sea de pensamiento o de hecho; no mentir, no robar, no exasperaros, no fallar en la fe, no cesar de hacer lo bueno, no cometer pecados sexuales de ninguna clase y en ningún momento.

«Vosotros sabéis lo que es bueno y lo que es malo; todos recibisteis el Espíritu Santo después del bautismo. No necesitáis que nadie juzgue por vosotros como justos o injustos, los actos que realizareis. Ya lo sabéis mediante la ayuda del Espíritu. Vosotros mismos estáis pintando vuestro propio cuadro, esculpiendo vuestra propia escultura. De vosotros solamente dependerá que sea aceptable o no.

«Que Dios os bendiga, mis queridos jóvenes. Sé que nuestro Padre Celestial es vuestro verdadero amigo. Todo lo que Él os pide que hagáis es justo y redundara en bendiciones, y hará que lleguéis a ser hombres mejores y más fuertes.» («Los Davids y los Goliats», Liahona, mar. de 1975, págs. 30, 34.)

«La juventud de la Iglesia debe comprender que no es necesario que lleguen a ser ancianos, con larga experiencia en la vida, para recibir las bendiciones de la Iglesia. José Smith tenía solamente catorce años cuando tuvo la primera visión, dieciocho cuando se le apareció Moroni, veinticuatro cuando recibió las planchas de oro, veinticinco cuando fue organizada la iglesia y treinta y nueve cuando fue martirizado.

«Thomas B. Marsh tenia treinta y un años, y David W. Patten treinta, cuando llegaron a ser Apóstoles; se trataba de hombres relativamente jóvenes.

«Brigham Young y Heber C. Kimball tenían veintiocho años, Orson Hyde sólo veinticinco, William E. McLellan veinticuatro, Parley P. Pratt veintitrés, Luke Johnson veintidós, William Smith diecinueve, y Orson Pratt, John F. Boynton, y Lyman E. Johnson dieciocho, cuando la Iglesia fue organizada el 6 de abril de 1830. Muchos de esos hombres llegaron a ser Apóstoles en 1835, cuando el Consejo de los Doce fue organizado, y todos ellos eran todavía muy jóvenes cuando se vieron privados de la presencia del Profeta.

«Estos hombres fueron capaces de inspirar a los muchachos. Todos llegaron a ser grandes misioneros. Vosotros, jóvenes, podéis ser misioneros realmente superiores, jóvenes fuertes, grandes compañeros y excelentes líderes de la Iglesia. No necesitáis esperar hasta mañana.

«Que el Señor os bendiga en ese desarrollo paulatino, para que recibáis su inspiración, y podáis pasar las gloriosas bendiciones del evangelio de una generación a otra.

«Esto, mis queridos hermanos, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amen.»

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El poder purificador de Getsemaní

Conferencia General Abril 1985
El poder purificador de Getsemaní
élder Bruce R. McConkie
del Quórum de los Doce Apóstoles

Bruce R McConkie

«La expiación del Señor fue el acontecimiento de mayor trascendencia que ha ocurrido o que jamas ocurrirá desde el alba de la Creación, a través de las edades de una eternidad sin fin.»

Yo siento, y el Espíritu parece concordar conmigo, que la doctrina mas importante que puedo declarar, y el testimonio mas poderoso que puedo compartir, es el del sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo.

Su expiación fue el acontecimiento de mayor trascendencia que ha ocurrido o que jamas ocurrirá desde el alba de la Creación, a través de las edades de una eternidad sin fin.

Es el acto supremo de bondad y gracia que solamente un Dios podría realizar. Por medio de la expiación, se pusieron en vigor todos los términos y condiciones del eterno plan de salvación del Padre.

Mediante ella, se llevan a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre y toda la humanidad se salva de la muerte, del infierno, del diablo y del tormento eterno.

Gracias a ella, todos los que crean en el glorioso evangelio de Dios y lo obedezcan; todos los que sean verídicos y fieles y venzan al mundo; todos aquellos que sufran por Cristo y por su palabra; y todos los que sean hostigados y azotados por la causa de Aquel a quien pertenecemos todos llegaran a ser como su Hacedor y se sentaran con El en su trono y reinaran con El para siempre en gloria sempiterna.

Para hablar de estas cosas maravillosas usare mis propias palabras, aunque quizás creáis que son de las Escrituras, palabras pronunciadas por otros apóstoles y profetas.

Es cierto que otros las pronunciaron antes, pero ahora son mías, pues el Santo Espíritu de Dios me ha testificado que son verdaderas, y ahora es como si el Señor me las hubiera revelado a mi en primer lugar. Por tanto, he escuchado su voz y conozco su palabra.

Hace dos mil años, en las afueras de Jerusalén, había un placentero jardín llamado Getsemaní, a donde Cristo y sus amigos mas íntimos solían ir a meditar y orar.

Fue ahí que Cristo les enseñaba a sus discípulos la doctrina del reino, y donde se comunicaban con el Padre de todos nosotros, en cuyo ministerio se encontraban, y a quien servían.

Ese lugar sagrado, al igual que el Edén que habitó Adán; al igual que el Sinaí de donde salieron las leyes de Jehová; al igual que el Calvario, donde el Hijo de Dios dio su vida como rescate de muchos; esa tierra santa es el lugar donde el Hijo Inmaculado del Padre Eterno tomó sobre sí los pecados de todos los hombres bajo la condición del arrepentimiento. Seguir leyendo

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El manto de un obispo

Conferencia General Abril 1985logo 4
El manto de un obispo
obispo Robert D. Hales
Obispo Presidente

Robert D. HalesHomenaje a los obispos y presidentes de rama en todo el mundo.

Mis queridos hermanos y hermanas, esta es la cuarta vez que me van a apartar como obispo.

Quisiera referirme a la sección cuarenta y uno de Doctrina y Convenios, en la cual se menciona el llamamiento de Edward Partridge como el primer Obispo Presidente. Allí se dice que en el no había engaño. En cuanto a esta característica, quisiera deciros que el obispo Brown, el obispo Peterson y el obispo Clarke la poseen y que han desempeñado su llamamiento con excelencia. Cuando es necesario buscar a un nuevo Obispado Presidente, el Señor y los hermanos de las Autoridades Generales buscan por todo el reino hasta encontrar a tres hermanos que estén dispuestos a entrar en la competencia de atajar jabalinas.

Quisiera decirles al obispo Vandenberg, al obispo Simpson y al obispo Featherstone lo mucho que me ha servido su ejemplo. Cuando yo era obispo, ellos sirvían en el Obispado Presidente.

Si en esta época de Pascua pudiera rendir tributo a los mas de diez mil obispos y presidentes de rama de todo el mundo, diría que el llamamiento de obispo realmente comprende las características del Salvador. Hay obispos magníficos por toda la Iglesia. Cuando un hombre llega a ser obispo, se opera un cambio en el, pues lo que aprende mas que nada es a honrar su llamamiento. Una vez que un individuo es ordenado al oficio de obispo, nunca deja de serlo, siendo la razón el hecho de que se lleva a la tumba las confidencias de las personas a las que sirvió.

El «manto» de un obispo incluye ser presidente del Sacerdocio Aarónico y del quórum de presbíteros, ser un juez común en Israel, ser sumo sacerdote presidente para ayudar en asuntos temporales, encargarse del bienestar de los miembros por medio de consejos auxiliares y del sacerdocio, y ser responsable de los diezmos y las ofrendas. Seguir leyendo

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El libre albedrio y la responsabilidad individual

Conferencia General Abril 1985logo 4
El libre albedrío y la responsabilidad individual
élder Victor L. Brown
del Primer Quórum de los Setenta

Victor L. Brown«Las consecuencias, buenas o malas, son el resultado de nuestras decisiones personales que resultan del ejercicio del libre albedrío.»

Hace veinticuatro años, este próximo mes de octubre, recibí una llamada de larga distancia en mi casa en Chicago. La persona que llamaba me pregunto si asistiría a la conferencia general, que habría de comenzar al día siguiente. Le conteste que «no», y prosiguió a preguntarme si podría hacerlo. Le respondí: «Creo que podría si usted lo desea». El que llamaba dijo: «El Presidente de la Iglesia desea hablar con usted mañana a las 8:00, en su oficina. Bueno, espero que descanse muy bien esta noche, porque seguramente será la ultima vez». Después de unos 24 años, parece ser que por fin tendré esa noche de descanso, quizás.

Estos años han sido los mas interesantes y compensadores de mi vida. He tenido la indescriptible bendición de haber recibido enseñanzas, cada semana, con escasas excepciones, de cuatro Presidentes de la Iglesia y ocho consejeros diferentes de la Primera Presidencia, y, por supuesto, durante once de esos años, de un maravilloso Obispo Presidente John H Vandenberg. Fue una gran bendición servir con el élder Robert L. Simpson como consejeros del obispo Vandenberg. Me es imposible expresar en forma adecuada mi amor y aprecio por mis propios fieles consejeros, el élder Vaughn 1. Featherstone, el obispo H. Burke Peterson y el obispo J. Richard Clarke, por su lealtad hacia mi y por su tremenda contribución a la Iglesia durante estos trece años. Hemos sido abundantemente bendecidos por hombres y mujeres de gran fe y dedicación, tanto aquí como en todas partes del mundo, quienes se unieron a nosotros para responder ante las asignaciones de la Primera Presidencia para llevar a cabo la obra temporal del Reino en estos últimos días. Expreso mi profundo aprecio y gratitud a todos ellos, dondequiera que estén, y mi agradecimiento por la bendición de haber trabajado con ellos.

Estas asociaciones han fortalecido los principios básicos que aprendí en mi juventud. Hoy me gustaría mencionar dos o tres de ellos. Hay algunas cosas que son comunes para toda la humanidad. Dos de las mas obvias son el nacimiento y la muerte. Al morir nos llevamos no mas de lo que trajimos cuando nacimos, en lo que concierne a cosas materiales. Cuanto mas se aproxima este tiempo de dejar esta vida, mas me preocupo por las cosas que llevare conmigo. Seguir leyendo

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El gozo del servicio

Conferencia General Abril 1985logo 4
El gozo del servicio
élder F. Arthur Kay
del Primer Quórum de los Setenta

F. Arthur Kay«El testimonio, tal como la vasija de aceite de la viuda, ‘no escaseara’, ni tampoco disminuirá cuando se comparta; sino que so base se agrandara y su fuente se renovara.»

Mis queridos hermanos y hermanas, es imposible describir con palabras los sentimientos profundos y tiernos de mi corazón al pararme frente a este púlpito, el cual ha sido santificado con la presencia de los profetas de Dios y de sus compañeros en la obra, las Autoridades Generales de la Iglesia. Si, «los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 Pe. 1:21), pues «hablaban con denuedo la palabra de Dios» (Hch. 4:31).

Amo y admiro a estos valientes siervos de nuestro Padre Celestial, y me siento sumamente honrado y humilde de contarme entre ellos.

Llego a este llamamiento con el conocimiento de que Dios vive, que es nuestro Padre, que Jesucristo es el Hijo de Dios, nuestro Salvador y el Redentor del mundo. Como dijo Job:

«Yo se que mi Redentor vive, y al fin se levantara sobre el polvo;

«y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mi mismo. . .» (Job 19:25-27).

Se que José Smith fue un Profeta llamado por Dios, un instrumento en Sus manos para restaurar el evangelio en su plenitud.

Siempre han sido muy reales para mi los relatos de las maravillosas manifestaciones y experiencias que tuvo en su juventud y durante el transcurso de su vida. Me he identificado con el casi como si hubieran sido mis propias experiencias.

Sostengo a nuestro amado profeta, Spencer W. Kimball, con toda la fuerza que poseo, y no cesa de maravillarme la rapidez con que progresa la Iglesia bajo su dirección inspirada y la de sus asociados.

Expreso especial aprecio al presidente Gordon B. Hinckley en este día por su gran servicio y dedicación en esta época de la historia de la Iglesia. Seguir leyendo

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El espíritu vivifica

Conferencia General Abril 1985

El Espíritu vivifica

Thomas S. Monsonélder Thomas S. Monson
del Quórum de los Doce Apóstoles

«La capacidad para ‘hablar’ el idioma del Espíritu permite que se rompan barreras, se superen obstáculos y se llegue al corazón humano.»


Recientemente visite el Centro de Capacitación Misional en Provo, Utah, donde los misioneros llamados a servir por todo el mundo se esfuerzan con gran dedicación de aprender los rudimentos de los idiomas de aquellos a quienes enseñarán y testificaran.

Las conversaciones en español, francés, alemán y sueco tenían un eco vagamente familiar; no así las palabras en japonés, chino y finlandés, que me eran totalmente extrañas, como creo que lo serian para la mayoría de los misioneros. Al verlos luchar con lo que les es foráneo y aprender lo difícil, uno se maravilla ante la devoción y concentración absoluta de esos jóvenes.

Me he enterado de que, a veces, cuando un misionero opina que el español que debe aprender es demasiado difícil para el, a la hora del almuerzo lo hacen sentarse junto a los que están estudiando los complejos idiomas orientales. Allí los escucha; y, de pronto, el español ya no le parece tan incomprensible, y vuelve a estudiarlo con afán.

Sin embargo, hay un idioma que todos los misioneros entienden: es el lenguaje del Espíritu. Es un idioma que no se aprende en libros escritos por hombres de letras ni por medio de la memorización o la lectura. El lenguaje del Espíritu lo aprende aquel que procura con todo su corazón conocer a Dios y obedecer sus mandamientos. La capacidad para «hablar» ese idioma permite que se rompan barreras, se superen obstáculos y se llegue al corazón humano.

El apóstol Pablo, en su segunda epístola a los corintios, nos exhorta a salir del estrecho confinamiento de la letra de la ley y buscar la amplia visión de oportunidades que el Espíritu nos ofrece. Tengo en alta estima las palabras de Pablo: «La letra mata, mas el Espíritu vivifica» (2 Cor. 3:6). Seguir leyendo

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El Cristo Resucitado

Conferencia General Abril 1985logo 4
El Cristo resucitado
elder David B. Haight
del Quórum de los Doce Apóstoles

David B. Haight«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque este muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mi no morirá eternamente.» (Juan 11:25-26.)

En esta gloriosa mañana de Pascua siento gozo junto con vosotros y con millones de personas en todo el mundo cuyos corazones se vuelven hacia Jesús de Nazaret. A la mujer samaritana en el pozo de Jacob, quien dijo: «Sé que ha de venir el Mesías. . .; cuando el venga nos declarara todas las cosas», vino la declaración de Cristo: «Yo soy, el que habla contigo». (Juan 4:25-26.)

Los antiguos Apóstoles y otros testigos han narrado muchos de los acontecimientos celestiales que precedieron y luego siguieron la crucifixión de nuestro Señor.

De acuerdo con estas narraciones, José, un hombre rico de Arimatea que era miembro del Sanedrín, no había declarado públicamente que creía en Jesús porque temía a las autoridades judías. Pero entonces, tanto la tristeza como la indignación le dieron el valor para pedirle a Pilato si podía llevarse el cuerpo de Jesús. a lo cual accedió.

Nicodemo, un noble discípulo que había visitado a Jesús de noche para que nadie los viera juntos, le ayudó a José con los preparativos. Envolvieron el cuerpo en lienzos junto con especias aromáticas, como era costumbre preparar el cuerpo para la sepultura entre los judíos. Lo depositaron con reverencia en un nicho labrado en la roca, en una tumba. La tumba nunca había sido usada, y estaba en un huerto que pertenecía a José. Era el día antes del día sábado judío. (Juan 19:38-42.)

Al día siguiente, Pilato dio permiso para que se vigilara la tumba cuidadosamente hasta el tercer día, para que los discípulos no pudieran robar el cuerpo y decir a la gente que Jesús se había levantado de los muertos, como se había profetizado. Los principales sacerdotes y fariseos aseguraron la tumba poniendo la guardia y sellando la piedra. (Mat. 27:62-66.)

A la mañana siguiente, antes del amanecer, María Magdalena y María, la madre de Jacobo, habiendo preparado especias y ungüentos, fueron a la tumba de Jesús y encontraron que la piedra que la cubría había sido quitada. Al mirar adentro y no encontrar el cuerpo, se apresuraron a buscar a Pedro y a los demás Apóstoles, y les dijeron lo que habían visto. Pedro y Juan fueron corriendo al sepulcro. Juan llegó primero que su compañero mayor, se agachó, y miró con asombro el sepulcro abierto. Pedro, al entrar en el sepulcro, vio los lienzos y el sudario donde había estado el cuerpo de Jesús. Luego entró Juan, y a pesar del temor, los iluminó una nueva esperanza, que mas adelante se transformara en un conocimiento absoluto, de que Jesús había resucitado, aunque nadie lo había visto todavía. Los dos Apóstoles volvieron a sus hermanos. Seguir leyendo

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El altruismo

Conferencia General Abril 1985

El altruismo

H. Burke Petersonélder H. Burke Peterson
del Primer Quórum de los Setenta

«La mayoría de nosotros no somos altruistas por naturaleza. En muchas ocasiones es más fácil decir ‘No puedo’, o ‘Soy diferente’, o ‘No tengo tiempo’ que hacer lo necesario para que sea la vida de los demás más feliz y placentera. «

Esta mañana mi espíritu se encuentra subyugado al expresar mi agradecimiento al Señor por la oportunidad de servir y aprender. Estoy agradecido por la fe y confianza que ha depositado en mí. Deseo que sepáis que tengo un tesoro de recuerdos especiales entre los que se cuentan muchos empleados fieles y devotos de la iglesia, tanto aquí como en muchas partes del mundo. Son santos de primera categoría. Mi corazón se enternece al expresar mi amor y gratitud a los obispos Brown, Clarke y Featherstone, con quienes serví durante estos últimos años. Extrañaré la hermandad del Obispado Presidente. Nos sentimos conmovidos y honrados al ser llamados a dedicar nuestros esfuerzos y energía en el sagrado templo. Sabemos que será una experiencia magnifica. Expreso mi profundo agradecimiento a las Autoridades Generales por permitirnos servir en este llamamiento tan especial.

Hace algunos años, junto con otras Autoridades Generales, recibimos la asignación de asistir a una serie de conferencias en las regiones de Nueva Zelanda y Australia. Inicialmente, el presidente Spencer W. Kimball iba a encabezar nuestro grupo; sin embargo, debido a la necesidad de una intervención quirúrgica de emergencia, no pudo viajar con nosotros, de modo que el presidente N. Eldon Tanner tomó su lugar como encargado del grupo.

Durante el viaje, el presidente Tanner le llamaba por teléfono al presidente Kimball a su cuarto del hospital para averiguar cómo seguía y para darle un breve informe de las conferencias en las que participábamos. Después de su diaria llamada a Salt Lake City, el presidente Tanner siempre nos informaba de la condición del Presidente. Todos estábamos ansiosos y recibíamos con gusto aquellos breves mensajes. Seguir leyendo

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Dispuestos a someternos

Conferencia General Abril 1985logo 4
Dispuestos a someternos
élder Neal A. Maxwell
del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. MaxwellEl alma sumisa será rectamente conducida a soportar bien algunas cosas y a estar anhelosamente consagrada a poner en orden otras cosas, haciendo la distinción entre unas y otras.

No voy a disculparme por tratar de hablar de lo que Pablo llamó «lo profundo de Dios» (1 Cor. 2: 10), pero si por mi incapacidad de llegar a lo mas profundo.

Aunque encontramos esa cualidad en la sencilla pero espiritualmente exuberante vida de los verdaderos héroes y heroínas espirituales que nos rodean, al tratar de alcanzarla nosotros como discípulos, su carencia mantiene a muchos de nosotros rezagados en los valles y alejados de las cumbres. Me refiero a nuestra vacilación y renuencia a someternos totalmente al Señor y a sus propósitos para con nosotros.

El ser así renuentes es semejante a haber salido de Egipto sin llegar a la Tierra Santa, o a habernos quedado en Nauvoo esperando la construcción de las vías ferroviarias, o a habernos establecido permanentemente en Winter Quarters.

Si bien podemos poseer otros buenos atributos, quizás todavía nos falte esa cualidad. Ese era el caso del hombre justo que sinceramente se arrodillo a los pies de Jesús. Faltándole una cosa, se alejó triste y renuente al imponérsele cierta condición (Marcos 10:21-22; Lucas 18:22-23). Ya sea que nos alejemos de las «muchas posesiones» sin mirar hacia atrás (Marcos 10:22), o de un lugar de importancia en la sinagoga (Juan 12:42-43), o de actitudes erróneas de orgullo acumuladas a través de los años, o del simple acto de dejar «al instante» las redes del pescador (Mat. 4:20), la prueba es siempre la misma.

Con una introspección sincera e imparcial, cada uno de nosotros puede mencionar lo que aun le falta, que en mi caso es mas de una cosa.

La sumisión espiritual es muchísimo mas que flexionar la rodilla o inclinar la cabeza. Porque ¡ay!, cuanto mas pensemos «en las cosas de la carne» (Rom. 8:5), menos podemos tener «la mente de Cristo» (1 Cor. 2: 1ó).

Jesús estableció este determinante requisito:

«. . . si no os . . . hacéis como niños, no entrareis en el reino de los cielos»(Mat. 18:3).

Uno de los profetas de Jesucristo indicó-estipulando tres veces la sumisión-cómo puede un discípulo volverse «. . .como un niño: sumiso, manso, humilde, paciente, lleno de amor y dispuesto a someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente imponer sobre el, tal como un niño se sujeta a su padre» (Mos . 3: 19) .

Tres grupos de pasajes de las Escrituras ponen de relieve esta magnifica cualidad. (Alma 7:23, 13:28; D. y C. 121:41-42. ) Asombrosamente semejantes, forman una uniforme letanía de atributos que tienen en su centro catalítico a la sumisión. Por la forma en que se destaca esta agrupación, no puede ser casual.

Mas aún, la sencillez con que se describe esa cualidad esta en proporción a la dificultad para desarrollarla; es muy fácil decidirse a medias, pero esto hace que progresemos a medias, seamos «a medias» bendecidos y vivamos a medias, con muchos capullos y pocas flores.

Por lo tanto, de nada sirve una visión superficial de esta vida, no sea que digamos que la experiencia terrenal es sólo para venir a recibir un cuerpo, como si se tratara de ir a buscar un traje a la tintorería; o que hablemos con indiferencia de venir aquí a ser probados, como si se tratara de una breve y fácil carrera de obstáculos.

No hablaremos en estos comentarios de cuanta sumisión a las circunstancias debe existir; baste decir que Dios «concede a los hombres» ciertas cosas con las que debemos conformarnos (Alma 29:4; Fil. 4:11; 1 Tim. 6:8). Tenemos que seguir viviendo, sea que nos falte la madre o una parte del cuerpo; sin embargo, debemos aprender a controlar el carácter y las pasiones. Aunque se nos fija el recorrido, genéticamente tenemos la oportunidad de ser mayordomos diligentes. El alma sumisa será rectamente conducida a soportar bien algunas cosas y a estar anhelosamente consagrada a poner en orden otras cosas, haciendo la distinción entre unas y otras.

En particular, se requiere humildad mental para reconocer el amor perfecto que Dios nos tiene y su omnisciencia. Si reconocemos estas tranquilizadoras verdades y aceptamos el hecho de que El desea que progresemos y seamos felices, estaremos preparados para las experiencias que sobrevendrán. Esa humildad exige una sincera honradez intelectual, el reconocimiento de las experiencias del pasado, y un oído atento al Espíritu Santo, que nos predica desde los recónditos rincones de la memoria.

Al comunicarse el Señor con los mansos y sumisos, el tono es mas suave, pero el matiz es mas intenso. Aun los mas mansos, como Moisés (Núm . 12:3), aprenden cosas extraordinarias «que nunca» hablan «imaginado» (Moisés 1: 10). Pero es sólo al humilde que se le enseña y se le nutre así, y no a aquellos que, como dijo Isaías, son «sabios en sus propios ojos» (Isaías 5:21; 2 Nefi 9:29 y 15:21).

Los consejos de Dios nos unen y armonizan con las magnificas realidades del universo; mientras que el pecado nos deja vacíos, nos aísla y nos aparta, confinándonos a la celda desolada del egoísmo. Por eso, la multitud del infierno es solitaria.

Al contrario, la sumisión espiritual es armonía y comunión al dar estabilidad al corazón y a la mente. Entonces, dedicaremos menos tiempo a las decisiones y mas al servicio; por otra parte, cuanto mayor sea la vacilación, menor la inspiración.

La entrega de nuestro corazón a Dios marca la última etapa de nuestro progreso espiritual. ¡Es entonces cuando empezamos a serle útiles! ¿Cómo podemos pedirle que nos haga un instrumento en sus manos si la herramienta pretende darle instrucciones al que la utiliza?

Cuando de verdad cumplimos con el primer mandamiento de amar a Dios con todo el «corazón, alma, mente y fuerza» (D. y C. 59:5; Mateo 22:37), el dar tiempo, talento y bienes va acompañado de una entrega total de nosotros mismos.

A veces somos renuentes porque nos falta fe o estamos extremadamente envueltos en las cosas del mundo; otras, hay en nosotros una comprensible aprensión que demora la entrega, porque presentimos lo que esa entrega significa.

No obstante, debemos librarnos de nuestro viejo yo-ese yo retrogrado, restringido y quejumbroso-y hacernos receptivos al cincel del Señor. Pero ese yo no se retira de buen grado ni con rapidez Aun así, esta sumisión a Dios es una emancipación.

¿Cómo podemos sinceramente reconocer la paternidad de Dios y rehusar sus preceptos? Sobre todo, en vista del hecho de que el Señor disciplina a aquellos a quienes ama (Heb. 12:6;D. y C. 136:31; Mos. 23:21; Apoc. 3:19).

Cuando lo eligieron, Samuel era «joven y hermoso. . . Entre los hijos de Israel no había otro mas hermoso que el»

(1 Sam. 9:2). Mas tarde, se envolvió en su ego y se infló con su poder. Samuel le recordó que «eras pequeño en tus propios ojos»(1 Sam. 15:17). En contraste, la sumisión sincera ennoblece grandemente el alma sin hipocresía ni engaño (D. y C. 121 :42) .

La sumisión también refrena nuestra tendencia a exigirle al Señor explicaciones por adelantado; así lo entendió Nefi que, aunque sin comprender, confiaba en El:

«Se que ama a sus hijos; sin embargo, no se el significado de todas las cosas.» (1 Nefi 11: 17.)

También lo entendió María, cuando dijo, confusa pero sumisa:

«He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.» (Luc. 1:38.)

Así como el saber esperar la gratificación es una indicación de la madurez, la disposición a esperar una explicación que tarda en venir indica una fe verdadera y una confianza sin limites.

Si somos fieles, reconoceremos que estamos en las manos del Señor y que debemos someternos a El bajo sus estipulaciones, no las nuestras. No se trata de una sujeción condicional, sino total, sin condiciones.

Imaginemos que Enoc se hubiera opuesto al llamamiento del Señor. Habría continuado su vida siendo una buena persona, sirviendo al Señor de a ratos, viviendo en un lugar que seria un simple barrio bajo comparado con la Ciudad de Enoc; y no seria parte de esa gloriosa escena de bienvenida que todavía esta en el porvenir. (Moisés 7:63.)

¿Y si Pedro no hubiera dejado sus redes «al instante»‘? (Mat. 4:20.) Podría haberse convertido en el respetado presidente de la Asociación Galilea de Pescadores. . . Pero no habría estado en el Monte de la Transfiguración con Jesús, Moisés y Elías, ni habría oído la voz de Dios. (Mat. 17:4.)

Hay tres palabras especiales: «Y si no», que nos dieron tres sumisos jóvenes que entraron en el «horno ardiendo» convencidos de que . . . nuestro Dios . . . puede librarnos del horno de fuego ardiendo. . .

«Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses. . .» (Dan. 3: 1718; cursiva agregada. )

Mas aun, nuestras oraciones deberían contener otras tres palabras especiales:

«Y cualquier cosa que pidáis al Padre en mi nombre, creyendo que recibiréis, si es justa, he aquí, os será concedida.» (3 Nefi 18:20; cursiva agregada. )

Sólo entregándonos a Dios podemos comprender cual es su voluntad para con nosotros. Si de verdad confiamos en El, ¿por que no entregarnos a su amorosa omnisapiencia? Después de todo, El nos conoce y sabe nuestras posibilidades mucho mejor que nosotros.

«No obstante, ayunaron y oraron frecuentemente, y se volvieron mas y mas fuertes en su humildad, y mas y mas firmes en la fe de Cristo. . . si, hasta. . . entregar el corazón a Dios.» (Hel. 3:35.)

De otra manera, podemos empeñarnos demasiado en promover nuestra propia causa:

«Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios.» (Rom. 10:3.)

Diferente es la admonición de Jesús cuando dijo que no buscáramos las cosas de este mundo, sino que primeramente buscáramos edificar el reino de Dios y establecer su justicia (Mat. 6:33).

Aunque las circunstancias a me nudo nos inducen a la sumisión, nuestra evolución no tiene porque ser súbita ni estar ligada con un suceso particular; puede ocurrir en forma constante y en condiciones comunes y cotidianas. Si somos humildes, podemos obtener de una reprimenda una comprensión mas amplia y ventajosa; un nuevo llamamiento puede sacarnos de la cómoda rutina y de aptitudes ya establecidas. A fin de extraernos el tumor maligno del materialismo, quizás sea necesario que se nos prive de ciertos lujos. A fin de despojarnos del orgullo, quizás antes tengamos que sentirnos humillados.

El cincel nos modela, y el cambio esta muy lejos de ser simplemente cosmético.

La dirección en que se incline el alma al principio es esencial. ¿Desdeñará los resultados o los vera como parte de un plan? ¿Que haremos entonces, murmurar o meditar?

Aunque nosotros mismos provocamos mucho de nuestro sufrimiento, algo de este lo causa o lo permite Dios. Esta temperante realidad demanda profunda sumisión, especialmente cuando el Señor no aparta de nosotros la copa. En esas circunstancias, cuando se nos recuerda que en la preexistencia nos regocijamos al presentársenos el plan de esta vida (Job 38:7), quizás se nos pueda perdonar si en un momento dado, reflexionamos sobre el motivo de tanto regocijo.

El resultado final para los fieles es la comprensión de «las cosas como realmente son» (Jacob 4: 13), el tranquilizador conocimiento de que estamos en las manos del Señor. Pero, mis hermanos, ¡nunca hemos estado en otra parte! Una demostración magnifica de esta actitud es nuestro estimado y sumiso hermano, Bruce R. McConkie.

«¿No sabéis que estáis en las manos de Dios?» (Morm. 5:23), Y así también «toda carne» (D. y C. 101: 16; Moisés 6:32), y «los cielos y la tierra» (D. y C. 67:2). Quizás Sólo podamos llegar a la comprensión total de que estamos en las manos de Dios meditando acerca de las marcas en las manos de nuestro sumiso Salvador. (3 Nefi 11: 14-15.) Algunos, habiéndose apartado, tendrán que preguntar que heridas son esas. (D. y C. 45:51-52. ) Estos son los que «no observan la obra del Señor, ni consideran las obras de sus manos» (2 Nefi 15:12).

Cuanto mas estudiamos, oramos y meditamos sobre la asombrosa Expiación, mas dispuestos nos mostramos a reconocer que estamos en sus manos y las del Padre. Reflexionemos, pues, sobre estos puntos finales.

Cuando la inimaginable carga empezó a pesar sobre Cristo, le confirmó la comprensión intelectual que por mucho tiempo había tenido de lo que debía hacer. Comenzó a llevarlo a efecto, y exclamó: «Ahora esta turbada mi alma; ¿y que diré’? ¿Padre, sálvame de esta hora?» Luego, ya fuera en un monólogo espiritual o como enseñanza para aquellos que lo rodeaban, agregó: «Mas para esto he llegado a esta hora» (Juan 12:27).

Mas tarde, en Getsemaní, el Jesús sufriente empezó a «angustiarse» (Mar. 14:33), o, según el griego, a estar «asombrado» y «anonadado».

¿Podemos imaginar a Jehová, el Creador de este y otros mundos, «asombrado»? Jesús sabia lo que tendría que hacer, pero no lo había experimentado . ~ Nunca había sentido en carne propia el intenso y agotador proceso de una expiación! Así, cuando la angustia le sobrevino en toda su intensidad, era mucho, muchísimo, peor de

lo que aun El, con su intelecto inigualable, pudo haber imaginado. ¡No es de extrañar que haya aparecido un ángel para fortalecerlo! (Lucas 22:43. )

El peso acumulado de todos los pecados terrenales, pasados, presentes y futuros, cayó con toda su fuerza sobre aquella alma perfecta, inmaculada y sensible. No sabemos por que, pero todas nuestras dolencias y enfermedades también formaron parte de la horrible realidad de la Expiación (Alma 7:11-12; Isa. 53:35; Mat. 8: 17). El angustiado Jesús no sólo suplicó al Padre que apartara aquella copa de El, sino que también le dijo:

«Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mi esta copa.»(Marcos 14:35-36.)

Siendo Jehová, ¿no había dicho El mismo a Abraham: «¿Hay para Dios alguna cosa difícil?»‘? (Gen. 18: 14.) ¿No había dicho su ángel a la asombrada María que «nada hay imposible para Dios»? (Luc. I :37. )

¡La suplica de Jesús no era una dramatización !

En esa adversidad, ¿esperaría El que apareciera la zarza con el carnero del rescate’? No lo se. Su sufrimiento -que era intensidad multiplicada por infinidad- provocó mas tarde el clamor de su alma en la cruz, un clamor de desamparo (Mat. 27:46).

Aun así, Jesús mantuvo esta sublime sumisión, tal como había demostrado en Getsemaní: «Pero no sea como yo quiero, sino como tu.» (Mat. 26:39. )

Al tomar sobre si nuestros pecados, dolores y enfermedades y llevar a cabo la Expiación (Alma 7:11-12), Jesús se convirtió en el perfecto Pastor, por lo que estas líneas de Pablo nos transmiten un especial significado y confianza:

‘¿Quien nos separara del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligros o espada?» (Rom. 8:35.)

Ciertamente, estamos en sus manos, ¡y que manos santificadas!

La maravillosa y gloriosa Expiación ha sido el acto principal en toda la historia de la humanidad. Es el eje alrededor del cual gira todo lo demás que tenga importancia; pero empezó a girar gracias a la sumisión espiritual de Jesús.

Que podamos ahora, y en nuestro tiempo y turno, estar dispuestos a someternos (Mos. 3: 19), lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

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