Perdonar es divino

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Perdonar es divino
Por el Élder Theodore M. Burton
Del Primer Quórum de los Setenta

Theodore M. Burton«A una persona con una actitud de no perdonar no se le puede considerar discípulo de Jesucristo.»

Me gustaría limitar mis palabras en esta oportunidad al principio del perdón en lo que se refiere al caso de una persona a quien se le hayan suspendido los derechos de miembro o que haya sido excomulgada. Si aplicamos este principio podemos socorrer «a los débiles», levantar «las manos caídas» y fortalecer «las rodillas desfallecidas”.(D. y C. 81:5.) Hay ocasiones en que la acción con que la Iglesia puede mostrar más amor es por medio de la suspensión de derechos o la excomunión de una persona. Tal vez esta idea parezca incongruente para los que no comprendan la verdadera naturaleza del arrepentimiento y del perdón. Incluso dentro de la Iglesia misma, los miembros algunas veces no saben cómo actuar ante dichas personas.

¿Debería alejarme de ellos para protegerme en caso de que el pecado fuera contagioso? ¿Debería manifestar mi desagrado de que él o ella hayan cometido tal transgresión y dejar de asociarme con ellos? ¿Debería actuar como si nada hubiera ocurrido, o debo manifestar mayor interés en esa persona para demostrarle afecto y que me importa su bienestar? Estas son preguntas importantes que merecen respuestas sinceras.

Este es un asunto que me preocupa porque cualquier acción que se tome tiene serias consecuencias tanto para el transgresor como para los miembros activos de la Iglesia que a veces actúan con buenas intenciones, pero es posible que hayan sido mal informados. Pero aun más me preocupa la actitud de los que son víctimas de la transgresión, aquellos que son perjudicados por las acciones del transgresor.

Un ejemplo adecuado es el de mis propios nietos. Ocasionalmente riñen entre sí o se hablan ásperamente los unos a los otros. Sin embargo, quedo maravillado y a la vez complacido cuando observo con cuánta rapidez la víctima de una palabra o acción áspera perdona y olvida. Me agrada ver que pronto se recibe al ofensor con amor en el círculo de sus hermanos y hermanas. El padre y la madre le enseñan a quien ha cometido la ofensa a no hacerlo de nuevo, de manera que el cariño y el amor se fortalecen en la familia.  Seguir leyendo

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Para que podáis tener raíces y ramas

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Para que podáis tener raíces y ramas
élder Hartman Rector, hijo
del Primer Quórum De Los Setenta

Hartman Rector, Jr«El diezmo es uno de los principios fundamentales de la exaltación. Es un principio de grandes promesas y trae consigo felicidad y gozo eternos.»

«¿Robará el hombre a Dios?» (Malaquías 3:8), debe ser una de las preguntas más directas que se haya hecho en las Santas Escrituras. El responderla afirmativamente significaría que los ladrones recibirán su maldición y serán quemados como estopa durante la segunda venida del Señor. (Malaquías 3:9; 4:1.)

Por medio del profeta Malaquías se le hizo esta pregunta al antiguo Israel, mas ésta no solamente fue dirigida a ese pueblo sino que también se aplicó a los nefitas y a los lamanitas de este continente, cuando el Señor resucitado la repitió durante el tiempo que estuvo con ellos, aproximadamente en el año 34 (3 Nefi 24:8-9). Estoy convencido de que el Israel moderno también está incluido bajo la misma amonestación porque el Señor empleó casi las mismas palabras cuando previno contra la quema que precedería su segunda venida, para la cual el diezmo parece ser el punto crítico de juicio. (D. y C. 64:23-24. )

Por otra parte, a aquellos que pagan el diezmo (que le dan al Señor la décima parte de sus ganancias) se les promete que las ventanas de los cielos se abrirán y derramarán sobre ellos bendiciones hasta que sobreabunden (véase Malaquías 3:10). Y el Señor añade, «Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra» (Malaquías 3:11). Esta es una bendición de gran magnitud.

La obediencia a los mandamientos del Señor, incluso al importante mandamiento del diezmo, nos trae muchas bendiciones. No siempre comprendemos la manera en que el Señor nos bendecirá. Por ejemplo, tal vez la experiencia siguiente, parecida a muchas que hemos tenido, nos aclarará este punto.

¿Habéis estado alguna vez manejando detrás de un auto que parece no moverse y cuyo chofer no da señales de tener prisa alguna y sabéis que si no se apresura no podréis alcanzar el semáforo antes de que éste cambie? Y de repente el auto que está enfrente del vuestro acelera con el tiempo suficiente como para pasar la luz amarilla obligándoos a deteneros. Esta clase de experiencia tiende a probar nuestra paciencia, ya que sentimos el deseo de insultar a aquel que obró de esa manera mientras él continúa su camino. No obstante, es posible que el Señor esté protegiéndonos de un accidente a tres kilómetros de ahí simplemente porque, aunque de mala gana, nos detuvimos en la luz roja. Si pensamos de esta manera, tal vez nos sintamos agradecidos en lugar de enojados. Seguir leyendo

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Nuestro vuelo espiritual

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Nuestro vuelo espiritual
Por el Élder Jacob De Jager
Del Primer Quórum de los Setenta

Jacob de JagerLa impaciencia, la crítica, la hostilidad, el orgullo, la ambición y la frustración son lastres que nos impiden elevarnos espiritualmente.

Estoy muy agradecido y feliz por esta oportunidad de hablaros a vosotros, los santos, en este histórico edificio, así como también a los miembros reunidos en otras partes adonde he sido asignado a conferencias últimamente, como Hurricane, Utah y Wendell, Idaho. Allí tengo muchos amigos. Es realmente un privilegio para mí expresaros mi testimonio esta tarde y hablaros de lo que guarda mi corazón.

Desde el principio de la historia, el hombre se ha maravillado ante los misterios del espacio y ha sentido el deseo de escapar de los límites de la gravedad. Pero la primera incursión que se registró fue el ascenso de un globo no tripulado que lanzaron los hermanos Montgolfier en León, Francia, en 1783; poco después tuvo lugar el primer ascenso tripulado que partió del Bosque de Boloña, en París. ¿Cuál es la situación en 1983, doscientos años más tarde?

El hombre ha estado en la luna y ha enviado naves espaciales a planetas distantes. Cerca de trescientos satélites se han puesto en órbita alrededor de la tierra, a más de 36.500 kilómetros de altura sobre el ecuador, a fin de ampliar las telecomunicaciones y estudiar y pronosticar las condiciones meteorológicas. Ayer, y también anoche durante la reunión del sacerdocio, pudimos llegar vía satélite a más de medio millón de poseedores del sacerdocio al mismo tiempo.

Todos estos adelantos, sin embargo, tienen su origen en el globo, el cual dio al hombre una nueva perspectiva de su planeta así como elevación física y espiritual en el silencioso vuelo.

He experimentado personalmente, aunque sólo una vez, el deleite de un vuelo en globo. Fue durante los emocionantes días que siguieron a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, cuando en Holanda, mi país natal, se celebraba públicamente la liberación después de cinco años de guerra. Hubo grandes desfiles, festivales de danza y, en algunas ciudades, vuelos en globo a fin de atraer a las multitudes para otros espectáculos.

Un amigo me había invitado a participar en un vuelo cuando las condiciones del tiempo lo permitieran, y me enseñó varias cosas para prepararme. Supe que subiríamos en un globo de clase A, lleno con gas de carbón, que ascendería hasta que su peso se equilibrara con el aire circundante. Aprendí que en el cesto de mimbre que estaba debajo del globo había instrumentos de navegación, mapas, un estuche de primeros auxilios y, como lastre, bolsas de arena que podían vaciarse en el espacio para hacer que el globo ascendiera. Seguir leyendo

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Nuestro papel en el drama de la vida

Conferencia General Abril 1983

Nuestro papel en el drama de la vida

Royden G. Derrick

por el élder Royden G. Derrick
de la Presidencia Del Primer Quórum De Los Setenta

«Debemos esforzarnos por ser como el Señor Jesucristo, actuando como El lo haría.»


William Shakespeare demostró gran discernimiento al escribir: «El mundo entero es un teatro y todos los hombres y mujeres son simplemente comediantes.» («A vuestro gusto», acto 20., escena VII.) Quiero ahora preparar el escenario para un drama que no es ficción sino la vida real. Está basado en ciertos hechos:

Es un hecho que Dios vive. Es un hecho que Jesucristo fue y es un Ser divino. Es un hecho que el Padre y el Hijo se aparecieron a José Smith en la Arboleda Sagrada. Es un hecho que José Smith era un Profeta de Dios. Es un hecho que Dios revelaba su voluntad por medio de los profetas en los días bíblicos, y que sigue haciéndolo ahora.

El argumento de este drama fue escrito antes de que el mundo fuese. El Escritor ha revelado claves sobre escenas futuras a personas que las han dado a conocer a todos los que quieran escucharlas.

Por ejemplo, hace veintiséis siglos, se mostró a uno de los personajes importantes de este drama lo que había «de acontecer en los postreros días» (Daniel 2:28). Al profeta Daniel se le mostró la interpretación del sueño del rey Nabucodonosor, por lo cual dijo: «Y en los días de estos reyes», refiriéndose a las escenas de los últimos días, «el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre.» (Daniel 2:44. )

Las escenas relacionadas con esas claves están ahora en el escenario, en primer plano.

A los catorce años, José Smith fue a una arboleda y oró a nuestro Padre Celestial, pues quería saber cuál de todas las iglesias era la verdadera. Allí aparecieron ante él Dios el Padre y su Hijo Jesucristo. El Padre le dijo: «Este es mi Hijo Amado. ¡Escúchalo! » Entonces Jesucristo le dijo a aquel muchacho de catorce años que la Iglesia verdadera de Dios no estaba en la tierra, y que él había sido elegido para ser un instrumento en manos de Dios para restaurar la Iglesia de Jesucristo y los principios verdaderos de Su Evangelio. Así, en las siguientes escenas, «el Dios del cielo» levantó por medio de ese joven «un reino» del cual el profeta Daniel dijo «que no será jamás destruido». Seguir leyendo

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No tengáis miedo . . . De hacer lo bueno

Conferencia General Abril 1983

«No tengáis miedo… de hacer lo bueno»

Por el Presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

«Los hermanos del Consejo de los Doce aconsejan que leamos un capítulo por día de los Evangelios, eso es, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y Tercer Nefi en el Libro de Mormón.»

Hermanos y hermanas, por lo general el presidente Spencer W. Kimball sería nuestro último discursante. Estoy consciente de que muchos de vosotros os sintáis desilusionados porque no tuvisteis la oportunidad de verlo o escucharlo en esta ocasión. Pero como lo indiqué ayer en la mañana, él esta sufriendo el peso de su avanzada edad y de la vida tan intensa que ha llevado. Sin embargo, aún así se levanta cada mañana, se viste y con mucha frecuencia nos estamos comunicando con él. Al no encontrarse aquí, sería el presidente Romney el que debería tomar la palabra, pero tampoco él está, y como nos dijo en la última conferencia de octubre durante la reunión del sacerdocio, «parece que ya todo se ha dejado para que los niños lo hagan . . .»

Pronto regresaréis a vuestros hogares. Muchos de vosotros volveréis a las naciones de Europa, África, y a muchas naciones de Sudamérica. Otros a Australia, a Nueva Zelanda, a las Islas del Pacífico, a México, Centro América y a las naciones de Asia. Y muchos lo haréis a vuestros hogares en Canadá y los Estados Unidos.

Nunca deja de asombrarme el milagro de esta obra a medida que se extiende sobre la tierra. Hace unos momentos me tomé unos minutos para volver a leer el testimonio de José Smith acerca de las palabras que le fueron dadas cuando era un jovencito de diecisiete años de edad. Sobre la noche en que to visitó el ángel Moroni, nos dice: «Me llamó por mi nombre, y me dijo que era un mensajero enviado de la presencia de Dios, y que se llamaba Moroni; que Dios tenía una obra para mí, y que entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría mi nombre para bien y mal, o que se iba a hablar bien y mal de mí entre todo el pueblo.» (José Smith – Historia 33.)

Vemos en esta congregación el cumplimento de esta asombrosa profecía. Esta ha llegado a ser una gran Iglesia cosmopolita. Estamos muy agradecidos por vuestra gran fe y fidelidad. Todos nos vemos como hermanos y hermanas, sin importarnos aquella nación que llamamos nuestra patria. Pertenecemos a lo que podría llamarse la sociedad más grandiosa de amigos sobre la faz de la tierra.

Cuando el emperador de Japón visitó los Estados Unidos hace algunos años, fui a una comida que se hizo en su honor en San Francisco. Nos sentamos en una mesa con otras tres parejas que habían vivido en el Japón por razones de negocios, de gobierno, o como personal docente. Uno de los caballeros me dijo: «Nunca he visto gente como la suya. Conocimos a muchos estadounidenses mientras vivíamos en Japón, y la mayoría de ellos pasaba por un difícil ajuste cultural y extrañaba mucho su país natal; pero cuando iba una familia mormona, instantáneamente se hacían de muchos amigos. Los miembros de su Iglesia en Japón siempre sabían cuando iban a llegar y estaban allí para darles la bienvenida. Tanto los adultos como los niños se integraban inmediatamente en el ambiente social y en la comunidad religiosa. Parecían no sufrir el cambio de cultura y no sentirse solos. Mi esposa y yo hablamos de esto muchas veces.»

Así es como debe ser. Debemos ser todos amigos. Debemos amar, honrar, respetar y ayudarnos los unos a los otros. A donde vayan los miembros de la Iglesia, siempre deben ser bienvenidos, ya que todos somos creyentes en la divinidad del Señor Jesucristo y estamos todos abocados en Su gran obra. Me estoy refiriendo a la hermandad de los santos. Esto es y deberá ser una realidad. Nunca debemos permitir que este espíritu de hermandad se debilite. Constantemente debemos cultivarlo, ya que es uno de los aspectos más importantes del evangelio.

Ahora, mis hermanos y hermanas, hemos tenido una hermosa conferencia, una fantástica conferencia. Todos los que dirigieron la palabra lo hicieron bajo la inspiración del Espíritu Santo. La música ha sido maravillosa. Nos sentimos muy agradecidos a todos los que han participado: a los oradores, a los que han dado las oraciones, y a los que han elevado nuestro espíritu por medio de la música.

Al regresar a nuestros hogares meditemos acerca de lo que hemos oído. Y tomemos la determinación de vivir con más dedicación el evangelio.

«Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos.» (Artículo de Fe No. 13.)

Este artículo de nuestra fe es una de las declaraciones básicas de nuestra teología. Durante esta grandiosa conferencia se nos han recordado muchas de las virtudes que se encuentran en esa breve declaración, las cuales deberíamos meditar una y otra vez. Quisiera que todas las familias en la Iglesia escribieran ese artículo de fe y lo colocaran sobre un espejo donde todos los miembros de la familia pudieran verlo todos los días. De esa forma cuando seamos tentados a hacer algo incorrecto, deshonesto 0 inmoral, acudirá a nuestra mente con intensidad esta gran y breve declaración que abarca toda la ética de nuestro comportamiento. Y así habría menos racionalización acerca de algunos aspectos de nuestra conducta que tratamos de justificar con una excusa u otra.

Algunos quieren hacernos creer que la zona entre el bien y el mal es casi toda gris, ni blanca ni negra, y que es difícil determinar lo bueno y lo malo. Para cualquiera que crea esto, le recomiendo leer la hermosa declaración de Moroni que se encuentra en el Libro de Mormón:

«Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que pueda distinguir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que podréis saber, con un conocimiento perfecto, que es de Dios.» (Moroni 7:16.)

Establezcamos en nuestra vida la costumbre de leer sólo lo que fortalece la fe en nuestro Señor Jesucristo, el Salvador del mundo. El es la figura central de nuestra teología y nuestra fe. Todos los Santos de los Últimos Días tienen la responsabilidad de llegar a saber por sí mismos y con certeza, sin lugar a dudas, que Jesús es el Hijo resucitado y viviente del Dios viviente. Los hermanos del Consejo de los Doce aconsejan que leamos un capítulo por día de los Evangelios, eso es, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y Tercer Nefi en el Libro de Mormón, especialmente comenzando con el capítulo 11, donde se encuentra el relato de la visita de Jesucristo a los nefitas en este hemisferio. Quisiera recomendaros que siguierais este plan e instaros a que cumpláis con él.

Hermanos y hermanas, no tenemos nada que temer si nos mantenemos del lado del Señor. Si oramos y buscamos sabiduría de Dios, que es la fuente de la verdadera sabiduría, y si cultivamos un espíritu de paz y de armonía en nuestro hogar, si cumplimos con entusiasmo y fidelidad las responsabilidades en la Iglesia que se nos han asignado, si tratamos de acercarnos a nuestros vecinos y demás semejantes con un espíritu de aprecio y amor cristiano, ayudando a los que están pasando dificultades dondequiera que se encuentren, si somos honrados con el Señor en el pago de nuestros diezmos y ofrendas, seremos bendecidos como Dios nos ha prometido. Nuestro Padre Celestial ha hecho convenios con su pueblo, y El tiene el poder para cumplir esos convenios; yo os testifico que así lo hace.

Antes de finalizar, permitidme leeros estas tranquilizadoras palabras dadas por el Señor a su pueblo:

«No tengáis miedo, hijos míos, de hacer lo bueno, porque lo que sembréis, eso mismo cosecharéis. Por tanto si sembráis lo bueno, también cosecharéis lo bueno como vuestro galardón . . . no temáis, rebañito; haced lo bueno; dejad que se combinen en contra de vosotros la tierra y el infierno, pues si estáis edificados sobre mi roca, no pueden prevalecer.

Elevad hacia mí todo pensamiento; no dudéis; no temáis.» (D. y C. 6:33-34, 36.)

Y ahora para finalizar, os comunico el amor y las bendiciones que os envía el presidente Kimball, y de su primer consejero el presidente Romney, y de todos mis hermanos de las Autoridades Generales. A esto agrego mi propia gratitud por vuestro constante apoyo, por vuestro devoto servicio y vuestras demostraciones de fe. Que el Señor os bendiga generosamente, como sé que El lo hará si andáis en la fe. Es mi humilde oración, a la vez que os doy mi testimonio de que sé que Dios nuestro Padre Eterno vive, que Jesús es el Cristo, que es el Salvador resucitado de la humanidad, y que esta Iglesia en la que tenemos el honor de servir es su Iglesia restaurada en la tierra para la bendición de todos los hijos de nuestro Padre Celestial que obedezcan su mensaje. Dios os bendiga. Que El siempre vele por vosotros en todas las cosas. Ruego, humildemente, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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No se adormecerá ni dormirá

Conferencia General Octubre 1982

No se adormecerá ni dormirá

Gordon B. HinckleyPor el presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

«Dios está dirigiendo su obra de acuerdo con su voluntad. . . No debemos temer, ni preocuparnos. Nuestra necesidad imperiosa es que se nos encuentre desempeñando nuestra responsabilidad.»


Espero que os haya gustado el hermoso himno que cantó el coro: «No se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel». Proviene de la obra de Mendelssohn «El Elías» y la letra es una adaptación de uno de los Salmos. (Salmos 121:4.)

Ahora que nos encontramos reunidos en esta gran conferencia mundial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días quisiera utilizar esas maravillosas y tranquilizadoras palabras como tema. Ruego que se me otorgue la guía del Espíritu Santo.

El presidente Kimball no puede estar con nosotros en persona. pero preside desde su apartamento en el hotel frente a la Manzana del Templo, desde donde se une a nosotros al trasmitírsele la conferencia por medio de un circuito cerrado de televisión. No se encuentra en el hospital como dicen los rumores, sino que hace muchos meses que está en su apartamento. Tampoco está en coma, como muchos han dicho. Se levanta todos los días, pero se encuentra débil y cansado. Recientemente celebró sus ochenta y ocho años y está sintiendo el peso de su edad y el efecto acumulado de las muchas operaciones a que ha sido sometido en el pasado. ¡Qué magnífico ejemplo nos ha dado a todos! Le ha dado extraordinario ímpetu a esta obra. Toda la Iglesia ha alargado y apurado el paso acudiendo a su toque del clarín. Ha sido un profeta cuya visión y revelaciones han alcanzado a todos los pueblos de la tierra, sin distinción de nacionalidad, color, o niveles de vida. con el libre ofrecimiento de las incomparables bendiciones del Evangelio de Jesucristo para todos los que las acepten. Cuando estuve con él ayer me pidió que os diera su amor y bendiciones. Nosotros le amamos y oramos por él. Nuestro corazón se vuelca hacia él con afecto y nuestros ruegos en su favor ascienden a nuestro Padre Celestial. Seguir leyendo

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Las llaves del reino

Conferencia General Abril 1983
Las llaves del reino
élder Bruce R. McConkie
del Quórum de los Doce Apóstoles

«Las llaves del Reino de Dios . . . se dan por el espíritu de revelación a cada hombre que es ordenado Apóstol y a la vez apartado para ser miembro del Consejo de los Doce. Pero . . . sólo puede ejercerlas en su plenitud un hombre a la vez.»

Hoy hablaré de la forma en que se emplean las llaves del reino, y también de dónde vinieron, quién las posee en la actualidad y cuál es su futuro.

El sagrado relato comienza en la primavera de 1829, y se desarrolla a mediados del memorable mes de mayo. El Profeta del Señor se encuentra en el vigésimo cuarto año de su existencia mortal, y le dicta Sagradas Escrituras a su escriba. La sagrada palabra menciona el bautismo, sin el cual el hombre no puede ver el reino de los cielos ni siquiera entrar en él.

El Espíritu del Señor descansa sobre el vidente y su escriba. Desean el bautismo con la misma ansiedad que el hambriento busca alimento. La Divina Providencia les guía a un lugar recluido a orillas del río Susquehanna, cerca de Harmony, Pensilvania. Allí vuelcan su alma a Dios, el mismo que había mandado a su Hijo, sin mancha, que se bautizara para servir de ejemplo a todos los hombres.

Entonces se efectúa el milagro. Los cielos se abren, y un ángel baja desde las alturas celestiales para comunicarse con sus consiervos en la tierra. Se trata de Juan el Bautista, un ser ya resucitado, al que Herodes mandó decapitar mil ochocientos años atrás en los hediondos recintos de la cárcel.

Este es el mismo Juan que, siendo hijo único del sacerdote Zacarías y de Elisabet, había sido ordenado por un ángel a la temprana edad de ocho días para derribar el reino de los judíos.

El mismo Juan a quien acudieron los judíos en Betábara buscando el poder purificador del bautismo. Entonces fue que el amado Bautista, para cumplir con toda justicia, sumergió al mismo Hijo de Dios en las turbias aguas de un río palestino.

El mismo Juan que vio abrirse los cielos y al Espíritu Santo descender con la serenidad de una paloma, y descansar sobre el personaje acerca del cual la divina voz dijo a continuación: «Este es mi Hijo Amado, en quien tengo complacencia.» (Mateo 3:17.) Seguir leyendo

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La unidad

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La unidad
presidente Marion G. Romney
Primer Consejero en la Primera Presidencia
(Leído por su Hijo, George J. Romney)

Marion G. Romney«Aquellos que profesan aceptar el evangelio pero que al mismo tiempo critican y rehúsan seguir el consejo del Profeta están asumiendo una posición injustificable…»

Uno de los temas centrales del Evangelio de Jesucristo es el de la unidad. Las Escrituras enseñan que la igualdad y la unidad deben prevalecer entre los miembros de la Iglesia. Recordaréis que durante la noche de la Ultima Cena, cuando el Salvador se reunió con sus Apóstoles, oró para que ellos pudieran ser uno con El, de la misma forma en que El era uno con el Padre. El Salvador no oró por ellos únicamente sino también por los que iban a creer en El por la palabra de ellos:

«Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.» (Juan 17:20-21.)

El propósito siempre ha sido la unidad y la igualdad entre los miembros de la Iglesia de Cristo. Como ejemplo quisiera que recordaseis la historia de Enoc y la forma en que él y su pueblo llegaron a lograr un estado de unidad, mientras que el resto del mundo se hallaba en guerra.

«. . . y cayó una maldición sobre todo el pueblo que pugnaba contra Dios;
«y de allí en adelante hubo guerras y derramamiento de sangre entre ellos; mas el Señor vino y habitó con su pueblo, y moraron en justicia.
«El temor del Señor cayó sobre todas las naciones, por ser tan grande la gloria del Señor que cubría a su pueblo. Y el Señor bendijo la tierra . . .
«Y el Señor llamó SION a su pueblo.» ¿Por qué?
«Porque eran uno en corazón y voluntad, y vivían en justicia; y no había pobres entre ellos.» (Moisés 7:15-18; cursiva agregada.)

Durante su ministerio terrenal, Jesús enseñó la misma doctrina a sus discípulos. Después de Su ascensión, «todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

«Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.» (Hechos 4:31-32.) Seguir leyendo

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La enseñanza: el llamamiento más importante

Conferencia General Abril 1983

La enseñanza:
El llamamiento más importante

Por el Élder M. Russell Ballard
De la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

“Todos los humanos enseñamos algo a alguien en casi todo minuto del día
mientras estamos aquí en la tierra.”


Hace unos cuantos años que soy director ejecutivo del Departamento de Materiales de Estudio de la Iglesia. Cuando me di cuenta del enorme trabajo que requería preparar tan sólo un curso de estudio. me sentí abrumado. Ahora siento mucho más respeto por los materiales de estudio aprobados por la Iglesia.

Permitidme daros un ejemplo. El suplemento para el maestro del manual de Doctrina del Evangelio, que fue preparado para ayudar a los maestros a enseñar el Nuevo Testamento, fue escrito por un comité de fieles y capaces miembros que donaron su tiempo a la Iglesia y que fueron llamados y apartados por una de las Autoridades Generales. Este trabajo comenzó en la primavera de 1980 después que una Autoridad General aprobó el bosquejo. Los miembros de este comité pasaron miles de horas investigando, escribiendo y reuniéndose cada dos semanas donde el comité analizaba cada una de las lecciones cuidadosamente y sugería cómo podía mejorarse. Lo escrito por el comité pasó entonces a las manos de las Autoridades Generales que están a la cabeza de los Departamentos del Sacerdocio y Materiales de Estudio, la Presidencia General y la Mesa de la Escuela Dominical, el Departamento de Editores y el Departamento de Correlaciones. El manual pasó por un cuidadoso escrutinio a muchos niveles antes de ser aprobado para que se utilizara este año en la Escuela Dominical. Todos los materiales de enseñanza para la Iglesia siguen básicamente el mismo procedimiento. Seguir leyendo

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Ipso facto

Conferencia General Abril 1983

Ipso facto

por el élder Marvin J. Ashton
Del Quórum De Los Doce Apóstoles

“Existe, para todos aquellos de nosotros que tenemos el conocimiento de Su divinidad, la urgencia de actuar en base a este conocimiento sin vacilar.”


Hace algunas semanas tuve oportunidad de conversar con un desalentado misionero en un país lejano.

Cuando le pregunté: “¿Cuánto hace que no le escribe una carta a su madre?” me respondió “Bueno, unas tres o cuatro semanas, creo.” Entonces le sugerí que le escribiera una carta ipso facto, tras lo cual, extrañado, me preguntó: “¿Qué quiere decir ipso facto?”

Ipso facto es un término potente e implica acción. Quiere decir inmediatamente, sin vacilar, o como se le usa en la Biblia, al instante. También implica, en cierta forma, el no perder el tiempo en cosas sin importancia. El término negligencia podría considerarse opuesto a ipso facto. El ser negligente significa postergar intencional y regularmente algo que debe ser hecho. La negligencia es una demora improductiva. Alguien, con buen sentido del humor, la definió así: “La negligencia es una tontería, mucho me desgana, pero puedo cambiar en seguida, aunque creo que lo haré mañana.” Seguir leyendo

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Instruye al niño . . .

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Instruye al niño . . .
Por el Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry«La primera y más importante cualidad del alma que podemos inculcar en el niño es la fe en Dios; la primera y más importante acción que el niño puede aprender es la obediencia Y el medio más poderoso con que contamos para enseñar al niño es el amor. «

«Instruye al niño en su camino», dice el autor de los Proverbios, «y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.» (Proverbios 22:6.)

Esa admonición acudió a mis pensamientos hace poco mientras leía un artículo de una publicación reciente titulada «Nuestros desatendidos hijos» (U. S. News & World Report, 9 de ago. de 1982.) El artículo hacía notar que la mayoría de ellos están debidamente vestidos y alimentados, pero que algo hace falta en la vida de innumerables niños. Lo que muchos de ellos necesitan es más atención de sus padres, a quienes envuelven los apremios diarios.

El artículo dice: «En un país que profesa enorgullecerse de sus jóvenes, los cambios sociales están perjudicando física y sicológicamente a millones de niños. Para ellos, el crecer en los Estados Unidos se va tornando en una penosa experiencia más bien que en una alegría.

«Al bregar los padres por encarar las consecuencias de un divorcio, enfrentar uno de ellos solo la crianza de los hijos, el trabajar ambos fuera del hogar y una difícil economía, muchos de los más de cuarenta y siete millones seiscientos mil niños menores de catorce años pagan un precio que fluctúa entre la simple negligencia y el más completo abuso.

«Los padres están sumidos en un mar de valores opuestos», subraya el artículo. «Valoran a sus hijos, pero también valoran otras cosas, como tiempo para sí mismos, bienes materiales, nivel social y sus profesiones. Por motivo de esos conflictos, en muchos casos descuidan a sus hijos y no les dan la atención que merecen.»

Al viajar fuera de este país, me ha parecido ver manifestarse esos mismos problemas en otros sitios. Son señales de peligro para nuestros hijos. Vemos más madres que trabajan, más, hogares con uno solo de los padres, un aumento enorme de niños que nacen fuera del vínculo del matrimonio. Esos crecientes cambios sociales están causando mayores dificultades para los niños de nuestra sociedad actual. Seguir leyendo

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Evidencias de la resurrección

Conferencia General Abril 1983

Evidencias de la Resurrección

Howard W. Hunter 1

por el élder Howard W. Hunter
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Algunas de las evidencias, y «un procedimiento que, si se sigue, puede llevar a obtener un conocimiento de la verdad del Evangelio.


El mensaje que traigo a esta conferencia y a aquellos que la escuchen es importante para toda persona viviente.

No es un mensaje nuevo. Si sois miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, lo habréis oído muchas veces. Si no lo sois, quizá lo hayáis oído alguna vez, pero a lo mejor, por lo que hoy se haga ver, os sintáis más impresionados por su veracidad y más inclinados a hacer de él una creencia motivadora.

El mensaje del que hablo ha formado parte de todos los discursos previamente pronunciados hoy. Es sencillo, hermoso y magnífico. Quizá no lo presente yo de un modo perfecto y es probable que haya muchos que no lo comprendan íntegramente. Acaso resulte difícil reaccionar a él de un modo apropiado, pero el mensaje mismo se ha considerado el más grandioso, el más emocionante, el más significante e importante que se ha oído u oirá jamás. Tiene que ver con «las buenas nuevas», o sea, el Evangelio de Jesucristo.

Explícitamente, es que Jesús de Nazaret, el mismo que nació de María en Belén hace cerca de dos mil años, es el Salvador de todo el género humano. Sabemos  —y lo testificamos al mundo— que El vivió una vida en verdad perfecta y ejemplar, que padeció por nuestros pecados en el Jardín de Getsemaní, que dio su vida por nosotros al ser crucificado y que resucitó al tercer día: tal como dijo que sucedería. La parte final de estas buenas nuevas es que El volverá en un tiempo futuro para reunir a los suyos.

Este es también el mensaje que el apóstol Pablo comunicó en su epístola a los santos de Corinto, que Cristo murió por nuestros pecados, que fue sepultado y que resucitó al tercer día. He aquí lo que escribió:

«Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis;
«por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
«Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
«Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.» (1 Corintios 15:1-4.) Seguir leyendo

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El sacramento de la santa cena

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El Sacramento de la Santa Cena
élder David B. Haight
del Quórum de los Doce Apóstoles

David B. Haight“Durante la semana nuestra conducta debe reflejar la renovación espiritual que experimentamos.”

Ojalá todos pudieran crecer en un pueblo chico. Yo tengo tantos recuerdos felices de mi niñez y adolescencia. En aquellas deliciosas noches de invierno o de verano nosotros mismos inventábamos nuestros entretenimientos. Eran días maravillosos.

El edificio más importante de nuestro pueblo, aparte del de la escuela, era la capilla, la cual tenía una impresionante plataforma de dos niveles. Esta era bastante grande, y en el primer nivel estaba la mesa para el secretario en un extremo y el piano en el otro; exactamente en el centro se encontraba la mesa para la Santa Cena. El nivel superior tenía el púlpito, con su cubierta de terciopelo rojo y sillas con asientos de la misma tela y bellos tallados, que eran para el obispado y autoridades visitantes. En la pared opuesta había dos hermosos cuadros, uno del Templo de Kirtland y otro del de Salt Lake. Todos los asistentes teníamos una clara perspectiva del púlpito y, por supuesto, de la mesa sacramental.

Las reuniones sacramentales eran ocasiones muy especiales. El Señor nos ha enseñado:

«Conviene que la iglesia se reúna a menudo para tomar el pan y el vino en memoria del Señor Jesús.» (D. y C. 20:75. )

Los que teníamos el Sacerdocio Aarónico sabíamos que era especial. Estábamos bien capacitados, y sabíamos todo lo que debíamos hacer. En nuestro hogar y en las reuniones del quórum se nos enseñaba que era un alto honor el que teníamos al poseer el Sacerdocio de Dios, el que nos permitía obrar en sagradas ordenanzas del evangelio.

Recuerdo vívidamente cómo admirábamos los diáconos a los dos presbíteros sentados en el primer nivel de la plataforma, que pronunciaban la oración del Sacramento de la Cena del Señor. Todos los que estaban allí podían verlos, y estoy seguro de que ellos sentían la importancia de la ocasión. Estaban pulcramente vestidos con su mejor ropa, y se hallaban bien preparados.

Los del obispado, sentados en sus sillas, quedaban por encima del nivel de los presbíteros. Todos podíamos verlos, y éstos actuaban y tenían el mismo aspecto de dignidad del obispado. Los diáconos y los maestros nos sentábamos en la primera fila, listos para repartir la Santa Cena. Recuerdo lo brillantes que estaban las bandejas del pan, y las copas para el agua refulgían. Todo lo que había en la mesa, incluyendo la mantelería, estaba inmaculado y listo. Seguir leyendo

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El que recibe a mis siervos

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El que recibe a mis siervos
élder Loren C. Dunn
Del Primer Quórum De Los Setenta

Loren C. Dunn«El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá (Mateo 10:41). Quisiera esas bendiciones para todo Santo de los Últimos Días.»

Mis hermanos y hermanas. estoy muy agradecido de estar aquí esta tarde. Quisiera comenzar mi discurso dándoos mi testimonio de la veracidad de esta obra. Yo sé que Dios vive y que Jesús es el Cristo y que ésta es su Iglesia. Yo sé que José Smith fue un profeta de Dios y que hoy día el presidente Spencer W. Kimball también es un profeta de Dios.

Me gustaría compartir una o dos experiencias con vosotros. En los años de mi infancia, Heber J. Grant era el Presidente de la Iglesia. Mi padre siempre oraba por el presidente Grant y sentía un gran aprecio por él debido a que el presidente Grant fue en un tiempo presidente de la estaca de Tooele, posición que en ese momento mi padre ocupaba. El presidente Grant enfermó y murió y aún puedo recordar que después del funeral nos arrodillamos para tener la oración familiar, y aunque era todavía niño, recuerdo que al orar mi padre expresó el mismo amor y  devoción por el próximo profeta, el nuevo Presidente de la Iglesia, George Albert Smith.

Siendo que todavía era un niño quedé muy sorprendido porque nunca había oído a alguien orar por otro profeta que no fuera Heber J. Grant. Me sentí defraudado, como si mi padre estuviera abandonando a un buen amigo. Sin embargo, a medida que el tiempo pasó, por medio de esa experiencia y otras similares, él me enseñó una lección muy valiosa. El gran amor y aprecio que sentía por el presidente Grant nunca cambiaría, pero me di cuenta de que en su corazón él había reservado mayor amor y lealtad para su Dios y sostendría a cualquier persona que Dios enviara, oraría por él y lo seguiría.

No hace mucho tiempo que mi familia y yo tuvimos la oportunidad de presidir la misión de Australia, Sidney. Yo provenía del Departamento Misional y supongo que mis opiniones sobre esta gran obra eran muy tradicionalistas. De todas maneras, en los comienzos de nuestro trabajo en la misión de Australia, Sidney, tuvimos algo de éxito y me sentía bastante bien con lo que estábamos haciendo, hasta que el presidente Kimball vino a vernos. En su manera de ser que lo caracteriza, me dijo, «Hermano Dunn, Loren, todos debemos alargar nuestro paso». Me di cuenta enseguida de lo que me quería decir: que a pesar de que habíamos progresado, ante los ojos del Señor y del profeta, aún no habíamos hecho lo suficiente. Comenzamos de nuevo, multiplicamos nuestros esfuerzos y experimentamos mayor crecimiento y a la vez mayor fortaleza para seguir adelante y nuevas estacas surgieron como resultado. No creo que el progreso se debió a nosotros totalmente, pero de lo que sí estoy seguro es de que se debió a nuestro deseo de seguir al profeta. Seguir leyendo

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El libre albedrío y el autocontrol

Conferencia General Abril 1983

El libre albedrío y el autocontrol

Por el Élder Boyd K Packer
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«No existe una libertad absoluta sin responsabilidad; y no hay tal cosa como una libertad duradera sin un conocimiento de la verdad. «


Mi mensaje de hoy está dirigido a los padres y se relaciona con la educación de sus hijos. Hace algunas semanas recibí en mi oficina la visita de un General de División acompañado por su esposa, ambas personas finísimas, quienes manifestaron admiración hacia la Iglesia a causa de la conducta de nuestra juventud. La esposa del general mencionó a sus propios hijos, de los cuales está justificadamente orgullosa. Sin embargo, expresó una profunda preocupación. «Explíqueme», me dijo, «¿cómo hacen ustedes para controlar a los jóvenes y desarrollar en ellos una personalidad tan firme?»

Me interesó sobremanera el que hubiera mencionado el término «controlar». La respuesta, y así se lo expliqué está en las doctrinas del evangelio. Eso les interesó, por lo que me referí brevemente a la doctrina del libre albedrío. Les expliqué que generamos el control por medio de la enseñanza de la libertad.

Posiblemente en principio ellos supusieron que en la Iglesia comenzamos en el extremo equivocado. Un General de División no es otra cosa que un disciplinador. Pero cuando uno entiende el evangelio, comprende claramente que la mejor manifestación de control es el autocontrol.

Al principio puede resultar extraño enseñar el autocontrol basándose en la libertad de elección, mas se trata de un enfoque doctrinal sumamente sólido. Aun cuando los dos conceptos se pueden enseñar separadamente y pese a que a primera vista parezcan ser polos opuestos, son, de hecho partes de un mismo núcleo.

Quienes no entienden el aspecto doctrinal no pueden ver la relación que existe entre la obediencia y el libre albedrío. Lo que sucede es que pierden de vista una conexión vital entre ambos y no ven en la obediencia más que una especie de restricción. Entonces se oponen a lo que en efecto les proporcionará la verdadera libertad. No existe una libertad absoluta sin responsabilidad; y no hay tal cosa como una libertad duradera sin un conocimiento de la verdad.

El Señor dijo: «Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:31-32.) Seguir leyendo

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