El obispo esta al frente del plan de bienestar

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El obispo está al frente del plan de bienestar
Elder Thomas S. Monson
Del Consejo de Los Doce

Thomas S. MonsonHace muchos años, el apóstol Pablo escribió una epístola a su querido compañero Timoteo, en la cual se refirió a las cualidades que un obispo debe poseer. Empezó así:

«Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea.» (1 Timoteo 3: 1.)

Hoy podríamos añadir: «buena prueba desea». Luego continúa diciendo:

«Es necesario que el obispo sea irreprensible . . .  sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar . . . no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable . . . También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera . . .»  (1 Timoteo 3:2-4, 7.)

Estas palabras fueron como un fuego dentro de mi alma cuando las leí al ser, llamado obispo hace treinta años.  Era yo muy joven, apenas tenía veintidós años.  El barrio era grande y tenía más de 1.050 miembros, 87 de los cuales eran viudas: La carga relacionada con el plan de bienestar era la más pesada de cualquier barrio en toda la Iglesia.

Las calles de ese barrio no tenían ningún nombre distinguido como Villa Colonial, Avenida de las Flores o Paseo Hermoso. Más bien eran conocidas por nombres que denotaban su condición modesta. El barrio no se hallaba al oriente de las vías del ferrocarril en Salt Lake City, ni tampoco al poniente de los rieles.  Ese barrio incluía los rieles del ferrocarril.  Muchas de las viudas y aquellos que no tenían los medios necesarios parecían vivir escondidos en apartamentos subterráneos, en cuartos pequeños en el segundo o tercer piso de edificios antiguos o en casas desmanteladas en el fondo de calles poco conocidas.  Me llamaron para que fuera el pastor. Este iba a ser mi rebaño.  Vino a mi memoria la amonestación de Dios dada por medio de Ezequiel: «¡Ay de los pastores de Israel que . . . no apacientan mis ovejas!» (Ezequiel 34:2, 8.)

Los maestros que me adiestraron fueron enviados del cielo.  Permítaseme mencionar unos dos o tres: Nuestro anterior presidente de estaca, Harold B. Lee, el presidente Marion G. Romney, y el presidente J. Reuben Clark. Seguir leyendo

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El juramento y convenio del sacerdocio

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El juramento y convenio del sacerdocio
Presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyMis amados hermanos, deseo hablaros hoy acerca del «juramento y convenio que corresponden a este sacerdocio» puesto que todos los que estamos reunidos aquí lo poseemos. En este año en que hemos estado celebrando el sesquicentenario de la organización de la Iglesia, he recordado que diez meses antes de que esta fuera organizada el profeta José Smith y Oliverio Cowdery recibieron el Sacerdocio de Melquisedec de Pedro, Santiago y Juan.

Tradicionalmente, el pueblo de Dios ha sido conocido como el «pueblo del convenio». El evangelio en si es el nuevo y sempiterno convenio y la posteridad de Abraham, a través de Isaac y Jacob, constituyen la raza del convenio. Cuando nos unimos a la Iglesia lo hacemos por medio de un convenio al entrar en las aguas del bautismo; el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio celestial es la puerta para entrar a la exaltación en el reino celestial; el hombre recibe el Sacerdocio de Melquisedec por medio de un juramento y un convenio.

Un convenio es un acuerdo entre dos o mas personas. Un juramento es la declaración dada bajo protesta en cuanto a la inviolabilidad de las promesas en el acuerdo. Las partes en el convenio del sacerdocio son el Padre y el que recibe el sacerdocio; cada uno de ellos toma sobre si ciertas obligaciones: el que recibe el sacerdocio promete honrar cualquier llamamiento que en el tenga; el Padre, bajo convenio y juramento, promete al que recibe el sacerdocio que si lo honra será santificado por el Espíritu para la renovación de su cuerpo (véase D. y C. 84:33); que llegara a ser miembro de «la iglesia y reino, y los elegidos de Dios» (D. y C. 84:34), y que recibirá «el reino de mi Padre», como dijo el Salvador, «por tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado» (D. y C. 84:38).

Es sobre ellos es decir, aquellos que reciben el sacerdocio y lo honran que se dijo lo siguiente:

«son aquellos en cuyas manos el Padre ha entregado todas las cosas; son sacerdotes y reyes que han recibido de su plenitud y de su gloria; y son sacerdotes del Altísimo, según el orden. . . del Hijo Unigénito. Seguir leyendo

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El arrepentimiento

Conferencia General Octubre 1980

El arrepentimiento

Presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. Romney«…los élderes… de esta iglesia», dijo el Señor, «enseñarán los principios de mi evangelio que se encuentran en la Biblia y el Libro de Mormón…» (D. y C. 42:12.)

Conforme a este mandamiento, os diré unas palabras referentes al arrepentimiento, sobre lo cual se hace gran hincapié tanto en la Biblia como en el Libro de Mormón.

El verdadero arrepentimiento, seguido por el bautismo y la imposición de manos para recibir el don del Espíritu Santo, trae consigo el perdón. Tal arrepentimiento es imposible sin fe en a expiación del Señor Jesucristo.

Esta gran verdad se enseñan clara y bellamente en el Libro de Mormón. Alma, al amonestar al pueblo conforme a las instrucciones de un ángel, dijo:

«. . . Arrepentíos, porque el reino de los cielos se acerca; y dentro de pocos días el Hijo Dios vendrá . . . . . . para redimir a aquellos que sean bautizados para arrepentimiento, por medio de la fe en su nombre. (Alma 9:25-27.)

Alma no dijo que Jesús redimiría a todos, sino que la promesa estaba limitada a aquellos que por motivo de su fe en Cristo, se arrepintieran y se bautizaran.

Amulek, el compañero de misión de Alma, dio fe en cuanto a esa misma limitación.

«. . . yo sé», dijo, «que Cristo vendrá entre… los hombres para tomar sobre si las transgresiones de su pueblo, y que expiará los pecados del mundo, porque Dios el Señor lo ha dicho . . . y así él trae la salvación a cuantos crean en su nombre; ya que es el propósito de (su)… sacrificio poner por obra las entrañas de misericordia, que sobrepujan la justicia y proveen a los hombres la manera de poder tener fe para arrepentirse.

De ese modo, la misericordia satisface «las exigencias de la justicia, y (los) ciñe (esto es, a aquellos que tienen la fe para arrepentirse) con brazos de seguridad; mientras que aquel que no ejerce la fe para arrepentimiento, queda sujeto a todas [as disposiciones de las exigencias de la justicia; por tanto, únicamente para aquel que tiene fe para arrepentirse se realizara el gran y eterno plan de la redención.» (Alma 34:8, 15-16; cursivas agregadas.)

Jesús, dirigiéndose a sus discípulos nefitas, dijo: Seguir leyendo

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Cuando enfrentamos la adversidad

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Cuando enfrentamos la adversidad
Elder Marvin J. Ashton
del Consejo de los Doce

Marvin J. Ashton1El otro día disfrute escuchando a dos de mis amigos discutir acerca de su equipo favorito de fútbol. Estaban de acuerdo en que tal vez el factor principal por el cual el equipo no lograba colocarse en uno de los Primeros lugares en la clasificación nacional era su programa de juegos.  Ellos pensaban que de acuerdo con la categoría del equipo los otros contra los cuales jugaban no eran lo suficiente competentes.

Tanto en el fútbol, como en la vida, el adversario, o aquellos con los que competimos, oponemos o resistimos, -nuestros oponente, adversarios, enemigos, o nuestros problemas- son a menudo los factores que determinan nuestra fortaleza y nuestros logros.

En una forma u otra, la adversidad se presenta en la vida de cada uno y la manera en que nos preparemos o la forma en la cual la enfrentemos a ella es lo que hará la diferencia.  La adversidad nos puede destruir o puede hacernos más fuertes.  El resultado final depende de cada individuo. Henry Fielding declaró: «La adversidad es la prueba del principio, sin ella es casi imposible para el hombre (En The New Dictionary of Thoughts, ed. Ralph Emerson Browns, n.p.: Standard Book Co., 1957, pág. 6.)

Tomando en consideración que la adversidad puede incluir el sufrimiento, la pobreza, la aflicción, la calamidad, o el desastre, ¿Cuál es la mejor manera de utilizarla para que se convierta en una oportunidad de crecimiento y desarrollo personal?  Como una de las puestas a esta pregunta, permitidme narraros un incidente en la vida de un amigo muy especial a quien le he pedido que lo haga con sus propias palabras.  Encuentro, que esta experiencia es un sermón muy poderoso.

«Era el tercer sábado del mes de enero, de hace algunos años. Me estaba contento porque esa mañana iba a asistir a un seminario de agricultura en la Universidad Brigham Young a la cual asistía.  Hacía sólo seis meses que había terminado la misión en Honolulú, Hawai, y estaba pasando por todas las adaptaciones por las cuales pasa un ex misionero.  Me enfrentaba a las demandas de la familia, las jóvenes, los estudios, el hecho de que había 25.000 alumnos brillantes y audaces, alguno con bastante dinero, otros, como yo, que tenían que cuidar cada centavo; todo esto no hacia que las cosas fueran fáciles. Seguir leyendo

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Conoced al pastor

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Conoced al pastor
Elder Robert E. Wells
del Primer Quórum de los Setenta

Robert E. WellsEn una oportunidad escuche al presidente Hugh B. Brown relatar esta emotiva historia:

«Hace algún tiempo un gran actor en la Ciudad de Nueva York cumplió una brillante actuación en un prestigioso teatro, y al culminar fue despedido con una gran ovación. El telón se levantó una y otra vez delante del actor como respuesta a la algarabía del publico. Finalmente alguien le pidió: ‘¿Podría recitarnos el Salmo 23?’ ‘Claro que si. Sé el Salmo 23’. Y procedió a recitarlo en la manera en que sólo un actor lo haría, a la perfección, sin dejar nada que desear en lo concerniente a su alocución. Cuando hubo terminado, nuevamente el público le brindó un estruendoso aplauso. Entonces el actor se acercó hasta el borde del escenario y dijo: ‘Señoras y señores: allí, en la primera fila, se encuentra sentado un anciano a quien conozco personalmente. A él le voy a pedir, sin haberle dado previo aviso, que suba al escenario y repita para nosotros el Salmo 23’. E1 anciano, por supuesto, se mostró atemorizado. Tímidamente subió al escenario; con el temor reflejado en su rostro echó una mirada a la vasta audiencia y entonces, como si estuviera en la tranquilidad de su propio hogar. cerro los ojos, inclinó la cabeza y le habló a Dios, diciendo:

‘Jehová es mi pastor; nada me faltara.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreara.
Confortara mi alma;
Me guiara por sendas de justicia por amor de su nombre.’
Entonces, hablándole directa e íntimamente al Salvador, dijo:
‘Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tu estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa esta rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová morare por largos días.’ (Salmo 23.)

Cuando el anciano termino, no hubo aplausos; pero tampoco hubo un ojo sin lagrimas en la sala. El actor se allegó hasta el borde del escenario, también él con los ojos humedecidos, y entonces dijo: ‘Damas y caballeros. Yo sé las palabras del Salmo 23. . . Mas este hombre conoce al Pastor.’ » Seguir leyendo

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Así que ya no sois extranjeros . . .

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Así que ya no sois extranjeros . . .
Elder Derek A. Cuthbert
del Primer Quórum de los Setenta

Derek A. Cuthbert

Junto con mi esposa hemos celebrado hace poco un notable aniversario de 30 años. Hace 30 años un par de jóvenes misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días golpearon a nuestra puerta en Nottingham, Inglaterra.

¿Qué efecto creéis que causó el mensaje del evangelio a dos miembros activos de otra iglesia? Nosotros, así como nuestra familia por muchas generaciones, habíamos pertenecido a la iglesia del país; aun más, estábamos muy felices con nuestra manera de vivir. Teníamos dos hermosos hijos que bendecían nuestro hogar y un nuevo trabajo en una compañía industrial importante agregaba gozo e interés a mi vida.

¿Qué más podíamos desear?

¿Qué otra cosa podía aumentar nuestra felicidad? Pero conforme los misioneros nos enseñaban y a medida que oraban con nosotros nos dimos cuenta de que había algunos vacíos en nuestra vida; que teníamos necesidades sin satisfacer. Por algunos minutos permitidme enumerar diez aspectos en los cuales nuestras vidas llegaron R tener aun más significado a medida que estas necesidades se iban satisfaciendo. Estoy seguro de que reconoceréis algunas de estas necesidades en vosotros mismos, en vuestro hogar, en vuestra familia.

Primero, nos dimos cuenta de que a menudo nuestra comunicación con Dios no era lo suficientemente buena ni fuerte. Es cierto que siempre habíamos tenido nuestras oraciones individuales; pero cuando comenzamos, gracias a los misioneros, a orar juntos regularmente como esposos y con nuestros hijos, experimentamos un tremendo sentimiento de unidad, no solo como familia, sino con el Dios Todopoderoso.

Los misioneros nos enseñaron que Él es un ser personal, literalmente nuestro Padre y las oraciones comenzaron a brotar del corazón y cesaron de ser meras repeticiones. Aprendimos a conocerle como un Padre amoroso, justo y bondadoso, veraz y digno de confianza. ¡Qué necesidad tan grande existe hoy en día de comulgar con el infinito, de conversar y caminar con Dios, de saber que Él nos habla hoy, y que verdaderamente somos Sus hijos! Seguir leyendo

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Aprenda todo varón su deber

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Aprenda todo varón su deber
Elder Joseph B. Wirthlin
del Primer Quórum de los Setenta

Joseph B. WirthlinMis asignaciones incluyen cierta responsabilidad en cuanto a la dirección de la obra de la Iglesia en la parte sudeste de los Estados Unidos, la cual incluye a Jamaica. Recientemente mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de visitar esa hermosa isla tropical y conocí a uno de nuestros fieles lideres, el presidente Victor Nugent de la rama de Jamaica. Nuestra conversación fue mas o menos la siguiente:

-Presidente Nugent, ¿Cómo esta yendo la orientación familiar en su rama?
-Cien por ciento.
-¿Y las maestras visitantes?
-Cien por ciento.
-¿Asistencia a las reuniones sacramentales?
-Cien por ciento.
-¿Los que pagan sus diezmos?
-Cien por ciento.

Para que un grupo de unos ochenta y cinco miembros de la Iglesia obren tan admirablemente y den un ejemplo tan notable, me parece que podemos dar por sentado que conocen su deber y lo cumplen fielmente. Entienden verdaderamente el significado de una revelación impresionante dada al profeta José Smith:

«Aprenda, pues, todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado.

El que sea perezoso no será considerado digno de permanecer, y quien no aprenda su deber y no se presente aprobado, no será considerado digno de permanecer.» (D. y C. 107:99100.)

Bajo el busto de Robert E. Lee* en a Sala de Hombres Ilustres, se hallan sus palabras:

«El deber es la palabra mas sublime en nuestro idioma. Cumple con tu deber en todas las cosas. No puedes hacer mas. Nunca debes desear hacer menos.» Seguir leyendo

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Adán, el arcangel

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Adán, el arcángel
Elder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce

Mark E. PetersenEn una calurosa mañana estival, visité las tierras de Adan-ondi-Ahman en el Estado de Misuri, en los Estados Unidos. Espere con vivo interés visitar esos predios porque nunca había yo puesto allí el pie.

El lugar me pareció hermoso: verdes campiñas, onduladas colinas, en fin, todo el paisaje era algo digno de guardar en el recuerdo. Pero, para mi, mas impresionante que el panorama era la importancia que tiene ese lugar, puesto que allí vivieron Adán y Eva y su familia. La prodigiosa importancia de todo eso pesaba sobre mi en grado superlativo.

Ese es el lugar donde comenzó la raza humana. Así se nos lo ha dicho por medio de la revelación. (Moisés 1:34; D. y C. 84:16.)

Adán y Eva conocieron Personalmente a Dios; lo vieron y hablaron con El. Se les enseñó siglos antes del ministerio terrenal del Señor, ya que Jesús había sido designado, durante nuestra existencia premortal, para ser el Salvador.

Por consiguiente, el plan de salvación fue instituido entre esos primeros seres humanos: Adán y Eva, y sus hijos. Los ángeles les enseñaron el evangelio, ellos creyeron, fueron bautizados y comenzaron a servir a Dios. (Moisés 5.)

El pasaje de escritura dice que Adán cultivó la tierra, que crió ganado, y que Eva «se afanaba con él» (Moisés 5:1).

Eran personas muy inteligentes que no tenían nada que pudiera compararse a algún antecesor del homo sapiens o a los hombres de las cavernas, que algunos sostienen fueron los primeros humanos. Eran personas instruidas, a las que el Señor mismo había enseñado. ¡Que preparación! ¡Que Instructor!

Pensad en ello y tened presente que «la gloria de Dios es la inteligencia o, en otras palabras, luz y verdad» (D. y C. 93:36). Estos dones les fueron dados a ellos y a sus hijos. No había nadie en la tierra que pudiera enseñarles ya que eran los primeros seres humanos; por lo tanto, esa tarea quedó en manos del Señor y de sus ángeles.

Adán y Eva tuvieron muchos hijos, entre los que estaban Set y Abel, los cuales fueron fieles al Señor en todo sentido. También Caín estaba entre ellos. Seguir leyendo

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A vosotros os es requerido perdonar

Conferencia General Octubre 1980

A vosotros os es requerido perdonar

gordon-b-hinckley-mormonÉlder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce

Estos últimos seis meses han constituido un período de tiempo maravilloso para nosotros.  En la conferencia anterior dimos apertura al Sesquicentenario de la organización de la Iglesia.  El 6 de abril pasado, cuando celebramos una conferencia general similar a ésta, cubrimos la mayor parte del continente y un siglo y medio de historia cuando hablamos desde la humilde cuna de nuestra Iglesia a una vasta congregación reunida en este tabernáculo.  Desde entonces, con música, danzas, y obras teatrales, hemos dado vida a la epopeya de la edificación de Sión en los últimos días.

Hemos refrescado la memoria que nos une a nuestro pasado, y rendido reverente tributo a aquellos que tanto dieron de sí para cristalizar lo que hoy disfrutamos.  Nos ha invadido un espíritu de acción de gracias al Dios Todopoderoso por la maravillosa manera en que ha desplegado sus divinos propósitos.  Se nos ha recordado que constituimos una parte importante en el cumplimiento de una gran profecía.

Todo esto ha sido hecho en el espíritu de jubileo; pero todavía queda mucho por hacerse.  En el antiguo Israel, cada quincuagésimo año era observado uno de jubileo con homenajes y celebraciones.  Mas también existía un decreto instando a extender un perdón generoso y a levantar las manos de la opresión.

En este 1980, al celebrar los 150 años de nuestra historia, es nuestra responsabilidad, en carácter de pueblo agradecido, extender nuestro corazón en un espíritu de perdón y en una actitud de amor y compasión hacia aquellos que consideramos nos han agraviado.

De esto tenemos necesidad.  El mundo entero lo necesita, porque constituye la esencia misma del Evangelio de Jesucristo.  Así lo enseñó El.  El fue ejemplo de esto como ninguna otra persona lo ha sido.  Durante su agonía, en la cruz del calvario, rodeado por viles acusadores que le despreciaban, y quienes lo habían arrojado a tan terrible crucifixión, el Salvador clamó: «Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34).

De ninguno de nosotros se espera que perdonemos tan generosamente, mas cada uno se encuentra bajo cierta obligación divina de extender perdón y misericordia. El Señor ha declarado por medio de revelación: Seguir leyendo

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A estos haré mis gobernantes

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A estos haré mis gobernantes
Elder James E. Faust
del Consejo de los Doce

James E. FaustEstoy muy agradecido por la oportunidad de hablar esta noche a los poseedores del sacerdocio. Me gustaría dirigir mis palabras a los líderes de la Iglesia y especialmente a los futuros lideres, a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico. Muchos de vosotros, jóvenes, tendréis responsabilidades de liderazgo mucho antes de lo que podáis imaginaros; tanto es así, que me parece que solo hace muy poco tiempo en que yo era presidente de un quórum de diáconos. En lo que concierne al rápido crecimiento de la Iglesia en todo el mundo, el liderazgo es uno de nuestros mayores cometidos.

Hace aproximadamente un año, asistí a una reunión de un quórum de élderes. Los miembros de la presidencia eran jóvenes, muy inteligentes y capaces, pero cuando tuvieron que repartir las responsabilidades del quórum para poder cumplir con sus asignaciones, se limitaron a pedir voluntarios entre los presentes y no dieron una sola asignación.

Uno de los primeros principios que debemos recordar es que la obra del Señor continua avanzando por medio de asignaciones. Los lideres las reciben y las dan, y esto forma parte de un principio muy importante y necesario que es el de delegar. Nadie puede apreciar mas que yo a un voluntario que este dispuesto a servir; sin embargo, no se puede realizar toda la obra de la forma en que el Señor lo desea si los únicos que ejecutan el trabajo son los que asisten a las reuniones. Con frecuencia me pregunto como seria la tierra si el Señor hubiera dejado que la obra de la creación la realizaran solamente voluntarios.

Si consideramos las asignaciones como una oportunidad de edificar el reino de Dios, al igual que un privilegio y un honor, entonces estas y los cometidos deben ciertamente darse a todo miembro del quórum. Al hacerlas se debe incluir, actuando con sabiduría y discreción, a aquellos que quizás necesiten una mayor participación, tales como los inactivos y los hermanos que asisten de vez en cuando. Las asignaciones deben hacerse con gran amor, consideración y bondad, tratando con respeto y aprecio a aquellos a quienes se llama a servir.

Con frecuencia, las Autoridades Generales reciben asignaciones de la Primera Presidencia y del presidente del Consejo de los Doce. Ya sea que se hagan por carta, como sucede en la mayoría de los casos, o personalmente, siempre las acompaña un «si fuera tan amable» o «si le es conveniente» o «podría ser tan amable de hacer» esto o aquello. Nunca se dan estas asignaciones en forma de mandato o demanda. Seguir leyendo

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Por medio de nosotros

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Por medio de nosotros. . .
Elder M. Russell Ballard
del Primer Quórum de los Setenta

M. Russell BallardDesde la última conferencia, me he enterado de que muchos de los hijos de nuestro Padre Celestial necesitan asistencia en sus problemas.  Cientos de cartas llenas de peticiones de ayuda han llegado a las Autoridades Generales. Padres que ruegan por sus hijos; madres, por sus hijas; hijos, por sus padres.  El contenido de esas cartas es desconsolador.

He aprendido por experiencia propia que los dolores de los que padecen espiritualmente podían aliviarse si todos hiciéramos el esfuerzo extra que se requiere para auxiliarlos.

Jesucristo tiene el poder para sanar toda suerte de males, así espirituales como físicos; una mujer fue sanada con sólo tocar el borde de su manto como se hace constar en el libro de Lucas.

«… Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí.

Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada.

Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.» (Lucas 8:46-48)

¿Puede el Maestro influir en la vida de otras personas por medio de nosotros? Claro que si, y lo hará si tan solo hacemos nuestra parte. Un maestro orientador en Florida hizo sentir la influencia del Salvador en esta forma; citare pasajes de una carta que recibí, fechada el 3 de julio de este año:

«Cuando me uní a la Iglesia en 1973, mi esposo no lo hizo, ni quería concurrir a las reuniones; ni siquiera estaba seguro de que existiera Dios.

En 1975, nuestro maestro orientador llegó a ser el mejor amigo de mi esposo. En mas de tres años dejo de ir a nuestra casa sólo una vez. Mi marido tenia en ese hermano a alguien con quien hablar y en quien desahogar años de amarguras y desdicha; el nunca había tenido un verdadero amigo. Seguir leyendo

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Vosotros podéis ser como esa voz

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Vosotros podéis ser como esa voz
por eL élder M. Russell Ballard
del Primer Quórum de los Setenta

M. Russell BallardMis hermanos, es para mí un gran honor dirigiros la palabra, y confío en que el Espíritu del Señor me guíe de manera que lo que os diga implante en el corazón de cada uno de nosotros el deseo de llegar a ser mejores miembros de la Iglesia así como de servir con mayor diligencia en el sacerdocio. Hace varios años viví una experiencia verdaderamente aterradora en un vuelo que hice con un amigo, en su avión bimotor, desde la ciudad de Reno, Estado de Nevada, a San Rafael, California (en los Estados Unidos). Cuando despegamos de Reno, había nublados parciales, y mi amigo expresó cierta preocupación al respecto; por lo tanto aterrizamos en el aeropuerto del lago Tahoe para averiguar una vez más en cuanto a las condiciones del tiempo. Allí nos enteramos de que no había señales de mal tiempo, así que proseguimos nuestro vuelo a San Rafael.

Nuestro destino era un aeropuerto situado en la parte norte de la bahía de San Francisco. A1 ir acercándonos a ese punto, nos encontramos con nubes cada vez más densas y más bajas. Tratamos de mantenernos debajo de ellas a fin de poder ver las aguas y, de ese modo, mantener el rumbo por lo que podíamos ver, pero repentinamente nos envolvieron nubes tan sumamente densas que no nos permitieron ver absolutamente nada.

Cuando se vuela entre tales nubarrones, se pierde totalmente la orientación y no se sabe ya más si uno va volando en línea recta, o de costado o boca arriba; se pierde la sensación de que se avanza, y el piloto tarda unos minutos en orientarse al tener que valerse solamente de los instrumentos indicadores. Cuando se vuela a 290 km. por hora, se recorre una distancia considerable en pocos minutos, por lo cual es fácil encontrarse de pronto en serias dificultades.

Infortunadamente, mi amigo, el piloto, no había volado guiándose por los instrumentos desde hacía dos años, y se esforzó tan desesperadamente por recordar todo lo que había aprendido sobre la materia, que un pánico total estuvo a punto de apoderarse de él. Dado que mis conocimientos en cuanto a leer las indicaciones de los instrumentos aeronáuticos eran mínimos, ninguna ayuda podía prestarle. Todo lo que pude hacer fue tocarle el hombro con la mano y decirle que respirara profundamente y se dominara. El único instrumento que yo sabía leer era el altímetro y, fijándome en éste, dije a mi compañero: «Estamos a 165 metros de altura. No hagas ningún movimiento precipitado. Serénate y verás que todo te saldrá bien». Seguir leyendo

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Uno de los poderes más grandes del mundo

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Uno de los poderes más grandes del mundo
por el élder David B. Haight
del Consejo de los Doce

David B. HaightEs mi oración que esta mañana pueda recibir la guía divina y la fuerza de vuestra fe y oraciones mientras os expreso las convicciones de mi alma.

Todos nos hallamos muy contentos de poder gozar de la presencia de nuestro querido presidente Kimball y de recibir bendiciones mediante sus consejos inspirados.  El mundo respeta y ama a nuestro Profeta, pero los santos lo aman mucho más.

Esta es una época gloriosa del año; la renovación de la primavera, una oportunidad para que revaloremos nuestro conocimiento y cometido espiritual, una época para regocijarnos por la resurrección de nuestro Señor y sentir su amor vehemente por toda la humanidad.

Probablemente, Jesús no encontrara ningún lugar más apropiado para descansar y pasar sus mejores horas que Betania, en una casa tranquila que, de acuerdo con Juan, pertenecía a la familia que “El amaba”. Esta pequeña aldea donde vivía esta familia tan especial, se hallaba ubicada en las afuera de Jerusalén, en la ladera oriental del Monte de  los Olivos.  La familia probablemente se componía de Marta, María y el hermano de ambas, Lázaro.  La tranquila aldea, aunque a sólo 3 kilómetros de Jerusalén, estaba encendida del bullicio de la gente y tiene que haber llenado de amor y paz el alma de Jesús. El debe de haberse sentido bien acogido a causa de la hospitalidad de la familia, ya que no solamente lo hacían sentirse cómodo, sino que también escuchaban Sus palabras con profunda humildad.

Mientras se hallaba Jesús en su ministerio, recibió el penoso mensaje de que aquel a quien amaba se hallaba enfermo (Jn. 11:3); fuera de los apóstoles, Lázaro era uno de los amigos íntimos de Jesús.

Las Escrituras nos dicen que el Maestro no se dirigió inmediata-mente al lugar, sino que como estaba ocupado con su importante trabajo, envió noticias de que llegaría más tarde.

Unos días después, cuando Jesús llegó a Betania, se quedó en las afueras de la pequeña aldea en vista de que se hallaban congregadas muchas personas, entre ellas algunos prominentes judíos que se habían reunido para consolar a María y Marta y llorar con ellas. Sin duda las hermanas estaban desilusionadas porque el Salvador se había demorado cuatro días en llegar. Seguir leyendo

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Una obra maravillosa y un prodigio

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Una obra maravillosa y un prodigio
por el élder Ezra Taft Benson
Presidente del Consejo de los Doce

Ezra Taft BensonSiete siglos antes del nacimiento de Cristo, Isaías previó y predijo la restauración del Evangelio de Jesucristo en los últimos días, declarando que sería un prodigio grande y maravilloso para toda la humanidad (Isaías 29:14). Cuando Jesús apareció a los nefitas, confirmó la profecía de Isaías con las siguientes palabras: «. . . hará el Padre, por mi causa, una obra que será grande y maravillosa» entre los habitantes de la tierra de América en los últimos días. (3 Nefi 21:9.)

E1 6 de abril de 1830, en el Estado de Nueva York, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días tuvo sus principios en esta dispensación, un comienzo que pasó inadvertido para el mundo. Un grupo pequeño de hombres y mujeres, incluyendo al profeta José Smith, se reunieron en la casa de

Pedro Whitmer (padre) para testificar y participar en la organización oficial de la Iglesia. Hoy día hay más de cuatro millones y medio de miembros distribuidos en ochenta y un países. Ahora reflexionamos en estos 150 años de la historia de la Iglesia y exclamamos como Isaías: «¡ciertamente esta es una obra maravillosa y un prodigio!»

De la misma manera se predijo que la Iglesia de Jesucristo tendría un principio insignificante y después gozaría de un progreso extraordinario. Jesús, para describir los primeros días de su Iglesia, usó la comparación de la semilla de mostaza; pero declaró que esa semilla tan insignificante se convertiría más tarde en un árbol muy grande y que muchos encontrarían refugio en sus ramas (Mat. 13:31-32).

El profeta Daniel describió los principios y el destacado crecimiento de la Iglesia como una pequeña piedra que se convertiría en una enorme montaña y llenaría toda la tierra (Daniel 2:34-35, 44)

En muchas ocasiones, cuando los hombres han tratado de valorar la Iglesia en determinado período de tiempo, no han podido ver su progreso y potencial. Su crecimiento, así como el crecimiento de la hierba y los árboles, ha sido casi imperceptible al ojo humano; pero poco a poco, línea por línea, precepto por precepto, la Iglesia ha madurado. Seguir leyendo

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Tributo a los santos del Señor

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Tributo a los santos del Señor
por el  élder Boyd K. Packer
Del Consejo de los Doce

President Boyd K. PackerAquel día, hace 150 años, transcurrió calmadamente.  Quienes se reunieron en aquella humilde casa de campo para organizar La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no eran precisamente hombres promisorios de su época.  Sólo eran unos pocos y todos ellos de muy humilde condición.  Fue como Pablo dijo a los corintios:

«… no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;

Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.» (1 Cor. 1:26-27.)

Tan sagrado acontecimiento, del que fueron testigos esos pocos hombres, había sido precedido por maravillosas manifestaciones espirituales.  Por ejemplo, a modo de preparación, el Padre y el Hijo se le habían aparecido a uno de ellos, a quien llamaron como Profeta.

Los mencionados hombres habían sido instruidos por mensajeros celestiales.  Se demostró así que el principio de la revelación, del que muchos enseñaban que había sido retirado de la tierra siglos antes ‘, estaba aún vigente.  El Libro de Mormón fue publicado y sus páginas encierran un testimonio del profeta Moroni de que no «han cesado los ángeles de aparecer a los hijos de los hombres».  Ni tampoco sucederá «mientras dure el tiempo, o exista la tierra, o quede en el mundo un hombre a quien salvar» (Moroni 7:36).

Estos humildes hombres, nada diferentes a sus conciudadanos, llegarían a ser Apóstoles del Señor Jesucristo, tan genuinos como Pedro, el pescador, y como los otros hombres comunes que fueron apóstoles en las épocas antiguas.

Así fue que vinieron los ángeles, toda una continua legión de ellos, para enseñar a aquellos hombres; para conferirles el sacerdocio, para otorgarles las llaves de autoridad, pues ellos no podían asumir ni tomar sobre sí mismos estos poderes.

Lo más importante es que el Señor mismo se les apareció una y otra vez.

«Para que la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles y sencillos hasta los cabos de la tierra . . .» (D. y C. 1:23.) Seguir leyendo

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