Tiempo

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¡Tiempo!
Por el élder Paul H. Dunn
del Primer Quórum de los Setenta

Paul H. DunnComo a muchos de vosotros, me apasionan los deportes. A menudo encontramos en ellos grandes lecciones. Días atrás cuando me encontraba mirando en la televisión la final del torneo nacional de básquetbol universitario de los Estados Unidos, escuché a uno de los jugadores pedir el tan conocido «tiempo»; luego los integrantes del equipo se agruparon junto a la banca de los suplentes para recibir instrucciones del hombre que en verdad les podía ayudar: el entrenador. Y así lo hizo.

¿No es acaso interesante el hecho de que, generalmente, un equipo pida tiempo cuando se encuentra en un aprieto o necesita poner las cosas en orden? Recuerdo muchas veces a lo largo de mi carrera cuando tuve que pedir «tiempo» y acercarme al entrenador al costado del campo de juego para recibir instrucciones, o al menos una palabra de aliento. A veces el lenguaje empleado era un tanto diferente; pero el consejo era siempre bien recibido y a menudo, hasta un tanto humorístico.

Recuerdo una anécdota que alguien me comentó acerca de un encuentro de fútbol. Se llevaban jugados apenas cinco minutos de la etapa inicial, y el equipo local perdía por dos goles contra cero. Al costado de la cancha, uno de los suplentes se acercó al entrenador y comentó: «La pelota debe tener dinamita adentro», a lo que el resignado entrenador respondió: «Pues tendremos que aguardar hasta que termine el primer tiempo y averiguarlo nosotros mismos; si esperamos que nos lo diga el golero, estamos perdidos; no creo que hoy llegue siquiera a arañarla.»

Y bien, ¿qué tiene todo esto que ver con nosotros? Como es sabido, la vida se parece a un gran partido. Hay veces en que necesitamos «pedir tiempo». ¿Habéis visto alguna vez esfumarse la ventaja de vuestro equipo de veinte tantos a tan sólo dos en un partido de básquetbol? o ¿habéis tenido alguna vez que poner la pelota en juego desde vuestro tablero defensivo yendo sólo un punto atrás y con cinco segundos para terminar? o en el juego de la vida, ¿os enfrentáis al problema de tener que controlar vuestro temperamento o lenguaje? ¿Tenéis acaso alguna debilidad personal que todavía no hayáis podido controlar? ¿Son los estudios vuestro tendón de Aquiles? ¿Está vuestra situación financiera a punto de hundiros? ¿Están vuestras relaciones familiares edificadas sobre arenas movedizas? Y, lo que resulta más crítico de todo, ¿estáis tratando de hacer frente a ello sin la debida ayuda, o habéis sido lo suficientemente listos como para «pedir tiempo» a fin de obtener la ayuda del «entrenador»? Seguir leyendo

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Testimonio

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Testimonio
por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyMis queridos hermanos, es algo grandioso poseer el Sacerdocio de Dios y ser sus representantes en el mundo. Estoy muy agradecido por la bondad y misericordia que el Señor tiene para mí y por las grandes oportunidades que me ha dado de servirle. Desde los años más tiernos de mi vida he tenido en el sacerdocio una responsabilidad que he tratado de cumplir. Esta noche quiero expresar mi agradecimiento al Señor por la presencia de todos vosotros, mis hermanos. Quiero que El sepa que estoy agradecido por las oportunidades que he tenido en mi vida y por mis antepasados, tanto paternos como maternos.

He estado relacionado con las Autoridades Generales durante cuarenta años, y sirviendo con ellos he disfrutado mucho de mis diferentes responsabilidades. Puedo atestiguar de la rectitud de los hombres con quienes he trabajado y os digo que es algo muy especial trabajar con personas como el presidente Kimball y el presidente Tanner, porque son honrados y llevan a cabo tareas extraordinarias; trabajan mucho más allá de lo que les permiten sus fuerzas y les guía el poder del Señor. Estoy agradecido por la oportunidad de trabajar con ellos, y por la fortaleza y el espíritu que he sentido en los discursos que se han pronunciado.

Quiero dejaros mi testimonio y expresar mi deseo de permanecer fiel durante todos los días de mi vida. Ruego al Señor que me ayude con el don del discernimiento para poder prestar atención a la inspiración del Espíritu. Entre las muchas escrituras que considero mis favoritas, una de las que me han sido de gran ayuda es la declaración del Señor cuando dice que:

«. .el Espíritu da luz a cada ser que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre por el mundo, si escucha la voz del Espíritu. Seguir leyendo

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Si estamos dispuestos

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Si estamos dispuestos
por el élder Marion D. Hanks
del Primer Quórum de los Setenta

Marion D. HanksEn el libro de Moisés se hace el relato de una conversación que para mí es la más instructiva y emotiva de todo lo que se haya escrito jamás: Enoc «. . .  edificó una ciudad que se llamó la Ciudad de Santidad, aun SION …y, he aquí, con el transcurso del tiempo, Sión fue llevada al cielo. Y . . . el Dios del cielo miró al resto del pueblo (o sea, a los que no habían sido llevados al cielo) y lloró» (Moisés 7:19, 21, 28).

Y Enoc le dijo al Señor:

«¿Cómo es que los cielos lloran, y derraman sus lágrimas como la lluvia sobre las montañas?

… ¿Cómo es que puedes llorar, siendo que eres santo, y de eternidad en eternidad?» (Moisés 7:2829. )

Entonces Enoc recordó a Dios la naturaleza ilimitada y progresiva de Sus creaciones, de Su perfección, gloria y hechos, y le dijo:

«… y nada sino paz, justicia verdad es la habitación de tu trono; y la misericordia irá delante de tu faz y no tendrá fin; ¿cómo es que puedes llorar?

El Señor le contestó a Enoc: He allí a tus hermanos; son la obra de mis propias manos, y yo les di su conocimiento el día en que los hice; y en el Jardín de Edén le di al hombre su albedrío;

Y les he dicho a tus hermanos, y también les he mandado, que deben amarse el uno al otro, y que deben preferirme a mí, su Padre; mas, he aquí, no tienen afecto, y aborrecen su propia sangre;

. y todos los cielos llorarán por ellos, aun toda la hechura de mis ma¬nos; por tanto, ¿no han de llorar los cielos, siendo que éstos han de sufrir?» (Moisés 7:31-33, 37; cursiva agregada.) Seguir leyendo

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Quién sigue al Señor

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¿Quién sigue al señor?
por el élder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce

Mark E. PetersenEste aniversario de la restauración de la Iglesia es de gran importancia para los Santos de los Últimos Días; por una parte, nos permite vernos en la debida perspectiva, nos ayuda a evaluar nuestro crecimiento; también nos indica la dirección de la cual hemos venido en estos últimos ciento cincuenta años, y señala como una brújula hacia el futuro.

Con las Escrituras antiguas en nuestras manos y las enseñanzas de los profetas contemporáneos constantemente presentes, establecemos el curso que el Señor espera que sigamos.

Por medio de una restauración desde los cielos hemos recibido el evangelio sempiterno, traído a la tierra por ministrantes angélicos tal como lo habían predicho los profetas que tuvieron visiones de nuestra época. Al mismo tiempo se nos dio el Libro de Mormón, asombroso volumen que contiene los escritos proféticos de la antigua América. Este libro se está llevando a todo el mundo, y se imprimen más de un millón de copias por año.

Nuestras filas misionales han aumentado de apenas una docena de hombres en 1830, a un ejército de más de treinta mil misioneros en la actualidad.

El número de miembros de la Iglesia se duplica cada quince años. Pronto, los cuatro millones de miembros se convertirán en ocho. Ya tenemos más de mil trescientas estacas y misiones en cerca de ochenta países y doce mil congregaciones que hablan 46 idiomas diferentes.

Tenemos cientos de seminarios e institutos para la enseñanza diaria del evangelio y también algunas escuelas primarias, secundarias y superiores. La Universidad de Brigham Young es reconocida en muchos países por su excelencia académica. Por supuesto, sabiendo que tanto la gloria de Dios como la del hombre es la inteligencia, abogamos por la educación y la cultura.

Tenemos un programa de bienestar que supera los gubernamentales, pues nos esforzamos por cuidar de los nuestros para que no sean una carga para el estado; con este propósito, tenemos cientos de proyectos de trabajo que no sólo proveen las cosas esenciales de la vida para nuestros necesitados, sino también empleos hasta para los físicamente incapacitados. Seguir leyendo

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Qué ofrece nuestra iglesia?

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¿Qué ofrece nuestra iglesia?
por el presidente Harold G. Hillam
de la estaca de Idaho Falls Sur

Harold G. HillamPoco después que una represa se rompió e inundó unas cuantas poblaciones del este del Estado de Idaho, se me pidió que hablara en representación de la Iglesia a un grupo de personas que trabajaban en agencias encargadas de solucionar los problemas ocasionados por cualquier tipo de catástrofe.  Entre ellos se encontraban representantes de las agencias gubernamentales de la ciudad, el condado, el estado y el gobierno federal estadounidense, junto con voluntarios de varias organizaciones civiles y religiosas.  Se me había pedido que hablara acerca de cómo estaba preparada la Iglesia Mormona para enfrentar emergencias.

En realidad ellos ya se habían dado cuenta de cómo había reaccionad la Iglesia ante la inundación.  Sabían que los almacenes del obispo se habían preparado, casi inmediatamente, para enviar camiones repletos de provisiones y tan sólo aguardaban los pedidos de los líderes locales del sacerdocio de la zona afectada.  Habían visto cómo las Industrias Deseret habían restaurado el orden en medio del caos ocasionado por la gran cantidad de donaciones de ropa y calzado que habían recibido de todo el país y que habían sido descargadas y amontonadas en pilas heterogéneas. Muy pronto esta organización tenía todo clasificado, limpio, planchado, ordenado y listo para que los necesitados pudieran escoger lo que precisaban.

Sin duda habían podido observar cómo los hermanos de los Servicios Sociales estaban listos para ayudar a las personas que necesitaban apoyo moral y emocional luego de haber pasado por tamaña catástrofe. Debido a la inundación se perdieron muchos empleos, y se crearon muchos otros.  El Servicio de Empleos de la Iglesia se mantenía ocupado tratando de conseguir trabajo a los que lo necesitaban y empleados para las compañías que los requerían.

Se enteraron, al igual que la gente de todo el mundo, como miles de voluntarios, pagándose sus propios gastos, llegaron de todas partes para contribuir al proyecto de limpieza.

Al principio se necesitaron tractores comunes y tractores con palas para ayudar en la limpieza y se solicitaron a las estacas que no habían sido afectadas por el desastre.  Poco después un líder encargado del programa de bienestar de una de las estacas llamó y nos dijo que estaban listos para traernos ciento cincuenta.  Le contesté que estaríamos más que contentos si nos trajeran veinte. Seguir leyendo

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Preparación del camino

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Preparación del camino
Por el élder Thomas S. Monson
del Consejo de los Doce

Thomas S. MonsonDamos una cordial bienvenida a la nueva presidencia de la Primaria en sus nuevas responsabilidades.  Por cierto que la presidenta Naomi Shumway y sus consejeras han prestado un valioso servicio que servirá de cimiento para que sobre él otros puedan edificar.

Deseo hoy rendir homenaje a otra líder de la Primaria —una noble dama y amiga personal.  Me refiero a LaVern W. Parmley, ex Presidenta de la Asociación Primaria de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y también ex miembro del Consejo Asesor Nacional del programa Scout de los Estados unidos.  La hermana Parmley, como afectuosamente la llamaban quienes la conocían, culminó su misión aquí en la tierra el domingo 27 de enero de 1980.  Los funerales en su honor tuvieron lugar días después, en los que mediante cantos y palabras se vertieron elogios y se expresó consuelo a quienes estaban presentes.

LaVern Parmley y Naomi Shumway, junto con sus respectivas consejeras, dieron gran parte de su tiempo y talentos por el curso de muchos años con el fin de enseñar a los niños a caminar en la luz del evangelio de Cristo.  Enseñaron a todos los niños a cantar con convicción: «Soy un hijo de Dios.  Guiadme, enseñadme por sus sendas a marchar, para que algún día yo, con El pueda morar.»

Parte de su gran pasión era enseñar a los muchachitos, y su inspirado objetivo era prepararles para recibir el Sacerdocio Aarónico y cumplir con las muchas responsabilidades que recibe un jovencito de esa edad.

Bajo su dirección, se les pidió a todos los varones de once años que memorizaran los Artículos de Fe de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, los cuales estoy seguro que recordaréis.  Permitidme citar tan sólo dos de ellos:

«Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo.»

«Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas.  Si hay algo virtuoso, bello, o de buena reputación o digno de alabanza, a esto aspiramos.» Seguir leyendo

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Por esta vida y la eternidad

Conferencia General Abril 1980

Por esta vida y la eternidad

N. Eldon Tanner

por el Presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia


Durante mis muchos años de servicio en la Iglesia, se me ha pedido que una en matrimonio a muchas parejas, y siempre lo hago con placer.  Antes de ser Autoridad General de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, efectué algunos casamientos civiles por esta vida, y algunos en el templo de Dios por el tiempo y por la eternidad.  Más adelante hablaré sobre la diferencia.

Creo que el casamiento constituye uno de los momentos más felices en la vida de una persona, especialmente si tal persona considera que su elección es la adecuada.  Es indudable que en el momento del casamiento, la mayoría de las pareja, están seguras de hacer la elección adecuada; pero demasiado a menudo los problemas comienzan tan pronto finaliza la luna de miel, el casamiento termina en divorcio.

La frecuencia del divorcio ha impulsado a un estilo de vida mediante el cual se trata de escapar de la aparente falta de significado de los rituales, tanto religiosos como civiles.  A menudo me pregunto cuánto saben acerca del propósito de la creación de la tierra en la que viven, y cuánto han estudiado las Escrituras para aprender por qué Dios creó al hombre y a la mujer e instituyó la sagrada ordenanza del matrimonio.

Consideremos primero el propósito de la creación de la tierra.  Las Escrituras aclaran que ésta fue creada para que los hijos de Dios tuvieran un lugar de donde vivir mientras se hallaran en la mortalidad, y allí probaran su dignidad mediante la obediencia a los mandamientos, para luego regresar a la presencia de Dios.

Después de la creación de la tierra, Dios dijo:

«Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. . .

Y creo Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread.» (Génesis 1:26-28.)

Cuando Dios creó a la mujer y se la trajo al hombre, el hombre dijo:

«Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.» (Génesis 2:24.) Seguir leyendo

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Pasado, presente y futuro de los servicios de bienestar

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Pasado, presente y futuro de los servicios de Bienestar
Por el Obispo Victor L. Brown
Obispo Presidente de la Iglesia.

Victor L. BrownMis queridos hermanos y hermanas, siempre es una experiencia inspiradora reunirme con vosotros en la sesión de los Servicios de Bienestar de la Conferencia General.  Cuando consideramos el significado de reunirnos en esta conferencia en el 150 aniversario de la organización de la Iglesia, parece apropiado hablar sobre este tema.  Los principios eternos sobre los cuales se basan los Servicios de Bienestar hoy día, fueron dados a Adán por el Señor.  No han cambiado a través de los siglos, y no van a cambiar en el futuro.  El Señor con el siguiente mandato instruyó a Adán para que sojuzgara la tierra: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan» (Génesis 3:19).

Así desde un comienzo, el Señor enseñó el principio del trabajo y de la autosuficiencia, y en las Escrituras modernas declaró: «No serás ocioso; porque el ocioso no comerá el pan, ni vestirá el vestido del trabajador’ (D. y C. 42:42).

Al padre de familia El da un mandato en los últimos días: «Y además, de cierto os digo, todo hombre que tiene que mantener a su propia familia, hágalo; …y de ninguna manera perderá su corona» (D. y C. 75:28).

Después de proporcionar lo necesario para nosotros mismos, el Señor explica que nuestro próximo deber es para con los pobres y necesitados que habitan entre nosotros.  En la sección 44 de las Doctrinas y Convenios leemos:

«He aquí, os digo que debéis visitar a los pobres y a los necesitados, y suministrarles auxilio.» (D. y C. 44:6.)

Administrar auxilio a nuestros semejantes nace de un amor puro o caridad.  En su memorable carta a los corintios, Pablo dijo: «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe» (1 Corintios 13:1).

Moroni añadió además: «… la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre; y a quien la posea en el postrer día, le irá bien» (Moroni 7:47). Seguir leyendo

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Participantes de la naturaleza divina

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Participantes de la naturaleza divina
por el presidente Marion G. Romney
de la Primera Presidencia.

Marion G. RomneyQueridos hermanos y hermanas, agradezco muchísimo la oportunidad de reunirme con vosotros esta mañana.  Desde que el programa de bienestar fue implantado a mediados de la década de los cuarenta, estoy seguro de que he participado en cada una de las sesiones de los Servicios de Bienestar que se han realizado.

Siempre he asociado el plan de bienestar con el segundo de los grandes mandamientos. Recordaréis que cuando uno de los fariseos le preguntó a Jesús «¿Cuál es el gran mandamiento en la ley?», El respondió:

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

Este es el primero y grande mandamiento.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.» (Mateo 22:36-40.)

Cuando el plan de bienestar fue implantado por primera vez, yo como obispo, por supuesto, tuve que participar en él y desde entonces he trabajado en los Servicios de Bienestar.

Estos largos años de servicio me han enseñado que la característica principal de una vida cristiana es el servicio- y la ayuda a nuestros semejantes.

En nuestra Iglesia, no sólo servimos y ayudamos a nuestros vecinos y familiares por medio de buenas acciones y actos caritativos, sino que también los ayudamos a través de los Servicios de Bienestar, que se basan en revelaciones que recibimos a través de los profetas de esta dispensación. Estos servicios están fundados en principios eternos que han sido revelados y puestos en práctica, hasta cierto punto, siempre que el Señor ha establecido su Iglesia en la tierra.  En el Libro de Mormón encontramos este ejemplo:

«. . . Alma mandó que el pueblo de la Iglesia diera de sus bienes, cada uno de conformidad con lo que tuviera; si tenía en más abundancia, debería dar más abundantemente; v si tenía poco, sólo poco se le podría exigir; y al que no tuviese, se le habría de dar. Seguir leyendo

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Palabras de introducción a la dedicación

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Palabras de introducción a la dedicación
por el presidente Spencer W. Kimball
en la cabaña de Pedro Whitmer

Spencer W. KimballMis queridos hermanos, es una experiencia emocionante y maravillosa el estar hoy aquí, donde el profeta José Smith estuvo hace ciento cincuenta años.  Llegamos anoche por avión desde Salt Lake City: el viaje nos llevó apenas seis horas, volando sobre esta hermosa tierra, la misma que hace mucho tiempo recorrieron trabajosamente nuestros antepasados en dirección al Oeste en busca de un lugar donde pudieran verse libres de persecuciones y pudieran adorar a Dios de acuerdo con los dictados de su propia conciencia.

Nos encontramos esta mañana de Pascua en la casa restaurada de la granja de Pedro Whitmer, la que fue fielmente renovada para esta oportunidad, a fin de ayudarnos a recordar los acontecimientos tan importantes y significativos que tuvieron lugar aquí hace siglo y medio.  En los años venideros, este lugar será visitado por buenas gentes de todas partes del mundo, quienes vendrán con el deseo de estar aquí donde yo me encuentro hoy.

En este mismo lugar, el 6 de abril de 1830, se reunió un pequeño grupo de personas para formalizar la organización de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.  Ellos creían en el testimonio del profeta José Smith, de que en la arboleda que se encuentra a pocas millas de aquí, en un día de primavera del año 1820, él recibió la visita de Dios el Padre y su Hijo, el resucitado Señor Jesucristo ‘ En los años siguientes tuvieron lugar apariciones de otros seres celestiales resucitados.  En el Cerro Cumora, a unas pocas millas al oeste de este lugar, José Smith obtuvo de manos del ángel Moroni el registro de un pueblo que antiguamente habitó esta tierra.  Mediante el don y poder de Dios, él tradujo esos anales los cuales ahora se conocen como el Libro de Mormón.  Una gran parte de la traducción de esta obra fue realizada en esta casa de los Whitmer.

En aquel histórico martes 6 de abril de1830, hace un siglo y medio, seis hombres de entre los reunidos en esta casa, organizaron la Iglesia como una sociedad religiosa. Tres de los descendientes de aquellos hombres se encuentran hoy con nosotros: la hermana Lorena Homer Normandeau, bisnieta de José Smith; Eldred G. Smith, tataranieto de Hyrum Smith, ‘Melvin Thomas Smith, bisnieto de Samuel Harrison Smith. Seguir leyendo

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La obra del señor sigue adelante

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La obra del señor sigue adelante
Presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis queridos hermanos y hermanas, estoy agradecido como siempre, tan sólo por estar cerca de vosotros.  En los últimos seis meses he sentido constantemente vuestro amor, apoyo y abundantes oraciones y deseo agradecemos sinceramente por ellos.

La conferencia general es siempre un acontecimiento glorioso; pero esta conferencia es aún más especial porque celebramos el sesquicentenario de la organización de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.  La historia de la Iglesia es primordialmente la historia de sus miembros; una de las mejores formas de celebrar hechos históricos justos es dando lugar a otros similares.  Con respecto a esto, recordaréis que hace un año se os exhortó a que os esforzarais en extender aún más vuestro servicio; incluida en la exhortación se encontraba la sugerencia de que cada miembro activo, o cada familia, invitara a una persona o a una familia a la Iglesia antes de la conferencia de abril de 1980.  El momento ha llegado y mi pregunta es ¿lo hicimos? ¿o continuarnos algunos de nosotros siendo los mismos de siempre, sin compartir el evangelio con nuestros amigos y vecinos?

Al hablar de compartir el mensaje del evangelio, quisiera decir que la Primera Presidencia fue notificada por el Comité Misional de la Iglesia que hasta la semana pasada teníamos 30.004 misioneros regulares.  Esta es la mayor cantidad de misioneros que se haya registrado en la historia de la Iglesia. ¡Qué obra tan gloriosa están llevando a cabo!  Muchas son también las bendiciones que llevan a la vida de los hijos de nuestro Padre Celestial en todo el mundo, aquellos que escuchen el mensaje de gozo, paz y salvación.

Hermanos y hermanas, hay más jóvenes que pueden y deben servir como misioneros.  Actualmente ellos representan el 79% de nuestra fuerza misional total, y es evidente que no hemos alcanzado nuestro potencial; las hermanas misioneras representan el 13% del total; el ocho por ciento de la fuerza misional está representado por parejas mayores; ¡qué bendición tan grande constituyen su madurez y experiencia, dondequiera que se encuentren!  Con la divina comisión que tenemos de compartir el evangelio con todo el mundo, es indudable que necesitamos aún muchos misioneros más.  Recordad que «el campo está blanco y listo para la siega» (D. y C. 4:4). Seguir leyendo

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No nos cansemos de hacer el bien

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No nos cansemos de hacer el bien
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. Kimball¡Esta ha sido una conferencia gloriosa, mis hermanos y hermanas! Me he sentido cerca de vosotros los que estáis en el Tabernáculo, aun cuando estamos separados por casi todo el ancho del continente.

Esta conferencia de celebración del sesquicentenario nos ha llevado a todos un poco más cerca de los comienzos mismos de esta última dispensación. Hemos sido reconfortados por estos acontecimientos. Pero aun cuando hablamos de comienzos, los acontecimientos mundiales nos recuerdan que nos estamos acercando a pasos agigantados hacia el fin de esta dispensación. Para mí entonces, esta conferencia ha estado repleta de buenos recuerdos, al igual que de interrogantes con respecto al futuro, sentimientos que se combinaron para que me sintiera aún más agradecido que nunca por el privilegio que tengo de ser parte integral y activa de esta gran obra de los últimos días.

Mirándolo desde el punto de vista de la historia humana, 150 años no son muchos en realidad. Es tan sólo un breve momento en la eternidad. Tanto vosotros como yo sabemos que los individuos y las instituciones se miden por sus hechos, y no por la edad; por el servicio, y no por los siglos. Del mismo modo en que la vida de un individuo puede a menudo compensar con calidad lo que le falte en cantidad de años, así la Iglesia de los Santos de los Últimos Días condensó en 150 años muchos y significativos logros. En realidad, no es necesario que seamos viejos para ser grandiosos.

Hasta ahora hemos tenido doce presidentes de la Iglesia. Quisiera expresar mi profundo y sincero aprecio por cada uno y todos los once presidentes que me precedieron, al igual que por todo lo que ellos, sus asociados, y los miembros en general de la Iglesia lograron, teniendo muchas veces que afrontar obstáculos y problemas que parecían insuperables.

No se puede estudiar la historia de la Iglesia sin sentirse profunda-mente impresionado con la fidelidad y fortaleza de los Santos, aun encontrándose en medio de las mayores dificultades. Puedo sentir que la misma fidelidad caracteriza a los miembros de la actualidad. Nuestros miembros conocen al Señor, conocen a sus líderes; conocen la voz de su Señor y la siguen. Los miembros de la Iglesia no obedecen otras voces, ni las engañosas tentaciones de los extraños. Seguir leyendo

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Nauvoo: una demostración de fe

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Nauvoo: una demostración de fe
por el élder L. Tom Perry
del Consejo de los Doce

L. Tom PerryEn este año del sesquicentenario de la Iglesia, mis pensamientos han estado centrados en su grandiosa historia. Hay un período particular de la historia mormona que siempre me ha inspirado. Emergiendo de lo que yo creo que bien podría considerarse como el lapso más obscuro de pruebas y tribulaciones, brotó una luz de belleza y realizaciones muy poco común en los acontecimientos que caracterizan a la raza humana. Los esfuerzos de la Iglesia por establecerse en Missouri fueron resistidos tenazmente por los residentes de ese estado. Se adquirieron fincas, se edificaron hogares, se sembró la tierra y se compraron propiedades; todo ello para que finalmente se les fueran quitadas. En medio del tempestuoso invierno se les obligó a abandonar el estado bajo amenaza de muerte. Todos los miembros de la Primera Presidencia de la Iglesia fueron encarcelados en Liberty para ser juzgados. Las únicas palabras de aliento y orientación que se les podía hacer llegar a los afligidos santos era mediante cartas, siempre que les permitieran enviarlas.

El profeta José Smith fue forzado a permanecer en la cárcel de Liberty durante los largos meses de invierno esperando para ser juzgado. Al no poderse hallar evidencia en contra de los prisioneros, se les dejó escapar. Se dirigieron entonces hacia los santos quienes habían sido tratados bondadosamente por los residentes de Quincy, en el estado de Illinois. ¡En qué forma debe haberse sentido resquebrajado el corazón del Profeta cuando llegó hasta donde estaban acampados los maltratados santos a ambos lados del río Misisipí, viviendo bajo tiendas, en trincheras y algunos hasta al descubierto, sin hogar, sin las más mínimas comodidades y con escasos alimentos! Las enfermedades hacían estragos, no habiendo familia que pudiera escapar de ellas.

Aun cuando el Profeta se encontraba ojeroso, pálido y sin un solo centavo tras su prolongado confinamiento, no le llevó mucho tiempo el imponer su firme guía. Encontró un pantano cerca de un paraje donde el río Misisipí hace un codo. El lugar estaba prácticamente desierto, con la sola excepción de apenas una media docena de casas. Parecía ser un lugar en el que no muchas personas estaban interesadas. Los propietarios de este pantano atestado de mosquitos nada objetaron el vender sus predios a los arruinados santos a cambio de pagarés y compromisos de pago a plazos. «Como era característico del Profeta, le cambió el nombre al lugar de acuerdo a sus deseos. No lo nombró por lo que en ese instante era, sino por lo que con la fe y la labor del hombre, podría llegar a ser: `Nauvoo, la hermosa’.» (La Iglesia Restaurada, por William E. Berrett, pág. 141.) Seguir leyendo

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Los principios de bienestar en la Sociedad de Socorro

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Los principios de bienestar en la sociedad de Socorro
Por la hermana Shirley W. Thomas
Consejera en la Presidencia de la Sociedad de Socorro

Shirley W. ThomasA principios de la primavera de 1842, las hermanas de la Sociedad de Socorro de Nauvoo unieron sus esfuerzos caritativos con el deseo de apoyar al sacerdocio en la causa de Sión.  El profeta José Smith dijo a las hermanas que «su ofrenda fue aceptada por el Señor’, y las hermanas dieron generosamente. ,Prestando atención a su mandato cae buscar a los pobres y necesitados y suplir sus necesidades, formaron un comité que fue de casa en casa.  A los miembros económicamente estables se les pidió que dieran, y los necesitados eran recomendados a la Sociedad para que les ayudaran.

Sus informes eran casi todos así: Una familia «pobre, enferma, desesperada y sin camas»; dos familias al lado del río «enfermas y sin nada para comer»; una viuda «sin nada de dinero» (History of the Relief Society, 1842-1966).  Las donaciones incluían azúcar, ropa de cama, prendas de vestir, cebollas, harina o cualquier otra cosa que tuvieran para dar.  Una hermana no tenía nada para donar, pero dijo que ofrecía su tiempo, en parte o totalmente; otras cosían, tejían, o cuidaban a los enfermos.  Cuando el presidente Smith organizó la Sociedad de Socorro, profetizó: «Este es el principio de mejores días para los pobres y necesitados», y por medio de los esfuerzos de aquellas devotas hermanas muchos santos fueron cuidados y confortados.

Quizás la siguiente referencia, tomada de los informes, pueda describir mejor sus esfuerzos: «No hemos dicho ‘Estad cómodos y abrigados’, sin haber hecho un esfuerzo para que así fuera» (History of the Relief Society, 1842-1966, pág. 24).  A un concepto divino añadieron su cometido y práctica de los principios del evangelio.

Actualmente los problemas familiares reflejan la gran confusión de nuestra época.  Los Servicios de Bienestar de la Iglesia incluyen múltiples sistemas y planes a largo plazo, pero la constante que permanece en todo su desarrollo es la aplicación de los principios del evangelio en forma de una amorosa preocupación por las necesidades de los demás. Seguir leyendo

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Los lazos eternos que nos unen

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Los lazos eternos que nos unen
por el élder A. Theodore Tuttle
del Primer Quórum de los Setenta

A. Theodore TuttleHermanos, está ocurriendo un cambio en mi vida. Fui llamado como Autoridad General hace veintidós años y durante todo este tiempo he gozado de maravillosas experiencias; he conocido personas estupendas, he participado en reuniones sagradas; la asociación con mis hermanos me ha ayudado e inspirado, y ahora me ha sucedido algo: he sido llamado para servir en un templo.

Deseo testificar, y mi testimonio es verdadero, de que la obra de la redención de los vivos y los muertos es algo divino, y es una de las claves de nuestra religión. La obra que se lleva a cabo en los templos del Señor aplaca los juicios de Dios de que la tierra sea castigada. No es raro, por lo tanto, que el profeta José dijera: «La responsabilidad mayor que Dios ha puesto sobre nosotros [como individuos] en este mundo es procurar por nuestros muertos» (Enseñanzas del profeta José Smith, pág. 441).

E1 profeta José enseñó que vosotros y yo seremos salvadores en el monte de Sión. Debemos unirnos, construir templos, procurar por nuestros muertos y llevar a cabo toda ordenanza esencial. Esta obra nos une eternamente entre nosotros y a nuestros padres y nos exalta a nivel familiar. El profeta José dijo:

«. . . es preciso . . . que se efectúen una unión entera, completa y perfecta  de dispensaciones… desde los días de Adán aun hasta hoy» (D. y C. 128:18).

Entonces, hacedlo hermanos. Sed sellados a vuestra esposa, a vuestros hijos e hijas. Sellaos a vuestros ascendientes tantos como podáis, ya que los templos han sido construidos para llevar a cabo estas ordenanzas sagradas. Es lamentable observar que hay algunos lugares en donde la Iglesia cuenta con gran cantidad de miembros, donde se ha descuidado la obra del templo. Vosotros líderes, ¡inculcad la obra del templo! El profeta José nos advirtió:

«Los miembros de la Iglesia que desatienden este deber en bien de sus parientes muertos, ponen en peligro su propia salvación» (Enseñanzas, pág. 233).

Empero en su angustia, el Profeta dijo una vez: Seguir leyendo

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