No tenemos tiempo para la contención

Conferencia General Abril 1978

No tenemos tiempo para la contención

élder Marvin J. Ashton
del Consejo de los Doce


Hace algunos meses los misioneros de una remota isla del Pacífico del Sur fueron informados de que yo habría de visitarles durante dos o tres días. A mi llegada, estaban aguardándome ansiosamente para compartir conmigo cierta literatura en contra de la Iglesia, que había sido distribuida en la zona. Se encontraban molestos por las acusaciones y dispuestos para contraatacar.

Los misioneros se sentaron en el borde de sus sillas mientras yo leía las críticas y falsas declaraciones hechas por un ministro religioso, que aparentemente se había sentido amenazado por la presencia de nuestros jóvenes y por su éxito. Al leer el folleto que contenía las maliciosas y ridículas manifestaciones, y para sorpresa de mis jóvenes amigos, no pude menos que sonreír. Cuando terminé, me preguntaron: «¿Qué haremos ahora? ¿Cómo podemos oponernos a tales mentiras?» A lo que respondí: «No haremos nada. No tenemos tiempo para la contención. Sólo tenemos tiempo para dedicarnos a la obra de nuestro Padre. No contendáis con nadie, conducíos como caballeros, con calma y convicción y os prometo que tendréis éxito.»

Es posible que la fórmula que estos misioneros y todos nosotros debemos seguir, se encuentre en Helamán 5:30 en el Libro de Mormón:

«Y ocurrió que cuando oyeron esta voz, percibieron que no era una voz de trueno, ni una voz de ruido tumultuoso. Mas he aquí, era una voz apacible dc perfecta suavidad, como si hubiese sido un susurro, y penetró hasta lo más profundo del alma.»

Jamás ha existido una época en que haya sido más importante para nosotros, como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el adoptar una posición, permanecer firmes en nuestras convicciones, y conducirnos con sabiduría ante toda circunstancia. No debemos ser manipulados ni enfurecidos por aquellos que buscan contender con respecto a las temas de candente actualidad. Seguir leyendo

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No seáis incrédulos

Conferencia General Abril 1978

No seáis incrédulos

gordon-b-hinckley-mormonélder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce


Esta conferencia marca un importante aniversario para mí. Hace exactamente veinte años, me paré por primera vez detrás de este púlpito en calidad de Autoridad General de la Iglesia. Esa mañana de domingo del año 1958, me sentía atemorizado e incapaz; ahora, veinte años y cuarenta conferencias más tarde, todavía tengo algunos de esos mismos sentimientos; por lo tanto, ruego que con la guía del Espíritu Santo esa inquietud sea reemplazada por la inspiración.

Repasando algunas cifras que fueron dadas en aquella conferencia de 1958, podemos advertir el progreso de la Iglesia. En esa oportunidad se informó que había poco más de un millón y medio de miembros de la Iglesia; en el informe de ayer se dio la cifra de casi cuatro millones, o dicho en otras palabras, un aumento de 166~7; en el término de dos décadas. En 1958 había 273 estacas, con aproximadamente 2.500 barrios y ramas, la cifra dada en el día de ayer para 1977 fue de 885 estacas, aunque el último jueves esta cantidad alcanzó las 937, va sea organizadas o aprobadas para su organización. Hoy en día hay aproximadamente 7.500 barrios y ramas independientes, tres veces el total que había veinte años atrás.

Estas pocas cifras son suficientes para ilustrar el notable fenómeno del que he sido testigo en el espacio de unos cuantos años. No hay ningún alarde en esta observación; ‘más bien estoy agradecido, pues detrás de estas cifras he visto hombres, mujeres y niños en muchas partes del mundo, cuya vida se ha elevado espiritualmente, en cuyo hogar reinan más paz y amor, y cuyo entendimiento del lugar que tienen en el plan eterno de Dios ha aumentado, debido a su condición de miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Seguir leyendo

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No se haga mi voluntad . . .

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No se haga mi voluntad . . .»
élder Robert L. Simpson
Del Primer Quórum de los Setenta

Robert L. SimpsonMis amados hermanos, mi corazón rebosa de felicidad al reunir nos cada seis meses en esta sesión del Sacerdocio de la Iglesia. Ninguna fuerza terrenal podría igualar al poder de tantos hermanos del Sacerdocio de Dios reunidos con un solo propósito.

Gracias al milagro moderno de transistores, satélites, y otras invenciones, miles de hermanos pueden oír también esta sesión. En Australia, al otro lado del mundo, imagino al hermano Opie, Presidente de Misión, sentado con sus misioneros escuchando esta sesión en las playas del Océano Índico. Allá, ya es domingo. Y Carlos, en Argentina, donde ya es medianoche; pero, ¿a quién le importa perder unas horas de sueño por el privilegio de oír al Profeta viviente? Es que Carlos se prepara para dedicar dos años de su vida a servir al Señor como misionero.

Ayer, caminando por la calle principal, me impresionó el número de avisos instándonos a invertir dinero. Cada banco ofrece un interés alto, según las condiciones.

Hace cuatro meses, un misionero fue relevado de su misión, y el siguiente informe nos muestra los dividendos que recibió por dos años del servicio prestado al Señor. Esto es lo que él mismo escribió:

«Primero, y lo principal, aprendí la importancia y el poder de la oración, aprendí a comunicarme con el Señor y cómo reconocer su respuesta, aun cuando ésta sea rao. Aprendí a tener una fe inquebrantable y una confianza en El, como nunca había tenido, y a prestar atención a la inspiración del Espíritu Santo: también desarrollé el don de discernimiento; lo tenía antes, pero en la misión aprendí a usarlo eficazmente. Sobre todo, aprendí a conocerme y a saber lo que puedo hacer.

Aprendí que tenía habilidad para hablar con los demás, y esto ha sido una bendición en mi vida. Desde que terminé la misión, he podido mantener la cabeza en alto y mirar a los ojos a las otras personas. Me siento más a gusto con la gente: puedo enfrentar problemas; no temo expresar lo que siento; y lo hago a menudo. Soy más organizado ahora (mi madre no lo puede creer). Puedo trabajar más y lograr más. Siempre me he interesado por los demás, pero ahora sé cómo demostrarlo. No me aparto de la gente como antes, y es evidente que he cambiado muchísimo, gracias a la misión. Seguir leyendo

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No contrastéis al espíritu

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No contrastéis al Espíritu
élder James A. Cullimore
del Primer Quórum de los Setenta

James A. CullimoreMis queridos hermanos, os traigo los saludos de los santos en Inglaterra y África del Sur. Es emocionante ver el progreso de la obra en esa área; hay ahora 27 estacas en Inglaterra y una en África del Sur; los líderes son capaces. y la obra está progresando y es una bendición para la gente.

Es un placer servir en esta área: al visitar las estacas, pregunto a menudo a los presidentes: «¿Cuál es la principal preocupación de su estaca?» Sin vacilar me contestan: «La poca dedicación de los miembros y la falta de determinación para dar al Señor el primer lugar en su vida». Recuerdo las palabras de Nefi:

«Y oí la voz del Padre que dijo: Sí, las palabras de mi Amado son verdaderas y fieles. Aquel que perseverare hasta el fin es el que se salvará.

Y ahora, amados hermanos míos, después de haber entrado en esta recta y angosta senda, quisiera preguntar, ¿ya se ha hecho todo? He aquí, os digo: No; porque no habéis llegado hasta aquí sino por la palabra de Cristo, con fe inquebrantable en él, confiando en los méritos de aquel que es poderoso para salvar.

Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo una esperanza resplandeciente, y amor hacia Dios y hacia todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo y perseverando hasta el fin. he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna.» (2 Ne. 31:15, 19-20.)

¡Cuán importante es tener la luz del Espíritu Santo para guiarnos! El Espíritu Santo, mediante el Santo Sacerdocio puede ennoblecer mucho nuestra vida.

«Y la luz que brilla, que os alumbra, viene de aquel que ilumina vuestros ojos, que es la misma luz que vivifica vuestros entendimientos. Seguir leyendo

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Mujeres de Dios

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Mujeres de Dios
élder Neal A. Maxwell
De la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

Neal-A-MaxwellPoco sabemos del porqué de la división de deberes entre el hombre y la mujer, tales como la maternidad y el Sacerdocio; eso fue divinamente determinado en otro tiempo y otro lugar. Nos acostumbramos a enfocar nuestra atención en los hombres de Dios, porque en ellos recaen las responsabilidades del Sacerdocio y el liderato. Pero paralela a esa línea de autoridad, fluye una influencia que refleja la rectitud de las admirables hijas de Dios que han adornado todas las épocas y dispensaciones, incluso la nuestra, y cuya grandeza no se mide en palabras de alabanza. La historia de estas mujeres de Dios es el inédito drama femenino dentro del drama histórico.

Nosotros los hombres, conocemos a las hijas de Dios como madres, hermanas, hijas, amigas. Es la mujer la que ennoblece al hombre, lo enseña y lo inspira. Por vosotras sentimos admiración y afecto, porque vuestra rectitud no depende de vuestro rol como mujeres, ni vuestra bondad es simulada. En la obra del reino, el hombre no puede estar sin la mujer ni la mujer sin el hombre, y entre ellos no cabe lugar para la envidia, no sea que al cambiar o renunciar a nuestros respectivos papeles, desperdiciemos nuestras características femeninas o masculinas.

Así como algunos hombres fueron preordinados antes de la fundación del mundo, también lo fueron algunas mujeres para llevar a cabo determinadas responsabilidades. Fue un plan divino, y no el mero azar, lo que señaló a María como la madre de Jesús. El joven profeta José Smith fue bendecido no sólo con un gran hombre como padre, sino con una madre maravillosa, que tuvo influencia sobre toda una dispensación.

Cuando buscamos el ejemplo máximo de amor y lealtad en las relaciones humanas, ¿no hablamos acaso más de Noemí y Rut, que de David y Jonatán? Y no puede sorprendernos que, por su gran amor hacia sus hijas, Dios haya sido siempre tan insistente con respecto a nuestras obligaciones hacia las viudas. Seguir leyendo

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Los Profetas

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Los Profetas
Presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMis amados hermanos, ¿no hemos pasado momentos felices al oír los hermosos testimonios del élder LeGrand Richards, de los cuatro nuevos miembros del Primer Quórum de los Setenta, y de todos los otros hermanos que han compartido con nosotros los sentimientos de su corazón?

Antes que nada, quisiera rendir tributo a la divinamente inspirada organización de la Primaria de la Iglesia. Hace exactamente cien años el obispo Hess, con la aprobación de la Primera Presidencia, llamó a Aurelia S. Rogers para que organizara la primera Primaria; de aquel humilde comienzo ha nacido una organización mundial que ha influido en la vida de millones de personas. Gran cantidad de nuestros miembros han tenido la buena influencia de las dedicadas maestras y oficiales de la Primaria.  Con ocasión de mi cumpleaños, recibí cientos de tarjetas de Felicitación, muchas de las cuales estaban hechas por niños de la Primaria. Son sus humildes líderes quienes, por medio de sus enseñanzas y su ejemplo, inculcan en esos maravillosos pequeños el amor por el Salvador, la Iglesia y sus líderes, durante sus tiernos años Normativos.

La Primaria prepara a estos niños para sus responsabilidades futuras corno madres, padres y ciudadanos de Sión. Todo lo que allí se enseña es virtuoso, bello, de buena reputación y digno de alabanza.  Que el Señor continúe bendiciendo y prosperando a esta organización de la Iglesia, y a todas las demás que están haciendo una obra similar.

Recuerdo cuando, siendo muchacho, venía con mi padre a este Tabernáculo desde Arizona, para asistir a la conferencia general.  Me maravillaba oír los discursos de las Autoridades Generales; he escuchado al presidente Joseph F. Smith y a todos los que le siguieron; me maravillaban sus palabras, y desde joven tomaba seriamente sus advertencias.  Estos hombres se encuentran entre los profetas de Dios del mismo modo que lo fueron los del Libro de Mormón y la Biblia.  No recuerdo jamás haber pensado que esos hombres no dijeran la verdad; pero muchos no seguían sus consejos. Seguir leyendo

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Levántate y átate las sandalias

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Levántate y átate las sandalias
élder Howard W. Hunter
del Consejo de los Doce

Howard W. Hunter 1Miles son los jóvenes en muchas partes del mundo, que participarán con nosotros en el desarrollo de esta reunión del Sacerdocio en éste, el Tabernáculo Mormón de Salt Lake City. Es a dichos jóvenes a quienes deseo dirigir mi mensaje, el que, desde luego, también podrán escuchar padres y abuelos.

Hace unos años, leí en una revista un artículo dedicado a los jóvenes, el que se titulaba: «Levántate… y átate las sandalias» (Hechos 12:7-8), y relataba la carrera mediocre de un jugador de fútbol de una escuela secundaria rural. El joven se las había ingeniado para integrar el equipo, aun cuando era evidente que nunca llegaría a destacarse como jugador. A decir verdad, sólo parecía servir para encontrar problemas de juego para él insolubles, y ni siquiera figuraba entre los primeros suplentes.

Jugaban partido tras partido, y nunca lo llamaban al juego, por lo que abandonó toda esperanza. En el último partido del año, se quitó los zapatos y arrebujándose en una manta se sentó tranquilamente a ver jugar a sus compañeros de equipo.

Por la mitad del juego, oyó de pronto la voz del entrenador que lo llamaba: Tan grande fue su asombro que se preguntó si no estaría soñando; pero en seguida, oyó que le decía directamente: «¡Oye, tú!, entra en el juego, ¡mueve ese equipo!»

¿Qué debía hacer? Su primera reacción fue la de perder el sentido, la segunda, de prestar oídos sordos, la tercera, gritar: «Espere que me ponga los zapatos…’ Pero cortó por lo sano, y ajustándose las medias se lanzó a la cancha mientras el entrenador le daba Las instrucciones de último momento. Demás está decir que las medias blancas, que era lo único que le cubría los pies, atraían las miradas de todo el mundo, lo cual puso al entrenador al borde del desmayo. Seguir leyendo

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Las responsabilidades del Sacerdocio

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Las responsabilidades del Sacerdocio
presidente Marion G. Romney
De la Primera Presidencia

Marion G. RomneyMis amados hermanos quisiera dirigirme en primer término a vosotros, los padres, concerniente a la responsabilidad que tenemos de enseñar y capacitar a nuestros hijos. Desearía después hablarles a los poseedores del Sacerdocio Aarónico.

Recientemente pasé un sábado por la noche en un hotel. El domingo por la mañana me despertó abruptamente una conversación en voz alta. El lenguaje era profano, sucio y ofensivo. Me conmovió el advertir que quienes hablaban eran tan sólo niños. Inmediatamente vino a mi mente el proverbio:

«Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él» (Prov. 22:6).

Luego recordé las palabras de la revelación, donde dice:

«Los niños pequeños… no pueden pecar, porque no le es dado el poder a Satanás de tentar a los niños pequeños… a fin de que se requieran grandes cosas de las manos de sus padres.» (D. y C. 29:46-48.)

Me entristeció pensar en el sufrimiento por el que tendrán que pasar esos niños y sus padres por no haberles proporcionado la preparación «requerida de las manos de sus padres».

Como padres, nunca debemos olvidar lo dicho por el Señor:

«…si hubiere en Sión… padres que tuvieren hijos, y no les enseñaren a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, cuando éstos tuvieren ocho años de edad, el pecado recaerá sobre la cabeza de los padres…

Y también han de enseñar a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor.» (D. y C. 68:25, 28.) Seguir leyendo

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La segunda venida de Cristo

Conferencia General Abril 1978
La segunda venida de Cristo
élder LeGrand Richards
del Consejo de los Doce

Me gustaría extender, junto con vosotros, una bienvenida y mi amor a estas nuevas Autoridades Generales, y mi más grande deseo de que ellos puedan tener gozo y felicidad en servir, como yo lo he tenido en los cuarenta años que han pasado desde que fui sostenido como una Autoridad General de la Iglesia.

Me gustaría hoy referirme al hecho de que hace una semana el mundo cristiano celebró uno de los más grandes acontecimientos, si no el más grande, desde la fundación del mundo: la resurrección de Jesucristo, el Hijo del Dios viviente.  No es de extrañarse que después que los apóstoles vieron cómo lo crucificaban y ponían en la tumba, dudaran cuando las mujeres llevaron la noticia de su resurrección.

Al andar Jesús en el camino a Emaús con dos de sus discípulos después de la resurrección —se nos ha dicho que «los ojos de ellos estaban velados para que no le conociesen» (Lucas 24:16)—, escuchó lo que decían sobre El, su vida y resurrección, y se dio cuenta de que ellos no habían entendido todo lo que los profetas habían dicho de El; entonces les dijo:

«¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!» (Lu. 24:25.)

Y comenzando por Moisés y los demás profetas, les mostró todo lo que ellos habían testificado de El, hasta el más ínfimo detalle, como el hecho de que echarían suertes para quedarse con su ropa cuando lo crucificaran.

Pedro dijo: Seguir leyendo

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La revelación

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La revelación
élder Henry D. Taylor
Del Primer Quórum de los Setenta

Henry D. TaylorEn una ocasión, la Primera Presidencia dio este significativo informe: «Esta Iglesia debe su origen, su existencia y su esperanza para el futuro, al principio de la revelación continua».

La revelación, en el concepto más amplio, se define como «la comunicación de Dios con el hombre», y proviene de Dios en muchas diferentes maneras.

El primer Profeta de esta dispensación, José Smith, recibió revelación en casi todas las maneras en que Dios comunica Su voluntad a los hombres. La primera revelación que recibió fue una visita real de Dios el Padre y su Hijo resucitado, nuestro Señor Jesucristo.

Esta primera revelación, generalmente conocida como «la Primera Visión», tuvo grandes consecuencias. Primero, fue la gran contradicción de la afirmación de que no existían revelaciones, y que Dios no se comunicaba más con el hombre. Segundo, reafirmó la verdad de que en realidad el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Tercero, no dejó dudas y testificó de que el Padre y el Hijo son dos personas distintas y separadas, siendo uno solamente en unidad de propósito y voluntad.

El Profeta recibió comunicación de personajes celestiales como en el caso de Moroni, quien le reveló la existencia de las planchas de oro, las cuales fueron traducidas y publicadas como el Libro de Mormón. Más tarde vino Juan el Bautista, quien restauró el Sacerdocio Aarónico; y Pedro, Santiago y Juan, quienes restauraron el Sacerdocio de Melquisedec; también los ángeles que se mencionan en lo que se conoce como la visión del Templo de Kirtland. (D. y C. 13, 27. 110.)

Si leemos Doctrinas y Convenios, nos damos cuenta de que muchas de las revelaciones allí escritas fueron recibidas por el profeta José Smith mediante el Urim y Tumim. Este fue el instrumento empleado por el Profeta para traducir el Libro de Mormón. Seguir leyendo

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La poesía en nuestra vida

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La poesía en nuestra vida
élder Sterling W. Sill
Del Primer Quórum de los Setenta

Sterling W. SillHace un tiempo, leí un interesante libro escrito por un siquiatra neoyorquino, e intitulado, El poder curativo de la poesía, en el cual el mencionado siquiatra explica cómo durante cuarenta años, se había valido de la aplicación práctica de grandes ideas para curar a sus pacientes que sufrían de males emocionales y problemas siquiátricas; estas ideas no pertenecían todas al género poético, pues también recurría a las de las Escrituras y la buena literatura, así como a las que inspiran los himnos religiosos.

Creo que el poder curativo que aplicaba dicho siquiatra, podría relacionarse con la práctica de algunos médicos de no recetar a sus pacientes remedios de farmacia, sino una visita a la librería, práctica que han adoptado al descubrir que existe mayor poder curativo en los libros que en los específicos. De allí que la madre sane las magulladuras de sus hijos con besos y caricias.

Al meditar en las diferentes maneras de sanar los males, traté de entender lo que pensó Cristo cuando dijo: «Médico, cúrate a ti mismo» (Lucas 4:23).  Y creo que nos señaló un buen método para curarnos cuando dio instrucciones a Emma Smith de hacer una selección de himnos inspirados, cuyos mensajes se anidaran en nuestra mente y corazón.

Hace poco fui a una biblioteca en busca del librito que aquí tengo, el cual es una compilación de los noventa himnos que seleccionó Emma Smith para la Iglesia.  Y considerando que todos tenemos diferentes necesidades así como diferentes intereses, me parece que cada uno de nosotros debería hacer su propia selección de himnos y proceder a aprenderlos de memoria tomando la determinación de atesorarlos, de modo que pudiéramos obtener el máximo tanto de su poder curativo, como de progreso y salvación. Seguir leyendo

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La oración de fe

Conferencia General Abril 1978

La oración de fe

Thomas S. Monsonélder Thomas S. Monson
Del Consejo de los Doce

Nos sentimos muy emocionados por los hermosos himnos cantados por estos preciosos niños de la Primaria. Todos estos pequeños que participan aquí esta tarde tienen el privilegio de compartir cada semana con otros de su edad las reuniones de la Primaria. Sin embargo, hay niños igualmente dulces y preciosos que no disfrutan de ese privilegio.

Hace unos años, mientras visitaba la Misión de Australia, fui con el presidente de misión a una ceremonia de la palada inicial para los cimientos de la primera capilla mormona en la ciudad de Darwin; hicimos escala en la pequeña comunidad minera de Monte Isa y allí nos esperaba una madre con dos niños en edad de Primaria. Después de presentarse, mencionó que ella y sus dos niños eran los únicos miembros de la Iglesia en la ciudad; su esposo no era miembro. Tuvimos una breve conversación donde discutimos la importancia de tener una Primaria de hogar cada semana; yo prometí mandarle los materiales necesarios y ella se comprometió a orar y a perseverar en la fe.

A mi regreso a Salt Lake City le mandé los materiales prometidos y también una subscripción a nuestra revista para los niños de la Iglesia.

Años más tarde, durante la conferencia de la Estaca de Brisbane en Australia, mencioné en la sesión del Sacerdocio la situación de esta hermana llena de fe, y de sus niños. Dije: «algún día espero saber si esa Primaria de hogar tuvo éxito y poder conocer al esposo y padre de esta buena familia». Uno de los hermanos que estaban en la reunión se paró y dijo, «Hermano Monson, yo soy el esposo de esa buena hermana y padre de esos preciosos niños. La oración y la Primaria me trajeron a la Iglesia.» Seguir leyendo

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La «ley real» del amor

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La «ley real» del amor
presidente Marion G. Romney
De la Primera Presidencia

Marion G. RomneyHermanos, he disfrutado mucho de esta reunión, y no recuerdo haber asistido a otra que fuera mejor.  Aprecio el trabajo que realizan el Comité General de los Servicios de Bienestar, el Obispado Presidente y el Departamento de Bienestar.

He preparado un discurso demasiado largo para el tiempo que tengo disponible; pero creo que podéis pasaros sin él si hacéis todas las cosas que se os han aconsejado aquí.  Ciertamente, nuestra asistencia a esta reunión ha valido la pena.

El tema para mi discurso es «la ley real».  Al definir esta ley el apóstol Santiago dijo:

«Si en verdad cumplís la ley real conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis.» (San. 2:8.)

Debemos tener en cuenta esta ley en toda labor de bienestar que llevemos a cabo.  Debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.  El Salvador dio a dicha ley el segundo lugar en importancia después del amor a Dios, cuando dijo:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» (Mat.:37, 39.)

Cuando pagamos nuestras ofrendas de ayuno, debemos hacerlo recordando la ley real.  Recordaréis que Isaías habló al pueblo que había acudido al Señor y luego protestaron, diciendo:

«¿Por qué… ayunamos y no hiciste caso. . .?” Seguir leyendo

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La influencia de la primaria en los niños

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La Influencia de la Primaria en los niños
élder David B. Haight
del Consejo de los Doce

David B. HaightEl Salvador, utilizando toda preciosa oportunidad para enseñar a sus seguidores, respondió a una sugestiva pregunta de sus discípulos quienes deseaban saber su jerarquía junto a El. Uno le preguntó: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?» (Mat. 18:1). El Señor probablemente extendiera Su mano a uno de los niños pequeños que se hallarían entre el grupo que lo rodeaba y lo atrajera hacia sí, cuando dijo:

`…si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos». Luego agregó: «Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos» (Mat. 18:3-4).

En este incidente, el Salvador requirió que los adultos de nuevo encuentren el estado de su infancia, que abandonen sus debilidades y maldad. Esa fe que se tiene de niño, debe ser adquirida nuevamente.

«Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe.» (Mat. 18:5.)

Quizás aún mantuviera al niño junto a El cuando dijo:

«Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.» (Mat. 18:6.)

Un terrible precio es el que colocó a la pureza de un niño pequeño; su derecho a la verdad y al amor es un derecho inalienable, no obstante lo que le pueda suceder más tarde en la vida. Seguir leyendo

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La evidencia de las cosas que no se ven

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La evidencia de las cosas que no se ven
élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce

Mark E. PetersenHay personas que persisten en oponerse al Libro de Mormón, no sólo atacando la autenticidad de este sagrado libro, sino también impugnando nuestro derecho de tener otras Escrituras, además de la Biblia.

Los Santos de los Últimos Días tenemos tres libros de Escrituras además de la Biblia, los cuales también dan fe del Señor Jesucristo, manifestando a todos los que los leen que El es nuestro Salvador y Redentor. En esta época de turbación y duda, ¿no deberíamos agradecer las nuevas afirmaciones corroborativas del Cristo?

Habiendo aprendido que la Biblia contiene toda la palabra de Dios. algunos nos preguntan por qué tenemos estas otras Escrituras, sin darse cuenta de que la misma Biblia nos habla de más Escrituras e indica un sistema que el Señor estableció antiguamente, según el cual puso en la tierra profetas para proveernos de ellas.

Sus revelaciones se registraron junto con datos históricos de las diversas épocas, y llegaron a ser escritura. Los registros que dejaba cada nuevo profeta, se sumaban a la escritura existente, y de este modo, se iba constituyendo gradualmente un volumen de la Sagrada Palabra. Por último, muchos de aquellos se compilaron en un libro, el cual conocemos como la Biblia.

Este sistema continuó mientras el Señor tuvo profetas en la tierra, tanto en los tiempos del Antiguo como en los del Nuevo Testamento. Nunca se consideró que el registro acumulativo contuviera toda la palabra de Dios, puesto que a través dc los años, el Señor continuaba enviando nuevos profetas que recibían nuevas revelaciones, las que a la vez llegaban a ser nueva escritura. Fue una pauta establecida por el Señor desde los días de los patriarcas hasta los tiempos de Juan el Revelador. Seguir leyendo

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