Seamos pueblo Santo

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Seamos pueblo santo
por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia

N. Eldon TannerHermanos, es gloriosa la vista de todos los poseedores del sacerdocio reunidos en este histórico Tabernáculo y glorioso comprender que miles de sacerdotes se encuentran reunidos en otros edificios de la Iglesia, hombres que poseen el Sacerdocio de Dios con el poder y la autoridad de actuar en su nombre. Todos nosotros, estoy seguro, deseamos participar activamente en el desarrollo del reino de Dios y estar preparados para contestar el llamado de nuestro presidente, Spencer W. Kimball, el Profeta de Dios, mediante el cual el Señor habla y dirige su obra aquí sobre la tierra. Cuando hablo a un grupo de poseedores del sacerdocio, siento una gran responsabilidad y espero y humildemente ruego que el Espíritu y las bendiciones del Señor estén con nosotros y nos guíen en nuestros pensamientos mientras os dirijo la palabra.

A menudo me pregunto si realmente comprendemos el gran privilegio y bendición que tenemos de ser miembros de la Iglesia de Jesucristo, poseer el Sacerdocio de Dios, y saber que somos la única gente en el mundo que tiene esta gran bendición y privilegio. Nunca debemos olvidar que este honor lleva consigo una gran responsabilidad que cada uno de nosotros debe aceptar, desde el presidente Kimball hasta el último diácono ordenado en la Iglesia. No nos debilitemos, ni olvidemos que hemos sido llamados por el Señor y que El espera que honremos el sacerdocio y magnifiquemos nuestro llamamiento.

Hemos oído, oímos, y continuaremos oyendo mucho sobre las maldades del mundo actual, que son reales, muy serias y que casi han inundado todo el mundo. Estoy seguro de que estaréis cansados de oír hablar de esto como lo estoy yo, y consideráis que estamos escuchando un disco rayado.

Quisiera leer algunos extractos de un discurso de John A. Howard, Presidente del Colegio Rockford, de Illinois, pronunciado en la Universidad de Brigham Young. Refiriéndose a los problemas y sacrificios hechos por nuestros pioneros que cruzaron las planicies rumbo al valle de Lago Salado, dijo: Seguir leyendo

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Regresa, Hermano

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Regresa, hermano. . . .
por élder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce

gordon-b-hinckley-mormonAlbergo la esperanza de que, aunque sea por curiosidad, estén escuchando esta tarde algunos de aquellos que habiendo estado muy cerca de la Iglesia, por una u otra razón se han alejado de ella. Es a éstos a quienes quisiera dirigir mis palabras, con la oración ferviente de que pueda hacerlo por el poder del Espíritu Santo.

Estoy seguro de que hay miles de personas en el mundo que en su soledad y anhelo por recibir la verdad, están esperando que alguien les ayude a encontrarla. Pero hay otros que aunque nominalmente pertenecen a la Iglesia, se han alejado; que sienten las ansias por regresar, pero no saben cómo hacerlo y son demasiado tímidos para intentarlo. Al pensar en ellos, recuerdo una de las historias más bellas que conozco: la parábola del hijo pródigo. (Lucas 15:11-24.)

A vosotros, mis hermanos que habéis tomado vuestra dote espiritual y os habéis ido, y que quizás ahora sintáis un gran vacío en vuestra vida, os digo: el camino está abierto para vuestro regreso. Notad que en el versículo 17 dice: «Y volviendo en sí . . .» ¿Habéis también vosotros reflexionado en vuestra condición y ansiado el retorno?

Al joven de la parábola le bastaba con ser un sirviente de su padre, pero éste, divisándolo en la distancia, salió a recibirlo, lo besó, lo hizo vestir y calzar con prendas finas, le dio un anillo y ordenó que se hiciera una fiesta. Así deberá ser con vosotros; si sólo dais el primer paso para el regreso, encontraréis brazos abiertos para recibiros y cariñosos amigos que os darán la bienvenida.

Creo que sé porqué algunos de vosotros os habéis alejado. Quizás fuerais ofendidos por algún desconsiderado, cuyas acciones tomasteis como representativas de la Iglesia; quizás os mudarais jóvenes a un lugar donde os encontrarais solos y donde crecierais con escaso conocimiento de la Iglesia; tal vez fuerais atraídos por compañeros o hábitos incompatibles con las normas de la Iglesia; o quizás, en vuestro conocimiento mundanal os sintierais superiores a vuestros hermanos y por eso os apartarais de ellos. No es mi propósito buscar motivos, y espero que tampoco vosotros lo hagáis; es mejor dejar atrás el pasado. El profeta Isaías dijo: Seguir leyendo

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Qué camino seguiréis?

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¿Qué camino seguiréis?
por el élder Thomas S. Monson
del Consejo de los Doce

Thomas S. MonsonUna negra cinta de asfalto serpentea a través de las montañas del norte de Utah, entra al Valle del Lago Salado y luego sigue hacia el sur. Se trata de una importante carretera por la cual se transportan diariamente los productos de las fábricas y el comercio, y grandes masas de viajeros se dirigen a su destino.

Hace algunos días, mientras viajaba rumbo a mi casa, cerca de una rampa de entrada a esta carretera, vi a tres jóvenes portando sendos carteles, evidentemente con la esperanza de que alguien los llevara gratis a su destino. Dos de ellos habían escrito en sus carteles el nombre de dos ciudades importantes; sin embargo, el tercer cartel fue el que, no sólo me llamó la atención, sino que también me hizo reflexionar en su mensaje. En él, el joven no había escrito el nombre de ninguna ciudad, ningún pueblo o lugar, sino que consistía de tres simples palabras: «A CUALQUIER PARTE».

He allí alguien que se encontraba satisfecho de ir en cualquier dirección, de acuerdo con el capricho del conductor que estuviera dispuesto a transportarlo gratuitamente. Pero, ¡qué enorme precio pagaría por aquel viaje! Andar sin plan, sin objetivo, sin meta. El camino a «cualquier parte» es el camino a «ninguna parte”, y este último conduce a una vida de sueños sacrificados, malgastadas oportunidades y una ausencia total de cometidos.

A diferencia de aquel joven, nosotros tenemos el divino don de elegir el camino que deseamos seguir. El apóstol Pablo comparó la vida con una carrera que tiene una meta a la cual hay que llegar, y les dijo a los santos de Corinto: «¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis» (1 Cor. 9:24). Pero en nuestro celo, no sea que descuidemos el sabio consejo que se nos da en Eclesiastés: «. . . ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes. . .» (9:11). En realidad, el premio pertenecerá a aquel que persevere hasta el fin. Y cada uno de nosotros debe preguntarse: «¿Adónde deseo ir? ¿Cómo intento llegar allí? ¿Cuál es mi destino divino?» Seguir leyendo

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Principios de Bienestar

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Principios de Bienestar
por el élder Vaughn J. Featherstone
del Primer Quórum de los Setenta

Vaughn J. FeatherstoneSería yo muy desagradecido si esta mañana no expresara mi aprecio por haber caminado a la sombra y protección espiritual de dos grandes hombres; el obispo Brown y el obispo Peterson, y si no hiciera saber que tengo un testimonio muy personal de que el hermano J. Richard Clarke, nuevo Segundo Consejero del Obispado Presidente es un compañero digno de estos grandes hombres. Esta mañana tengo la asignación del obispo Brown de discutir las responsabilidades de empleo.

Hace algún tiempo una madre llevó a su hijo Fredy al hospital para hacerle una operación; el muchacho ‘fue operado y todo salió bien. Ese mismo día, al atardecer, la madre de Fredy se dirigió a la enfermera y le dijo: «Tengo que irme a casa, pero antes quisiera pedirle que cada media hora le pregunte a Fredy como está.» La enfermera le contestó: «Bueno, no se preocupe; si usted lo cree necesario, lo veremos cada media hora.» La madre, tranquilizada, se fue para la casa. El hospital tiene una oficina central a cuyos lados se expanden dos alas del edificio; Fredy se encontraba en el último cuarto de una de esas alas. A las siete y media de la noche, la enfermera fue hasta el cuarto, se asomó a la puerta y preguntó: «Fredy. ¿estás bien?». El respondió, «Sí, estoy bien.» La enfermera volvió al cuarto del muchacho a las ocho y otra vez le preguntó: «Fredy, ¿estás bien?»; nuevamente, la respuesta fue, «Estoy muy bien, gracias.» La enfermera volvió a visitarlo cada media hora, hasta que a las 10 de la noche, después de tanto ir y venir, pensó que se estaba atrasando en su trabajo debido al tiempo que le dedicaba al niño. Consideró entonces que tendría que cambiar de método para comunicarse con él y decidió usar el sistema de intercomunicación, para lo cual apretó el botón del aparato y preguntó: «Fredy, ¿estás bien?» Pero no recibió respuesta alguna. Aunque insistió una y otra vez, no obtuvo contestación. Desesperada ya, volvió a repetir: «Fredy, ¿te encuentras bien?, háblame. Fredy, ¡háblame, por favor!» Entonces, después de un momento más se oyó una voz muy tímida que dijo: «Sí pared, ¿qué deseas?»

Al hablar y repetir acerca del desempleo que pueda afectar a los miembros de la Iglesia -el obispo Peterson habló de ello la última vez y yo lo haré esta mañana- no debéis considerar que creemos que estamos hablando a la pared, sino que pensamos que la repetición es una buena maestra. Seguir leyendo

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Preparemos Misioneros

Conferencia General de Octubre 1976

Preparemos misioneros

por el élder M. Russell Ballard Jr.
del Primer Quórum de los Setenta


Mis hermanos, mi venida a la conferencia siendo presidente de misión, me ha hecho sentir como un comandante que, hallándose en el frente, ha sido llamado por el estado mayor para informar sobre las condiciones de la guerra.

En esta guerra no hay armamentos; pero la lucha entre las fuerzas del bien y del mal por las almas de los hijos de nuestro Padre Celestial, es intensa y muy real.  Desde mi puesto en las filas del frente del campo misional, puedo testificar que el enemigo está bien entrenado en las eternas artes de la batalla.  El ejército del diablo explota toda clase de prácticas pecaminosas y promueve su causa a través de todos los medios impresos y audiovisuales.  Tal vez el más astuto de todos los métodos sea el espíritu de apatía e indiferencia que utiliza para penetrar la mente y el corazón de la humanidad, a fin de anular cualquier sentimiento hacia Dios, su Hijo Jesucristo o su Iglesia. Seguir leyendo

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Nuestro propia Liahona

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Nuestro propio Liahona
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballAmados hermanos, hay dos o tres puntos que quisiera traer a colación. Hemos escrito una carta a todas las presidencias de estaca de la parte occidental de los Estados Unidos, en la cual les decimos que en el pasado el Centro Médico Infantil de la Primaria ha recibido significativo apoyo financiero, mediante la recolección de dinero a la que llamamos «desfile de los centavos». Estos fondos han hecho posible que el hospital admitiera niños necesitados de asistencia médica, haciendo caso omiso de raza, credo, religión, o condición financiera. Ahora que este medio de apoyo financiero no se encuentra disponible para el hospital, se ha organizado un «fondo infantil», mediante el cual se llevará a cabo una recolección de fondos durante el mes de febrero de 1977. Todos los fondos que así se recauden, se dedicarán a continuar con los servicios caritativos que hasta ahora han caracterizado al hospital. Consideramos que dicho programa es digno de vuestra atención y apoyo.

Deseo también llamaros la atención sobre otro asunto que merece vuestro apoyo. La Presidencia General de la Sociedad de Socorro propuso hace más de un año a la Primera Presidencia y al Consejo de los Doce, la erección de un monumento a la mujer de la Iglesia. En vista de que el profeta José Smith organizó la Sociedad de Socorro en Nauvoo el 17 de marzo de 1842, se creyó que sería propio que este monumento se encontrara en dicha ciudad. La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce, después de considerarlo detalladamente, decidieron apoyar la propuesta con el entendimiento de que el proyecto sería costeado principalmente mediante contribuciones voluntarias de las mujeres de la Iglesia. El trabajo del monumento ha estado progresando y se han estado recibiendo contribuciones. Confiamos en que, con vuestro apoyo hermanos, estos fondos podrán ser recolectados sin afectar a nadie en el aspecto financiero. Si todos contribuyen, la suma individual podrá mantenerse baja. Esperamos que también algunos hermanos se sientan inclinados a contribuir a este digno proyecto. La Presidencia General de la Sociedad de Socorro desearía terminar la recolección de fondos antes del 17 de marzo de 1977, fecha de su aniversario. Mucho apreciaremos vuestros esfuerzos al respecto.

Quiero hablar ahora de otro asunto. Esperamos que vosotros, quienes enseñáis en las varias organizaciones, ya se trate en las escuelas de la Iglesia como en las capillas, enseñéis siempre la verdad ortodoxa. Os advertimos contra la diseminación de doctrinas que no están de acuerdo con las Escrituras y que se alega han sido enseñadas por algunas Autoridades Generales de generaciones pasadas. Una de ellas, por ejemplo, es la teoría de «Adán-Dios» (teoría que mantiene que Adán es el único Dios de esta tierra). Denunciamos esa teoría y tenemos la esperanza de que todos los miembros de la Iglesia sean advertidos en contra de ella, al igual que en contra de toda otra doctrina falsa. Seguir leyendo

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Nuestro don de Dios

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Nuestro don de Dios
presidente Marion G. Romney
de la Primera Presidencia

Marion G. RomneyComo tema para mis palabras de esta noche, he escogido una exhortación de Pablo a Timoteo: «. . . te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos» (2 Tim. 1:6).

Puede que éstas se hayan dicho al conferir el don del Espíritu Santo, como parte de una ordenación al sacerdocio, o ambas cosas. De cualquier forma, recordé esa exhortación recientemente al escuchar el discurso de un misionero recién llegado de su misión. Dijo el joven que la esposa de la familia en cuya casa él y su compañero vivían, estaba interesada en el evangelio; pero el esposo no lo estaba. Finalmente, su corazón se ablandó un tanto y un día les dijo que cuando no tuvieran otra cosa que hacer, les escucharía. Al poco tiempo, tras haber tenido que volver a la casa pues una fría tormenta de lluvia y viento les impedía seguir golpeando puertas, le presentaron la primera lección. Al principio, él no dio muestras de mucho interés, pero al terminar, se puso de pie y les dijo: «¿Ustedes creen en lo que me acaban de decir?» «Sí,» le respondieron, «lo creemos».

«Entonces», continuó él, «ustedes no entienden lo que están diciendo. Si realmente creen que Dios y su Hijo resucitado Jesucristo, en realidad vinieron a esta tierra en 1820, y se le aparecieron personalmente a un muchacho y le dieron el mensaje que ustedes dicen que le dieron, ninguna tormenta les hubiera impedido predicar. Con un mensaje de esa magnitud, tendrían que haberse quedado afuera, golpeando puertas y proclamando a la gente.» Al meditar en este incidente, me he formulado esta pregunta que ahora os hago: ¿Qué clase de tormenta sería suficiente para hacernos ceder? Mis observaciones me dicen que muchos de nosotros, poseedores del sacerdocio, necesitamos avivar los dones de Dios que nos han sido conferidos mediante la imposición de manos. Una de las formas en que podemos lograrlo es mediante el constante esfuerzo de mejorar y profundizar nuestro entendimiento del evangelio mediante la autodisciplina en el estudio.

El presidente Stephen L. Richards» enfatizó con fuerza la importancia de entender el evangelio, en una conversación que tuvimos mientras viajábamos en automóvil con destino a una conferencia de estaca. Discutíamos las, distintas formas de animar a los miembros a que vivieran más fielmente las normas de la Iglesia, y él me dijo: «No me cabe duda de que los miembros de la Iglesia serían más fieles en el cumplimiento de los mandamientos, si pudiesen entender más completamente los principios del evangelio.» Estuve de acuerdo con él en ese momento y todavía lo estoy. Seguir leyendo

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Nuestro deber de padres

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Nuestro deber de padres
por el élder O. Leslie Stone
del Primer Quórum de los Setenta

O. Leslie StoneQuisiera hoy hablar de nuestra responsabilidad como padres. El presidente McKay dijo al respecto:

«Se dice que vale más ser digno de confianza, que amado. Y la mayor confianza que puede depositarse en un hombre y una mujer es encomendarles la vida de un pequeñito. Si una persona encargada de dinero ajeno comete desfalco, es arrestada y encarcelada; si quien está a cargo de secretos de estado los revela, traicionando a su país, se califica de traidor y se castiga. Pero los padres que por su propio descuido u obstinado deseo de ceder al egoísmo, no crían a sus hijos como deben, traicionan la mayor confianza que se ha depositado en el ser humano.» (Treasures of life, » Des. Book, 1965, pág. 71.)

Y agregó que entre los padres que no cumplen con su deber, se cuentan:

  1. Los que riñen en presencia de sus hijos.
  2. Los que contaminan el hogar con vulgaridades y blasfemias.
  3. Aquellos cuya vida en el hogar no se ajusta a lo que aparentan en la Iglesia.
  4. Los que no enseñan a sus hijos a obedecer.
  5. Los que no les enseñan religión, pensando que cuando crezcan harán su propia decisión, y fallan en su responsabilidad de padres.

Esta escritura indica claramente nuestro deber de enseñar a nuestros hijos los fundamentos del evangelio:

«Y si hubiere . . . padres que tuvieren hijos y no les enseñaren a comprender la doctrina del arrepentimiento . . . cuando éstos tuvieren ocho años de edad, el pecado recaerá sobre las cabezas de los padres.

Porque ésta será una ley para los habitantes de Sión . . .» (D. y C. 68:25-26.)

Notad que no dice que el pecado recaerá sobre la cabeza de los maestros de la Iglesia, sino «sobre las cabezas de los padres».

Hablando de este tema, el élder A. Theodore Tuttle dijo: «Este deber no es algo que puede dejarse de lado ni delegarse a guarderías, a la escuela o a la Iglesia, sino que se ha establecido por decreto divino, y si los padres lo violan, hacen peligrar su propia salvación». Seguir leyendo

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Nuestra relación con el Salvador

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Nuestra relación con el Salvador
por el élder James E. Faust
del Primer Quórum de los Setenta

James E. FaustHermanos, creo que el mundo necesita más revelaciones y menos revoluciones. En mi opinión, el mayor cambio que se ha experimentado en Sudamérica ha sido la revolución espiritual que ha tenido lugar como consecuencia de la influencia de la Iglesia y la construcción del Templo de Sáo Paulo.

No hace mucho, se entrevistó a un excelente grupo de misioneros en América del Sur, y se les hizo la siguiente pregunta: «¿Cuál es la mayor necesidad en el mundo actual?». Uno de ellos respondió sabiamente: «Creo que cada persona en el mundo debería tener una relación íntima, diaria y constante con el Salvador». Una relación así puede encender en nosotros la chispa divina. Pero no sólo debemos tratar de conocer íntimamente al Maestro, sino también de ser uno con El. Quizás no nos acerquemos a El lo suficiente, porque pensamos que está demasiado lejos de nosotros o porque no lo concebimos como un Ser real.

Nuestros sentimientos son sagrados para nosotros y nadie puede refutárnoslos; por lo tanto, para recibir la influencia divina del Maestro, empecemos por esa silenciosa certeza que la mayoría de nosotros recibe, y que sabemos nos testifica de la verdad. Estas son cosas que no podemos probar a los demás, y sin embargo, forman parte de nuestro conocimiento. ¿Será acaso que la chispa divina que hay dentro de nosotros está tratando de identificarse con su fuente de procedencia?

Quisiera sugerir cinco medidas esenciales que debemos tomar para limpiar el canal por el cual debemos recibir el «agua viva» del manantial mismo, o sea, el Redentor.

Primero: una comunión diaria por medio de la, oración. Una súplica ferviente y sincera es como una conversación franca entre dos personas; ella hace que el Espíritu del Señor fluya como un bálsamo para nuestras heridas, nuestros pesares y nuestras pruebas.

Segundo: un diario servicio generoso a los demás: Los seguidores del Cristo tienen que ser calificados de acuerdo con sus acciones y no con las creencias que profesan. En Mateo se nos da la regla: «. . . en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis» (25:40). Seguir leyendo

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Los que mueren en el Señor

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Los que mueren en el Señor
por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce

 

élder Bruce R. McConkieDeseo hablar de un tema que causa miedo, incluso terror, a la mayoría de las personas. Es algo a lo que tememos, que nos sobrecoge, algo de lo que huiríamos si pudiéramos. Se trata del pasaje del alma inmortal al reino eterno, del temeroso día en que abandonaremos esta vida mortal y volveremos al polvo del cual hemos venido. Hablaré de la muerte—la muerte terrena, la natural, la del cuerpo—, y del estado del alma cuando le llega el momento de esta consumación final.

Es indudable que todos deberemos ser guiados e iluminados por el poder del Espíritu Santo cuando lleguemos a ese reino, sobre el cual el hombre carnal sabe tan poco pero del que se ha dado tanta revelación a los santos del Altísimo.

Ruego que mis palabras, que hablo por el poder del Espíritu Santo, penetren en vuestro corazón también por el poder del mismo Espíritu, para que sepáis y sintáis la veracidad de las mismas.

Me gustaría citar estas dulces y consoladoras palabras bíblicas: «Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos». A esto agrego la aguda declaración de Pablo cuando dijo: «El aguijón de la muerte es el pecado» (1 Cor. 15:56).

La muerte puede ser reconfortante, dulce y preciosa, pero también puede arrojar sobre nosotros la agonía ardiente y abrasadora de un infierno sin fin. Y cada uno de nosotros, individualmente, elige cuál de estas formas ha de ser.

Si hemos de colocar a la muerte en su perspectiva correspondiente, debemos primero aprender el propósito de la vida, saber de dónde venimos, quiénes somos y por qué Dios nos puso aquí. Solamente entonces podremos tener la visión de adónde iremos, de acuerdo con la disposición de Aquel que nos creó.

Sabemos, porque el Señor nos lo ha revelado, que somos hijos espirituales de un Ser exaltado y glorificado, de un Hombre Santo que tiene un cuerpo de carne y huesos y es nuestro Padre Celestial. Sabemos que la clase de vida que El vive es vida eterna, que consiste en vivir dentro de la unidad familiar y en poseer todo poder, toda supremacía y todo dominio. Seguir leyendo

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Las tentaciones de Cristo

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Las tentaciones de Cristo
Por el élder Howard W. Hunter
Del Consejo de los Doce

Howard W. Hunter 1Hay tiempos en nuestra lucha con la adversidad de la vida mortal, en que nos cansamos, nos debilitamos y somos susceptibles a las tentaciones que aparecen en nuestro camino. En la vida del Señor encontramos una lección al respecto.

Después de su bautismo, Jesús fue guiado por el Espíritu hacia un lugar solitario, en el desierto. Allí permaneció por espacio de cuarenta días y sus noches, preparándose para el ministerio que pronto habría de comenzar. La más grande de las tareas que habría de realizarse en este mundo estaba por llevarse a cabo, y El necesitaba la fortaleza divina. Durante esos días en el desierto decidió ayunar para que su cuerpo mortal pudiera estar completamente sujeto a la divina influencia del Espíritu de su Padre.

Cuando Jesús hubo completado el ayuno de cuarenta días, habiendo estado en comunión con Dios y encontrándose entonces con hambre y debilitado físicamente, fue entregado a las tentaciones del diablo; eso también debía ser parte de su preparación. El mejor momento para el tentador, es cuando nos encontramos exhaustos emocional y físicamente cuando estamos cansados, vulnerables, y menos preparados para resistir sus insidiosas sugerencias. Esa fue una hora de peligro, la clase de momento en el que muchos hombres sucumben a las habilidosas trampas del diablo.

La primera tentación de Satanás a Jesús, fue la de satisfacer su necesidad de comida, la necesidad más básica y apremiante. Fue una tentación de los sentidos, una apelación a los apetitos, y tal vez la más común y peligrosa de las tentaciones del diablo. «Si eres Hijo de Dios», le dijo, «di que estas piedras se conviertan en pan.» Durante las largas semanas de soledad, el Salvador había sido sostenido por la exaltación del Espíritu que acompaña esa meditación, oración y comunión con los cielos. En tal espíritu de devoción, los apetitos físicos habían quedado sujetos y superados; pero en ese momento las demandas de la carne se hacían inevitables.

Pero Satanás no sólo tentó a Jesús para que comiera. Si le hubiera sugerido: «Vete de este desierto y pídele pan al panadero», no habría habido tentación, ya que Jesús tenía intenciones de comer al finalizar su ayuno. Más su tentación consistió en tratar de hacerlo comer en una forma espectacular, haciéndolo utilizar sus poderes divinos para propósitos egoístas. La tentación estaba en la invitación para que convirtiera las piedras en pan, milagrosa e instantáneamente, para no esperar ni posponer la gratificación física. Su respuesta al tentador fue clara como el cristal: «Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mat. 4:4). Seguir leyendo

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Las enseñanzas de Pablo

Conferencia General Octubre 1976

Las enseñanzas de Pablo

Delbert L. Stapley.por el élder Delbert L. Stapley
del Consejo de los Doce


Mi mensaje está extraído de los escritos del apóstol Pablo, preparados hace más de 1900 años. Pablo era conocido como Saulo de Tarso, y tenía la ciudadanía judía y la romana. Era un poderoso perseguidor de aquellos que aceptaban a Cristo como su Señor y Rey, aunque no lo hacía, impulsado por la malicia, sino porque creía estar luchando contra un enemigo de su fe judía. Un día que iba camino a Damasco para continuar con sus persecuciones, una fuerte luz celestial descendió sobre él y le echó por tierra sin que pudiera resistirse, y una voz le preguntó: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» En respuesta, Saulo formuló dos preguntas: «¿Quién eres, Señor?», y «Señor, qué quieres que yo haga?» (He. 9:4-6).

Cristo se identificó como «Jesús a quien tu persigues». Luego le mandó que entrara en la ciudad de Damasco en  donde recibiría instrucciones. Puesto que había quedado ciego, Saulo tuvo que tener ayuda de sus compañeros para entrar en la ciudad, donde Ananías, un discípulo y siervo del Señor, le restauró la vista y le informó que Dios lo había escogido para que supiera su voluntad y escuchara su voz, y que había de ser entre los hombres un testigo del Cristo resucitado. Fue bautizado por Ananías y desde ese momento se dedicó a la edificación del reino del Señor. (He. 9:4-22.)

Cuando fue ordenado, Saulo se transformó en gran defensor de la fe, dinámico maestro de la justicia y valiente predicador ante el mundo. Fue primero a los judíos en sus sinagogas, luego realizó tres viajes misionales consecutivos, llevando el mensaje del Cristo resucitado a muchas personas. Mientras estaba de misión entre los gentiles, se le llegó a conocer como Pablo. Su amor e interés sincero hacia sus conversos le hicieron regresar para asegurarse de sus progresos; también les escribía cartas de exhortación. Tengo un gran respeto por el apóstol Pablo; admiro su valor, honestidad, fe y profundo testimonio. Amo sus enseñanzas y las hallo aplicables a la gente de esta época.

El fue escogido especialmente como testigo verdadero del Cristo resucitado. Y como tal, ¿cuál era su responsabilidad? Enseñar el mensaje de fe, arrepentimiento y bautismo; testificar de la misión divina del Salvador; reseñar la relación del hombre con Jesucristo y Dios, nuestro Padre; fortalecer los testimonios; definir la doctrina; y recalcar las enseñanzas de la Iglesia cristiana. También instruía a la gente en sus problemas diarios y amonestó al mundo entero. ¿No son acaso éstas las metas de los líderes de nuestra Iglesia? En toda reunión y en todo momento, buscamos incrementar la fe, edificar el testimonio, fortalecer la voluntad, bendecir, enseñar deberes y responsabilidades, crear líderes, incrementar la espiritualidad y también amonestar. Seguir leyendo

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La simplicidad del Cristianismo

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La simplicidad del cristianismo
por el élder LeGrand Richards
del Consejo de los Doce

LeGrand RichardsHermanos y hermanas, me siento muy honrado por haber sido invitado a compartir mi testimonio y agregarlo al de los que ya han hablado, porque sé de todo corazón que ésta es la obra del Señor, que Jesucristo es el Redentor del mundo, la cabeza de su Iglesia, que José Smith fue su Profeta para establecer su reino aquí sobre la tierra en los últimos días y preparar el camino para su segunda venida.

Durante los meses de verano tuve que quedarme en casa durante unas semanas, aquejado por una leve enfermedad; eso me dio la oportunidad de leer algunos libros y especialmente mi bendición patriarcal, al igual que las bendiciones que recibí de presidentes de la Iglesia al ser apartado en dos oportunidades como presidente de misión, cuando fui apartado como Obispo Presidente de la Iglesia y cuando por último, el presidente David O. McKay ayudado por sus consejeros y los miembros del quórum de los Doce Apóstoles, me pusieron las manos sobre la cabeza hace 24 años y me ordenaron Apóstol del Señor Jesucristo.

En su bendición, el presidente McKay me encomendó la responsabilidad de ser un testigo de Jesucristo y de su divino llamamiento, al igual que de su Profeta, José Smith, y de las verdades restauradas; y grande ha sido mi gozo en los años en que he estado tratando de hacerlo.

He llegado a comprender perfectamente el significado de las palabras del profeta Nefi, cuando dijo: «Mi Dios ha sido mi apoyo . . . Me ha henchido con su amor hasta consumir mi carne» (2 Nefi 4:21). ¿Habéis sentido vosotros eso alguna vez? ¿Os habéis estremecido bajo la influencia y poder del Espíritu? Vienen a mi mente las palabras del apóstol Pablo: «Porque . . . los que una vez fueron iluminados . . . y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero . . . ( Heb. 6:4-5). Del modo que Pablo lo expresa, siento que aun acá en la mortalidad podemos sentir y comprender los poderes del mundo venidero. Seguir leyendo

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La perfección es nuestra meta

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La perfección es nuestra meta
Por el élder William H. Bennett
Del Primer Quórum de los Setenta

William H. BennettNuestro Señor y Salvador, en su excelso Sermón del Monte, nos encomendó la mayor tarea y más importante meta, al decir: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto» (Mat. 5:48). Con esas palabras, Jesús nos insta a procurar lo sobresaliente en todo lo que hagamos, a desarrollar nuestros talentos y habilidades y sobre todo, a vivir de acuerdo con sus enseñanzas.

El esfuerzo por alcanzar el grado máximo de perfección debe ser lo más importante de nuestra vida. Sin embargo, muchos son los que hacen caso omiso a esto, pensando tal vez que es imposible que persona alguna pueda alcanzar la perfección en esta vida, dejándose, por ende, dominar por las circunstancias adversas. Si bien es cierto que aquí no podemos lograr la perfección en el sentido cabal de la palabra, en cambio podemos lograrla en determinados aspectos. Además, si no hacemos lo que podemos y debemos hacer en esta vida, corremos el riesgo de privarnos para siempre de la oportunidad de hacerlo en el futuro y perder así grandes bendiciones eternas. Reparemos en las siguientes palabras de un poeta:

No se alcanzan los cielos de un solo salto;

Mas debemos subir peldaño a peldaño.

Con esfuerzo y empeño y valor y saber,

A la cima intentemos poco a poco ascender.

(«Gadatim», por Josiah Gilbert Holland. Masterpieces of religious verse, New York: Harper & Brothers, 1948, pág. 443.)

Fundamentándome en esto, quisiera referir algunas formas específicas en que en esta vida ha podido lograrse perfección. Seguir leyendo

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La perfección de los Santos

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La perfección de los Santos
por el élder Franklin D. Richards
del Primer Consejo de los Setenta

Franklin D. RichardsMis queridos hermanos, el consejo dado por el presidente Kimball y por las demás Autoridades Generales, así como la hermosa música y la oración de apertura, han hecho de ésta una reunión sumamente inspiradora. Estamos viviendo una época difícil pero al mismo tiempo maravillosa: la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

Estoy agradecido porque mi espíritu fue preservado para venir a la tierra en esta época tan especial y por el conocimiento de que Dios vive y de que Jesús es el Cristo, nuestro Salvador y Redentor.

Es un gran privilegio poder manifestar el testimonio de que el evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en su plenitud mediante el profeta José Smith, y de que existe hoy sobre la tierra un Profeta de Dios, nuestro querido presidente Spencer W. Kimball. Ruego que el Señor le bendiga y le apoye y nos dote de la sabiduría y el valor necesarios para ceñirnos a su consejo. La Iglesia de Jesucristo fue establecida en el meridiano de los tiempos y reestablecida en esta dispensación con dos grandes propósitos. Primero, el de proclamar la verdad concerniente a la salvación del hombre, y segundo, el de perfeccionar a aquellos que aceptan el evangelio de Jesucristo. Para lograr el primero, el de llevar el evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo, la Iglesia está embarcada en un esfuerzo misional mundial, contando con más de 150 misiones y 25.000 misioneros regulares. Sumando los miles de misioneros de estaca y distrito, y con el constante perfeccionamiento del programa «cada miembro un misionero», la Iglesia está creciendo a un ritmo acelerado.

En cuanto a la perfección de los santos, el Salvador nos ha exhortado a que seamos perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto. En la revelación moderna se nos dice: «no podéis aguantar la presencia de Dios, ni la ministración de ángeles; por consiguiente, continuad pacientemente hasta perfeccionaros» (D. y C. 67:13).

Para poder alcanzar este objetivo, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, provee oportunidades para que todos los miembros participen en distintas actividades tendientes a desarrollarlos mental, moral, física y espiritualmente, como parte del proceso de perfeccionamiento. Un alto porcentaje de miembros de la Iglesia son activos en ese proceso y son bendecidos por ello. Seguir leyendo

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