Tres días en la tumba

C. G. Abril 1974logo pdf
Tres días en la tumba
Por el élder Eldred G. Smith
Patriarca de la Iglesia

Eldred G. SmithLa primavera pasada, mi esposa y yo tuvimos el maravilloso privilegio de visitar la Tierra Santa. El último día de nuestra estadía en Jerusalén salimos temprano del hotel y fuimos caminando hasta el Jardín de la Tumba. Para nuestro deleite, éramos los únicos en el lugar. Un gran sentimiento de reverencia inundó nuestro corazón al encontrarnos en sitio tan sagrado. Desde allí observamos el monte Gólgota o de la Calavera, también conocido como el Calvario. En ese momento pudimos imaginarnos las tres cruces que una vez ocuparon ese lugar, con el letrero: «Este es Jesús, el Rey de los Judíos» colgando sobre la agonizante figura del Maestro. (Véase Mateo 27:37.) Entonces, pensamos: «¿Somos acaso dignos de todo lo que él sufrió por nosotros?».

Luego nos volvimos hacia la tumba que era históricamente propiedad de José de Arimatea. En ese lugar, José y Nicodemo le depositaron asistidos por las mujeres. Los discípulos le dejaron, fue corrida la piedra que tapaba la entrada, y todos se alejaron del lugar; todos con la excepción de María Magdalena y la otra María. (Mateo 27: 60-61.) Ellas se sentaron sumidas en la confusión, cerca del sepulcro, comenzando la vigilia de la tumba.

Las Escrituras nos dicen que Jerusalén sufrió una gran destrucción, sin embargo, fue mucho mayor en este continente. Hubo grandes convulsiones de la tierra; en el término de tres horas, ciudades enteras fueron destruidas, algunas de ellas sepultadas por los terremotos, otras completamente consumidas por los incendios. Grandes montañas se levantaron en lugares antes ocupados por ciudades. Hubo grandes tormentas, tempestades, y una profunda oscuridad cubrió toda la tierra. AL finalizar las tres horas de destrucción y durante el estado de oscuridad que perduró tres días, una voz, solamente una voz pudieron oír los habitantes de esta tierra. La voz declaró que era la de Jesucristo diciendo: Seguir leyendo

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Sus últimas horas

Conferencia General Abril 1974

Sus últimas horas

Howard W. Hunter 1

por el élder Howard W. Hunter
Del Consejo de los Doce


Hace casi dos mil años, comenzaron a verificarse en las afueras de Jerusalén, cerca de la pequeña aldea de Betania, los acontecimientos iniciales de la semana más importante de la historia de la humanidad. Jesús de Nazaret, con un ministerio de tres escasos años entre sus coterráneos, salía de la vivienda de sus amigos María, Marta y Lázaro, dirigiéndose resueltamente hacia las puertas de Jerusalén. Algunos de los habitantes de esta antigua ciudad lo consideraban un blasfemo, un demonio, un trasgresor de la ley judaica, al paso que otros creían que era un Profeta, el Mesías, el Hijo del Dios viviente. Pero no obstante las diferentes opiniones, toda Judea sabía de este hombre que enseñaba con poder y autoridad aunque no era ni escriba ni fariseo.

Juan relata: «Y estaba cerca la pascua de los judíos; y muchos subieron de aquella región a Jerusalén antes de la pascua, para purificarse.

Y buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se preguntaban unos a otros: ¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?» (Juan 11:55-56).

La ley judaica requería la asistencia de todos los varones adultos a ésta, la más sagrada de todas las conmemoraciones ceremoniales de Israel. Mas los miembros del Sanedrín habían acordado públicamente condenarlo a la pena de muerte, y muchos dudaban que se presentase en tal reunión pública. Seguir leyendo

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Sed limpios, vosotros los que lleváis los vasos del Señor

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Sed limpios, vosotros los que lleváis los vasos del Señor
Por el presidente Marion G. Romney

Marion G. RomneyMis amados hermanos, he elegido como tema el pasaje: «Sed limpios, vosotros los que lleváis los vasos del Señor» (D. y C. 133:5). Igualmente apropiado sería decir: Magnificad vuestros llamamientos en el sacerdocio. Para comenzar, os testifico que sé por el poder del Espíritu que el presidente Kimball es un profeta llamado por el Señor para ser su vocero, y que el presidente Tanner fue llamado por revelación para ser su Primer Consejero. A ambos les apoyo con todo mi corazón.

Con respecto a vosotros, hermanos, siento como si Pedro os hubiera dirigido sus palabras, cuando dijo: «. . .vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio. . . (1 Pedro 2:9). De entre todos los hombres de la tierra, nosotros tenemos el honor más grande.

Como hijos espirituales de Dios, asistimos al gran concilio en la preexistencia y escuchamos al Padre cuando presentó el plan del evangelio. Le oímos cuando dijo que a aquellos que guardaren su primer estado les sería añadido, y que los que guardaren su segundo estado recibirían «aumento de gloria sobre sus cabezas para siempre jamás» (Abraham 3:26).

Sabemos que guardamos nuestro primer estado, porque estamos aquí, con el cuerpo que ha sido «añadido» a nuestro espíritu. Pero si deseamos recibir aumento de gloria para siempre jamás, hay dos cosas que debemos hacer mientras estemos en la tierra: recibir el sacerdocio y magnificar el llamamiento que tenemos como sacerdotes. El Señor dijo que no sería posible alcanzar esa gloria sin el sacerdocio: «. . .ay de todos aquellos que no acepten este sacerdocio. . . (D. y C. 84:42).

Habiendo recibido el sacerdocio, nosotros podemos recibir esa gloria si magnificamos nuestros llamamientos. Ahora deseo que escuchéis las palabras del Señor al darnos el convenio del sacerdocio: Seguir leyendo

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Pautas para efectuar la obra de Dios con pureza

Conferencia General Abril de 1974

Pautas para efectuar
la obra de Dios con pureza

Spencer W. Kimball

por el presidente Spencer W. Kimball


Mis hermanos y amigos, ha llegado otro abril y con él el aniversario de la Iglesia, organizada el día del cumpleaños de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que se celebra el 6 de abril. Este fin de semana llevamos a cabo la 144a. Conferencia anual de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Durante las tres últimas conferencias tuvimos como líder al presidente Harold B. Lee, a quien hoy extrañamos mucho. El era un hombre de muchos talentos, de gran fortaleza y valor, y dominado por la obsesión de cumplir las instrucciones del Señor.

Desde el 26 de diciembre nos hemos sentido muy solos sin él, que era como una elevada cumbre en una poderosa cadena de montañas. Ahora, se ha convertido en parte importante de la eternidad.

La hermana Jo M. Shaw ha escrito algunas líneas en su memoria, y me gustaría citarlas para expresar humilde y sinceramente nuestro amor y afecto por el presidente Harold B. Lee. Estamos agradecidos de que la hermana Lee nos acompañe hoy.

En memoria de un profeta de Dios El presidente Harold B. Lee

Un profeta ha muerto, y en su tumba
Permanecen dolientes los Santos de Dios.

Lloramos junto con los cielos, y nuestras lágrimas
Se confunden sobre el suelo invernal.

Algunos vivieron y murieron sin conocer
El valor de su palabra
Porque nunca supieron que él era  Un profeta del Señor.
Algunos encontraron en él consuelo,

Aunque nunca conocieron su rostro,
Ni tocaron su mano, ni oyeron su voz;
Pero aún así, los alcanzó su gracia.

Algunos vivieron muy cerca del corazón del profeta
Y se arrodillaron en oración con él;
Amigos de hombre tan noble,
Supieron de su ilimitado amor.

¡Yo bendigo su nombre porque supe!
¡Y sé! Y recordaré
El día en que lloré junto con los cielos.
Un triste día de diciembre.

No hubiéramos deseado que sucediera, pero ahora lo único que podemos hacer es seguir adelante con firmeza. Seguir leyendo

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Los senderos que Jesús recorrió

Conferencia General Abril 1974

Los senderos que Jesús recorrió

Thomas S. Monson

por el élder Thomas S. Monson
Del Consejo de los Doce


Mis amados hermanos, en este memorable día hemos participado del Espíritu del Señor Jesucristo. Esta es su Iglesia y lleva su nombre. Su Profeta nos ha elevado hoy más allá de las prisiones de esta tierra hasta las excelsas alturas de los cielos. La mano que hemos levantado en el acto del sostenimiento, está respaldada por la promesa que tenemos en el corazón. El reino de Dios sigue adelante en su curso invariable y eterno.

En un frío día del pasado mes de diciembre nos reunimos en este histórico Tabernáculo para rendir tributo a un hombre a quien habíamos amado, honrado y obedecido; el presidente Harold B. Lee. Profético en sus declaraciones, poderoso en su dirección, devoto en el servicio, el presidente Lee inspiró en nosotros el deseo de alcanzar la perfección, aconsejándonos siempre. «Guardad los mandamientos de Dios. Andad por los caminos del Señor.»

Al día siguiente, en un sagrado cuarto del Templo de Lago Salado, fue elegido, sostenido y apartado su sucesor en este santo llamamiento, Incansable en su trabajo, de modales humildes y con un inspirador testimonio, el presidente Spencer W. Kimball nos invitó a continuar en el sendero marcado por el presidente Lee, con las mismas profundas palabras: «Guardad los mandamientos de Dios. Andad por los caminos del Señor. Seguid sus pasos.»

Unas horas más tarde, aquel mismo día, me puse a hojear un folleto de viajes que había llegado a mi casa. Estaba impreso a todo color y escrito con persuasiva habilidad, invitando al lector a visitar los fiordos de Noruega y los Alpes Suizos en un viaje de excursión. El folleto contenía otra oferta para visitar la Tierra Santa; las últimas líneas del mensaje encerraban un simple pero poderoso incentivo: «Venga, y camine por donde Jesús caminó».

Recordé entonces el consejo de los profetas de Dios: «Andad por los caminos del Señor. Seguid sus pasos.» Me vinieron a la memoria las palabras del poeta: Seguir leyendo

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La obra misional: Una gran responsabilidad

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La obra misional: Una gran responsabilidad
Por el presidente Ezra Taft Benson
Presidente del Consejo de los Doce

Ezra Taft BensonHumilde y agradecido me paro ante vosotros en este glorioso día de reposo. Estoy seguro, presidente Kimball, que además de esas hermosas hermanas del Coro del Tabernáculo, todos nos unimos en oración por usted, nuestro querido Profeta, tal como lo dice el himno. Quisiera decirle al élder L. Tom Perry, el nuevo miembro de los Doce; que está entrando en una de las asociaciones más dulces que existe entre los hombres debajo del cielo. Os damos la bienvenida al Consejo y también la damos con el mismo espíritu a los élderes J. Thomas Fyans y Neal A. Maxwell como Ayudantes del Consejo de los Doce.

Mis hermanos, he sentido una gran pena, como les ha sucedido a miles de personas, a causa del fallecimiento de nuestro amado líder el presidente Harold B. Lee. Durante SS años estuvimos relacionados en esta vida terrenal, y antes de eso estoy seguro, en la vida preterrenal. He recibido la dulce y consoladora seguridad de que un Profeta de Dios no fallece en forma intempestiva. El impresionante servicio terrenal del presidente Lee ha terminado y él ha sido llamado a llevar adelante una obra importante en el gran programa del Señor que continúa progresando en ambos lados del velo. Fue un hombre con profunda percepción espiritual y atributos semejantes a Cristo.

Su gran objetivo era ayudar en la gran salvación de las almas a los hijos de los hombres.

El Señor le dijo al Profeta José Smith: «Recordad que el valor de las almas es grande en la vista de Dios» (D. y C. 16:10)

Ese es nuestro interés primordial como Iglesia, que las almas alcancen la salvación y exaltación. El presidente Lee estaba interesado en ese gran proyecto más que en cualquier otro. Estoy agradecido por la inspiración que dio a la juventud de Sión, a los hijos de nuestro Padre en todas partes y a la gran causa de la verdad por todo el mundo.

Durante treinta años me he sentado junto al presidente Spencer W. Kimball desde que regresamos ambos al Consejo de los Doce. Conozco a este hombre ilustre y lo quiero; lo honro, lo respeto. Es verdaderamente uno de los hombres de Dios, un Profeta del Señor humilde e inspirado. Le apoyo con todo mi corazón. Y con él amo a todos los hijos de nuestro Padre, de cualquier raza, credo, nacionalidad o afiliación política.

Me regocijo en el programa que el presidente Kimball y sus consejeros han ayudado a desarrollar bajo la dirección del presidente Lee. No existe en ninguna parte del mundo mejor programa para el progreso espiritual del hombre que provea las respuestas a los problemas que afrontan los padres, las familias y los individuos. Seguir leyendo

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La importancia de la oración

Conferencia General Abril 1974

La importancia de la oración

Por el élder N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia


Hace apenas un año y medio, se me pidió que presentara en la asamblea solemne a un nuevo Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días -Harold B. Lee-como Profeta, Vidente y Revelador, junto con las otras Autoridades Generales y oficiales de la Iglesia, para recibir el voto de sostenimiento de los miembros.

El presidente Lee era un líder dinámico y extraordinario, amado y respetado por todos, y fue mucho lo que se logró en la Iglesia durante el corto tiempo que duró su presidencia. No obstante, comprendemos que el Señor lo ha llamado de regreso al hogar para recibir su recompensa y prestar un servicio diferente. Después de su fallecimiento, nuestro querido presidente Spencer W. Kimball fue llamado, apartado y ordenado como Profeta, Vidente y Revelador, y como presidente de la Iglesia.

Quisiera daros mi testimonio de que el presidente Kimball fue elegido por el Señor y fue preordinado para presidir la Iglesia en esta época. Muchos han sido los milagros que han tenido lugar en su vida, permitiéndole permanecer aquí, gozando de la salud necesaria para recibir este alto honor y asumir esta enorme responsabilidad. En todas las conferencias de estaca y en la asamblea de esta mañana, el hermano Kimball ha sido sostenido en su cargo con verdadero entusiasmo. Para mí es un honor, un privilegio y una bendición haber sido llamado como uno de sus consejeros, y ruego al Señor que me dé la sabiduría, el juicio, la inspiración y la capacidad junto con la determinación de servir bajo su dirección en una forma aceptable para él y ante el Señor, ayudando a edificar el reino de Dios en la tierra.

Exhorto a los miembros de la Iglesia en todas partes a que se unan en aceptarlo y sostenerlo como el hombre que ha sido llamado por Dios para ser un profeta, un Apóstol de Jesucristo y el presidente de su Iglesia y reino, y que asuman su responsabilidad en ayudar a llevar a cabo la obra de justicia y a esforzarse por alcanzar su salvación y exaltación. Seguir leyendo

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La causa es justa y digna

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La causa es justa y digna
Por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballAhora, amados hermanos, llegamos al final de esta gloriosa conferencia.  Hemos escuchado a la mayoría de los hermanos. Sus sermones y testimonios han sido profundos, sinceros y estimulantes.  Ellos han sido inspirados y han hablado la palabra de Dios.

Al volver a vuestros hogares y negocios, a vuestras profesiones y jurisdicciones espirituales, esperamos que hayáis reunido suficientes enseñanzas de valor para vosotros y vuestras familias.  Las maneras de realizar la obra son en verdad importantes, mas lo que tiene mayor trascendencia es su propósito.

Tenemos el cometido de servir a nuestro Señor.  Tenemos la certeza de que la causa es justa y digna, pero por sobre todo, tenemos el conocimiento de que Dios vive y que su Hijo Jesucristo ha dispuesto para todos un plan, que si somos fieles, nos conducirá a la vida eterna. Esa vida será ocupada, y llena de propósitos, realizaciones, gozo y progreso.

Si podéis recordar los más grandes y verdaderos gozos que hayáis experimentado en esta vida, pensad entonces en la vida venidera como una proyección de ésta, con todas sus cosas significativas multiplicadas, aumentadas y aún más deseables.  Las experiencias de nuestra vida aquí nos han servido para progresar y al mismo tiempo algunas nos han brindado alegría.  Ahora bien, cuando nuestra existencia mortal llegue a su fin, retornaremos a condiciones semejantes a nuestra vida aquí, solo que estaremos menos limitados en nuestro gozo, que será mayor y más glorioso.

«Cualquiera puede edificar un altar», dijo John Henry Jowett, «pero se requiere un Dios que encienda la llama. Cualquiera puede edificar una casa; pero se necesita al Señor (y a los padres) para la creación de un hogar» («God in the Home,» por John Henry Jowett, citado en A. Treasury of Inspiration, Ralph L. Woods, editado en New York; Cía.  Thomas Y. Crowell, 1951, pág. 260.) Seguir leyendo

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Haciendo planes para una vida plena y satisfactoria

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Haciendo planes para una vida plena y satisfactoria
Por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballMe complace estar con vosotros esta noche en esta reunión de sacerdocio. Nos causa particular agrado ver que padres e hijos vienen temprano a esta reunión, muchos de ellos con una hora o dos de anticipación para asegurarse un buen asiento. Que los padres y sus hijos anden juntos, es una hermosa prolongación de la vida familiar que tanto amamos, y que el mundo comienza a reconocer como modelo.

Estamos agradecidos que estéis presentes; nuestro aprecio por vosotros es grande, y nuestro afecto sincero.

En primer lugar, quisiéramos felicitaros por vuestra devoción y fidelidad. Los templos por lo general se encuentran llenos; las capillas se están llenando y la asistencia va en aumento; el número de familias que tienen su noche de hogar va creciendo; nos sentimos felices por las señales de fe y amor que se manifiestan en toda la Iglesia, y por el crecimiento, tanto en número como en actividad eficaz, en las estacas y misiones fuera del país. Esta es una Iglesia mundial, creemos que nos vamos aproximando cada vez más a la categoría de la Iglesia universal.

Ahora, hermanos, quisiera anunciaros algunos asuntos que he discutido con otras de las autoridades. La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce han aprobado la organización de un quórum de élderes en todo barrio y rama independiente. Si el número es 96 o menor, pueden constituirse en un quórum de élderes, con su presidencia. Donde haya más de 96 élderes, se debe dividir el quórum. Opinan los hermanos que esta gran fuente de poder y fuerza se puede utilizar mejor hasta el máximo, teniendo quórumes de élderes fuertes y activos.

Otros asuntos del sacerdocio: A partir de ahora, los presidentes de estaca pueden ordenar a setentas y apartar a presidentes de setentas en sus estacas, una vez que el primer Consejo de los Setenta haya tramitado y aprobado debidamente a tales hermanos. Esto eliminará muchas demoras, establecerá una buena relación cooperativa entre las autoridades de la estaca y sus setentas, y esperamos que dé nuevo énfasis a la obra misional. Seguir leyendo

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Escuchemos. . . ¿Qué oímos?

Conferencia General Abril 1974

Escuchemos. . . ¿Qué oímos?

Spencer W. Kimball

por el presidente Spencer W. Kimball


Amados hermanos, los que os halláis cerca, así como los que estáis lejos, hoy hemos participado en una Asamblea Solemne. Las asambleas solemnes se han conocido entre los santos desde la época de Israel. Las ha habido de varias clases, pero generalmente se han relacionado con la dedicación de un templo, una reunión especial convocada para sostener a una Primera Presidencia, o una reunión de sacerdocio con el objeto de sostener una revelación, tal como la recibió el presidente Lorenzo Snow sobre los diezmos.

El profeta José Smith dijo, refiriéndose a estas asambleas:

«Deteneos en este lugar y convocad una asamblea solemne, aun de aquellos que son los primeros labradores de este último reinó’ (D. y C. 88:70).

José Smith y Brigham Young fueron sostenidos primeramente por una congregación que incluía un sacerdocio completamente organizado. Brigham Young fue sostenido el 27 de marzo de 1846, ocasión en que fue «unánimemente elegido presidente de todo el Campamento de Israel» por el concilio (A. Comprehensive History of the Church, por B. H. Roberts, tomo 3 pág. 52). Después fue sostenido y se escuchó el grito de Hosanna.

Cada uno de los presidentes de la Iglesia ha sido sostenido por el Sacerdocio de la Iglesia en una Asamblea Solemne, incluso el presidente Harold B. Lee, a quien sostuvimos el 6 de octubre de 1 972.

José Smith dirigió la primera Asamblea Solemne, y al terminar su discurso llamó a los varios quórumes comenzando con la presidencia, para que se pusieran de pie y manifestaran si estaban dispuestos a reconocerlo como el Profeta y Vidente, y sostenerlo mediante sus oraciones y fe.

Todos los quórumes, por turno, accedieron a esta solicitud gustosamente. A continuación, llamó a toda la congregación de los santos para que también manifestaran su aprobación poniéndose de pie. En forma similar se aprobó a las Autoridades y los consejos de la Iglesia. Seguir leyendo

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Elegido por el Señor

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Elegido por el Señor
Por el élder N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia

N. Eldon TannerMis amados hermanos, poseedores del Sacerdocio de Dios, reunidos en diferentes lugares, éstas son huestes reales, la más grandiosa confraternidad y el mayor poder en todo el mundo. Somos en verdad afortunados y bendecidos al poseer el sacerdocio y ser miembros de esta gran hermandad en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Esta noche se nos ha instruido, inspirado y elevado en nuestra fe y testimonio, y hemos gozado de este hermoso coro. Dentro de unos minutos tendremos el privilegio especial de escuchar a un profeta de Dios, Presidente de la Iglesia de Jesucristo y su vocero en la tierra hoy en día. Que cuando él hable, tengamos «oídos para oír» y la determinación de seguir a este gran líder que es Spencer W. Kimball.

Habiendo tenido el privilegio de servir como consejero a cuatro profetas escogidos del Señor, os doy mi testimonio de que son verdaderamente profetas de Dios, y me gustaría repasar con vosotros la forma en que ellos han sido elegidos ordenados y apartados por El como líderes de su Iglesia, y con cuánta facilidad se suceden uno al otro.

Cuando Jesús estuvo en la tierra, comenzó su ministerio, organizó su Iglesia y «llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles» (Lucas 6:13). Y a éstos les dijo: «De cierto os digo que todo los que atéis en la tierra, será atado en el cielo y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo» (Mat. 18;18).

Es evidente que le confirió a cada uno la plenitud del apostolado con sus llaves y autoridad, a fin de que, llegando el momento, cada uno pudiera desempeñarse como apóstol mayor o Presidente de la Iglesia si fuera necesario. Pedro,

Santiago y Juan fueron apartados como cabeza de la Iglesia, para actuar como Presidencia después que Cristo se hubiera ido.

En estos últimos días, la Iglesia se basa en el mismo principio. Después que José Smith fue elegido por el Señor, aparecieron Pedro, Santiago y Juan y les confirieron a él y a Oliverio Cowdery el Sacerdocio de Melquisedec, ordenándolos Apóstoles del Señor Jesucristo. Seguir leyendo

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El ministerio del Salvador

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El ministerio del Salvador
Por el élder Delbert L. Stapley
Del Consejo de los Doce

Delbert L. Stapley.Mis amados hermanos y amigos, el Salvador declaró: «He aquí, soy Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo» (3 Nefi 11:10). «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12).

Mucho se ha escrito y se han pronunciado muchísimos sermones con respecto a Cristo; su ministerio, sus enseñanzas, sus milagros, su sacrificio expiatorio, su resurrección y ascensión a la gloria eterna. El es verdaderamente nuestro Señor y Salvador, nuestro Redentor y Dios. El dijo: «…porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió» (Juan 6:38). «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10). «Y. . . vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:3).

Este es el propósito del ministerio de nuestro Salvador sobre la tierra, que podamos tener vida eterna y morar en los cielos con El y nuestro Padre Celestial.

Sus enseñanzas fueron impartidas a fin de que podamos conocer el camino hacia la vida eterna. Los muchos milagros que efectuó constituyen un testimonio de que El es en verdad el Hijo de Dios, su sacrificio expiatorio, la dádiva de su vida, muestran su inmenso amor por todo el género humano. Como sus mismas palabras lo expresan: «Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos» (Juan 15:13). El Maestro ha probado que es nuestro amigo. Nosotros sin embargo, ¿hemos dedicado tiempo, mediante el estudio y la oración, para llegar a conocer a nuestro Salvador y hacernos amigos de El? J. G. Small lo dijo con las siguientes palabras:

He encontrado un amigo, ¡oh! ¡qué amigo!

Tan bondadoso, sincero y tierno,  Tan sabio como consejero y guía,  Tan poderoso como defensor. Seguir leyendo

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El matrimonio que perdura

Conferencia General Abril 1974

El matrimonio que perdura

Gordon_B._Hinckleypor el élder Gordon B. Hinckley
del consejo de los doce


Mis queridos hermanos estoy profundamente agradecido por la oración de apertura ofrecida por el hermano Kan Watanabe, mi amigo y compañero con quien he viajado muchos miles de kilómetros a través de todo Japón, en el ministerio del Señor. Me he sentido inspirado también por la música de este coro de poseedores del sacerdocio de la Universidad Brigham Young. En sus voces hay algo estimulante y hermoso. Si el Espíritu Santo me inspira, quisiera dirigirles la palabra a ellos, aun cuando se encuentran sentados detrás de mí. Pero al hacerlo, me dirigiré también a toda la juventud de la Iglesia.

Esta parte del mundo se encuentra envuelta por la primavera cuando los jóvenes de ambos sexos sueñan con las bodas de otoño.

A modo de presentación, quisiera contaros dos experiencias.

La primera tuvo lugar no hace mucho tiempo, encontrándome en el nuevo Templo de Washington D. C. En esa oportunidad había una gran cantidad de periodistas que tenían una gran curiosidad con respecto al hermoso edificio, tan diferente de otros edificios eclesiásticos en concepto y en propósito; diferente también con respecto a quiénes se permite entrar en sus sagrados recintos.

Para satisfacer su curiosidad, les expliqué que después de su dedicación como la Casa del Señor, sólo los miembros de la Iglesia sinceros y fieles, son admitidos en el edificio; pero que antes de ser dedicado, durante un período de cinco a seis semanas, los visitantes serían bienvenidos para recorrer toda la estructura. Les dije que nuestra intención no es esconder el edificio de la vista del mundo, pero que después de la dedicación lo consideramos tan sagrado que son indispensables una vida pura y una estricta lealtad a las normas y principios de la Iglesia, como condiciones de admisión al templo.

Hablamos de los propósitos por los que se edifican los templos; les expliqué esos propósitos, poniendo especial énfasis en aquél que tan profundamente llega a todo hombre y mujer de sensibilidad, o sea, el casamiento por la eternidad. Al hacerlo me referí a una experiencia ocurrida durante el tiempo anterior a la dedicación del Templo de Londres, en 1958. Seguir leyendo

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El Espíritu Santo

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El Espíritu Santo
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyMis amados hermanos, donde quiera que estéis, os invito a unir vuestros ruegos al formulado en la oración de apertura para que el Espíritu del Señor nos acompañe durante esta reunión. Es necesario que así sea debido al tema que he elegido; de lo contrario, mis palabras se las llevará el viento.

El primer Artículo de Fe de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, dice: «Creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo.»

Hace un año hablamos de Dios, el Eterno Padre; seis meses después, nuestro tema fue Jesucristo, el Hijo de Dios. Hoy queremos llamar vuestra atención sobre algunas verdades divinamente reveladas concernientes al Espíritu Santo.

Todas las escrituras enseñan sobre El y frecuentemente lo identifican como Consolador, Espíritu de Dios, Santo Espíritu, Espíritu de verdad o Espíritu del Señor. De acuerdo a lo que nos enseñan las Escrituras, el Espíritu Santo es una persona.

«El Padre», dijo el profeta José Smith, «tiene un cuerpo de carne y hueso, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino que es un personaje de Espíritu» (D. y C. 130:22).

Jesús se refirió al Espíritu Santo mencionándolo como un personaje masculino, cuando les dijo a sus discípulos:

«Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros mas si me fuere, os lo enviaré.»

“. . .cuando venga el Espíritu de verdad; él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará de todo lo que oyere y os hará saber las cosas que habrán de venir. Seguir leyendo

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Dios preordina a sus profetas y a su pueblo

Conferencia General Abril 1974
Dios preordina a sus profetas y a su pueblo
Por el élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce

Yo creo que Spencer W. Kimball fue preordinado para ser Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, para ser el Profeta, Vidente y Revelador del pueblo del Señor y el portavoz de Dios sobre la tierra durante este tiempo.

Sé que él fue escogido, llamado y ordenado para este ministerio mediante el espíritu de profecía y revelación, y estuve presente cuando el Espíritu del Señor testificó a todos los miembros del Consejo de los Doce Apóstoles que era la voluntad y la intención de Aquel, cuyos testigos somos y a quien servimos, que el presidente Kimball guiase a su pueblo.

Fue como si el Señor hubiese dicho con su propia voz: «Mi siervo, el presidente Harold B. Lee, fue fiel y cumplido en todas las cosas que le asigné; su ministerio entre vosotros ha terminado, y yo lo he llamado a otras tareas mayores en mi viña eterna. Y yo, el Señor, llamo ahora a mi siervo Spencer W. Kimball, a guiar a mi pueblo y continuar la obra de prepararlo para aquel gran día en que vendré personalmente a reinar sobre la tierra. Y ahora os digo de él como dije de mi siervo José Smith: ‘. . .delante de mí en toda santidad, daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba;

Porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca.

Porque, así dice el Señor Dios: Yo lo he inspirado para promover la causa de Sión con gran poder de hacer lo bueno, y conozco su diligencia, y he oído sus oraciones» (D. y C. 21:4-5,7).

Parece fácil creer en los profetas que han muerto y creer y seguir el consejo que éstos dieron a otra gente; pero, como ha sucedido en todas las épocas en que el Señor ha tenido un pueblo sobre la tierra, la gran prueba que afrontamos es prestar atención a las palabras de sus oráculos vivientes y seguir el consejo y las instrucciones que ellos dan para nuestros días.

Hijos de Abraham somos, dijeron a Jehová los judíos; a nuestro padre seguiremos, su tesoro heredaremos. Mas de Jesús nuestro Señor, el firme reproche recibimos; Sois hijos de Aquel, a quien obedecer os proponéis; si la simiente de Abraham fueseis, su camino seguirías y de la ira del Padre libraros podríais. A Moisés y a los profetas de antaño tenemos; como oro y plata todas sus palabras atesoraremos. Seguir leyendo

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