A los defensores de la fe

C. G. Abril 1970logo pdf
A los defensores de la fe
por el presidente Harold B. Lee
Primer Consejero de la Primera Presidencia
y Presidente del Consejo de los Doce

harold-b-lee-mormonSólo tengo uno o dos asuntos acerca de los cuales quisiera hablar esta noche.  El primero podría presentarlo relatando un sueño o parábola tomada de uno de los profetas del Antiguo Testamento, en la cual se describe a un vigía sobre una alta torre, dominando todo el campo, observando a los enemigos que podrían venir a destruir, enemigos que se evidenciarían por las nubes de polvo de los camellos, caballos, o cualquier otra cosa que se aproximara.  El vigía informaba cada hora a su señora que estaba en el patio: «Todo está bien, todo está bien» o bien informaba si veía algún peligro.

Pero en el sueño o la parábola, el Señor preguntaba: «Guarda, ¿qué de la noche?  Guarda, ¿qué de la noche?» (Isaías 21:11) insinuando que más, que temer a los enemigos que puedan venir durante el día, a los cuales uno puede ver, se debe temer a los enemigos que vienen en la noche.

Ahora, es acerca de esos enemigos que vienen por la noche a los que quiero hacer referencia.

El término «élder» que se aplica a todos los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec, significa un defensor de la fe. Esta es nuestra principal responsabilidad y llamamiento. Cada poseedor del Sacerdocio de Melquisedec, debe ser un defensor de la fe.

Hay fuerzas insidiosas entre nosotros que constantemente están tratando de llamar a nuestra puerta y tender trampas a nuestros jóvenes, hombres y mujeres, particularmente a los incautos e inexpertos en las cosas del mundo.  Hablo de la batalla contra el licor, la bebida, el juego, la prostitución, la pornografía y de nuestros esfuerzos por ayudar al pueblo cristiano que desea santificar el día de reposo.  Todo lo que tenemos que hacer es recordar lo que el Señor dijo a fin de impresionarnos acerca de la importancia de santificar el día de reposo: «Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo» (D. y C. 59:9).

Los defensores de la fe pues, deben estar alerta para vigilar esto con toda su fuerza, ya que ésta es una oportunidad dada al hombre que trabaja, al joven y a la señorita, al marido y a la esposa, para tener un día de la semana en que ellos puedan estar con sus familiares y consagrarlo como día de reposo. Vigías, estad alertas a los «peligros de la noche».

El siguiente asunto de que quiero hablarles, sólo por un momento, aparece en una carta de la Primera Presidencia, fechada en agosto de 1913, como una advertencia a los miembros de la Iglesia, la cual ha sido repetida por algunos líderes más contemporáneos y bien puede ser repetida hoy.  Yo leí esta carta de la Primera Presidencia (Presidente Joseph F. Smith, Anton H. Lund, Charles W. Penrose) en 1913.

Se titula «Una voz de amonestación».

«A los oficiales y miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días:

Desde los días de Hiram Page (D. y C. 28), en diferentes épocas ha habido manifestaciones de espíritus malignos a miembros de la Iglesia.  Algunas veces ha venido a hombres o mujeres que por causa de sus transgresiones son presa fácil del diablo, el gran Impostor.  En otras ocasiones, gente que se enorgullece de su estricta observancia a las reglas, ordenanzas y ceremonias de la Iglesia, se ve desviada por falsos espíritus que ejercen una influencia tan parecida a la de aquellos que proceden de una fuente divina, que aun esas personas que piensan que son «los verdaderamente elegidos», encuentran difícil discernir la diferencia esencial.  Satanás se ha transformado con la apariencia de «un ángel de luz».

«Cuando las visiones, sueños, lenguas, profecías, impresiones de cualquier inspiración o don extraordinarios llevan algo que no está en armonía con las revelaciones aceptadas por la Iglesia, o contrario a las decisiones de sus autoridades constituidas, los Santos de los Últimos Días saben que esto no viene de Dios, no importa cuán plausible pueda parecer.  También deben entender que las instrucciones para guiar la Iglesia, vienen por revelación a la cabeza de la misma.

Todos los miembros fieles tienen derecho a la inspiración del Santo Espíritu para ellos mismos, sus familias y todos aquellos sobre los que preside, habiendo sido debidamente ordenados.  Pero algo en desacuerdo con todo lo que viene de Dios a través de la cabeza de la Iglesia, no debe recibirse como autorizado o confiable.  Tanto en los asuntos seculares como en los espirituales, los santos pueden recibir guía y revelación divinas que les afecte a ellos mismos, pero esto no implica ninguna autoridad para dirigir a otros y no debe aceptarse cuando es contrario a la Iglesia, sus convenios, su doctrina, su disciplina, a hechos conocidos, verdades demostradas o al buen sentido común.  Ninguna persona tiene derecho a inducir a otros miembros de la Iglesia a entrar en especulaciones o tomar parte en aventuras de cualquier clase sobre la pretensión especiosa de revelación divina, visiones o sueños, especialmente cuando está en oposición con la voz de la autoridad reconocida, local general.  La Iglesia del Señor «es una casa de orden», no está gobernada por dones o manifestaciones individuales, sino que el poder y el orden del Santo Sacerdocio tal como ha sido sostenido por la voz y el voto de la Iglesia en sus conferencias.

«La historia de la Iglesia registra muchas pretendidas revelaciones de impostores o fanáticos que creyeron en las manifestaciones que buscan para desviar a otras personas y, en cada caso, el resultado ha sido el engaño, la tristeza y el desastre; seguidos por pérdidas económicas y algunas veces por la ruina completa.  Creemos que es nuestro deber prevenir a los Santos de los Últimos Días contra los proyectos de minas que no ofrecen más garantía de éxito que las manifestaciones espirituales recibidas por sus proyectistas y la influencia sobre la mente excitada de sus víctimas.  Nosotros aconsejamos a los santos precaución respecto a invertir dinero o propiedades en negocios que no dan provecho a nadie, excepto a aquellos que los proponen y trafican con ellos.  Planes financieros para hacer dinero con el supuesto propósito de «redimir a Sión», «proveer medios para la salvación de los muertos», o algún otro objetivo que aparentemente vale la pena, no debe engañar a nadie que esté familiarizado con el orden de la Iglesia, y resultará sólo en pérdida de tiempo y trabajo, el cual puede ser dedicado a hacer algo tangible y valioso, digno de ser registrado en la tierra y en el cielo (Messages of the First Presidency, Compilados por James R. Clark 1 Bookcraft, 1970 1, Vol. 4, páginas 285-86).

Nunca ha dejado de admirarme cuán candorosos son algunos miembros de la Iglesia al propalar historias, sueños, visiones, bendiciones patriarcales o citas supuestamente del diario íntimo de tal o cual persona.

Por ejemplo, hay una historia perniciosa al efecto de que una de nuestras Autoridades Generales, según se alega, fue urgido a presentarse a sí mismo como un guía de la Iglesia, en forma contraria a las revelaciones del Señor, para hacer pensar a la gente que existe una división entre las Autoridades.

Las investigaciones indicaron que el supuesto escritor de esas cartas no existe; es ficticio; no pudo ser hallado en los registros de la Iglesia ni en ninguna parte.  Las direcciones dadas eran falsas; pero lo más sorprendente es que esos escritos espurios y esas significativas revelaciones, que por la investigación resultaron absolutamente falsos, están encontrando camino dentro de la Sociedad de Socorro en sus juntas, en los quórumes del sacerdocio, en las charlas de los jóvenes y en las clases de instituto y seminario.

Hermanos del Sacerdocio, defensores de la fe, desearíamos que vosotros logréis que los miembros cesen de promover las obras del diablo, que empleen su tiempo en promover las obras del Señor, y no permitáis que esas cosas falsas se divulguen entre los que están a vuestro cargo, porque son las obras de Satanás, y nosotros estamos haciéndole el juego cuando permitimos que esas cosas sean proclamadas, repetidas y transmitidas por todos lados.

Uno de nuestros hermanos, supuestamente tiene una bendición patriarcal diciendo que él presidirá sobre la Iglesia cuando el Salvador venga.  Esto, por supuesto, es falso.  Hay otro entre nosotros que, según se dice, ha declarado que hay algunas personas, que aún viven, que verán al Salvador cuando venga.  Esto también es ficticio.  Sabemos bien que el Maestro dijo que su venida sería como la de un ladrón en la noche y que el tiempo de esa venida ni aun los ángeles del cielo lo sabían.  Si nosotros podemos dejar de pensar en ello, nadie con ninguna autoridad, podrá decir que tal declaración puede ser auténtica.

Y así podemos seguir una y otra vez.  Se ha informado que uno de nuestros hermanos ha dicho que toda la población de California debe cambiarse a la cima de las Montañas Rocosas, porque sólo ahí pueden tener seguridad.

Por el contrario, nosotros estamos diciendo constantemente a nuestro pueblo, que la seguridad está donde están los puros de corazón, y que hay tanta seguridad donde quiera que estén, si están viviendo y guardando los mandamientos de Dios.

Hermanos: Repito, no permitáis que las obras del demonio desfilen entre vosotros y sean el tema de discursos o material de lecciones.  Hablad de las obras de justicia y el poder del diablo comenzará a cesar entre vosotros.

Hay otro tema del cual quiero hablaros hoy.  Este proviene del presidente Joseph F. Smith y se titula: «La persecución sigue a la revelación.»

«No creo que haya habido nunca un pueblo que fuera guiado por revelación o reconocido por el Señor como su pueblo, que no haya sido odiado y perseguido por los malvados y corruptos, y quizá ningún pueblo fue nunca más perseguido como lo hubiera sido este pueblo, si estuviera en poder del enemigo perseguirnos como sucedió bajo el poder de Nerón y los romanos al perseguir a los santos en aquellos días.  Nunca ha habido un tiempo en que haya sido más fijo y determinante en el corazón de los malvados el luchar contra el reino en la tierra que ahora, y si han fallado, es solamente por la imposibilidad de la tarea que se han impuesto.  Y ésta es una evidencia para cada uno …de que el sacerdocio de Dios está aquí, de que los Santos, o muchos de ellos, están magnificando sus llamamientos y honrando al sacerdocio y también al Señor, con su vida y su substancia, las cuales ¡son de El» (Deseret Weekly News, Vol. 24 (1875) pág. 57-59).

Ustedes, hermanos del sacerdocio, deben quedar bien advertidos de que el principio de revelación, a través de los canales apropiados, ha estado presente en cada persecución sufrida por los Santos de los Últimos Días en esta dispensación, ya sea sobre el asunto del matrimonio, el recogimiento de Sión, o la sucesión del sacerdocio.  Probablemente esta persecución sea como un aguijón en nuestra carne, como decía el apóstol Pablo, ser como el mensajero de Satanás, a menos que seamos exaltados sobre toda medida por las revelaciones que el Señor ha dado a través de sus profetas para el pueblo.

El profeta José Smith fue odiado y perseguido; su vida se vio amenazada tanto, que él dijo: «¿Por qué me persiguen por decir la verdad?… Porque había visto una visión; yo lo sabía y comprendía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, no osaría hacerlo; cuando menos, entendía que haciéndolo ofendería a Dios y caería bajo condenación» (José Smith 2:25).

Hace pocos años un hombre vino entre nosotros y dijo a uno de nuestros hermanos: «Si ustedes pudieran desechar un principio de sus creencias, yo entraría a su Iglesia mañana.» Y nuestro hermano preguntó: «¿Cuál es ese principio?»

El replicó: «Si ustedes pudieran desechar su creencia en la revelación actual, yo Podría unirme a su Iglesia.»

Entonces una declaración hecha por este hermano que era miembro de la Iglesia me sorprendió bastante.  El le dijo: «Sabe usted, yo creo que debíamos hacer algo al respecto.»

Hermanos, si llegáramos a negar que hay revelación para esta iglesia, sería equivalente a decir que creemos que el poder de Dios no existe hoy entre nosotros.  Nosotros debemos creer y saber con certeza, con un testimonio, que Dios revela y está revelando todas las cosas pertenecientes a su reino hoy como en cada una de las dispensaciones de la Iglesia.

Deseo que podamos entender estos asuntos.  Y vosotros, mis hermanos, que sois los salvaguardas de la Iglesia, deseo que podáis levantamos en el poder y dignidad de vuestros llamamientos y desechéis esas cosas inútiles que amenaza destruir la unidad entre nuestro pueblo.  El mayor peligro entre nosotros es el temor, y el temor no viene del Señor.  La fe y la paz son los frutos del Espíritu.

Que podamos enseñar a nuestro pueblo dónde buscar la paz; no la paz que puede ser legislada en los salones del Congreso, o mantenida por ejércitos y armadas, tanques, cañones y aeroplanos, sino la paz que puede venir como el Maestro dijo que vendría, allanando las cosas del mundo.  Que Dios nos ayude a comprender, hacer y vivir lo que espera de los Santos de los Últimos Días en estos días de prueba y dificultades.  Lo pido en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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