Reseña Histórica – Un día como hoy 17 de Enero

  • 17 de Enero de 1986

El 17 de Enero de 1986, se dedica el templo de Buenos Aires Argentina por El Presidente Thomas S. Monson, en ese entonces un apóstol.

El primer templo construido en Argentina y el cuarto en Sudamerica, el templo cuenta con cuatro salas de ordenanzas y tres de sellamiento.

ORACION DEDICATORIA

Oh, Dios, Nuestro Padre Eterno, Gran Elohim, creador de los cielos, la tierra y todo lo que en ellos existe, venimos ante ti en este sagrado y bendito día con la cabeza inclinada y el corazón rebosante, y con espíritu sumiso.

Oramos a Ti, Padre nuestro, en el nombre de Tu Amado Hijo, Tu Unigénito en la carne, nuestro Redentor y Salvador, Jesucristo, El Señor. Nuestros pensamientos se dirigen a Ti al pensar en Tu Bondad para con nosotros, Tu infinita misericordia, Tu cuidado amoroso y el don de Tu Hijo amado. Sabemos que por medio de la obediencia a Tus mandamientos divinos podremos volver a Ti y ser bendecidos con la vida eterna en Tu sublime presencia.

Te agradecemos este momento, largamente esperado, en que Tu casa está terminada. El sacrificio de los santos a lo largo de años de paciente espera y de esfuerzo constante ha contribuido a que llegara este glorioso día de la dedicación. Permite que prevalezca la paz mientras elevamos la voz en cantos de alabanza y palabras de súplica por Tus bondadosas bendiciones para con nosotros.

Te damos las gracias por la restauración de Tu glorioso evangelio. Nos maravilla Tu doctrina salvadora y nos regocijamos con Tu plan de salvación. Elevamos a Ti nuestra voz agradecida por la vida y el ministerio del profeta José Smith y de cada uno de los presidentes de Tu Iglesia que le siguieron aquí en la tierra. Bendice con salud y sabiduría a Tu siervo, el presidente Ezra Taft Benson. A quien has llamado para dirigir la Iglesia en estos días; revélale Tu voluntad con respecto al progreso de Tu obra entre los hijos de los hombres. Nosotros lo queremos y lo sostenemos de todo corazón. Y así como Te rogamos por el Presidente Benson, también Te pedimos por sus consejeros y todas las autoridades generales y los oficiales y maestros de estacas y misiones, de barrios y ramas en todas partes.

En particular Te agradecemos, nuestro Padre, por los fieles misioneros que han servido, y los que ahora sirven, en éste y en los países vecinos, enseñando Tus verdades y guiando a Tus hijos con Tu luz sempiterna. Recordamos que en esta misma ciudad de Buenos Aires, el día de Navidad del año 1925, hace apenas sesenta años, el Elder Melvin J. Ballard, un apóstol del Señor, dedicó toda América del Sur para la prédica del evangelio.

Hoy se verifica el cumplimiento de esa oración inspirada. La organización de estacas de Sión aumenta constantemente, se levantan templos en diversas partes de esta tierra y la vida diaria de los miembros de Tu Iglesia es un ejemplo de su fe.

Tus hijos han orado fervientemente para que pudiera terminarse ésta, Tu santa casa.

Nuestros ojos están llenos de lágrimas de gratitud al pensar en los invalorables lavamientos y unciones, en las santas investiduras y los sellamientos sagrados que esperan a los dignos. El saber que tendremos el privilegio y la oportunidad de poner al alcance de nuestros seres queridos que han partido de esta vida las mismas bendiciones, tan esenciales para la exaltación, inspira lágrimas silenciosas que hoy derramamos.

Amado Padre, bendice a todos los que han trabajado en la construcción de este templo, a los que han contribuido con sus medios y esfuerzos al adelanto de Tu obra. Bendice a los fieles pagadores de diezmos de todo el mundo, que han hecho de este sueño una realidad. Haz que cada uno de ellos reciba consuelo y bendición.

Ahora, en el sagrado nombre de Jesucristo y con la autoridad del Santo Sacerdocio en nosotros conferida, cumpliendo la asignación que hemos recibido de Tu profeta, dedicamos a Ti, querido Padre, y a Tu amado Hijo Jesucristo este templo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Buenos Aires, Argentina. Lo consagramos para los propósitos sagrados por los cuales se ha edificado. Te lo dedicamos a Ti como casa de oración, casa de ayuno, casa de fe, casa de instrucción, casa de gloria, casa de orden, como la casa de Dios. Dedicamos el terreno sobre el cual está construido.

Dedicamos los arbustos, las flores y demás vegetación que agregan belleza, proveen aromas, dan la bienvenida e invitan a sacra meditación y a pensamientos inspirados.

Dedicamos esta sagrada estructura desde lo más profundo de sus cimientos hasta lo más elevado de sus agujas. Dedicamos cada uno de los cuartos y pasillos, todo el mobiliario y los accesorios, todo elemento y pieza de equipo que ha pasado a formar parte de Tu casa.

Vela por este magnífico templo; protégelo, te suplicamos, de las tormentas, los terremotos, los deterioros del tiempo y de cualquier propósito malvado de los hombres.

Acepta nuestra ofrenda, santifícala con Tu Santo Espíritu y protégela con Tu poder. Y que pueda este templo elevarse siempre como un faro de justicia, indicando a todos el camino a la vida eterna.

Al dedicarlo, te dedicamos nuestra vida misma. Deseamos dejar de lado todo lo que sea mezquino o sórdido y acercarnos a Ti con oración y súplica diarias a fin de tener los pensamientos puros, el corazón y las manos limpias, y que nuestra vida esté de acuerdo con Tus enseñanzas.

Nuestro Padre, te rogamos que continúes bendiciendo a la simiente de Abraham, Isaac y Jacob y, en la misma forma, a los descendientes de Lehi y Nefi, para que las promesas que contienen la Santa Biblia y el Libro de Mormón puedan cumplirse y nuestros hogares y familias sean abundantemente bendecidos.

Que todos los que entren en ésta, Tu casa, tengan el privilegio de decir, como el Salmista de antaño: “Juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios.” (Salmos 55: 14)

Te expresamos nuestro amor constante. Deseamos honrar a Ti y a Tu Hijo todos los días de nuestra vida, y que los de nuestra posteridad sigan el ejemplo de Tu Hijo y crezcan y se fortalezcan, y se llenen de sabiduría; y la gracia de Dios esté sobre ellos. (Lucas 2:52)

Te suplicamos que aceptes nuestra ofrenda y santifiques esta casa que hemos edificado.

Bendice nuestra vida, magnifica nuestro servicio y prospera Tu obra.

Que nosotros, Tus hijos, seamos puros y santos ante Ti, mereciendo en esa forma Tus abundantes bendiciones y Tu cuidado constante, te rogamos en el nombre de Tu Hijo Amado, el nombre de Jesucristo, El Señor. Amén.