Parte 3
Una Casa de Refugio
Padre nuestro, exista la paz en todos los hogares de Tus Santos; protéjanlos ángeles santos; circúndalos con los brazos de Tu amor;… sea alejado de ellos el tentador y destructor… Padre Celestial, cuando los de Tu pueblo… se encuentren oprimidos y en medio de dificultades, rodeados de problemas o acosados por la tentación, y vuelvan su faz hacia ésta Tu santa casa, y te pidan que los libres, que los ayudes, que se extienda Tu poder en bien de ellos, te rogamos que desde Tu santa habitación los mires con misericordia y tierna compasión, y escuches su clamor. (Oración Dedicatoria del Templo de Salt Lake)
Capítulo 7
Frecuentemente,
continuamente, constantemente
Cuando me mudé al estado de Utah hace ya una década, mis hijosempezaban sus años de adolescencia. Había enseñado a adolescentes en clases de seminario de la Iglesia y sabía cuán críticos serían los próximos tiempos, porque es durante esos años que ganamos o perdemos muchas batallas en favor de las almas de los hombres. Cuanto más pensaba acerca del mundo en que mis hijos estaban creciendo y de las presiones y de la oposición en contra de ellos, más preocupado me sentía.
Fuí al templo una tarde para buscar guía y orientación en cuanto a mis hijos. La calma y el espíritu de amor del templo pareció magnificar mi amor natural por mi familia y ofrecí una oración profundamente sincera, colmada con el mejor deseo para mis hijos. Le dije al Señor que estaba dispuesto a hacer cualquier sacrificio si Él protegía a mis hijos del poder de Satanás y los bendecía con Su Espíritu, hasta que ellos pudiesen ir a Su Casa y recibir sus investiduras. Pienso que no ofrecí una oración única. Es la oración que sale de nuestros labios o se queda callada en cada Santo de los Últimos Días, y pienso que la mayoría de los padres darían al Señor lo que Él demandase.
Conforme me senté en el templo, una respuesta me fue dada y con ella me fue revelado el sacrificio requerido. Pensé que el Señor demandaría alguna cosa grande por la bendición que le estaba pidiendo y creo que habría estado dispuesto a cumplirla. A menudo estamos más dispuestos a realizar las cosas grandes que las pequeñas, aquellos actos cotidianos de obediencia y de sacrificio que consisten en vivir el Evangelio.
Sin embargo, el Espíritu simplemente me susurró: “Éste es el sacrificio que te pido. Que vengas a esta casa frecuentemente, continuamente y constantemente y la protección prometida que buscas, la cual esta casa tiene el poder para dar, será extendida a quienes amas”. Por tan sólo esa bendición, yo estaría en el templo tan a menudo como pudiese.
Pensé primeramente que este consejo era único para mí, pero he llegado a darme cuenta conforme he leído y estudiado las Escrituras que es una promesa con una aplicación más amplia. He hallado esta promesa una y otra vez tanto en las Escrituras como en las palabras de nuestros profetas y apóstoles vivientes. No fue una petición especial ni una promesa para mí, sino una que ha sido extendida a todos los Santos a favor de aquellos a quienes aman.
“ÁNGELES QUE NO SE VEN”
El presidente Ezra Taft Benson nos aconsejó: “Hagan del templo un hogar sagrado lejos de nuestro hogar eterno”. Él explicó el poder que el templo puede generar en un mundo que se deteriora moralmente: “Este templo será un testigo duradero de que el poder de Dios puede resistir ¡os poderes del mal en medio de nosotros. Muchos padres, dentro y fuera de la Iglesia, están preocupados por la protección encontra de la avalancha de maldad que amenaza con sofocar los principios cristianos…. Existe un poder asociado con las ordenanzas del cielo—aun el poder de santidad—los cuales pueden y habrán de frustrar las fuerzas del mal si nosotros somos dignos de esas bendiciones sagradas. Esta comunidad será protegida, nuestras familias serán protegidas, nuestros niños serán resguardados conforme observemos las leyes del Evangelio, visitemos el templo y vivamos cerca del Señor” (The Teachings of Ezra Taft Benson [Las enseñanzas de Ezra Taft Benson], pág. 256; énfasis añadido).
El élder Boyd K. Packer enseñó: “Nada de lo que hagamos es de mayor protección para esta Iglesia que la obra del templo y la investigación genealógica que la respalda. Nada purifica más espiritual-mente. Nada de lo que hagamos nos da mayor poder. Nada requiere una norma de más alta rectitud”. Pero todo eso, aunque exigente, trae consigo hermosos beneficios. “La obra que hacemos en el templo”, continuó diciendo el élder Packer, “nos cubre con un escudo y una protección, en forma individual así también como pueblo” (The Holy Temple, pág. 265, énfasis añadido).
George Q. Cannon prometió a los Santos que cuando “otros templos sean edificados, habrá un incremento del poder dado al pueblo de Dios, y… ellos por lo tanto, estarán mejor equipados para ir hacia adelante y enfrentar los poderes de las tinieblas y los demonios que existen en el mundo” (Journal of Discourses 14:126; énfasis añadido).
“Los hombres progresan poderosamente gracias a su servicio en el templo”, testificó el élder Widtsoe. “Las mujeres progresan gracias a ese servicio; la comunidad se acrecienta en poder hasta que el demonio tiene menos influencia de lo que ha tenido antes” (Temple Worship, pág. 51; énfasis añadido).
El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “Cuando vamos al templo levantamos la mano y hacemos convenio de que serviremos al Señor y de que observaremos Sus mandamientos y nos mantendremos sin mancha ante el mundo. Si nos damos cuenta de lo que estamos haciendo, entonces la investidura será una protección para nosotros durante toda la vida—una protección que no tiene aquel que no va al templo” (“The Pearl of Great Price”, Utah Genealogical and Historical Magazine, julio de 1930, pág. 103; énfasis añadido).
El élder Vaughn J. Featherstone prometió “que todos aquellos quienes fielmente realicen la obra del templo” tendrán “ángeles que no se ven cuidando [a sus] seres queridos cuando las fuerzas satánicas los tienten” (en Royden G. Derrick, “Temples in the Last Days”, pág. 103; énfasis añadido).
El élder Harold B. Lee enseñó: “Hablamos de seguridad en este día, pero no llegamos a entender que… es en el santo templo donde podemos hallar los símbolos mediante los cuales se puede generar el poder que salvará a esta nación de la destrucción’ (ConferenceReport, abril de 1942, pág. 87; énfasis añadido).
Estas frases y otras similares han sido una fuente constante de consuelo y de esperanza para mí. Son un recordatorio para regresar a menudo al templo, no sólo para nuestra propia edificación o para la salvación de los muertos, sino también para la protección y bendición de nuestros hijos.

























