Amor versus Lujuria

Amor versus Lujuria

Por Spencer W. Kimball

Un discurso dado a los estudiantes de la Universidad de Brigham Young, 05 Enero 1965.

Love vs. Lust

Comprender la diferencia entre el amor y la lujuria puede ayudarnos a comprender las leyes de Dios acerca de reservar la intimidad sexual para el matrimonio.


Mis queridos jóvenes:

Aunque esta es una responsabilidad bien seria y no fácil de cumplir, estoy deseoso de discutir con Uds. algunos asuntos de gran importancia.

Yo amo a los jóvenes, me regocijo con ellos cuando crecen lim­pios, fornidos y altos.  Yo sufro con ellos cuando tienen remordi­mientos, desventura y problemas

En medio del océano han ocurrido numerosos desastres por el choque de barcos, algunas veces con icebergs, y muchísima gente ha ido a parar a las sepulturas profundas del mar. Muy pronto tales cosas no sucederán, porque iodos los barcos serán equipados con radar, el cual alertará a los oficiales del barco, que una colisión es inminente. Una grabación será activada automáticamente, repitiendo desde la obscuridad: «Está es una alerta. El barco se es­tá aproximando a un objeto.  Esta es una alerta.  El barco se está aproximando a un objeto», y la voz no será acallada hasta que el encargado vaya a la sala de radar y corte la grabación. Esto va a permitir que los barcos alteren sus cursos y salven vidas.

Yo creo que nuestros jóvenes son completamente y básicamente buenos y sanos: pero ellos también se encuentran viajando en océa­nos, los cuales para ellos son por lo menos parcialmente conocidos; donde existen bancos de arena, donde grandes desastres pueden ocurrir, a menos que se ponga atención a las amonestaciones.

Ayer, a medida que mi avión se encumbraba ganando altura, la voz de la azafata se escuchó claramente en el parlante: «Nos aproxi­mamos a un área donde hay tormentas.  Vamos a bordear el peligro, pe­ro va a haber un poco de turbulencia. Vean que sus cinturones se en­cuentren abrochados en forma segura»

Y como líder de la Iglesia, y en una medida siendo responsable por los jóvenes y por su bienestar, levanto mi voz para decirles a los jóvenes;  «Uds. se encuentran en tiempos y áreas, peligrosas.  Abrochen sus cinturones, aguanten y podrán salvar la turbulencia»

Entrevisto a miles de jóvenes y muchos parecen tropezar. Al­gunos dan excusas por sus errores y se entregan a racionalizaciones no justificadas.  Hoy día espero ser  capaz de clarificar, por lo menos en parte, la posición del Dios del Cielo y su Iglesias, en algunos temas vitales.

Me gustaría hablar primeramente de palabras y relacionarlas con mi tema.  Existe magia al – usar las palabras en forma apropiada. Algunas personas las usan en forma exacta, mientras que otras lo hacen descuidadamente.

Las palabras son medios de comunicación, y signo – mal usados dan mala impresión. Desorden y malos encendidos con el resultado de esto.

Las palabras son las que sustentan nuestra vida por completo, son las herramientas para nuestros negocios, las expresiones de nues­tro cariño y los registros de nuestro progreso. Las palabras hacen que el corazón palpite y broten lágrimas de simpatía. Las palabras pueden ser sinceras o hipócritas. Muchos de nosotros nos encontramos desprovistos de palabras y somos consecuentemente torpes con nuestra forma de hablar, algunas veces esto llega a ser solamente un balbuceo y murmullo. Pablo dijo:

«Si por la alengua no diereis palabra bien comprensible, ¿Cómo se en­tenderá lo que decís?, porque hablareis al aire. (1 Corintios l4:9).

Y entonces Pedro habla de Pabló y dice en sus epístolas:

«Entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las oirás escrituras para su propia perdición. (2 Pedro 3:l6)

Al viajar por tierras extranjeras uno llega a darse cuenta de su completa impotencia, al carecer de símbolos y palabras compren­sibles.

Los obreros encargados de construir la Torre de Babel eran artesanos diestros en su trabajo Quítenles sus herramientas: ellos las reemplazarán. Quítenles su destreza: aprenderán una nueva.  Pero quítenles sus medios para comunicarse con otros, y entonces la construc­ción de la torre debe ser abandonad!.  (Poyal Bank of Ganada Letter).

Las palabras que confunden al que escucha o al que lee son peores que aquellas que no tienen valor Un vocabulario razonable de palabras bien escogidas nos da un matiz significativo, que nos permi­tirá hablar en forma refinada en vez de una forma burda.

Las palabras que   son sinónimos poseen mucho en común, pero todavía tienen una aplicación peculiar, tal como, «niño y chiquillo», «mano y puño», «relato inexacto y mentira», atora vean la diferencia en estas cuatro frases:  «Juan miró a María»,  «Juan dio un balazo a María», «juan Miró fijamente a María», «Juan miró con fiereza a María».

Una buena definición para el estilo es, «Palabras adecuadas en lugares adecuados, con pensamiento en orden adecuado».

La manera correcta de escribir encierra un gran arte. A medida que Ud… evita la pomposidad, ambigüedad y complejidad. Ud. lo­gra simplicidad, la cual es una de las más grandes habilidades. Esta transfiere significados adecuados a las mentes do otros en forma inme­diata, sin ningún esfuerzo por parte de ellos. Ellos logran un senti­miento de sinceridad e integridad. ¿Quién podría sospechar de los mo­tivos de uno que  habla claramente y plenamente?  «Las notas agrias no llegan a ser dulces porque el músico esta ves ido con una corbata blan­ca y smoking»

Las palabras deben ser amables y agradables o firmes y au­daces, de acuerdo con las necesidades del momento.  Las palabras que traicionan son desagradables y las palabras que confunden son frustrantes.

Algunas personas tienen ideas excelentes, pero sus pensa­mientos flotan sin ningún propósito en sus cabezas, no encontrando un paquete de comunicación para emerger o estas afloran distorsionadas o en fragmentos.

Cada persona debe decir lo que ella quiere decir, hablando en forma clara e inequívocamente. El político debe poner una atención particular a las sutilezas del idioma, para dirigirse a los volantes en forma significativa y no engañosa.  La deformación del propósito para fines políticos ha llegado a ser algo muy común.  En nuestra vida, no­sotros debemos expresar claramente lo que tenemos en nuestras mentes, tal como un comprador diría:  «Me gustaría comprar tres rollos de film Kodak como un comprador diría: «Me gustaría comprar tres rollos de film Kodak Ektaehrome Color X, a la luz del día EX 127», el empleado sabría exactamente lo que desea.

Esto también sucede en la vida social, y ciertamente en lo moral, debe existir una cuidadosa selección de la palabra exacta para expresar el pensamiento.

Se ha informado que un niño ruso posee un vocabulario de 2.000 palabras en su primer año y 10.000 en su cuarto año, mientras que su número opuesto en los Estados Unidos, posee uno primario de 1.800 palabras y cuando el niño está leyendo Tolstoy, un niño de la misma, edad en los Estados Unidos, está trabajando con un libro que se titula «Un trineo divertido». Esto se hace notar en un artículo en «El Horizonte» de Julio, 1963.

Aún las prueban, exámenes, en muchos de los casos, no requieren la expresión del estudiante. Ellos tienen que colocar una X en el espacio apropiado, evitando así el esfuerzo intelectual de or­denar los pensamientos y expresarlos coherentemente, y teniendo un 50% de oportunidad de estar en lo correcto, aún cuando ellos adivinen las respuestas.

Sin la disciplina, el idioma decae, llega a ser flojo, o impermisible, deforme y estúpido.  Se deteriora y llega a ser más tar­de lo que James Thurber llama «nuestra cultura oral de simples balbuceos.

Ahora Uds. se preguntarán porque he presentado mi discurso con el tema de las palabras.  Podría mostrarles algunas posas palabras de pocas letras para que piensen en ellas: fino, fuego, bien, criar, hogar, piel, roto, deseo, llorar.  Entonces existen esta: cojo, vida, acechar, amor y lujuria.

Aquí he encontrado finalmente las dos palabras sobre las cuales deseo hacer hincapié – palabras que son fuertes y poderosas – pa­labras que son de vida y de muerte – amor y lujuria.

Permítanme comenzar con una historia. En frente del escri­torio se encontraba sentado un joven buenmozo de 19 años y una joven hermosa, tímida pero encantadora, de 18 años.  Ellos parecían aver­gonzados, recelosos, casi aterrados.  El se encontraba a la defensiva y bordeaba la beligerancia y la rebelión, habían existido violaciones sexuales a través del verano e intermitentemente desde que las clases habían comenzado, Hasta la última semana. No me encontraba muy sorprendido.  He tenido esta clase de visitas muchas veces; pero lo que me inquietó es que ellos no parecían tener remordimiento. Ellos admitieron que actuaron en forma contraria a algunas normas sociales, pero el hizo acotación a revistas y diarios, a oradores, quie­nes aprueban el sexo en la vida pre-matrimonial, donde ponen énfa­sis en que el sexo es el cumplimiento de la existencia humana.

Finalmente el joven dijo «sí, nos entregamos el uno al otro, pero pensarnos que no estaba errado, porque nos amamos».  Pensé que lo había entendido.  Desde que el mundo comenzó han existido innu­merables inmoralidades, pero el escucharlas justificadas por jóve­nes de los Últimos Días me chocó. El repitió, «no, está errado porque nos amamos el uno al otro». Aquí encontramos una palabra mal usada.

Ellos habían repetido esta abominable herejía tan a menudo, que se habían convencido, y se habían construido una muralla de re­sistencia, y detrás de esta muralla se habían situado tercamente y casi desafiantes. Si hubieron señas de vergüenza en un comienzo, habían sido neutralizados con su lógica. Se encontraban profundamen­te atrincherados en esta racionalización, ¿No habían ellos leído en algunos diarios de la Universidad, de la nueva libertad, donde el sexo en la vida pre-matrimonial no era sancionado, o por lo me­nos perdonado?  ¿No vieron el relajamiento en cada película o en ca­da escenario, o en las pantallas de la televisión y diarios?  ¿No conversó esto en los camarines, en una conversación privada?  ¿No había sido justamente bien establecido, entonces en su mundo, que el  sexo antes del matrimonio no estaba tan errado? ¿No necesita­ban que hubiera un periodo de ensayo? ¿De qué otra manera podían ellos saber si eran sexualmente compatibles para el matrimonio?  ¿No habían llegado, como muchos otros a considerar el sexo como la base de la vida?

Y un proverbio vino a mi mente:

«El proceder de la mujer adúltera es así; Come y limpia su bo­ca y dice: “No he hecho maldad»  (Proverbios 30’20).

En su racionalización ellos han tenido bastante cooperación, como Pedro dijo:

Habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubier­tamente herejías destructoras, atrayendo sobre si mismo destrucción repentina. Y muchos seguirán sus perniciosos caminos (2 Pedro 3:1-2)

Y Pedro dijo algo más:

. . .Las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras escrituras, para su propia perdición.  (2 Pedro 3:16)

Y aquí ellos encuentran falsos profetas en todas partes, usan­do la oratoria y la literatura pornográfica, revistas, radio TV, conversaciones callejeras – extendiendo estas condenables herejías, las cuales destruyen las normas de la moral, y esto es para complacer la lujuria la carne.

Lucifer en sus diabólicos planes engaña al incauto y usa cada herramienta que tiene en su poder.  Muy rara vez uno asiste a una conversación, a una reunión de un club, a una fiesta o reunión so­cial sin oír vulgaridades, historias obscenas y subjetivas.

Pedro nuevamente advierte:

«Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8).

Y el Salvador dijo que aún los elegidos serían engañados por Lucifer si es que fuera posible. El usaría su lógica para confun­dir, y sus racionalizaciones para destruir. El sombreará los sig­nificados, abrirá las puertas pulgada a pulgada, y conducirá desde el color blanco más puro a través de todos los tonos plomos hasta el color negro más obscuro.

Los jóvenes se encuentran confundidos por el astuto engañador, quien usa artificio para engañarlos.

Esta pareja de jóvenes miraron más bien asustados cuando pos­tule con firmeza y en forma positiva «No mis queridos jóvenes, Uds. no se «Amaron» el uno al otro.  Más bien Uds. se codiciaron el uno al otro» Y aquí está la otra palabra mal usada.

Pablo dijo a Tito:

Todas las cosas son puras para los puros, más para los co­rrompidos e incrédulos nada les es puro, pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.

Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.  (Tito 1:15).

Estoy seguro que Pedro, Santiago, y Pablo encontraban un asunto bien desagradable el estar llamando constantemente a la gen­te al arrepentimiento y previniéndoles de los peligros, pero ellos y continuaron impávidamente.  Así que nosotros sus líderes, debemos ser perpetuos en esto; si los jóvenes no entienden, entonces la falta puede ser parcialmente nuestra. Pero si les clarificamos el camino, entonces estaremos sin culpa.

Y cuando el (Atalaya). . . viere venir la espada, sobre la tierra y tocare trompeta y avisare al pueblo, cualquiera que oyere el so­nido de la trompeta y no se apercibiere, y viniendo la espada lo hiriere, su sangre será sobre su cabeza.

El sonido de la trompeta oyó, pero no se dio por advertido; su sangre será sobre él; pero el que se dé por advertido salvará su vida.

Pero si el Atalaya ve venir la espada y no toca la trom­peta, y el pueblo no se apercibiere, y al llegar la espada se lleva a alguno de entre ellos, é, por causa de su iniquidad, será llevado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya. (Ezequiel 33:3-6).

Entonces, deseo ayudarles hoy día a definir el signi­ficado de las palabras y hechos para fortalecerlos contra el error, angustia, pena y dolor.

El joven y la chica permanecían inmóviles y respetuosos. No estaba seguro si ellos estaban comprendiendo. Aparente­mente, su concepto errado había sido sostenido firmemente y por tanto tiempo, que era difícil para ellos cambiar inmediata­mente.

Ahora conversamos nuevamente sobre estas palabras pala­bras cortas tales como, levantar, inclinar, esconder y ocultar, huir y permanecer, perder y ganar, caer y levantar, abrir y cerrar, seducir y salvar, vivir y morir, infierno y hogar, y nuevamente, amar y codiciar.  La hermosa y sagrada palabra de amor que ellos habían, corrompido hasta que esta se había degenerado y llegado a ser un compañero con la lujuria, su antíte­sis.

Volviendo atrás con Isaías, los engañadores y racionali­zadores eran condenados:

¡Ay de los que a lo malo laman bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que po­nen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

¡Ay de los sabios ante sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos! (Isaías 5:20).

Y nosotros podemos agregar; Ay de aquellos que tuercen las escrituras al interpretarlas para encubrir sus debilidades. La pareja de jóvenes habían excusado y justificado su trans­gresión bajo los términos, de que ellos se ajeaban el uno al otro.  ¿Existe alguna palabra en el diccionario más mal usada y prostituida que la palabra «amor»?

Muchos de los términos para el pecado no fueron usados en las escrituras en los días antiguos, y algunas personas, por eso, excusan sus contaminaciones, porque las transgresiones de la antigüedad no se identifican con la terminología moderna. Pero, si uno lee las escrituras con cuidado, todos los pecados se encuentran enunciados allí, con cada matiz del error.

Nuevamente Pedro, el grande, dijo:

«Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales, que batallan contra el alma, (l Pedro 2:11).

Por seguro cada alma que ha alcanzado la edad responsa­ble, y especialmente aquellos que han recibido el Espíritu Santo después del bautismo, conoce la diferencia; pero tan a menudo nosotros oímos lo que queremos oír y vemos lo que que­remos ver.  Existe una guerra definitiva en contra del alma cuando la maldad os perpetrada.  Y yo desafío a cualquier per­sona normal que se ha bautizado, que dice que no sabía que lo que estaba haciendo estaba malo. No existe compatibilidad entre el pecado y la virtud, entre la culpa y la paz.

Pablo encargó a los Corintios»

«Huid de la fornicación… más el que fornica, en contra de su propio cuerpo peca (1Corintios 5:9-15).

Y para evitar los desastres, Pablo previno: «no os juntéis con los fornicarios» y el Instó a la gente a tener una buena compañía y no comer con los malos, quienes los tentarían, y entonces concluye: «Quitad, pues, a ese per­verso de entre vosotros»  (l Corintios 5:9-13).

Oh! si nuestros jóvenes pudieran aprender esta lección básica, para que siempre tengan buena compañía, para que nunca se les encuentre con aquellos quienes tienden a bajar nuestras normas! Dejemos que cada joven seleccione sus aso­ciados, el que le mantendrá en la punta de los dedos, tratan­do de alcanzar las alturas.  Dejemos que nunca escoja entre sus asociados a aquellos que le animarán a relajarse en la indiferencia.

Debemos repetir lo que hemos dicho muchas veces: La fornicación con todas sus hermanas y hermanos grandes y pe­queños, es maldad y está completamente condenada por el Se­ñor tanto en los días de Adán, como en los días de Moisés, en los días de Pablo, y en nuestra propia época.  La Igle­sia no tolera ningún tipo de perversión. El Señor ha indicado su falta de tolerancia, diciendo:

«Porque yo el Señor  no puedo considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia».  (D. & C. 1:51).

Aun El ama al arrepentido. Pablo dijo que aún el gen­til convertido debe ser engañado «apartase» de las contami­naciones de los ídolos, de fornicación», y otras desviacio­nes. (Hechos 15:20). El escribió a los Romanos que las prácticas corruptas llamadas fornicaciones serán algo que existía entre ellos.  El exhortó a los Gálatas «obras de la carne… adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia» y entonces el agregó «que los que practican tales cosas no heredarán el Reino de Dios»  (Gálatas 5:19-21).

Ellos son como él:

«Fieras ondas del mar, que espuman sus misma vergüen­za; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas» (Judas 13).

«Estos son murmuradores, quejumbrosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas arrogancia, adulan­do a las personas para, sacar provecho»(Judas 16).

Hágase saber en forma positiva que la Iglesia no está abando­nando sus normas, ni abandona sus prácticas dadas por Dios. Aque­llos que interpelan las escrituras para justificar sus propios ca­minos perniciosos.  Se habla de esto en el Libro de Mormón:

…… Más ahora, he aquí, Satanás los arrastra como el tamo que se lleva el viento; o como el barco que sin velo, ancla o timón con que dirigirlo, es juguete de las olas: y así como la nave son ellos. (Mormón 9:9).

Cuando las escrituras son tan claras, cómo puede uno justifi­car y llamar a la inmoralidad, amor? Es lo negro blanco? Es lo ma­lo bueno? Es la pureza inmundicia?

A medida que miraba al joven a los ojos le dije: «No, muchacho, tu no estabas expresando tu amor cuando le quitaste su virtud», y a ella le dijo, «No existía realmente el amor en tu corazón cuan­do tú le robaste su castidad.  Fue la lujuria lo que les juntó en esta, la más seria de todas las prácticas, próxima al asesinato. Pablo dijo: “El amor no hace mal al prójimo»  (Romanos 13:10).

Continué, «Si uno realmente ama al otro, uno más bien morirá por esa persona antes de dañarle,  A la hora del desenfreno, el amor puro es sacado por una puerta, mientras que la lujuria entra furtivamente por la otra. Su cariño ha sido reemplazado por el materialismo biológico y por pasiones incontroladas.  Uds… han acep­tado la doctrina, la cual Satanás está tan deseoso de establecer, esas relaciones sexuales están justificadas sobre las bases que es una experiencia agradable en sí misma y que está más allá de las consideraciones morales.

Cuando los no casados se entregan a la lujuria, la cual indu­ce a la intimidad e indulgencias, han permitido que el cuerpo les domine y han encadenado al espíritu. No es posible pensar que al­guien pueda llamar a esto Amor. Uds. han ignorado el hecho que todas las situaciones o condiciones o acciones, cuyos placeres o sa­tisfacciones finalizan con la terminación del hecho que nunca pro­ducirá pueblos glandes, ni tampoco construirán grandes reinos.

«Para poder vivir consigo mismo, las personas que violan de-den seguir un paso o el otro de las dos alternativas. Uno de ellos es de endurecer la mente y entorpecer la sensibilidad con tranqui­lizantes mentales, para que así la transgresión pueda ser continuada» el otro es el de permitir que el remordimiento nos lleve a una convicción total, al arrepentimiento y eventualmente al perdón».

Esta convicción es el elemento del cual mis dos jóvenes visitan­tes se encontraban desprovistos. Ellos eran más o menos como el impenitente de quien Isaías dijo:

«Y el hombre vil no se inclina, ni el grande se humilla, por tanto, no lo perdones». (2Nefi 12:9).

Nadie nunca puede ser perdonado de ninguna transgresión, hasta que haya un arrepentimiento, y uno no se ha arrepentido, hasta, que ha descubierto su alma y admitido sus intenciones y debilidades, sin excusas o racionalizaciones.

El debe admitir que ha pecado gravemente.  Cuando se haya con­fesado a sí mismo, sin la mas mínima de las ofensas, o racionalizan­do su seriedad, o alivianando su gravedad, y admite Que es tan gran­de como realmente es, entonces está listo para comenzar su arrepen­timientos y cualquier otro elemento de arrepentimiento es de un va­lor reducido, hasta que la convicción está totalmente establecida, y entonces el arrepentimiento puede madurar y el perdón podrá llegar eventualmente.

Por causa de esta tolerancia tan difundida concerniente a la promiscuidad, este mundo se encuentra en grave peligro. Cuando el mal sea desacreditado, prohibido y castigado, el mundo todavía tie­ne una oportunidad.  Pero cuando la tolerancia por el pecado ha au­mentado, la perspectiva es sombría y los días de Sodoma y Gomorra de seguro volverán.

Nosotros nos encontrábamos en Los Ángeles años atrás, cuando las noticias afloraron sobre el amor ilícito de cierta actriz de cine, por lo cual ella quedó embarazada.  Por causa de su popula­ridad fue una gran noticia y apareció en grandes titulares en ca­da diario del país.  No estábamos sorprendidos por su adulterio se informó que era algo común en Holly wood, como en el mundo en ge­neral. Pero que tal insensatez sea aprobada y aceptada por la so­ciedad me chocó.  Los diarios de Los Ángeles hicieron una encuesta entre la gente los clubes de mujeres y ministros, empleados y em­pleadores, secretarias y maestros y dueñas de casa y casi sin ex­cepción, como si hubiera sido una falta al nivel de un niño, estés líderes de la comunidad encontraron muy poca falta y criticaron co­mo a «puritanos» y «Victorianos» a aquellos que lo desaprobaron, «déjenla vivir su propia vida» dijeron ellos «y porque debemos no­sotros interferir con las libertades personales de las gentes?  En un estado, en una nación y a través de los mares, la tolerancia por el pecado es terrible.

No hay vergüenza,  Isaías nuevamente lucha en centra del peca­do:

«La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma manifiestan su pecado; no lo ocultan. ¡Ay del alma de ellos!, porque trajeron mal para sí»  (Isaías 3:9).

Para que sea entendida la posición de la Iglesia en cuento a la moralidad, declaramos firmemente e inalterablemente que no es una prenda gastada, descolorida, pasada de moda y raída.  Dios es el mismo de ayer, hoy y siempre, y sus convenios y doctrinas son inmutables; y cuando el sol se enfríe y las estrellas dejen de brillar, la Ley de Castidad todavía será básica en el mundo de Dios y en la Iglesia del Señor.  Los valores antiguos son sostenidos por la Iglesia, no perqué ellos sean antiguos, pero más bien, porque a través de los años han probado estar correctos.  Esta siempre será la regla.

Continué con la pareja de jóvenes, diciendo: «La juventud de hoy día está viendo muchas películas que son para adultos solamen­te», las cuales exhortan el sexo.  Hay demasiados internados mixtos en el campo universitario, muchas fiestas de tono elevado para los adolescentes, muchas chicas con vestidos llevados al extremo, sweaters ajustados, llamando la atención con el sexo.  Y demasiados jó­venes con prendas ajustadas y sugestivas.  La juventud generalmente ha escuchado mucha propaganda en la radio, la televisión y ha vis­to demasiado en los diarios, en avisos y en las revistas, donde el sexo es usado como un estímulo para las ventas. Han habido demasia­dos autos estacionados.  Han leído muchas novelas donde el sexo es el tema central y dominante. «Qué clase de mundo tendríamos», les pregunte a estos jóvenes «si esta herejía por la cual Uds. han abo­gado, del relajo del sexo en la vida pre-marital, y alegado por el amor libre, estuviera corróete.  El mundo ya enfermo, expiraría. NO estamos hablando de un mundo sexual, porque una generación asexual moriría en una generación, si en realidad pudiera suceder. Una ci­vilización sexual izada perecerá por causa de su propia podredumbre, cuando esta madure en iniquidad.  La vida sexual pura en el matri­monio es aprobada.  Hay un tiempo apropiado para todas las cosas que tienen valor. En los tiempos antiguos, una ciudad o una civilización podría desintegrarse sin disturbar seriamente el resto del mundo, pero hoy en día, por causa de las facilidades de comunicación y transporte, hace que todo el mundo sea una comunidad.

En nuestra era de la producción de masas, en los recientes años «hemos presenciado la reducción de las personas a cosas en un número de código, un subscriptor, una tarjeta punteada.  Cada re­ducción indica que la persona es gastable, reemplazable…»  «Una persona no es una función, ni un medio, ni un instrumento, pero es una mira en sí mismo; pero el mundo habla con una voz amplificada por los miles de canales de televisión y  por un medio millón de im­prentas». Esto hace avances en el materialismo biológico de que el hombre es un ser consumidor, una función reproductora, una colección de destrezas, o una unidad en la fuerza laboral.  Esto hace sola­mente de los hombres funcionarios y destruye su ser y pierde su sí mismo, empequeñecido por el universo allí fuera.  Esto es altanera­mente verdadero, como las personas son «usadas» para complacer pa­siones físicas en la ilegitimidad.

Este repulsivo sentido de «cosas» se encuentra bien retratado en algunas líneas de John Pauker en la Nueva República, Enero 5, 1963.

Miré y miré nuevamente. No había gente la gente había desaparecido.  La gente se había ido Pero las cosas que ellos habían creado todavía se encontraban allí. Un traje de tela y una bata caminaban del brazo con un perro al final del grupo de los tres El perro se encontraba allí gruñendo En la calle un tráfico con vehículos fluían pero sin conductores o pasajeros…

Las máquinas eléctricas asolaban y los revólveres disparaban como siempre.  Las cosas iban y seguían sus pasos, y parecían estar divirtiéndose bastante. Deseaba mirarme en un espejo pero no me atreví.

Realmente nosotros no amamos las cosas. Usamos las cosas co­mo un limpia pies, automóviles, ropa, maquinas; pero nosotros ama­mos a la gente mediante el servicio que les prestamos y por la con­tribución que hacemos por su bien permanente.  El Señor parecía re­conocer esto cuando elijo:

«Más buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y to­das las cosas os serán añadidas»,  (Mateo 6:33).

Y nuevamente, las diferencias fueron manifestadas en sus ins­trucciones a Pedro, cuando preguntó tres veces esto: «Simón hijo de Jonás, me amas, más que estés?»

A lo que Pedro respondió; «Si Señor; tú sabes que te amo»

Y vino la respuesta: «Pastorea mis ovejas»  (Juan 21:15-17).

¿Cuáles fueron las cosas, «estas cosas», las cuales quedaron en segundo lugar por el amor por Su Señor y su prójimo?  Yo creo que han sido los barcos, las redes, los peces y los deseos, y aún las pasiones.

Los contactos sexuales fuera del matrimonio legalizado convier­te al individuo en una «cosa» para ser usada, una cosa para ser ex­plotada, y hacen de él o ella una cosa cambiante, explotable, gastable, y para ser botado.

Y cuando nos encontremos ante el gran Juez en el Tribunal de Justicia ¿Nos pondremos delante de El como una COSA o una persona, como un cuerpo carnal depravado y hechos carnales? o como un hijo de Dios de pie, erguido, alto y digno? y cuando respondamos las preguntas vitales seremos capaces de decir «Construí y no destruí.  Levante y no derribé. Crecí y  no me marchite, ayudé a otros a cre­cer y no los empequeñecí: les ayude y no los estorbe; amé intensa­mente y bendije, y no codicie hasta llegar a dañar».

Mi joven pareja todavía se encontraba racionalizando y excusán­dose, y dije nuevamente, «cualquier clase de hazaña sexual para el soltero, desde la primera emoción lujuriosa de las pasiones, rela­cionada con uno mismo o con otros, es un pecado, y cuando  los hábi­tos del pensamiento son pervertidos y las vidas son manchadas, y las leyes de Dios son transgredidas, entonces las culpas serán pa­gadas».

Como algunos vendedores, altamente empujan tés, quienes deman­dan mucho más por sus productos de lo que estos posiblemente pueden dar, la explotación sexual promete lo que nunca ha podido producir ni tampoco dar.  Por lo tanto, la vida sexual impropia fuera del matrimonio solamente puede producir desengaños, disgustos, y gene­ralmente rechazo «mientras tanto impulsa a sus participantes a lo largo del corredor con repetidos encuentros los cuales están des­tinados a fracasar».

Muy a menudo la pareja las dos personas que han sido promis­cuas, aquellos que han sido desenfrenados, aquellos que han cruza­do las líneas del decoro llegan a disgustarse el uno con el otro e iinterrumpen sus amistades. Cuantos llegan a sentir aversión, y si no, odiar a su compañero en el pecado.

La relación sexual ilícita es un acto egoísta, una traición y es algo deshonesto.  El no estar dispuesto a aceptar la responsa­bilidad es ser cobarde y desleal.  El matrimonio es para esta vida y para la eternidad.  La fornicación y todas las otras desviaciones son para hoy día, para una hora, por el «momento». El matrimonio nos brinda la vida.  La fornicación nos lleve, a la muerte. El sexo en la vida pre-marital, promete lo que posiblemente nunca podrá producir o entregar. El rechazo es a menudo el fruto, a medida que mueve a sus participantes a lo largo de los caminos de los repeti­dos tropiezos.

El octavo de los Diez Mandamientos dice: «No robarás», aún así este acto inmoral es una explotación y un robo en su peor expre­sión.  Este sustrae con o sin permiso la posesión más inapreciables irrecuperable, retornable de un individuo – la castidad y la vir­tud. En una hora obscura y sin gloria, las vidas pueden ser quita­das o aniquiladas; pero en el periodo largo de la vida, la salud perdida puede ser recuperada posiblemente, la fortuna perdida pue­de ser acumulada nuevamente; la libertad perdida se puede luchar por ella y posiblemente se puede recuperar, pero cuando se ha per­dido la castidad, esta se ha perdido para siempre, y cuando se ha robado la virtud, esta no podrí ser devuelta ¿No es esta una de las razones principales porque esta cosa prohibida es tan aborreci­ble como el asesinato, porque nunca podrá ser completamente compen­sada ni devuelta ni reparada.

«NO COMÉTELAS ADULTERIO» (y nosotros agregamos su mellizo, FORNICACIÓN) y también «NO MATARAS» vino tañiendo desde el Monte de Sinaí.  Uno puede llevar una vida fácil, pero nunca podrá restau­rar esa vida. Y es así que cuando el dolor de la futilidad y el remordimiento señala la inutilidad del acto, tendrá que venir el momento cuando el fornicario o adúltero, igual que el asesino desea­ría poder esconderse – esconderse de todo el mundo, de todos los fantasmas especialmente del propio — y no encuentra un lugar para es­conderse.  Hay esquinas obscuras y lugares ocultos y autos cerrados, en los cuales se puede cometer la transgresión, pero ocultarlo por complete es imposible.  No hay noches que sean tan obscuras, ni piezas que se encuentren tan completamente cerradas, ni cañones tan cerrados, ni desiertos tan inhabitados, donde uno pueda encontrar un lugar para esconder sus pecados de sí mismo y del Señor. Eventualmente, uno todavía ha de enfrentarse a sí mismo y a su Gran Juez…

Caín tuvo dificultad para esconderse. El Señor le preguntó, ¿Dónde se encuentre Abel tu hermano?»  ¿Pensó el que estaba enga­ñando al Señor o así mismo?  La siguiente pregunta no fue una inda­gación simple, pero sino, una acusación y una condenación.

¿Qué has hecho?  La voz de la sangre de tu hermano clama a mi desde la, tierra. . . que abrió su boca para recibir de tu mano la san­gre de tu hermano. . . errante y extranjero serás en la tierra.  Y Caín dijo a Jehová. Grande es mi castigo para ser soportado.  He aquí me echas hoy de la tierra. (Génesis 4:9-14).

Ese fue realmente un asesinato. En un grado más bajo, está realmente la relación ilícita del sexo, la cual, por supuesto, in­cluye las caricias, fornicación, adulterio, actos de homosexualidad y otras perversiones. El Señor podrá decirles a los ofensores, tal como El lo hizo con Caín, ¿Que has hecho? Los hijos que has con­cebido hacen cargos condenables en contra de ti: los compañeros que han, sido frustrados y violados te condenan; el cuerpo que ha sido corrompido clama en contra tuyo; el espíritu que ha sido empeque­ñecido te culpa. Tú y tú mismo, tendrás dificultades a través de los años para perdonarte completamente.

Después de haber mirado el cuerpo apabullado a sus pies, y es­pecialmente después que los tormentos del infierno comenzaron a per­seguirlo y que el fantasma de su hermano comenzó a seguirlo, Caín debe haber deseado poder devolver la vida de su hermano Abel. El Señor no maldijo a Caín; fue Caín que, al romper una ley eterna, se maldijo a sí mismo. Y cada hombre o mujer que es culpable de conducirse moralmente mal, podrá mirar los cuerpos corrompidos, el su­yo y el de otros; el podrá reconocer mentes frustradas y deformadas; y a medida que los fantasmas comienzan a seguirlo, él por supuesto deseará con todo su corazón poder devolver la castidad, restaurar la tranquilidad y paz en todas las mentes y corazones y en las vi­das de aquellos a quienes él ha dañado.

Desde el mismo decálogo, desde el mismo Sinaí, vinieron las leyes de Dios.  Después de haber creado al hombre en a su propia ima­gen, varón y mujer, entonces Dios ejecutó la sagrada ceremonia del matrimonio por las eternidades para Su Adán y Eva.  A este comienzo El estableció un modelo de vida sexual, consecuente con todas las razones y decoros. En esa primera bendición de matrimonio, el Se­ñor dio un mandamiento a estos dos seres, quienes se complementarían el uno al otro, el de multiplicarse y ser productivos y traer hijos al mundo. Caín y Abel fueren solamente dos de los muchos hijos e hijas. Este mandamiento no les dio licencia solamente para satisfa­cer apremios biológicos, porque Dios siguió a esto con el mandamien­to.

Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se uni­rá a su mujer, y serán una sola carne. (Génesis 2:24).

Juntarse es adherirse, pegarse; y el Señor lo dio como el pro­pósito para su unión, el de poblar la tierra, llenar la tierra, el sometimiento de la tierra, el dominio sobre la tierra.  Había un propósito sublime en la creación en la relación correcta de es­posa y esposo, pero nunca se podrán defender las intimidades fuera del matrimonio.

Los actos sexuales en la vida premarital son una decepción. Es una mentira. El Señor preguntó:

¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado… le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? (Lucas 11:11-12)

El pan es el báculo de la vida, mientras que una piedra es sin vida, en realidad algunas veces, un asunto de muerte. El pez como alimento construye y sostiene el cuerpo, como lo hace el hueve tam­bién, pero la serpiente destruye la vida y es el símbolo de la muer­te.

Las funciones propias del sexo nos traen la posteridad, respon­sabilidad y paz; pero la vida sexual pre-matrimonial nos trae dolor la perdida de la auto-estimación, la muerte espiritual, a menos de que haya un total y continuo arrepentimiento.

¿Cuáles son los frutos de la inmoralidad? En vez de multipli­car y llenar la tierra se hace cada esfuerza para evitar la concep­ción y el nacimiento de la progenie. Desde el tiempo de Adán nin­guna alma ha sida feliz mediante la transgresión. El Señor ha dicho:

Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

Así que, por sus frutes los conoceréis.  (Motee 7:19-20).

  • ya también el Hacha esta puesta a la raíz de los árboles (Mateo 3:10).
  • se repite la advertencia:

Guardaos de les falsos profesas, que vienen a vosotros con ves­tidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces (Mateo 7:15).

¿Sería posible que hubiera un  buen fruto de las indulgencias pre-maritales?

Nuestro gran conocimiento científico que Hemos acumulado acerca de nuestros cuerpos y sus funciones, y nuestras mentes y sus operaciones, parecen que no  han sido traducidas en la virtud.  Co­mo un ejemplo, todo le que hemos aprendido últimamente de las in­vestigaciones sobre los efectos enfermizos del tabaco han contribui­do muy poco para desanimar su uso, aún las sagradas revelaciones fueron ignoradas. Y  todo lo que se ha dicho desde el punto de vis­ta científico y médico sobre las enfermedades sociales parecen haber alejado muy poco a la gente de la inmoralidad – en realidad me­nos aún que cualquiera de los mandamientos del Señor. Recientemen­te en un diario local, leemos del gran aumente de las enfermedades sociales en las grandes ciudades de nuestro país.

No vale tanto lo que sabemos, pero si lo que hacemos, con lo que sabemos. Del Dr. Jenbins del Departamento de Salud de la Uni­versidad de Utah, hacemos acotaciones de lo que dice que la gono­rrea y la epidemia de sífilis, están atacando en este mismo momento a treinta de las ciudades más grande, de la nación.

En las Noticias Deseret de diciembre 13, 1964, hace acotación por lo dicho por un escrito de prensa en Washington: «Algunos ex­pertos generales han visto una de candencia moral en general» y señala el más grande aumento de las enfermedades venéreas entre los jóvenes.

Vivimos en una época estéril, o así parece — en una edad cuan­do los jóvenes se vuelcan al sexo para escapar a la soledad, frustración, inseguridad y falta de interés.  ¿Qué podemos hacer?» los jóvenes reclaman. Ellos se encuentran muy poco interesados en las lecturas, en la asociación de la familia en las actividades socia­les de la juventud y en los bailes de la comunidad. Ellos deben tener algo más estimulante.  Hace tiempo que ellos dejaron de crear sus propias entretenciones, las cuales podían ser tan limpias y dignas como ellos deseaban que fueran. Entonces hoy día ellos mi­ran televisión y van a los shows en la ciudad y a los llamados «fo­sos de pasiones» (auto-cine), donde ellos son sexualmente sobre estimulados. Oh, para una generación de jóvenes, los cuales volverían a la simplicidad, lejos de los programas «enlatados» en la mayoría de los cuales, hay ingredientes para estimular y agitar las pasio­nes humanas.

Cuando hablamos del sexo, nuestro primer pensamiento es el adulterio o la fornicación; pero nuestro segundo pensamiento, y muy cerca de sus talones se encuentra la estimulación sexual para uno mismo y para con otros, algunas veces llamado «acariciarse».  Es una transgresión perjudicial y condenable en su propio derecho, y entonces, por supuesto, es la puerta final hacia les actos de for­nicación y adulterio.

Y el mundo continuará muriendo – auto destruyéndose, hasta que la gente comience a usar las palabras en su verdadero significado, «al llamar las cosas por su nombre» al pan, pan y al agua, agua, y no líquido, llamar al «acariciarse» un pecado grave y no una di­versión sin trascendencia — hasta que rasguemos la desagradable más­cara de su fea cara y saquemos de su cuerpo lujurioso la piel de oveja con la cual este lobo vicioso ha escondido su verdadera per­sonalidad.

El joven es desleal a su hombría, cuando promete popularidad, buenos momentos, seguridad, diversión y aún amor, cuando todo lo que él puede dar es pasión con sus frutes diabólicos, complejos de culpabilidad, disgusto, odio, aborrecimiento, eventualmente abomi­nación y posiblemente el embarazo sin legitimidad y honor, el de­fiende su caso de amor y todo, lo que él puede dar es lujuria.  De la misma forma la jovencita se vende muy barato. Ella le pide un pez; el da una serpiente.  Él le pide pan y ella le da una piedra. Ella trata de alcanzar los higos y las espinas son apiñadas en sus manos. El pude haber tenido uvas y obtiene solamente cardes. Ella pide huevos y él la aguijonea con un escorpión.  El resultado es el deteriore de la vida y la gangrena para el alma.

El reverendo Lawrence Lewell Gruman dice: «Es en realidad una moralidad muy curiosa la que minimiza al sexo y achica a los seres humanos a un grado de enanos buscadores de places, porque si el sexo es bueno, tanto como el comer, y el dormir son buenos, entonces también este es bueno, tiene límites específicos y un lu­gar apropiado y ese lugar es dentro del matrimonio».

Y todavía estos jóvenes hablan de amor. Qué manera de corrom­per este hermoso termino! La palabra ha sido prostituida también en los términos de la homosexualidad. Ambos se encuentran en el reino de sustraer y no en sí de dar; matando y no salvando; destru­yendo y no construyendo. El fruto es ácido, porque el árbol es co­rrupto.  Sus labios dicen «te amo»,  Sus cuerpos dicen, «te deseo» El amor es bondadoso y saludable, El amar es dar, no quitar.  Amar es servir, no explotar.

Cuando cantamos en las canciones populares hablamos del amor, pero cuando realmente estamos codiciando y deseando.  ¿Porque a la gente le gusta engañarse y engañar a otros?  ¿Porque no decir lo que realmente es?

Indudablemente la esposa de Potifar adulo a José y expreso su supuesto amor por él en un comienzo. Cuando esto falló uso la fuerza y la intriga; y cuando este falló, ella trató de cubrir esto con el chantaje. Con una conciencia bien clara, aquella obscu­ra ojeriza por José, debe haber sido para él una prisión muy agradable. Aquí por lo menos él se encontraba libre de la explotación y la contaminación. Ella le dijo a José «te amo» pero lo que ella realmente quería no era a José, sino a su cuerpo hermoso o intere­sante.

El doctor Gruman dice:

El encuentro sexual debe ser una afirmación completa y libre de la otra persona…, un comprometimiento total para él, lo cual indica una permanencia y una permanencia se traduce en el matri­monio. Cuando usamos y somos usados, fracasamos como seres huma­nos e hijos de Dios.

¿Qué es el amor? Muchas personas piensan en él como una mera atracción física y ellos descuidadamente hablan de «enamorarse» y «amor a primera vista».  Esta puede ser la versión de Hollywood y la interpretación de aquellos que escriben canciones de amor y fic­ción.  El verdadero amor no se encuentra envuelto en un papel tan endeble.  Uno puede ser atraído inmediatamente a otro individuo, pero el amor es algo más que la atracción física.  Este es profun­do, completo y comprensivo.  La atracción física es uno de los muchos elementos, pero debe existir la fe, confianza, la comprensión y una gran dedicación y compañerismo. El amor es limpieza y pro­greso, sacrificio y generosidad. Esta clase de amor nunca se cansa ni decae, pero sobrevive a las enfermedades y penas, pobreza y privaciones, logros y desengaños, por tiempo, y eternidad.  Para que el amor continué, debe siempre existir un aumento constante de la confianza y de la comprensión», y una frecuente expresión since­ra de apreciación y afecto. Debe haber una renuncia de sí mismo y una constante preocupación por el otro.  Los intereses, esperanzas y objetivos deben estar constantemente enfocados en un solo canal.

Por muchos años, vi a un hombre fuerte llevar a su espesa pe­queña, enflaquecida y enferma de artritis a las reuniones, donde ella pedí ir.  Pude no haber expresión sexual.  Aquí había una generosa indicación de afecto. Yo pienso que esa es el amor puro. Vi a une agradable mujer servir a  su esposo por muchos amos, cuan­do él se encontraba enfermo con una distrofia muscular. Ella le sirvió de mane y de pie, noche y día, cuando todo lo que él podía hacer era cerrar sus ojos en señal de agradecimiento.  Yo conside­ro que esto es amor.

Conocí a una mujer que llevaba a su desafortunado hijito has­ta cuando su cuerpo pesaba demasiado para cargarle, y entonces ella empujó una silla de ruedas por los años que siguieron hasta cuando murió. Este niño enferme nunca pudo expresar su apreció. Me pa­rece a  mí que esto era amor. Otra madre visitaba regularmente a su hijo que se encontraba en la cárcel.  Ella no podía recibir na­da de él. Ella dio muchísimo, todo lo que poseía.

Si alguno piensa que el acariciarse u otro tipo de desviación es demostración de amor, háganle que se pregunte: ¿si este cuer­po hermoso que he mal usado, repentinamente quedara deforme, o paralítico serían mis reacciones las mismas?  ¿Si ente hermoso ros­tro fuera desfigurado por las llamas, o este cuerpo que he usado repentinamente quedara rígido, o se está mente perspicaz con la cual yo he gozado quedase en blanco, sería un amante tan ardiente? ¿Si la senectud o cualquiera de sus derivados repentinamente vinie­ra, a mi novia, cuál serie, mi actitud?  Las respuestas a estas pre­guntas podrían ser una prueba para uno ver si realmente está ena­morado, o si es solamente una atracción física, la cual me anima a los contactos físicos impropios. El joven que protege a su no­via de todos los usos o abusos, del insulto y de la infamia por parpe de él o de otros, podría estar expresando un verdadero amor.

Pero el joven que usa o su compañera como un juguete biológi­co para darse una satisfacción temporaria – eso es lujuria, y se encuentra al otro extremo del aspecto del amor. La jovencita que se conduce para ser espiritualmente, mentalmente y físicamente atractiva, y ni con la palabra, ni el vestido, ni sus acciones estimular las reacciones físicas de su compañero. Eso podrís ser amor. Pero la jovencita que toca, incita, acaricia y tienta, usa el conocimiento; y no el amor. Esto es la lujuria y la explotación.

Algunas veces hay mellizos, tal como Jacob y Esaú, uno es pe­ludo, grosero y diabólico, y  el otro llano, limpio y bien parecido. Habían dos hermanos, los dos de Adán — uno tosco, egoísta, diabólico; el otro bueno, leal y digno. Sus nombres se componían de cuatro o cinco letras – Caín y Abel. Y tales palabras como Amor y Lujuria son directamente opuestas.

Hablándole a mi joven pareja, le dije nuevamente, «No, si es manejado, no es amor, es egoísmo; no, si niega el bienestar del otro, no es amor, es irresponsabilidad.

«Si las relaciones sexuales son solamente un alivio o una técnica y el compañero llega a ser algo que se puede cambiar, en­tonces el sexo regresa al compulsivo nivel del animal.

«La inmoralidad trae consigo generalmente una honda y perdu­rable culpabilidad. Y esta es un factor que por supuesto no de­mos descuidar. Estos complejos de culpabilidad que no se han re­suelto, son la fuente de la cual provienen las depresiones menta­les. El arma del suicidio, la fibra de las personalidades torci­das, las heridas que dejan una cicatriz o decapitan individuos o familias.

Juan el Revelador dice:

«Y vi los muertos grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.» (Apocalip­sis 20:12).

«Y el que no se hallado inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego»  (Apocalipsis. 20:15).

«Y una pregunta que seguramente se formulará cuando llegue este momento vital es, ¿nos pondremos de pie delante del Gran Juez y estaremos orgullosos o avergonzados, satisfechos o frustrados? Y ningún joven o adulto normal quien haya recibido el Espíritu Santo, puede decir en conciencia que él no sabía que estas cosas eran transgresiones.

«Los amoríos sexuales pre-matrimoniales están equivocados, no porque la Iglesia declara en contra de ellos, pero la Iglesia se declara en contra de ellos, porque están equivocados y porque ellos hieren y destruyen a la gente, quienes son los hijos de Dios».

La joven pareja todavía se encontraba sentada delante de mí. Ellos mencionaron una posible boda en el futuro, aparentemente pensaron impresionarme, y se asustaron un poco cuando yo dije en forma pasativa: «Uds. deberían estar casados e inmediatamente» he hice acotación a esta escritura:

«Y si alguno engañara a alguna doncella que no ha sido desposada, y duerme con ella, deberá pagar una dote y tomarla por esposa».  (Éxodo 22:16).

Y nuevamente de Moisés:

«Si alguno halla a una joven virgen que no esté desposada, y la toma y se acuesta con ella, y son descubiertos,

…y ella será su esposa, por cuanto la humilló; no la podrá despe­dir en todos sus días.- (Deuteronomio 22:23-29).

Estas dos personas eran «mercaderías dañadas». Se habían prostituido el uno al otro.  Habían jugado con sus cuerpos. Pero ahora se encontraban horrorizados solamente con la idea de un ca­samiento inmediato, y el protestó: «¡por qué!  ¡No nos podemos casar! No nos encontramos preparados para el matrimonio! No hemos completado nuestra educación.  No tenemos un trabajo. No es­tamos listos para formar un hogar. No estamos preparados para com­prar ropa, comprar alimentos, pagar el arriendo, comprar un auto, pagarle al médico, para el hospital.  No hemos terminado nuestra educación. No estamos listes para asumir las responsabilidades de ser padres.»

Y entonces les pregunte en la forma más amable que pude «En­tonces por qué se precipitaron en tal situación?» Porque realizaron el acto que los convertiría en padres?  ¿Por qué se compro­metieron en la asociación que demandaría de Uds., un hogar, em­pleo, un status?  Su muy irresponsable acto los identifica como los más inmaduros.  Uds. no conocen el significado de la respon­sabilidad, pero Uds. deben enfrentar las responsabilidades lo mejor que puedan.  Uds. apenas son capaces de caminar solo como niñitos, y ahora Uds. se encuentran gustosos de ser padres.  To­davía no han aprobado el examen de la primaria y ya están matriculados en la universidad.  Uds. hicieren una elección cuando rompieron la ley de castidad y abandonaron la virtud.  En esa ho­ra, la libertad fue reemplazada por los grillos de la tiranía. Uds. aceptaron las esposas, limitaciones, penas, pesares cuando pudieron haber tenido la libertad y la paz.

El Rey Benjamín dijo:

Y ahora bien, os digo, hermanos míos, que después de haber sabido y de haber sido instruidos en todas estas cosas, si transgredís y obráis contra lo que se ha hablado, de modo que os separáis del Espíritu del Señor, para que no tenga cabida en vosotros para guiaros por las sendas de la sabiduría, a fin de que seáis bendecidos, prosperados y preservados,

os digo que el hombre que esto hace, ése se declara en rebelión manifiesta contra Dios; por tanto, prefiere obedecer al mal espíritu y se convierte en enemigo de toda rectitud; por tanto, el Señor no tiene lugar en él, porque no habita en templos impuros.

De manera que si ese hombre no se arrepiente, y permanece y muere enemigo de Dios, las demandas de la divina justicia despiertan en su alma inmortal un vivo sentimiento de su propia culpa que lo hace retroceder de la presencia del Señor, y le llena el pecho de culpa, dolor y angustia, que es como un fuego inextinguible, cuya llama asciende para siempre jamás. (Mosiah 2:36-39).

Ahora sería completamente indecoroso condonar completamente el pecado sexual sin explicarles a aquellos que se han entregado a estas persuasiones y tentaciones, y que se han corrompido, que existe eventualmente un perdón, proveyendo, por supuesto que hay un arrepentimiento proporcionado.  «La vía para el transgresor es difícil», dura, larga y espinosa.  Pero el Señor ha prometido que para todos estos pecados y errores fuera de los pecados imperdona­bles, existe el perdón. Pero el Señor ha prometido que para todos estos pecados y errores fuera de los pecados imperdonables, existe el perdón.  Pero mucha gente entiende mal el principio del arrepentimiento y tienen el concepto errado que el cambio de una polí­tica, que el romper un hábito, o unas pocas oraciones pueden ha­cerlos volver en momentos u horas las largas distancias que ellos han descendido en meses o posiblemente años.

El Señor ha dicho: «No me recordaré más de sus pecados» y «y serán perdonados».  Pero algunas veces toma más tiempo escalar nuevamente la cumbre del cerro, que lo que costo bajarla.  Y muchas veces es mucho más difícil.

Anteriormente hemos mencionado una auto convicción. Uno no comienza su arrepentimiento hasta cuando el pecado se ha cometido. Pero cuando un auto convicción total se aplica a una nueva vida, y las oraciones y ayunos han sido multiplicados por medio de la humildad, intensificados, y el llanto ha nido santificado, enton­ces el arrepentimiento comienza a crecer y entonces eventualmen­te llega el perdón.  El Rey ha dicho que el impenitente tendrá un «vivo sentimiento de su propia culpa que lo hace retroceder de la presencia del Señor, y le llena el pecho de culpa, dolor y angus­tia, que es «como un juego inextinguible cuya llama asciende para siempre Jamás».  (Mosiah 2:38).

Y el profeta Jacob dijo que aquellos que rechazan el evange­lio y se resisten al arrepentimiento «a presentaros con vergüenza y terrible culpa ante el tribunal de Dios» (Jacob 6:9).

Un pensamiento básico que nadie puede desestimar es la decla­ración hecha por el Profeta Anulek:

«Y te vuelvo a decir que no puedes salvarlos de sus pecados… él ha dicho que nada inmundo puede heredar el Reino de los Cielos; por tanto, ¿cómo podéis salvaros en vuestros pecados.  (Alma 11:37)

Poro aquellos que han quebrado la ley de castidad y se han sometido como dije anteriormente, existe la promesa del perdón, y el Señor encarga a los líderes de Su Iglesia cuando ellos se han arrepentido totalmente «Uds. les perdonarán». Y El dice:

«He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado;  y  Yo, el Señor, no más los tengo presente.

Por este podéis saber si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesará y abandonará.  (D. & C. 58:42-45).

Pablo llamó la atención a los Santos en Corintios:’

«Y si la trompeta diere sonido incierto, quien se prepara para la batalla».  (1 Corintios 14:8).

Y yo creo que la juventud de Sión desea escuchada claramen­te y sin equivocarse los tonos de la trompeta, y es mi esperan­za que yo pueda tocar el tono con exactitud y precisión, para que así ninguna persona honesta nunca sea confundida. Espero que esté clarificando la posición del Señor y  su Iglesia en relación con estas prácticas que no se pueden mencionar.

La masturbación, una indiscreción más bien común, no es aprobada por el Señor ni por su Iglesia, descuidando lo que puedan decir otros cuyas «normas» son más bajas.  Se insta a los Santos de los Ultimes Días evitar esta práctica.

Una persona es el hacedor de sí mismo. El puede controlar su propio destine, si es que es normal.  James Alien dice:

«El hombre es literalmente lo que él piensa, su carácter es la suma completa de todos sus pensamientos… el acto es la flor del pensamiento, el gozo y los sufrimientos son sus frutos… deje que un hombre altere radicalmente sus pensamientos y él es­tará pasmado de la rápida transformación que afectará las condi­ciones materiales de su vida…»

James Alien dice nuevamente:

…»El hombre se encadena solamente a sí mismo; los pensa­mientos y las acciones son los carceleros del destino — te apri­sionan al ser ruin; ellas también son los ángeles de la libertad de liberan al ser noble.»

Cualquiera que se encuentre prisionero de esta flaqueza, de­berá abandonar este hábito antes de ir en una misión, o recibir el Santo Sacerdocio, o para ir al Templo para recibir sus bendicio­nes.

Algunas veces la masturbación es la introducción para algunos pecados más serios de exhibicionismo y uno más burdo, el ho­mosexualismo. Nos agradaría evitar mencionar estos términos tan profanos y estas prácticas reprensibles, si no fuera por el hecho que tenemos la responsabilidad con la juventud de Sión, para que no sean engañados por aquellos que a lo malo llamen bueno y a lo negro blanco.

Esta profana transgresión, o está creciendo rápidamente, o la tolerancia le está dando una publicidad más amplia.  Si alguno posee tales tendencias o deseos, el debe vencerlas en la misma manera como si el tuviera el deseo de acariciar o fornicar o adulte­rar.  El Señor condena y prohíbe esta práctica con el mismo vigor que el condona el adulterio y otros actos sexuales como tales. Y la Iglesia excomulgará fácilmente al adicto impenitente.

Nuevamente en contra de las declaraciones y creencias de mu­cha gente, este pecado, igual que la fornicación puede ser venci­do y perdonado, pero nuevamente solo sobre las bases de un arre­pentimiento profundo y permanente, lo que significa un abandono total y una transformación completa de los pensamientos y de los he­chos. El hecho de que algunos gobiernos y algunas iglesias y mu­chos individuos corrompidos hayan tratado de rebajar tal conducta, del lugar de una ofensa criminal a un caso personal, esto cambia la naturaleza y la seriedad de esta práctica.  Los hombres buenos, los sabios, los temerosos de Dios en todas partes, todavía denun­cian esta práctica como algo indigno de los hijos de Dios; y la Iglesia, de Cristo la denuncia y la condena hasta cuando los hombres posean un cuerpo, el cual puede ser corrompido. Anteriormente en nuestro tratado hicimos acotación a lo que dijo Pedro:

…»Yo os ruego…que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma.  (1 Pedro 2:11).

Y Santiago dice:

«El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos… Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

Cuando alguno es tentado, no digo que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni El tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a la luz la muerte.  Ama­dos hermanos míos, no erréis.  (Santiago 1:8, 12-16).

Este pecado aborrecible del homosexualismo viene de tiempos anti­guos.  Muchas ciudades y civilizaciones han dejado de existir por causa de él.  Estuvo presente cuando los Israelitas se encontraban vagando por el desierto, fue tolerado por los Griegos y se hallaba en los años de la Roma corrompida.  En el Éxodo, la ley requería la muerte del reo que había tenido relaciones con los animales, el desviado que cometía incesto o el depravado que había tenido prácticas homosexuales o de otro tipo de vicio,

Esto es un tema bien desagradable de tratar, pero me siento urgido a tratarlo osadamente, para que ningún estudiante en esta universidad, y ningún joven en la Iglesia, nunca tenga ninguna pre­gunta en su mente de la naturaleza ilícita y diabólica de este programa perverso. Nuevamente, Satanás engaña e induce a la lógica y la racionalización, las cuales destruirán al hombre y los transformarán en siervos de Satanás para siempre.

Recuerden lo que Pablo dijo a Timoteo:

«Porque vendrá tiempo cuando no soportará la sana doctrina; si­no que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán el oído de la verdad y se volverán a las fábulas».  (2 Timoteo 4:3-4).

Que nunca se diga que la Iglesia ha evitado condenar estas prácticas ociosas o ha cerrado los ojos ante este pecado abominable. Yo me siento seguro que esta universidad nunca, matriculará, a sa­biendas, ninguna persona impenitente que sigue estas prácticas, y tampoco tolerará a nadie en su campo con estas tendencias, o que fa­lle en arrepentirse y en poner su vida en orden.

Podríamos volver a las palabras. En la concordancia de mi Bi­blia, existen 500 referencias concernientes al amor. Ellas no lo interpretan como, carnal, sexual, manoseado, acariciado, pervertido, fornicación, ni manipulado. En las mismas concordancias hay 53 referencias al adulterio, y ninguna de estas parece conectar este acto sexual condenable con el verdadero inclinación de lo que es el amor. También encontré 32 referencias sobre la fornicación, pero no encontré ninguna que identifique a este acto prohibido con un amor santo y sagrado.

El hombre habla del acto del amor, de hacer el amor y de la vida de amor, cuando ellos lo que quieren decir es algo completamen­te diferente, y no puede existir una vida amorosa fuera del matri­monio.

Pablo clarificó esto cuando dijo:

Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor y el Señor para el cuerpo.  (1 Corintios 6:13).

Esto también se aplicaría a las otras manifestaciones sexuales detestables que se mencionan arriba..

Y Pablo les dio a los Corintios un punzante latigazo cuando les indicó que estos pecados deben ser perdonados:

«No erréis ni los fornicarios ni los adulteres, ni los afemi­nados, ni los que se echan con varones… heredarán el Reino de Dios».  (1 Corintios 6:9-10).

Nuevamente para clarificar, hágase saber que la fornicación es el mismo acto que el adulterio excepto que uno pertenece a los sol­teros y el otro a los casados.  Muchas veces las palabras se pueden cambiar en la Biblia y la pena de dicha ley era la pena de muerte, cuando se indica que los escribas y fariseos trajeron al Señor la mujer pillada en adulterio y ellos indicaron:

«Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres: Tú, pues, ¿qué dices?»  (Juan 8:5)

Es notable que el Redentor no negara la ley, pero hizo a sus enemigos huir con una frase diestra, diciéndoles:

«El que de vosotros este sin pecado, sea el primero en arrojar la primera piedra contra ella».  (Juan 8:7).

Y más adelante no hay evidencia que el Salvador le concediera
el perdón. El la mandó a que se arrepintiera.

Yo no encuentro en la Biblia los términos modernos como «acari­ciarse» ni «homosexualidad», es más, encontré numerosas escrituras que prohíben tales actos, bajo cualquier nombre que puedan ser lla­mados. No pude encontrar el término «Homosexualidad», pero encon­tré numerosas partes donde el Señor condeno tal práctica con vigor, que aún les fue estipulada la pena de muerte.

Y él Señor llama a todos los como estos, a arrepentirse.  Sus palabras son más impresionantes:

«Por tanto, arrepiéntete pues sino, vendré a ti pronto, y pelea­re contra ellos con la espada de mi boca…»

Y hacemos referencia al lector del equilibrio de esta referencia en Doctrinas y Convenios 19:15-18.

Nosotros hemos afirmado que aún esta horrible práctica puede vencerse y ser perdonada.  Como uno de los muchos que podrían consi­derarse con autoridad, cito uno de «noticias Médicas Mundiales» (Me­dical World News) 5 de Junio, 1964.

«La efectividad de la terapia depende del grado de profundidad de la perversión, como también de cuanto desea el paciente modificar esto».

Esta declaración del Comité de Salud Pública de la Academia de Medicina de Nueva York, concuerda con nuestra filosofía.  El hombre es creado a la imagen de Dios.  Es un dios en potencia.  El tiene las semillas de divinidad dentro de sí y puede, si es normal, levantarse de los cordones de sus zapatos y literalmente moverse desde donde él está a donde él sabe que debería estar.  Como se dijo anteriormente, mientras más tiempo el hábito se ha mantenido, más difícil es de romperlo.

Para aclarar el asunto para aquellos que son honrados, debe afirmarse que es una «herejía abominable» como dice Pablo, cuando el hombre reclama que «Dios lo hizo de esta manera» o que una vida así es solamente un modo diferente, pero aceptable de vida.  Toda natu­raleza, razón, escritura y revelación se declara determinantemente en contra de tal queja.  Sino que debe ser corregida y vencida. Quizás puedo citar un antiguo artículo propio: «Algunos hombres han venido abatidos, desanimados, avergonzados, casi aterrorizados y se han ido después llenos de confianza y fe en ellos mismos, habían recobrado su auto-respeto, con la confianza de sus familias, sus lazos familiares fortalecidos y listos para tomar varonilmente su parte en la sociedad y aún en la Iglesia, sobre bases de terapia aprobadas.

En algunos casos, han sido, hombres con familias, y hemos tenido a las esposas agradeciéndonos con lágrimas en sus ojos por haberles devuelto a sus esposos. Las espesas no siempre han sabido lo que ha estado mal, pero han sentido algo grave y se han dado cuen­ta que han perdido a sus esposos. Hemos visto a los hombres que vie­nen primero con la vista hacia el suelo y salen años más tarde, mirándonos fijo a los ojos.  Los hemos tenido admitiendo después de la primera entrevista «Estoy feliz por haber sido arrestado. He trata­do y tratado de corregir mi error, pero sabía que habría tenido que tener ayuda, y no tuve el coraje de pedirla». En unos pocos meses, algunos de ellos se han dominado totalmente, mientras que otros han quedado con menos poder y requieren más tiempo para tener la total recuperación. Estamos conscientes que la cura no dura más que lo que el individuo quiera hacer que dure, y es como la rehabilitación del alcoholismo, sujeto a continua vigilancia..  A tales hombres les deci­mos, «Medico, cúrate a ti mismo», y le prometemos que si él permane­ce fuera de las fauces de la tentación y de sus antiguos asociados, podrá curarse solo, limpiar su mente, y regresar a su normal ocupa­ción y a un estado feliz. La cura para esta enfermedad yace en el auto-dominio, que es la base fundamental del programa completo del evangelio.»

«Dios me hizo así», dicen algunos, a medida que ellos raciona­lizan y se excusan por sus perversiones.  «No puedo evitarlo», agregan.  Esto es blasfemia.  ¿No es hecho a la imagen de Dios? y piensa el que Dios sea de «esa manera?» El hombre es responsable por sus propios pecados. Es posible que el pueda racionalizar y excusarse hasta que el hábito esté tan arraigado que él no pueda salir sin gran dificultad, pero este puede hacerlo.  Las tentaciones vienen a todas las personas.  La diferencia entre una persona reprobada a una digna, es que generalmente ésta se somete, y la otra se resiste. Es verdad que la educación de una persona puede hacer la decisión y hacer la adaptación más fácil o más difícil, pero si tiene una men­te alerta, aún puede controlar su futuro.  Este es el mensaje del evangelio – responsabilidad personal.

A persona que culpa de sus transgresiones a sus padres – el hombre es castigado por sus propios pecado.  El puede, si es normal, levantarse por sobre las frustraciones de la niñez y pararse en sus propios pies y responder para el papel que fue llamado.

Y si la persona que se somete continúa haciéndolo numerosas ve­ces, el puede finalmente alcanzar el punto de no regresar donde él no quiere. Y el Señor dice:

«Los doctores cuyos informes citados anteriormente, afirman sin equivocación «el homosexual no es un orden especial en la creación» (Para mayor consideración de este tema, el lector puede dirigirse a «A Counseling Problem in the Church», por el mismo autor, dado a los instructores de Seminarios e Institutos de la Iglesia, 16 de Julio de 1964).

Y entonces encontró las 550 referencias sobre el amor.  Ellas se habían referido generalmente a un amor puro y divino.  Algunas veces, se le llamó caridad.  La lujuria y los deseos carnales no se mencionaban. Encontré donde Pablo dijo que tener caridad o amor verdadero es más grande que ser un profeta, entender los misterios, o tener un gran conocimiento. Es más que tener mucha fe, o un gran poder, aún para mover montañas, y siguiendo de acuerdo con este te­ma del amor, Pablo contrasto las dos cartas de cuatro letras para Timoteo:

«Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.» (2 Timoteo 2:22).

«Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados»,  (l Pedro 4:8).

Y esto viene del Cantar de los Cantares del Rey Salomón: «Porque fuerte es como la muerte el amor, duros como el Seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama»  (Cantares 8:6)

Jeremías cita al Señor:

«Con amor eterno te he amado… (Jeremías 31:3).

Y Ezequiel contrasta estas palabras de amor y lujuria:

«Y vendrán a ti como viene el pueblo… y oirán tus palabras, pero no las ponen por obra, sino hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia».  (Ezequiel 33:31).

Cuando hablamos de amor verdadero un nuevo concepto viene a nuestra mente.  El Señor dijo:

«En este conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.»  (Juan 13:35).

Y el continua:

«Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a otros, como yo os he amado.  Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. (Juan 15:12-13).

Y en las Bienaventuranzas el Señor dice:

«oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu, enemigo.  Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;»  (Mateo 5:43-44).

En ninguna de estas citas está la más mínima implicación de contacto corporal, de lujuria, de deseo, de pasión. Ciertamente esta es la prueba de amor. E honor, integridad y obediencia,

Pablo hablando a los Santos dijo: “Maridos, amad a vuestras mujeres».

Este no es un mandamiento carnal.  No hay sexo en este manda­miento, porque ellos eran ya cónyuges legalmente.

Y entonces continúa:

…así como Cristo amo a la iglesia, y se entregó a si mismo por ella… Así también les maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos, el que ama a su mujer a sí mismo se ama.  Porque nadie aborreció jamás su propia carne… (Efesios 5:25, 28-29)…

Pablo continúa:

«Por este dejará el hombre a su padre y a su madre, y se uni­rá a su mujer, y los dos serán una sola carne,  (Efesios 5:31).

La propia vida sexual entre el esposo y la esposa es solamen­te una parte de este importante mandamiento.  Cuando un hombre y una mujer ama al espose como a ellos mismos, solamente frutos ricos y maravillosos produce tal árbol.

Y Pablo hablando a Tito, exhorta:

«que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos. A ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, su­jetas a sus maridos… (Tito 2:4-5).

¿Pueden Uds. ver  algo vulgar, destructivo, grosero, sensual, o carnal en alguna de estas enseñanzas? Ellos aman a sus esposos(as) y entonces a sus hijos. Este verdadero amor no tiene involucrada a la lujuria.  Y entonces, tenemos los grandes ejemplos:

«Porque de tal manera amo Dios al mundo, que ha dado a su hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda más ten­ga vida eterna.  (Juan 3:16).

Este fue el Salvador del Mundo, que con Su supremo amor hizo el supremo sacrificio y dio su vida, que nadie pude quitarle, porque El nos amaba tanto. Esto es amor – amor sagrado, santo.

Y ahora mis queridos jóvenes, he hablado franca y osadamente en contra de los pecados actuales.  Aun cuando no me gusta tal tema, creo que es necesario advertir a la juventud en contra del ataque furioso del astuto tentador, que con su ejército de emisarios y to­das las herramientas a sus órdenes, destruiría toda la juventud de Sión, grandemente en la decepción, representación falsa y mentiras.

Mis amados jóvenes, no justifiquen el acariciarse y las inti­midades físicas.  Estoy seguro que si este hábito ilícito, ilegal, impropio, y lujurioso del «acariciarse» pudiera ser barrido, la fornicación pronto saldría de nuestro mundo.  Recuerden lo que di­jo el Señor:

«Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquier que mira a una mujer para codiciarla, ya adul­teró con ella en su corazón.  (Mateo 5:27-28).

Y si ha habido lujuria, arrepiéntanse de ella y mantengan sus mentes limpias, o Uds. se convierten en prisioneros de una grave maldad si permiten que sus mentes permanezcan en estas cosas prohi­bidas, que sus manos o cuerpos se sometan al llamado de la lujuria.

Quizás terminare con esta escritura del Libro de Mormón:

«Sed prudentes en los días de vuestra probación; despojaos de toda impureza; no pidáis para satisfacer vuestras concupiscencias, sino pedid con una resolución inquebrantable, para que no os cedáis a ninguna tentación, sino que podáis servir al verdadero Dios vivite.  (Mermen 9:28).

En el nombre de Jesucristo, Amén.

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