La palabra de sabiduría

Conferencia General Abril 1976

La Palabra de Sabiduría

Theodore M. Burtonpor el élder Theodore M. Burton
Ayudante del Consejo de los Doce


Mis hermanos, hago mío el testimonio que acaba de dejarnos el élder Maxwell, y sólo puedo agregar un sincero “amén”. Cuando yo era niño solía cantar en la Escuela Dominical el himno “En el Pueblo de Sión”, al que llamábamos “el himno de la Palabra de Sabiduría”; era uno de mis favoritos y lo cantábamos con mucho entusiasmo. Uno de sus versos dice:

“Si salud quieren guardar, y sus vidas alargar, té, café, y el tabaco odiarán; alcohol no tomarán, poca carne comerán pues así contentos siempre estarán.”
(Himnos de Sión, pág. 177).

Tanto en la Iglesia como en nuestros hogares se nos enseñaba a guardar la Palabra de Sabiduría, de modo que desde mi infancia aprendí una importante lección: evitar aquellas cosas que eran perjudiciales para mi cuerpo.

De hecho, en aquellos días eran pocas las conferencias en las cuales no se nos hablaba de la Palabra de Sabiduría.

Hoy, me gustaría volver a ese tema y hablar de la revelación que recibió el profeta José Smith el 27 de febrero de 1833, y que se encuentra en Doctrinas y Convenios, Sección 89. A pesar de que hace tiempo se han reconocido las cualidades negativas del alcohol, en ese entonces no se sabía cuán perjudicial era el uso del mismo; tampoco se conocía el peligro del uso del tabaco, el té, el café, y el excesivo consumo de carne. Pero el Señor conocía estos peligros y alentó a sus hijos para proteger tanto el cuerpo como la mente. En mi opinión, necesitamos este consejo en estos días que vivimos.

Durante la década de 1960 se desarrolló un gran interés con respecto al poder de las drogas, lo cual tenía causa justificada. Nos alarma ver a las personas, especialmente a los jóvenes, destruir su cuerpo y su mente con el uso de narcóticos y el hábito de tomar drogas. Aunque esto todavía nos preocupa sobremanera, se ha dado tanta publicidad con respecto a sus efectos destructivos, que el uso de dichos productos ha disminuido algo, por lo menos entre adolescentes y jóvenes.

Sin embargo, las drogas representan aún un problema muy serio entre los adolescentes más jóvenes, que no han alcanzado la madurez ni han logrado la sabiduría suficiente como para saber cuán destructivo puede ser su uso. En su característica arrogancia juvenil e inexperiencia en la vida, dichos jóvenes sienten la tentación de probar esas drogas como algo experimental, lo cual redunda en la destrucción tanto física como mental, y antes de que se den cuenta, son cautivos de este vicioso hábito; entonces, se encuentran en una situación que no pueden dominar ni tampoco dejar pasar, y cuando es ya tarde se dan cuenta de que están atrapados en una terrible encrucijada. A la larga, el uso del alcohol y el tabaco es tan temible y pernicioso como el uso de las otras drogas, y constituyen nuestro mayor problema hoy en día, porque son verdaderamente drogas y deberían eliminarse. El problema con estas drogas, es que el efecto es más gradual, debido a que su poder destructivo no es visible inmediatamente, tanto jóvenes como adultos no se dan cuenta de sus efectos devastadores, hasta que el daño ya se ha puesto de manifiesto. Cuando el cáncer, el enfisema o los problemas de corazón, son la consecuencia del uso prolongado del tabaco, todo el arrepentimiento del mundo no servirá para salvar a una persona de sufrir las consecuencias del daño físico que dichas drogas han causado. Cuando el alcohólico ha perdido su salud, su trabajo, su familia y su reputación, los lamentos por haber comenzado a tomar bebidas alcohólicas son de escaso consuelo frente a su vida arruinada.

Algunos de mis amigos me han preguntado porqué, como científico, no hablo más en contra del uso de dichas sustancias. “Debido a sus antecedentes científicos como profesor de química, usted podría hablar con autoridad”, me han dicho. “Por sus conocimientos y experiencia científica, la gente le creería”. “Como científico experimentado, piense en todo lo bueno que puede hacer para salvar a nuestra gente.” ‘Todo lo que puedo contestar a esto es que tenemos en la Iglesia cientos de científicos con experiencia, muy bien preparados, que están tan capacitados como yo y demuestran cómo ha sido científicamente confirmada y corroborada la Palabra de Sabiduría.

Permitidme hacer otra declaración. Los científicos confirman que esta revelación no ha hecho que nuestros jóvenes se abstengan de experimentar el uso del tabaco, la marihuana, las bebidas alcohólicas o ningún otro tipo de droga. Cada paquete de cigarrillos y la propaganda de los mismos, lleva la siguiente advertencia:

“El Ministerio de Salud Pública ha determinado que el fumar cigarrillos es peligroso para la salud.”

Pero esta información científica no ha servido para que la gente deje de fumar.

Los 500.000 muertos y 800.000 heridos anuales en los Estados Unidos, como consecuencia de conductores ebrios, causarían una verdadera ola de marchas de protesta si estas víctimas fueran el resultado de un acción militar, en la cual los Estados Unidos estuvieran involucrados. Sin embargo, se levantan muy pocas protestas acerca del continuo, y creciente uso del tabaco entre los conductores de vehículos. Ninguna de estas confirmaciones de la Palabra de Sabiduría, refrena a la gente de fumar y tomar. El porcentaje aumenta a pesar de las evidencias científicas y la experiencia, las cuales demuestran lo perjudicial que es el uso de dichos productos.

No obstante, esta es la mejor razón por la cual debería hablar de la Palabra de Sabiduría, y no porque yo sea un científico. He sido llamado como Autoridad General y como tal se me ha dado una mayordomía especial para ayudar a la gente. Como siervo del Señor tengo un firme testimonio personal de que Jesucristo es el Salvador y Redentor de todo ser humano; yo sé que El es el Creador y que conoce el fin desde el comienzo de todas las cosas. Como Creador del hombre, El sabe qué cosas son buenas para nuestro cuerpo y cuáles son perjudiciales. Jesucristo, como Dios de esta tierra, ha dicho que las bebidas alcohólicas, el tabaco, el té y el café, son todos destructores de nuestra salud. El uso continuo de estas sustancias nos causará miseria y pena; no solamente perjudica nuestra salud, sino que de hecho destruyen también la mente.

Siendo que sé que Dios vive y que estas instrucciones vienen de El, como uno de sus siervos estoy en mejor posición que como científico de advertir al mundo, y particularmente a los miembros dela Iglesia, con respecto a este peligro. El Señor nos ha prevenido con anticipación al darnos la Palabra de Sabiduría como una revelación. Como siervo del Señor, yo trasmito este conocimiento para el beneficio de todos aquellos que escuchen y consideren estas palabras. Repito que el uso del tabaco, el té, el café y las bebidas alcohólicas de cualquier clase, no solamente disgusta a Dios sino que también destruye nuestro cuerpo y nuestra mente.

No sé lo que el Señor quiso decir cuando dijo las siguientes palabras, pero las acepto al pie de la letra:

“Y todos los santos que se acuerden de guardar y hacer esas cosas, rindiendo obediencia a los mandamientos, recibirán salud en sus ombligos y médula en sus huesos.

Y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimiento; aun tesoros escondidos;

Y correrán sin cansarse y no desfallecerán al andar.

Y yo, el Señor, les hago una promesa, que el ángel destructor pasará de ellos como de los hijos de Israel, y no los matará.” (D. y C. 89:18-21.)

Cuando leo acerca “salud en sus ombligos, y médula en sus huesos”, pienso en la posibilidad de una plaga devastadora de aire contaminado que sobreviniera al mundo como consecuencia de la radiación de una guerra futura. ¿Podría ser ésta entonces una de las maneras que el Señor tendría para separar a los obedientes de los desobedientes? ¿Podría haber alguna conexión entre esas sustancias prohibidas y las partículas radioactivas, que hiciera que éstas fueran absorbidas más fácilmente por la médula de los huesos, lo que resultaría en la posibilidad de un daño mayor? No lo sé.

Pero sí sé que si guardamos la Palabra de Sabiduría, el ángel destructor no nos destruirá. Sé que Dios nos ha aconsejado no tomar bebidas alcohólicas, té, ni café, y nos ha dicho que no usemos tabaco. No es sabio usar ninguna sustancia que pueda crearnos hábito y hacer daño a nuestro cuerpo. La palabra del Señor es suficiente para guiarme en esta vida; y os insto entonces, a que escuchéis cuidadosamente estas palabras de advertencia, no solamente para evitar el uso de estas cosas que son perjudiciales para vuestro cuerpo, sino también para que consumamos con prudencia y agradecimiento aquellos alimentos que han sido recomendados por el Señor.

Os dejo mi testimonio de que el Señor ha hablado acerca de estas cosas y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Una respuesta a La palabra de sabiduría

  1. Richilin dijo:

    gracias por compartir este mensaje …

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