Dios trabaja misteriosamente

Conferencia General Octubre 1970

Dios trabaja misteriosamente

LeGrand Richardspor el élder LeGrand Richards
del Consejo de los Doce


Después de su resurrección, el Salvador caminó hacia Emaús con dos de sus discípulos, y se nos dice que “los ojos de ellos estaban velados” y no lo reconocieron (Lucas 24:16).  Cuando oyó lo que decían de El, de su vida y su crucifixión, se dio cuenta de que no comprendían lo que había tratado de enseñarles, de manera que les dijo: “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!” (Lucas 24:25).

Luego, comenzando con Moisés y los profetas, les mostró cómo en todas las épocas los profetas habían testificado de El.  Lo hicieron hasta el más mínimo detalle, aun el de que echarían suertes por su ropa en el día de su crucifixión (Salmos 22:18).  Entonces Lucas nos dice que El abrió su entendimiento a fin de que pudieran comprender las Escrituras.  Ahora quisiera preguntamos, ¿creéis todo lo que los profetas han dicho?  Y si es así, ¿os dais cuenta de que Isaías dijo que el Señor ha declarado “lo por venir desde el principio”? (Is. 46:10).

Todo se encuentra en las Santas Escrituras; y de todos los acontecimientos más grandiosos en la historia del mundo, en lo que respecta a las predicciones de los profetas, el más grande es la preparación para la venida del Salvador en los últimos días, cuando vendrá con poder y gran gloria, con todos los santos ángeles, y será Rey de reyes y Señor de señores.

Obviamente, tiene que haber una preparación para esa venida.

Quisiera usar como prefacio a lo que voy a decir hoy las palabras de la canción escrita por William Cowper que dice así: “Con maravillas obra Dios, en la profundidad” (Himnos de Sión, 124).  Quisiera hacer referencia a algunas de las maravillas que el Señor ha efectuado y está efectuando a fin de hacer los preparativos para esa gloriosa venida de su Hijo Unigénito, tal como los profetas lo han predicho.

Primeramente, haré referencia a la declaración de Malaquías cuando el Señor, hablando mediante él, dijo que enviaría a su mensajero para preparar el camino para su venida, que vendría súbitamente a su templo, y que ¿quién podría soportar el día de su venida?; porque El sería como fuego purificador y jabón de lavadoras. (Malaquías 3:1-2.) Es evidente que no hacía referencia a su primera venida, cuando nació humildemente en Belén, ya que no vino súbitamente a su templo, ni vino limpiando o purificando; pero se nos dice que cuando El venga en los últimos días, los inicuos clamarán a las peñas “Caed sobre nosotros, y escondednos… de la ira del Cordero” (Apoc. 6:16).

Es obvio que cuando el Señor envía a un mensajero a preparar el camino delante de El, ese mensajero no puede ser otro que un profeta.  Cuando el vino en el meridiano de los tiempos, envió antes a Juan el Bautista, y testificó que en todo Israel no había profeta más grande que él.

Hoy hemos escuchado al hermano Derrick hablar concerniente a los comienzos del joven José Smith, como un Profeta del Señor que recibió la visita del Padre y el Hijo en 1820. ¡Si pudiésemos darnos cuenta de cuánto ha cambiado este mundo en los últimos 200 años a consecuencia de la venida del Padre y el Hijo para introducir esta dispensación! ¿Por qué no ocurrió esto hace quinientos mil años?

Pero estamos viviendo en el día de preparación, y el Señor ha enviado a su mensajero para preparar el camino, y le ha dado las llaves para organizar su Iglesia y reino, y para establecer el Santo Sacerdocio y el poder del apostolado, tal como existieron en la Iglesia en los días antiguos.

Entonces tenemos las palabras de Pablo, quien dijo que el Señor ha revelado “el misterio de su voluntad”, que es “reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efe. 1:10). Nosotros vivimos en esa dispensación. ¿No es algo maravilloso oír que el Señor nos revelará el misterio de su voluntad? ¿Y que el misterio de su voluntad ha sido revelado a sus profetas modernos de estos días?

Tenemos verdades sobre las que ninguna otra iglesia en el mundo tiene ningún conocimiento; y somos la única Iglesia en el mundo que posee un programa para unificar todo lo que se encuentra en el reino de los cielos con el reino de Dios aquí sobre la tierra, esperando las últimas escenas cuando todos los reinos de este mundo y el mundo venidero estarán bajo la supervisión de nuestro gran Rey, el Salvador de la humanidad.  Pero éstas son algunas de las cosas pequeñas que tienen que llevarse a cabo.  Existen muchas profecías que predicen su segunda vertida.

Cuando Moroni visitó al profeta José tres veces durante la noche, cuando este último tenía sólo dieciocho años de edad y aún no existía la organización de la Iglesia, Moroni citó algunas de las profecías que todavía habían de cumplirse en la preparación; y una de ellas era del undécimo capítulo de Isaías, donde dice que el Señor “alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo”, y que “levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel” (Is. 11: 11-12).  Eso se ha llevado a cabo mediante el recogimiento de los Santos de los Últimos Días en estos valles de las montañas, como un testimonio de que El ha congregado al Israel dispersado.  Ahora la tribu de Judá está congregándose en su país nativo después de siglos-dos mil años de andar errantes y perseguidos-e Israel posee su propia nación.  Todo esto es tan sólo el cumplimiento de las profecías que habrían de preceder la venida del Salvador en los últimos días.

Luego, volvemos nuevamente al profeta Malaquías, quien dijo:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.”

(Y estamos viviendo en ese día de preparación.)

“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.” (Malaquías 4:5-6.)

Dudo de que tengamos una idea de lo que significó la venida de Elías.  Existen poderes invisibles que actúan en el corazón y la mente de los hombres, y que son tan reales como el brillo del sol para ayudar a crecer a las plantas y los árboles, y a las semillas germinar.  Elías vino.  En el tercer día de abril de 1836 apareció a José Smith y Oliverio Cowdery en el Templo de Kirtland y trajo las llaves para volver los corazones de los padres que han fallecido, a sus hijos que están sobre la tierra, y los corazones de los hijos a sus padres; y eso de por sí es uno de los milagros más grandiosos de todas las épocas.

Hace algunos años me encontraba en Israel, y un día fui a tres de las sinagogas; en una de ellas, amarrada en lo alto de la pared había una silla.  Yo sabía la razón por la que estaba ahí, pero deseaba que el rabí me dijera; por lo tanto le pregunté: “¿Para qué está esa silla ahí’?” Y me respondió: “Para que si viene Elías podamos bajarla y él pueda ocuparla.”

No tienen idea de que Elías ya vino.  Ojalá pudiesen comprender lo que ha ocurrido en este mundo, de que él ha tocado el corazón de los hombres y mujeres de todo este mundo como resultado de su venida, y que esa es una de las grandes cosas que habían de acontecer.

Que Dios os bendiga; creo en las palabras de los profetas, y sé que esta Iglesia es el instrumento de que todos los santos profetas han hablado para prepararnos para la venida de nuestro Salvador.  Que El acelere ese día, lo ruego en el nombre del Señor Jesucristo.  Amén.

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