El amor de Dios

Conferencia General Octubre 1982

El amor de Dios

Rex C. Reeve

por el élder Rex C. Reeve
del Primer Quórum de los Setenta


Aunque las noticias diarias son alarmantes, y por todo el mundo hay violencia e incertidumbre, no habría problema, ya sea personal o nacional, que no pudiera resolverse con relativa facilidad si el hombre y las naciones del mundo se volvieran a Dios de todo corazón. ¡Sería tan sencillo!

Él es nuestro Padre, el Padre de nuestros espíritus, de los espíritus de todo el género humano. Somos sus hijos y Él nos conoce y nos ama. Quizás no apruebe todo lo que hagamos, pero podemos tener la seguridad de una cosa. . . de que ama a sus hijos. Sí, es un Padre Celestial amoroso, y siempre está a nuestra disposición.

Es reconfortante contemplar las maravillas del universo y de este hermoso mundo en que vivimos. Podemos ver Su mano en el incomparable orden con que se mueven los cuerpos celestes y en la delicada belleza de las flores, los árboles y Sus demás creaciones, todas como silencioso testimonio de Su existencia.

Cuan estimulante y edificante es presentarnos ante El en oración todas las mañanas y las noches, y sentir su proximidad y su amor por nosotros al reconocer su mano en todas las cosas y, en dependencia total, buscar su ayuda. Que gran bendición es poder acercarnos a la Fuente de vida y luz, y sentirnos fortalecidos y renovados con solo buscar y pedir.

El está presente aun en la tragedia. Cuando las condiciones son traumáticas y una vida está en peligro o queda irremediablemente dañada, cuando el futuro es sombrío, la esperanza dudosa y los días interminables, El está cerca. Entonces nos llena una reconfortante seguridad, como si nos dijera: «Estoy aquí; no te preocupes, que esto será para tu bien si lo soportas con valor. Ten confianza en mí.»

A1 hablar con el profeta Abraham, el Señor le explico el propósito de enviarnos a la tierra, diciendo:

«Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos materiales v haremos una tierra sobre la cual estos puedan morar;

«y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare. » (Abraham 3:2425.)

Sí, esta vida es un tiempo de probación y no de recompensa; esta vendrá más tarde. Estamos aquí para ser probados y estamos pasando la prueba ahora.

El Señor quiere conocer nuestros pensamientos porque, según nos enseñan las Escrituras, «cuál es su pensamiento en su corazón, tal es el» (Proverbios 23:7).

«. . . con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí. . .» (José Smith-Historia 19.)

Cuando nuestro corazón no está en lo correcto, el Señor retira su Espíritu de nosotros.

«. . . buscaron lo malo en su corazón, y yo, el Señor, retuve mi Espíritu.» (D. y C. 64:16.)

«. . . sé que el concede a los hombres según lo que deseen. . . » (Alma 29:4.)

«Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón. . . para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día.» (D. y C. 4:2.)

Con respecto a las ofrendas, el Señor ha dicho:

«Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomareis mi ofrenda.» (Éxodo 25:2.)

No se daba importancia a la ofrenda en sí, sino al hecho de que se diera «de corazón». Pienso que en el día del juicio no será tan importante saber que hicimos o en que servimos, sino más bien si lo hemos servido con todo nuestro corazón, si E1 ocupaba en nuestra vida el lugar preponderante.

La verdadera adoración sale del corazón.

Si el hombre y las naciones se volvieran a Dios sinceramente, cesarían las guerras, pues cuando el corazón del hombre está lleno de amor divino, este no tiene el deseo de destruir a su hermano. Tampoco existiría la deshonestidad si el amor de Dios morara en el corazón humano. Si El ocupara el lugar primordial en nuestra vida, todos amaríamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos y, en lugar de quitarles, siempre estaríamos dispuestos a dar.

En el hogar, si los padres tuvieran el amor de Dios en su corazón, si El fuera lo más importante en su vida, no existiría nunca el egoísmo; no habría discordias; se desvivirían por complacerse el uno al otro y encontrar la forma de ayudarse mutuamente, en vez de pensar en exigir de acuerdo con sus deseos y «derechos», lo cual destruye tantos hogares.

En realidad, el hogar es solamente el sentimiento que existe entre marido y mujer, lo que piensan el uno del otro y su relación con Dios. No es la casa donde viven, puesto que esta permanece mucho después que el hogar se ha deshecho.

Si el hombre y las naciones se volvieran a Dios de todo corazón, el día de reposo sería un día santo y sentirían el deseo de amarlo, servirlo, honrarlo y adorarlo siempre. Si, la adoración sale del corazón.

«Más si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallaras, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.» (Deuteronomio 4:29.)

A Jesús le hicieron esta pregunta:

«Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?

«Jesús le dijo: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.» (Mateo 22:3637.)

Es necesario que aumentemos el respeto, la veneración y el amor que sentimos hacia Dios el Padre y su Hijo Jesucristo; para ello, es preciso que tengamos el deseo de hacerlo y nos esforcemos, pues no es algo que se recibe automáticamente; como individuos que tienen la libertad de elección, debemos emplear nuestra voluntad y buscar y orar y suplicar. Y esto debe nacer de los profundos sentimientos del corazón. El Señor ha dicho:

«Porque donde este vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.» (Mateo 6:21.)

Maravillosos jóvenes varones de la Iglesia, volved vuestro corazón al Señor, haced que Él sea lo más importante en vuestra vida. Lo más grande que podéis hacer por el Señor, por vosotros mismos y por vuestra familia es prepararos para servir en una misión llevando su Evangelio a las personas que no lo conocen.

Este servicio será una bendición, no sólo para muchas otras personas, sino también para vosotros mismos. Vuestro amor por el Señor y por sus hijos aumentara, vuestra autoestima será mayor y crecerán vuestra comprensión y confianza en vosotros mismos. Estaréis más cerca del Señor y tendréis más sabiduría para ejercer Su santo poder. Al volver de la misión estaréis mejor preparados para ser líderes en el sacerdocio y padres más justos. Es lo mejor que podéis hacer para bendecir a otros y a vosotros mismos. Volveos al Señor, ponedlo a Él en primer lugar, preparaos para servirlo como misioneros.

Y vosotras, encantadoras jóvenes de la Iglesia, dad al Señor el lugar de más importancia en vuestra vida; volved a El vuestro corazón. E1 ha puesto en vosotras, sus hijas, una gran confianza. Preparaos para casaros en el templo y haced todos vuestros planes teniendo en cuenta esa meta. Vuestro ejemplo será una bendición, no sino para vosotras, sino para muchas otras personas.

A vosotros, padres, os digo que le deis al Señor el lugar de honor en vuestro corazón. Enseñad a vuestros hijos a amarlo y hacedles saber que Él es lo más importante en vuestra vida; enseñadles que El los ama y tiene grandes bendiciones para ellos, si son dignos y tienen el deseo de servirlo. Ayudadles a comprender lo maravillosa que es la unidad familiar a fin de que deseen ser parte de ella eternamente.

Si estos sagrados sentimientos existen en el corazón de sus padres y se expresan con la mirada, las palabras y las acciones, los hijos llegaran a conocerlo, y sentirán amor por El, por su palabra y sus profetas aun antes de aprender a leer.

Lo mejor que podéis hacer por vuestros hijos es amaros el uno al otro y dar a Dios el lugar de preferencia en vuestra vida. Esto fortalecerá vuestro hogar y salvaguardara a vuestra familia.

Vosotros, los que estáis solos y os enfrentáis con muchos problemas, también dadle el lugar de honor en vuestra vida. El Señor os ama. Al buscarlo y abrirle vuestro corazón ante El en oración, recibiréis fortaleza y fe para enfrentar las pruebas que se os presenten. No os las quitara, sino que os fortalecerá para que podáis llevar la carga. Recordad que Él os ama y estará siempre presente si lo buscáis.

Y vosotros, buenos amigos que todavía no disfrutáis de las bendiciones de su Evangelio restaurado, volved a El vuestro corazón y escuchad su voz. Al buscarlo, El hablara silenciosamente a vuestra alma por medio de su Espíritu.

Dios ha hablado al hombre nuevamente en nuestros días. Los cielos están abiertos, y El vuelve a comunicarse con el hombre por medio de su Profeta, como en tiempos antiguos. Ha restaurado Su poder del sacerdocio autorizando al hombre a actuar por El. Y ha restaurado su Iglesia, la cual pone al alcance de todos las ordenanzas salvadoras de su Evangelio. No tenéis que guiaros sólo por nuestras palabras, pues Él ha preparado una forma en que vosotros mismos podéis llegar a ese conocimiento.

Su inalterable mensaje dará verdadero propósito y nuevo significado a vuestra vida, y os hará sentir una plenitud y una paz que de ninguna otra manera podríais gozar. Miles de personas buscan y encuentran esto. Os invitamos a que también vosotros busquéis y encontréis, y, si lo deseáis, tendremos gran placer en ayudaros.

Si, la respuesta, la solución a todos los problemas y necesidades que tenemos, personales o nacionales, es volver a Dios nuestros corazones, hacer que E1 ocupe el lugar de honor en nuestra vida, obedecer sus mandamientos. Entonces todo será para nuestro bien, aun aquellas pruebas que parecen tan enormes y exigen tanto de nosotros; estas también resultaran ser bendiciones.

Debemos volvernos a Dios, ponerlo a Él en primer lugar en nuestra vida y especialmente en nuestro corazón. Os testifico que Él vive, que es nuestro Padre y que nos ama. E1 se acercará a nosotros tanto como se lo permitan nuestra manera de vivir y nuestros sentimientos. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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