La fe: la fuerza de la vida

Conferencia general Octubre 1982

La fe: La fuerza de la vida

Rex D. Pinegar

por el élder Rex D. Pinegar
del Primer Quórum de los Setenta


Quisiera dedicar mi discurso a aquellos que estén buscando fortaleza para vencer las dificultades de la vida.

No hace mucho recibí una nota de mi hija, que estaba preparándose para mudarse a otra ciudad para asistir a la universidad. Contenía un mensaje de tierno agradecimiento y también expresaba su preocupación por las responsabilidades que iba a tener que enfrentar. Decía que hasta ese momento había vivido bastante protegida y había dependido de su familia para que la guiara y le diera fuerzas. ¡Comenzaba a darse cuenta de que la vida es difícil!

La nota de mi hija me hizo recordar las conversaciones que he tenido durante los últimos meses con muchas personas de la Iglesia que parecen preguntarse: «¿Cómo puedo superar los problemas de la vida?»

La vida no es fácil; nos presenta muchos problemas. En cualquier época nos trae pruebas v dificultades que debemos sobrellevar; es difícil entrar en el mundo de los adultos; a menudo se siente el dolor de ser herido o dejado de lado. Seguir una carrera puede llevarnos hasta nuestro límite emocional, intelectual y económico. No es fácil cumplir una misión, pues esta requiere una dedicación total, tanto espiritual como física. Los problemas que acompañan al matrimonio y a la crianza de los hijos: el ganarse la vida; el soportar enfermedades, la vejez y la muerte- son realidades de esta existencia por las que tenemos que pasar, pero que no siempre estamos preparados o dispuestos a aceptar y superar.

Si comprendemos que encontrar obstáculos es algo natural en la vida, estaremos mas dispuestos a enfrentarlos y sobrellevarlos con mas valor. Un escritor dijo:

«Lo mejor es, si es posible, dejar de considerar que los aspectos desagradables de nuestro diario vivir son interrupciones de la vida real. La verdad es que lo que llamamos interrupciones son precisamente lo que constituye la vida real: la existencia que Dios nos manda día a día.» (They Stand Together: The Letters of’ C. S. Lewis to Arthur Greeves. ed. por Walter Hooper, Londres: Collins, 19791 pág. 499.)

Un antiguo relato asiático nos cuenta de un príncipe que se crió en un castillo donde lo mantenían aislado de la realidad de la vida. Nunca había visto a un enfermo, nunca a un anciano, ni había visto morir a nadie.

Cuando el príncipe llegó a la juventud, decidió visitar su reino. Mientras viajaba en una litera, vio por primera vez a un hombre anciano, desdentado, arrugado A encorvado por la edad.

El príncipe dijo a sus siervos:

-¡Deteneos, esperad! ; ¿que es eso?

El jefe de los sirvientes explicó: -Este es un hombre encorvado por la edad; aunque tu eres un joven fuerte, también te llegara el día en que envejecerás.

El príncipe se sintió descorazonado; enfrentarse con la vejez era mas de lo que podía soportar y pidió que lo llevaran de vuelta al palacio.

Después de pasar unos días entre lo que le resultaba conocido, se sintió rejuvenecer y decidió aventurarse a salir otra vez. En esa ocasión, al pasar al lado de un grupo de gente, vio que un hombre estaba tendido en el suelo, febril y convulsionado de dolor.

-¿Qué es eso? -preguntó el príncipe.

-Este es un hombre enfermo -le respondió el sirviente. Aunque eres joven y fuerte, tu también tendrás que sufrir enfermedades.

El príncipe se sintió desanimado y triste una vez mas y pidió que lo llevaran de regreso al palacio. Pero a los pocos días, quiso visitar el reino otra vez. No se habían apartado mucho del palacio cuando vio a algunos hombres que llevaban un féretro al lugar donde enterrarían el cuerpo.

-¡Deteneos! -exclamó-. ¿Que es eso?

Al describirle sus sirvientes lo que es la muerte, el joven príncipe se sintió tan deprimido con esta perspectiva del futuro que pidió que lo llevaran de regreso al palacio. Ya allí, rodeado de las comodidades que le eran familiares, juró que nunca mas volvería a salir.

El príncipe sacó en conclusión que la vida era una artimaña demoniaca porque no obstante quien fuera o lo que hiciera un hombre, todos sufrirían enfermedades, envejecerían y morirían.

Tal vez algunos de nosotros pensemos lo mismo de la vida. Tal vez sintamos que la vida es cruel e injusta y que quisiéramos encontrar un refugio y quedarnos allí para siempre. Hacerlo, sin embargo, sería desperdiciar las oportunidades de progreso que la vida puede ofrecernos.

El Señor puso a nuestro alcance un poder que puede transformar los problemas en oportunidades, una fuerza que nos permitirá comprender la declaración del apóstol Pedro cuando dijo que nuestra fe es mas preciosa que el oro. (1 Pedro 1:7.)

Hace unos cuantos años, enseñé una clase de seminario, y a fin del año de clase, nos pusimos a repasar los principios que habíamos aprendido en el estudio del Libro de Mormon. Una jovencita mostró a la clase una de las ilustraciones que hay en este de una pintura de Arnold Friberg, que mostraba a los 2.000 soldados jóvenes, los hijos de Helamán, y pregunto muy seria: «Hermano Pinegar, ¿por que los jóvenes de hoy no tienen este físico?»

Yo no se si los muchachos de la época del Libro de Mormon eran físicamente como Arnold Friberg los pinta, pero su pregunta me dio la oportunidad de preguntar a mi vez: «¿De donde provenía la fuerza de estos jóvenes?»

Todos los que han leído el Libro de Mormon conocen la historia de los hijos de Helamán (Alma 53:5658.). Cuando sus padres se convirtieron al evangelio, habían hecho un convenio con el Señor de que nunca mas volverían a tomar las armas. Pero, llego el día en que sus hogares peligraban y tenían que elegir entre pelear o morir. Fue entonces que los dos mil jóvenes, que no habían hecho el mismo convenio, estuvieron dispuestos a defender a sus padres y sus hogares.

El profeta describe a dichos jóvenes con estas palabras:

«Y todos ellos eran jóvenes, y sumamente animosos en cuanto a valor, así como en vigor y actividad; mas he aquí, esto no era todo; eran hombres que en todo tiempo se mantenían fieles a cualquier cosa que les era confiada.

«. . . si, sus madres les habían enseñado que si no dudaban, Dios los libraría.

«. . . y se habían batido como con la fuerza de Dios; si, nunca se había sabido que hombres combatieran con tan milagrosa fuerza; y con tanto ímpetu . . . » (Alma 53:20; a6:47, 56; cursiva agregada.)

¿Qué dio entonces a los hijos de Helamán su fortaleza? Su fe en Dios era lo que les daba el valor v la «milagrosa fuerza».

León Tolstoi, el famoso escritor ruso, dijo que «La fe es la fuerza de la vida». Tolstoi dedicó la mayor parte de su vida a descubrir cual era el propósito de esta. Gozo de la fama, una buena posición y fortuna, se casó y tuvo hijos. A los ojos del mundo, fue un hombre que tuvo mucho éxito en la vida.

Buscó conocer el significado de la vida por medio de sus estudios científicos, filosóficos, etc., Sin embargo, el conocimiento adquirido, los honores que recibió y el éxito que tuvo no le produjeron una satisfacción duradera. La vida todavía le parecía sin sentido. En un momento de profunda depresión, Tolstoi se pregunto: «¿Cómo debo vivir?» y la respuesta fue: «Por la ley de Dios».

Tolstoi entonces tuvo que admitir que «además del conocimiento que se obtiene por medio de la lógica, los seres humanos pueden obtener otra clase de conocimiento, uno que no esta fundado en el razonamiento, pero que le da propósito a la vida: se trata de la fe. La fe es la fuerza de la vida.» (How I Came To Believe, Christchurch, Nueva Zelanda: The Free Age Press, 1901, pagina 40.)

Tolstoi descubrió que, aunque una persona posea todo lo que pueda desear en cuanto a bienes mundanales y fama, si no tiene fe en Dios, la vida será para ella una carga emocional, mental e incluso espiritual. A veces, nos parece que los problemas que los demás tienen no son tan difíciles como los propios.

Algunos de nosotros pensamos que la vida no seria tan difícil si tuviéramos mas dinero, una mejor posición social o si fuéramos mejor aceptados por nuestros compañeros Hay quienes creen que si estuvieran casados, podrían ser verdaderamente felices; otros buscan desligarse de las responsabilidades matrimoniales con la idea de que su vida seria mas fácil.

No todos los problemas están relacionados con necesidades físicas o materiales. Pero la fortaleza para sobrellevar esas dificultades se obtiene por medio de la fe en Dios y de una constante felicidad. Creer en Dios y tratar de vivir su ley nos da el poder para vencer la desesperación que a veces nos acomete cuando tenemos problemas.

Un amigo mío de Carolina del Sur ha demostrado que una persona con una multiplicidad de problemas puede vencerlos Si mantiene su fe en Dios.

Laurie Polk es enano. Su vida ha sido difícil desde que nació Cuando tuvo edad, iba a la escuela en un triciclo especial para poder ir a la par de los otros niños. Debido a que sus cortas piernas le impedían participar en deportes se dedico a prepararse para entrar en el mundo de los negocios. Para conseguir empleo tuvo que perseverar y probar que valía; pero cuando lo consiguió, se sintió muy feliz y disfrutaba de la vida porque le gustaba su trabajo.

Después le sobrevino otra prueba. Como si fueran poco todas las limitaciones físicas que tenia, perdió la vista en un ojo. Casi en seguida, perdió casi por completo el uso de las piernas, y por si esto no fuera suficiente prueba para un hombre, se le desprendió la retina del otro ojo y quedo completamente ciego.

¿De donde obtuvo Laurie Polk la fortaleza para superar tal obscuridad y desesperación? Por medio del poder de la fe en Dios, este hombre aprendió el significado de la vida v tiene en su pequeño cuerpo fortaleza similar a la de los hijos de Helamán, por medio de la cual no solo puede sobrellevar las pruebas que se le presentaron, sino además encontrar verdadero gozo. El sabe que puede resolver cualquier problema si su vida se encuentra en armonía con Dios X si sirve a sus semejantes. Y dice: «Con la ayuda del Señor no existen los problemas, solo las oportunidades de progreso».

En la actualidad, Laurie Polk sirve como líder de grupo de los sumos sacerdotes en la Estaca Charleston de Carolina del Sur.

Al pasar por dificultades, he aprendido que la fe en Dios nos hace sentir un amor especial por El, que es reciproco y se traduce en bendiciones que recibimos cuando las necesitamos. A mi hija v a todas las personas que tienen que enfrentarse con momentos difíciles, les doy el mensaje de que no les teman a los problemas, sino que los enfrenten pacientemente con fe en Dios. El recompensara vuestra fe con la fuerza necesaria no solo para soportarlos, sino también para vencer las dificultades, los desengaños, las pruebas y la lucha de la vida diaria. Por medio de nuestro esfuerzo diligente en cumplir con la ley de Dios, y con fe en El, no podremos ser apartados de nuestro curso eterno por las costumbres ni por las alabanzas de los hombres.

Ruego que cada uno de nosotros adquiera suficiente fe en Dios como para pelear las batallas de la vida y vencerlas con «la fuerza de Dios» y con «milagrosa fuerza» (Alma 56:56). De esa forma encontraremos la felicidad que tanto deseamos en nuestra vida. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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