El lema es: cometido personal

Conferencia General Octubre 1983

El lema es: cometido personal

Marvin J. Ashton1élder Marvin J. Ashton
del Quórum de los Doce Apóstoles

“Para cosechar todos los beneficios que la vida nos ofrece, debemos llenar nuestros días con metas y principios dignos.  No existe otra manera.”


Recientemente tuve la oportunidad de felicitar a una señorita muy especial que terminó sus estudios universitarios.  Sabiendo que había logrado esta meta tan sobresaliente bajo condiciones extremadamente difíciles, le pregunté: “¿Te importaba decirme, en una palabra, cómo pudiste lograr esta gran meta?” Mientras ella pensaba por un momento, palabras como “valor”, “determinación” y “Valor” cruzaron por mi mente como anticipando su respuesta.  Sin vacilación alguna me contestó: “Elder Ashton, la palabra es cometido”.

La mayoría de nosotros que hemos escuchado del gran líder norteamericano Abraham Lincoln recordaremos las palabras que él dijo acerca de su madre: “Todo lo que soy, o lo que espero llegar a ser, se lo debo a mi madre angelical”. (Lincoln’s Phisolophy of Common Sense, ed.  Edward J. Kempf, New York, The New York Academy of Sciences, 1965, pág. 60.) Pero ¿cuántos sabemos cuáles fueron las últimas palabras de ella a su hijo?  Le dijo:

“Abraham, sé algo”.

Este no es sólo un consejo muy sabio, sino que también expresa el anhelo de la mayoría de los padres de que sus hijos lleguen a ser algo.  Palabras muy sencillas, pero ¡qué poderosas!  “Sé algo”.  Estoy muy complacido de que no dijo: “Sé alguien”.  Ella declaró: “Abraham, sé algo”.  Hay una gran diferencia.  El diccionario define la palabra alguien como “pronombre indeterminado con que se representa indistintamente a una persona cualquiera” mientras que algo es “cosa de alguna importancia; por pequeña que sea, tiene valor”.

La madre de Abraham Lincoln conocía a su hijo, su potencial y la senda llena de dificultades que tenía por delante; por lo tanto, deseaba que se comprometiera a ser firme e inmutable para vivir y promover obras de valor y fe en las vidas de toda la humanidad.

Sobre cada generación se derrama la voz de esperanza de aquellos que abogan en favor de una vida ejemplar, y el deseo de que uno viva utilizando lo máximo de sus habilidades y que cumpla con sus cometidos personales.

La verdadera felicidad no consiste en obtener algo; la verdadera felicidad es llegar a ser algo.  Esto se puede hacer cuando estamos comprometidos en metas importantes.  No podemos llegar a ser algo sin un cometido.

Dedicación, como palabra, no puede aparecer sola; siempre debemos preguntarnos, “¿dedicados a qué?” A medida que todos participamos en los programas de la Iglesia, necesitamos fijarnos metas a fin de poder cosechar las bendiciones que provienen de la autosuperación y de cumplir con nuestras asignaciones en una manera excelente.

“De cierto os digo que los hombres deben estar anhelosamente empeñados en una causa buena, y hacer muchas cosas de su propia voluntad y efectuar mucha justicia;

“porque el poder está en ellos, y en esto vienen a ser sus propios agentes.  Y en tanto que los hombres hagan lo bueno, de ninguna manera perderán su recompensa.

“Mas el que no hace nada hasta que se le manda, y recibe un mandamiento con corazón dudoso, y lo cumple desidiosamente, ya es condenado.” (D. y C. 58:27-29.)

Cuando estamos en búsqueda de causas buenas, debemos considerar nuestras necesidades y también debemos vivir de acuerdo con las enseñanzas del evangelio.

Durante el Seminario para Representantes Regionales, el 3 de abril de 1975, el presidente Spencer W. Kimball dijo: “Creo en las metas; pero creo que el individuo debe fijarse las propias.  Las metas siempre deben trazarse hasta el punto en que nos permitan esforzarnos hasta lo máximo.  Lo que determina si tuvimos éxito no es siempre alcanzar la meta, sino el haber progresado.”

Al establecernos metas necesitamos examinar nuestras necesidades y habilidades.  El camino al cual nos estamos dirigiendo es mucho más importante que nuestra situación presente. El fijar metas debe contribuir a nuestro desarrollo a medida que nos encaminamos hacia ellas.

Es muy difícil hacernos un autoexamen.  Las encuestas han mostrado que la mayoría de las personas se adjudican el éxito a sí mismas, pero culpan a otros o a fuerzas externas por sus fracasos.  Sería bueno que cuando nos enfrentamos con problemas, nos hiciéramos la misma pregunta que se hicieron los Doce Apóstoles durante la Ultima Cena: “Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce.

“Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.
“Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor?” (Mateo 26:20-22).

Cuando nuestro progreso parece estar estancado, es bueno preguntarnos quién es el culpable. ¿Soy yo? ¿Estoy lo suficientemente comprometido a una causa justa? ¿Tengo el valor, la fortaleza y la sabiduría para autoexaminarme, o trataré de decidir cuál de mis colegas fracasará?

William Clement Stone, un millonario de Chicago, en una entrevista dijo: “Sólo cuando se tiene la iniciativa y la tenacidad para llegar a ser algo, se tendrá éxito en cualquier campo”.  Añadió: “No importa cuáles sean tus creencias religiosas, lee la Biblia, el libro de más inspiración de todas las épocas, y aprende a emplear el poder de la oración”.  Este hombre había aprendido el valor de tener un cometido personal.  Poseía el “deseo de lograr algo”. También había aprendido a buscar la dirección, inspiración y ayuda de Dios.

Muchas personas son inspiradas por metas espirituales.  La pregunta es: “¿Por qué razones?” ¿Es debido a los buenos sentimientos y recompensas prometidas, o es por el temor de no estar viviendo de acuerdo con los mandamientos?  La mejor motivación es hacia lo positivo.  La dedicación total a los principios correctos del evangelio nos brinda gozo, satisfacción y una vida abundante.

Dale Carnegie en una ocasión dijo: “Si no estás en camino de convertirte en la persona que deseas ser, automáticamente estás en el proceso de llegar a ser la persona que no deseas ser”.  Sin embargo, debemos comprender que todos nuestros problemas no se pueden resolver a la vez.  El cometido personal de solucionar nuestros problemas diarios y de lograr metas inmediatas más pequeñas nos brindará un éxito de mucho valor.  Comprendamos que Dios nos juzgará por la manera que hagamos uso de todos nuestros recursos.  Es muy sabio y correcto desear obtener lo mejor de cada oportunidad; pero no nos demos por vencidos o nos lamentemos por los fracasos y desilusiones.  Las metas grandes se pueden dividir para que sea más fácil su logro.  Entonces la propia estimación aumentará y el cometido personal a metas de mayor magnitud será posible.  La senda hacia el éxito es larga y está llena de una serie de compromisos para alcanzar metas de mucho valor.  Una persona no está dedicada a metas importantes sólo por haber hecho una declaración o tomado una decisión.  Debe existir un progreso diario hacia los propósitos establecidos.

Cuando una persona está totalmente dedicada, la fortaleza y otros talentos son evidentes.  La ayuda llega de fuentes inesperadas. ¿Quiénes de nosotros no hemos aceptado alguna asignación con temor sintiéndonos totalmente incapacitados para tomar dicha responsabilidad?  Sin embargo, con dedicación y obediencia seguimos adelante, trabajando diligentemente y orando a menudo. Cuando se cumple con esa tarea, para nuestra sorpresa nos damos cuenta de que hemos tenido éxito.  Humildemente comprendemos que nuestras habilidades han aumentado.

Goethe escribió: “Todo lo que creas que puedes hacer, o sueñes que puedes lograr, empiézalo.  La intrepidez posee genio, poder y magia”. (Faustus, A dramatic Mystery: Prelude at the Theatre, 1:303, 1835.) Añadiremos que un cometido personal también tiene genio, poder y magia.

Las Escrituras lo dicen de la siguiente manera: “… porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado”. (1 Nefi 3:7.)

Una persona verdaderamente dedicada no titubea frente a la adversidad.  Si uno no está comprometido a una causa buena existe la posibilidad de vacilar, de salirse del curso trazado o de ser ineficaz.  Los miembros dentro de nuestras filas que tengan el cometido personal de vivir el evangelio de Jesucristo no se sentirán afectados por las filosofías de insultadores.

Cuanto más pasa el tiempo, más hostiles parecen nuestros enemigos.  Tienen el propósito de engañar no sólo a aquellos que no tienen un cometido personal sino también a los electos.  Critican a nuestros líderes, se burlan de lo que nosotros consideramos sagrado y se mofan de las ordenanzas y convenios que nosotros sabemos son verdaderos y santos.  Se deleitan en descubrir y dar a conocer los errores y debilidades humanas de nuestros líderes tanto pasados como presentes, en lugar de reconocer y beneficiarse con las verdades que éstos han enseñado.  Van al árbol y, en lugar de gozar del fruto, hacen hincapié en las cicatrices del tronco.

No seamos engañados: Dios no será burlado.  No tenemos la intención de discutir o solicitar que se nos conceda tiempo suficiente para ello.  Invitamos a todos los disidentes así como a todos nosotros a abrir los ojos y ver las maravillas y los gozos que están al alcance de aquellos que caminan por Su senda buscando el bien.

Por ejemplo, es un día muy triste en la vida de cualquier individuo o grupo cuando debido a su capacidad, actitud y propia decisión asisten a un partido de pelota y juzgan a los participantes por lo sucio de los uniformes en lugar de ver las cosas positivas que éstos tienen o han logrado.

De la misma manera, ¿dónde encuentran placer aquellos que asisten a un partido de pelota y en lugar de aplaudir al que anotó el tanto ganador mencionan de acuerdo con la información que tienen, que cuando esa estrella del equipo iba a la escuela lo dejaban después de hora por su mala conducta?  Ay de aquellos que se deleitan en la basura y en lo desagradable en lugar del buen fruto.

Contrario a estas actitudes es el ejemplo de una viuda, ya anciana y conocida nuestra, que asiste al templo cada mañana, se pasa el día en las sesiones y regresa a casa en el ómnibus, cansada y agotada; y lo hace porque, según dice, “Amo a todos, aun a los que no puedo ver”.  Y a la pregunta “¿Cuántas veces asiste?” contesta: “Voy todos los días que el templo está abierto.  Algunas veces cuando no me siento muy bien, me cuesta más, pero de alguna manera asisto.” La palabra es: cometido personal.

Todos tenemos ojos, oídos y una mente para elevarnos, guiarnos y amar.  La dedicación total a Dios y a sus preceptos no nos permitirá participar en crítica destructiva, venganza o conducta inapropiado.  Deberíamos comprometernos a marchar hombro a hombro en la batalla para salvar almas en lugar de destruir, condenar y rebajar a nuestro prójimo.

La conversión de Pablo vino acompañada de un cometido personal.  José Smith puso su dedicación antes que su propia vida.  Desde que recibió la primera visión hasta su martirio, fue víctima de una amarga persecución, vilipendios y burlas, pero a pesar de la tremenda adversidad nunca desmayó.  Como se encuentra anotado en su historia: “Sin embargo, no por esto dejaba de ser un hecho el que yo hubiera visto una visión.  He pensado desde entonces que me sentía igual que Pablo, cuando presentó su defensa ante el rey Agripa y refirió la visión, en la cual vio una luz y oyó una voz.  Mas con todo, fueron pocos los que lo creyeron; unos dijeron que estaba mintiendo; otros, que estaba loco… Pero nada de esto destruyó la realidad de su visión.  Había visto una visión, y él lo sabía… Así era conmigo.  Yo efectivamente había visto una luz, y en medio de la luz vi a dos Personajes, los cuales en realidad me hablaron; y aunque se me odiaba y perseguía por decir que había visto una visión, no obstante, era cierto; … Porque había visto una visión; yo lo sabía, y comprendía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo; por lo menos, sabía que haciéndolo, ofendería a Dios y caería bajo condenación.” (José Smith-Historia 24-25.)

Ciertamente ni Pablo ni José Smith abandonaron su obra aunque se enfrentaron a pruebas muy difíciles.  Como se mencionó hace un momento, en nuestros días hay aquellos que están sembrando las semillas de la disensión y la discordia.  Con medias verdades y calumnias se esfuerzan por guiar a los miembros de la Iglesia de Jesucristo a la apostasía.  Algunas veces pienso cuán cristiano es llamar a otro anticristiano cuando nos referimos a su conducta.  Aquellos que están firmemente dedicados a vivir el Evangelio de Jesucristo no serán confundidos, perturbados o guiados por el mal camino.

Si profesamos ser Santos de los Últimos Días, comprometámonos a vivir como verdaderos Santos de los Últimos Días, teniendo a Jesucristo como nuestro maestro principal.

No es muy tarde todavía para comprometernos a vivir totalmente el evangelio mientras estamos en esta tierra.  Cada día deberíamos decidirnos a obrar en una forma altamente cristiana, porque el comprometernos a vivir los principios del evangelio de Jesucristo es esencial para nuestro gozo y felicidad eternos.  El día para comprometernos y volvernos a comprometer es ahora.

Estoy pensando en un niñito de cinco años que durante la noche se cayó de la cama y se fue llorando hasta la cama de la madre.  Cuando ésta le preguntó, “¿Por qué te caíste de la cama?”, él contestó: “Me caí porque no estaba bien adentro”.

La experiencia de los años me ha enseñado que aquellos que se apartan de la Iglesia, hablando en términos generales, son los que desde un principio no estaban lo suficientemente adentro.

En otras palabras, entre aquellos que están comprometidos en una causa justa y los que no lo están hay una diferencia entre las palabras “querer” y “hacer”.  Por ejemplo, “quiero pagar los diezmos, pero nuestros fondos son muy limitados”, o “voy a pagar los diezmos”; “si tengo tiempo, quiero ir a la reunión sacramental”, o “iré a la reunión sacramental”.  “Quiero destacarme como maestro, pero los niños son tan ruidosos” o “voy a ser un buen maestro”.

Para cosechar todos los beneficios que la vida nos ofrece, debemos llenar nuestros días con metas y principios dignos.  No existe otra manera.  A medida que estos cometidos personales nos guíen a la acción, encontraremos mayor desarrollo y tendremos otra perspectiva que nos conducirá a una vida productiva aquí sobre la tierra y nos abrirá la puerta a la vida eterna con nuestro Padre Celestial.

El lema es cometido personal. Para llegar a ser algo, debemos tener dedicación.  Dios es nuestro Padre, Jesús es nuestro Salvador, y ésta es su Iglesia.  Que podamos comprometernos a vivir una vida como Cristo, a pesar del ambiente o la oposición que tengamos, es mi oración en el nombre de Jesucristo, nuestro Redentor.  Amén.

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Una respuesta a El lema es: cometido personal

  1. Eduardo dijo:

    Magnifica lectura ……. Por que refuerza el animo y la actitud , para poder realizar nuevas metas y apartir de ella poder vivir mis compromisos personales con total diligencia y total plenitud.
    Me ayuda totalmente…….

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