Se ha extraviado vuestro hijo?

Conferencia General Octubre 1983

¿Se ha extraviado vuestro hijo?

élder Howard W. Hunter
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

«Hay padres que quizás se juzguen muy duramente como tales, y que permitan que esos sentimientos destruyan su vida, cuando en realidad han hecho lo mejor que podían y deben seguir con fe.»


Las Autoridades Generales tenemos el privilegio de conocer a miembros de la Iglesia en todo el mundo, y reunirnos con ellos; miembros que han llevado una vida correcta y criado a su familia bajo la influencia del evangelio.  Estos santos han gozado de las grandes bendiciones y el consuelo que se reciben al examinar, como padres, abuelos y bisabuelos, el largo y bien recompensado esfuerzo que han hecho.  A cada uno de nosotros nos gustaría sentir lo mismo.

Sin embargo, hay muchos padres en la Iglesia y en el mundo que tienen sentimientos de culpabilidad e indignidad, porque algunos de sus hijos se han alejado del rebaño o se han extraviado.  Mis comentarios de hoy se dirigen principalmente a esos padres.

Básicamente, sabemos que, aunque los padres conscientes dan lo mejor de sí, casi todos han cometido errores.  No es posible embarcarse en una empresa como la de la paternidad sin llegar pronto a darse cuenta de que se cometerán muchos errores a lo largo del camino.  Ciertamente, cuando nuestro Padre Celestial confía sus hijos espirituales al cuidado de padres jóvenes e inexpertos, El sabe que éstos tomarán decisiones equivocadas.

Toda pareja de padres pasa por muchas «primeras experiencias» que los ayudan a adquirir comprensión y prudencia, y, como sucede al arar tierra por primera vez, hay posibilidad de cometer errores.  Al llegar el primer hijo, los padres deben tomar decisiones sobre la forma de enseñarle y capacitarlo, de corregirlo y disciplinario.  Pronto llega el día del primer triciclo, y el primer día de clase.  Luego, al llegar a la adolescencia, la primera salida con los amigos, el primer problema con las notas de la escuela, y, posiblemente, la primera vez que pida para volver tarde a la casa o para que le compren algo de valor.

Por cierto, es muy raro el padre o la madre que recorran este difícil camino sin caer en equivocaciones, especialmente en esas primeras experiencias en las que les falta práctica y comprensión.  Aun después de estar más capacitados, la segunda y tercera vez que se presenta uno de esos casos, a veces no resultan más fáciles que la primera, ni se cometen menos errores.

¿Puede haber responsabilidad más difícil que la de moldear apropiadamente a los jóvenes?  Hay numerosos factores que determinan el carácter y la personalidad de un niño.  Probablemente es cierto que, en muchos o en la mayoría de los casos, los padres son la mayor influencia para modelar al niño; pero a veces hay otras influencias que también son importantes.  Nadie sabe hasta qué punto influye la herencia en las personas.  Lo que es bien sabido es que los hermanos, los amigos y maestros, los vecinos y los líderes scout tienen un importante efecto.

Sabemos también que las influencias no se limitan a la herencia o a la gente que rodea al niño o al adolescente; también pueden afectarlo las «cosas» que están a su alrededor, cosas como la casa, los juguetes y el vecindario. Lugares de juegos, deportes, la ropa y la televisión o la falta de éstos, tendrán su efecto sobre él.

Debemos comprender que, con la cantidad de influencias y las innumerables decisiones, cada una con tantas alternativas para considerar, aunque los padres se esfuercen por ser prudentes, siempre tomarán alguna decisión errada. Es casi imposible decir y hacer siempre lo correcto en todo momento.  Creo que estaremos de acuerdo al decir que, como padres, hemos cometido errores que tuvieron un efecto negativo en la actitud o el progreso de un hijo.  Por otra parte, si los padres hacen lo que es más justo o toman la decisión más correcta de acuerdo con las circunstancias, los jóvenes a menudo responden en forma negativa a esa decisión.

Ya sea que los padres hayan cometido un error, o, que por otra parte, nunca hayan caído en una equivocación con su hijo, pero que aun así la oveja se haya alejado del redil, hay algunos conceptos que deseo compartir con vosotros.

Primero, esos padres no están solos.  Nuestros primeros padres conocieron la aflicción y el dolor de ver que algunos de sus hijos rechazaban las enseñanzas de la vida eterna. (Moisés 5:27.) Siglos después, Jacob se enteró de los celos y la malicia de sus hijos mayores hacia su amado José. (Génesis 37:1-8.) El gran profeta Alma, quien tenía un hijo llamado también Alma, oró incansablemente al Señor por la actitud rebelde de ese hijo, y no hay duda de que estaba lleno de preocupación por la discordia e iniquidad que su hijo sembraba entre los miembros de la Iglesia. (Mosíah 27:14.) Nuestro Padre Celestial también ha visto a muchos de sus hijos espirituales perderse en el mundo; El conoce vuestro dolor.

Segundo, debemos recordar que por lo general los errores en las decisiones no son tan serios como los errores de intención.

Tercero, aun si se ha cometido un error con pleno conocimiento y comprensión, existe el principio del arrepentimiento, que alivia el dolor y consuela.  En lugar de retener en la memoria aquello que consideramos un error, un pecado o un fracaso, lo cual va en perjuicio de nuestro progreso en el evangelio o de nuestras relaciones con familiares o amigos, sería mejor que tratáramos de alejarlo de nosotros.  Como pasa con cualquier error, podemos arrepentirnos sintiendo remordimiento y tratar de corregir o rectificar las consecuencias hasta donde sea posible.  Pero debemos mirar al futuro con renovada fe.

Cuarto, no perdáis la esperanza con un joven que se ha extraviado; muchos que parecían totalmente perdidos han vuelto.  Debemos orar constantemente por ellos y, si es posible, hacerles sentir nuestro amor y preocupación.

Quinto, recordemos que, sean buenas o malas las acciones de nuestros hijos, la nuestra no ha sido la única influencia que ha contribuido a ellas.

Sexto, sabed que nuestro Padre Celestial reconoce nuestro amor, sacrificio y preocupación, aun cuando nuestros grandes esfuerzos no hayan tenido éxito. Aunque los padres a menudo tienen el corazón destrozado por el dolor, deben comprender que, cuando han enseñado a sus hijos principios correctos, éstos son responsables de sus propios actos.

Séptimo, por grandes que sean el sufrimiento, la preocupación, el pesar y la angustia, es necesario buscar una forma de que sirvan de provecho, quizás para ayudar a otros a evitar el mismo problema, o para aumentar en nosotros la comprensión de lo que sienten aquellos que tienen una lucha similar.  Nuestra comprensión del amor e nuestro Padre Celestial ciertamente aumentará cuando, por medio de la oración, nos demos cuenta de que El nos entiende y desea que miremos adelante con esperanza.

El octavo y último punto que debemos recordar es que cada persona es diferente y única, cada uno de nuestros hijos lo es.  Así como todos empezamos nuestra carrera en esta vida en momentos diferentes, y así como cada uno de nosotros tiene sus propios puntos débiles y fuertes y sus propios talentos, cada uno de nuestros hijos tiene sus propias características.  No debemos dar por sentado que el Señor juzgará a uno con la misma medida que a otro.  Muchas veces los padres pensamos que hemos fracasado si nuestro hijo no sobresale en todo.  Mas debemos tener mucho cuidado de cómo nos juzgamos.

No me interpretéis mal: Las responsabilidades de los padres son de máxima importancia, y los resultados de nuestros esfuerzos tendrán consecuencias eternas para nosotros y para los jóvenes que criemos.  Toda persona que se convierte en padre tiene la estricta obligación de proteger, amar y ayudar a sus hijos a regresar a nuestro Padre Celestial.  Todo padre debe comprender que el Señor no considerará inocente a aquellos que descuiden estas responsabilidades.

Después del éxodo, y mientras el pueblo de Israel estaba en el desierto, al instruirlo Moisés le enseñó que los padres debían enseñar los mandamientos del Señor a sus hijos en el hogar.  El les dijo:

«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;

“y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.» (Deuteronomio 6:6-7.)

No debemos dejar que Satanás nos engañe haciéndonos pensar que todo está perdido.  Sintamos la satisfacción de lo bueno que hemos hecho; rechacemos y eliminemos de nuestra vida todo lo malo; recurramos al Señor en procura de perdón, fortaleza y consuelo, y luego sigamos adelante.

Los padres que han tenido éxito son los que han amado, los que se han sacrificado, los que se han preocupado, han enseñado y han atendido a las necesidades de sus hijos.  Si habéis hecho todo eso y aún así vuestro hijo es desobediente, contencioso o mundano, puede muy bien ser que, a pesar de ello, hayáis sido buenos padres.  Es posible que entre los jóvenes que han venido al mundo haya hijos que serían un problema para cualquier pareja de padres, bajo cualquier circunstancia.  En la misma manera, quizás haya otros que serían una bendición y un gozo para cualquier padre o madre.

Me preocupa el pensar que hay padres que quizás se juzguen muy duramente como tales, y que permitan que esos sentimientos destruyan su vida, cuando en realidad han hecho lo mejor que podían, y deben seguir con fe. Que todos los padres puedan encontrar gozo en los esfuerzos que hacen por sus hijos, es mi oración en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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