Un llamado al sacerdocio: «apacienta mis ovejas»

Conferencia General Abril 1983

Un llamado al sacerdocio: «Apacienta mis ovejas»

Ezra Taft Benson

por el Presidente Ezra Taft Benson
del Quórum de los Doce Apóstoles

«Queremos que vigiléis, que alimentéis, que cuidéis, y que os dediquéis al rebaño y, en el caso de que algunos se pierdan temporariamente, queremos que los encontréis.»


Mis amados hermanos: ¡Qué hermosa vista! ¡Cuánto apreciamos el servicio que rendís al Señor con tan buena voluntad! Sé que el Señor os bendecirá.

A todos vosotros jovencitos poseedores del Sacerdocio Aarónico, os digo que os amamos y apreciamos. Nos sentimos muy agradecidos por vuestra dedicación y fidelidad. De corazón, os pido hoy que os comprometáis a manteneros puros y dignos para servir al Señor todos los días de vuestra vida. En ello se basa la verdadera felicidad.

Esta noche quiero dirigirme a todos los líderes del sacerdocio, a todos vosotros que sois responsables por los hijos de nuestro Padre Celestial. Mi mensaje es: Un llamado al sacerdocio: «Apacienta mis ovejas.»

La mayoría de vosotros estará familiarizado con la manera en que el Señor describe a los miembros de la Iglesia y a sus líderes. Llama ovejas a los que lo siguen fielmente y pastores a los líderes del sacerdocio.

Recordemos Su inolvidable ejemplo del interés de un pastor por Sus ovejas:

«Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?
«Y si acontece que la encuentra, . . . se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.» (Mateo 18:12, 13.)

En el tiempo de Jesucristo, los pastores de Palestina se destacaban por la manera en que protegían sus ovejas. Contrario a lo que hacen los cuidadores de ovejas actuales, los pastores siempre caminaban delante del rebaño, guiándolo. El pastor conocía a cada una de sus ovejas y por lo general les ponía nombres. Las ovejas le conocían la voz y confiaban en él y no seguían a un extraño. Por lo tanto, cuando él las llamaba las ovejas acudían. (Véase Juan 10:14, 1 7.)

Por la noche, los pastores llevaban las ovejas al redil. Este corral estaba rodeado de muros altos y arriba de estos se colocaban ramas con espinas para que los animales salvajes y los ladrones no pudieran asaltarlas.

No obstante, a veces un animal salvaje, acosado por el hambre, saltaba el muro y caía en medio de las ovejas, asustándolas. Ante esta situación se veía la diferencia que había entre el pastor, el cual amaba a las ovejas, y el peón, que sólo trabajaba por obligación y por la paga.

El verdadero pastor estaba dispuesto a dar su vida por las ovejas. Las defendía y protegía. El peón, por el contrario, valoraba más su seguridad personal que el bienestar de las ovejas y usualmente escapaba del peligro.

Jesucristo utilizó esta ilustración tan común en su época para declarar que El era el Buen Pastor, el verdadero Pastor. Debido al amor que tenía por sus hermanos y hermanas, de buena voluntad perdería la vida por ellos. (Juan 10:17, 18.)

Finalmente, el Buen Pastor dio su vida por las ovejas -por vosotros, por mí, por todos nosotros.

Más adelante, después de su resurrección, Jesucristo le dijo a Pedro: «Apacienta mis corderos . . . pastorea mis ovejas . . . apacienta mis ovejas.» (Juan 21:15-17.)

Tres veces se le dio este mandato al recién designado pastor principal. ¿Pensáis que Pedro recordaba la parábola del Buen Pastor?

¿Creéis que Pedro recordaba cómo debía ser un buen pastor, y cuáles eran sus deberes?

¿Pensáis que alguna vez puso en tela de juicio el ejemplo del Señor por considerarlo demasiado idealista?

Por el contrario, debe de haberle causado gran impresión, porque la tradición dice que él también dio su vida por la causa.

El simbolismo del Buen Pastor encuentra su paralelo en la Iglesia de la actualidad. Las ovejas necesitan ser guiadas por pastores cuidadosos.

Muchas andan extraviadas, algunas atraídas por distracciones temporarias, pero otras completamente perdidas. Considerad cuidadosamente los ejemplos que voy a mencionar de varias estacas, los cuales ilustran la magnitud del problema.

—Una de las estacas del Este de los Estados Unidos tiene poco más de 300 poseedores del Sacerdocio de Melquisedec y un número casi igual de candidatos a élder; en otras palabras, ovejas perdidas.

—Una estaca de Salt Lake City tiene 1.100 poseedores del Sacerdocio Aarónico, pero también tiene 1.100 candidatos a élder. Nos preguntamos, ¿dónde están los pastores?

—Una estaca de Inglaterra tiene 360 poseedores del Sacerdocio Aarónico y más de 800 candidatos a élder, un porcentaje muy pequeño de los cuales asiste a las reuniones. Nos preguntamos, ¿cómo pueden sobrevivir las ovejas sin tener la seguridad del redil y el cuidado de un pastor que las ama?

Sabemos que se pueden obtener muy buenos resultados cuando los pastores, por medio de un esfuerzo bien planeado, demuestran interés.

En una estaca del sur de Utah, se han coordinado esfuerzos para reactivar a los candidatos a élder. En un período de dos años más de 100 hombres fueron ordenados élderes en el Sacerdocio de Melquisedec. Estas ordenaciones aumentaron la asistencia a la reunión sacramental en un 14 por ciento.

Una estaca de Arizona ordenó a 47 candidatos a élder en el Sacerdocio de Melquisedec; otra, en el estado de Washington, ordenó la misma cantidad de hermanos. Ambas continúan valiéndose de los seminarios de preparación para el templo.

Los distritos de una misión de Gran Bretaña reactivaron más de 600 miembros con la ayuda de los misioneros regulares y de estaca.

Una de las estacas en Sudamérica, por medio de la oración y mucho esfuerzo, reactivaron a 146 candidatos a élder en menos de un año. Y en la actualidad, más de 45 se hallan preparados para que se les ordene al Sacerdocio de Melquisedec.

Nos damos cuenta de que, así como en el pasado, algunas de las. ovejas se rebelaron porque son como «un rebaño silvestre que huye del pastor» (Mosíah 8:21). Pero la mayoría de los problemas se originan en la falta de interés y de cuidado de los pastores.

Por medio de la atención del pastor, muchos de los miembros nuevos, los que recién han nacido con respecto al evangelio, pueden alimentarse con el conocimiento del evangelio y las nuevas normas que aprenden. Dicho cuidado aseguraría que no volvieran a los malos hábitos y a las viejas amistades.

Si tuvieran el cuidado afectuoso de un pastor, muchos de nuestros jóvenes, nuestros corderos, no se encontrarían extraviados. Y si se encontraran en estas condiciones, el bastón del pastor, o sea, un brazo cariñoso, los llevaría al redil.

Por medio del interés del pastor, muchos de los que ahora no pertenecen a la majada pueden hacerse volver a ella. Algunos se han casado fuera de la Iglesia y viven la misma vida que sus cónyuges.

Vuelvo a repetir que el problema es muy serio y de considerable magnitud. No ofrecemos nuevas soluciones a este viejo problema. La asignación que Jesucristo le dio a Pedro, la cual recalcó tres veces, es el método comprobado para solucionar este problema: «Apacienta mis corderos pastorea mis ovejas . . . apacienta mis ovejas.»

La solución, por lo tanto, es pastorear al rebaño. En otras palabras, es cuidar por medio del sacerdocio. Se necesita el interés sincero de un verdadero pastor y no basta lo poco que pueda sentir un peón.

Menciono algunas preguntas que todo buen pastor debe hacerse: Pastores-Maestros Orientadores: ¿Cuidáis a las familias que se os han asignado?

¿Atendéis a sus necesidades? ¿Os interesáis por el bienestar de estas familias al punto de saber cuáles son sus intereses, sus cumpleaños y lo importante que les sucede, y de orar continuamente por ellos?

Cuando necesitan ayuda, ¿sois vosotros los primeros que acudís? ¿Os llama el jefe de familia a vosotros primero que a nadie?

¿Os dais cuenta de las necesidades de cada uno de los miembros de la familia?

Cuando una de esas familias se muda, ¿sabéis a dónde van? ¿Os preocupáis de obtener su nueva dirección? ¿Tratáis de averiguarla con los vecinos, amigos o familiares?

Pastores—presidentes de estaca, obispos y líderes de quórum:

¿Dais la bienvenida a los nuevos conversos?

¿Pueden ellos sentir que estáis interesados en su bienestar? ¿Invitáis a los nuevos miembros a visitaros a vuestras casas?

¿Saben lo que es la noche de hogar y cómo llevarla a cabo?

¿Hacéis que la familia nueva se sienta cómoda en vuestra presencia? ¿Ordenáis a los miembros varones al sacerdocio enseguida del bautismo?

¿Les extendéis llamamientos dentro de la Iglesia?

Pastores—presidentes de estaca, obispos, líderes de quórum: ¿Dejáis a las noventa y nueve y os ponéis a buscar a la que está perdida? ¿Son los asesores y otros miembros que llamáis para trabajar con la juventud personas que pueden acercarse a ellos, comprenderlos y hablarles a su nivel?

¿Tenéis funcionando el programa para la juventud y estáis utilizándolo para satisfacer las necesidades especiales de este grupo?

¿Os preocupáis e interesáis por los jóvenes solteros, los divorciados, y los que tienen necesidades especiales?

¿Preparáis espiritualmente y con esmero a los que entran en las fuerzas armadas?

¿Os preocupáis por los jóvenes especialmente en el período de transición del Sacerdocio Aarónico al Sacerdocio de Melquisedec?

Obispos, ¿os aseguráis de que queden bajo el cuidado de su nuevo pastor, el presidente del quórum?

¿Proporcionáis a los ex misioneros suficientes oportunidades de servir en la Iglesia a fin de que estos jóvenes y señoritas no se vuelvan gradualmente inactivos por no tener la ocasión de servir como lo han estado haciendo en los últimos dieciocho meses?

¿Utilizáis a las maestras visitantes para suplementar las visitas de los maestros orientadores?

¿Enseñáis a los padres sus responsabilidades? ¿Efectuáis seminarios de preparación para el templo para ayudar a los candidatos a élder a prepararse para recibir el Sacerdocio de Melquisedec y entrar al templo?

¿Asignáis a los candidatos a élder de más edad al grupo de sumos sacerdotes y les invitáis a reunirse con los que se sientan más cómodos?

¿Invitáis a los candidatos a élder jóvenes a participar de las reuniones con el quórum de élderes?

Algunos líderes dicen que algunas personas son casos perdidos, pero, como el ángel le dijo a Abraham, nada es imposible para el Señor. (Véase Gén. 18:14.) Un hermano, que decían que era uno de estos casos, le dijo a un obrero del templo en el altar de sellamientos, con lágrimas en los ojos: «No sé por qué esperé tanto para recibir esta bendición.»

Recientemente, en una reunión de líderes en un sábado de tarde, oí decir a un hermano: «He tenido muchos problemas con Satanás desde que empecé a activarme. Antes, me limitaba con seguirle la corriente.»

¿Estamos ayudando al que necesita fuerzas porque ha empezado a activarse?

Pastores-presidentes de estaca, obispos y líderes de quórum: ¿Lleváis control de los registros y cédulas de los miembros que están bajo vuestro cargo, especialmente los que no asisten a las reuniones?

¿Tratáis de que los maestros orientadores averigüen las direcciones cuando se mudan del barrio, o os sentís contentos de deshaceros de ellos y enviáis sus cédulas de miembro al archivo de las «direcciones desconocidas»?

Pastores-padres en Israel: ¿Tenéis oraciones familiares por la mañana y por la noche?

¿Lleváis a cabo la noche de hogar en forma regular, una vez por semana, y la hacéis espiritual e inspiradora?

¿Sois el líder espiritual del hogar? ¿Dais el ejemplo que debéis? ¿Oráis por el bienestar de los vuestros?

¿Les amáis?

¿Daríais la vida por ellos? Pastores-todos los que poseen el sacerdocio:

Os rogamos solemnemente que evaluéis vuestro cumplimiento en cuanto a estos asuntos.

Os decimos, como Pablo les dijo a los élderes de Efeso:

«. . . mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual El ganó por su propia sangre.» (Hechos 20:28.)

Os repetimos el mandato de Jesús a Pedro. Lo hacemos con el mismo énfasis, con la misma insistencia: «Apacienta mis corderos . . . pastorea mis ovejas . . . apacienta mis ovejas.»

Os instamos a que os comportéis con renovada dedicación. Queremos que hagáis algo que no habéis hecho hasta ahora. Queremos que vigiléis, que alimentéis, que cuidéis, y que os dediquéis al rebaño y, en el caso de que algunos se pierdan temporariamente, queremos que los encontréis.

¿Por qué debéis hacerlo?

Porque amáis a vuestros hermanos y hermanas. Y porque deseáis que ellos también obtengan gozo en el reino de nuestro Padre.

No hay obra más grande en el mundo que la de salvar almas. Se puede sentir un gozo incomparable cuando se traen almas al redil.

Si tenéis deseos sinceros de cuidar el rebaño del Señor, y oráis al respecto, el Señor os bendecirá con éxito.

¡Os prometo que será así!

Que Dios os bendiga, mis hermanos del sacerdocio, vigilantes pastores, todos vosotros, para que conozcáis a las ovejas del rebaño y seáis reconocidos por ellas. Seamos cuidadosos, cuidémoslas y protejámoslas para que puedan mantenerse a salvo y fuera de peligro. Este es nuestro cometido, nuestro deber y nuestro gozo, el gozo que os prometo que podéis obtener si aceptáis estos consejos y los lleváis a cabo.

En el nombre de Jesucristo. Amén.

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