Para el padre de familia

Conferencia General Octubre 1987

Para el padre de familia

Ezra Taft BensonPor el presidente Ezra Taft Benson
Presidente de la Iglesia

“Debéis ayudar a crear un hogar en el que pueda morar el espíritu del Señor.”


Mis queridos hermanos, me siento sumamente agradecido de estar aquí con vosotros en esta importantísima reunión de los poseedores del sacerdocio de Dios. Ruego que el Espíritu del Señor  me acompañe y os acompañe a vosotros mientras hablo de un tema extremadamente importante. Esta tarde quisiera dirigirme a vosotros, los padres que os encontráis  aquí, y a los que estáis reunidos  por toda la Iglesia, y hablaros de vuestros sagrados llamamientos.

Espero que vosotros jovencitos, también escuchéis  con atención porque debéis prepararos para ser los futuros padres de la Iglesia.

Padres, vosotros tenéis un llamamiento eterno del que nunca seréis  relevados: el de ser padres. Los llamamientos en la Iglesia son muy importantes, pero siempre se dan por un período de tiempo y después se releva de ellos a la persona. Por el contrario, el llamamiento de ser padres es eterno y su importancia continúa mas allá de esta vida. Es un llamamiento por esta vida y por toda la eternidad.

El presidente  Harold B. Lee dijo con acierto que la parte más importante de la obra del Señor que vosotros, los padres, realicéis, será dentro de las paredes de vuestro propio hogar.

La orientación familiar, el trabajo del obispado y otras responsabilidades en la Iglesia  son importantes, pero lo primordial es lo que podáis efectuar dentro del hogar (véase Fortaleciendo el hogar, folleto, pág. 8).

Examinemos cuales son las responsabilidades  específicas de los padres dentro de los sagrados confines de su hogar.

Quisiera recordaros dos de las responsabilidades básicas de todo padre de Israel.

Primero, tenéis el sagrado deber de satisfacer las necesidades materiales de la familia.

El Señor definió con claridad el deber de mantener a la familia y de criar hijos dignos. En el comienzo, se le manda a Adán, no a Eva, que se ganara el pan con el sudor de la frente (véase Génesis 3:19).

El apóstol Pablo amonesta a los esposos y padres: “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor  que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8).

Cuando la Iglesia restaurada todavía  no tenía muchos años de vida, el Señor específicamente le dio a los hombres la obligación  de mantener a sus esposas e hijos. En enero de 1832, dijo; “. . . de cierto os digo que  todo hombre que tiene la obligación de mantener a su propia familia, hágalo, y de ninguna manera perderá su corona” (D. y C. 75:28). Tres meses mas tarde dijo otra vez: “Las mujeres tienen derecho de recibir sostén de sus maridos hasta que estos mueran” (D. y C. 83:2). Este es el derecho que dio Dios a las esposas y a las madres. Mientras ella cuida y educa a sus hijos en la casa, el esposo gana lo necesario para mantenerlos, haciendo posible así que ella cumpla con esta tarea.

Cuando en una familia el esposo es sano y puede trabajar, se espera que mantenga a su familia. A veces nos cuentan de esposos que debido a condiciones económicas adversas han perdido el trabajo y esperan que sus  esposas salgan a trabajar, aunque ellos son todavía muy capaces de mantener a su familia. En estos casos, instamos al esposo a hacer todo lo que esté a su alcance para que su esposa pueda quedarse en la casa cuidando a los hijos mientras él continúa manteniendo  a la familia lo mejor posible, a pesar de que el trabajo que pueda conseguir no sea ideal y tengan que ajustar el presupuesto familiar.

La necesidad de estudiar o de adquirir posesiones materiales tampoco justifica que se posponga el tener hijos para que la esposa trabaje y mantenga el hogar.

Yo me acuerdo del consejo de nuestro querido profeta Spencer W. Kimball a los estudiantes casados, cuando dijo: “He repetido a miles de jóvenes que cuando se casan no deben esperar a tener hijos hasta después de haber terminado la universidad y conseguido la posición económica deseada . . . deben hacer una vida matrimonial normal y permitir que vengan los hijos . . . yo no conozco ningún pasaje de Escritura en el que se dé permiso a las jóvenes esposas para no tener familia con el propósito de ir a trabajar y mantener a sus esposos mientras ellos estudian. Hay miles de maridos que han trabajado y estudiando y han criado a sus hijos,  todo a la vez” (Speeches of the Year, 1973, Provo, Utah, Brigham Young University Press, 1974, pág. 263).

Hermanos del sacerdocio, yo continúo recalcando la importancia de que las madres se queden  en la casa para cuidar  y criar a sus hijos y enseñarles a ser personas dignas en todo sentido. En mis viajes por todo el mundo he observado que la gran mayoría de las mujeres miembros de la Iglesia quieren seguir este consejo de todo corazón.

Pero sabemos que a veces la madre trabaja fuera de la casa animada por su marido, e incluso ante la insistencia de él. Él es el que quiere tener las conveniencias que puede comprar el dinero extra. En esos casos, hermanos, no sólo sufrirá vuestra familia sino que vosotros mismos no podréis progresar espiritualmente. Os digo a todos vosotros, el Señor le ha dado al hombre la responsabilidad de mantener a su familia y ganar suficiente para que la esposa pueda cumplir con su función de madre en el hogar.

Padres, otro aspecto vital es que  debéis hacer arreglos para que la familia no pase necesidades en casos de emergencia. La preparación familiar es un principio de bienestar  bien establecido y en la actualidad es mas importante que nunca.

Os pregunto de todo corazón, ¿tenéis almacenados para vuestra familia comida, ropa y combustible, si fuera posible, para un año? La revelación de que, cuando se pueda, tengamos un huerto, criemos animales y almacenemos el producto de ellos puede que sea tan esencial para nuestro beneficio temporal hoy día como lo fue entrar al arca para la gente de la época de Noé.

También os pregunto: ¿tratáis de no gastar mas de lo que tenéis y estáis ahorrando, aunque sea un poco?.

¿Sois honrados con el Señor en el pago de los diezmos? La obediencia a esta ley divina os brindará tanto bendiciones espirituales como materiales.

Sí, hermanos,  como padres en Israel vosotros tenéis la gran responsabilidad de satisfacer las necesidades materiales de la familia y de estar preparados para casos de emergencia.

Segundo, vosotros tenéis la sagrada responsabilidad de ser los líderes espirituales de la familia.

En un folleto que publicó hace algunos años el Consejo de los Doce, dice lo siguiente: “La paternidad equivale al liderazgo, el liderazgo más importante que existe. Siempre ha sido así . . . y siempre será de esa manera. Padres, con la ayuda, las sugerencias y el ánimo de vuestra compañera eterna, vosotros debéis presidir en el hogar” (véase Padre, considera tus obras, folleto, 1973, pág. 4).

No obstante, con la función de presidir se adquieren también importantes obligaciones. A veces nos enteramos de hombres, incluso de hombres de la Iglesia, que piensan que ser el cabeza de hogar los coloca en un papel superior y les permite actuar como dictadores y tener exigencias injustas con la familia.

El apóstol Pablo dice que el marido es la cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia (véase Efesios 5:23; cursiva agregada). Ese es el modelo que debemos seguir en nuestra función de presidir en el hogar. El Señor no guía a su Iglesia con una mano severa ni despiadada. El Señor no trata a su Iglesia con falta de respeto ni se despreocupa de ella. El Señor no se vale de la fuerza para conseguir lo que quiere. Nunca encontraremos al Señor haciendo nada que no sea edificar, elevar, consolar y exaltar a la Iglesia. Hermanos, os digo esto con toda seriedad: En nuestra función de líderes espirituales de nuestra familia, debemos seguir el ejemplo de Cristo.

Esto se aplica en particular a la relación que tengáis con vuestras esposas.

Una vez mas el consejo del apóstol Pablo es muy apropiado; él dijo simplemente: “Maridos, amad a vuestras mujeres así como Cristo amó a la Iglesia” (Efesios 5:25).

En las revelaciones de esta época el Señor habla otra vez de esta obligación: “Amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra” (D. Y C. 42:22). Que yo sepa, en todas las escrituras hay sólo alguien mas a quien se nos manda amar con todo nuestro corazón, además de nuestras esposas, y es a Dios mismo. Reflexionad sobre eso.

Esta clase de amor se puede demostrar a las esposas de muchas de muchas maneras. Lo primero y más importante es que nada, excepto Dios mismo, debe ocupar el lugar de la esposa; ni el trabajo ni las diversiones ni los pasatiempos. Vuestra esposa es la compañera eterna y los mas preciado  que tenéis.

¿Qué quiere decir amar a alguien con todo el corazón? Quiere decir amar con todas las emociones y con toda devoción. Cuando uno ama a la esposa de todo corazón, por supuesto no la humilla, no la critica, ni le busca defectos; no abusa de ella con palabras, silencios forzados ni acciones condenables.

¿Qué quiere decir allegarse a ella? Quiere decir estar al tanto de sus sentimientos y necesidades. A ella le gusta que la aprecien  y le presenten atención. Le agrada que le digáis que la consideráis atractiva y que ella es importante para vosotros. Amarla quiere decir que es preciso hacer todo lo posible para asegurar el bienestar de ella y su propia estimación.

Vosotros debéis sentiros agradecidos que ella sea la madre de vuestros hijos y la reina de vuestro hogar; agradecido de que ella haya escogido ser ama de casa y madre para dar a luz, nutrir, amar y enseñar a vuestro hijos, y que ella lo considere el llamamiento mas noble de todos.

Esposos, reconoced la inteligencia de vuestra propia esposa y su capacidad de daros sugerencias como socia vuestra sobre los planes, las actividades y el presupuesto de la familia. No seáis tacaños ni con vuestro tiempo ni con vuestro dinero.

Dad a vuestra esposa la oportunidad de desarrollarse en los planos intelectual, emocional, social y espiritual.

Recordad, hermanos, que el amor puede alimentarse con acciones en apariencia insignificantes. Llevarle flores esta bien, pero también es importante que estéis dispuestos a lavar la vajilla, cambiar pañales, levantaros de noche a atender  a un niño que llora y dejar de mirar televisión o leer el periódico para ayudarla con la cena. Esas son las formas de decir “te quiero” con nuestras acciones y dan resultados maravillosos con muy poco esfuerzo.

Esta clase de liderazgo del sacerdocio ejercido con amor se debe aplicar tanto con la esposa como con los hijos.

Las madres tienen un papel preponderante en el hogar y son el corazón de él, pero esto no disminuye la función importantísima que desempeñan los padres como cabeza de la familia al criar, enseñar y amar a sus hijos.

Como el patriarca del hogar, vosotros tenéis la gran responsabilidad de asumir el liderazgo para educar a vuestros hijos. Debéis ayudar a crear un hogar en el que pueda morar el Espíritu del Señor. Vuestra función es guiar la vida familiar en todos los aspectos, tomando parte activa en establecer las reglas de disciplina familiar y en su aplicación.

Nuestros hogares deben ser refugios donde nuestra familia pueda encontrar paz y alegría. Ningún hijo debe tener miedo de su padre, y mucho menos de un padre que posea el sacerdocio. El deber del padre es asegurarse de que su hogar sea un hogar feliz, y no puede lograrlo cuando en su casa hay discusiones, peleas, malos sentimientos y mal comportamiento. Los buenos padres, al disciplinar y educar a sus hijos, al cuidarlos y quererlos y al darles el buen ejemplo, ejercen una influencia poderosa que es vital para su bienestar espiritual.

Con el corazón lleno de amor, quisiera sugerir a los padres de Israel diez modos en que pueden ejercer  un liderazgo espiritual con sus hijos:

  1. Dad bendiciones de padre a vuestros hijos. Bautizadlos y confirmadlos. Ordenad a vuestros hijos al sacerdocio. Estos serán los puntos sobresalientes en la vida espiritual de ellos.
  2. Dirigid personalmente las oraciones familiares, la lectura de las Escrituras y las noches de hogar semanales. Cuando vosotros participéis con dedicación en estas actividades, vuestros hijos se darán cuenta de lo importantes que son esas actividades para vosotros.
  3. Siempre que sea posible, id todos juntos a las reuniones de la Iglesia. Ir a la Iglesia y participar todos juntos en las reuniones es vital para el bienestar espiritual de los hijos.
  4. Dedicad todo el tiempo a cada uno de los hijos por separado. Como familia, id de paseo y a acampar, a competencias deportivas y a recitales, a programas de sus escuelas, etc. Es muy importante para todos que el padre los acompañe.
  5. Estableced tradiciones familiares como paseos al campo, viajes, etc. Estos recuerdos serán imborrables para los hijos.
  6. Tened entrevistas personales con los hijos. Permitidles que hablen de lo que ellos quieran. Enseñadles principios del evangelio y valores importantes. Decidles que los queréis. Todas estas cosas demuestran a los hijos que ellos son importantes para vosotros.
  7. Enseñad a vuestros hijos a trabajar y mostradles el valor de esforzarse para alcanzar una meta apropiada. Cuando el padre abre una cuenta bancaria para la misión y la educación de sus hijos, demuestra a estos lo que él considera importante.
  8. Escuchad buena música y tened a mano buenos libros en la casa. Los hogares en los que se cultiva el gusto por las obras de arte tienen una influencia beneficiosa sobre los hijos para siempre.
  9. Si la distancia lo permite, id al templo con vuestra esposa con regularidad. De esta forma los hijos comprenderán mejor la importancia del matrimonio en el templo y de los convenios que allí se hacen, como también la importancia de la familia eterna.
  10. Permitid que vuestros hijos vean la satisfacción que sentís al servir en la Iglesia. Esto les servirá de ejemplo, y es probable que ellos también quieran servir en la Iglesia y encuentren satisfacción al hacerlo.

Esposos y padres en Israel, ¡vosotros podéis hacer tanto por la salvación y exaltación de vuestras familias! ¡Vuestras responsabilidades son importantes!

Recordad que el llamamiento de padres en la Iglesia es sagrado, que es el llamamiento más importante en esta vida y en toda la eternidad; es un llamamiento del que nunca seréis relevados.

Ruego que siempre podáis proveer las necesidades materiales de vuestra familia y que, con vuestra esposa a vuestro lado, podáis cumplir  con la sagrada responsabilidad de ser los líderes espirituales del hogar.

Ruego estas cosas en el nombre de Jesucristo. Amén.

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2 respuestas a Para el padre de familia

  1. alberto marin dijo:

    Gracias muy bello

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  2. rosa peña sanchez dijo:

    Es muy edificante y de mucha ayuda para poderlo en practica mas aun cuando el esposo es evangelico y es una lucha constante graciad a mi Padre Celestial q siempre este su espiritu alentandome y no desfalleser .

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