El maratón de la vida

Conferencia General Octubre 1989

El maratón de la vida

Joseph B. WirthlinPor el élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum De Los Doce Apóstoles

“La vida, como un maratón, requiere un buen comienzo y esfuerzos continuos durante todo el camino hasta el final.”


Mis queridos hermanos, ruego tener el mismo Espíritu que hemos gozado tanto durante esta conferencia. Hoy quisiera dirigirme a los jóvenes, que todavía tienen por recorrer la mayor parte de este camino que llamamos vida. Espero que hayáis decidido seguir el curso mareado por nuestro Salvador y sus enseñanzas, ya que seguir ese curso requiere un gran esfuerzo y la ayuda del Señor a cada paso del camino. Os aseguro que su ayuda está siempre allí.

En los últimos años, el correr se ha convertido en un ejercicio popular en todo el mundo. Muchos corren por el ejercicio en sí, pero otros corren para prepararse para carreras a las que se les da mucha publicidad. Quizás la carrera que requiere mayor resistencia es el maratón, una carrera moderna que tuvo su origen en la antigua Grecia. En la actualidad, el significado de esta palabra se ha ampliado para incluir cualquier competición o actividad de larga duración que requiera un esfuerzo y resistencia extraordinarios.

Un joven amigo mío, a quien llamaré Alan, recientemente corrió su primer maratón de cuarenta y dos kilómetros de distancia. El estableció su meta varios meses antes, averiguó qué preparación necesitaba, y se impuso la disciplina de seguir un programa riguroso de entrenamiento. Así mismo, buscó el consejo de corredores con experiencia y leyó artículos que trataban sobre el tema, practicó corriendo la ruta del maratón y planeó una estrategia para subir el empinado tramo.

Por fin llegó el día del maratón; seria la culminación de meses de entrenamiento, disciplina y sacrificio. Partió con el grupo de corredores, sintiéndose fuerte y confiado, siguiendo la estrategia que había preparado. Había corrido ya trece kilómetros cuando, en un tramo en cuesta abajo, alcanzó a un corredor experimentado llamado Brent, quien le había dado acertados consejos durante su entrenamiento. Alan decidió adaptar su paso al paso disciplinado y experimentado de Brent.

Cuando pasaron los veintinueve kilómetros, Alan se esforzó por ir a la par de Brent para tener a alguien conocido a su lado por si llegaba a sentir que se le acababa la resistencia. Es típico del corredor sentir un repentino y urgente deseo de abandonar la carrera, que es como encontrarse con una barrera casi tangible y muy difícil de traspasar, fenómeno que a menudo sucede al llegar a los treinta y dos kilómetros de la carrera.

Durante los tres kilómetros siguientes, Alan se mantuvo al paso de Brent pero de pronto le atacó el cansancio, causándole una repentina falta de energía y un deseo casi irresistible de detenerse o caminar. “Sigue conmigo”, le dijo Brent, “todos sentimos esto en algún momento pero puedes superarlo; yo te ayudaré.”

De alguna manera, Alan continuó, y ambos empezaron a pasar ante los espectadores. El sabía que su esposa, sus hijos y otros miembros de la familia estarían mirando la carrera un kilómetro más adelante. Usando la fuerza que sintió al pensar en su familia, pudo resistir hasta que el deseo de detenerse lo abandonó.

Cuando estaban cerca de la meta, Alan se dio cuenta de que el último kilómetro era el más difícil de todos. Tanto él como Brent cruzaron la línea de llegada con sólo cinco segundos de diferencia. Alan nunca se había sentido tan exhausto, pero estaba lleno de júbilo porque había superado su meta por más de quince minutos y había finalizado entre los primeros veinticinco corredores.

En algunos aspectos, el progresar a través de la vida es como correr un maratón. Jóvenes vosotros estáis por comenzar vuestra jornada terrenal; elegisteis venir a esta tierra para ser probados. Quizás el final parezca lejano para empezar a preocuparse, pero la vida, como un maratón, requiere un buen comienzo y esfuerzos continuos durante todo el  camino hasta llegar a la meta.

Los maratonistas se fijan metas claras, de manera que debéis mirar hacia adelante y decidir lo que queréis hacer con vuestras vidas. Fijad en vuestra mente lo qué queréis ser de aquí a unos cinco o diez años y más allá. Obtened vuestra bendición patriarcal y esforzaos por vivir dignos de las promesas que encierra, ya que una bendición patriarcal es una de las guías más importantes que los miembros de la Iglesia tienen en esta vida. Escribid vuestras metas y repasadlas regularmente; tenedlas a mano constantemente, anotad vuestro progreso y corregidlas cuando sea necesario. Vuestra meta principal debe ser la vida eterna, la vida que Dios vive, el más grande de todos los dones de Dios.

Después de veros a vosotros mismos como quisierais ser de aquí a veinte años, determinad qué preparación necesitaréis y decidíos a pagar el precio en esfuerzo, dinero, estudio y oración. Aseguraos de saber qué curso o camino tomaréis, ya que él mejor camino de la vida no siempre es fácil y relativamente pocos son los que lo encuentran y siguen hasta el final. No es una carretera bien marcada, sino un sendero angosto que tiene sólo una entrada; el camino a la vida eterna es recto y angosto. Cuando pienso que debemos estar en el camino correcto, recuerdo el sueño que Lehi tuvo acerca del árbol de la vida. En el sueño, el amor de Dios era como un árbol que daba un fruto delicioso, un fruto que era más deseable que todos los de más. Nefi escribió las palabras de su padre: “Y vi también un sendero recto y angosto que corría a un lado de la barra de hierro hasta el árbol. . . Y vi innumerables concursos de gentes, muchas de las cuales se estaban apremiando a fin de poder llegar al sendero que conducía al árbol” (1 Nefi 8:20-21). Muchas de esas personas luego “cayeron en senderos prohibidos y se perdieron” (vers 28). Pero aquellos que no hicieron caso de las burlas del mundo y se asieron con fuerza a la barra de hierro comieron de fruto del árbol. La barra de hierro representa la palabra de Dios que nos conduce al amor de Dios (1 Nefi 11:25) Debéis asiros con firmeza a la barra de hierro a través de los vapores de tinieblas las penurias y las pruebas de la vida. Si aflojáis la mano y os salís del camino quizás perdáis por un tiempo la barra de hierro en la obscuridad hasta que os arrepintáis y volváis a sujetaros a ella.

Recordad que si estáis preparados cuando se presente la oportunidad, tendréis éxito en la vida. No siempre sabréis exactamente qué oportunidades tendréis o cuándo las tendréis, pero tened la seguridad de que os serán de valor sólo si estáis preparados para aprovecharlas. Como veis, la formula: preparación más oportunidad da como resultado el éxito en la vida de líderes de la Iglesia, el gobierno, los negocios, las profesiones y, ojalá, en vuestra vida.

La preparación es de vital importancia en la Iglesia para que logréis hacer vuestra parte cuando el Señor os necesite y seáis llamados.

En la vida como en un maratón, debéis buscar la ayuda que necesitéis y no tan sólo confiar en vuestras propias fuerzas. No podréis decir que habréis hecho todo lo posible por terminar una tarea sino hasta después de que hayáis pedido ayuda al Señor a vuestros seres queridos a los líderes de la Iglesia y a vuestros amigos.

Estoy seguro de que todos nos hemos sentido conmovidos por el milagro que ocurrió hace poco en nuestro valle. Joshua Dennis un niño de diez años hoy vive gracias a su ferviente oración fe y gran optimismo y además porque escuchó a su madre y obedeció su consejo. Además recordamos el presentimiento al que yo llamaría inspiración, que tuvo John Skinner, quien llevó al grupo de rescate hasta el lugar donde se encontraba Joshua. Espero que nuestros jóvenes recuerden esta gran lección sobre la oración cuando vayan por el camino de la vida.

Confiar sólo en vuestras propias habilidades puede llevaros al pecado del orgullo. En la primera sección de Doctrina y Convenios el Señor describe la condición inicua de muchos en el mundo: “No buscan al Señor para establecer su justicia antes todo hombre anda por su propio camino y en pos de la imagen de su propio Dios (D. y C. 1:16). Si nos jactamos de nuestra propia fuerza y caminamos por nuestro propio camino podemos resbalarnos fácilmente del sendero recto y angosto y caer en las amplias carreteras del mundo. No os dejéis desviar por lo fácil que algunas veces parece el camino, como la cuesta abajo de un maratón; manteneos cerca del Señor y confiad en El tanto en los tramos fáciles de la vida como lo hacéis cuando vais cuesta arriba en los difíciles.

Los maratonistas pasan por puestos de auxilio ubicados a lo largo del camino donde les proveen agua ánimo y asistencia. Sin esta ayuda, muchos corredores no podrían seguir adelante. Jóvenes vosotros también tenéis puestos de auxilio que os ayudan a seguir avanzando por vuestro camino; estos son vuestros padres otros miembros de la familia, líderes del barrio y maestros que han corrido más carreras y están más adelante en el camino de la vida. Aprovechad la experiencia que ellos han acumulado; confiad en ellos; buscad su opinión, su consejo y apoyo; y luego escuchadles ya que os ayudarán a manteneros en el camino.

Jóvenes estad agradecidos por el gran privilegio y la bendición que tenéis de poseer el Sacerdocio Aarónico; sed fieles a vuestros deberes del sacerdocio porque éstos os ayudarán a prepararos para servicios mayores. Os exhorto a vosotros maestros y presbíteros, a ser fieles maestros orientadores; este es un llamamiento de toda la vida para todos nosotros. Vosotras jovencitas participad en el programa de las Mujeres Jóvenes; aprended los valores de este programa y ponedlos en práctica. Los líderes del Sacerdocio Aarónico y de las Mujeres Jóvenes colaboran con vuestros padres al guiaros en esta crítica parte de vuestras vidas, en que las decisiones que toméis tendrán una trascendencia eterna.

Estad siempre dispuestos a ayudar a los demás; nada os dará la misma satisfacción y gozo interior que se siente al ayudar porque cuando os halláis en el servicio de vuestros semejantes sólo estáis en el servicio de vuestro Dios (Mosíah 2:17). Hacer oídos sordos a las necesidades de los demás es un pecado serio. Pensad en las palabras de Alma al pueblo de Zarahemla. El preguntó: ‘. . .¿persistiréis aún en usar ropas costosas y en poner vuestros corazones en las vanidades del mundo en vuestras riquezas? Sí, ¿persistiréis en suponer que unos sois mejores que otros?. . .

“Sí, ¿persistiréis en volver vuestras espaldas al pobre y al necesitado, y en negarles vuestros bienes?” (Alma 5:53-Z5-)

El rey Benjamín enseño que debemos cuidar de los necesitados -al pobre, al hambriento, al desnudo, al enfermo, tanto temporal como espiritualmente, si queremos recibir la remisión de nuestros pecados día a día o en otras palabras para andar rectamente ante Dios (Mosíah 18:29).

Creo que algunos de vosotros, alguna vez, habéis sentido que se os acababa la resistencia; habéis sentido la necesidad casi imperiosa de abandonar de renunciar o de ceder a la tentación. Tal vez encontréis problemas adversidades y tentaciones que creéis que no podéis soportar; quizás en tiempos de enfermedad y muerte, problemas económicos y otras adversidades os preguntéis si tenéis la fuerza la valentía o la habilidad para continuar.

Vosotros enfrentáis las mismas tentaciones que han sido comunes a través de la historia, además de muchas otras que fueron desconocidas para las generaciones pasadas. Sin embargo, tened la seguridad de que Dios no permitirá que seáis tentados más de lo que podáis resistir (1 Corintios 10:13). El no os dará problemas que no podáis superar; tampoco os pedirá más de lo que podáis hacer, pero tal vez os pida hasta el máximo para que os probéis a vosotros mismos. El Señor nunca abandonará a nadie; puede que vosotros le abandonéis, pero El nunca os abandonará, por tanto, nunca debéis pensar que estáis solos.

La razón para mantenerse firme en una maratón es obvia, y tal vez la razón para mantenerse firme en el camino que lleva a una vida recta sea menos obvia, pero es mucho más importante. En otras palabras, una vida recta es el camino, el único camino, que lleva a la felicidad, al gozo y a la paz. El profeta José Smith enseñó:

‘¿La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin de ella, si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad; y este camino es virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios . . . ” (Enseñanzas del profeta José Smith, pág. 312.)

“Donde hay obediencia hay felicidad y paz. . . y puesto que nuestra felicidad es designio de Dios, El nunca. . . dará un mandamiento a su pueblo que no sea premeditado para promover esa felicidad que El ha designado.” (Liahona, feb. de 1978, pág. 25.)

En el Libro de Mormón leemos: ” . . . y existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25).

Nuestro Padre Celestial conoce el camino que debéis seguir para gozar de felicidad y paz; los principios del evangelio marean ese camino y son un don para vosotros, sus hijos.

Por otra parte, Satanás tratará, a cada paso, de desviaros del camino; su objetivo es que todos seáis desdichados como él (2 Nefi 2:27). Grandes sumas de dinero se invierten anualmente para preparar y disfrazar la maldad y el pecado de tal forma que parezcan tentadores, atractivos y hasta inofensivos. Sin embargo, a pesar de las apariencias, “la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10) y nunca lo será. Nunca os coloquéis en la situación en que estaban los nefitas pocos años antes del nacimiento del Salvador. Ellos procuraron “aquello que no [podían] obtener. . . [y buscaron la dicha] cometiendo iniquidades, lo cual es contrario a la naturaleza de esa justicia que existe en nuestro gran y Eterno Caudillo” (Helamán 13:38). No se puede encontrar la felicidad en el pecado y la iniquidad.

El Señor os ha dado el don del albedrío (Moisés 7:32) y os ha instruido lo suficiente para que distingáis el bien del mal (2 Nefi 2:5). Sois libres para escoger (2 Nefi 2:27) y sois libres para obrar (2 Nefi 10:23; Helamán 14:30), pero no sois libres para escoger las consecuencias. Sin duda alguna, el escoger el bien conduce a la felicidad y a la paz, en tanto que escoger el mal lleva a la desdicha y a la aflicción.

Es evidente que el paralelo que existe entre la vida y un maratón es la necesidad de correr y resistir hasta el final. Entre las últimas palabras que habló a su pueblo, Nefi les dijo: “Y ahora. . . después de haber entrado en esta recta y angosta senda, quisiera preguntar si ya quedó hecho todo. He aquí, os digo que no. . . debéis seguir adelante con firmeza en Cristo. . . y [perseverar] hasta el fin” (2 Nefi 31:19-20). Yo pienso en esta promesa del Señor: “. . .pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31). Vosotros tenéis esa promesa.

Mis jóvenes amigos, ruego que el Señor os guíe y os fortalezca cuando corráis vuestro maratón personal, a fin de que lleguéis a decir, como Pablo escribió a Timoteo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7). Yo sé que podéis vivir vidas rectas y, con la ayuda del Señor, hacer todo lo que debéis hacer. Doy mi testimonio de que nuestro Padre Celestial y Jesucristo os aman y desean vuestra felicidad. José Smith es el profeta de la restauración del evangelio en estos últimos días y el presidente Ezra Taft Benson es el profeta actual. Esta es la Iglesia de nuestro Señor y Salvador; yo soy uno de sus testigos y doy este humilde testimonio en el nombre de Jesucristo. Amén.

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