Miremos hacia adelante con la mira de la fe

Miremos hacia adelante con la mira de la fe

Élder Merrill J. Bateman
De la Presidencia de los Setenta

Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 5 de marzo de 2006 • Universidad Brigham Young


Hermanos y hermanas, es un maravilloso placer estar aquí en el Centro Marriot otra vez y ver a tantos de ustedes reunidos con nosotros esta noche. Pero, más que eso, es maravilloso darse cuenta de que hay decenas de miles reunidos es diversos edificios por todo el mundo, quizá incluso cientos de miles. La hermana Bateman y yo visitamos Argentina y Uruguay la semana pasada, y sabemos que allí recibirán una transmisión por diferido el próximo domingo por la noche. Hay gente reunida por todas partes, lo cual demuestra su fe.

En agosto de 2005, el presidente Gordon B. Hinckley exhortó a “los miembros de la Iglesia de todo el mundo y a… amigos de todas partes a leer o releer el Libro de Mormón”. Él concluyó esa exhortación con una promesa: “Recibirán personalmente y en su hogar una porción mayor del Espíritu del Señor, se fortalecerá su resolución de obedecer los mandamientos de Dios y tendrán un testimonio más fuerte de la realidad viviente del Hijo de Dios”1.

La respuesta al llamado del profeta fue inmediata y de gran alcance. La gente de todas partes empezó a leer el libro: en sus casas, en aviones, durante el almuerzo, al levantarse por la mañana y antes de acostarse. Es probable que más personas hayan leído el Libro de Mormón durante la segunda mitad de 2005 que en ninguna otra época de la historia. Hace unos meses, un amigo mío iba en un vuelo entre Nueva York y Salt Lake City. Al caminar por el pasillo, vio que muchas personas viajaban leyendo el libro; aproximadamente en el medio del avión observó a dos personas que estaban sentadas frente a frente, ambas leyendo el Libro de Mormón y al detenerse a mirar en dónde estaban, le causó gracia ver que las dos estaban en la misma página.

El élder Richard G. Scott y yo nos encontrábamos en África en el mes de noviembre. En un devocional de un domingo por la noche, al que asistieron más de 2.000 miembros en el centro de la Estaca Accra, Ghana, el élder Scott preguntó cuántos estaban leyendo el Libro de Mormón; casi todos levantaron la mano. Diez días después, en Dar Es Salaam, Tanzania, me reuní con 200 santos y amigos en un devocional. Hice la misma pregunta; cerca de dos tercios levantaron la mano. Después de la reunión me enteré que muchos del tercio restante eran investigadores. Ahora, levanten la mano, ¿cuántos de ustedes leyeron el Libro de Mormón durante 2005? Al mirar a la congregación casi todos han levantado la mano, y supongo que sucedió lo mismo en Los Ángeles, Nueva York, Frankfurt, Tokio, Sao Paulo, Ciudad de México y en los muchos otros lugares donde están reunidos esta noche. ¡Qué manera tan extraordinaria de responder a la exhortación del profeta!

Yo también acepté el desafío y leí el libro. Experimenté el cumplimiento de las promesas que hizo el presidente Hinckley. Recibí una mayor porción del Espíritu del Señor, un testimonio más fuerte y se fortaleció mi resolución de obedecer los mandamientos del Señor. Permítanme compartirles lo que aprendí el año pasado al leer el Libro de Mormón.

Un testimonio más fuerte del Libro de Mormón

Desde hace tiempo he sabido que los capítulos 5 y 32 de Alma tratan del mismo tema: la fe. Sin embargo, hasta que lo leí año pasado, no me había dado cuenta de la manera tan precisa en que los dos sermones se adaptaban a su respectivo público. Los que escucharon a Alma en el capítulo 5 eran miembros de la Iglesia de Zarahemla (Alma 5:2). Esa ciudad constituía la sede de la Iglesia y se podría suponer que los miembros conocían la doctrina. En contraste, los que escucharon en el capítulo 32 eran los zoramitas pobres a quienes los ricos habían expulsado de las sinagogas. Los del pueblo de esa parte de la tierra se habían alejado de la verdad (Alma 31:12-17). Aunque los pobres eran humildes y querían aprender, eran investigadores que necesitaban que se les enseñasen los principios básicos del Evangelio.

El sermón que Alma dirigió a los miembros de Zarahemla, en el capítulo 5, es profundo y complicado. La serie de preguntas que él plantea nos hace suponer que tiene conocimiento de la doctrina y experiencia con el Espíritu Santo. De lo contrario, las preguntas no tienen mucho significado y son difíciles de contestar. El propósito de las preguntas es el de motivar a los miembros de Zarahemla a que examinen y renueven su fe en el Señor y en los poderes de Su redención. Escuchen las preguntas (Alma 5:14-15):

  • ¿Habéis nacido espiritualmente de Dios?
  • ¿Habéis recibido su imagen en vuestros rostros?
  • ¿Habéis experimentado este gran cambio en vuestros corazones?
  • ¿Ejercéis la fe en la redención de aquél que os creó?
  • ¿Miráis hacia adelante con el ojo de la fe y veis este cuerpo mortal levantado en inmortalidad… para presentaros ante Dios y ser juzgados de acuerdo con las obras que se han hecho en el cuerpo mortal?

Para valorar y contestar estas preguntas, uno debe tener conocimiento del sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo y creer en él, haber experimentado una purificación por agua y por fuego, haber participado de los frutos del Espíritu Santo y creer en la Resurrección literal del cuerpo físico. Éste no es un sermón para miembros nuevos sino para los miembros de la Iglesia con un buen fundamento.

En contraste, Alma enseña a los investigadores zoramitas las nociones elementales de la fe: cómo nace la fe en Cristo y luego crece. El sermón en el capítulo 32 es tan claro con respecto al proceso de ejercitar la fe que los misioneros lo utilizan hoy en día para enseñar a los investigadores cómo obtener un testimonio. El proceso comienza con un “deseo de creer”. La persona entonces debe plantar la semilla, la palabra de Dios, en su corazón, al escudriñar las Escrituras, al dar oído a las palabras de los profetas, al orar y pedir la confirmación de las verdades del Evangelio, al asistir a la Iglesia y al obedecer los mandamientos. El resultado, como dice Alma, será un ensanchamiento del pecho, la iluminación del entendimiento y buenos sentimientos en el corazón (Alma 32:28). Éstos son el comienzo de un testimonio: y la semilla es buena. Cualquier persona que tenga un deseo sincero de saber puede obtener un testimonio al seguir las enseñanzas de Alma en el capítulo 32.

Después de explicar el proceso inicial de cómo ejercitar la fe, Alma continúa en el capítulo 32 con una pregunta: “¿Es perfecto vuestro conocimiento después de haber gustado esta luz?” (Alma 32:35). No; el proceso apenas ha comenzado (véase Alma 32:36). La semilla ha crecido, pero sigue siendo una semilla. Alma explica que si uno continúa fielmente, la semilla llegará a ser un árbol ¿Qué tipo de árbol? ¡El árbol de la vida! (Alma 32:41). Este árbol es un símbolo del amor de Dios por Sus hijos, expresado a través de la condescendencia y el sacrificio expiatorio de Su Hijo (1 Nefi 11:9—33; Juan 3:16).

Alma enseña a los zoramitas que cuando el árbol eche raíces en sus corazones, comerán de su fruto y no tendrán hambre ni tendrán sed (Alma 32:42-43). En otras palabras, habrán vuelto a nacer espiritualmente, habrán experimentado el gran cambio en sus corazones, y el árbol que echó raíces en sus almas hará que reciban la imagen de Dios en sus rostros. Es interesante notar que en el capítulo 32 Alma enseña a los zoramitas lo que deben hacer para contestar a las preguntas planteadas a los miembros de Zarahemla en el capítulo 5.

¡Qué extraordinario! ¿Se pueden imaginar a José Smith a los 24 años, con escasa educación formal, dictar un manuscrito que esboza doctrinas básicas en cientos de páginas, con uniformidad en todos los detalles y que adapta las presentaciones de la doctrina para satisfacer las necesidades de la audiencia? Y aún más que eso, los sermones de Alma se vinculan de forma directa con las visiones de los primeros profetas y las expanden: los sueños de Lehi y de Nefi sobre el árbol de la vida en 1 Nefi.

Y lo que es de importancia aún mayor, es el hecho de que los sermones no sólo son pertinentes para los nefitas y los zoramitas, sino que también lo son para los lectores de cientos y miles de años después.

Hermanos y hermanas, el Libro de Mormón es la palabra de Dios; es verdadero. José Smith no fue el autor del libro, sino el traductor del Señor. El libro fue escrito por antiguos profetas hace siglos.

Estoy agradecido por haber leído el Libro de Mormón una vez más. Cada vez, he aprendido cosas nuevas que testifican a mi alma que José Smith fue y es el profeta del Señor de la Restauración. Aunque hay muchas cosas que no sé, una cosa es cierta, que el Libro de Mormón y que la restauración de la Iglesia son parte de la “restauración de todas las cosas” predicha por el apóstol Pedro hace dos mil años (Hechos 3:21).

Miremos hacia adelante en el plan del Señor

Esta noche, deseo tomar las palabras del sermón de Alma en Zarahemla y les pregunto a ustedes, jóvenes adultos de la Iglesia del año 2006, ¿miran “hacia adelante con el ojo de la fe”? ¿Viven de acuerdo con las enseñanzas del Evangelio de manera que puedan recibir y conservar Su imagen en su rostro? ¿Reconocen el punto crítico al que han llegado en su vida y las consecuencias a largo plazo de las decisiones claves que tomarán durante los próximos años?

Creo que el lapso entre los 18 y los 30 años es uno de los más peligrosos y más difíciles de la vida; es también uno de los más gratificantes. En los próximos años tomarán decisiones importantes que tendrán un impacto en su vida terrenal y en la eternidad. Las decisiones en cuanto a la educación, al empleo, al matrimonio, a los hijos y a la fidelidad en el reino recaen sobre ustedes. Las decisiones de hoy, ya sean activas o pasivas, los afectarán para siempre.

El conocimiento del plan del Señor, en particular en lo que concierne a esta vida, les ayudará a tomar sabias decisiones. En el resto del tiempo que me queda esta noche, me gustaría analizar los propósitos de la vida terrenal en el plan del Señor y la forma en que estos propósitos se relacionan con las importantes decisiones que yacen en el futuro para muchos de ustedes.

Les será añadido

Cuando el Padre convocó a Sus hijos espirituales en el concilio de los cielos, Él les dijo que había llegado la hora de crear una tierra “y a los que guarden su primer estado les será añadido… y a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás” (Abraham 3:26). Sabemos que el primer estado es el mundo de los espíritus y que el segundo es esta vida. ¿De qué manera nos “[sería] añadido” si guardábamos nuestro primer estado y veníamos a la tierra?

Hay por lo menos tres maneras en las que mejoramos al venir a la tierra. Primero, recibimos un cuerpo físico. Segundo, las experiencias de la vida terrenal nos permiten probarnos a nosotros mismos y al hacerlo, crecemos en inteligencia o luz y verdad (D. y C. 93:36; 130:18-19). Por último, tenemos la oportunidad de comenzar una familia eterna donde desarrollamos relaciones especiales que conllevan más gloria. Analicemos cada uno de esos propósitos.

El cuerpo físico

El cuerpo físico es uno de los grandes dones de la vida terrenal. Las Escrituras nos enseñan que el cuerpo no sólo es importante para esta vida, sino también para la eternidad. Durante la vida terrenal, el cuerpo puede ser un templo de Dios, ya que en él puede morar el Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20). El escuchar a los susurros del Espíritu Santo nos lleva al reino celestial. El cuerpo es de tanta importancia en las eternidades que Cristo dio Su vida para vencer la muerte física así como la espiritual. Y al hacerlo, hizo posible la resurrección para todos.

José Smith dijo: “Vinimos a este mundo con objeto de obtener un cuerpo y poder presentarlo puro ante Dios en el reino celestial. El gran plan de la felicidad consiste en tener un cuerpo”2.

¿Por qué es el cuerpo físico tan importante? ¿Cómo se relaciona con la felicidad de ustedes aquí y en el más allá? ¿Cuáles son sus propósitos divinos? Hay por lo menos tres:

  1. El sagrado poder de la procreación. El primer propósito divino tiene que ver con el sagrado poder de la procreación. El cuerpo contiene las semillas de la creación que nos permite tener hijos y comenzar una familia eterna. En la vida terrenal, este poder se da por un período limitado de tiempo. Si somos fieles y cumplimos con los mandamientos que tienen que ver con su uso, el poder será restituido en la Resurrección. En las Escrituras se indica que cuando el cuerpo y el espíritu están inseparablemente unidos reciben una “plenitud de gozo” (D. y C. 93:33). No obstante, una “plenitud de gozo” requiere más que la Resurrección. En Doctrina y Convenios se nos enseña que quienes entran en el “nuevo y sempiterno convenio del matrimonio” y son fieles, entrarán en el más alto grado del reino celestial y allí recibirán una “plenitud” de gloria y una “continuación de las simientes por siempre jamás” (D. y C. 131:2; 132:19). El matrimonio eterno y el poder para procrear es lo que produce la felicidad durante la vida terrenal y una “plenitud de gozo” en la vida venidera.
  2. Un instrumento de la mente. La segunda razón es que es un instrumento de la mente. El presidente Boyd K. Packer enseñó este concepto en una transmisión vía satélite del SEI hace tres años3. Muchos actos de amor, de bondad y de servicio necesitan el cuerpo físico. Estos actos físicos no sólo bendicen a los demás, sino que también a nosotros mismos. Un personaje de espíritu puede realizar muchas cosas, pero el cuerpo físico aumenta la variedad de actividades que se pueden llevar a cabo. De hecho, el presidente Joseph F. Smith, en la visión que tuvo del mundo de los espíritus aprendió que “los muertos habían considerado como un cautiverio la larga separación de sus espíritus y sus cuerpos” (D. y C. 138:50). En otras palabras, habrá acciones que no podamos realizar después de la muerte antes de la Resurrección, cosas que no podamos hacer por falta de un cuerpo. En el mundo de los espíritus, anhelaremos la Resurrección y la libertad que brinda.
  3. Un receptáculo de luz. Tercero, el cuerpo físico es que es un receptáculo de luz. Los físicos señalan que todo objeto físico contiene luz. El hermano de Jared lo debió haber sabido cuando exclamó “toca estas piedras con tu dedo, oh Señor, y disponlas… para que tengamos luz mientras atravesemos el mar” (Éter 3:4). El Señor, dirigiéndose al profeta José Smith, le dijo: “si vuestra mira está puesta únicamente en mi gloria, vuestro cuerpo entero será lleno de luz” (D. y C. 88:67).

¿Han notado la luz en el rostro de aquéllos que viven el Evangelio? Hace cuatro meses estuve en el Templo de Accra, Ghana. Los obreros de las ordenanzas, vestidos de blanco, eran todos ghaneses. La luz que emanaba de sus rostros era muy visible. A medida que ustedes vivan el Evangelio, se añadirá más luz a su ser, siendo el cuerpo físico su receptáculo.

Por último, el Señor nos dice que si vivimos de acuerdo con la ley celestial, en la Resurrección nuestros cuerpos recibirán “gloria… por medio de la cual vuestro cuerpo sea vivificado. Vosotros los que seáis vivificados por una porción de la gloria celestial, recibiréis entonces de ella, sí, una plenitud” (D. y C. 88:28-29). ¿Qué significa eso? Si nos esforzamos por vivir el Evangelio, nuestros cuerpos serán vivificados por una porción de luz celestial en esta vida y entonces recibiremos una plenitud de gloria celestial en la Resurrección.

Hermanos y hermanas, como dijo el profeta José Smith: “El gran plan de felicidad consiste en tener un cuerpo”. Contiene los poderes sagrados de la vida, es un instrumento de la mente y, al ser el templo de Dios, aumenta nuestra capacidad para recibir luz y verdad. Es importante que respetemos el cuerpo al vestirnos con modestia, al abstenernos de actos inmorales y al mantenerlo limpio y sin mancha.

Hay un aspecto más en cuanto al cuerpo físico que se debe mencionar. Es la fortaleza del cuerpo a lo largo de la vida. ¿Han pensado en el patrón de la fuerza a través de la vida? El patrón de vida de la fuerza física y su relación con el crecimiento espiritual proporciona la perspectiva para las decisiones que tomemos.

La fuerza física durante la vida terrenal

La siguiente gráfica utiliza información de estudios fisiológicos para ilustrar la fuerza muscular del cuerpo humano desde el nacimiento hasta la edad adulta. El eje horizontal representa la edad; el eje vertical mide la fortaleza muscular desde el nacimiento hasta que morimos. Al nacer la línea está casi en la base de la gráfica: la fuerza de un bebé es poca en relación con la de un adulto. Entonces la línea aumenta con rapidez a medida que el cuerpo humano se desarrolla desde la infancia hasta la edad adulta. La fuerza del cuerpo físico alcanza el punto más alto alrededor de los 30 años. Está bien documentado que la fuerza muscular tanto en el hombre como en la mujer comienza su descenso a partir de los 30 a medida que el cuerpo se deteriora poco a poco hasta que llega la muerte4.

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¿En dónde se ubican ustedes en la gráfica? Todos ustedes están cerca o acercándose al punto más alto. Ya que la mayoría de los presentes esta noche tienen menos de 30 años, fíjense que sólo han experimentado aumento en la fuerza física. En su mayor parte, ustedes sólo saben lo que significa hacerse cada vez más fuertes; pero en unos años notarán la diferencia. No pasarán muchos años antes que todos ustedes hayan pasado la cúspide y comenzará el descenso. ¿Cómo será entonces?

¿Es acaso sorprendente que muchas de las decisiones claves las hacemos entre los 18 y los 30 años? Ustedes se acercan al punto culminante de su fuerza. ¡Se sienten indestructibles! La muerte es un acontecimiento lejano que quizás nunca ocurra. Desde el punto de vista físico, la década de los 20 años es la época especialmente importante para casarse y comenzar una familia porque se tiene buena salud y la energía que se necesita para criar una familia en las décadas que siguen.

Al observar la gráfica, nos preguntamos: ¿Por qué el largo y lento deterioro? ¿Hay lecciones que aprender? La respuesta es: ¡Sí! La mente y el alma aprenden muchas lecciones. ¡Una de las primeras, al comenzar cuesta abajo, es que ustedes son seres mortales! Cuando tenía su edad, la muerte no era una opción. Al igual que para ustedes, estaba tan lejana que casi no pensaba en ella. Hoy en día, estoy más cerca y sufro los achaques que llegan debido al constante deterioro del cuerpo. Ahora, la muerte está frente a mí.

He descubierto que la vida es corta a pesar de lo mucho que uno viva. Además, comprendo mucho más la necesidad de un Salvador. No hay manera de que pueda vencer a la muerte espiritual y física sin Su gracia. También me doy cuenta de que las bendiciones que he recibido en estos últimos años provienen de las decisiones que tomé entre los 18 y los 30 años. Las bendiciones más grandes de mi vida se derivan de las decisiones (1) de casarme con la hermana Bateman poco después de haber terminado la misión, (2) de haber concluido nuestros objetivos académicos juntos aún cuando los recursos eran limitados, y (3) de escuchar a los susurros del Espíritu Santo al poner los cimientos para nuestro futuro.

A medida que uno pasa por el período de deterioro en el ocaso de la vida, los inevitables achaques y dolores sirven un propósito importante. Lo ayudan a deshacerse del “hombre [o de la mujer] natural” de quienes habla el Rey Benjamín, mientras cedemos al “influjo del Santo Espíritu” (Mosíah 3:19). Los achaques de la vejez nos enseñan la humildad, el significado de la longanimidad, la importancia de la paciencia, un aprecio por cualidades como la bondad y el amor, y nos ayudan a aprender moderación en todas las cosas. Éstos son atributos divinos. Para los fieles, el lento deterioro del cuerpo sirve como un instrumento purificador del espíritu.

Si cuidan de su cuerpo en los años de su juventud, aumentarán sus posibilidades de vivir una vida larga. Eso es importante porque muchas lecciones se aprenden tarde en la vida. Un paquete de cigarrillos al día acorta la vida de 10 a 13 años. Observen en la siguiente gráfica la disminución de la fuerza. Las drogas acortan la vida aún más. Con razón el Señor proporciona una ley de salud en cada dispensación.

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Mis jóvenes amigos, la expiación y la resurrección del Señor confirman la importancia del cuerpo físico. Ruego que comprendamos y respetemos las importantes funciones que el cuerpo desempeña en la vida terrenal y en la eternidad.

La inteligencia o luz y verdad

El segundo gran propósito en la vida terrenal es la adquisición de inteligencia o luz y verdad (D. y C. 93:36). En el diccionario se define la inteligencia como la “capacidad de adquirir y aplicar el conocimiento”5. La definición del Señor, sin embargo, es un poco diferente; define “inteligencia” con un elemento adicional. No es sólo la “capacidad de adquirir y aplicar el conocimiento” sino la sabiduría para utilizarla con rectitud. En las palabras del Señor: “La luz y la verdad desechan a aquel inicuo” (D. y C. 93:37).

La luz es un atributo de la Deidad. El apóstol Juan dijo que “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1 Juan 1:5). Jesús declaró que Él era “la luz del mundo” (Juan 8:12). El Evangelio es un mensaje de luz (D. y C. 45:9). Un objetivo clave de la vida terrenal para todos los hijos de Dios es la adquisición de luz, para llegar a ser más como Él. Debemos mostrar que somos dignos en esta vida terrenal mediante la obediencia a Sus mandamientos. La recompensa es un aumento de gloria o luz (Abraham 3:25-26). En Doctrina y Convenios leemos: “Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz, y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto” (D. y C. 50:24).

El Señor ha proporcionado dos fuentes de luz espiritual. La primera es la Luz de Cristo. Esta luz se da a toda persona para que “sepa discernir el bien del mal” (Juan 1:9; Moroni 7:15-16; véase también Juan 1:9; D. y C. 84:46). La segunda fuente es el don del Espíritu Santo que se confiere a los miembros de la Iglesia. El Espíritu Santo tiene muchos dones que nos iluminan y nos fortalecen, en particular en cuanto al testimonio de Jesucristo, pero también de otras maneras.

Tres sendas espirituales

La siguiente gráfica representa tres diferentes sendas espirituales que uno puede tomar en esta vida. La senda superior conduce al reino celestial. Como se observó antes, aquellos que siguen esta senda reciben más y más luz durante su vida. La razón es porque son “prudentes y han recibido la verdad, y han tomado al Santo Espíritu por guía” (D. y C 45:57).

“Éstos son los que recibieron el testimonio de Jesús, y creyeron en su nombre, y fueron bautizados…

“y [recibieron] el Santo Espíritu por la imposición de. manos.

“Éstos son los que han recibido de su plenitud y de su gloria” (D. y C. 76:51-56).”

Estas personas aprenden tanto del Espíritu Santo como de la Luz de Cristo. Tengan a bien observar que la curva celestial sube con rapidez entre los miembros jóvenes de la Iglesia porque el bautismo y los susurros del Espíritu Santo durante un periodo de varios años dan considerable luz a una persona.

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La segunda senda conduce al reino terrestre. Hay crecimiento espiritual a lo largo de esta senda también, pero la trayectoria no alcanza lo que podría haber sido. Como a la mitad de la senda, los hombres y las mujeres aceptan la Luz de Cristo, pero no del Espíritu Santo. “Éstos son los hombres honorables de la tierra que fueron cegados por las artimañas de los hombres

“. . . los que reciben de su gloria, mas no de su plenitud” (D. y C. 76:75-76).

La tercera senda o la de abajo conduce al reino telestial. Los que viajan por este camino rechazan la Luz de Cristo así como al Espíritu Santo. Éstos son los que engañan, roban, comenten adulterio y aman obrar mentiras (D. y C. 76:103). Aunque recibirán gloria celestial en la Resurrección, estas personas pierden luz durante la vida terrenal. En las palabras de Pablo, son las que “[tienen] cauterizada la conciencia” y no responden a los susurros del Espíritu (1 Timoteo 4:2).

Los efectos del pecado

En la siguiente gráfica se examinan los efectos del pecado. Supongamos que uno viaja por la senda celestial y comete un pecado. El resultado es una pérdida de luz6. Aceptar el mal rebaja la trayectoria de nuestra senda, por lo que el Espíritu se retira. ¿Es posible volver a la senda más elevada? Sí, se puede volver mediante el proceso de la fe en el Señor Jesucristo y del arrepentimiento. Supongamos que alguien le roba la billetera a otra persona. ¿Qué se debe hacer para invertir la dirección y subir a la senda más elevada? Reconocer el pecado, sentir pesar, pedir perdón a la persona y al Señor, expresar arrepentimiento, devolver la billetera y abstenerse de volver a pecar, será el inicio para que la persona vuelva a la senda más elevada. Tomará tiempo probar que uno es digno, pero es posible eliminar los efectos del pecado mediante la fe en la expiación del Señor.

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Ahora, consideren otra situación mucho más seria: imaginen que un joven y una jovencita se roben el uno al otro la virtud a través de la fornicación. La pérdida de luz es mayor que en la del robo de la billetera. ¿Pueden estos jóvenes volver a la senda celestial? Sí, es posible, ¿pero cómo se lo logra? ¿Cómo pueden volver a ser limpios? El joven no puede restituir la virtud a la joven ni ella puede restituírsela a él. La única persona que puede renovar la virtud de ellos es el Señor. Él es el único con la capacidad de restituir la virtud y purificar a los jóvenes.

¿Cuáles son las condiciones? Evidentemente, no es suficiente para los jóvenes perdonarse uno al otro y refrenarse en el futuro. Deben edificar una relación con el Señor, empezando con una confesión al obispo. Deben buscar el perdón del Señor y ¡ganar Su confianza! Tomará tiempo, fe y esfuerzo de su parte para ser limpios de nuevo. Afortunadamente, el Espíritu Santo volverá y los conducirá al camino más elevado mientras participan de los frutos de la Expiación a través de su fe y diligencia en guardar los mandamientos.

Hermanos y hermanas, es importante permanecer en la senda celestial. Respeten sus cuerpos y absténganse del pecado y la luz adicional que reciban a través de la vida terrenal permanecerá con ustedes y será un ventaja en el mundo venidero (D. y C. 130:18-19).

La familia

El tercer gran propósito de la vida terrenal es el de casarse y comenzar nuestra propia familia eterna. El presidente Hinckley ha declarado que no hay nada más precioso que nuestra familia7. En la reciente transmisión mundial vía satélite sobre la familia, el élder L. Tom Perry citó de la Guía para la familia lo siguiente: “La familia es la unidad básica de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y la unidad social más importante que pueda existir tanto en esta vida como en la eternidad”8.

José Smith enseñó que “A menos que un hombre y su esposa entren en un convenio sempiterno, y sean unidos por las eternidades, mediante el poder y la autoridad del Santo Sacerdocio, cesarán de aumentar cuando mueran, es decir, no tendrán hijos después de la Resurrección”9. En la proclamación de la familia dice que el “matrimonio entre un hombre y una mujer es ordenado por Dios y… la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”10.

¿Por qué son el matrimonio y la familia tan importantes? En la reciente transmisión mundial vía satélite, el élder David A. Bednar mencionó dos razones doctrinales. La primera es: “La naturaleza del espíritu de los hombres y el de las mujeres se complementa y se perfecciona mutuamente y, por tanto, se ha dispuesto que progresen juntos hacia la exaltación”11. Es por eso que Pedro dijo que el hombre y la mujer juntos son coherederos de la vida eterna (1 Pedro 3:7). Pablo dijo que “ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón” (1 Corintios 11:11). “Por designio divino, se necesitan tanto el hombre como la mujer para traer hijos a la tierra y para proporcionar el mejor entorno para la crianza y el cuidado de los hijos”12.

Los hombres y las mujeres se complementan el uno al otro en el aspecto físico, espiritual, mental y emocional. Tenemos diferentes puntos fuertes y un matrimonio honorable es una asociación donde el crecimiento espiritual aumenta debido a las diferencias entre el hombre y la mujer.

La familia es el entorno perfecto para la enseñanza de los hijos. El padre y la madre son modelos importantes. La autoestima y la identidad de los hijos se forman mediante el amor que el padre y la madre se tienen entre sí y por sus hijos. El hogar y la familia es donde los hijos experimentan los lazos de amor, aprenden sobre la virtud, la honradez y a ser buenos ciudadanos. El hogar es donde los hijos aprenden a respetar a los demás. En otras palabras, la familia es la organización ideal para el crecimiento espiritual tanto de los padres como de los hijos.

El punto de vista que el mundo tiene del matrimonio y de la familia es diferente del nuestro. En general, ven el matrimonio como una relación temporal. Para algunos, el propósito es en su mayor parte el placer y la satisfacción personal. Cuando surgen momentos difíciles, los incentivos para mantener la relación disminuyen y con frecuencia esa relación se termina. Cada vez más, los adultos eligen ni siquiera casarse, sino más bien vivir juntos sin que haya una relación formal. Demás está decir que sus relaciones son las más cortas de todas.

Tres tipos de relaciones

En el siguiente grupo de gráficas se ilustran las diferencias entre el no casarse, el matrimonio civil y el matrimonio por el tiempo y la eternidad. La primera cifra ilustra la relación entre un hombre y una mujer donde no existe un contrato. Las dos personas viven juntas pero se distancian. Las promesas que se comparten son limitadas y no existe un enlace formal entre ellos. Su meta parece que no es más que la satisfacción personal. Ya que no existe un contrato, los hijos que nacen en estas circunstancias tienen poca seguridad. La relación es frágil y casi siempre es breve.

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La segunda cifra ilustra el matrimonio civil. La línea y las flechas ilustran las promesas que se hacen un hombre y una mujer como consecuencia de un contrato matrimonial. Se han prometido cuidarse mutuamente hasta que la muerte los separe. Las autoridades civiles reconocen el contrato. Los hijos tienen alguna seguridad debido a la intención de los padres y a las promesas que se hicieron. Desafortunadamente, cada vez más los matrimonios civiles fracasan ya que las personas rompen sus promesas. En la mayoría de los casos, las promesas rotas dejan en la miseria a la mujer, al hombre y a los niños.

La tercera cifra ilustra a un matrimonio por esta vida y la eternidad. Esta relación se establece mediante un convenio sagrado entre el hombre, la mujer y el Señor. La mujer hace convenio con el hombre y el hombre hace convenio con la mujer, y los dos hacen convenio con el Señor. Las flechas ilustran las promesas que se hicieron como convenio. El hombre le promete a la mujer que la honrará y la cuidará, que no habrá nadie que se interponga entre ellos. “Nadie” incluye al padre, a la madre, a los amigos y ciertamente a otra mujer. Él también le promete al Señor que vivirá el Evangelio y tratará a la mujer con el respeto que ella se merece. La mujer le hace al hombre promesas similares y luego al Señor. Por último, el Señor les hace promesas maravillosas al hombre, a la mujer y a su posteridad de acuerdo con su fidelidad.

Esta relación triangular es mucho más estable que las simples flechas. Cuando se comprenden, estas relaciones de potencial infinito aumentan la confianza, intensifican el compromiso y dan mayor solidez al matrimonio. Noten que cuanto más cerca estén el hombre y la mujer al Señor, más cerca estarán el uno del otro. El secreto del matrimonio es vivir el Evangelio y convertir el triángulo en un círculo eterno.

La familia eterna es uno de los tres grandes dones de la vida terrenal. Esta etapa de su vida, tanto física como espiritualmente, se ha diseñado para que ustedes la pongan en marcha. Ustedes tienen el Espíritu Santo para guiarlos en estas decisiones importantes pero ustedes deben elegir. Él no elegirá por ustedes; ésa no es Su responsabilidad, ni los privará de su albedrío. Sin embargo el Espíritu Santo traerá paz a su alma si toman las decisiones correctas.

Hermanos y hermanas, recuerden los grandes dones de la vida terrenal: el cuerpo físico, más luz y verdad, y la familia eterna. Estos dones son sagrados. Que el Señor los bendiga durante esta maravillosa etapa de la vida, que es suya para que la disfruten y para que reciban los tres dones en su plenitud. Ruego que el Señor los bendiga para que lo logren, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Gordon B. Hinckley, “Un testimonio vibrante y verdadero”, Liahona, agosto de 2005, pág. 6.
  2. Enseñanzas del profeta José Smith, selecciones de Joseph Fielding Smith, [1976], pág. 217.
  3. Véase Boyd K. Packer, El instrumento de tu mente y la base de tu carácter (charla fogonera del SEI, 2 de febrero de 2003).
  4. Véase William D. McArdle, F.I. Ketch and V.L. Ketch, Essentials of Exercise Physiology, 2nd Ed., Lipincott, Williams, and Wilkins, Philadelphia, PA, 558, 2000.
  5. The American Heritage Dictionary of the English Language (1969), “intelligence,” pág. 682.
  6. Véase Enseñanzas del profeta José Smith, en la obra citada, pág. 73; 2 Nefi 28:30.
  7. Véase Gordon B. Hinckley, “Regocijemos en el privilegio de servir”, Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, 21 de junio de 2003, pág. 22.
  8. Guía para la familia, “La organización y el propósito de la familia” [2001], pág. 1.
  9. Enseñanzas del profeta José Smith, en la obra citada, págs. 366-367.
  10. “La Familia: Una proclamación para el mundo”.

11.David A. Bednar, “El matrimonio es esencial para Su plan eterno ”, Reunión Mundial de Capacitación de líderes: Apoyemos a la familia, 11 de febrero de 2006, pág. 3.

  1. Bednar, “El matrimonio es esencial”, pág. 4.
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