Lo que espero que enseñéis a mis nietos

Lo que espero que enseñéis a mis nietos

Por el élder Spencer W. Kimball
(Discurso dado en la Universidad Brigham Young, 11 de julio de 1966)

Mis amados hermanos y hermanas, decidí que titularía mi discurso en esta forma: “Lo que espero que enseñéis a mis nietos”. Deseo expresaros mi aprecio por la poderosa influencia que vosotros ejercéis sobre los hijos e hijas de Sión. Descubro que los misioneros que salen mediante este programa se adaptan mejor y son más fieles, y los hogares que han tenido vuestra influencia son los más rectos.

Cada semana me reúno con obispados, con presidencias de estacas y con otros directores. Osadamente declaro que si sus jóvenes varones van bien preparados al campo misional, irán resolviendo por adelantado sus problemas matrimoniales. Prácticamente todos los jóvenes así fortificados se casarán en el templo sin presión o prosecución de parte de otros. Será una cosa que seguirá a la otra como el día sigue a la noche. Cuando contemplo a jóvenes bien entrenados marchando hacia el campo misional, veo disiparse las sombras de obscuridad, y luego a su regreso en el tiempo debido, los veo dirigirse al templo en su atuendo de bodas. De manera que os saludo, maestros e inspiración de los jóvenes. Vuestra responsabilidad infunde reverencia, vuestras oportunidades de ser salvadores son casi ilimitadas.

Constantemente nos esforzamos para recalcar bien ante los padres de éstos vuestros millares de jóvenes, que es responsabilidad primordial de los padres criar a sus hijos en fe y en corrección de vida, aunque debemos ser realistas y comprender que muchos padres fracasan al capacitar a sus hijos. Por lo tanto, todos los demás medios dedicados a hacer el bien deben levantar la antorcha. Primero entre éstos, está la Iglesia y entre sus dependencias más fuertes están los seminarios e institutos. Nosotros no intentamos eximir a los padres en sus fracasos, pero debemos poner la carga sobre vuestras fuertes espaldas para seguir adelante. Vuestra obra no puede ser mediocre. Debe ser brillante y eficaz.

Hay varias razones por las que me regocijo en este servicio superior que vosotros rendís. Una es mi responsabilidad general como uno de los líderes de la Iglesia; pero otra está constituida por mi egoísmo personal frente a las necesidades de mi familia. Dependo de vosotros para enseñar a mis vástagos, tengo veintiséis nietos. Uno murió siendo muy pequeño y fue al reino celestial. Dos están casados y han finalizado sus estudios convencionales. Pero todavía tenemos veintitrés que vosotros tenéis que enseñar. Este año tres de ellos estarán en la universidad y seis en la preparatoria, llegando a un total de nueve los que estarán a vuestro cuidado. Durante los próximos 24 años tendremos hasta doce bajo vuestra dirección anualmente, y ellos, en total, pasarán 152 años en vuestros salones de clases y bajo vuestra tutela. Durante este tiempo también esperamos, con gran esperanza, tener por lo menos 30 años de servicio misional para ellos. Ahora podéis ver por qué me siento tan interesado en los hombres que estarán empleados durante el próximo cuarto de siglo y por qué espero que sean hombres de valor y fe, de fuerza, de coraje y de ejemplo. Sin embargo, no espero para los míos nada más de lo que espero para las multitudes de jóvenes Santos de los Últimos Días. Quiero que vosotros les enseñéis todo aquello que los lleve a la condición de dioses.

Espero que enseñéis a ser honestos a mis queridos. Hay tanta trampa, robo y deshonestidad. La integridad es objeto de risa y la familia y la comunidad enseñan la deshonestidad. Las pequeñas travesuras deshonestas son motivo de festejo. Los niños pequeñitos a veces se las ingenian para engañar y aprovechar de su encanto. A veces se permite que el niño aprenda a cometer pequeños hurtos. El padre que miente en cuanto a la edad de su hijo para evitar el precio que tienen que pagar los mayores tanto en espectáculos públicos como en viajes de avión o autobuses, está enseñando, con toda intensidad, a su hijo a ser deshonesto. El niño no olvidará estas lecciones. Algunos padres permiten que el niño desobedezca la ley en cuanto al uso de cohetes o de rifles y en ir de pesca o de caza sin el permiso correspondiente. Se permite a los hijos conducir automóviles sin tener licencia de conductor, o se les permite que falsifiquen la edad. Aquellos que se apoderan de pequeñas cosas sin pagar por ellas, como frutas del huerto del vecino, una pluma del escritorio de un compañero de clase, un paquete de goma de mascar del estante de autoservicio, todos están aprendiendo silenciosamente que los pequeños hurtos y deshonestidades no son muy graves. Los oficiales de las escuelas declaran que el hacer trampas en los exámenes está alcanzando niveles alarmantes.

Tal vez estemos resistiendo a una fuerte marea, pero debemos enseñar a nuestros hijos que el pecado es pecado. Los jóvenes están recibiendo permiso para seguir adelante con faltas en los deportes y haciendo trampa en los juegos. Esta forma de actuar se proyecta en los estudios, en las profesiones y en los negocios. Además de estar mal, muy mal, ello mina la fibra misma de la cultura y de su carácter personal.

Me sentí muy impresionado con una declaración que hizo el presidente Tanner, que preguntó: “¿Querríais vosotros que un médico efectuara una operación quirúrgica a uno de vuestros seres queridos que se encuentre gravemente enfermo si ese médico obtuvo su título mediante trampas en la facultad de medicina y ahora, en esta emergencia en que la vida está en juego, este momento de crisis, no tiene a quien ocurrir para que le guíe en su diagnóstico, ni puede consultar esos papeles que tramposamente le ayudaron a pasar sus exámenes?” Su pregunta podría comentarse en muchos sentidos. ¿Querría yo emplear a un abogado para proteger las ganadas de mi vida y toda mi propiedad y aun mi vida si él fuera un tramposo, si no dispusiera en el momento necesario de sus respuestas robadas para las preguntas que surgirían instantáneamente? En relación a la falacia de hacer trampas y ser deshonesto, expreso mi preocupación ante la creciente necesidad de fortificar a nuestros jóvenes.

Un hombre dijo: “El hombre honesto no se torna deshonesto súbitamente así como un campo limpio no se torna un yuyal repentinamente.” Los comerciantes hablan de pérdidas increíbles por los robos en las tiendas y a menudo éstos ocurren con gente que no tiene necesidad —gente que está en los círculos sociales y gente religiosa— madres y padres así como jóvenes.

Las pérdidas por robo en los negocios son terribles. Había un joven contador que en forma permanente estaba tomando dinero de una caja que se le había confiado; y lo hacía allí donde debía ser el guardián de los fondos. La semana pasada una jovencita hizo una solicitud de empleo en las oficinas de la Iglesia. Ella había robado a su patrón anterior y había sido descubierta en su perfidia, perdiendo su trabajo.

La gente expresa deshonestidad y parece no preocuparse gran cosa en cuanto al honor cuando vota por ladrones reconocidos y por hombres deshonestos. Recientemente hemos tenido a algunos en Salt Lake City. Cuando la gente de prominencia alardea de haber traspuesto los límites de velocidad y las leyes de tránsito; cuando la gente de sociedad se ríe de las pequeñas deshonestidades; cuando la gente se ríe por haber arreglado en forma deshonesta boletas de ingreso; cuando los padres, los parientes y amigos se oponen a los que quieren aplicar la ley y sostienen a sus hijos en la desobediencia a dicha ley, hay poca oportunidad para cambiar al mundo.

La Iglesia y sus dependencias e instituciones constituyen una pequeña isla en un gran océano. Si nosotros no podemos mantener la raya y evitar que las aguas del error y del pecado nos invadan y nos traguen, hay poca esperanza para el mundo. Las olas de la marea de la corrupción, del mal, del engaño y del deshonor, golpean a nuestras playas constantemente. A menos que podamos levantar rompeolas y sólidos murallones para rechazarlas, el mar nos tragará y nos destruirá también. Espero que vosotros doctrinaréis a nuestros jóvenes para mantenerlos limpios en sus mentes y también en sus cuerpos y espíritus. En los días antiguos cuando se acostumbraba tomar solamente el baño del sábado por la noche, había olores del cuerpo y de los pies y mal aliento, pero ahora nos preocupamos poco en cuanto a estas cosas cuando las regaderas, bañeras y albercas están a disposición de la mayoría de nuestros jóvenes, y cuando casi a cada niño se le enseña a cepillarse los dientes, a mantener limpia su ropa y lavar su cabello. ¡Cuánto deseo que a todos los hijos se les enseñe de igual manera en el campo de lo moral! Nuestras preocupaciones por el cabello, el cuerpo y los dientes son reducidas, pero hay otros olores que son repugnantes. Espero que enseñaréis a los que están a vuestro cargo, a mantener limpias sus mentes y sus espíritus, y libres de olores feos que tienen que ver con la moral. La mancha de la obscenidad y de la vulgaridad alcanza y ofende a los cielos; corrompe todo lo que toca.

Cierto es que no podemos legislar el bien aunque se ha intentado. No podemos depender de los legisladores o jueces para que nos protejan. No podemos controlar totalmente el robo, el asalto, la tunantería, la brutalidad, ni la inmoralidad, ni aún el asesinato mediante las leyes. A veces ellas actúan como medios para disuadir. La basura que ahora alcanza a nuestros jóvenes mediante films, artículos y relatos indecentes, casi los ahoga. Parece ser que la única forma en la que podemos dar a nuestros jóvenes una supervivencia limpia y apacible, es enseñándoles antes que la ola de la marea proveniente de los caños de desagüe los inunde. Debemos levantar el murallón antes de que venga la tormenta, enseñándoles principios correctos. Si impregnamos de esto su vida y aún así ellos permiten que el mal los inunde, por lo menos habremos hecho nuestra parte. ¿Querríais vosotros, por favor, ayudar a los jóvenes de Sión a vestirse con la armadura de Dios?

Evidentemente Pablo se enfrentó con las mismas ideologías bajas, con moldes decadentes de conducta y con pantanos de error y suciedad, pues poéticamente rogó a los efesios pidiéndoles que fueran fuertes en el Señor y en el poder de su fuerza. Cito: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del Diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes… para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:11-13). Esa, me parece, es vuestra responsabilidad: habiendo hecho todo en preparación y fortificación, y entonces haciéndolos pararse sobre sus propios pies.

Al seguir a Pablo en su preocupación por su gente y al leer su ruego, puedo apreciar la batalla interminable contra los poderes de las tinieblas, su desesperanza al luchar contra los principados. Posiblemente él tenía líderes y políticos de la comunidad que estaban fortalecidos por los espíritus desincorporados y carentes de sangre en su lucha. Pablo nos entendería a nosotros y a nuestras incesantes batallas contra estos poderes de tinieblas y contra aquellos de la maldad espiritual que usan su influencia política y su posición influyente para embaucar al mundo y convencerlos pulgada a pulgada que acepte el mal en lugar del bien. Hay poca ayuda de los que tienen poder para mantener a los materiales obscenos fuera de circulación y lejos de nuestros hijos; existe una constante presión para legalizar los licores, el tabaco, los juegos de azar y otros vicios porque están tan fortificados con los espíritus del mal, que no son poderes de carne y sangre. Ellos aportan argumentos atrayentes y engañarían “aun a los electos”, si fuera posible. Querrían tener plena inmoralidad, prostitución, juegos de azar, licores y todo lo que es malo.

Ellos saben que hay mucha gente buena que no aceptaría toda la parcela, de manera que la van dando a ella poco a poco. Y parecen ser capaces de presentar argumentos convincentes de que no es algo tan malo. El procedimiento de pulgada a pulgada cobra sus víctimas. Con el licor, comienza con controles solamente en forma de paquete; entonces el licor puede llevarse a los restoranes y puede consumirse allí. El próximo paso sería legalizarlo para que pueda ser servido en las mesas y luego se vendería en pequeñas botellas en el restorán. Luego llegaría a cualquier tipo de botella, sin tener en consideración el tamaño. Y luego vendría el licor vendido por copas. Y la taberna y los antiguos bares (salones) serían la regla, y regresarían Roma y Babilonia. Nosotros somos gente glotona y aceptamos este remedio proveniente de sus vivaces bocas. Muchos de nosotros golpearíamos al vendedor en la cabeza si tratase de vender todo un paquete, pero estamos dispuestos a comprar la mortífera poción poco a poco, siendo engañados por los poderes de tinieblas provenientes de los lugares encumbrados.

Hermanos, debemos trabajar con todas las dependencias buenas para proteger a nuestros jóvenes tanto como nos sea posible, mediante la legislación y las leyes y el respaldo a las mismas. Pero debemos admitir que nuestra arma totalmente eficaz contra los ardides del mal es la educación adecuada y preventiva y la capacitación preventiva. Las manos del mal no pueden verse esposadas ni los portones enrejados de su celda pueden cerrarse si no es mediante la rectitud de aquellos que estaban señalados para ser sus víctimas.

Vosotros tenéis a estos jóvenes a vuestro cargo y bajo vuestra influencia mientras atraviesan los años de su etapa moldeable y fácil de recibir impresiones. Salvad a los jóvenes y los adultos del mañana estarán seguros. Esa es la única forma verdadera. La obscenidad no será desarraigada hasta que los hombres y mujeres se pongan en guardia ante la mera sugerencia de ella. La vulgaridad no cesará mientras nosotros, la gente, no nos sintamos heridos por los relatos pertinentes al sexo y llenos de sugerencias lujuriosas. Los cuentos vulgares y los chistes (chascarrillos) obscenos no dejarán de existir mientras haya risas para festejarlos, oídos que les presten atención y labios que los repitan. Las bebidas alcohólicas no dejarán de ser destiladas hasta que los hombres pasen a su lado sin tocarlas. El tabaco, el café y el té no dejarán de ser plantados en tanto no se sequen en los campos y selvas cuando no haya compradores para hacerlos negociables. Las casas de prostitución no cerrarán a menos que dejen de dar beneficios financieros. Los negocios no cerrarán el día de reposo mientras nosotros, la gente, no dejemos de comprar sus artículos en el día santo. Los parques de diversiones no cerrarán en día de reposo, ni tampoco los lugares de descanso, en tanto que nosotros los fomentemos.

El dinero y las ganancias se tornan lucro sucio y manchado cuando son obtenidos en empresas que quebrantan las leyes de Dios. Por favor, hermanos, enseñad estas cosas a nuestros hijos. Ayudadlos a mantenerse limpios de las cosas prohibidas, del té y del café, del alcohol y del tabaco, de la inmoralidad y de otros pecados porque, en segundo lugar, sus vidas pueden alargarse y estar más libres del dolor y penalidades, pero en primero, porque su Creador, nuestro Señor, que tiene en mente su bienestar, ha prohibido esas cosas. Esta es una prueba de obediencia, fe y de dulce confianza en alguien a quien aman, respetan y conocen como su amigo y protector. Enseñadles la diferencia entre la obediencia ciega y la obediencia de fe. Mostradles que no es obediencia ciega, aun sin comprender totalmente, seguir a un Padre que ha demostrado ser digno de total confianza.

Esto nos trae a la memoria la historia de aquel niñito a quien unos botánicos le pidieron que se dejase bajar por una cuerda hasta una ladera saliente de una montaña, para alcanzar una extraña flor que no se podía obtener de otra manera. Y el muchacho respondió que él satisfaría el pedido si su padre sostenía la cuerda. Este fue un acto fundado en una fe verdadera en su padre. Cuando los jóvenes llegan a conocer implícitamente que nuestro Padre Celestial ha dado todos los mandamientos enteramente para el beneficio de sus hijos, entonces alegremente obedecerán mediante la fe hasta poder obedecer mediante el conocimiento y comprensión. Me gustaría que nuestros hijos tuvieran esa clase de respeto y no pusieran sus pequeñas mentes contra la sabiduría de Dios.

¿Tendrían a bien ayudar a nuestros tan preciosos vástagos a ser gente normal, bien adaptada en su devoción y consagración al evangelio y a las normas? No les permitáis convertirse en seres fanáticos y caprichosos. Quienes viven todos los mandamientos no caen en el fanatismo. Permitidles comprender que deben ser tolerantes con las faltas de los demás, pero nunca justificar las propias. Permitidles ser bondadosos y generosos, amigables y agradables, y permitidles trabajar con gente mundana según surja la necesidad, pero nunca ser del mundo o aceptar sus bajas normas, ni preferir asociarse con gente mundana. Uno puede protegerse a sí mismo contra las influencias malignas sobrecogedoras mientras está obligado a trabajar con gente maligna, pero es casi imposible protegerse de prácticas degeneradas de parte de aquellos con quienes uno se asocia.

Espero que ellos, nuestros hijos, no sean excéntricos. Por favor, mis amados hermanos, enseñad a nuestros hijos y jóvenes a ser humildes. Que nunca tengan la actitud de “soy-más-santo-que-tú”, ni se sientan inclinados a hablar de su propia bondad o de sus cualidades sobresalientes. Recordamos a los dos que subieron a orar al templo. El fariseo con arrogancia e hipocresía monumentales se presentó ante el Señor diciendo que había pagado su diezmo y que era justo y que estaba libre de adulterio y era honesto; también ayunaba dos veces por semana. Aun se llegó a gloriar de su bondad en contraste con el pobre publicano que, en su humildad y arrepentimiento, pero con una evidente fe en Dios, golpeaba su pecho y rogaba la misericordia por causa de sus errores. Y estas oraciones arrogantes de parte de hombres santos, nos hacen recordar el relato de la antigua casa que fue destruida, y en la buhardilla se encontraron innumerables oraciones —las oraciones acumuladas y dichas por gente falta de humildad, a través de décadas— las que nunca habían subido más allá de la buhardilla y habían quedado encerradas en ella. Por favor, enseñad a nuestros jóvenes a orar de manera que su comunicación llegue a oídos divinos en los cielos, y a ser humildes pero caritativos ante la arrogancia, falso orgullo e hipocresías de los demás.

Espero que vosotros daréis participación abundante a nuestros jóvenes, en la lectura de las Escrituras. Yo veo que cuando me siento indiferente en cuanto a mi relación con la Divinidad y cuando me parece que no hay oídos divinos escuchando y que no hay voz divina que esté hablando, yo estoy lejos, muy lejos. Si me sumerjo en las Escrituras, la distancia se acorta y la espiritualidad regresa. Me encuentro más lleno de amor, más cerca de aquellos a quienes debo amar con todo mi corazón, mente y fuerza; y amándolos más, encuentro más fácil sujetarme a su consejo. Aprendemos más rápidamente las lecciones de la vida y con más seguridad, si vemos cuáles son los resultados de la iniquidad y de la rectitud en la vida de otros. Conocer a los patriarcas y profetas de épocas pasadas y su fidelidad bajo la tensión, tentación y persecución, fortalece las decisiones de la juventud. Llegar a conocer bien a Job, conocerlo más de cerca, es aprender a ejercitar la fe aun durante las más grandes adversidades. Conocer bien la fuerza de José en el lujo del antiguo Egipto cuando fue tentado por una mujer voluptuosa, y ver a este joven puro resistir todos los poderes de las tinieblas comprendidos en esa persona seductora, ciertamente debería fortificar al lector contra el pecado. Ver la paciencia y fortaleza de Pablo cuando estaba entregando su vida al ministerio es dar animo a aquellos que sienten que han sido lastimados y puestos a prueba. Él fue golpeado y, puesto en prisión con frecuencia por la causa, fue apedreado casi hasta la muerte, naufragó tres veces, fue asaltado, estuvo a punto de ahogarse, fue víctima de hermanos falsos y desleales. Aunque con hambre, ahogándose, congelándose, pobremente vestido, Pablo fue constante en su servicio, nunca vaciló siquiera una vez después que recibió el testimonio luego de su experiencia extraordinaria. Con el evangelio como catalizador, Pedro avanzó de su posición como un humilde pescador —sin preparación, sin cultura e ignorante, según se le calificó— hasta llegar a ser un gran organizador, un profeta, líder, teólogo y maestro. De este modo los jóvenes tomarán valor y sabrán que nada puede detener su progreso sino ellos mismos y sus debilidades.

Mientras seguimos los tortuosos pasos de Saúl partiendo desde un cuidador de asnos hasta llegar a ser rey y profeta de Israel, y luego verlo crecer en arrogancia orgullo y hostilidad, e ignorar a su Señor y al profeta, vemos a este hombre enloquecido caer de un lugar encumbrado hasta la tienda de la bruja de Endor. Luego lo vemos vencido en la batalla y rechazado por el profeta a la ignominia y devastación. Al fin vemos su cabeza decapitada puesta sobre la muralla para que todos sus enemigos se deleitasen y la escupieran. Esto ciertamente enseñará lecciones muy importantes a los jóvenes. El ascendió de campesino a rey y profeta y luego cayó en los encantamientos. ¡Qué lección en cuanto al orgullo y la arrogancia!

Nuestros hijos pueden aprender las lecciones de la vida mediante la perseverancia y fuerza personal de Nefi; la santidad de los tres nefitas; la fe de Abraham; el poder de Moisés; la decepción y perfidia de Ananías; el valor, aun hasta la muerte, de los ammonitas; la insaciable fe de las madres lamanitas transmitida a sus hijos, tan poderosa que salvó a los heroicos guerreros de Helamán. Ni uno solo encontró la muerte en aquella guerra.

A través de todas las Escrituras cada debilidad y fuerza del hombre se ha representado, y las recompensas y los castigos se han anotado. Uno ciertamente estaría ciego si no aprendiese a vivir la vida en forma adecuada mediante tales lecturas. El Señor ha dicho: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). Y fue este mismo Señor y Maestro en cuya vida encontramos toda cualidad de bondad: santidad, fuerza, dominio, perfección. ¿Y cómo pueden los jóvenes estudiar esta gran historia sin que algo quede en sus vidas?

Y maestros, ¿los guiaréis para que sean leales? La lealtad es el material con el que están hechos los grandes personajes. Sin lealtad a las personas y a las causas y a Dios, uno está desnudo, desolado y sin fruto. El profeta José una vez dijo de Brigham Young y de Heber C. Kimball: “Ellos son los únicos hombres de entre las Autoridades Generales que nunca han golpeado sus talones contra mí.”

Yo espero que estos 152 años coadyuvantes de la capacitación impartida por los padres, acarrearán para mis veintitrés nietos y para todos los demás, una hermosa normalidad en sus vidas. Conociendo la tendencia de la mayoría de los jóvenes de ser adoradores de héroes, espero que vosotros llenéis los requisitos para ganaros esa admiración y casi adoración. Que ellos puedan tener una vida familiar hermosa y abundante, moldeada conforme a la imagen ideal de una familia eterna. Esto lo pueden aprender en parte, por lo que vosotros les digáis pero mucho más por lo que les mostráis. En consecuencia, espero que la imagen que se grabe en estas quince décadas de aprendizaje pueda ser la más cercana a lo ideal. Esto me llevaría a esperar de vosotros y de vuestros sucesores, honor, integridad, pureza, actitud positiva y fe. Espero que vosotros os presentéis bien vestidos ante estos jóvenes, bien arreglados, con actitud positiva, felices y provenientes de hogares donde la paz y el amor han dejado una influencia vibrante y cálida al comenzar el día. Me gustaría que ellos supiesen por medio del sentimiento que vosotros emanéis, que esa misma mañana salisteis de un hogar lleno de amor donde la paz reina y el amor ocupa el trono principal. Estos alumnos deberían saber instintivamente mediante vuestro espíritu que esa mañana vosotros estuvisteis de rodillas al lado de la mesa del desayuno con vuestra familia y que hubo palabras suaves de ruego al Padre Celestial pidiendo guía, no solamente para vuestra pequeña familia arrodillada junto a vosotros, sino por vuestra familia mayor también, aquellos que en ese mismo instante andaban apurados en sus otros hogares preparándose para sus clases. Me gustaría esperar que fueseis el esposo y padre perfecto, con control y relaciones familiares adecuadas, y que vuestros alumnos vieran en vosotros y en vuestras familias el ideal según el cual moldear sus vidas.

Me gustaría que ellos eligiesen correctamente a sus cónyuges cuando lleguen a la edad del cortejo; en parte porque vieron en su amado maestro o director todas las cualidades que llevan a ese ideal. Ellos deberían ver a una esposa y madre inteligente y bien adaptada que apoya plenamente al esposo y contribuye a la relación casi perfecta de esposo y esposa. Espero que estos jóvenes vean a sus instructores en la vida comunitaria como dignos, dispuestos a cooperar, y en la vida religiosa como directores devotos, dignos de confianza y capaces. Espero que ellos os amen, pues a quien servimos amamos, y a quien amamos a menudo elegimos por modelo para nuestra vida.

Espero que su confianza y respeto en vosotros se eleven a tales niveles que no vacilen en llevaros sus problemas íntimos, porque aunque como directores de seminarios e institutos no tenéis autoridad eclesiástica para resolver con ellos sus pecados graves, ciertamente podríais ser la primera línea de acercamiento. Vuestro sabio consejo podría ayudarlos a resolver muchos de sus problemas y podríais saber cuándo pasarlos a sus obispos para que solucionen sus problemas más grandes. Espero que vosotros seáis una roca tan sólida que ellos puedan apoyarse en vosotros, confiar y recibir de vuestra fuerza; la cual será motivo para evitar dificultades. Espero que seáis capaces de fortalecerlos contra el pecado, siendo esa vuestra principal función; el obispo es el que los ayuda en el proceso de curación si es que llegaran a fallar y a soltarse de sus sólidas amarras.

“Una onza de previsión vale lo que una libra de curación”, dice el viejo adagio. Mi experiencia me lleva a creer que los contratiempos son mayores. Cuando veo cómo se raspa sencillamente la parte superior del brazo y se aplica un poco de vacuna en el procedimiento de prevención, lo comparo con lo que yo sufrí cuando ten (a alrededor de veinte años a causa de la terrible viruela, ocasión en la que pude morir; y comprendo que la vacunación exige solamente unos minutos pero muchos días son los requeridos para que la enfermedad finalice su curso. Y cuando veo a alguien que pestañea un poquito ante el pinchazo de una aguja de una jeringa con vacuna antitífica, comparo ese momento con las muchas semanas de hambre, dolor y debilidad física, tratando de volver a recuperar mis fuerzas. Entonces creo que nuestra función es la de prevenir en lugar de curar o además de esto, con la plena seguridad de que mientras una aumenta la otra disminuye. Cuanto menos prevención haya, mayor necesidad de curación y cuanto mayor prevención menor curación. Cuanto más agujas, menos camas en el hospital, menos reclinatorios en los consultorios psiquiátricos y menos oficinas de obispos.

En el lado de las cosas negativas: nunca debe haber fricciones ni peleas en vuestros hogares y nunca debe existir la maldad y la crítica, pues vosotros acarreáis ese veneno infeccioso a las clases; y vuestros alumnos no merecen sufrir por causa de vuestros problemas. Naturalmente, vosotros haréis todo lo que indicáis que hagan vuestros alumnos: ayunar, dar testimonio, pagar vuestro diezmo, asistir a las reuniones, ir a las sesiones en el templo, santificar el día de reposo, prestar servicio generoso, efectuar la noche de hogar para la familia y las oraciones familiares; ser solventes, siempre honestos y llenos de integridad. El ejemplo es mejor que el precepto, y enseñar y no hacer es como “metal que resuena o címbalo que retiñe”. Vuestros alumnos tienen derecho a esperar años de enseñanza eficaz, espiritual y firme.

Deseo que nuestros jóvenes nunca reciban enseñanza por parte de mercenarios. Si alguno de vosotros estuviera enseñando en este programa meramente como una ocupación, o por la mera compensación que recibís, entonces espero que sea asignado a alguna de las otras áreas. Pero si vuestro salario es incidental y vuestra obsesión grande y magnífica es nuestros hijos, su crecimiento y desarrollo, entonces espero que estéis enseñando en Nueva York, Michigan, Wisconsin y Utah, donde están mis queridos vástagos.

Sé que me inclino en favor de los míos. Temo que los míos sean otros más dentro del montón y sospecho que para llevarlos a la disciplina adecuada y a los métodos de enseñanza se requerirá más que una inteligencia perseverancia y comprensión promedio, de parte vuestra. De manera que espero que tengáis todo eso en una proporción generosa y que podáis añadir a esas cualidades todas las demás que os ayudarán a dirigirlos sobre las cumbres difíciles y a través de los cruces de caminos que son tan peligrosos e importantes para ellos cuando se encuentran, por lo menos temporalmente, en tales circunstancias.

Espero que podáis guiarlos a través de sus períodos de rebeldía pues parece que muchos jóvenes llegan a un punto de autosuficiencia que muchas veces es catalogado como rebelión. Posiblemente cuando lleguen a saber más que sus padres, vosotros sois quienes podéis causar impresión en ellos; y lo que pido para los míos deseo para la posteridad de otros abuelos, la cual es para ellos tan preciosa como lo es para mí.

Espero que vosotros enseñaréis a los jóvenes a planear, presupuestar y trazar su curso de acción. Fortificadlos contra las citas a temprana edad y hacedlo mucho antes de que sientan la urgencia de empezar. Adoctrinadlos contra las citas con la misma persona en los años de su adolescencia, antes de que lleguen a pensar que se han enamorado perdidamente de alguien. No esperéis hasta que la batalla haya comenzado para edificar un fuerte y reunir las municiones. Preparadlos en dignidad para casarse en el templo, comenzando desde el primer día en que vienen a vuestra clase y no simplemente que tengan la determinación de ir allí y casarse. Poned más énfasis en los requisitos: las actitudes y la dignidad.

Espero que sus valores no estén mezclados ni distorsionados como los del hombre que robé el carbón pero que bajo ningún pretexto quiso beber una taza de café, o como la jovencita que estaba embarazada pero cuya manera de ver las cosas estaba tan distorsionada que todo su énfasis estaba puesto en el casamiento en el templo a toda costa y para nada pensaba en la preparación que se requiere. Ella no quería casarse con el padre del hijo que esperaba porque el casamiento en el templo no estaba a su alcance en estas condiciones. La fornicación era de menor importancia para ella, pero definitivamente había puesto su mira en el matrimonio en el templo. El espíritu da vida; la palabra mata.

Espero que podáis adoctrinar tan completamente a mis muchachos —quince de ellos— y a todos los demás, que aspiren a llegar a los diecinueve años, cumplir una misión y que en ella se sientan felices y sean eficientes. Vosotros podéis hacer mucho para estimular el financiamiento de sus misiones, enseñándoles a ahorrar a través de los años, y así atándolos psicológicamente a sus misiones.

Me agradaría si vosotros desarrollaseis en nuestros jóvenes un sentido de responsabilidad. En esta época de afluencia, en la que la mayoría de nuestros hijos tiene casi todo lo que quieren sin ganarlo, se tornan irresponsables y carentes de confiabilidad lo cual era más evidente cuando los jóvenes compartían el trabajo y la responsabilidad de la granja, en los negocios y en el hogar. Creciendo con todo puesto en las manos sin mucho esfuerzo de parte de ellos, les vuelve difícil enfrentar las realidades cuando llega el día en que deben llevar la carga así como los gozos del matrimonio.

Nuestra atención estaba dirigida a esta necesidad cuando aconsejamos a dos jóvenes de dieciocho años que se habían visto en la necesidad de casarse unos meses antes. Él no quería casarse y sus padres lo apoyaban en su negativa, pero fue necesario ejercer algo de presión sobre él. Ahora la joven esposa tenía que quedaren casa. A ella no le gustaba lavar los platos y poco sabía de cocinar. Las tareas de la casa le eran repugnantes. Se quejaba y criticaba. Él no quería sentar cabeza, seguía saliendo en las noches con sus amigos y dejaba sola a la esposa. Él no estaba preparado para enfrentar la vida y sus ínfimos ingresos los hacían depender de sus padres cuya ayuda aceptaban sin vergüenza alguna. El gastó muchos de sus pocos dólares en los deportes. Siendo que él había sido negligente con ella, ahora sospechaba que le era infiel. Esta pareja, como muchas otras, no estaba preparada para sus responsabilidades. No eran sino niños que no se habían acercado a las puertas de la madurez. Por favor, ¡enseñadles responsabilidad! Y naturalmente quiero que nuestros jóvenes sean fuertes de manera que en los sacrificios su fe los sostenga. Entonces, como Nefi, cuando se han de recuperar registros, su fe tos llevará a través de los muros, portales y jardines, y saldrán con éxito llevando los tesoros vitales. Cuando hay que cruzar un desierto, cuando hay que viajar por el mar, si hay que terminar un proyecto o si hay que efectuar cualquier tarea similar, o aun si hay que dar la vida, espero que ellos tengan fe para aceptar sus responsabilidades al saber que el mandato proviene del Señor o de sus siervos adecuadamente investidos y espero que ellos vayan con seguridad. El Señor no pide nada para lo cual no los prepare y en lo cual Él no los ayude.

¿Qué deseo que enseñéis a mis nietos y a todos los demás? Sobre todo espero que les enseñéis a tener fe en el Dios viviente y en su Hijo Unigénito; no una aceptación superficial, de tipo intelectual, sino un profundo sentimiento interior de dependencia y acercamiento; no temor compuesto de pánico y terror, sino un temor del Señor compuesto principalmente de amor intenso y admiración y de una relación reverente de padre y progenie: padre e hijo, padre e hija.

Espero que les deis participación en el proceso de obtener conocimiento, comprendiendo que hay conocimiento de cosas a lo largo de todo el camino partiendo desde los más tenues colores del espectro hasta el lugar en el que el conocimiento cierto o la acción apropiada acarrea salvación y exaltación. Para lograr esto espero que ellos puedan sentir que vosotros tenéis esa clase de conocimiento. Ellos deben sentir vuestro testimonio en cada lección y también deben oírlo expresado por vosotros numerosas veces.

Me gustaría que todos los jóvenes de Sión volvieran a su Padre Celestial. No hay aquí solamente tentaciones carnales contra las cuales luchar sino también está el espíritu de lo que se ha dado en llamar libertad intelectual, y este espíritu tal vez invada nuestras filas. Un joven rechazó el consejo dado por mí en una ocasión, diciendo, al yo asegurar que determinada acción era equivocada y pecaminosa: “Esa es su opinión y ésta es la mía.”

Y yo respondí: “Sí, si eso fuera así, yo estaría de acuerdo contigo. Tu mente posiblemente sea más brillante que la mía, tu materia gris más compacta y más gris, tu lógica y el proceder de tu pensamiento tal vez mucho más alerta que el mío, pero has olvidado una cosa; tu opinión, no importa cuán sabia sea, no contiende con la mía sino con el conjunto de la inspiración de todos los profetas antiguos de por lo menos seis milenios y del Creador mismo. Tu lógica es difícilmente comparable con la inspiración y revelación del Señor la cual yo represento para ti. Tus deliberaciones parecen más bien pequeñas cuando son comparadas con el conocimiento y sabiduría de Dios que hizo a tu pequeña mente y le dio la potestad de funcionar. Dios dijo que ese acto es pecado. Sí, mi amigo, si se tratara de tu pensamiento contra el mío, tu lógica contra la mía, tu percepción contra mis limitadas habilidades, entonces me retiraría y te dejaría con tus deliberaciones y conclusiones. Pero estoy expresando no mi opinión sino la palabra del Señor del cielo y estoy diciéndote una verdad de Dios: esa acción que defiendes es pecado. Comparar tu opinión con las verdades probadas del Señor podría ser como un grano de arena comparado con toda la masa y altura del Monte Everest.”

Sí, quiero que mis nietos y todos los jóvenes de Sión sepan cómo estar en comunión con su Padre y sientan profundamente esa relación. Estoy seguro de que cuando hayan aprendido a hablar realmente con el Señor —no solamente a decir palabras— cuando hayan hecho de la lectura de las Escrituras una parte importante en sus horarios, cuando hayan conquistado sus impulsos, deseos, pasiones y hayan establecido actitudes correctas, entonces estarán en su senda.

Bien, en conclusión espero que enseñéis rectitud, pura y sin mancha. Espero que si cualquiera de los hijos de Dios está en las tinieblas espirituales, vosotros vayáis a él con una lámpara e iluminéis su camino; si están en el frío de la intemperie espiritual con su aliento helado penetrando sus huesos, que vosotros vayáis a ellos con vuestro manto y vuestra capa; y cuando os necesiten para andar con ellos, sosteniendo sus manos un poquito, que andéis millas y millas con ellos, elevándolos, fortaleciéndolos, animándolos e inspirándolos.

Nuevamente rindo tributo a vosotros, un gran cuerpo de hombres y mujeres, por vuestra bondad y vuestro deseo, y por vuestro sacrificio y vuestra devoción. Mis oraciones continuarán con vosotros. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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