Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días

CAPÍTULO 28
Intentamos por suficiente tiempo

El 6 de agosto de 1838 fue el día de las elecciones en Misuri. Esa mañana, John Butler cabalgó al pueblo de Gallatin, la sede del gobierno del condado de Daviess, para votar1.

John había sido miembro de la Iglesia por pocos años. Él y su esposa, Caroline, se habían mudado ese verano a un pequeño asentamiento cerca de Adán-ondi-Ahmán. Era capitán en la milicia local y un danita2.

Fundada solo un año antes, Gallatin era poco más que un conjunto de casas y tabernas. Cuando John llegó a la plaza del pueblo, encontró que estaba repleta de hombres de todo el condado. El lugar de la votación se había establecido en una casa pequeña a la orilla de la plaza3. Conforme los hombres caminaron para votar, los candidatos se mezclaron con la multitud4.

John se unió a un pequeño grupo de santos que permaneció apartado del grupo principal. Los problemas de actitud en el condado de Daviess nunca había favorecido a los santos. Después de que José estableció una estaca en Adán-ondi-Ahmán, el lugar floreció y más de doscientas casas se edificaron. Los santos ahora podían influir en el voto del condado, y eso enfureció a muchos otros colonos. Para evitar problemas, John y sus amigos hicieron planes para votar juntos y regresar con rapidez a casa5.

Cuando John se acercó al lugar de la votación, William Peniston, un candidato para representante del estado, subió a un barril de whisky para dar un discurso. William había intentado obtener el voto de los santos a inicios de ese año, pero cuando se enteró de que la mayoría de ellos favorecían al otro candidato, se dedicó a atacarlos verbalmente.

“Los líderes mormones son un grupo de ladrones de caballos, mentirosos y falsificadores”, vociferó William a los hombres que estaban reunidos. La molestia de John creció. No faltaba mucho para que William hiciera que la multitud se pusiera en contra de él y de sus amigos. La mayoría de los hombres ya estaban molestos con ellos, y muchos habían estado bebiendo whisky desde que las casillas abrieron.

William advirtió a los votantes que los santos robarían sus propiedades y sobrepasarían su voto6. Dijo que no pertenecían al condado y que no tenían el derecho de tener parte en la elección. “Dirigí a un populacho para que los sacaran del condado de Clay” alardeó, dirigiéndose a John y a los demás santos, “y no haré nada para que no los ataquen ahora”7.

Pasaron más whisky entre la multitud. John escuchó a algunos hombres maldecir a los santos. Comenzó a retroceder. Medía más de un metro ochenta de estatura y era corpulento, pero había llegado a Gallatin a votar, no a pelear8.

De repente, un hombre entre la multitud trató de golpear a uno de los miembros de la Iglesia. Otro de los santos salió en su defensa, pero la multitud lo golpeó. Un tercer miembro de la Iglesia tomó un pedazo de madera de una pila y golpeó al atacante en la cabeza. El hombre cayó cerca de los pies de John. Los hombres de ambos grupos tomaron palos y sacaron cuchillos y látigos9.

Los santos estaban sobrepasados en número, cuatro a uno, pero John tenía la determinación de proteger a sus compañeros miembros de la Iglesia y a sus líderes. Al ver una pila de maderos para cercas, tomó una pieza gruesa de roble y se apresuró hacia la pelea. “Sí, danitas”, exclamó, “¡aquí hay un trabajo para nosotros!”.

Golpeó con el madero a los hombres que atacaban a los santos, midiendo cada golpe para derribar a sus oponentes, no para matarlos. Sus amigos también pelearon, improvisando armas con palos y piedras. Derribaron a cualquiera que se enfrentó contra ellos, terminando con la pelea después de dos minutos10.

Tratando de recuperar el aliento John miró a través de la plaza del pueblo. Los hombres heridos yacían sin moverse en el piso. Otros estaban escabulléndose. William Peniston había bajado del barril de whisky y había huido a un cerro cercano.

Un hombre de la multitud se acercó a John y dijo que los santos ahora podían votar. “Baje ese madero”, le dijo. “No hay necesidad de usarlo”11.

John sujetó el madero de la cerca con más fuerza. Deseaba votar, pero sabía que sería atacado si entraba en la pequeña casa y trataba de votar sin estar armado. En vez de eso, se dio la vuelta y comenzó a caminar alejándose.

“Debemos tomarte como prisionero”, dijo otro hombre. Argumentó que algunos de los hombres que John había derribado posiblemente habían muerto.

“Soy un hombre respetuoso de la ley”, dijo John, “pero no tengo la intención de ser juzgado por un populacho”. Montó su caballo y partió del pueblo12.

Al día siguiente, John cabalgó a Far West y le dijo a José acerca de la pelea. Los informes de muertos en Gallatin se propagaron rápidamente por el norte de Misuri, y los populachos se prepararon para atacar a los santos. Con el temor de que John fuera el blanco de las represalias, José le preguntó si ya había mudado a su familia fuera del condado de Daviess.

“No”, dijo John.

“Entonces ve y hazlo inmediatamente”, José le dijo, “y no duermas otra noche ahí”.

“Pero no me gusta ser cobarde”, contestó John.

“Ve y haz conforme te digo”, dijo José13.

John salió inmediatamente hacia su casa, y José cabalgó al poco tiempo con un grupo de voluntarios armados para defender a los santos del condado de Daviess. Cuando llegaron a Adán-ondi-Ahmán, se enteraron de que nadie, en ninguno de los lados de la pelea en Gallatin había muerto. Aliviado, José y su compañía pasaron la noche con Lyman Wight.

A la mañana siguiente, Lyman y un grupo armado de santos cabalgaron a la casa de Adam Black, el juez local de paz. Los rumores afirmaban que Adam estaba reuniendo a un populacho para que fueran tras los santos. Lyman quería que firmara una declaración en la que dijera que garantizaría un trato justo para los santos en el condado de Daviess, pero Adam se negó.

Más tarde ese día, José y más de cien santos regresaron a la cabaña de Adam. Sampson Avard, un líder de los danitas en Far West, llevó a tres de sus hombres dentro de la casa y trató de forzar al juez de paz para que firmara la declaración. Adam se negó nuevamente, y demandó ver a José. En ese momento el Profeta se unió a las negociaciones y resolvió el asunto pacíficamente, acordando que el juez escribiera y firmara su propia declaración14.

Sin embargo, la paz no duró mucho tiempo. Poco después de la reunión, Adam demandó que José y Lyman fueran arrestados por rodear su cabaña acompañados de fuerzas armadas y por intimidarlo. José evitó ser arrestado al pedir ser juzgado en el condado de Caldwell en el que residía, en lugar de en el condado de Daviess, en el que muchos de los ciudadanos estaban molestos con los santos15.

Mientras tanto, las personas a lo largo del norte de Misuri organizaron reuniones para analizar las noticias de Gallatin y el creciente número de santos que se establecían entre ellos. Las pequeñas mafias vandalizaron los hogares y los graneros de los miembros de la Iglesia en el condado de Daviess y tuvieron como blanco los asentamientos cercanos de miembros de la Iglesia16.

Para calmar la tensión, José regresó al condado de Daviess a principios de septiembre a fin de responder ante los cargos que había en contra de él. Durante la audiencia, Adam admitió que José no lo había forzado a firmar la declaración. Aun así, el juez ordenó que el Profeta regresara en dos meses para ser juzgado17.

Los santos tenían algunos aliados en el gobierno de Misuri, y pronto la milicia del estado se reunió para dispersar a grupos justicieros, pero las personas en y cerca del condado de Daviess todavía estaban dispuestas a sacar a los santos de entre sus fronteras.

“Los que persiguen a la Iglesia”, escribió José a un amigo, “no están apaciguados en Misuri”18.

El último día de agosto, Phebe y Wilford Woodruff cabalgaron juntos a lo largo de una playa de arena blanca no lejos de la casa de los padres de ella en Maine. Había marea baja. Las olas entraban por el océano Atlántico y chocaban con la costa. A la distancia, no lejos del horizonte, las embarcaciones pasaban en silencio, sus pesadas velas de lona ondulaban con la brisa. Un grupo de aves volaron en círculo sobre su cabeza y se posaron sobre el agua.

Phebe detuvo su caballo y recogió conchas de mar que estaban esparcidas en la arena. Deseaba llevarlas como recuerdo cuando ella y Wilford se mudaran al oeste a Sion. Phebe había vivido cerca del mar la mayor parte de su vida y las conchas eran una parte del paisaje de su hogar19.

Desde que había sido llamado al Cuórum de los Doce, Wilford había estado ansioso de llegar a Misuri. Su visita reciente a las islas Fox había durado solamente poco como para animar al pequeño grupo de santos para que fueran con él y con Phebe a Sion. Regresó a tierra firme desilusionado. Algunos de los miembros de la rama habían accedido a ir con ellos. Otras personas —incluyendo a Justus y Betsy Eames, los primeros que bautizó en las islas— se quedarían.

“Verán el sinsentido de su decisión cuando sea demasiado tarde”, dijo Wilford20.

No obstante, Phebe tampoco estaba tan entusiasmada por ir. Le había gustado mucho vivir nuevamente con sus padres. Su casa era cómoda, cálida y conocida. Si se quedaba en Maine, nunca estaría lejos de su familia y amigos21. Misuri, en cambio, se encontraba a dos mil cuatrocientos kilómetros de distancia. Si partía, posiblemente no volvería a ver a su familia. ¿Estaba lista para hacer ese sacrificio?

Phebe estaba segura respecto a sus sentimientos hacia Wilford. Él comprendía que ella sintiera ansiedad al dejar a su familia, pero no compartía su apego hacia el hogar. Él sabía, así como ella, que Sion era un lugar de seguridad y protección.

“Iré a la tierra de Sion o a cualquier sitio que Dios me mande”, escribió en su diario, “así tenga que renunciar a cuantos padres, madres, hermanos y hermanas se puedan interponer entre Maine y Misuri; y subsistiré con hierbas cocidas en el camino”22.

Durante septiembre, Phebe y Wilford esperaron a que la rama de las islas Fox fuera a tierra firme para comenzar el viaje hacia el oeste. No obstante, con el paso de cada día, Wilford se impacientó al ver que los miembros de la rama no aparecían. El año se acercaba a sus últimos meses. Entre más retrasaban el viaje, mayores eran las posibilidades de que se enfrentaran al mal clima en el camino.

Había otras razones que hacían que Phebe titubeara aún más para partir. Su hija, Sarah Emma, había comenzado a tener una tos severa, y Phebe se preguntaba si era prudente llevarla a un viaje tan largo en el clima frío23. Entonces, apareció en el periódico local un exagerado informe de la riña del día de la elección en el lejano condado de Daviess. Las noticias sorprendieron a todos.

“No será bueno que vayan”, dijeron los vecinos a Phebe y a Wilford. “Los matarán”24.

Pocos días después, cerca de cincuenta santos llegaron desde las islas Fox, listos para viajar a Sion. Phebe sabía que era hora de partir, para que Wilford se reuniera con los Doce en Misuri, pero sentía un fuerte lazo con el hogar y la familia. El camino a Misuri sería difícil, y la salud de Sarah Emma todavía era frágil. No había garantía de que estarían a salvo de los populachos una vez que llegaran a su nuevo hogar.

Aun así, Phebe creía en el recogimiento. Ya antes había dejado su hogar para seguir al Señor y estaba dispuesta a hacerlo nuevamente. Cuando se despidió de sus padres, se sintió como Rut, del Antiguo Testamento, al abandonar el hogar y la familia por su fe.

Con lo difícil que le fue partir, ella puso su confianza en Dios y subió al carromato25.

A fines de septiembre, Charles Hales, de veintiún años, llegó con una compañía canadiense de santos a De Witt, Misuri. Al ser uno de los miles que respondían al llamado de congregarse en Sion, había dejado Toronto junto con sus padres y hermanos a inicios de ese año. De Witt se encontraba a ciento trece kilómetros al sureste de Far West y brindaba a las caravanas de carromatos un lugar para descansar y reabastecerse antes de continuar hacia el condado de Caldwell26.

Sin embargo, cuando Charles llegó el pueblo estaba bajo sitio. Cerca de cuatrocientos santos vivían en De Witt, y los vecinos en el lugar y al rededor de este los presionaban para que se fueran del área, insistiendo en que salieran antes del 1 de octubre o se enfrentaran a la expulsión. George Hinkle, el líder de los santos en De Witt, se negaba a irse. Decía que los santos se iban a quedar e iban a luchar por su derecho a vivir ahí27.

Había rumores que alimentaban la tensión en De Witt de que los danitas estaban preparándose para enfrentar a la gente de Misuri. Muchos ciudadanos habían comenzado a movilizarse en contra de los santos y ahora acampaban a las afueras de De Witt, listos para atacar el lugar en cualquier momento. Los santos habían enviado una solicitud al gobernador de Misuri, Lilburn Boggs, pidiendo protección28.

La mayoría de los santos canadienses avanzaron hasta Far West, ansiosos por evitar el conflicto, pero George pidió a Charles que se quedara a defender De Witt contra los populachos. Como granjero y músico, Charles estaba más acostumbrado al arado o al trombón que a un arma. Sin embargo, George necesitaba hombres para levantar fortificaciones al rededor de De Witt y prepararse para la batalla29.

El 2 de octubre, el día posterior a la fecha límite para abandonar el asentamiento, el populacho comenzó a dispararles. Al principio, los santos no regresaron el fuego, pero después de dos días, Charles y unas dos docenas de santos tomaron sus posiciones a lo largo de las fortificaciones y regresaron el fuego, hiriendo a un hombre.

El populacho recargó las fortificaciones, lo que hizo que Charles y los demás salieran en desbandada a buscar cubrirse en algunas casas de troncos cercanas30. El populacho bloqueó los caminos que entraban a De Witt lo que dejó a los santos sin abastecimiento de alimentos y de otros artículos.

Dos noches después, el 6 de octubre, José y Hyrum Smith se escabulleron hacia el pueblo junto con Lyman Wight y un pequeño grupo de hombres armados. Encontraron a los santos casi sin alimentos y otras provisiones. A menos que el sitio terminara pronto, el hambre y la enfermedad iban a debilitar a los santos antes de que el populacho tuviera que hacer otro disparo31.

Lyman estaba listo para defender De Witt hasta el final, pero después de que José vio lo desesperante de la situación, deseó negociar una solución pacífica32. Estaba seguro de que si alguna persona de Misuri moría en el sitio, los populachos bajarían al pueblo y destruirían a los santos.

José envió una petición solicitando la ayuda del gobernador Boggs, enviando a un amigo de Misuri a que llevara la solicitud. El mensajero regresó cuatro días después con noticias de que el gobernador no defendería a los santos en contra de los ataques. Boggs insistía en que el conflicto era entre ellos y el populacho.

“Deberán arreglarlo entre ellos”, dijo33.

Con los enemigos reuniéndose en casi cada condado cercano, y los santos sin recibir ayuda confiable de la milicia del estado, José sabía que el sitio debía terminar. Él detestaba ceder ante el populacho, pero los santos en De Witt estaban exhaustos y desesperados y estaban sobrepasados en número. Defender más tiempo el asentamiento podría ser un error fatal. Con renuencia, decidió que era momento de abandonar De Witt y retirarse a Far West.

En la mañana del 11 de octubre, los santos llevaron consigo las pocas posesiones que pudieron transportar en carromatos y comenzaron a viajar a través de la pradera34. Charles quería ir con ellos, pero otro santo canadiense, que no estaba listo para partir le pidió que se quedara y lo ayudara. Charles accedió, esperando que él y su amigo pudieran alcanzar al resto de los santos pronto.

Sin embargo, cuando finalmente lograron dejar el pueblo, su amigo se volvió cuando su caballo no resistió. Ya que no estaba dispuesto a permanecer más tiempo en territorio hostil, Charles partió solo y a pie por la pradera que le era poco familiar. Se dirigió hacia el noroeste, en dirección del condado de Caldwell, con solo una vaga idea del lugar al que se dirigía35.

El 15 de octubre, pocos días después de que los santos de De Witt llegaran a Far West, José llamó a cada hombre en el pueblo. Cientos de santos se habían retirado a Far West, tratando de huir de las actividades del populacho a lo largo del norte de Misuri. Muchos de ellos vivían en ese momento en carromatos o tiendas dispersas por todo el pueblo. El clima se había vuelto frío y los santos no tenían espacio y estaban decaídos36.

José podía ver que la situación estaba saliendo de control con rapidez. Recibía informes de que sus enemigos se estaban reuniendo en todas direcciones. Cuando los populachos los habían atacado en los condados de Jackson y Clay, los santos habían tratado de soportarlo con mansedumbre, manteniéndose alejados de los conflictos y confiando en los abogados y jueces para que restauraran sus derechos, pero, ¿a dónde los había llevado eso? Él estaba cansado del maltrato, y deseaba tomar una postura más arriesgada en contra de sus enemigos. Se habían acabado las opciones para los santos.

“Hemos intentado lo suficiente”, exclamó José a los hombres que se encontraban en torno a él. “¿Quién es tan ingenuo como para clamar, ‘¡la ley, la ley!’ cuando siempre se aplica en contra de nosotros y nunca a nuestro favor?”.

Años de tierras robadas y crímenes sin castigo contra los santos lo habían dejado con poca confianza en los políticos y los abogados, y la falta de disponibilidad del gobernador para ayudar a los santos solo reforzaba ese punto de vista. “Tomaremos nuestros asuntos en nuestras manos y los administraremos nosotros mismos”, dijo José. “Hemos enviado solicitudes al gobernador, y él no hace nada por nosotros. Hemos intentado con la milicia del condado, y no hace nada”.

Él creía que el estado mismo no era mejor que un populacho. “Hemos cedido ante el populacho en De Witt”, dijo, “y ahora ellos se están preparando para atacar Daviess”. Se rehusó a que ninguna otra cosa más le fuera quitado a los santos37.

Se defenderán a sí mismos, declaró el Profeta, o morirán en el intento38.


  1. Butler, “Short History”, págs. 17–18; Hartley, My Best for the Kingdom, pág. 39; Durham, “Election Day Battle at Gallatin”, págs. 39–40.
  2. Butler, “Short History”, pág. 17; Hartley, My Best for the Kingdom, págs. 48–50.
  3. Butler, “Short History”, págs.15–16; Hartley, My Best for the Kingdom, pág. 39; Durham, “Election Day Battle at Gallatin”, págs. 39–40.
  4. Butler, “Short Account of an Affray”, pág. 1Rigdon, Appeal to the American People, págs. 17–18.
  5. Britton, Early Days on Grand River, págs. 6–7; Butler, “Short History”, pág. 18Corrill, Brief History, pág. 28, en JSP, tomo H2, págs. 162–163.
  6. Historian’s Office, Journal History of the Church, 6 de agosto de 1838Butler, “Short History”, pág. 18Butler, “Short Account of an Affray”, pág. 1.
  7. John D. Lee and Levi Steward, Statement, aprox. 1845, en Joseph Smith History Documents, 1839–1860, Biblioteca de Historia de la Iglesia; Butler, “Short Account of an Affray”, pág. 1; véase también Greene, Facts Relative to the Expulsion, pág. 18.
  8. Butler, “Short History”, pág. 18Butler, “Short Account of an Affray”, pág. 1; Hartley, My Best for the Kingdom, pág. 11.
  9. Butler, “Short History”, pág. 18Butler, “Short Account of an Affray”, pág. 1.
  10. Butler, “Short Account of an Affray”, págs. 1–4.
  11. Butler, “Short History”, pág. 19.
  12. Butler, “Short Account of an Affray”, pág. 4Butler, “Short History”, pág. 18. La fuente original dice: “Entonces ellos dijeron que debían tomarme como prisionero” y “les dije que era un hombre que respetaba la ley, pero que no tenía la intención de ser juzgado por un populacho”.Tema: Mormon-Missouri War of 1838 [Guerra de 1838 entre los mormones y Misuri]
  13. Butler, “Short History”, pág. 20.
  14. Affidavit, 5 de septiembre de 1838, en JSP, tomo D6, págs. 223–225; José Smith, Journal, 7–9 y 10 de agosto de 1838, en JSP, tomo J1, págs. 298–301; véase también JSP, tomo J1, pág. 300, nota 225. Tema: Danites [Danitas]
  15. José Smith, Journal, 11, 13, y 16–18 de agosto de 1838, en JSP, tomo J1, págs. 302–304; JSP, tomo J1, pág. 303, nota 234; pág. 304, notas 237–238; véase también “Public Meeting”, Missouri Republican, 8 de septiembre de 1838, pág.1, “for the country” edición.
  16. Historical Introduction to Discourse, 12 de agosto de 1838, en JSP, tomo D6, pág. 213; “The Mormons in Carroll County”, Missouri Republican, 18 de agosto de 1838, pág. 2; “Public Meeting”, Missouri Republican, 3 de septiembre de 1838, pág. 2; Corrill, Brief History, pág. 35, en JSP, tomo H2, págs. 173–174; JSP, tomo D6, pág. 534, nota 326. Tema:Vigilantism [Vigilancia clandestina]
  17. Recogniance, 7 de septiembre de 1838, en JSP, tomo D6, págs. 226–228; “The Mormon Difficulties”, Niles’ National Register, 13 de octubre de 1838, pág. 103; José Smith, Journal, 2, 4, y 7 de septiembre de 1838, en JSP, tomo J1, págs. 312–313, 314, 316–317.
  18. Joseph Smith to Stephen Post, 17 de septiembre de 1838, en JSP, tomo D6, pág. 244.
  19. Woodruff, Journal, 31 de agosto de 1838.
  20. Woodruff, Journal, 11 de agosto de 1838.
  21. On Leaving Home”, en Phebe Carter Woodruff, Autograph Book, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
  22. Woodruff, Journal, 11 y 25 de septiembre de 1838. La palabra “me” se añadió para dar claridad.
  23. Woodruff, Journal, 11 y 15 de septiembre,  25–1 de octubre de 1838.
  24. Woodruff, Journal, 24–25 de septiembre de 1838.
  25. Woodruff, Journal, 11, 22–25 de septiembre de 1838; 3–4 de octubre de 1838; véase también Rut 1:15–16.
  26. Joseph Smith History, 1838–1856, tomo B-1, pág. 830; Rockwood, Journal, octubre de 1838–enero de 1839, 29 de octubre de 1838; “De Witt, Missouri”, Geographical Entry, Joseph Smith Papers website, josephsmithpapers.org.
  27. History of Carroll County, Missouri, págs. 249–250; Murdock, Journal, pág. 95; “Parte 3, 4 de noviembre de 1838–16 de abril de 1839”, en JSP, tomo D6, pág. 365.
  28. History of Carroll County, Missouri, págs. 250–252; Joseph Dickson to Lilburn W. Boggs, 6 de septiembre de 1838; David Atchison to Lilburn W. Boggs, 17 de septiembre de 1838, Mormon War Papers, Archivos del estado de Missuri, Jefferson City; Joseph Smith History, 1838–1856, tomo B-1, págs. 827–828; Citizens of De Witt, MO, to Lilburn W. Boggs, 22 de septiembre de 1838, copia, Mormon War Papers, Archivos del estado de Misuri.
  29. “Biographies of the Seventies of the Second Quorum”, págs. 208–209, en Seventies Quorum Records, Biblioteca de Historia de la Iglesia; Horace G. Whitney, “Nauvoo Brass Band”, Contributor, marzo de 1880, pág. 134; Baugh, Call to Arms, pág. 67.
  30. “Biographies of the Seventies of the Second Quorum”, págs. 208–210, en Seventies Quorum Records, Biblioteca de Historia de la Iglesia; Joseph Smith History, 1838–1856, tomo B-1, págs. 828, 831; Baugh, Call to Arms, pág. 67; History of Carroll County, Missouri, págs. 251–252; Murdock, Journal, págs. 100–102.
  31. Joseph Smith History, 1838–1856, tomo B-1, págs. 833–835History of Carroll County, Missouri, pág. 253; Sidney Rigdon, Testimony, 1 de julio de 1843, pág. 3, Nauvoo, IL, Records, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
  32. Switzler, Switzler’s Illustrated History of Missouri, pág. 246.
  33. Joseph Smith, Bill of Damages, 4 de junio de 1839, en JSP, tomo D6, págs. 496–497; Joseph Smith History, 1838–1856, tomo B-1, págs. 834–835; véase también Switzler, Switzler’s Illustrated History of Missouri, pág. 246; History of Carroll County, Missouri, pág. 255.
  34. Joseph Smith History, 1838–1856, tomo B-1, págs. 833–836Joseph Smith, Bill of Damages, 4 de junio de 1839, en JSP, tomo D6 págs. 497–498.
  35. “Biographies of the Seventies of the Second Quorum”, pág. 209, en Seventies Quorum Records, Biblioteca de Historia de la Iglesia.
  36. Joseph Smith History, 1838–1856, tomo B-1, págs. 836–837; Rockwood, Journal, octubre de 1838–enero de 1839, 14, 15 de octubre y 11 de noviembre de 1838.
  37. Reed Peck a “Dear Friends”, 18 de septiembre de 1839, págs. 78–80, Henry E. Huntington Library, San Marino, CA. Tema: American Legal and Political Institutions [Instituciones legales y políticas de Estados Unidos]
  38. Corrill, Brief History, pág. 36, en JSP, tomo H2, pág. 176. Tema: Mormon-Missouri War of 1838 [Guerra de 1838 entre los mormones y Misuri]
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6 respuestas a Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días

  1. Silvia Morales dijo:

    Como llego al próximo capítulo?

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  2. Carlos Osorio dijo:

    Una narracion sencilla, entendible y directa. Gracias, me ha ayudado a ver la restauracion como un evento secuencial y mas cercano a mi naturaleza humana.

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  3. Carmen martir dijo:

    Me encanta saber de esto es muy interesante

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  4. ….FABULOSO, ETERNAMENTE SIEMPRE AGRADECIDO POR LO QUE SE ATREVIERON A PUBLICAR, PERO SOBRE TODO ES UNA GENEROSA ENMIENDA HACIA AQUELLO QUE MUCHISISIMOS SANTOS DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO NO CONTABAMOS, y siempre deberíamos saber como fue….

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  5. Muñiz Bazaldua Cristina dijo:

    Es una bendición estos tomos de lectura de la iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días

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  6. Fátima Tello Patlán dijo:

    Quiero adquirirlos en físico..
    Especiales para un regalo tambien.
    Donde los puedo comprar??
    Algún link??

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