Un Profeta verdadero de Dios

Un Profeta verdadero de Dios

por el élder Milton R. Hunter
del primer concilio de los setenta.
Liahona Junio 1953


Es una escena conmovedora al pararme aquí en este hermoso domingo y mirar a esta enorme congregación. Humildemente pido que el Espíritu de Dios me acompañe y me dirija en lo que diga. Durante los pocos momentos que voy a ocupar, quisiera dar una interpretación de un profeta de Dios, haciendo énfasis sobre el profeta José Smith. Cada vez que oigo la canción que cantamos hace unos momentos —Te damos, Señor, Nuestras Gracias—, me lleno de emoción, porque sé que hoy en día tenemos profetas puestos en la cabecera de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Si les hiciera la pregunta — ¿Qué es un profeta de Dios?—, es muy probable que su respuesta inmediata sería: —Un profeta de Dios es una persona que por medio de inspiración o revelación divina, predice los acontecimientos del futuro—. Pueden hasta citar al apóstol Pablo, en donde dice:

Porque la profecía no fué en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo. (2 Pedro 1:21).

¿Cómo se compara José Smith con los grandes profetas de todas las edades como uno que predice los acontecimientos futuros? Cuando consideramos el hecho de que el libro de las Doctrinas y Convenios está lleno de revelaciones del Señor al Profeta y que muchas de ellas tienen que ver con el futuro, las cuales ciertamente se podrían reconocer como profecías; también cuando consideramos el hecho de que otras escrituras han sido sacadas a luz en esta dispensación por medio de José, las cuales contienen muchas profecías; y además de eso, que él hizo muchas otras predicciones, entonces llegamos a la conclusión de que pocos, si acaso los ha habido, han sido los profetas que han hecho más profecías que José Smith. Por lo cual yo lo clasificaría entre los profetas más grandes, en cuanto a predecir acontecimientos futuros.

También debemos tener en mente el hecho de que las profecías hechas por verdaderos profetas de Dios, como resultado de inspiración o revelación divina, todas tienen que cumplirse y se cumplirán. En las sagradas escrituras se nos dice que la manera de distinguir entre profetas falsos y verdaderos es viendo si sus profecías se llegan a cumplir o no. Citaré las palabras en Deuteronomio:

Y si dije es en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no hubiere hablado?
Cuando el profeta hablare en nombre de Jehová, y no fuere la tal cosa, ni viniere, es palabra que Jehová no ha hablado: con soberbia la habló aquel profeta: no tengas temor de él. (Deuteronomio 18:21-22).

Según la palabra del Señor, José Smith fué un profeta verdadero porque las profecías y las promesas que le fueron reveladas “todas se cumplirán”.

En esta manera él se compara muy favorablemente con cualquiera o todos los profetas de la antigüedad. En su prefacio de las Doctrinas y Convenios, Dios declaró lo siguiente:

Escudriñad estos mandamientos porque son verdaderos y fieles, y las profecías y promesas que contienen se cumplirán. (D. y C. 1:37).

Vamos a examinar algunos ejemplos de profecías hechas por José Smith, y de sus cumplimientos. Cuando no era más que un muchacho de apenas catorce años de edad, José regresó a su casa de la Arboleda, Sagrada en esa memorable mañana de primavera en 1820. Les dijo a los miembros de su familia que había visto al Padre Eterno y a su Unigénito Hijo en una visión. Durante el transcurso, de esa visión, le había dicho el Salvador que la Iglesia verdadera no estaba sobre la tierra (Hist. Doc. de la Iglesia 1:2-6) y que si vivía una vida digna se le daba

. . .una promesa que en algún tiempo futuro se la daría a conocer la plenitud del evangelio. (La carta de Wentworth, citada en la Hist. Doc. De la Igl. 4:536).

Imagínense un muchacho, inexperto y sin educación escolar y en una edad tan tierna, haciendo tal profecía. Como todos ustedes saben, esta profecía pronto se cumplió. Se le reveló el evangelio de Jesucristo, y él sí estableció una Iglesia —la Iglesia que Dios declaró ser

…la única iglesia verdadera y viviente sobre toda la faz de la tierra, con la cual yo, el Señor, estoy bien complacido, hablando a la iglesia colectiva y no individualmente. (D. y C. 1:30).

Tres años y medio después, al tiempo de las visitas del ángel Moroni a José Smith, él hizo una profecía la cual yo creo que fué tan asombrosa como la profecía de que él establecería la “Iglesia verdadera y viviente”. José declaró que el mensajero celestial le había dicho que recibiría un registro antiguo, y que él lo traduciría y que publicaría un libro. También, citemos las palabras mismas de José:

…que mi nombre se tendría por bien o mal entre todas las naciones, tribu-, y lenguas; o que hablarían bien o mal de él en todas las naciones. (Hist. Doc. de la Igl. 1:11-1J).

Imagínense un muchacho desconocido, quien probablemente no tenía más que un conocimiento casual de, quizás, unas cien personas, cuando mucho, no tan solamente profetizando que traduciría y publicaría un libro, sino que su nombre se tendría por bien o mal entre todas las naciones. Una vez más el tiempo ha probado que José Smith es un profeta verdadero de Dios. Efectivamente él publicó tal libro bajo el título de, el Libro de Mormón; y como todos ustedes ya saben, por más de un siglo ha frustrado las ideas que sus enemigos han tenido contra él.

Casi inmediatamente después de haber recibido su primera visita de seres celestiales, el profeta José Smith empezó a ser perseguido por las declaraciones que había hecho. Durante el transcurso entero de su vida mucha gente lo llegó a odiar al grado de querer traer a cabo su muerte. Finalmente lo llevaron a cabo, haciendo de él un mártir. Aún desde 1834 empezaron a salir los primeros, de una casi innumerable procesión de libros, escritos por gente malvada inspirada por el diablo, con el propósito de destruir al Profeta y a la obra del Señor. La vida de cada uno de estos libros ha sido corta; más la obra del Señor y el honor y la gloria de su gran Profeta seguirán para siempre sin impedimentos.

Por otro lado, durante la vida de José, mucha gente llegó a amarle tanto, que voluntariamente habrían puesto sus vidas por él si hubiera sido necesario. Sostuvieron que el Espíritu Santo había puesto en ellos la seguridad positiva acerca del llamamiento divino de José y de la restauración del evangelio verdadero de Jesucristo. Así que miles de conversos inteligentes se han aliado con el profeta José, y se han unido a la causa del Mormonismo enfrentándose a la persecución, a la pobreza, a la pérdida de sus hogares y propiedades, y aún a las amenazas del martirio. Muchos de los santos han sacrificado sus vidas por la causa de la justicia.

El testimonio de José Smith ha dividido al mundo en dos partidos. Siempre que se trata de él, no queda ningún territorio neutral donde pararse. Sus declaraciones son tan vitales, que la gente, o las acepta todas sin reserva alguna, o completamente las rechaza. Sin embargo hay algunas personas que son indiferentes a esas declaraciones y en la mayoría de los casos son indiferentes en cuanto a la religión en general. Ellos se tienen que clasificar con el grupo que rechaza las declaraciones de José. Así que durante el transcurso de más de cien años, esta predicción pronunciada por el profeta José Smith, es decir, que su nombre se tendría “por bien o mal entre todas las naciones, tribus y lenguas”, se ha venido cumpliendo.

En la primavera de 1839, después de que el Profeta había pasado varios meses en un calabozo, en una cárcel de Misuri, la voz del Señor vino a él diciendo:

Hijo mío, paz a tu alma; tu adversidad y tus aflicciones no serán más que un momento; y entonces, si lo sobrellevas debidamente, Dios te ensalzará; triunfarás sobre todos tus enemigos. La esperanza de los que te acusan de transgresión será disipada, y sus proyectos se desvanecerán como desaparece el rocío ante los cálidos rayos del sol naciente; Malditos sean todos los que alcen el calcañar contra mis ungidos… dice el Señor. (D. y C. 121:7, 8, 11, 16).

Desde los cabos de la tierra inquirirán tu nombre; los necios de ti se burlarán, y el infierno se encolerizará en contra de ti; En tanto que los puros de corazón, los sabios, los nobles y los virtuosos constantemente buscarán consejo, autoridad y bendiciones de tu mano. El testimonio de traidores nunca volverá a tu pueblo en contra tuya. Tus días son conocidos, y tus años no serán acortados; no temas, porque Dios te amparará para siempre jamás. (D. y C. 122:1-3, 9).

Tales predicciones como la profecía sobre la Guerra Civil, la profecía sobre Stephen A. Douglas, la profecía sobre las Montañas Rocosas a la cual se refirió el presidente de la Iglesia esta mañana, y muchas otras predicciones junto con su cumplimiento se podrían citar para demostrar que José Smith fué verdaderamente un gran profeta de Dios. La evidencia nos lleva a clasificar a este hombre de Dios como uno de los más grandes profetas que jamás han vivido. En las Doctrinas y Convenios leemos:

José Smith, el Profeta y Vidente del Señor ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, con la sola excepción de Jesús, que cualquier otro que ha vivido en él… (D. y C. 135:3).

Otra característica distintiva de un profeta de Dios es que es escogido, apartado, y llamado por el Señor. Obtiene su conocimiento de una fuente divina de verdad; por lo tanto, habla en el nombre del Señor como uno que tiene autoridad. Daremos unos ejemplos. El profeta Amos, en su gran discurso en Bethel, introdujo sus predicciones con las palabras: “Así dice Jehová” (Amos 1:3, 6, 9, 11, 13; 2:1, 4, 6). Isaías relata su llamamiento a profeta en la siguiente manera:

. . .vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas henchían el templo.
Después oí la voz del Señor que decía: ¿A guíen enviaré, y quién nos irá? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
Y dijo: Anda, y di a este pueblo: (Isaías 6:1, 8-9).

El llamamiento de Jeremías como profeta nos muestra una bella ilustración sobre el hecho de que los profetas son escogidos, apartados y llamados por el Señor Usaremos las palabras mismas de Jeremías:

Fué pues palabra de Jehová a mí, diciendo:

Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te santifiqué, te di por profeta a las gentes.
Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah! ¡Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.
Y dijo me Jehová: No digas, soy niño: porque a todo lo que te enviaré irás tú, y dirás todo lo que te mandaré.
Y extendió Jehová su mano, y tocó sobre mi boca: y dijo me Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. (Jeremías 1:4-7, 9).

En el libro de Moisés leemos sobre el llamamiento de Enoc como profeta:

Y aconteció que Enoc viajaba por la tierra, entre el pueblo, y mientras viajaba…
… oyó una voz del cielo que decía: Enoc, hijo mío, profetiza a este pueblo. (Moisés 6:26-27).

Además de ser llamados por el Señor, los profetas verdaderos enseñan a la gente lo que el Señor les manda. Jesucristo, el más grande de todos los profetas, dijo:

Porque yo no he hablado de mí mismo: más el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.
Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que, lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo. (Juan 12:49-50).

A través de la historia muchos de los grandes profetas han sido visitados por ángeles santos, y algunos de ellos han visto a Dios y han conversado con él, como habla un hombre con otro. Por ejemplo, leemos en la Perla de Gran Precio:

Y yo, Dios el Señor, le pregunté a Adán… (Moisés 4:17).

También leemos:

Y yo, Dios el Señor, le hablé a Moisés… (Moisés 4:1).

Y vio a Dios cara a cara, y habló con él; y la gloria de Dios cubrió a Moisés; por tanto, éste pudo aguantar su presencia. (Moisés 1:2).

Abraham escribió:

Así fué que yo, Abrahán, hablé con el Señor cara a cara, como un hombre habla a otro… (Abrahán 3:11).

Amulek, refiriéndose al profeta Alma, dijo:

Como me hallaba yo viajando para ver a un pariente muy cercano, he aquí, que se me apareció un ángel del Señor, diciéndome: Amulek, vuélvete a tu propia casa, porque tienes que dar de comer a un profeta del Señor; sí, a un santo hombre escocido de Dios… (Alma 10:7).

Después de la muerte del Salvador y sus apóstoles, los cielos fueron cerrados, y por muchos siglos Dios dejó de nombrar profetas entre los hombres. Finalmente, como ya dije, un oráculo viviente fué enviado de nuevo a la tierra en la persona de José Smith. El Padre Eterno, su Unigénito Hijo, y numerosos ángeles hablaron con José cara a cara, tal como lo habían hecho con los profetas de la antigüedad. De manera que la palabra, la voluntad y los mandamientos de Dios vinieron del cielo a los mortales una vez más, tal como en edades pasadas. Al principio de la mayor parte de las revelaciones recibidas por el profeta José, aparecen palabras como estas:

Escucha la voz del Señor tu Dios mientras te hablo… (D. y C. 25:1).

También:

Escucha la voz de Jesucristo, tu Señor, tu Dios y tu Redentor… (D y C. 27:1).

Además:

Así dice el Señor Dios, el Poderoso de Israel. . . (D. y C. 36:1).

Como un ejemplo de las muchas visiones de seres celestiales que tuvo José, citaré la siguiente:

Y vimos la gloria del Hijo, a la diestra del Padre, y recibimos de su plenitud;
Y vimos a los santos ángeles, y a aquellos que son santificados delante de su trono, adorando a Dios y al Cordero, a quien adoran para siempre jamás. (D. y C. 76:20-21).

El profeta José Smith, como todos los santos profetas que le precedieron, siempre introducía a sus enseñanzas con las palabras divinas, —Así dice el Señor—. Verdaderamente se puede decir de él como se decía del Hombre de Galilea, —Nunca ha hablado hombre así como este hombre— (Juan 7:46). Tal debería ser el caso, siendo que lo que José Smith dio a la gente lo recibió de Jesucristo.

El Señor declaró por medio de revelación moderna, que las palabras dichas por profetas cuando éstos fueran inspirados por el Espíritu Santo, deberían considerarse como escritura.

Y lo que hablaron cuándo fueren inspirados por el Espíritu Santo, será escritura, será la voluntad del Señor, será la intención del Señor, será la palabra del Señor, será la voz del Señor y el poder de Dios para la salvación.

Quiero hacer énfasis sobre el hecho de que esta revelación no se refiere solamente a José Smith y los profetas que vivieron antes de él. Tenemos hoy en día, en la cabecera de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, oráculos vivientes por medio de los cuales Dios revela su voluntad. Seguramente que las palabras de esta revelación comprenden al profeta Jorge Alberto Smith, a sus consejeros, a los doce apóstoles, y al patriarca de la Iglesia, tanto como a José Smith, o a Isaías, Jeremías, Moisés, Nefi, Alma, Pedro, Pablo, o como a todos los profetas antiguos del Señor.

La obra más grande que un profeta tiene que llevar a cabo es la de enseñar las verdades divinas que se le revelan del cielo. Su deber es ser portavoz del Señor aquí en la tierra —hablar en el nombre de Dios; ser el revelador del plan de salvación. El Reino de Dios es establecido sobre la tierra y todas las ordenanzas requeridas para la salvación y la exaltación de la raza humana se llevan a cabo por medio de las llaves y del poder del sacerdocio que posee. Los santos profetas en todas las edades han hecho sus contribuciones más grandes por su capacidad de enseñar y de ser administradores de la voluntad del Señor. Durante sus tres cortos años de servicio misionero, Jesucristo hizo más para influir en el destino de la familia humana, que todos los reyes que jamás se han sentado en tronos o que todos los ejércitos que jamás han marchado. La gran contribución de Moisés fué de dar la ley a Israel. Nefi, Pablo, Alma y los otros, han dirigido la Iglesia en sus tiempos. Y José Smith fué el profeta de Dios que fué llamado y preordenado para introducir la última dispensación del evangelio, la más grande de las dispensaciones (2 Nefi, cap. 3).

Tomando en consideración que tres volúmenes de escritura fueron dados al mundo por medio del profeta José Smith, y tomando en consideración que todo el conocimiento, todos los poderes, todas las llaves, doctrinas y ordenanzas que han sido dadas a los profetas desde el tiempo de Adán hasta el tiempo presente se le fueron restauradas a él, entonces podemos ver claramente que José seguramente fué uno de los profetas más grandes que jamás ha vivido. Yo hago la declaración de que él fué el más grande de todos los profetas con la excepción de Jesucristo.

Finalmente, un profeta de Dios ama a sus prójimos intensamente, aún hasta el grado de dar su vida gustosamente por ellos, si es necesario. Antes de su muerte, el Salvador tenía el pleno conocimiento de que los judíos lo habían rechazado y que traerían a cabo su crucifixión. Sin embargo, poco antes de su muerte, al estar sentado sobre un monte, mirando hacia Jerusalén, les profetizó a sus apóstoles sobre la destrucción de la ciudad santa y el esparcimiento de su gente por causa de haber rechazado a su Señor y Salvador. Su amor era tan grande hacia aquellos que habían llegado a ser sus enemigos, que Jesús lloró. Él había enseñado a la gente lo siguiente:

…Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen. (Mateo 5:-14).

Cuando estaba en la cruz, él puso en práctica esas enseñanzas. Miró hacia abajo, a la multitud que se estaba burlando, y entonces, mirando hacia el cielo, dijo:

…Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lucas 23:34).

Así fué con el profeta José Smith. Cuando él y su hermano Hyrum, y otros, estaban planeando huir a las Montañas Rocosas, para su seguridad, la esposa del profeta le mandó avisar que los Santos lo acusaban de ser un cobarde. Sabiendo perfectamente que si volvían los matarían, se volvió a su hermano y le dijo: —Si mi vida no es de valor para mis amigos, tampoco es de valor para mí— (Hist. Doc. de la Iglesia 6:549), de manera que volvieron a Nauvoo. Su grande amor por los Santos lo hizo volver y voluntariamente dar su vida como un sacrificio para ellos. Al día siguiente, cuando iban en camino de Nauvoo a Cartago, José dijo estas memorables palabras:

Voy como un cordero al matadero; pero me siento tan tranquilo como una mañana veraniega; mi conciencia se halla libre de ofensas contra Dios y contra todo hombre. Moriré inocente, y todavía se dirá de mí: —Fué asesinado a sangre fría—. (Hist. Doc. de la Igl. 6:555).

Tres días más tarde las balas de los asesinos encontraron lugar en el cuerpo del profeta de Dios. Al caer de la ventana de la cárcel de Cartago, murió con estas palabras en sus labios: — ¡Oh Señor, Dios mío!

Principió su carrera de profeta con la gloriosa visión del Padre y el Hijo, y terminó su misión terrenal con el nombre de la Deidad en sus labios. Así como el Salvador del mundo, el profeta selló su testimonio con su sangre. Dios le reveló a Brigham Young lo siguiente sobre José Smith:

Hay muchos que se maravillan de su muerte; más fué menester que sellase su testimonio con su sangre, a fin de que él sea honrado y los inicuos condenados.

Y así como todos los grandes y santos profetas de la antigüedad, el Profeta José, aún estando muerto, vivirá para siempre. Hoy en día un millón de personas cantan:

¡Oh gran profeta, subido al cielo
Déspotas ya por demás opondrán;
Y en el cielo nos buscas consuelo.
Muerte ni reos, no te vencerán.

Desde el fondo de mi corazón les quiero dejar mi testimonio de que yo sé que José Smith fué uno de los más grandes profetas que han vivido en esta tierra. Que el Espíritu del Señor esté con ustedes y conmigo, para que podamos vivir de acuerdo con las enseñanzas que él nos dio, lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s