¿Por qué nos Casamos en el Templo?

¿Por qué nos Casamos en el Templo?

por el Élder John A. Widtsoe


El matrimonio, el acontecimiento más importante entre el nacimiento y la muerte, es una condición determinante de la felicidad de la vida. Consiguientemente, se debe entrar en él con el mayor cuidado. Un compañero por toda la vida debería ser uno que viva en justicia, a quien se le puede entregar amor abundante y a quien se puede respetar diariamente en todo lo que dice y hace. En igual manera, el convenio conyugal debería ser de tal naturaleza que ayudará a formar, construir y mantener la felicidad diaria. La riqueza, el poder y la fama nada son cuando se comparan a la alegría que viene de llevar una vida familiar feliz.

La Iglesia ofrece el privilegio del matrimonio en el templo como el medio principal para establecer y mantener la felicidad en las casas de sus miembros. Es un privilegio incomparable que toda pareja que espera casarse debería procurar. Las condiciones son tales que toda persona se puede preparar para recibir este privilegio que todo Santo de los Últimos Días tan sinceramente ansia.

En seguida se dan nueve respuestas cortas a la pregunta ¿por qué nos casamos en el templo?

1. —Es la voluntad y el deseo del Señor.

El templo es por decreto divino el lugar donde, si fuere posible, se habrían de efectuar los matrimonios. El matrimonio es de tan decisiva importancia en la vida que debería empezar con la Obediencia completa a la ley de Dios. El amor es el fundamento del matrimonio, pero el amor mismo es el producto de una ley y vive de acuerdo con la ley. El amor verdadero se apega a la ley, porque la satisfacción más completa es la que viene a la vida que se apega a la ley.

Además, el amor verdadero del hombre hacia la mujer siempre incluye el amor hacia Dios, de quien emanan todas las cosas buenas. La prueba de nuestro amor hacia Dios se encuentra en la obediencia a su ley. Por otro lado, la vida se encuentra tan llena de problemas que la pareja habría de buscar primeramente la gracia constante del Señor. Sobre los que se casan en el templo desciende un sentimiento de seguridad y consuelo. Han obedecido la ley. Han agradado al Señor. Como ciudadanos obedientes del Reino de Dios, tienen derecho especial a la ayuda, bendiciones y protección divinas. El ajustarse a las prácticas de la Iglesia siempre produce la felicidad en la vida. El matrimonio debería empezar bien—rindiendo obediencia a la ley.

 

2. —Concuerda con la naturaleza sagrada del convenio conyugal.

Los matrimonios en los templos van más de acuerdo con la naturaleza e importancia de la ocasión. Se efectúan en un cuarto que ha sido apartado especialmente para ese propósito. La ceremonia misma es sencilla, hermosa y profunda. Pocos son los testigos que están presentes. Prevalecen la serenidad y el orden, nada de adornos externos para confundir la mente. Se puede dar la atención completa a los convenios sagrados que se harán y a las bendiciones que seguirán, las cuales cubren el vasto período de la existencia eterna. Se concentra la atención en el significado de la ceremonia conyugal, y no en detalles exteriores que distraen, como sucede en los matrimonios sociales muy elegantes. Esta concentración de alma en los convenios aceptados y las bendiciones prometidas llega a ser una memoria alegre y feliz incomparablemente más dulce que el afán y ostentación usuales de un matrimonio que se efectúa fuera de los confines del templo. El matrimonio en el templo es hermoso por su belleza sencilla y profunda importancia.

Hay amplias oportunidades, después de la ceremonia en el templo, para una fiestecita, sencilla o suntuosa, a la cual pueden acudir sus amigos para felicitar a la pareja y expresarles sus parabienes.

3. — Tiende a asegurar la felicidad conyugal.

La experiencia ha demostrado que los matrimonios efectuados en los templos son por regla general los más felices. Hay relativamente menos divorcios entre parejas que han hecho sus juramentos ante los altares de los templos. Las estadísticas nos manifiestan esto. El concepto actual del matrimonio es sorprendentemente libre; sin embargo, ninguna persona decente contraería matrimonio solamente por vía de experimento. El matrimonio produce o destruye la felicidad en la vida. El divorcio no restaura al individuo a su condición anterior. Las cicatrices permanecen. Cuando la integridad de la familia, el núcleo de la sociedad, se desvanece y ningún respeto se tiene a las relaciones de la familia, téngase por seguro que la sociedad marcha por el camino del desastre. La reflexión que precede el matrimonio en el templo, la solemnidad que lo acompaña y el poder que lo sella y bendice forman un baluarte contra las muchas iniquidades del día.

El matrimonio en el templo rodea y mantiene inviolada la felicidad que por derecho pertenece al estado casado.

4. —Permite la asociación del marido y su mujer por tiempo y por toda la eternidad.

La diferencia esencial entre el matrimonio en el templo y los demás es una de grandes consecuencias. En el templo, y sólo allí, se casa la pareja por tiempo y eternidad. El convenio es sin fin. Aquí y en la otra vida, en la tierra y en la vida venidera, podrán continuar juntos su viaje de amor. Este precioso don concuerda con la creencia de los Santos de los Últimos días que la existencia en la vida después de ésta puede ser activa, útil y progresiva. El amor que se conforma con durar sólo hasta la muerte es frágil, débil e impotente. El matrimonio que permanece únicamente durante la vida terrenal es digno de lástima, porque el amor que nace de la asociación del marido con su mujer mientras viven juntos y crían a su familia no debería morir, sino vivir y hacerse más fuertes con el transcurso de los años eternos. El amor verdadero tiene la esperanza de que no termine la asociación con el ser amado y a ese fin son sus súplicas. Para los que son sellados el uno al otro, el amor es siempre tierno, más confiado, valiente y fuerte. Tales personas llevan una vida más rica, más feliz. Para ellos no tiene fin la dicha. El amor que termina con la muerte tiene ante sí un cuadro lóbrego, triste y lleno de desconfianza. La juventud de la Iglesia no puede dejar pasar desapercibido este don del matrimonio eterno.

5. —Provee la posesión eterna de los hijos y la asociación de la familia.

Hay una bendición adicional. Los hijos que nacen de padres que se han casado en el templo son de ellos por tiempo y por eternidad. Es decir, las relaciones que la familia tiene sobre la tierra continúan para siempre, en esta vida y en la venidera. La familia, pues, llega a ser una unidad en la vida interminable. En las largas eternidades no tendremos que viajar a solas, sino al lado de nuestros amados que nos han precedido y los que nos seguirán; continuaremos ese viaje sin fin. ¿Que madre no comprende el valor de esta promesa? Que padre hay cuyo corazón no se hinche de alborozo ante la posibilidad de tener a su familia eternamente? ¡Qué desengaños se habrían evitado si la humanidad hubiera permanecido fiel a la verdad y se hubiera sujetado al poder del sacerdocio de Dios! El matrimonio en el templo se convierte en una promesa de dicha que no tiene fin.

6. —Obra como restricción contra la maldad.

Los poderes de las tinieblas están obrando constantemente para conducir al género humano por los senderos de la iniquidad. Frecuentemente nos vemos tentados a cometer imprudencias. En la familia las cosas más pequeñas pueden ser causas de discordias. El objeto principal del enemigo de la justicia es sembrar la miseria. En esto se manifiesta una de las bendiciones principales del matrimonio en el templo. Los que se casan en estas casas del Señor han fijado su vista en la eternidad. No se atreven a perder las bendiciones prometidas. Para ellos la familia es una posesión sempiterna. Tienen presentes los convenios que posibilitan esta asociación eterna. El matrimonio en el templo, y todo lo que implica, viene siendo una fuerza restrictiva ante la tentación. Habrá más posibilidad de que todos los hechos de la familia se sujetarán al concepto de una relación interminable. Bajo la influencia de la memoria de la ceremonia en el templo, las diferencias de la familia ceden su lugar a la paz; el odio se trasmuta en amor; el temor en valor; y la iniquidad es reprendida y desterrada. La necesidad más apremiante del mundo es la paz. De los templos del Señor, y de todo lo que en ellos se hace, emana el espíritu de verdad, el cual es el fundamento de la paz.

7. —Brinda la oportunidad para lograr un progreso eterno.

La revelación moderna aclara el alto destino de aquellos que contraen un compañerismo o asociación eterno. Tendrán la oportunidad de dar mayor uso a sus facultades. Esto significa progreso. Lograrán con más facilidad su lugar ante la presencia del Señor; aumentarán más rápidamente en todo poder divino; llegarán a ser más semejantes a su Dios; más completamente realizarán su destino divino. Y este progreso no es demorado hasta la otra vida. Empieza en esta vida, hoy, para aquellos que rinden obediencia a la ley. Insípida es la vida sin progreso. El matrimonio eterno facilita un desarrollo sin fin. Aumento eterno es el don de todos los que entran en el convenio del matrimonio eterno cual se efectúa en los templos del Señor.

8. —Coloca a la familia bajo la protección del poder del sacerdocio.

Los que han logrado casarse en el templo han sido sellados por tiempo y por eternidad mediante el poder del sagrado sacerdocio. Este es el poder supremo que se ha confiado al cuidado del hombre. Esa fuerza procede del mundo invisible. Da vida y luz al mundo. Cuando la vida humana con todos sus afanes y zozobras se apega a este poder divino y por él es bendecida, se convierte en una brillante experiencia y aventura. El andar bajo la autoridad divina, poseerla, ser parte de ella, es andar con nuestra cabeza recta, con nuestros corazones llenos de gratitud, ante nuestro semejantes y nuestro Padre Celestial. Los hombres y mujeres que han recibido este poder en la casa sagrada del Señor están rodeados por un muro de protección divina y podrán caminar con mayor seguridad por entre las perplejidades de la tierra. En verdad serán los que por fin conquistarán el mundo, porque vienen armados con el poder infinito de Dios para resolver los problemas del mundo. Un poder espiritual acompaña a todos los que se casan en los templos, si desde ese tiempo en adelante son fieles a sus sagrados convenios.

9. —Provee un destino divino para todos los seres humanos.

“Si un hombre se casare con una mujer por mi palabra, la cual es mi ley, y por el nuevo y sempiterno convenio; y fuere sellado sobre ellos mediante el Santo Espíritu de la promesa a manos de aquel que ha sido ungido, a quien he referido este poder y las llaves de este sacerdocio; y se les dijere: Saldréis en la primera resurrección —y si fuere después de la primera, en la siguiente resurrección— y heredaréis tronos, reinos, principados y poderes, dominios, toda altura y profundidad . . .

“Entonces serán dioses, porque no tendrán fin; por consiguiente, existirán de eternidad en eternidad, porque continuarán; y estarán sobre todo, porque todas las cosas estarán sujetas a ellos. Entonces serán dioses, porque tendrán todo poder, y los ángeles estarán sujetos a ellos”. (Doc. y Con. 132:19.20)

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