La Verdad y la Honradez

La Verdad y la Honradez

Por el presidente David O. McKay


…porque a todo aquel a quien se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que se le haya encomendado mucho, más se le pedirá“. (Lucas 12:48).

Una vez mientras que visitaba yo a una de nuestras estacas lejanas estuvimos a la mesa en la casa del presidente de la estaca y el presidente fué llamado al teléfono, y esta conversación seguía, una parte de la cual oí y una parte de la cual me fué contada a mí más tarde.

“Conoce usted” decía el desconocido, que no era miembro de la Iglesia, al presidente de la estaca, “¿conoce usted el Señor. . .?”

“Sí.”
“¿Es miembro de su Iglesia?”
“Sí, es.”
“Pues, ¿es miembro bueno de su Iglesia?”
“Sí, es.”

“Muy bien, muchas gracias. El está aquí en nuestra oficina deseando pedir prestado dinero para hacer una inversión. El se nos refirió a usted, y decía que era miembro de su Iglesia. Si es buen miembro, le prestaremos el dinero.”

Mi corazón se regocijó y se regocija hoy que en cuanto a la honestidad e integridad la Iglesia de Jesucristo es como “Una luz puesta en el cerro.” Nos apesadumbra profundamente cuando oímos de un miembro que se olvida y destruye, por su deshonradez, aquella confianza.

Jesús el Cristo vivió una vida de verdad. Algunos hombres le han llamado un entusiasta; le han acusado de ser un soñador, un ascético, un recluso y otros tales epítetos le han tirado a él, pero siempre tienen miedo de decir que Cristo, el Redentor, era deshonesto o engañoso. Su vida era una vida de honradez, honor y rectitud.

El fué atraído a hombres que eran honestos en sí, cuyos corazones fueron puros y sin engaño. Fíjense cuan pronto vio el Señor la pureza y sinceridad en Natanael. “He Aquí” dijo, “un verdadero Israelita, en el cual no hay engaño.” (Juan 1:47) . Sus almas se atrajeron como dos gotas de rocío de la mañana que se juntan en la misma flor. Así la pureza de Cristo parecía absorber, atraer la pureza de Natanael. Natanael era honesto y recto, como un seguidor de Cristo debía ser. Ningún hombre o sincero puede ser deshonesto. Ningún hombre sincero puede bajarse a trapacería, fraude, así, engañando a un hermano. La vida de Cristo y sus enseñanzas siempre dieron testimonio de la verdad.

En nuestro día, el Señor ha dicho, por el profeta José Smith “porque Dios no anda por vías torcidas, ni se vuelve a la derecha ni a la izquierda, ni se aparta él de lo que ha dicho, por lo tanto, sus sendas son rectas y su curso, un giro eterno.” (D. y C. 3:2). A los Santos de los Últimos Días como la gente de Dios, ha declarado que uno de los principios fundamentales de su creencia es honradez y veracidad. Me regocijo al repetir el decimotercio artículo de fe.

“Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, bello, de buena reputación o digno de alabanza, a esto aspiramos.”

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:16)). Probablemente no hay manera más efectiva de mostrar la verdad a los hombres que por cada Santo de los Últimos Días a mantener y criar la confianza de todos los hombres por dondequiera. Ahora, para hacer esto, tenemos que ser honestos en todas las cosas. Si somos contratistas, y convenimos a poner ciertos materiales en un edificio, usemos aquel material. Si estamos de acuerdo con las estipulaciones de un contrato, cumplamos con lo que hemos convenido hacer. Tales cosas son tal vez nada más “detalles” pero son los “detalles” por los cuales, los hombres con quienes tratamos, juzgarán nuestras acciones.

Si llevamos papas de cierta calidad al mercado, y así designamos aquella calidad, estemos seguros de que una investigación probará que nuestras declaraciones son verdaderas. Me dio pena cuando oí una vez un comerciante decir que había abierto sacos de productos que fueron traídos del rancho y que había hallado material ajeno, tal como piedras y tierra, puesta para que pesara más. No le pregunté de la religión de aquellos hombres; no pedí ningún nombre; pero tales cosas no son honorables, y ningún miembro verdadero de la Iglesia de Jesucristo puede bajarse a tal trampería.

En este mundo hay necesidad de una insignia, una gente mostrándose en gran manera como ejemplo al mundo de honradez y negocio recto. No condenaré al mundo, pero para ilustrar lo que quiero decir, dejaré un caballero reverendo dar su opinión. Cito del Señor Jefferson, autor de “El carácter de Jesús.” Hablando de la insinceridad del mundo él dice:

“Sin embargo cuan común es la insinceridad. Que farsa miserable y vieja del mundo en el que vivimos, lleno de trampería y deshonradez, y engaño de toda clase. La sociedad está cubierta con afectación, el negocio está penetrado con deshonestidad. El mundo político abunda en duplicidad y trapacería. Por dondequiera hay fingimiento, pretexto y farsa. Algunos usan palabras grandes que no entendemos, y unos reclaman conocimiento que no tienen, y algunos ostentan vestidos por los cuales no pueden pagar; la vida de muchos hombres y muchas mujeres es una mentira colosal. Decimos cosas que no pensamos; expresamos emociones que no sentimos; alabamos cuando en secreto condenamos; sonreímos cuando hay un ceño en la faz del corazón; damos cumplimientos cuando realmente estamos pensando de blasfemias, tratando cien veces a la semana de hacer pensar a la gente que somos contrarios a lo que somos. Es una ofensa penitenciaría el obtener dinero bajo pretextos falsos; . . . Pero cuántas otras cosas, diría usted, se obtienen por fingir y pretender, por lo cual no hay castigo menos la condenación del Dios Todopoderoso. Sí, es un mundo triste, engañoso y desmoralizado en medio del cual nos encontramos; pero gracias a Dios que hay corazones aquí y allá en los cuales podemos confiar siempre. Los hemos probado y los conocemos como verídicos.” (El Carácter de Jesús por Carlos Eduardo Jefferson, Nueva York, 1908, páginas 57-58).

Tales corazones como él menciona al fin tienen que ser hallados en todas partes en la Iglesia de Jesucristo, si en verdad creemos, no solamente pensar, “creer” tiene que ser más fuerte que “pensar” —Si “creemos en ser honrados, verídicos, castos,” y lo aceptamos como parte de nuestras vidas, para que nuestros hechos alumbren entre los hombres. Y hay una razón más profunda que ésta: porque es recto y es la única manera de vivir.

Que seamos honestos en todos nuestros negocios, fieles con nosotros mismos; nunca siendo falsos a nuestras convicciones honestas; que seamos leales a la Iglesia de Jesucristo; que seamos fieles a los testimonios que poseemos. Dios, ayúdanos en esto y en todas las cosas dignas, de dar testimonio a la verdad.

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