Hoy es el día de nuestra Salvacion

Hoy es el día de nuestra Salvacion

Élder Oscar A. Kirkham
Del primer consejo de los setenta

Discurso dado el 6 de abril de 1952 en la Conferencia General de la Iglesia.


Pido que pueda gozar de las bendiciones de nuestro Padre Celestial. He sido sumamente impresionado como lo han sido ustedes con las palabras que hemos oído. He sido sumamente impresionado con algo que he visto en esta mañana. Me ha impresionado con tanta sinceridad que quiero que ustedes tengan el beneficio de él. En la condición de la apretura del tabernáculo, llegó al principio del servicio una madre con cuatro niños. Los acomodadores le dieron una cobija para que sentara a los niños y la madre tomó un asiento más adelante. Los niños se portaron de una manera espléndida. Pensé qué hermoso es que una madre tenga tanta confianza y fe. Y entonces sentí mucho gozo cuando nos pusimos de pié a cantar. “Te Damos Señor Nuestra Gracia”, y al ver los niños ponerse de pie como si estuvieran en la Escuela Dominical o Primaria, y cantar con tanto entusiasmo. Fui tan impresionado, y esto está tan cerca a lo que ahora tengo en mi corazón para decirles que he tomado la oportunidad de sacar esta ilustración de aquí en medio de nosotros: eso de que una madre quien les había instruido bien y entonces tenía fe en ellos.

Este es el día de nuestra salvación —ahora mismo, no en lo futuro sino ahora. Estas cosas que están alrededor de nosotros, esta es la oportunidad de vivir, y de practicar las enseñanzas tan gloriosas del evangelio.

Algunas cosas me han venido a la mente como yo veo que será este día de salvación, cosas que quizá podamos hacer. Que el Señor me bendiga, que me puedan entender en la presentación de ellas. Son cosas muy sencillas. La primera es estudiar devotamente la palabra del Señor—estudiar con oración. Esa es la clave a la palabra del Señor.

Hace poco tiempo me fui a la conferencia trimestral de la estaca de North Jordán. Estuve un poco temprano. Mientras que manejaba yo mi carro al lugar de estacionar, vi a un joven leyendo. Cuando me fijé más cerca, vi que era el Libro de Mormón que él estaba leyendo, y me acerqué al joven sin hacer ruido, y el joven dijo: buenos días, hermano Kírkham.

Y entonces su padre extendió su mano, —¿es éste pues, el hermano Kírkham?

Dije que sí.

El me dijo su nombre y dijo: Mi hijo estaba leyéndome el Libro de Mormón. A menudo leemos juntos la palabra del Señor. Gozamos del Libro de Mormón. Era un hombre ciego: fue ciego desde hace ocho años. Y en la conversación que siguió él me dijo de las muchas cosas porque fué tan agradecido al Señor, una de las cuales que me acuerdo es que tengo tres hijos en la Universidad de Brigham Young. Ellos han pagado sus propios gastos. Somos una familia muy feliz.

Este es el día de nuestra salvación. Aquel hermano se enfrentará mañana y lo gozará de toda su plenitud.

Este es el día en que debemos recordar, y dedicar lo mejor que podamos a sus muchas bendiciones.

Déjenos estudiar con fervor la palabra de Dios. El gran Shakespeare, cuando fué preguntado por Bacon, “¿Dónde recibió su inspiración por los dramas tan hermosos que ha escrito?”, respondió: “De los Salmos de David”. Quiero leer no más unas líneas de uno de estos Salmos, la palabra de Dios. Estas líneas han permanecido durante las eternidades. Son dignas de nuestro aprecio y meditación. Aquí están las palabras que han sido leídas por millones y puestas en música de la más hermosa en el mundo. Las reconocerán inmediatamente pero léanlas otra vez.

Hay inspiraciones profundas y hermosas en ellas. No más las primeras líneas:

Jehová es mi pastor; nada me faltará.

En lugares de delicados pastos me hará descansar;junto a aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma;me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. (Salmos 23:1-3).

Alma en el Libro de Mormón dio estas palabras de consejo a su hijo Helamán:

Porque sé que quienquiera que ponga su esperanza en Dios, será sostenido en sus tribulaciones, pesares y aflicciones, y será exaltado en el postrer día. (Alma 36:3).

Mas, he aquí, te digo, que por pequeñas y simples cosas vienen a realizarse las cosas grandes; y pequeños medios, en muchos casos, confunden a los sabios. (Alma 37:6).

Se han sacado estas hermosas palabras y esta admonición tan hermosa, de una revelación dada por medio de José Smith, el profeta en el día cuando el evangelio fué principiado en Inglaterra por Thomas B. Marsh.

Sé humilde; y el Señor tu Dios te llevará de la mano y contestará tus oraciones. (D. y C. 112:10).

Que Dios nos bendiga. Este paso lo podemos tomar hoy, mañana, y pasado mañana: Diariamente, con fervor y devoción, lea la palabra de Dios. Viva y tenga gozo en el evangelio de Jesucristo. Lleve la palabra a un amigo en algún lugar que su vida esté bendecida. Luego paz vendrá, y Dios nos bendecirá y nos amará. Ahora es el día de nuestra salvación. Que Dios nos bendiga, ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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