Una Razón para Tener Animo

Una Razón para Tener Animo

Élder Richard L. Evans
Del primer consejo de los setenta

Discurso dado en la Conferencia General el 5 de abril de 1952.


Estoy seguro, como dijo el hermano Bowen, de que el espíritu de anticipación está sobre cada uno de nosotros en gran abundancia. Yo estoy seguro que todos nos damos cuenta de que por nosotros mismos no podemos satisfacer esta anticipación. Oro que este espíritu de anticipación se pueda satisfacer por medio de la dirección y bendición de él, en cuyo nombre estamos congregados.

He estado pensando en una frase que dijo el presidente David O. McKay últimamente: “Animad a la gente”. Este pensamiento se me presentó otra vez ayer mientras que el coro de la Universidad de Brigham Young cantaba lindamente.

“No se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Si desfallecemos mientras que andas en dolor, él te vivificará”.

Los inviernos adversos y largos; los tiempos y estaciones inseguros, las perplejidades y problemas de nuestros jóvenes han sugerido otro pasaje de la Escritura que por mucho tiempo he reverenciado. Se encuentra en el Génesis en una promesa dada a Noé:

Todavía serán todos los tiempos de la tierra; la cementera y la siega, y el frío y el calor, verano e invierno, y día y noche, no cesarán. (Génesis 8:22).

Estoy seguro que hay muchas otras cosas también que no cesarán e incluyen la verdad, la asociación con los que amamos, las posibilidades de progreso y un porvenir glorioso por el cual podemos trabajar y anhelar, y por esto estoy muy agradecido.

Podemos animarnos a pesar de la condición de las cosas físicas a las cuales nos tenemos que enfrentar.

Un pensador que vive al otro lado de las montañas (George W. Olinger) hace dos o tres días mandó uno o dos dichos que quisiera leer para el registro. Quisiera saber quién los escribió para darle el crédito. Una oración tenía este pensamiento: Tal vez se nos presenta una norma más baja de la vida física, pero no tenemos que aceptar una norma degenerada de pensamientos. Y fueron incluidas las siguientes sugerencias:

Aprenda a querer lo que no cuesta mucho.

Aprenda a querer la lectura, la conversación, la música.

Aprenda a querer alimentos sencillos, servicio sencillo, comida sencilla.

Aprenda a querer los campos, los árboles, los arroyos, la caminata, el remar, el subir cerros.

Aprenda a querer a personas aunque algunas. .. sean diferentes que usted.

Aprenda a querer trabajar y gozar de la satisfacción de hacer su tarea en la manera mejor.

Aprenda a querer el canto de los pájaros, el compañerismo de los perros.

Aprenda a querer la jardinería y reparar cosas de la casa.

Aprenda a querer la solana y la puesta del sol, el ruido de la lluvia en el techo y las ventanas, y la suave caída de la nieve en un día de verano.

Aprenda a tener nada más deseos sencillos, rehusé ser controlado por los gustos y disgustos de los demás.

Nos recordamos de otro bello pensamiento acreditado a H. G. Wells por un autor contemporáneo, y que sugiere que el hombre no debe permitir que “el reloj y el calendario le cieguen al hecho de que cada momento de su vida es un milagro y un misterio”.

Yo creo que nos podemos animar por las muchas cosas maravillosas que gozamos a pesar de las circunstancias físicas que tenemos que enfrentar.

Y creo que también hay otras cosas que nos pueden animar. Algunos de los problemas, las preguntas sin contestación, los hechos que parecen ser injusticias, discrepancias e incertidumbres, algunos que fueron mencionados ayer por el presidente Smith y el hermano Kimball, y por los cuales a veces es difícil encontrar la respuesta, todos estos encontrarán contestación, solución y satisfacción; si es que tenemos paciencia, oramos y estamos listos a esperar. Parte de ellos es el precio que pagamos por nuestro libre albedrío. Pagamos mucho por el libre albedrío en este mundo, pero vale la pena. Me acuerdo de uno de los dichos muy apreciados de José Smith que dice que “una hora de libertad virtuosa en la tierra vale más que una eternidad entera de servidumbre”. Mientras que los hombres tengan libre albedrío habrá injusticias y discrepancias del momento y cosas que parecen no tener explicación, que al fin del debido tiempo y propósito de nuestro Padre serán reconciliadas y enderezadas.

Hay muchas cosas que nos pueden animar —y no voy a tomar tiempo para nombrarlas ahora— sé que el presidente David O. McKay tiene que preocuparse del tiempo, pero trataré ligeramente de la última cosa: Ánimo para nuestra gente joven, en las incertidumbres que encuentran. Quiero decirles que nuestro Padre Celestial no nos envió aquí para fracasar, sino para tener éxito, y lo ha hecho posible para que tengamos éxito. Él nos conoce mejor que nos conocemos a nosotros mismos, y sabe las circunstancias y perplejidades que encontramos. Es su propósito declarado de llevar a cabo nuestra inmortalidad y vida eterna, y de traernos gozo, si es que lo queremos, y nunca ha presentado un grupo imposible de circunstancias o un plan o propósito que no sea posible cumplir.

A pesar de todas las dificultades e incertidumbres, hay un porvenir glorioso y de mucho valor para todos nuestros jóvenes, si se dirigen a un cierto y valeroso fin, si miran adelante una o dos décadas, si pagan el precio que tienen que rendir para alcanzarlo, si aceptan las interrupciones cuando vengan, y si tienen fe para trabajar, preparar, orar, guardar los mandamientos de Dios y seguir viviendo una vida calmada y con propósito. Si hicieran esto, serán bendecidos; hallarán en la vida tesoros grandes y ricos de conocimiento y de otras cosas también; sobrepujarán todas las dificultades y perplejidades del día y todo lo demás, si siguen en la fe.

En fin, es un mundo magnífico que nos ha dado nuestro Padre, en el cual todo es posible a base de arrepentimiento y obediencia, y si observamos los principios sobre los cuales se basen las bendiciones.

La vida pasa rápidamente. Oro para que podamos perseverar hasta el fin, y que siempre tengamos ánimo por muchas otras razones que podríamos haber mencionado, y todas se incluyen en los planes y propósitos de nuestro Padre para nosotros y que están a nuestro alcance, de acuerdo con nuestra obediencia y nuestra devoción al evangelio de Jesucristo; a pesar del ambiente, compañeros y condiciones que se nos presenten. Que Dios esté con nosotros y que nos bendiga y que nos dé el valor y la sabiduría para perseverar hasta el fin en la fe, pido en el nombre de Jesús. Amén.

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