El Obedecer es Mejor que el Sacrificio

El Obedecer es Mejor que el Sacrificio

Élder S. Dilworth Young
Del primer consejo de los setenta
Discurso dado el 4 de abril de 1952, en la conferencis General de la Iglesia.


Hace muchos años fui al barrio de Richards, de esta ciudad, Salt Lake City, para oír al presidente Charles W. Penrose dar un discurso. No tengo ni la menor idea de lo que él iba a hablar, pero vi delante de nosotros el tema que trató. Alguien había puesto sobre el pulpito, para el beneficio de los niños, quienes lo necesitaban, un letrero que decía: “Orden es la primera ley de los Cielos”.

Supongo que el hermano Penrose se quedó muy impaciente para que los preliminares del culto se terminaran, porque inmediatamente después se paró atrás del pulpito y ocupó todo su tiempo en explicar por qué el orden no es, y por qué la obediencia es la primera ley de los Cielos. No puedo recordar qué dijo, aunque puedo recordar que esta era la primera vez en mi vida que había oído explicar cabalmente este principio.

Reconozco el hecho de que la Iglesia es una Iglesia de principios revelados. Del Señor vinieron las revelaciones que establecen los principios. Quisiera testificar que tiene que ver un intérprete por la Iglesia para interpretar los principios.

Si no tuviéramos a un Revelador que lo hiciéramos para nosotros, cada hombre y cada mujer interpretaría, explicaría y tomaría en su propia vida solamente aquella porción de cada principio que le gustara, y esta gente sería desunida y divergente en sus creencias. Le agradezco a mi Señor que haya aquí este día un profeta, quien con sus consejeros y los doce es inspirado para decirnos cómo, en un cuerpo unido, podemos explicar y vivir los principios.

Ahora, la cuestión de explicar un principio es una cosa, enseñar la aplicación es otra, pero hacer que sea obedecido el principio es aun otra cosa. Durante mi vida, les confieso que nunca me han obligado. La obediencia que he rendido a los principios ha sido enteramente de mi parte y completamente voluntaria. Siempre he podido escoger si aceptaría la interpretación de los presidentes de la Iglesia o si haría mi propia interpretación. He hallado que la interpretación de la Iglesia me ha dirigido a la seguridad. Me he encontrado vagando por el mal camino cuando fui dejado a mis propios artificios tocante a las cosas de que ha hablado el Profeta del Señor.

Creo que todas las crisis por las cuales ha pasado la Iglesia se ha hecho posible por la aplicación del principio de la obediencia, expresado voluntariamente. Aun durante los días severos en Nauvoo cuando los hombres no sabían qué hacer, el presidente Young no le dijo a la gente que tenía que salir. Si me acuerdo correctamente de la historia, se dice de él que había declarado a su pueblo:

“Voy a cruzar el río y ponerme en marcha hacia el oeste con mi familia y mis yuntas. Todos los que quieran seguirme, que lo hagan”.

Pues, la mayoría quiso seguirle, y así lo hizo la mayoría. Nunca hemos oído que pasó a los que no vinieron, con la excepción de unos pocos en que la Iglesia tuvo interés vital. Los que vinieron, los obedientes, no vivieron para verlo, pero sus nietos son los fieles de hoy día. Y los que no vinieron, ¿Dónde están los hijos de ellos? Nunca se oye nada de ellos.

Cuando la Iglesia se mudó al sur a la venida del ejército de Johnston, dijo de nuevo el presidente Young: “Me voy al sur. Pueden venir los que quisieren”. Casi todos se fueron con él, y en Provo, cuando había pasado el peligro, se paró sobre el tiro de la carreta y dijo a la gente: “Regreso a Salt Lake. Los de vosotros que quisieren seguirme, pueden hacerlo”.

He observado que los líderes proféticos nunca le dicen a la gente lo que tiene que hacer, sino les dicen de los cursos sabios y prudentes.

Más recientemente, en nuestros días, cuando se anunció el plan de bienestar, y los hermanos desde este pulpito les explicaron a los congregados cómo querían que se efectuara el plan, yo estaba entre la multitud y oí mucho de ciertas personas que querían hacerlo de diferente manera. No lo querían interpretar como lo interpretaron los hermanos.

¿Dónde están ellas hoy día? Yo no sé. Es cierto que no se encuentran en posiciones de responsabilidad. Los que con buena gana voluntariamente siguieron con fe la dirección, creyendo que sus líderes hablaron con inspiración del Dios Todopoderoso, son los que desempeñan las responsabilidades.

Supongo que así tiene que ser siempre. Como se nos presentan crisis tras crisis, como los acontecimientos del mundo exigen cambios de política, los líderes hablarán, y los sabios presentarán obediencia sin dudar. No dije obediencia ciega. Dije obediencia sin dudar.

Quisiera aplicar un ejemplo de lo que he estado diciendo. Veo por los periódicos que esta misma tarde hemos llegado al tiempo cuando nos van a anunciar una política misionera.

Aquí les confieso que no sé mucho más de eso que saben ustedes. Supongamos que no esté en armonía con los pensamientos suyos: supongamos que incluya detalles que yo quisiera ver hechos de otra manera. Aplicando a mí mismo el principio de la obediencia, me paro aquí y les digo a ustedes, aquí congregados, que es la intención mía seguir estrictamente, como el Señor me da la luz, esos planes y política que han de ser anunciados por mis líderes.

No querré añadir a sus ideas, sino daré yo toda mi fuerza y todo mi valor, y los talentos con que el Señor me ha bendecido, para hacer lo que se anunciará.

Pienso que ya hemos llegado a un tiempo en que vamos a ver algunos cambios. Están maduros los tiempos para cambios. El mundo está cambiándose. El profeta José Smith, durante su vida, lo cambió dos o tres veces el sistema misionero. En una ocasión les dijo a los misioneros que caminaran de dos en dos. Poco después del dijo que pudieran viajar solos. Otros cambios se han efectuado. Estoy en favor de cambios.

Quiero dar fin a mis palabras por leerles un pasaje de la Escritura que me aplica a mí personalmente. Quizás lo pueden aplicar a sí mismos. Fue dicho por Samuel y en esta ocasión se justificó el dicho, creo yo. Y Samuel dijo: “Tiene Jehová tanto contentamiento con los holocaustos y víctimas, como en obedecer a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios; y el prestar atención que el sebo de los carneros”: (1 Samuel 15:22)

Me quedo en esto. Que todos hagamos igual, pido humildemente en el nombre de Cristo. Amén.

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