Cómo, cuándo y por qué hablar con los hijos sobre la sexualidad

Cómo, cuándo y por qué hablar con los hijos
sobre la sexualidad

Por Laura M. Padilla-Walker
Profesora en la Facultad de Vida Familiar, Universidad Brigham Young
y Meg O. Jankovich
Estudiante en el programa de maestría de matrimonio, familia y desarrollo humano en BYU

Revista Liahona Agosto 2020


Para ayudar a nuestros hijos a prepararse para la sexualidad y disfrutarla en su belleza y maravilla dentro del matrimonio, debemos guiarlos a medida que se esfuerzan por controlar las sensaciones que Dios les ha dado.


Si preguntan a los jóvenes: “¿Qué es la ley de castidad?”, ellos tal vez respondan con una mirada perdida o se pongan inquietos e incómodos y luego citen rápidamente algo como: “Significa no tener relaciones sexuales antes del matrimonio”. Según nuestra experiencia, muchos jóvenes se abstienen de tener relaciones antes del matrimonio pero malinterpretan profundamente el significado completo y el propósito de la ley de castidad o de la sexualidad; malentendidos que, tristemente, a menudo resultan en futuras dificultades conyugales. Nuestra meta como padres y líderes debe ser ayudar a nuestros hijos a ser puros y a estar preparados sexualmente.

Consideren todos los aspectos de la ley

Los aspectos físicos de la ley de castidad (por ejemplo, la abstinencia antes del matrimonio y una fidelidad absoluta después del mismo) son fundamentales e importantes. Sin embargo, a veces se habla de la abstinencia con más frecuencia que el aspecto emocional y espiritual del gozo y de la belleza de la intimidad sexual en el matrimonio, así como de la paz que se siente al tener una vida de virtud y pureza antes y después de la unión matrimonial.

Además de la procreación, la intimidad sexual en el matrimonio tiene otro propósito importante. El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Las relaciones íntimas […] no son una mera curiosidad para explorar, un apetito que satisfacer, ni un tipo de recreación o entretenimiento que debe procurarse egoístamente. No son una conquista que lograr ni simplemente un acto que realizar. Más bien, en la vida mortal son una de las máximas expresiones de nuestro potencial y naturaleza divinos, y un medio para fortalecer los lazos emocionales y espirituales entre esposo y esposa”.

A fin de ayudar a nuestros hijos a prepararse para disfrutar la intimidad sexual en su belleza y maravilla dentro del matrimonio, debemos ayudarlos a comprender su desarrollo sexual y guiarlos a medida que se esfuerzan por controlar las sensaciones y emociones que Dios les ha dado.

Si les preocupa que no han hablado con sus hijos acerca de la sexualidad lo suficientemente pronto o de la manera correcta, no son los únicos. Hay varias razones por las que esas conversaciones pueden ser difíciles. No obstante, nunca es demasiado tarde para comenzar a enseñar. A continuación hay tres consejos para ayudarles a empezar:

1. Cómo hablar de la sexualidad

Un elemento fundamental de las conversaciones saludables entre padres e hijos acerca de la sexualidad es fomentar una actitud abierta. Las investigaciones señalan que los adolescentes obtienen la mayor parte de la información sobre la sexualidad en los medios de comunicación o de sus compañeros, pero que quieren recibir información de sus padres.

El presidente M. Russell Ballard, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “A medida que van creciendo, los hijos necesitan que los padres les informen de forma más directa y clara lo que es correcto y lo que no lo es. Los padres deben [hablar con sus hijos] con franqueza en cuanto al sexo y a las enseñanzas del Evangelio concernientes a la castidad. Que esa información provenga de los padres, del hogar y de la manera adecuada”.

Para fomentar una comunicación abierta, pueden hacer lo siguiente:

  • Comiencen cuando los hijos son pequeños a utilizar el nombre correcto de las partes del cuerpo. Eso les enseña en cuanto a su maravilloso cuerpo y les proporciona las palabras que necesitan para estar saludables e informados.
  • Háganles saber a sus hijos que ellos pueden hacerles cualquier pregunta, y luego traten de no reaccionar de forma exagerada ni hacerlos sentir avergonzados por sus preguntas o confesiones. Celebren el hecho de que hablen con ustedes, demuéstrenles amor y apoyo, y esfuércense por mantener abiertas las líneas de comunicación.
  • Eviten el uso de metáforas para la sexualidad. Los niños necesitan que se les presente la información de manera clara y honesta. Por ejemplo, algunos jóvenes hablan de lecciones en las que el quebrantar la ley de castidad se compara con goma de mascar o comida que se pasa de una persona a otra en toda la clase y que, por tanto, ya no es deseable. Aunque tengan buenas intenciones, esos tipos de metáforas a menudo promueven el miedo a la sexualidad o sentimientos de autoestima baja o irreparable, y debilitan la esperanza y la paz que resultan del verdadero arrepentimiento.

2. Cuándo hablar de la sexualidad

La mayoría de los padres tienen una sola conversación con sus hijos acerca de la sexualidad. Sin embargo, debido a los mensajes falsos que el mundo está enviando a los jóvenes en la actualidad —a veces a diario—, los hijos necesitan más de una charla con sus padres. Los niños se benefician más con un enfoque proactivo en el que los padres anticipan los desafíos que los hijos afrontarán con respecto a la sexualidad y los preparan con estrategias útiles.

Al hablar sobre la posible exposición a la pornografía, la hermana Joy D. Jones, Presidenta General de la Primaria, dijo: “Es mejor tener conversaciones a edad temprana, y los niños acudirán a nosotros más prontamente si saben que los amamos y que nada de lo que digan o hagan puede hacer que ese amor cambie […].

“Padres, nosotros debemos comenzar la conversación y no esperar a que los hijos acudan a nosotros […]. Queremos que los niños se sientan preparados y con poder, no asustados. Queremos hablar con ellos, no a ellos”.

Para hacer un esfuerzo más deliberado, pueden hacer lo siguiente:

  • Den lecciones de la noche de hogar sobre temas relacionados con la sexualidad y permitan que sus hijos enseñen cuando se sientan listos. Algunos temas podrían ser la pubertad, la imagen corporal, los aspectos positivos de la sexualidad, los peligros del uso de la pornografía, el hecho de que es normal tener sensaciones sexuales, y otros.
  • Ayuden a sus hijos a idear estrategias específicas para resistir la tentación. Por ejemplo, si un hijo está luchando con pensamientos o comportamientos impuros, piensen juntos en qué se debe hacer cuando aparecen dichos pensamientos. Por ejemplo, cantar un himno, pensar en un pasaje de las Escrituras, hacer ejercicio físico o usar una pulsera que le recuerde hacer lo justo.
  • Enseñen a los niños la forma de evitar a los depredadores sexuales y mantenerse a salvo. Nota: trate de no enseñar sobre la seguridad (lo cual a menudo produce temor) al mismo tiempo que enseñe acerca de la intimidad sexual en el matrimonio; los niños podrían proyectar el miedo en todos los aspectos de la sexualidad.

3. Hablen del porqué de la sexualidad

Con frecuencia los niños quieren saber por qué se espera que hagan algo. ¿Por qué deben guardar la ley de castidad cuando hay gente a su alrededor que no lo hace? Cuando comprenden las razones que hay detrás de lo que se espera de ellos, es más probable que interioricen los valores que comparten del Evangelio y de la familia. Los jóvenes que saben por qué se comprometen a guardar la ley de castidad descubren que ese compromiso “deja de ser una carga y, en cambio, se convierte en un gozo y en una delicia”.

Si queremos que nuestros hijos guarden la ley de castidad de Dios, debemos darles razones por las que es importante acatar dicha ley. Se les debe enseñar que “la sexualidad es un poderoso don del Padre Celestial y que debe utilizarse dentro de los límites que Él ha fijado”. El comprender cómo se desarrolla este “poderoso don” ayudará a los jóvenes a tomar decisiones que estén en sintonía con su deseo de obedecer la ley de castidad de Dios.

Al analizar el desarrollo sexual con sus hijos, considere las siguientes enseñanzas:

  • La sexualidad es parte inherente de cada hijo de Dios. Somos creados “a imagen de Dios” (Génesis 1:27), lo cual significa que nuestro cuerpo, incluso nuestros órganos sexuales, son una creación divina.
  • Experimentar sensaciones y exitación sexuales es normal. Los niños no necesitan actuar de acuerdo con esos sentimientos y sensaciones, sino que pueden tenerlos presentes. Eso significa notar los sentimientos sexuales pero no juzgarlos negativamente. Las investigaciones han demostrado que la concientización puede ayudarnos a tomar mejores decisiones que estén en armonía con nuestros principios y metas, tales como vivir la ley de castidad.
  • La masturbación a menudo es la primera experiencia que los niños tienen con la sexualidad, y se hace por ignorancia. Aun los niños pequeños tienden a tocarse las partes íntimas, y la forma en que los padres respondan a esas primeras conductas puede sentar las bases de lo que los jóvenes sientan por sí mismos y su sexualidad. Es importante que los padres hallen el equilibrio entre ayudar a los hijos a entender el porqué del mandamiento de Dios de que la actividad sexual se lleve a cabo dentro de una relación matrimonial, y a la vez no reaccionar con indignación ni enojo cuando los niños se toquen las partes íntimas o cuando los jóvenes admitan que se han masturbado.
  • Si los niños comprenden el porqué de las normas relacionadas con las relaciones y la sexualidad (incluso el salir con personas del sexo opuesto, la modestia, la castidad, etc.), es más probable que vean la sabiduría en las leyes de Dios y tengan la motivación para obedecerlas. A medida que enseñen esas normas, recuerden que es importante hacerlo sin causar vergüenza ni temor.

Hagan hincapié en el poder de la expiación de Jesucristo

Tal como cuando nuestros pequeñitos aprenden a caminar, los jóvenes pueden tropezar a medida que aprenden a comprender y controlar su sexualidad. Es importante que recordemos promover el crecimiento en lugar de la culpa y enseñar a los hijos que Jesucristo puede bendecirlos con gracia, poder y misericordia para fortalecerlos y ayudarles a permanecer sexualmente puros y un día disfrutar las bendiciones de la intimidad sexual en el matrimonio.

Ser padre no es fácil, y nuestros esfuerzos por enseñar a nuestros hijos tal vez no siempre sean perfectos, pero podemos dar lo mejor de nosotros para enseñarles acerca del hermoso don que es la intimidad sexual en el matrimonio. Si sentimos que nos quedamos cortos, podemos mejorar con la ayuda del Señor. El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Con el don de la expiación de Jesucristo y la fortaleza de los cielos para ayudarnos, podemos mejorar, y lo bello del Evangelio es que se nos da mérito por esforzarnos, aunque no siempre lo logremos”.

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