El valor de un testimonio y cómo obtenerlo

El valor de un testimonio y cómo obtenerlo

por el Presidente David O. McKay

(Discurso pronunciado en la segunda sesión de la conferencia celebrada en Cuautla, Morelos, el 14 de febrero de 1948.)


El decir que estoy contentísimo de ver este grande concurso solamente expresa débilmente mis sentimientos —más de 400 personas en esta congregación este sábado en la tarde. Y algunos de estos hermanos y hermanas han viajado más de 600 millas. Os felicito y os encomio por esta manifestación de vuestra fidelidad a la Iglesia. Espero que todos vosotros tengáis un testimonio de la Verdad. Si lo poseen, entonces tienen una de las posesiones más preciosas de la vida. Tuve gusto de oír el testimonio del Obispo Marcellus Clark, igual que el de su padre. El Obispo Clark y yo fuimos misioneros en la Gran Bretaña hace muchos años. Voy a decir algunas palabras tocante al testimonio esta mañana.

Un día un hombre que había sido excomulgado de la Iglesia llevó a un extranjero al Tabernáculo en Lago Salado. El élder quien predicó el sermón dio testimonio del Evangelio Restaurado. Este extranjero del Este, siendo profundamente impresionado por lo que el predicador había dicho, dijo al hombre que había sido excomulgado de la Iglesia: “Sabes, yo daría todo lo que poseo en este mundo si yo supiera que lo que dijo el predicador esta tarde es la verdad”. El hombre que había pecado y estaba excomulgado dijo: “¿Lo harías? Sabes, yo daría todo lo que yo tengo si supiera que no es verdad”.

Otra ilustración: Cuando yo era niño jugaba un día en las calles de Ogden con otros niños, celebrando el 4 de Julio. En ese tiempo tronábamos cohetes y bombas para hacer ruido. Sucedió que uno de los muchachos se metió un cerillo en la bolsa. Hubo una explosión. Su ropa se incendió y él fue fatalmente quemado. En unos cuantos días murió. Los servicios funerales se tuvieron en la casa de su madre. Algunos de nosotros, compañeros de juego, nos sentamos cerca del ataúd. Yo estaba sentado suficientemente cerca de la madre, quien estaba llorando como si su corazón se le hubiera quebrado. Cerca de ella estaba el Presidente Middleton, miembro de la Presidencia de la Estaca, y le oí decir, “No llores, Ana, no llores, encontrarás a Evan en el otro mundo”. Entonces esa madre exclamó de tal manera que jamás lo he olvidado: “¡Oh! si lo supiera!”

Yo era joven, pero como dije, nunca he olvidado el llanto de esa madre. Al crecer me di cuenta de lo que esa exclamación expresaba. Quería decir que si ella supiera que su niño iba a vivir después de la muerte, podría aguantar la separación de él. Pero en su corazón, ella no sabía que la inmortalidad del alma es una realidad.

Ahora, hay los que son como aquel extranjero del Este que realizan el valor de un testimonio del Evangelio. Hay madres que darían cualquier cosa para saber que sus niñitos que mueren aún viven. Ahora, los que tienen un testimonio del Evangelio como fue restaurado en esta Dispensación al Profeta José Smith, saben que nuestros seres amados viven después de la muerte, que la muerte es una puerta hacia un cuarto más grande y más iluminado. Jesús dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, a preparar lugar para vosotros. . . para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Esa es solamente una pequeña verdad, pero Oh, la consolación que da en esta vida. Todo el que está en este auditorio hoy quisiera saber por sí mismo de seguro que esa verdad os una realidad. No hay ninguna otra cosa. La razón porque el padre de la Hermana McKay podía dar todo lo que tenía era porque él sabía que el Evangelio es verdadero.

El testimonio del Evangelio es la Perla de Gran Precio por la cual un hombre en el tiempo de Jesús vendió todo lo que poseía para comprarlo. Hay miles en Cuautla que quisieran saber que esta Iglesia es verdadera. Ahora, el Salvador les ha dicho claramente cómo pueden obtener ese conocimiento. Para nuestro Padre Celestial no hay acepción de personas. He oído ese testimonio de la verdad en las islas del Pacífico, en la India, en el Este Cercano, así como en todas las naciones de Europa. Yo sé que el espíritu de testimonio es el mismo no le hace dónde viva la gente o cuáles sean sus costumbres. Ahora el medio más sencillo de obtener un testimonio nos es dado por el Salvador. Él dice “Esta empero es la vida eterna, que te conozcan al solo Dios verdadero, y a Jesucristo al cual has enviado”.

¿Qué es más precioso que la vida? El hecho de que una madre daría su vida por sus niños nos enseña que ella daría la cosa de más valor que ella poseía. Conocer a Dios y a Jesucristo es vivir eternamente. La pregunta es: ¿Cómo podemos conocer a Jesucristo? Si Él es imparcial y honesto con nosotros (y sabemos que lo es), seguramente Él nos diría cómo obtener ese testimonio. Si tornamos al capítulo 7 de Juan, hallaremos las palabras del Salvador como siguen: “Mi doctrina no es mía, sino de aquél que me envió. El que quisiere hacer su voluntad conocerá de la doctrina si viene de Dios, o si yo hablo de mí mismo”.

Ahora, ésta es una simple declaración, fácilmente entendida por todos. Pero la pregunta es, ¿Qué es Su voluntad? Pedro, el apóstol mayor, en una ocasión contestó esa pregunta a algunas 3000 personas. Los apóstoles predicaban a Cristo y El crucificado. El Espíritu Santo se había manifestado con gran poder, y las multitudes decían en sus corazones, “Varones hermanos, ¿qué haremos?” Y entonces les contestó Pedro, diciendo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”.

Allí está la promesa. Es la voluntad, el primer paso en obtener un testimonio de la verdad. El primer paso es el arrepentimiento. Tornad de vuestros malos caminos, obtened un nuevo corazón; aprended a amar a vuestro prójimo, y haced bien a toda la humanidad.

El Salvador en otra ocasión lo sumó. Los doctores de la ley y otros hombres diestros pensaron que entramparían al Salvador por preguntarle, diciendo: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley?” Y Jesús contestó: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Estos son pasos fáciles que el Salvador nos ha dado para obtener un testimonio del Evangelio. Y aquel extranjero que dijo en el Tabernáculo, “Yo daría todo lo que poseo en este mundo si yo supiera que esta es la verdad”, podría hallar ese testimonio si él obedeciera los principios del Evangelio. Y esa pobre madre afligida, cuyo niño fue fatalmente quemado, podría hallar esa misma consolación si ella obedeciera los mandamientos. Ella estaba en la Iglesia, pero no rendía servicio. No veis, el servicio tiene que ser combinado con la obediencia. Podéis tener alimentos en casa, pero si no los coméis, el cuerpo se morirá de hambre. Podéis estar en la Iglesia, pero si no observáis los principios y si no rendís servicio en la Iglesia, el espíritu se morirá de hambre así como el cuerpo sin el alimento.

Así, hermanos y hermanas, estoy gozoso de estar con vosotros hoy, y dar testimonio de la divinidad de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Hay hombres en esta ciudad y en este país y en todos los países que se burlarán de nuestras reclamaciones. Es porque no nos entienden. No necesitamos preocuparnos de eso en tanto que nosotros tenemos ese testimonio en nuestros corazones que Dios vive, y que Jesús es el Cristo, y que José Smith es un profeta de Dios.

Que Dios nos ayude a ser leales a nuestros testimonios, leales a la Iglesia, fieles a los principios, y verídicos a nuestro Dios, lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Una respuesta a El valor de un testimonio y cómo obtenerlo

  1. Leticia Vidaurre Páiz dijo:

    Discurso presentado por un Profeta del Señor, hace 72 años; gracias por publicarlo, porque nos llena de fortaleza. El Evangelio restaurado de Jesucristo del cual testificamos que es verdadero y viviente, porque nosotros los miembros le damos vida al conocerlo, ejercer la fe y hacer las cosas que el mismo Salvador realizó en bien de la humanidad.
    Gracias porque sabemos que si lo vivimos, nuestro testimonio se fortalecerá y en medio de cualquier circunstancia, podremos los santos venir sin miedo, sin temor, mas con gozo andar, aunque cruel jornada esta es, Dios nos da su bondad y la certeza de que vamos avanzando por el sendero estrecho y angosto, que nos conducirá, mediante los méritos de Jesucristo, a morar en la presencia del Padre.

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