La ley del ayuno

La ley del ayuno

Por el élder Robert L. Simpson (1915–2003)
De los Setenta
Conferencia General Octubre 1967

La ley del ayuno es una ley perfecta y no podemos ni siquiera comenzar a acercarnos a la perfección a menos que decidamos hacerla parte de nuestra vida.


La ley del ayuno es una de las que más se descuidan y, sin embargo, una de las que más se necesita para esta agitada generación en un mundo moderno de apresuramiento y distracciones. Desde épocas remotas se han referido al ayuno y a la oración como una práctica indivisible, no dos acciones separadas. La generación de Adán ayunó y oró, así como lo hizo Moisés en el Sinaí ([véase] Deuteronomio 9:9–11)…

…Después de la visita del Maestro… al hemisferio occidental, se dijo a la gente que continuara “perseverando en el ayuno y en la oración, y reuniéndose a menudo, tanto para orar como para escuchar la palabra del Señor” (4 Nefi 1:12). Ellos eran tan exactos y sinceros en obedecer Sus mandamientos “que no hubo contención entre todos los habitantes sobre toda la tierra, mas los discípulos de Jesús obraban grandes milagros” (4 Nefi 1:13). ¡Qué maravilloso sería disfrutar actualmente de una condición similar!

La oración y el ayuno en nuestros días

Su ley ha sido ratificada en nuestros días porque, mediante un Profeta moderno, Él dijo: “También os doy el mandamiento de perseverar en la oración y el ayuno desde ahora en adelante” [D. y C. 88:76]. Y a continuación, en el versículo que sigue, menciona la enseñanza del Evangelio casi como si fuera el resultado principal del proceso de la oración y el ayuno. El Señor dice así:

“Y os mando que os enseñéis el uno al otro la doctrina del reino.

“Enseñaos diligentemente, y mi gracia os acompañará, para que seáis más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os conviene comprender” (D. y C. 88:77–78).

Nadie puede pretender enseñar conceptos espirituales a menos que lo dirija ese Espíritu, porque “se os dará el Espíritu por la oración de fe; y si no recibís el Espíritu, no enseñaréis.

“Y todo esto procuraréis hacer como yo he mandado en cuanto a vuestras enseñanzas, hasta que se reciba la plenitud de mis Escrituras.

“Y al elevar vuestras voces por medio del Consolador, hablaréis y profetizaréis conforme a lo que me parezca bien;

“pues he aquí, el Consolador sabe todas las cosas, y da testimonio del Padre y del Hijo” (D. y C. 42:14–17).

Una promesa para todo maestro

Ojalá todo maestro pudiera captar el espíritu de esa promesa y reclamar esa compañía que se le ofrece y que está disponible para todos los que estén embarcados en la enseñanza de la verdad.

No hay mejores ejemplos de la enseñanza por medio del Espíritu que los hijos de Mosíah. El Libro de Mormón nos dice cómo se “habían fortalecido en el conocimiento de la verdad; porque eran hombres de sano entendimiento, y habían escudriñado diligentemente las Escrituras para conocer la palabra de Dios.

“Mas esto no es todo; se habían dedicado a mucha oración y ayuno; por tanto, tenían el espíritu de profecía y el espíritu de revelación, y cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de Dios” (Alma 17:2–3).

¿Habrá un líder del sacerdocio o de las organizaciones auxiliares en toda esta Iglesia que no daría todo lo que tiene por poseer ese poder, esa seguridad? Recuerden esto, principalmente: que, según Alma, ellos se dedicaron a mucho ayuno y oración. Es que hay ciertas bendiciones que se cumplen solamente si nos sometemos a determinada ley. El Señor dejó esto muy claro por medio del profeta José Smith, cuando dijo: “Porque todos los que quieran recibir una bendición de mi mano han de obedecer la ley que fue decretada para tal bendición, así como sus condiciones, según fueron instituidas desde antes de la fundación del mundo” (D. y C. 132:5).

Ahora bien, el Señor no lo habría podido explicar más claramente y, en mi opinión, hay actualmente demasiados padres Santos de los Últimos Días que están privándose y privando a sus hijos de una de las más hermosas experiencias espirituales que el Padre ha puesto a su disposición.

El día de ayuno mensual

Además de ayunar de vez en cuando con un propósito especial, se espera que el domingo de ayuno y testimonios todo miembro de la Iglesia se prive de dos comidas [consecutivas]…

Autoridades médicas competentes nos dicen que un período esporádico de ayuno es de beneficio para el cuerpo; esa es la bendición número uno y tal vez la menos importante. Segundo, el dinero que ahorramos de esas comidas lo contribuimos como ofrenda de ayuno dándoselo al obispo para los pobres y los necesitados. Y tercero, obtenemos cierta bendición espiritual que no podemos recibir de ninguna otra manera: Es una santificación del alma para los que vivimos en esta época, como lo fue para un pueblo escogido que vivió hace dos mil años. Menciono una breve cita del Libro de Mormón: “No obstante, ayunaron y oraron frecuentemente, y se volvieron más y más fuertes en su humildad, y más y más firmes en la fe de Cristo, hasta henchir sus almas de gozo y de consolación; sí, hasta la purificación y santificación de sus corazones, santificación que viene de entregar el corazón a Dios” (Helamán 3:35). ¿No querrían ustedes que les pasara lo mismo?

¿Se dieron cuenta de que dice que los que hacen esto tienen su alma llena “de gozo y consolación”? En general, el mundo considera que el ayuno es un tiempo de “cilicio y ceniza”, una ocasión para tener expresión de tristeza, como si uno fuera digno de compasión. Por el contrario, el Señor enseña:

“Cuando ayunéis, no pongáis un semblante como los hipócritas, porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

“Mas tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,

“para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público” (Mateo 6:16–18).

Las bendiciones del ayuno

Ahora nos referiremos a la parte más importante de esta grandiosa ley. Hasta el momento hemos hablado solamente de los aspectos del ayuno que nos benefician; pero el verdadero gozo proviene de la bendición de los pobres y los necesitados, porque es en el cumplimiento de ese maravilloso acto cristiano que practicamos “la religión pura y sin mácula” que mencionó Santiago [véase Santiago 1:27]. ¿Se imaginan una acción cristiana mejor o más perfecta que la de “la religión pura y sin mácula”? A mí no se me ocurre ninguna otra.

Hablando por medio de Moisés, el Señor hizo la siguiente observación:

“Si hay en medio de ti menesteroso de entre alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre,

“sino que abrirás a él tu mano liberalmente y le prestarás lo que le falte, lo que necesite” (Deuteronomio 15:7–8).

Y continúa con esta promesa para los que presten ayuda: “…por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos y en todo lo que pongas tu mano” (Deuteronomio 15:10). Y concluye diciendo: “Porque no faltarán menesterosos de en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra” (Deuteronomio 15:11)…

Una ley para perfeccionarnos

Sí, la ley del ayuno es una ley perfecta, y no podemos ni siquiera comenzar a acercarnos a la perfección a menos que decidamos hacerla parte de nuestra vida. El momento de empezar y de terminar el ayuno depende de ustedes, pero, ¿no les parece bien que lo culminaran y estuvieran en la cumbre de su espiritualidad para la reunión de ayuno y testimonios?

La cantidad de dinero que den al obispo como donación también depende de ustedes, pero, ¿no les emociona saber que su obligación con el Señor se ha pagado de buena gana y con exactitud?

La obediencia nos da satisfacción

…¿Se han dado cuenta de la satisfacción profunda que sienten cada vez que son obedientes a los deseos del Padre Celestial? Nada se puede equiparar a la paz que siempre se recibe como recompensa por obedecer la verdad.

Al mundo le hace falta el autodominio, y ustedes lo pueden hallar en el ayuno y la oración. Nuestra generación está enferma por la carencia del dominio propio; el ayunar y orar contribuyen a infundir esa virtud.

El futuro del mundo depende de que haya un retorno urgente a la unidad familiar. El ayuno y la oración influirán para llevarlo a cabo. A toda persona le es preciso recibir mayor guía divina y no hay mejor manera de obtenerla. Todos debemos vencer los poderes del adversario; su influencia es incompatible con el ayuno y la oración…

…Uno mi testimonio al de Alma, de la antigüedad, cuando dijo:

“…He aquí, os testifico que yo sé que estas cosas de que he hablado son verdaderas. Y ¿cómo suponéis que yo sé de su certeza?

“He aquí, os digo que el Santo Espíritu de Dios me las hace saber. He aquí, he ayunado y orado muchos días para poder saber estas cosas por mí mismo. Y ahora sé por mí mismo que son verdaderas; porque el Señor Dios me las ha manifestado por su Santo Espíritu” (Alma 5:45–46).


Los hijos de Mosíah “se habían dedicado a mucha oración y ayuno; por tanto, tenían el espíritu de profecía y el espíritu de revelación, y cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de Dios”.

El verdadero gozo proviene de la bendición de los pobres y los necesitados, porque es en el cumplimiento de ese maravilloso acto cristiano que practicamos “la religión pura”.

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