Hacer frente a la vida con la compañía del Espíritu Santo

Devocional mundial para jóvenes adultos
Domingo, 3 de mayo de 2020

Hacer frente a la vida
con la compañía del Espíritu Santo

Hermana Lynette N. Gay


Buenas tardes, hermanos y hermanas. Agradezco tanto esa canción. Es una de mis preferidas de siempre y me ha dado una sensación de paz y amor durante este tiempo. Además, deseo expresar que me siento llena de humildad y amor por estar aquí con ustedes esta noche. Al conocer a tantas personas en el mundo, me llena de humildad el saber de las oraciones que se han dicho. Deseo enviar mi amor a nuestros nietos que no hemos visto por muchos meses. Espero que estén escuchando y sepan cuánto los amamos.

Si ellos estuvieran aquí, testificarían del hecho de que me encanta el clima, todo tipo de climas: con sol, brisas agradables, tormentas de nieve, de viento, eléctricas e incluso los temporales con olas gigantescas que rompen en la playa. En los últimos 45 años hemos vivido en muchos lugares de los Estados Unidos y del mundo, cada uno con sus propios desafíos climáticos. En el medio oeste de Estados Unidos, dramáticos tornados y tormentas eléctricas; en el sureste, huracanes; en el noreste, ventiscas, lluvias congeladas y tormentas de hielo; en el oeste, los calientes vientos de Santa Ana y terremotos. En África Occidental había lluvias torrenciales y tormentas polvorientas del harmatán, que son las arenas rojas del Sahara soplando a través del país; en Europa, lluvia, granizo, nieve y sol, a veces todo en el mismo día; y luego en Asia sentimos el poder de los tifones. ¡Todas esas experiencias climáticas me fascinaban! ¿Qué puedo decir? ¡Me encanta el clima!

Ahora bien, por mucho que disfrute experimentar la madre naturaleza y su grandeza, respeto profundamente el poder y el posible peligro de esos intensos eventos climáticos. Nunca arriesgaría mi vida, pese a la tentación o a la belleza que veo en esa fuerza. Nunca iría intencionalmente a un campo abierto solo para observar un deslumbrante espectáculo de relámpagos; no me lanzaría al océano con olas potentes y majestuosas que chocan peligrosamente en la costa, ni tentaría a la madre naturaleza al no refugiarme ante la llegada de un tornado o huracán. Por cierto, reconozco mi propia insignificancia en comparación con el impacto total del clima que me rodea.

Para mí, la fuerza del clima cambiante es una metáfora importante de la vida. Cada día, no solo hacemos frente a eventos físicos climáticos incontrolables, sino también al azote de fuerzas y tentaciones espirituales cada vez más potentes. Aunque puede que las circunstancias sean diferentes para cada uno, se deberían preguntar: “¿Cómo me preparo mejor para hacer frente a las tormentas diarias de la vida?”.

Creo que lo logramos si hacemos lo que nuestro profeta, el presidente Russell M. Nelson, nos aconsejó firmemente en la reciente conferencia, de seguir la “declaración profunda que dio inicio a esta dispensación [cuando] Dios dijo: ‘Este es mi Hijo Amado. ¡Escúchalo!’ [José Smith—Historia 1:17]”.

Quizás no veamos ni comprendamos por completo los torbellinos que estén por delante, por encima o por detrás de nosotros, ni podamos prever las fuerzas potentes e invisibles que se aproximen, pero podemos confiar en nuestra travesía diaria si lo “Esc[uchamos]”. El élder Boyd K. Packer solía decir: “Si todo lo que sabes es lo que ves con tus ojos naturales y lo que oyes con tus oídos naturales, entonces no sabrás mucho”.

La Primera Visión enseña esta gran verdad: si dependes únicamente de tu propia visión y conocimiento, estarás muy limitado para captar el panorama entero que te rodea, y tu alma podría estar en peligro. En la conferencia general reciente, el presidente Nelson nuevamente dijo:

“Nunca ha sido más necesario que en este momento, saber cómo el Espíritu Santo les habla. En la Trinidad, el Espíritu Santo es el mensajero. Él les comunicará pensamientos a su mente que el Padre e Hijo desean que reciban. Él es el Consolador. Él transmitirá un sentimiento de paz a su corazón. Al leer y escuchar la palabra del Señor, Él testifica de la verdad y les confirmará lo que es verdadero.

“Reitero mi súplica de que hagan lo que sea necesario para elevar su capacidad espiritual para recibir revelación personal”.

Hace mucho tiempo, recibí lecciones espirituales mediante luchas personales y respuestas a oraciones que me enseñaron esta profunda verdad: a fin de prepararnos para cualquier torbellino o tormenta, Dios nos dio la promesa y el don del Espíritu Santo y la revelación personal. Es un valioso don en nuestra vida diaria, capaz de “mostrar[nos] todas las cosas que deb[emos] hacer”.

Al ir creciendo, consideraba a la revelación como algo que era solo para los líderes de la Iglesia o profetas, apóstoles, obispos y personas mayores, pero no para alguien joven como yo. Ahora sé que no es así y esta noche testifico que la revelación personal es una bendición que debemos buscar. Cuando el corazón y la mente son humildes, dóciles y abiertos por la fe en Jesucristo, el Espíritu Santo nos guiará y nos enseñará verdades. Algunos de ustedes podrían sentir que no son dignos de la voz influyente de Dios. Podrían sentir como Lamán y Lemuel, que Dios no dará a “conocer” Su voz a ustedes. No crean eso. Su Espíritu está a disposición de todos. El élder D. Todd Christofferson recientemente dijo: “No necesitamos […] un mínimo nivel de capacidad o bondad antes de que Dios nos ayude; la ayuda divina puede ser [de ustedes] cada hora de cada día”. Dios llegará a ustedes donde estén, sin condiciones. Jesús dijo: “[P]edid, y recibiréis”. Por supuesto, el cielo se acerca más y se abre más mientras buscan comprender y guardar Sus mandamientos con humildad y diligencia.

La vida de ustedes y la de los demás serán bendecidas cuando actúen con firmeza en cualquiera y sobre todas las impresiones que reciban del Espíritu. Permítanme compartir una experiencia que me enseñó esta verdad hace tiempo. Hace muchos años, cuando nuestra hija mayor estudiaba en la Universidad de Utah, desperté tranquila una noche y recibí una impresión inmediata y calma en cuanto a ella. Estaba despierta, no sentí temor, solo amor por ella, pero sentí la impresión de que podría estar en peligro. Vivíamos en Connecticut y ella estaba al otro lado del país, en Utah. Entonces se me ocurrió esto: “Llama a la policía; pídeles que envíen una patrulla para inspeccionar el área donde ella vive”. Dudé por un momento, tratando de entender lo que escuchaba, y volví a oír la voz: “Llama a la policía”. Lo hice, llamé a la policía. No podía explicarle exactamente por qué estaba pidiéndole esto en medio de la noche, pero le dije al agente que de verdad le agradecería si pudiese enviar una patrulla para inspeccionar el área donde vivía mi hija. Me aseguró que lo haría y tranquila volví a acostarme. Al día siguiente casi no recordaba lo que había sucedido durante la noche.

Varios días después, mientras viajábamos a Utah y al conducir a nuestro hotel, oímos en la radio que la policía había arrestado a un hombre en relación con las agresiones ocurridas cerca del campus de la Universidad de Utah. Informaban que una joven había sido asesinada trágicamente una noche de esa semana. El corazón se me paralizó y de pronto recordé la llamada que hice a la policía a medianoche varios días antes. No tengo idea siquiera si eso ocurrió la misma noche. Y no tenía idea si donde ella vivía era uno de los lugares en cuestión. Nunca sabré exactamente lo que sucedió esa noche, pero sí sé que algo me despertó a medianoche y me indujo a hacer una llamada para garantizar la seguridad de mi hija en una situación aparentemente insegura.

A veces, las tormentas de la vida pueden parecer insoportables, pero no hay fuerza más poderosa que el poder del sacerdocio y el don del Espíritu Santo en sus vidas ahora mismo. La noche de Su expiación, el Salvador enseñó que el valioso don del Espíritu Santo que brinda el Padre se da para traer paz y consuelo a sus almas, para “enseñar[les] todas las cosas” y para “recordar[les] todo”, para “guiar[les] a toda verdad” y “ha[cerles] saber las cosas que han de venir”. Se nos da el Espíritu Santo para “llena[r nuestra] alma de gozo”.

A veces, esas bendiciones me llenan de humildad y de asombro. ¿Es de extrañar que el presidente Nelson nos invite a hacer todo lo posible para recibir revelación personal y escuchar la voz de Dios a través del Espíritu Santo? ¿Se han fijado que durante los últimos tres años de conferencias se ha tratado el tema de la revelación personal y el consejo para reconocer el don del Espíritu? Yo sí y estoy profundamente agradecida por sus consejos de sujetar nuestros testimonios y vida con nuestros propios dones de luz y espíritu, los cuales son personales, decididos e individuales.

En los días y años venideros, tendrán experiencias que manifestarán diferentes maneras en que el Espíritu trabaja y se comunica en la vida de ustedes. No ignoren esas impresiones; puede ser un pequeño susurro o una leve impresión; puede ser un sentimiento o idea, incluso una instrucción directa y clara; puede ser una impresión recurrente o el nombre de una persona. Es claro que el Espíritu Santo trae destellos de inteligencia y comprensión que iluminan la mente. Yo he tenido esas experiencias y he aprendido que si el nombre o la cara de una persona acuden a mi mente con regularidad, luego tengo que llamarlas por teléfono. He aprendido a seguir pensamientos e impresiones, aun cuando no había una explicación o resultado que pudiera ver. El Espíritu me ha advertido que no vaya a ciertos lugares y que me aleje de ciertas personas y ciertas actividades. Esta experiencia de tener el Espíritu susurrándoles y hablándoles es una experiencia de toda la vida. No ocurre solo una vez. Les tomará mucho tiempo aprender a discernir lo que están escuchando y cómo les dirige.

¿Por qué decidí hablarles sobre esto? Así como no podemos ver ni escuchar todas las formas del mal tiempo que se avecina y no siempre nos damos cuenta de todas las circunstancias ante nosotros, si solo usamos nuestros ojos y oídos naturales para comprender las circunstancias, entonces no estaremos preparados para las fuerzas y las tormentas de la vida. Tengo la certeza de que el único lenguaje verdadero que todos debemos escuchar, conocer y comprender es el lenguaje del Espíritu. Ruego que perfeccionen ese lenguaje. Si lo hacen, serán guiados, protegidos y edificados de toda forma que lo necesiten.

Queridos amigos, mis queridos hermanos y hermanas, no soy una experta; no soy una autoridad de las Escrituras, pero soy creyente. Sé que esta es la Iglesia verdadera y viviente de Jesucristo, que la revelación es real y que los cielos están abiertos para ustedes. Sé que Jesucristo es mi Salvador. Él es el Salvador de ustedes y desea bendecirlos, protegerlos, interceder por ustedes, guiarlos y edificarlos. Cuando nadie más los entiende, Él lo hace; Él los comprende. Con amor los insto a que miren hacia el Salvador cada día y no en dirección contraria. Vuélvanse a Él con fe en esas verdades que saben que son ciertas. No dejen que sus dudas, sus temores o las cosas que les quiten el sueño los alejen de la protección y del poder del Espíritu Santo y de las promesas de nuestro Salvador Jesucristo. Nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador aman a cada uno de ustedes de manera genuina.

Ruego que Dios conteste sus oraciones como nunca antes y les brinde todos los dones del Espíritu Santo que necesiten para seguir adelante en la vida y digo esto con gran amor por cada uno de ustedes. Habrá días duros e inestables por delante, pero les prometo que habrá muchos más días hermosos, gozosos y pacíficos con cielos azules y cálidas brisas cuando se vuelvan a Él que tiene todo el poder sobre el cielo y la tierra.

Digo esto con amor, en el sagrado nombre de nuestro Salvador, Jesucristo. Amén.


  1. Russell M. Nelson, “Escúchalo”, Liahona, mayo de 2020.
  2. Russell M. Nelson, “Escúchalo”.
  3. 2 Nefi 32:5.
  4. D. Todd Christofferson, “Libres para siempre, para actuar por sí mismos”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 19.
  5. Doctrina y Convenios 88:63.
  6. Juan 14:26; véase también Alma 58:11.
  7. Juan 16:13.
  8. Doctrina y Convenios 11:13; véase también Mosíah 4:20.
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