El poder y la protección que brinda la música inspiradora

El poder y la protección que brinda
la música inspiradora

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Charla Fogonera del SEI para Jóvenes Adultos • 4 de mayo de 2008 Universidad Brigham Young


Mis queridos hermanos y hermanas, es un placer para mi esposa Wendy y para mí estar con ustedes. Estamos transmitiendo desde el Centro Marriott de BYU a muchas congregaciones de todo el mundo. Le agradecemos a cada uno de ustedes el acompañarnos en esta ocasión.

Damos una cordial bienvenida a los que pronto terminarán los estudios secundarios y que asisten por primera vez a una transmisión del SEI. Al inscribirse en una institución de enseñanza superior y continuar sus estudios, espero que participen en las clases de instituto y puedan obtener fortaleza de esta fuente espiritual para equilibrar su aprendizaje secular. En el futuro también tendrán oportunidades de asistir a futuras charlas del SEI como ésta. Aprovéchenlas ya que los inspirarán y motivarán.

El título de mi mensaje esta noche es “El poder y la protección que brinda la música inspiradora”. Este tema se aplica particularmente a los jóvenes adultos. Como ya saben, personas de su edad han hecho grandes contribuciones tales como autores, compositores y los conocedores de música inspiradora.

Poder

Esta noche sentimos el poder de la música inspiradora al cantar las palabras del himno inicial:

“Hijos del Señor, venid
en acuerdo a cantar.
Alabanzas ya rendid
al Señor, que reinará”1 .
Por medio de la música alzamos nuestra voz en poderosa alabanza y oración.

Un himno así nos brinda un modelo de adoración que complace a Dios. Su profeta nos enseñó: “alaba al Señor con cantos, con música,… y con oración de alabanza y acción de gracias” (D. y C 136:28).

Quiero expresar mi sincero agradecimiento al coro del Instituto de Religión de Ogden. Gracias, hermano Ritchie, hermano Simon y miembros del coro por su magnífica música. No sólo han honrado al Señor, sino que nos han conmovido el corazón profundamente.

Me conmovió mucho cuando el coro cantó “Cuando pienso en la sombría cruz”, cuyo mensaje se centra en la expiación de Jesucristo; fue escrita por el poeta inglés Isaac Watts, y cabe repetir la letra:

Cuando pienso en la sombría cruz
y en ella al Príncipe de gloria,
mi más preciado logro y luz
pierde todo su significado.
¡Libre Dios!, que me envanezca,
sálvame en Cristo mi Señor:
Toda cosa vana que me cautiva
la sacrificaré por Su sangre…
Si mía fuera la naturaleza,
sería aún un presente insignificante;
amor tan asombroso y divino
exige mi alma, vida y consagración2.

De hecho, Isaac Watts exigió mucho de sí mismo. En el transcurso de su vida escribió aproximadamente 600 himnos. Dos de sus años más productivos fueron entre su graduación de la escuela a la edad de 20 años y cuando aceptó un empleo como maestro a los 22 años. A esa joven edad compuso muchos buenos himnos. Las letras de himnos escritos por Isaac Watts se incluyen en nuestro himnario, entre otras: “¡Regocijad! Jesús nació” 4 , “Dulce tu obra es, Señor” y “¡Murió! El Redentor murió”.

Aun siendo niño, Isaac Watts tenía un potencial poético. “Una vez durante la oración familiar empezó a reírse; su padre le preguntó por qué, [Isaac] contestó que había escuchado un ruido y al abrir los ojos había visto un ratón que trepaba por una cuerda en un rincón, y que inmediatamente pensó:

“La cuerda de prisa subió el ratón para hacer la oración”.

El papá pensó que eso era irreverente y procedió a darle un castigo [físico], pero mientras recibía el castigo, Isaac gritó:

“Padre, padre te pido misericordia, y ya no diré más versos por este día” 3. Me gustaría comentar acerca de otra canción de nuestro himnario. La letra de “¡Grande eres Tú!” primeramente fue escrita por un joven ministro de Suecia, llamado Carl Gustav Boberg que tenía sólo 25 años. Después de asistir a una reunión de su iglesia, caminó bajo una tormenta por más de tres kilómetros por la costa sudeste de Suecia. La experiencia lo inspiró a escribir las palabras que más adelante Stuart K. Hine tradujo al inglés.

Señor, mi Dios, al contemplar los cielos,
el firmamento y las estrellas mil;
al oír tu voz en los potentes truenos
y ver brillar el sol en su cenit;
mi alma canta a mi Señor y Dios:
¡Grande eres tú! ¡Grande eres tú 4!

En una ocasión yo estaba en una conferencia misional, cuando un misionero con gran compasión y con lágrimas en los ojos me preguntó: “¿Por qué tuvo que sufrir tanto el Salvador?”. Tomé nuestro himnario, lo abrí en esta canción y contesté su pregunta con este verso:

Al recordar el gran amor del Padre
que desde el cielo al Salvador envió,
aquel Jesús que por salvarme vino
y en la cruz por mí sufrió y murió 5.

Jesús sufrió tanto debido al amor que tiene por ustedes y por mí. ¡Qué gran mensaje! La música inspiradora es potente. Tiene el poder para hacernos humildes, agradecidos y entregados a la oración. En todas las generaciones, los profetas han enseñado la importancia de la música inspiradora en nuestra adoración. Algunos versículos de las Escrituras servirán para ilustrar este punto.

Un pasaje del Antiguo Testamento nos declara: “Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos” (Salmos 98:4). En el idioma hebreo, esas palabras significan literalmente irrumpir en canto y gritar de gozo. Ese espíritu de entusiasmo contrasta con el que a veces oímos en la iglesia cuando algunos cantan pasivamente y sin espíritu de gozo.

Un pasaje del Nuevo Testamento nos aconseja tener siempre una fuente de buena música:

“Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; “dando siempre gracias por todo el Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5:19–20).

Otro versículo del Nuevo Testamento dice: “La palabra de Cristo more en… vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor” (Colosenses 3:16).

En el Nuevo Testamento también aprendemos que el Señor y Sus apóstoles finalizaron la Última Cena con un himno antes de partir hacia el monte de los Olivos (véase Mateo 26:30). Esa tradición continúa el día de hoy. Cada vez que los miembros de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles se reúne en el templo, se comienza con un himno, el cual nos pone a tono con el espíritu para nuestras deliberaciones.

El Libro de Mormón enseña que sentimos deseos de cantar alabanzas al Señor cuando nos convertimos totalmente a Él. Alma hizo esta penetrante pregunta:

“Y ahora os digo, hermanos míos, si habéis experimentado un cambio en el corazón, y si habéis sentido el deseo de cantar la canción del amor que redime, quisiera preguntaros: ¿Podéis sentir esto ahora?” (Alma 5:26).

Ammón más tarde exclamó: “¡Bendito sea el nombre de nuestro Dios! ¡Cantémosle loor; sí, demos gracias a su santo nombre, porque él obra rectitud para siempre!” (Alma 26:8).

La total conversión es la clave para experimentar las más grandes bendiciones de Dios. En Doctrina y Convenios leemos esta expresión del Señor: “Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una bendición sobre su cabeza” (D. y C. 25:12).

En el prólogo de nuestro himnario, la Primera Presidencia declaró lo siguiente:

“La música [inspiradora] es una parte esencial de nuestras reuniones de la Iglesia. Los himnos invitan la presencia del Espíritu del Señor, inducen a la reverencia, nos ayudan a sentirnos más unidos y nos dan la oportunidad de alabar al Señor.

“El canto de los himnos muchas veces es en sí un elocuente sermón. Los himnos nos instan a arrepentirnos y a hacer buenas obras, fortalecen nuestro testimonio y nuestra fe, nos consuelan cuando nos sentimos tristes o desesperanzados y nos inspiran a perseverar hasta el fin”.

“Esperamos que las congregaciones canten más en las reuniones. Deseamos que todos los miembros canten los himnos, tanto los que tengan facilidad para la música como los que no la tengan, y que los líderes, los maestros y los miembros en general a menudo busquen en los hermosos versos de los himnos el tema para sus discursos… “Como Santos de los Últimos Días debemos llenar nuestra casa de música que nos inspire… “Los himnos también nos ayudan a resistir las tentaciones de Satanás. Les sugerimos que memoricen los himnos que más les gusten y que estudien las referencias de las Escrituras que los acompañan. Si alguna vez tienen pensamientos impuros, canten mentalmente uno de esos himnos para desplazar lo malo y reemplazarlo con lo bueno”6 . La música inspiradora también tiene el poder para persuadir. Esto lo aprendemos en los escritos de John Jaques, quien nació en Inglaterra en 1827, de padres metodistas wesleyanos. En su juventud, John buscó sinceramente la verdadera religión. Estudió intensivamente con los misioneros Santos de los Últimos Días, y a la edad de 18 años llegó a ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El severo padre de John, molesto cuando escuchó la noticia, escribió: “Yo quería que… asistieras a la Iglesia Wesleyana. Ellos [los mormones] no te enseñan… [a] honrar y obedecer a tus padres. Espero que abandones la idea de pertenecer a tal grupo… Eso es ficción”. La respuesta de John, escrita el 14 de marzo de 1847, cuando sólo tenía veinte años, contenía estas palabras: “Querido Padre: Yo oraré… que pueda comprender las cosas del reino de Dios y comunicarte mis ideas… Desde que me [uní a la Iglesia] mis ojos se han abierto, y he logrado comprender la verdad. Puedo dar testimonio de la verdad… de las doctrinas… de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”7 .

Tres años después, a la edad de 23 años, John Jaques escribió los versos de este himno que conocemos y amamos:

¿Qué es la verdad? Joya es sin igual,
el tesoro más grande que hay,
y qué grande el valor que tendrá la verdad
cuando toda corona de vil potestad
se deseche por siempre jamás.
¿Qué es la verdad? Es el máximo don
que podría mortal anhelar.
En abismo buscadla, en todo rincón,
O subid a los cielos buscando ese don;
es la mira más noble que hay.
El déspota puede el cetro dejar;
la justicia lo puede vencer;
mas eterno será el pilar de verdad,
y su firme baluarte jamás caerá;
para siempre tendrá gran poder.
¿Qué es la verdad? Es principio y fin
y sin límites siempre será.
Aunque cielo y tierra dejaran de ser,
la verdad, la esencia de todo vivir,
seguiría por siempre jamás8.

John fue firme en su convicción de la verdad. Permaneció fiel y leal, y con el tiempo llegó a prestar servicio como ayudante del historiador de la Iglesia, desde 1889 hasta su muerte el 1º de junio de 1900.

La música tiene un dulce poder para fomentar la unidad y el amor familiar. No sólo es un componente importante de las noches de hogar, sino que puede ejercer una continua influencia para bien cuando los hijos ya no son pequeños. Mi regalo para mi familia la Navidad pasada fue un disco compacto que grabé de recuerdos musicales. Me senté al piano y grabé una variedad de música que había cantado con los niños o tocado para ellos a través de los años, y les gustó. Algunos de los nietos me dijeron que el CD era “fantástico”.

Para ilustrar los beneficios perdurables de tener música inspiradora en el hogar, he pedido a algunas de nuestras hijas que canten para ustedes esta noche. Desde su niñez, les ha gustado cantar juntas.

Hijas, voy a presentarlas. Podrían levantar la mano y saludar cuando mencione su nombre: Marsha Workman, Wendy Maxfield, Gloria Irion, Brenda Miles, Sylvia Webster, Julie Wittwer, Laurie Marsh, Rosalie Ringwood y Marjorie Helsten.

A nuestra nuera Britney le hubiera gustado estar aquí, pero tiene una buena excusa; hace 11 días tuvo un bebé. Faltan dos voces más: nuestra hija Emily, quien ya falleció, y su madre, mi ángel Dantzel. Quizás estén mirando desde sus ventanas en el cielo. A nuestro hijo Russell y a mí también nos gusta cantar con ellas pero no vamos a imponerles eso esta noche.

Para ilustrar los méritos de varias generaciones de la música inspiradora en el hogar, acompañarán a nuestra hijas dos de sus hijas: Katie Irion Owens al piano y Rachel Miles en la flauta. Cantarán y tocarán para ustedes “Tan sólo con pensar en Ti”. Después de su presentación continuaré con mi mensaje.

[Las hijas y nietas del élder Nelson cantan y tocan “Tan sólo con pensar en Ti”.]

Muchas gracias hijas y nietas. Wendy y yo les amamos entrañablemente, y también sus esposos y familias. Muchos de ustedes, en el futuro, podrán influir en la música que se seleccione para los servicios de la Iglesia. Tal vez les sean útiles algunas sugerencias. Recuerden que la música tiene el poder para nutrir espiritualmente9 . Tiene el poder para sanar10, el poder para facilitar, nos permite contemplar la Expiación. La música tiene el poder para recordarnos la restauración del Evangelio con sus principios salvadores y sus ordenanzas de exaltación.

La música nos brinda el poder para expresar pensamientos como una oración y dar testimonio de verdades sagradas. La música tiene el poder para vencer las barreras entre idiomas. En mi experiencia, algunos de los cantos más conmovedores han sido de congregaciones que han cantado en idiomas extranjeros para mí, y sin embargo los sentí en el alma.

El propósito de la música en los servicios de la Iglesia no es dar una presentación artística, sino adorar. Las composiciones seleccionadas con espíritu de oración y expresadas de manera excelente son adecuadas en nuestros servicios de adoración si los miembros sienten un espíritu de adoración y de revelación. La música de la Iglesia debe ser para apoyar al Señor y Su obra y no para llamar la atención.

Protección

La música inspiradora no sólo tiene poder, sino que puede brindar protección. Durante muchos años, el presidente Boyd K. Packer ha enseñado este concepto. Ha citado con frecuencia otra declaración que la Primera Presidencia hizo hace muchos años: “La música puede utilizarse para exaltar e inspirar, o para llevar el mensaje de destrucción o degradación. Por lo tanto, es importante que los Santos de los Últimos Días apliquemos en todo momento los principios del Evangelio y busquemos la guía del Espíritu para seleccionar la música con que nos rodeemos”11.

Hermanos y hermanas, dondequiera que estemos, debemos elegir cuidadosamente lo que vemos y escuchamos. Algunos de ustedes no tolerarían la pornografía en su hogar, y sin embargo permiten en su hogar música que puede ser igualmente devastadora.

Muchos jóvenes escuchan música que podría describirse como fuerte y rápida, y es cada vez más fuerte y más rápida. Su mira es agitar, no pacificar; excitar los ánimos más que calmar. Tengan cuidado con ese tipo de música.

Como saben, con el tiempo, el estar expuestos a sonidos fuertes daña los delicados órganos del oído. Asimismo, si se exceden en escuchar música fuerte, es muy probable que queden espiritualmente sordos. Quizás no logren escuchar la voz apacible y delicada. En las Escrituras dice: “[El] Señor vuestro Dios… os ha hablado con una voz apacible y delicada, pero habíais dejado de sentir, de modo que no pudisteis sentir sus palabras” (1 Nefi 17: 45).

No se rebajen con música estremecedora, degradante e irreverente que no es digna de ustedes. Eliminen la basura de su mente y de sus iPods. ¡Protejan sus normas personales! ¡Sean selectivos! ¡Sean sensatos!

No permitan que la música indigna y estridente entre a su vida. No es inofensiva, puede debilitar sus defensas y permitir que pensamientos indignos entren en su mente y pavimenten el camino de actos indignos. Por favor recuerden:

“Lo que no edifica no es de Dios, y es tinieblas”.

“Lo que es de Dios es luz” (D. y C. 50: 23–24).

Queridos hermanos y hermanas, por favor llenen su mente con imágenes y sonidos dignos. Cultiven su precioso don del Espíritu Santo. Protéjanlo, porque es un don sumamente valioso. Escuchen con mucha atención su delicada comunicación. Serán más fuertes espiritualmente si lo hacen. Ustedes conocen el proverbio: “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7). Al controlar sus pensamientos controlarán sus hechos. En verdad, la música inspiradora puede brindar poder y protección a su alma.

Para el himno final de nuestra charla hoy, el coro del Instituto de Religión de Ogden cantará “Nuestra oración a Ti” 12. Yo escribí la letra de esa canción. Son mis sentimientos de oración a nuestro Padre Celestial. Tengan a bien recibir este ruego como parte de mi testimonio de que Dios es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos. Yo sé que Él vive. Jesús es el Cristo y está a la cabeza de esta Iglesia que lleva Su santo nombre. José Smith es el profeta de esta dispensación. El presidente Thomas S. Monson es el profeta del Señor en la tierra en este momento, lo testifico y expreso mi amor y bendición para cada uno de ustedes, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.


NOTAS

  1. “Hijos del Señor, venid”, Himnos, Nº 26.
  2. Anaheim: Living Stream Ministry, Himno Nº 101, 1985.
  3. “Isaac Watts, escritor de himnos” http://elvis.rowan.edu/ ~kilroy/JEK/11/25c.html
  4. Himnos, Nº 41.
  5. Himnos, Nº 41.
  6. Himnos, IX–X.
  7. Russell M. Nelson en The Power Within Us, 1988, págs. 90–91; véase Stella Jaques Bell, Life History and Writings of John Jaques, págs. 19–21.
  8. “¿Qué es la verdad?”, Himnos, Nº 177.
  9. Véase Jay E. Jensen, “El poder de los himnos para nutrir el alma”, Liahona, mayo de 2007, págs. 11–13.
  10. Véase “El poder sanador de los himnos”, Liahona, abril de 2008, págs. 36–39.
  11. Véase Sacerdocio Aarónico, Manual 2, pág. 111.
  12. Véase el himno en la contratapa de la revista Ensign, mayo de 2003.

Nuestra oración a Ti
Oramos a Ti, nuestro Padre Celestial,
con agradecido corazón y profunda emoción.
Te agradecemos a Ti nuestro gran Ejemplo—
Tu amado y sacrificado Hijo,
quien dio Su vida como sagrado rescate,
¡para poder volver a vivir contigo!
Nuestro gozo es completo, nuestro canto de agradecimiento;
renueva nuestra fe y esperanza en Ti.
Oramos a Ti, nuestro Padre Celestial,
con agradecido corazón y adoración.
Te agradecemos nuestro amado Salvador,
que nos redimió de la muerte y el pecado;
Él nos dio Su verdad para alumbrarnos
y ayudarnos a andar en Sus caminos,
para amar, servir, levantar e iluminar
la vida de todos los que te obedezcan.
Oramos a Ti, nuestro Padre Celestial,
con gratitud y profunda devoción
por fe y esplendor sin fin,
¡eterna gloria nos una!
Oramos por misericordia, perdón
y esperanza para saber Tu voluntad.
Te anhelamos a Ti, mansos, sumisos suplicamos,
que seamos dignos de Tu confianza.

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