Un principio fundamental

Conferencia General Octubre 1966

Un principio fundamental

por Mark E. Petersen
del consejo de los doce


Uno de los Artículos de Fe de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, incluye las siguientes palabras: “Creemos en ser honrados.”

Este es uno de los principios más importantes de nuestra religión, y para muchas personas, es muy difícil de vivir. La honradez es tan básica para el verdadero cristianismo, como el bautismo para la resurrección de los muertos. Es la base del desarrollo del carácter. De igual manera que ningún hombre puede ver el reino de Dios sin bautizarse, tal como lo explica el Salvador, podemos, decir que ningún hombre deshonesto puede ver el reino de Dios, a menos que se arrepienta.

Nuestra civilización cristiana está edificada sobre la integridad, sin la cual nuestro mundo se hundiría. Si permitimos que la deshonestidad se teja en la fibra de nuestras vidas, estaremos avanzando hacia el suicidio moral.

La deshonestidad del mundo es aterradora. El costo de las delincuencias mayores, es alarmante en extremo, pero la delincuencia menor involucra a más gente y se está convirtiendo en una desgracia nacional. Parece increíble, pero en los Estados Unidos, por ejemplo, la ratería ha costado a las tiendas casi tres billones de dólares al año. La mayoría de los rateros son mujeres y niños. Otros tipos de delincuencia menor cuestan a los negocios norteamericanos un billón adicional al año. Un hotel de la ciudad de Nueva York, perdió durante el año pasado 18.000 toallas, 355 cafeteras de plata, 15.000 saleros y pimenteros y 100 biblias.

Un setenta y cinco por ciento de los reclamos que se hacen a las compañías de seguros, son deshonestos, y los mismos cuestan 350 millones de dólares por año. Las trampas en los exámenes escolares son admitidas por millones de estudiantes.

Sin embargo, a pesar de que creemos que la deshonestidad nos ha hundido completamente, debemos recordar que las tiendas, por ejemplo, cuando informaron acerca de sus cuentas de créditos, dijeron que solamente un dos por ciento de las mismas había incurrido en fraude. El año pasado, de los 102 millones de personas que pagaron impuestos, sólo 2.000 fueron halladas en infracción. En una encuesta que la revista Look realizó recientemente entre adolescentes, fue de lo más alentador notar que los jóvenes declararon que desean vivir honestamente en un mundo que llaman “el mundo deshonesto”.

Decimos ser cristianos, pero ¿hasta qué grado los principios cristianos, forman parte de nuestra vida? ¿Indican nuestros hábitos diarios una genuina conversión al cristianismo? ¿Es nuestra conducta personal, un reflejo de las virtudes cristianas? ¿Puede alguien que se precie de cristiano en realidad serlo si no es honrado? ¿Para qué es el evangelio, simplemente para hablar de él? ¿O es algo para vivir e incorporar a nuestra conducta diaria?

El Salvador dijo que debemos buscar perfección, llegar a ser tan perfectos como Dios. ¿Hay entonces lugar para fraudes en una verdadera vida cristiana? ¿no es la deshonestidad una forma de apostasía de Cristo según el grado de nuestro mal comportamiento? ¿Podemos tener verdadera fe en Cristo sin hacer sus obras?

Profesar creencia en El y negarse a vivir de acuerdo a sus leyes es un acto deshonesto de por sí. La religión cristiana no puede separarse de la vida cristiana y no puede haber vida cristiana sin honradez.

Cuando el Salvador nos dijo que debíamos amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos, habló de honradez.

Cuando nos dijo que tratáramos a los demás de la misma manera que esperábamos que los demás nos trataran a nosotros, habló de honradez.

Cuando nos dijo que recorriéramos la segunda milla, que diéramos nuestra capa al igual que nuestro abrigo si era necesario, y aún ofreciéramos la otra mejilla, habló nuevamente de honradez.

Cuando nos aconsejó que solucionáramos cualquier diferencia que tuviéramos con los demás, habló de honradez.

Cuando denunció vigorosamente a los hipócritas, defendió el principio de la honradez.

Cuando describió al Buen Samaritano, ensalzó no solamente un acto de misericordia, sino también a un hombre que había sido honesto consigo mismo a pesar de sus semejantes.

Cuando nos enseñó a amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, nos pidió que fuéramos honestos, tanto con Dios como con nosotros mismos. Cuando nos dijo que evitáramos juzgar a los demás, habló de honradez.

Cuando bendijo a los puros de corazón, a los misericordiosos, a los mansos y a los que tuvieran hambre y sed de justicia, glorificó la honradez. Cuando enseñó el arrepentimiento como un principio de salvación, nos mandó que incorporáramos la honradez a nuestras vidas.

Cuando nos permitió buscar la remisión de nuestros pecados por medio del bautismo, supuso que lo haríamos honradamente. Cuando enseñó las leyes morales, nos predicó nuevamente que fuésemos honestos con nosotros mismos, con nuestros semejantes, y con Dios.

Cuando dijo que no podemos servir a Dios y a las riquezas, habló del mismo principio de una vida honrada. Cuando nos mandó que seamos tan perfectos como nuestro Padre Celestial, enseñó por cierto la clase de honradez más estricta.

Cuando dijo: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 5:20.) En estas palabras habló de honradez e integridad.

Cuando aconsejó a quienes le escuchaban: “Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas” (Mateo 6:23), nuevamente hablaba de la falta de honradez.

Cuando nos enseñó a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, se refirió a la sinceridad de propósito, o sea a la honradez.

En cierta oportunidad preguntó: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mateo 7:3.) Al hacerlo, destacó el principio de la honradez.

Cuando aconsejó: “Entrad por la puerta estrecha” (Mateo 7:13), esperaba que camináramos en sendas rectas, y que honesta y sinceramente evitáramos las sendas torcidas.

Y cuando dijo: “Todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos” (Mateo 7:17), se refirió a la honradez y a sus desagradables contrarios.

Nos advirtió en cuanto a los caminos equivocados cuando dijo: “. . . No temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.” (Mateo 10:28.)

Aun así, cuan amable fue en su cariñosa invitación en la que nos dijo que nos ayudaría a evitar nuestros malos instintos: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” (Mateo 11:28-29.)

Pero, ¿puede la persona falsa hallar reposo? ¿Puede encontrar tranquilidad para su alma? Sí, puede si se arrepiente y cambia sus normas de vida, pero no de otra manera.

La honradez está íntimamente relacionada, y es inseparable de la verdadera caridad. La caridad es el amor perfecto de Cristo. ¿Puede entonces haber verdadera caridad sin honradez? ¿Hay caridad en un acto deshonesto?

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.” (1 Corintios 13:1.)

¿Qué aprovechará al hombre si por medios deshonestos gana el mundo entero pero pierde su propia alma? ¿Qué puede dar un hombre a cambio de su alma?

Parece increíble que alguien pueda esconderse bajo una capa de caridad mientras traiciona a sus semejantes; y sin embargo ocurre.

Pablo preguntó en cierta oportunidad a los corintios, si Cristo está dividido. Y yo ahora quiero hacer la misma pregunta.

Pablo se refirió a un cisma de denominaciones; yo me refiero a un conflicto de principios. ¿Está Cristo dividido en algún principio? ¿Actúa en dos planos diferentes? ¿Apoya acaso las prácticas engañosas? ¿Hay duplicidad en Cristo? ¿Puede entonces la duplicidad existir en quienes le siguen?

¿Qué quiere decir Cristo cuando dice: “No mentirás”, “No robarás”, “No codiciarás”, “No levantarás falso testimonio”? ¿Nos da permiso a decir pequeñas mentiras siempre que no mintamos en algo grande? ¿Nos permite acaso robar poco a poco con tal de que no cometamos grandes robos?

El Libro de Mormón habla del poder del diablo en los últimos días y nos dice de sus persuasivos esfuerzos para defraudar y engañar a los seres humanos. Las Escrituras dicen que hará que surja la ira en el corazón de algunos y “a otros pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sion; sí, Sion prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno.

“Y he aquí, a otros los lisonjea y les cuenta que no hay infierno; y les dice: Yo no soy el diablo porque no hay; y así les susurra al oído, hasta que los prende con sus terribles cadenas de las que no hay rescate.” (2 Nefi 28:21-22.)

Lucifer además nos insta diciendo: “. . . Comed, bebed y divertíos…. y nos irá bien.

“. . . Comed, bebed y divertíos; no obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados; sí, mentid un poco, aprovechaos de uno por causa de sus palabras, tended trampa a vuestro prójimo; en esto no hay mal. Haced todo esto, porque mañana moriremos; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos correazos, y al fin nos salvaremos en el reino de Dios.” (2 Nefi 28:7-8.)

¡Qué lástima que sea tanta la gente que cree en esta doctrina diabólica! Con enseñanzas falsas como ésta, Lucifer induce a muchos a cruzar la línea y entrar en su ambiente, persuadiéndolos de que en realidad pueden servir a dos señores y sacar provecho de ambos.

Pero hay un sólo Dios y una sola manera de llegar a salvarse en su presencia, y es evitando todo tipo de hipocresía y guardando sus mandamientos honesta y sinceramente.

Es un Dios de caridad y misericordia, pero es además un Dios de ley. Ha dicho de manera clara y precisa que ninguna cosa inmunda puede entrar en su presencia.

La deshonestidad es inmunda. Es una forma de suciedad que debe ser evitada por todo verdadero seguidor de Cristo.

No hay salvación sin verdadera caridad, y la verdadera caridad incluye el espíritu de amor fraternal hasta el grado de no permitir que se haga ninguna injusticia a ninguno de nuestros semejantes —ni engaños, ni deshonestidad, ni designios malignos.

Tal como dijo el profeta de la antigüedad, un hombre debe tener caridad porque “si no tenéis caridad, no sois nada. . .” (Moroni 7:46.)

Otro profeta del Libro de Mormón, dijo un poco más adelante: “Y a menos que tengáis caridad, de ningún modo podréis salvaros en el reino de Dios.” (Moroni 10:21.)

Por lo tanto, ¿quién puede salvarse? “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?

“El limpio de manos y puro de corazón. El que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño.

“El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación.” (Salmos 24:3-5.)

Ruego humilde y ardientemente, hermanos míos, que seamos sinceros con los artículos de nuestra fe, que seamos devotos al Salvador del mundo a tal grado que estemos dispuestos a aceptar y vivir este artículo de fe de tanta importancia: “Creemos en ser honrados … ” y ruego por todo esto en el sagrado nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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