El perfil de un Profeta

Conferencia General Octubre 1967

El perfil de un Profeta

por el presidente Hugh B. Brown
de la Primera Presidencia


Mis hermanos que sois miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y los que sois miembros de otras iglesias o de ninguna, todos los que tal vez estéis escuchando los discursos de esta conferencia, os saludo y os doy la bienvenida como mis hermanos, porque creo en la Paternidad universal de Dios y por consecuencia en la hermandad del hombre. Me gustaría agregar mi apoyo y dar testimonio a la declaración de que el evangelio de Jesucristo, tal como fue enseñado por Él y sus apóstoles en el meridiano de los tiempos, ha sido restaurado por Jesucristo, en el estado de Nueva York en el año 1830 y que la Iglesia fue organizada por el profeta José Smith bajo su dirección.

Me gustaría dar algunas razones de esta fe y tratar de justificar el hecho de que me haya hecho miembro de esta Iglesia. Quizá pueda hacerlo mejor si me refiero a una entrevista que tuve en Londres en 1939, inmediatamente antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial. En tal oportunidad me presentaron a un prominente caballero inglés, miembro de la Cámara de los Comunes, que había sido anteriormente uno de los Jueces de la Corte Suprema de Inglaterra. En nuestra conversación sobre diversos temas, hablamos de economía, leyes, política, relaciones internacionales, guerra y frecuentemente de religión.

Un día me llamó por teléfono, pidiéndome si podía acudir a su oficina para explicarle algunos aspectos del evangelio. Me dijo: “Pienso que la guerra es inminente. En tal caso, usted tendrá que regresar a su país y posiblemente no volveremos a vernos otra vez.” Esto fue toda una profecía. Cuando llegué a su oficina, manifestó que algunas cosas que le había dicho anteriormente, le dejaron intrigado.

Me pidió que preparara un alegato sobre el mormonismo y lo tratara con él como si fuera un problema legal. Dijo: “Usted me ha dicho que cree que José Smith fue un Profeta. Y también me ha dicho que cree que Dios el Padre y Jesús de Nazaret aparecieron a José Smith. No puedo entender como un abogado y procurador canadiense como usted, puede aceptar tan absurdas declaraciones. Lo que me dice sobre José Smith parece fantástico, pero desearía que tomara tres días, por lo menos, para preparar un resumen de sus creencias y me permita examinarlo y hacerle algunas preguntas.”

Le contesté que había estado preparando un resumen como me había solicitado, por aproximadamente 50 años y que procediéramos de una vez y tuviéramos un ” examen para el descubrimiento “, lo cual, en pocas palabras, es un careo entre las partes opuestas en un pleito legal donde el demandante y el demandado, con sus abogados, presentan sus reclamos respectivos y tratan de encontrar el medio por el cual llegar a común acuerdo, economizando tiempo, de esta forma, tanto a la corte como a los participantes del juicio.

Le dije que tal vez podríamos encontrar un lugar común en donde podríamos discutir mis “ideas fantásticas”. Asintió rápidamente y continuamos con nuestro ” examen para el descubrimiento”.

En el breve tiempo de que ahora dispongo, sólo puedo daros un condensado resumen de nuestra discusión, que duró tres horas. Comencé preguntándole:

—Señor, ¿puedo proceder, asumiendo que es usted cristiano?

—Sí, soy cristiano.

— ¿Cree usted en la Biblia, es decir en el Antiguo y Nuevo Testamentos?

—Por supuesto.

— ¿Cree en la oración?

—Sí.

— ¿Dice usted que mi creencia de que Dios habló al hombre en esta dispensación, es absurda y fantástica?

—Para mí lo es.

— ¿Cree usted que Dios habló con alguien, alguna vez?

— ¡Oh, sí! A través de la Biblia toda encontramos evidencias de ello.

— ¿Habló El con Adán?

—Sí.

— ¿Habló El con Enoc, Noé, Abraham, Moisés, Jacob, José y otros profetas antiguos?

—Sí, creo que habló con cada uno de ellos.

— ¿Cree usted que al aparecer Jesucristo sobre la tierra, cesó todo contacto entre Dios y el hombre?

—No, por el contrario, dicha comunicación alcanzó su apogeo, su punto culminante, en esa época.

— ¿Cree usted que Jesús de Nazaret fue el Hijo de Dios?

—Sí.

—¿Cree usted, señor, que después que Jesús resucitara, un cierto abogado llamado Saulo de Tarso, en su camino a Damasco, habló con Jesús de Nazaret, quien había sido crucificado y luego resucitara y ascendiera al cielo?

—Sí, creo.

— ¿De quién era la voz que oyó Saulo?

—Era la voz de Jesucristo, pues El mismo se presentó.

—Entonces, milord (esta es la forma de dirigirse a un juez en la Gran Bretaña), con toda seriedad me permito hacer resaltar el hecho de que en tiempos bíblicos fue cosa muy común que Dios hablara con el hombre.

—Creo que he admitido eso, pero que ello cesó poco después del siglo primero de la era Cristiana.

— ¿Y por qué cree usted que cesó?

—. . . No sé.

— ¿Piensa usted que Dios no ha hablado desde entonces? —Estoy seguro de que no.

—Pues en tal caso, debe haber una razón para ello

— ¿Puede usted mencionar alguna de ellas?

—No, no se me ocurre ninguna. . .

— ¿Puedo yo sugerir algunas posibles razones? Quizá Dios no ha hablado más al hombre porque ya no puede hacerlo. Tal vez ha perdido el “poder”.

—No, no. Creer en esto sería blasfemar.

—Bueno, entonces quizás El ya no habla al hombre porque no nos ama.

—No, yo estoy convencido de que Dios ama a todos los hombres.

—Si puede hablar, y nos ama, entonces la única razón posible sería que nosotros ya no le necesitamos más. Hemos hecho tan rápidos avances en la ciencia, estamos ahora tan bien educados que ya no necesitamos a Dios.

A este punto, el caballero inglés, pensando quizá en la guerra inminente, dijo con voz emocionada y temblorosa:

—Señor Brown, no ha habido nunca, en la historia del mundo, otro momento como éste en que la voz de Dios haya sido tan necesaria. Quizá usted pueda decirme por qué es que el Señor no habla.

Mi respuesta fue:

—El habla, Él ha hablado, pero el hombre necesita tener fe para poder oírlo.

Entonces pasamos a tratar acerca de lo que yo llamaría el “perfil de un Profeta”. Convinimos entre ambos, en que las siguientes características deben identificar a todo hombre que reclame ser un Profeta.

  1. Dirá, humilde pero audazmente “Dios me ha hablado”.
  2. Su mensaje será digno, inteligente, sincero y honesto pero no será necesariamente una persona docta.
  3. No tendrá pretensiones espirituales, ni contacto con los muertos, ni será clarividente o prestidigitador.
  4. Por lo general será un joven como Samuel, un hombre que haya tenido buenos padres y asociados.
  5. Su mensaje será razonable y de acuerdo con las Escrituras.
  6. Deberá declarar su mensaje sin temor alguno y sin hacer débiles concesiones ante la opinión pública.
  7. No hará concesiones a la opinión pública o por el efecto que pueda tener sobre sí mismo, su reputación o fortuna personal.
  8. Su mensaje será real, único y de acuerdo a la historia.
  9. Simple pero sinceramente declarará lo que ha visto y oído.
  10. Su mensaje, y no su persona, será importante para él.
  11. Declarará audazmente “así dice el Señor”.
  12. Predecirá acontecimientos futuros en el nombre del Señor—acontecimientos que no pueda controlar—que sólo Dios puede hacer que pasen.
  13. Su mensaje será importante no sólo para su generación, sino para siempre, como el mensaje de Daniel, Ezequiel y Jeremías.
  14. Tendrá valor, fortaleza y suficiente fe para soportar la persecución y de ser necesario dar su vida por su testimonio, estará deseoso de sellarlo con su sangre como lo hicieron Pedro y Pablo.
  15. Denunciará la iniquidad sin temor y por lo tanto será rechazado y ridiculizado.
  16. Hará cosas sobrehumanas, cosas que sólo un hombre inspirado de Dios podría hacer.
  17. La consecuencia de sus enseñanzas serán evidencia convincente de su llamamiento profético: “Por sus frutos los conoceréis.”
  18. Su palabra y su mensaje lo sobrevivirán.
  19. Sus enseñanzas deberán coincidir estrictamente con las Escrituras, y aun sus mismas palabras y escritos serán Escritura. “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:21.)

José Smith fue el primer hombre, desde el martirio de los apóstoles de Jesucristo, en declarar lo que los profetas han dicho: que Dios le había hablado. Yo creo que fue un profeta de Dios porque dio a este mundo algunas de las revelaciones más grandes de todos los tiempos. Creo que fue un profeta de Dios porque predijo muchas cosas que han ocurrido, cosas que solamente Dios podría hacer que sucedieran.

Juan, el discípulo amado de Jesús, declaró: “. . . el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” (Apocalipsis 19:10.) Si José Smith tenía el testimonio de Jesús, tenía el espíritu de profecía, y si tenía el espíritu de profecía, era un Profeta. Tal como lo destaqué ante mi amigo, quiero destacar ante vosotros también, que, al igual que cualquier otro profeta, José Smith tuvo el testimonio de Jesús; como los apóstoles de la antigüedad, él vio al Señor y le oyó hablar. Y aun dio su vida por este testimonio.

Creo que José Smith fue un profeta verdadero porque hizo muchas cosas sobrehumanas. Una de ellas fue traducir el Libro de Mormón. Algunas personas no aceptan esto; pero os aseguro que él al traducir el Libro de Mormón, hizo algo sobrehumano.

Desafío a cualquiera a que emprenda la tarea de escribir la historia de los antiguos habitantes de América, y hacerlo como él lo hizo sin tener material informativo. Debe incluir 54 capítulos acerca de guerras y sus consecuencias; 21 capítulos sobre historia; 55 capítulos en cuanto a visiones y profecías, y éstas deben coincidir meticulosamente con la Biblia. Deberá escribir 71 capítulos sobre doctrina y exhortaciones, y aquí también se debe comparar cada declaración con las Escrituras, o la obra podrá ser fraudulenta. Debe también incluir 21 capítulos acerca del ministerio de Jesucristo, y cada cosa que se diga que Él ha hecho o dicho, y cada testimonio que se dé acerca de El en ese libro, debe estar absolutamente de acuerdo con el Nuevo Testamento. También sugeriría que debe emplear figuras de expresión, comparaciones, metáforas, narraciones, exposiciones, descripciones, oratoria, ética, lírica, lógica y parábolas. Así mismo el escritor debe recordar que el hombre que tradujo el Libro de Mormón fue un joven que no había tenido la oportunidad de estudiar como vosotros lo habéis hecho, y no obstante, pudo dictar la traducción del libro en poco más de dos meses e hizo muy pocas correcciones— si las hizo. Por más de cien años, algunos de los más destacados literatos y eruditos del mundo han estado tratando de probar mediante la Biblia que el Libro de Mormón es falso; pero ninguno de ellos ha sido capaz de demostrar que algo que José Smith haya escrito esté en contradicción con las Escrituras, con la Biblia y la palabra de Dios.

El Libro de Mormón no solamente declara en la portada que su propósito es convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios, sino que además, esta verdad es la esencia de su mensaje. En 3 Nefi está escrito que “la multitud se acercó y metieron sus manos en su costado, y palparon las marcas de los clavos en sus manos y en sus pies… y dieron testimonio de que él era aquel de quien los profetas habían escrito.”

José Smith emprendió y llevó a cabo otras tareas sobrehumanas; entre ellas, deseo anotar las siguientes: Organizó la Iglesia. (Cabe destacar que ninguna constitución hecha por hombres ha permanecido más de cien años sin que haya sufrido enmiendas o modificaciones. La ley básica o constitución de la Iglesia, jamás ha sido alterada.) Emprendió la tarea de llevar el mensaje del evangelio a todas las naciones, lo cual es una tarea sobrehumana que aún se está desarrollando. Accedió, por mandamiento divino, a congregar a miles de personas en Sión.

Estableció la obra vicaria por los muertos y edificó templos para tal fin. Prometió que ciertas señales seguirían a los que creyeran, y hay miles de testigos dispuestos a certificar que esta promesa se ha cumplido.

Le dije a mi amigo: “Milord, no puedo entender cómo puede usted decir que mis creencias son fantásticas. Tampoco puedo comprender cómo pudo haber cristianos que, aun reclamando creer en Cristo, persiguieran y mataran a un hombre que sólo se proponía probar la veracidad de las cosas que ellos mismos estaban declarando creer: específicamente, que Jesús es el Cristo. Podría comprender que le hubieran perseguido si él hubiera dicho: ‘Yo soy el Cristo’; o ‘No hay Cristo’. En tal caso, los que creían en Cristo habrían estado algo justificados al oponerse a él. Pero lo que José Smith dijo fue: ‘Os declaro a quien proclamáis servir.’ El joven Profeta declaró a sus contemporáneos: ‘Vosotros decís que creéis en Jesucristo. Yo os testifico haberle visto y hablado con Él. Él es el Hijo de Dios. ¿Por esto me perseguís?’

“Parafraseando lo que dijo Pablo en Atenas: ‘Al que vosotros adoráis pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.’ {Hechos 17:23.) José Smith les dijo a los cristianos de su época: ‘Vosotros proclamáis creer en Jesucristo. Yo testifico que lo vi y hablé con Él. Es el Hijo de Dios, el Redentor del mundo. ¿Por qué me perseguís por eso?’

“Cuando José salió de la arboleda donde había tenido la visión, había aprendido por lo menos cuatro verdades fundamentales y las anunció al mundo: primero que el Padre y el Hijo son dos individuo distintos y separados; segundo, que el canon de la Escrituras no estaba completo; tercero, que el hombre fue creado a la propia imagen corporal de Dios y cuarto, que las vías de comunicación entre los cielos y la tierra estaban ahora nuevamente abiertas y que la revelación era reanudada.”

El juez permaneció sentado y escuchó atentamente, hizo algunas preguntas muy importantes e inquisidoras; y al final dijo: “Señor Brown, me gustaría saber si su gente reconoce la importancia de su mensaje; ¿la aprecia usted mismo?”

También dijo: “Si lo que usted acaba de explicar es verdad, es el mensaje de mayor importancia dado al mundo, desde que los ángeles anunciaron el nacimiento de Jesucristo.”

Este que hablaba era un juez, un gran estadista, un hombre inteligente. El arrojó al aire un desafío: “¿Apreciáis vosotros la importancia de lo que decís?” Y agregó: “Quisiera que fuera cierto. Espero que sea verdad. ¡Dios sabe que debiera serlo! Agradecería a Dios, si—y se emocionó al decirlo—un hombre ha aparecido realmente sobre la tierra, diciendo: ‘Así dice el Señor.'” Nunca más volvimos a vernos con este hombre.

He mencionado, muy brevemente, algunas de las razones por las cuales creo que José Smith fue un Profeta de Dios. Pero aún reforzando mi exposición quiero daros, desde el fondo mismo de mi corazón, mi testimonio, revelado por el Espíritu Santo, de que José Smith fue un Profeta de Dios. Aunque éstas o aquellas evidencias puedan ser citadas y con ellas podamos lograr ciertas convicciones intelectuales, sólo por medio del Espíritu Santo puede uno llegar a saber las cosas de Dios. Por medio de los susurros del Espíritu Santo he llegado a saber que José Smith fue un Profeta verdadero.

Agradezco a Dios por ese conocimiento y ruego para que recibáis sus bendiciones.

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