Algunos pensamientos sobre los templos antiguos y sus funciones

Algunos pensamientos sobre los
templos antiguos y sus funciones

por el Dr. Sidney B. Sperry
de la Universidad de Brigham Young
Liahona Marzo 1968


Uno no tiene más que leer las Escrituras cuidadosamente, en particular las Escrituras modernas, para descubrir que en tiempos antiquísimos deben haberse construido y usado templos, aun en los días de los patriarcas antediluvianos. En Doctrinas y Convenios, sección 124, versículo 39, el Señor habla de su santa casa, “que a mi pueblo siempre se le manda construir en mi santo nombre”. (Cursiva del autor) ¿Y por qué no habían de ser tan necesarios los templos en los días de los antiguos patriarcas, a fin de conferir las santas investiduras a los vivos, como lo son en la actualidad? Seguramente lo que el Señor requirió para la exaltación de los hombres en la antigüedad fue necesaria y esencialmente lo mismo que en esta época.

Al pensar en que Enoc y su pueblo anduvieron con Dios y fueron recibidos en su seno (Moisés 7: 69), parece increíble que hubiesen sido recibidos en esa forma sin las investiduras que usualmente los hombres reciben sólo en los templos. Mucho se dice en Doctrinas y Convenios, sección 132:29-37, acerca de las bendiciones de Abraham, las cuales recibió como resultado de su fe en Dios. El Señor dice que este patriarca “ha entrado en su exaltación y se sienta sobre su trono”, (versículo 29) Lo mismo se puede decir de Isaac y Jacob (versículo 37). Deben haberse sellado sobre Abraham, Isaac y Jacob todas las bendiciones del evangelio, incluso todas las santas investiduras que se dan a los fieles en el estado terrenal.

Algunos preguntarán dónde estaban estos templos en los cuales podían recibir sus investiduras. Es cierto que las Escrituras dicen muy poco acerca de los templos en los días de los antiguos patriarcas, pero esto no es prueba de que no existieran. La Iglesia existió en la época de Abraham; de hecho, el gran Melquisedec parece haber estado a la cabeza de ella, y fue a él a quien el padre de los fieles pagó diezmos (Génesis 14:20). También fue de Melquisedec de quien Abraham recibió su sacerdocio (Doc. y Con. 84:14). El hecho de que se pagaban diezmos en los días de Abraham nos hace creer que ese dinero se usaba en parte para erigir casas de oración y para edificar o mantener un templo “que a mi pueblo siempre se le manda construir en mi santo nombre”, repitiendo nuestra primera cita.

Las explicaciones dadas a ciertas figuras contenidas en el Facsímile núm. 2 del Libro de Abraham deben convencer al lector diligente que Abraham tenía conocimiento de las sagradas investiduras, y consiguientemente, de un templo o algo equivalente en donde pudieran ser administradas. El hecho adicional de que el evangelio se predicó extensamente en Palestina antes de la llegada de los israelitas bajo Josué, debe hacernos pensar en la posibilidad de una organización bien completa de la Iglesia en la Tierra Santa en tiempos antiguos (1 Nefi 17:35). Si esta Iglesia fue favorecida de Dios, indudablemente debe haber gozado de los beneficios espirituales de un templo.

Cuando Moisés sacó a Israel de Egipto, una de las primeras cosas que hizo fue procurar que la gente aceptara el sacerdocio mayor y recibiera las ordenanzas, en que “el poder de Dios se manifiesta” (D. y C. 84:19, 20).

“Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de Dios no se manifiesta a los hombres en la carne;
“Porque sin esto, ningún hombre puede ver la faz de Dios, aun el Padre, y vivir.
“Ahora, Moisés claramente enseñó esto a los hijos de Israel en el desierto, y procuró diligentemente santificar a su pueblo, a fin de que pudieran ver la cara de Dios.” (D. y C. 84:21-23)

Este programa que Moisés tenía en proyecto habría requerido las santas investiduras, y aun cuando el gran legislador no pudo construir un templo en el desierto, le fue posible preparar un tabernáculo aceptable en el cual se podrían administrar.

“Además, de cierto os digo, ¿cómo podré aceptar vuestros lavamientos, si no los hacéis en una casa que hayáis Levantado en mi nombre?
“Porque por esta causa le mandé a Moisés que construyera un tabernáculo, que lo llevaran consigo por el desierto y que construyera una casa en la tierra de promisión, a fin de que se pudieran revelar aquellas ordenanzas que habían sido escondidas desde antes que el mundo fuese” (D. y C. 124:37, 38)

No sabemos hasta qué punto se efectuaron las ordenanzas pertenecientes al Sacerdocio de Melquisedec en el tabernáculo, mientras estuvieron en el desierto y en Palestina, hasta el tiempo en que se edificó el templo de Salomón; pero parece haber suficiente razón para creer que se efectuaban tales ordenanzas, en vista de afirmaciones como las siguientes:

“Yo le di a David sus mujeres y concubinas por la mano de Natán, mi siervo, y de otros profetas que tenían las llaves de esta potestad. . . .” (D. y C. 132:39)

Parece más razonable creer que Natán y los demás profetas le sellaron a David sus esposas y concubinas en un lugar santo, tal como el tabernáculo, más bien que en algún otro edificio.

Probablemente hubo largos períodos, durante los días de los jueces, en que no se efectuaron estas ordenanzas correspondientes al Sacerdocio de Melquisedec, en vista de la historia que se encuentra en los capítulos 17 al 21 del Libro de los Jueces. En aquellos días “cada uno hacía como mejor le parecía”. (Jueces 17:6; 21:25) Bien pudieron haberse efectuado más extensamente las ordenanzas del Sacerdocio de Aarón durante este período; pero aun sobre este particular es poca la información que tenemos.

Entre los capítulos 25 y 40 del libro de Éxodo uno puede hallar la historia de la erección del tabernáculo y las varias restricciones que lo gobernaban. En primer lugar notamos que el Señor dijo a su pueblo: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos.” (Éxodo 25:8) Por ese motivo la estructura llegó a ser conocida comúnmente como “la casa de Jehová”. (Éxodo 34:26; Josué 6:24)

Se, edificó el tabernáculo con el material más fino que el pueblo tenía o pudo obtener mientras se hallaba en el desierto. Usaron materiales tales como el pelo de cabras, cueros de carneros, madera de Sittim o acacia y cueros de tejones. El pueblo dio liberalmente sus ornamentos, oro, plata, bronce y lino en abundancia para edificar este santuario portátil en forma de tienda.

El propio tabernáculo era de forma rectangular, de treinta codos de largo por diez de ancho, y con la entrada al oriente. También tenía una altura de diez codos. En medidas modernas, las dimensiones serían unos cuarenta metros de largo por cinco de ancho por cinco de altura. El interior de la estructura estaba dividido en dos partes principales: la que quedaba al occidente, y medía cinco metros en cuadro, era conocida como el lugar santísimo, y la otra, al oriente, conocida como el lugar santo, era de nueve metros de longitud por cinco de anchura. En el extremo oriental del lugar santo había una especié de vestíbulo o atrio, donde se hallaba la entrada al tabernáculo.

El tabernáculo quedaba situado en el extremo occidental de un patio exterior que medía unos veintitrés metros de ancho por cuarenta y seis de largo La cortina de lino blanco que rodeaba el patio exterior estaba sostenida por 60 columnas con capiteles de plata y bases de metal. En la otra mitad del atrio, hacia el oriente y frente al tabernáculo, estaba situada la fuente (Éxodo 30:17-21) para el lavamiento de los pies y las manos, y el altar del holocausto, hecho de madera de Sittim cubierta de metal. El altar era hueco, a fin de facilitar su traslado durante los viajes de los israelitas. Cuando acampaban, lo rellenaban de tierra y sobre él quemaban sus holocaustos. (Véase el grabado de la reconstrucción del tabernáculo y el atrio según el Dr. Schick.)

No podemos sino conjeturar en qué forma se efectuaban las ceremonias de la investidura en el tabernáculo que acabamos de describir: Sin embargo, dentro del lugar santísimo, donde estaba situada el arca del pacto, el Señor dispuso los medios para comunicarse con los directores de su pueblo. Esto fue lo que dijo a Moisés:

“Hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandaré para los hijos de Israel” (Éxodo 25:22)

Sabemos que la dedicación del tabernáculo se llevó a cabo el primer día del segundo año de la partida de los israelitas de Egipto. (Éxodo 40:1″) Una nube descansaba sobre el edificio sagrado e día, y una columna de fuego en la noche, durar e su peregrinación. Cada vez que el campamento tenía que viajar, los levitas desmontaban el tabernáculo y nuevamente lo armaban cuando volvían a acampar. (Éxodo 40:34-38)

Dibujo del Templo de Salomón.

Cuando los israelitas se establecieron en Canaán, Josué colocó el tabernáculo en Silo, donde permaneció durante el período de los jueces. (Josué 18:1) Mientras Saúl reinó, estuvo en Nob. (Compárese 1 Samuel 21:1 con Marcos 2:26) Durante la mayor parte del reinado de David, y luego el de Salomón hasta la edificación del templo, el tabernáculo permaneció “en el lugar alto que estaba en Gabaón”. (1 Crónicas 16:39; 21:29) Por último, Salomón lo depositó en el templo (1 Reyes 8:4; 2 Crónicas 5:5), el cual fue construido según el mismo modelo del tabernáculo, pero cada una de sus partes fue por lo menos dos veces el tamaño del original.

David reunió la mayor parte de los materiales para la casa permanente del Señor, conocida como el Templo de Salomón. (2 Samuel 7; 1 Crónicas 28: 11: 29:9) Se calcula que reunió un total de 108.000 talentos de oro, 10.000 daricos de oro y 1.017.000 talentos de plata para el futuro edificio y sus muebles. Con estos metales y otros materiales que Salomón consiguió tras ciertos arreglos, el Rey le edificó al Señor un templo muy lujoso. Se terminó en siete años y medio.

En cuanto a las ordenanzas que se efectuaban en este templo y otros que más tarde hubo en Israel, no necesitamos decir mucho. Probablemente fueron las mismas que se llevaban a cabo en el tabernáculo.

La apariencia del Templo de Salomón pudo ser más o menos como la que se representa en la reconstrucción hecha por Stevens, como se ve en el grabado que acompaña este artículo.

Cabe aquí decir algo acerca del “mar de fundición” o pila, asentada sobre los doce bueyes, la cual algunos erróneamente han supuesto se hallaba debajo del Templo de Salomón, simbolizando el bautismo por los muertos. En el libro segundo de las Crónicas hallamos que dice lo siguiente:

“. . . el mar era para que los sacerdotes se lavaran en él… y [Salomón] colocó, el mar al lado derecho hacia el sureste de la casa.” (2 Crónicas 4:6, 10; compárese con 1 Reyes 7:39) En el reinado de Acaz, de 736 hasta 721 años antes de J.C., este monarca quitó el mar de sobre los bueyes de bronce y lo puso sobre un solado o revestimiento de piedra. (2 Reyes 16:17) Cuando Nabucodonosor tomó a Jerusalén en el año 590 antes J.C. (según la cronología del Libro de Mormón), hizo pedazos el mar. (2 Reyes 25:13; Jeremías 27:19-22)

Es de sumo interés para nosotros saber que los eruditos afirman el hecho de que se construían mares en los templos babilónicos.

Después de la cautividad babilónica, Ciro, rey de Persia, dio permiso a los judíos de edificar un templo que midiera 60 codos (aproximadamente 30 metros) de anchura y los mismos de altura (Esdras 6:3; Antigüedades de Josefo XI, 4, 6), en el lugar del que destruyó Nabucodonosor en el año 590 antes de J.C. La construcción probablemente se comenzó en el segundo año del regreso de su cautividad (quizá el año 537 antes de J.C), pero los judíos tropezaron con algunas dificultades, incluso mucha oposición de los samaritanos, por lo que discontinuaron la edificación. Más en el segundo año del reinado de Darío (520 años antes de J.C), el Señor instruyó a los judíos para que terminaran el sagrado edificio. Toda la profecía de Hageo se relaciona con este proyecto. Se siguió en forma general el modelo del Templo de Salomón, pero por motivo de la pobreza del pueblo no fue tan lujoso. Fueron restaurados muchos de los vasos que se habían usado en el templo anterior. (Esdras 1:7-11) El lugar santísimo se hallaba vacío, porque el arca del pacto desapareció cuando las fuerzas de Nabucodonosor invadieron Palestina.

Este templo, llamado de Zorabel, y a veces conocido como el segundo templo, se terminó en el sexto año del reinado de Darío, 515 años antes de J.C. (Esdras 3:8; 6:15)

No muchos años después de la dedicación del segundo templo, los judíos se tornaron a las cosas del mundo y ya no fueron dignos de administrar los ritos dentro del edificio. El libro de Malaquías (1:2; 2:17; 3:5-18), no es sino la protesta de un profeta contra la corrupción y falta de dignidad entre el pueblo. No estamos en posición de decir por cuantos años el Señor estuvo dispuesto a aceptar las ordenanzas que se efectuaban en este templo después de su dedicación, pero no pudo haber sido mucho tiempo. Sería interesante conocer los detalles concernientes a la administración del templo después que desaparecieron los profetas de entre Israel por un período de aproximadamente 400 años.

Nos es interesante saber que ciertos grupos de judíos construyeron un templo en Yeb, isla sobre el Nilo, posteriormente conocida como Elefantina. Estos judíos, originalmente mercenarios, hablaban y escribían el arameo. Los papiros descubiertos en la isla nos hacen saber que conservaron sus propias costumbres y gozaron de la autonomía. Aparentemente contraviniendo la ley y la práctica de otros judíos de la dispersión, conservaron un templo dedicado a Yahu, en el cual ofrecían alimentos, incienso y holocaustos. Los papiros también se refieren a las fiestas de la pascua y de los panes sin levadura. En el año 520 a. de J.C., cuando Cambises el persa conquistó a Egipto, destruyó todos los templos egipcios pero perdonó el de Yahu. Mucho después, durante la ausencia del gobernador persa en el año 411 a. de J.C., los egipcios llevados por la ira e instigados por los sacerdotes al servicio de Chnum, divinidad de cabeza de carnero, destruyeron el templo judío. Tenemos en nuestras manos papiros que nos dicen que los judíos inmediatamente enviaron un memorial a Bagoas, gobernador de Judea, al sumo sacerdote Johanán y a otros judíos pidiendo socorro. La solicitud pasó sin respuesta. En el año 408 a. de J.C., la colonia nuevamente apeló a sus hermanos judíos, enviando presentes con su carta. Esta vez se concedió permiso para reedificar el templo y ofrecer sacrificios de alimento e incienso. Hasta hace poco, se dudaba de que el templo realmente hubiera sido reconstruido, pero ahora el Papiro Arameo de Brooklyn, publicado por el Dr. Emil G. Kraelin, indica que sí lo fue. (Biblical Archeologist, tomo 15, núm. 3, pág. 66)

Los Santos de los Últimos Días se darán debida cuenta de la condición espiritual de estos edificadores de templos en la isla de Yeb, al ser informados que no tan solamente adoraban a Yahu, sino a otras divinidades de Canaán, por ejemplo, a Ashim Betel, Anat-Betel y Cherem. En Elefantina se adoraba a Anat, como esposa de Yahu, con el nombre de Anat-Yahu. De estos hechos también se puede deducir la condición espiritual de los judíos que escribieron la carta a Yeb.

El Templo de Zorobabel fue reemplazado finalmente por el de Herodes. Josefo, el historiador judío, nos ha dado descripción algo detallada del santuario, e igual cosa ha hecho Mishnah. El edificio antiguo no fue derrumbado sino hasta después de haberse reunido gran parte del material para la construcción del nuevo.

Se dio principio a la obra del nuevo templo en el decimoctavo año del reinado de Herodes, entre 20 y 19 años antes de J.C. El imponente conjunto de edificios que formaban parte del Templo de Herodes no se terminó sino hasta la procuraduría de Albino, en los años 62 a 64 de la era cristiana. Se aumentó en otro tanto el espacio que ocupaba templo antiguo. La construcción fue hecha de grandes bloques de piedra blanca; su interior tenía la anchura y largura del Templo de Salomón, pero la altura era de 40 codos (veinte metros), sin contar un salón del piso superior, en lugar de los treinta codos (15 metros) del original. El Templo de Herodes estaba dividido en un lugar santísimo y un santuario o lugar santo, como en los templos anteriores; pero los adornos eran mucho más elegantes. El lugar santísimo se hallaba vacío y estaba separado del lugar santo por un velo. Referimos a nuestros lectores a los escritos de Josefo para una descripción más detallada de la gran estructura del templo.

Templo de Tenayuca, del período azteca.

El Libro de Mormón aclara que los nefitas, otra rama del pueblo hebreo, conocían los usos de los templos y edificaron algunos sobre este continente, parece que el primer templo lo construyó Nefi después que él y los que lo siguieron se separaron de sus injustos hermanos. Fue construido según el modelo del Templo de Salomón, los detalles del cual se hallaban en las planchas de bronce. He aquí las palabras de Nefi:

“Y yo, Nefi, edifiqué un templo, según el modelo del de Salomón, aunque no se construyó con materiales tan preciosos, por no hallarse en el país; por tanto, no se pudo edificar como el templo de Salomón. Pero su construcción fue semejante a la del templo de Salomón; y su obra fue sumamente hermosa” (2 Nefi 5:16)

Es muy improbable que Nefi hubiera edificado un templo sin una revelación directa del Señor que se lo autorizara. Además, tendrían que revelarse tocias las ordenanzas pertenecientes al templo. Los nefitas observaban la ley de Moisés, más esto no significa que dentro del edificio únicamente se efectuarían ordenanzas limitadas a las prescripciones del Sacerdocio Aarónico. Nefi y su pueblo observaban la ley del evangelio, y probablemente efectuaban todas las ordenanzas por los vivos de acuerdo con el Sacerdocio de Melquisedec. Parece que Nefi poseía ciertos poderes senadores del sacerdocio, así como el otro Nefi que se menciona en el Libro de Helamán. (2 Nefi 33:15; Helamán 10:7) Mientras hubiese profetas como éstos, podría darse una investidura completa a los justos; de lo contrario, probablemente se administraría una investidura limitada dentro del Sacerdocio de Aarón.

Jacob, hermano de Nefi, probablemente enseñó dentro de este mismo templo, pero el rey Benjamín debe haber pronunciado su sermón en otro templo situado en el país de Zarahemla. (Mosíah 1:1, 18)

Quizá el pueblo de Zeniff reparó el antiguo templo de Nefi, cuando volvieron al país de la herencia de sus padres, o tal vez edificaron uno nuevo. (Mosíah 1:1, 18) Se presentan algunas preguntas interesantes sobre el uso que el pueblo de Zeniff hizo del templo. ¿Tenían la debida autoridad para administrar en él las ordenanzas correspondientes, o lo usaban sencillamente para sus reuniones? Surge el problema de la autoridad debida, particularmente durante el impío reinado de Noé. Amulek relató un acontecimiento interesante que se verificó en un templo Nefita, mas no sabemos dónde ni cuándo:

Soy Amulek, hijo de Giddona, que era hijo de Ismael, descendiente de Aminadí; y fue este mismo Aminadí el que interpretó la escritura que se hallaba sobre el muro del templo, la cual fue escrita por el dedo de Dios.

“Y Aminadí era descendiente de Nefi, hijo de Lehi, que vino de la tierra de Jerusalén; y Lehi era descendiente de Manases, hijo de José que fue vendido en Egipto por sus hermanos.” (Alma 10:2, 3)

Cuando el Salvador resucitado y glorificado se apareció a los nefitas durante tres días consecutivos, lo hizo “en los alrededores del templo que se hallaba en el país de Abundancia”. (3 Nefi 11:1) Antes de la resurrección de nuestro Señor, no se podía hacer la obra por los muertos ni en el templo de Palestina ni en este continente. Pero después de su resurrección, Él explicó detalladamente esta obra a los nefitas. Esto se ve en el hecho de que citó en su totalidad los capítulos tres y cuatro de la profecía de Malaquías, y los explicó a la multitud”. (3 Nefi 24; 25; 26:1) De modo que se hizo saber a los nefitas acerca del poder sellador de Elías el Profeta, en lo que concernía a las ordenanzas por los muertos. Podemos suponer que esta obra se efectuó en sus templos durante el período de su rectitud que duró cuatro generaciones. No le fue permitido a Mormón citar las explicaciones del Salvador sobre las profecías de Malaquías respecto de Elías el Profeta, porque las llaves de este conocimiento iban a ser dadas en nuestra dispensación a José Smith, y, él explicaría sus funciones correctas.

Después de la resurrección del Salvador, deben haberse efectuado ordenanzas por los muertos en edificios sagrados construidos en el continente oriental. La referencia de Pablo al bautismo por los muertos en la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 15, versículo 29, parece ser evidencia de este hecho. Como quiera que sea, parece que los Corintios podían ir a un templo aceptable para esta obra. Probablemente era muy pequeño, mas no tenemos ninguna información al respecto. Lo mismo se puede decir de otros edificios similares que fueron construidos por los santos de aquella época en el nombre del Señor durante el primer siglo ele la era cristiana.

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