¿Por qué mandó el Señor a Adán y Eva multiplicarse en el Jardín del Edén, si no podían tener hijos antes de la caída?

“¿Por qué mandó el Señor a Adán y Eva multiplicarse en el Jardín del Edén, si no podían tener hijos antes de la caída?”

Adan y Eva

Un importante punto a considerar en esta interro­gante es si Adán y Eva podían o no tener hijos mien­tras estaban en el Jardín de Edén. Las escrituras no dicen que no pudieran tenerlos; lo que dicen es que no tendrían hijos mientras estuvieran en estado de inocencia, no conociendo el bien ni el mal.

Por ejemplo, nótense las palabras de Lehi, cuando explica la situación de Adán y Eva antes de la caída:

“Y no hubieran tenido hijos; por consiguiente, habrían permanecido en un estado de inocencia, sin sentir gozo, por no tener conocimiento de la miseria; sin hacer bien, por no conocer el pecado.” (2 Nefi 2:23, Cursiva agregada) Esta escritura parece indicar que Adán y Eva estaban físicamente capacitados para tener hijos cuando se encontraban en el Jardín del Edén (por lo tanto, podrían haber tenido hijos), pe­ro mientras se mantuvieran en su estado de inocencia no podían tenerlos. Hay que recordar que mientras estuvieron allí eran tan inocentes que ni siquiera se daban cuenta de que estaban desnudos.

A veces, para comprender mejor una interrogante religiosa podemos preguntarnos: ¿De qué otra manera podría haberlo hecho nuestro Padre Celestial? Por ejemplo, ¿de qué otra manera podría El haber creado las condiciones necesarias para lo que sucedió como consecuencia de la caída? A continuación citamos cuatro posibilidades, y la única aceptable es la to­mada por el Señor:

  1. ¿Qué habría pasado si el Señor hubiera creado un mundo donde el mal y el pecado existieran desde el principio? En tal caso, solamente Dios habría sido responsable por el pecado.
  2. ¿Cómo serían las cosas si el mundo hubiese sido creado para que jamás cometiéramos un pecado? En otras palabras, ¿qué pasaría si Dios no nos hubiera dado ninguna ley? Es verdad que bajo tales condiciones jamás habríamos quebrantado la ley (cometido pecado), y entonces no habrían existido el mal, el dolor ni la enfermedad. Pero si no hubiera posibilidad de pecar y de recibir el castigo y la aflicción que van aparejados al pecado, tampoco habría posibilidad para el bien, ni para las bendiciones y el gozo que se reciben obedeciendo la ley. Ninguno de nosotros querría un mundo así.
  3. ¿Y si Dios hubiera creado el mundo con ley (la oportunidad de escoger) pero sin libre albedrío (la libertad de escoger)? ¿Cómo podríamos progresar en una situación semejante? ¿Qué evolución tendríamos si hiciéramos lo bueno sólo porque nos vemos forzados a hacerlo? Y además, ¿cómo podría un Dios justo hacernos responsables por nuestras acciones, si no tuviéramos la libertad de escoger?
  4. La otra posibilidad que queda es la que eligió el Señor. Crear un mundo sin pecado ni mal, y poner a Adán y Eva en el Jardín del Edén en estado de inocencia absoluta; darles la ley (la oportunidad de escoger), y también el libre albedrío (la libertad de escoger). Y a continuación, y esto es muy importante, Dios no los hizo responsables por ninguna transgresión cometida en su estado de inocencia.

Dios sabía aun antes de que la tierra fuera creada que era necesario que Adán y Eva cayeran para que tuvieran posteridad. Así, también antes de la Creación, Jesucristo había aceptado pagar la pena que requería la ley de la justicia, por la transgresión que trajo como resultado la caída de nuestros primeros padres. Las escrituras se refieren al Salvador como al “cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”, y declaran que El había aceptado llevar a cabo la expiación aun antes de que la tierra fuera creada (1 Pedro 1:19-20; Efe. 1:4; Mos. 5:57; D. y C. 121:32; Mos. 18:13; Eter 3:14).

La segunda parte de la pregunta es, en esencia, “¿por qué no preparó el Señor la vía para que Adán y Eva cumplieran con el mandamiento de multiplicarse?” La respuesta es que el Señor preparó la vía.

En esta dispensación, El ha revelado por medio de José Smith información adicional sobre el estado en que se encontraban nuestros primeros padres antes y después de la caída. Más aún, el Señor le reveló al Profeta las palabras que se dijeron Adán y Eva después de haber sido echados del Jardín, y de que un ángel les enseñara que Jesucristo expiaría por su transgresión incondicionalmente, y que lo haría además por sus pecados individuales, en cuyo caso la expiación estaba condicionada a su arrepentimiento.

“Y Adán bendijo a Dios ese día, y fue lleno, y empezó a profetizar concerniente a todas las familias de la tierra, diciendo: Bendito sea el nombre de Dios, porque a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos, y tendré gozo en esta vida, y en la carne veré de nuevo a Dios.

Y Eva su esposa oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: Si no hubiese sido por nuestra transgresión, jamás habríamos tenido simiente, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los obedientes.” (Mos. 5:10-11. Cursiva agregada)

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