Gozo y felicidad

Gozo y Felicidad

por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Gozo y Felicidad

Explicando a su hijo Jacob bajo qué circunstancias vino el hombre a la vida mortal y el plan para su progresión eterna, Lehi le dijo:

“. . . todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe.
Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo.” (2 Nefi 2:24-25)

El diccionario define la palabra gozo como “placer, alegría de ánimo”, y dice que la felicidad es “satisfacción, gusto, contento”.

El profeta José Smith la define como “el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin de ella, si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad; y este camino es virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 312)

La felicidad no proviene del éxito económico, como lo aclara la afirmación del Salvador: “. . . porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” (Lucas 12:15)

Por supuesto que las necesidades temporales tienen que atenderse a fin de continuar existiendo; es indispensable que dispongamos de algunos de los bienes de este mundo para el mantenimiento de la vida. El Señor mismo dijo que no podemos auto abastecernos en los asuntos espirituales a menos que lo hagamos en las cosas temporales. Si vivimos el plan del Señor en su totalidad, poseeremos las cosas necesarias del mundo. Pero esto no es la esencia de la felicidad.

El hombre no puede llegar a la verdadera felicidad por el mero hecho de que se le confiera algo exteriormente. Las escrituras nos relatan muchas curaciones de enfermedades físicas, efectuadas por el Salvador durante su ministerio, que llevaron como resultado el alivio del dolor o la enfermedad, pero no necesariamente brindaron gozo o felicidad.

El gozo o la felicidad verdaderos consisten en ser sanados espiritualmente, y provienen del interior del individuo. Si leéis en el Libro de Mormón los cuatro primeros versículos del capítulo cuatro de Mosíah, sabréis que el rey Benjamín había estado hablando a una multitud de personas que, por el poder del Espíritu Santo, habían llegado a darse cuenta de sus transgresiones. Tan turbados estaban por sus pecados, que le rogaron al Señor:

“Oh, ten misericordia, y aplica la sangre expiatoria de Cristo para que recibamos el perdón de nuestros pecados y sean purificados nuestros corazones; porque creemos en Jesucristo, el Hijo de Dios. . .” (Mosíah 4:2)

Y por causa de su fe en Cristo y su arrepentimiento, recibieron el perdón, se llenaron de gozo porque sus pecados les habían sido perdonados, y se sintieron en paz porque habían sido sanados espiritualmente.

Jesucristo, nuestro Salvador, tiene poder para sanar nuestro espíritu, el espíritu enfermo bajo la carga del pecado. No hay hijo de Dios que pueda ser completamente feliz si su espíritu no ha sido sanado por el poder del Espíritu de Dios. Al recibir el perdón se es sanado espiritualmente y se recibe la paz de conciencia. A partir de ese momento la felicidad aumenta a medida que se lucha por perfeccionarse, inculcándose los atributos de la caridad que menciona Mormón en el séptimo capítulo de Moroni: bondad, longanimidad, humildad y amor. Finalmente, se logra esa caridad que Mormón define como el amor puro de Cristo. Este es el único sendero que conduce a la verdadera felicidad, el sendero por el cual debemos ir si deseamos llegar a ser como nuestro Padre que está en los cielos.

El gozo y la felicidad para los cuales, de acuerdo a Lehi, el hombre fue creado, no son solamente para este mundo. Si cumplimos con los requisitos a los cuales está sujeta la promesa obtendremos gozo y felicidad en esta vida, durante nuestro estado como espíritus desincorporados esperando la resurrección, y después a través de toda la eternidad.

“Aprended,” dijo el Señor por medio del profeta José Smith, “que el que hiciere obras justas recibirá su galardón, aun la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero.” (D. y C. 59:23)

Las escrituras son claras con respecto al estado de felicidad o miseria de los espíritus sin cuerpos. En la revelación que, según declara el Profeta, “contiene la ley de la Iglesia”, el Señor dice:

“Viviréis juntos en amor, al grado de que lloraréis por los que mueren, y más particularmente por aquellos que no tienen esperanza de una resurrección gloriosa.
Y acontecerá que los que mueran en mí, no gustarán de la muerte porque les será dulce;
Y los que no murieren en mí, ¡ay de ellos! porque su muerte será amarga.” (D. y C. 42:45-47)

Y así instruyó alma a su hijo Coriantón:

Ahora bien, respecto al estado del alma entre la muerte y la resurrección, he aquí, un ángel me ha hecho saber que los espíritus de todos los hombres, en cuanto se separan de este cuerpo mortal, sí, los espíritus de todos los hombres, sean buenos o malos, son llevados de regreso a ese Dios que les dio la vida.

Y sucederá que los espíritus de los que son justos serán recibidos en un estado de felicidad que se llama paraíso: un estado de descanso, un estado de paz, donde descansarán de todas sus aflicciones, y de todo cuidado y pena.

Y entonces acontecerá que los espíritus de los malvados, sí, los que son malos —pues he aquí, no tienen parte ni porción del Espíritu del Señor, porque escogieron las malas obras en lugar de las buenas; por lo que el espíritu del diablo entró en ellos y se posesionó de su casa— estos serán echados a las tinieblas de afuera; habrá llantos y lamentos y el crujir de dientes, y esto a causa de su propia iniquidad, pues fueron llevados cautivos por la voluntad del diablo.” (Alma 40:11-13)

En su gran sermón, registrado en el capítulo nueve de 2 Nefi, Jacob nos dice:

Y cuando todos los hombres. . . hayan así llegado a ser inmortales,… se presentarán ante el tribunal del Santo de Israel” y serán juzgados. Entonces “los justos, los fieles del Santo de Israel aquellos que han creído en él, que han soportado la cruz del mundo y despreciado la vergüenza, éstos heredarán el reino de Dios que ha sido preparado para ellos desde la fundación del mundo, y su gozo serán completo para siempre.” (2 Nefi 9:15, 18. Cursiva agregada) Lehi habló verídicamente cuando dijo que “. . . existen los hombres para que tengan gozo”. (2 Nefi 2:25) Sabemos que el Señor desea que el hombre sea feliz porque Él le dijo a Moisés: “. . . ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.” (Moisés 1:39) También sabemos que Alma decía la verdad cuando le dijo a su hijo Coriantón que “la maldad nunca fue felicidad.” (Alma 41:10) Esta declaración nos viene de perillas.

“. . . los hombres son libres según la carne; y les son dadas todas las cosas que para ellos son propias. Y pueden escoger la libertad y la vida eterna, por motivo de la gran mediación para todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte según la cautividad y el poder del diablo, porque éste quiere que todos los hombres sean miserables como él.” (2 Nefi 2:27)

“Anímense pues, vuestros corazones, y recordad que sois libres para obrar por vosotros mismos: para escoger la vía de la muerte eterna, (miseria) o la de la vida eterna (gozo y felicidad)”. (2 Nefi 10:23)

Marion G. Romney

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