Las bendiciones de la restauración

Las bendiciones de la restauración

N. Eldon Tanner

por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia

Discurso pronunciado en la Conferencia de Área en Múnich,
que se llevó a cabo en agosto de 1973.

Cuán afortunados somos por ser miembros de la Iglesia y del Reino de Dios sobre la tierra. Cuando presidía la Misión de Europa Occidental, muy a menudo se me preguntaba: “¿Por qué vino acá, y por qué envían misioneros a enseñar una religión americana en estas naciones cristianas? ¿Acaso no hemos sido cristianos desde antes que existieran los Estados Unidos de América? ¿Por qué no se dirigen a los que no lo son, y a los incrédulos?” Con respecto al Libro de Mormón, decían, “Tenemos y aceptamos la Biblia, y no necesitamos ni creemos que haya otras escrituras reveladas por Dios hoy en día”.

Con toda gentileza les hadamos ver a esas personas que la Biblia que ellos aceptaban no contiene muchos de los escritos en ella mencionados, los cuales en un tiempo fueron considerados auténticos, y que probablemente habrían podido brindar más información y comprensión del verdadero evangelio. Además, la Biblia contiene profecías que predicen la apostasía y por supuesto la necesidad de una restauración, a fin de que se cumplan los designios de Dios. Hay muchas cosas en ella que no están claras y que los estudiantes de las Escrituras no han podido comprender, ni siquiera los que son ministros o los maestros en escritura bíblica. Consideremos algunas de esas profecías.

Al referirse a los últimos días Isaías escribió: “Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno” (Isaías 24:5).

Amos citó: “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová y no la hallarán” (Amos 8:11-12).

Profecías cumplidas

La historia comprueba que se cumplieron las predicciones que encontramos tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, respecto a la apostasía y restauración. Juan el Revelador declaró: “Vi volar por en medio del cielo a otro ángel que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:6-7).

Ahora bien, no se puede entender esta escritura hasta que hayamos escuchado la historia de la restauración del evangelio que se llevó a cabo por medio de José Smith; hasta que sepamos cómo un ángel vino del cielo para entregarle la historia que contiene el Libro de Mormón, que es un nuevo testigo de Cristo, y está en completa armonía con las enseñanzas de la Biblia, apoyando y aclarando muchos de los pasajes que posiblemente hayan sido tergiversados en la traducción, y otros donde era necesario tener más luz y conocimiento a fin de poder entenderlos plenamente.

La Biblia

Así pues, a todos aquellos que hacen preguntas, podemos decirles que aceptamos la Biblia literalmente, tanto o más aún que la mayoría de las personas en el mundo. Podemos decirles que tenemos más evidencias de la veracidad de la Biblia; que Dios es un Padre amoroso y está tan interesado en sus hijos hoy en día como antiguamente, y que continúa revelando su voluntad y deseo por medio de sus profetas. “Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios” (Noveno artículo de fe).

La Trinidad

Posiblemente la revelación más importante dada en estos últimos días es la que recibió José Smith cuando Dios el Padre y su Hijo Jesucristo se le aparecieron como respuesta a su oración pidiendo dirección divina para saber a cuál iglesia debía unirse.

En esta manifestación celestial, José vio a dos personajes, “cuyo brillo y gloria no admiten descripción”, y uno le dijo: “José, éste es mi Hijo Amado: Escúchalo!” (José Smith 2:17). Cuando el joven salió del bosque ya sabía con toda certeza que Dios vive, que Jesús es su Hijo, y que también vive: que el hombre fue creado a la imagen y semejanza de ambos; y que Dios escucha y contesta las oraciones. Fue necesario que José Smith obtuviera este testimonio a fin de prepararse para la obra que había sido llamado a realizar.

En aquel entonces el mundo no conocía la naturaleza de Dios. Unos creían que era una substancia tan grande que podía llenar el universo y tan pequeña que podía morar en nuestro corazón; tampoco comprendían que Dios y Jesucristo son seres separados. Pero José Smith recibió ese testimonio así como lo había recibido Juan el Bautista en el momento del bautismo de Jesús, cuando los cielos se abrieron, el Espíritu Santo descendió y se escuchó la voz de Dios que hablaba desde lo alto. Así pues se estableció que la Trinidad consiste de tres personas distintas y separadas.

El plan de salvación

Así como lo proclamaron los profetas de la antigüedad, Dios nos ha dado a saber por medio de la revelación moderna que somos sus hijos espirituales; que moramos con Él en los cielos antes de que esta tierra fuese creada; que de esa existencia pre terrenal somos enviados a esta tierra para probarnos y demostrar si somos dignos de regresar a su presencia.

Cristo vino al mundo para expiar por los pecados de la humanidad: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”, fueron sus palabras (Moisés 1: 39). Por medio de su expiación todos resucitaremos, más únicamente mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas de su evangelio, podremos gozar de la vida eterna con Dios. Creemos en una resurrección literal en la que el cuerpo y el espíritu se unirán de nuevo, y sabemos que seremos juzgados de acuerdo a nuestros hechos en la carne. Se nos ha dado el libre albedrío, y por lo tanto, es de suma importancia que escojamos el bien y aceptemos y vivamos las enseñanzas y los mandamientos de Dios.

La obra vicaria

Uno de los conceptos y verdades más hermosos del evangelio, y que generalmente el mundo no entiende, es el de la obra que hacemos en el templo por nosotros mismos y en favor de nuestros antepasados. Sería irrazonable creer que Dios no les proporcionaría a aquellos que murieran sin el conocimiento del evangelio, la oportunidad de recibir las mismas ordenanzas redentoras que tienen los que escuchan y creen. Somos las únicas personas que bajo la autoridad de Dios podemos hacer la obra vicaria por los muertos. En esta manera les abrimos las puertas de la prisión y les damos oportunidad de progresar y entrar en el gozo de su Señor.

Aquellos que habéis entrado al templo conocéis el gran privilegio y bendición de ser sellados a vuestra familia por esta vida y por toda la eternidad; y sabéis que si tan sólo cumplís con los convenios que allí se hacen, gozaréis de la vida eterna y progresaréis en el reino de los cielos. Se nos ha dicho que como el hombre es, Dios fue y como Dios es, el hombre puede llegar a ser. ¡Qué concepto tan glorioso! Todo esto por supuesto depende del grado en que aceptemos y vivamos el evangelio de Jesucristo.

Escudriñad las Escrituras

Desearía mencionar algunos de los hermosos pasajes de las escrituras relacionados con las cosas que os he dicho, pero quiero que vosotros mismos descubráis la conmovedora experiencia espiritual de escudriñarlas. Vuestro testimonio se fortalecerá y vuestra vida se enriquecerá al leer en la Perla de Gran Precio el relato de la visión de José Smith e imaginar sus sentimientos ante la aparición de los mensajeros celestiales.

Leed en la Biblia la historia de la creación y para una mejor comprensión recurrid a la Perla de Gran Precio. Allí comprenderéis el papel de Satanás y recibiréis advertencias para protegeros juntamente con vuestra familia de las trampas que él os ha preparado. Aprended lo que el Salvador quiso decir cuando expresó, según el evangelio de Juan en el Nuevo Testamento: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer” (Juan 10: 16). Encontraréis que esto se encuentra bellamente explicado en 3 Nefi en el Libro de Mormón al leer sobre la visita que Cristo hizo a los nefitas en el continente americano.

Vuestro amor por las Escrituras y por los siervos de Dios aumentará conforme lleguéis a familiarizaros con los relatos del Antiguo Testamento; el amor de Abraham por su hijo Isaac; José, que fue vendido a Egipto por sus hermanos y la manera en que, mediante la obediencia al Señor, salvó a su familia; Moisés, Samuel, David y Jonatán; y la gran sabiduría de Salomón. El Nuevo Testamento os inspirará para vivir mejor al leer las experiencias de los que gozaron del privilegio de caminar con el Maestro, nuestro Salvador Jesucristo. El Libro de Mormón es incomparable en cuanto a los acontecimientos emocionantes y las bellas historias que relatan la asociación de Dios con los primeros habitantes de América, el primero de los cuales vino de Jerusalén, después que fue advertido por el Señor de la destrucción que caería sobre aquella gran ciudad.

Familiarizaos con las Doctrinas y Convenios en donde encontraréis las revelaciones modernas dadas “por vía de preparación para el restablecimiento en la tierra de la Iglesia de Jesucristo y su subsiguiente dirección” (Nota explicativa de D. y C. pág. 111).

Testimonio

Os testifico que yo sé con certeza que estas cosas de las cuales os he hablado son verdaderas; que Dios realmente vive, que Jesucristo es su Hijo, que vino, murió y resucitó a fin de que nosotros pudiésemos disfrutar de inmortalidad y vida eterna; os testifico que el evangelio ha sido restaurado en estos últimos días por medio de José Smith, un Profeta de Dios, que ésta es la Iglesia de Jesucristo, con la misma organización que existió en la Iglesia primitiva; que Dios habla en la actualidad mediante su portavoz y Profeta, el presidente Harold B. Lee, quien dirige la obra de la Iglesia de Jesucristo aquí sobre la tierra.

Que podamos tener la comprensión, el valor, la fuerza, el deseo y la determinación de escuchar la voz de amonestación de nuestro Profeta actual y vivamos dignos de las bendiciones que se han prometido a los fieles, a fin de que se pueda decir de nosotros, “bien, buen siervo y fiel” (Mateo 25:21). Oro humildemente para que todos podamos recibir estas bendiciones, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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