Sólo para varones jóvenes

Conferencia General Octubre 1976

Sólo para varones jóvenes

por el élder Boyd K. Packer
del Consejo de los Doce


En esta sesión del sacerdocio se hallan solamente hermanos, y deseo abordar un tema que no podría ser analizado si hubiera otras personas presentes. He orado fervientemente por inspiración a fin de dirigirles la palabra a los jóvenes en edad del Sacerdocio Aarónico.

Por lo tanto, estas palabras son sólo para varones jóvenes.

Deseo examinar un tema que los padres deberían hablar con sus hijos. Siendo que algunos jóvenes no tienen a su padre, y siendo que algunos padres (y algunos obispos) no saben cómo proceder con respecto a esto, abordo un tema muy personal, un tema que es importante para cada varón joven.

Tú has recibido un cuerpo mortal con el cual vivir la experiencia de la vida terrenal; mediante él serás probado. Tu cuerpo es el instrumento de tu mente y el cimiento de tu carácter; contiene poderes que, si se usan apropiadamente, contribuirán grandemente a tu exaltación. Si utilizas este don dignamente, te servirá por toda la eternidad.

Nunca te avergüences de tu cuerpo, no hay dos cuerpos que sean iguales. Algunos jóvenes se preocupan porque les parece que su cuerpo no está bien proporcionado: creen que son demasiado bajos o demasiado altos, demasiado corpulentos o demasiado delgados, o demasiado fuera de proporción en alguna otra forma. Las proporciones físicas poco tienen que ver con el éxito, particularmente en lo que concierne al éxito espiritual. Siéntete agradecido por el cuerpo que tienes.

Esfuérzate por mantenerlo saludable mediante nutrición, descanso y ejercicio adecuados. Desarrolla tu cuerpo hasta que alcance su más plena y útil capacidad, desarrolla vigor varonil y control; no dejes que en tu cuerpo entre nada que pueda dañarlo: no uses tabaco, ni alcohol, ni drogas ni ninguna otra substancia dañina.

Un varón joven debe aprender a gobernar su cuerpo. Tal como debes hacer con tu temperamento, siempre debes mantener tu cuerpo bajo completo control aunque a veces eso no sea fácil de llevar a cabo.

Dentro de tu cuerpo tienes el poder de crear. Un día, encontrarás a quien será tu esposa y desearás intensamente expresar plenamente tu amor con ella. La expresión justa de este amor físico en el matrimonio cuenta con la aprobación del Señor. Entonces, ella podrá concebir y dar a luz a un niño o a una niña, un bebé del cual tú serás el padre.

Éste es un poder muy sagrado: el Señor ha mandado que lo uses solamente con quien estés legítima y legalmente casado y, por cierto, ha decretado sanciones serias por su uso indebido.

Este poder comienza temprano en la vida; con algunos jóvenes comienza apenas entran en la adolescencia. Hay un propósito para esto, pues con este poder vienen los atributos de la virilidad: notarás cambios en tu estatura y en tu voz; la barba y otras características masculinas formarán parte de tu naturaleza.

Tus sentimientos también cambiarán. Este poder físico influirá en ti emocional y espiritualmente; comenzará a formarse y a acomodarse para que parezcas, para que sientas y para que seas lo que tienes que ser como padre. La ambición, el valor, la fuerza física, emocional y espiritual llegarán a ser parte de ti porque ahora eres un hombre; te interesarás mucho en las jóvenes y desearás estar con ellas. Eso debe ser así.

Este poder de creación afectará tu vida por varios años antes de que debas expresarlo plenamente. Debes proteger siempre ese poder con sabiduría varonil; deberás esperar hasta el momento de tu casamiento para usarlo.

¿Qué harás con esos deseos durante la espera? Muchacho, debes controlarlos. Se te prohíbe usarlos ahora a fin de que puedas utilizarlos con dignidad, con virtud y con plenitud de gozo en el momento adecuado de la vida.

Deseo explicar algo que te ayudará a entender tu joven hombría y te ayudará a desarrollar autocontrol. Cuando este poder reproductor comienza a formarse, se le puede comparar al hecho de poseer una pequeña fábrica dentro de tu cuerpo, una fábrica diseñada para producir el producto que generará la vida.

Esta pequeña fábrica pone en marcha sus operaciones silenciosamente como un modelo normal y esperado de crecimiento, y comienza a producir la substancia dadora de la vida; incluso es probable que seguirá haciéndolo en tanto que tengas vida. La fábrica opera lentamente y esa es la forma en que debe ser. Por lo general, a menos que te entrometas con ella, difícilmente te darás cuenta de que está funcionando.

A medida que te aproximes a la madurez, la pequeña fábrica producirá ocasionalmente un exceso de esa substancia. El Señor ha provisto de una forma para que sea liberada y sucederá sin ayuda o sin resistencia alguna de tu parte: quizás, una noche soñarás algo y durante el sueño la válvula de escape que controla la fábrica se abrirá y dejará escapar todo ese exceso.

La fábrica y el escape automático funcionan según su propio horario. El Señor planificó que así fuera, debe regularse a sí misma, y eso no sucederá muy a menudo. Tal vez pase un extenso período y no habrá necesidad de que eso ocurra; pero, cuando ocurra, no tienes que sentirte culpable: es la naturaleza de la virilidad joven y es parte del proceso de llegar a ser hombre.

Hay, sin embargo, algo que tú no debes hacer. A veces, un joven no entiende porque probablemente se ve animado por compañeros imprudentes o indignos a entrometerse con esa fábrica; puede que se acaricie a sí mismo y abra la válvula de escape.

Tú no debes hacer eso, pues, si lo haces, la pequeña fábrica se precipitará y, en ese caso, te verás tentado una y otra vez a darle escape. Rápidamente te esclavizarás a un hábito, uno que no es digno, uno que te dejará deprimido y con sentimientos de culpa. Resiste esa tentación; no seas culpable de entrometerte o de jugar con este sagrado poder de creación, mantenlo en reserva para la época en que pueda ser empleado con rectitud.

Tal vez no hayas entendido plenamente hasta ahora. Probablemente tu padre no te haya hablado, y es posible que ya hayas sido culpable de entrometerte con esos poderes; tal vez ya hayas desarrollado el hábito. ¿Qué debes hacer entonces?

Primeramente, quiero que sepas esto: si estás luchando con esta tentación y tal vez no hayas podido resistir del todo, el Señor aún te ama.

Esto no es algo tan malvado, ni es una transgresión tan grande que el Señor vaya a rechazarte por causa de ella, pero puede llevarte rápidamente a la clase de transgresión que sí es grande. No es agradable para el Señor, ni lo es para ti; tampoco te sentirás digno ni limpio.

Hay maneras de conquistar ese hábito. Ante todo, debes dejar sola a esa fábrica de tal manera que comience a aminorar su marcha. Resistirse a eso no es fácil; llevará semanas, y tal vez meses; pero hará que la pequeña fábrica vuelva a su marcha normal.

Tengo otras sugerencias: el poder para evitar tales hábitos o para destruirlos descansa en tu mente, no en tu cuerpo. No permitas que la parte física de ti sea la que tome el mando; permanece en control, condiciona tu cuerpo para que haga la voluntad de tu mente. Para lograr eso, debes mantener la mente con pensamientos dignos y apartar tus pensamientos de las cosas que te puedan llevar al mal. El ejercicio físico vigoroso ayuda a los jóvenes en muchas formas; recuerda que eres sumamente vulnerable cuando estés sin hacer nada o cuando te sientas desanimado: ése es el momento de ponerte en guardia.

Conozco una forma de que mantengas tus pensamientos dignos, que me ha ayudado a mí, y la expliqué una vez en un discurso de una conferencia general. Permíteme repetirla para ti.

Probablemente, el desafío más grande para la gente de cualquier edad, particularmente para ti, joven, y lo más difícil que enfrentarás en la vida terrenal, sea el controlar tus pensamientos. Según el hombre piense «en su corazón, tal es él» (Proverbios 23:7). Quien pueda controlar sus pensamientos se ha conquistado a sí mismo.

Cuando yo tenía unos diez años de edad, vivíamos en una casa rodeada por una huerta y parecía que nunca había agua suficiente para los árboles. Los canales, abiertos por el arado en la primavera, pronto se veían llenos de maleza. Un día, cuando estaba a cargo del turno del regadío, me encontré en dificultades: a medida que el agua comenzaba a bajar por las zanjas, atascada por la maleza, comenzaba a desparramarse en todas direcciones. Yo corría por los charcos tratando de levantar los bordes de las canaletas, pero, tan pronto como rellenaba un borde roto, se rompía otro.

En eso, un vecino cruzó el huerto; miró durante un momento y luego, con unos pocos golpes vigorosos de pala, limpió la canaleta, quitándole las hierbas hasta dejar que el curso del agua siguiera por la zanja preparada.

«Si quieres que el agua permanezca en el curso trazado, tendrás que prepararle el camino por el cual deba ir», dijo.

He llegado a darme cuenta de que los pensamientos, como el agua, permanecerán en su curso si les hacemos un lugar por el cual puedan ir, de otro modo, seguirán el curso de menor resistencia, siempre buscando los niveles más bajos.

Acrecer, se me dijo cientos de veces, o más, que los pensamientos deben controlarse, pero nadie me dijo cómo hacerlo. Yo quiero decirte, joven, una forma en la que podrás controlar tus pensamientos, y tiene que ver con la música.

La mente es como un escenario. Con la excepción de cuando dormimos, el telón está siempre levantado, siempre hay algo que se está representando en ese escenario: tal vez sea una comedia, una tragedia, interesante o aburrida, buena o mala; pero siempre hay algo representándose en el escenario de la mente.

¿Has notado que sin esfuerzo alguno de tu parte, en medio de casi cualquier representación, puede, furtivamente, aparecer un pensamiento ensombrecido desde las bambalinas capaz de captar tu atención? Esos pensamientos delincuentes tratarán de acaparar la escena y, si les permites seguir adelante, todos los pensamientos de virtud dejarán el escenario, y serás abandonado porque habrás consentido a la influencia de pensamientos malos.

Si cedes a ellos, representarán en el escenario de tu mente cualquier cosa hasta los límites de tu tolerancia. Tal vez representen un tema de amargura, de celos o de odio; tal vez sea algo vulgar, inmoral o depravado. Una vez que estén en escena, si los dejas, ellos improvisarán las persuasiones más inteligentes para mantener tu atención. Sí, ellos harán que todo parezca interesante y también te convencerán de que son inocentes porque se trata tan sólo de pensamientos.

¿Qué debes hacer en un momento como ése, en el que el escenario de tu mente esté dominado por los diablillos de los pensamientos impuros, ya sea que se trate de los que son grises y parecen casi puros, o de los inmundos que no dejan lugar a duda? Si controlas tus pensamientos, vencerás los hábitos, inclusive los hábitos personales degradantes y, si aprendes a dominarlos, tendrás una vida feliz.

Esto es lo que yo quisiera enseñarte: elige de entre la música sagrada de la Iglesia un himno que sea tu favorito, uno con palabras que eleven y cuya música sea reverente, uno que te haga sentir inclinado a la inspiración. Repítelo en tu mente con mucha atención; memorízalo. Permíteme expresarte que aunque no hayas tenido capacitación musical podrás repetir un himno en tu mente.

Ahora utiliza ese himno como el lugar al cual se dirijan tus pensamientos; haz de él una canaleta de emergencia. Siempre que encuentres a esos actores obscuros escurriéndose desde las bambalinas de tu pensamiento hasta el escenario de tu mente, piensa en ese himno. A medida que comience la música y empiecen las palabras a aparecer en tu mente, los pensamientos indignos se retirarán avergonzados; eso cambiará todo el ambiente en el escenario de tu mente y, debido a que es algo que eleva y es puro, desaparecerán los pensamientos bajos. Ya que la virtud, por elección, no se asocia con la inmundicia, el mal no puede tolerar la presencia de la luz.

Con el tiempo, te encontrarás, ocasionalmente, tarareando la música en tu interior. Cuando reexamines tus pensamientos, descubrirás que alguna influencia del mundo que te rodea habrá impulsado a un pensamiento indigno para que suba al escenario de tu mente, y la música habrá comenzado casi automáticamente.

Una vez que aprendas a despejar el escenario de tu mente, de pensamientos indignos, manten-lo ocupado aprendiendo cosas dignas; cambia tu entorno de manera que te rodeen cosas que inspiren pensamientos buenos y edificantes, y mantente ocupado con aquello que sea recto.

Otra cosa te ayudará a evitar y a vencer ese tipo de hábitos. En momentos de tentación especial deja de participar de una comida, o de dos; a esto lo llamamos ayunar, bien lo sabes, y tiene un efecto físico poderoso sobre uno: sirve para desviar parte de la energía física a necesidades normales; templa los deseos y reduce la tentación. El ayuno te servirá enormemente.

En las Escrituras, el ayuno y la oración generalmente se mencionan juntos. La oración es un instrumento poderoso para bendecir a los jóvenes. Si un misionero, por ejemplo, cayera en esas prácticas indignas, el Espíritu del Señor lo abandonará; pero si ora y ayuna, el Espíritu del Señor lo sostendrá y pronto desarrollará control y dignidad varoniles.

Resiste esas tentaciones; no te entrometas con tu cuerpo. Si ya lo has hecho, deja de hacerlo: ahora; haz eso a un lado y supéralo. El autocontrol es la señal de la virilidad digna.

Este poder es ordenado para la procreación de la vida y como sello de unión en el convenio matrimonial. No debe ser mal usado; no es para usarse prematuramente, sino para ser usado por esposo y esposa y en ninguna otra forma. Si lo usas mal, lo lamentarás.

¡Ahora una advertencia! Casi vacilo en mencionarla, pues no es agradable. Debe ser catalogada como transgresión grave; pero hablaré claramente: hay algunas circunstancias en las que los jóvenes pueden sentirse tentados a manosearse unos a otros, a tener contacto con otros, físicamente, en formas desusadas. Los jóvenes Santos de los Últimos Días no deben hacer eso.

A veces eso comienza en un momento de ociosidad, en el que los muchachos están jugando; pero no se trata solamente de una tontería pasajera, es sumamente peligrosa. Esas prácticas, por más tentadoras que sean, son perversas. Cuando el varón joven está buscando su camino hacia la madurez, tales experiencias pueden desviar sus deseos normales y pervertirlo no sólo físicamente sino también emocional y espiritualmente.

La intención fue que usáramos este poder únicamente con nuestra compañera en el matrimonio. Repito, claramente, se prohíben las travesuras físicas con otro hombre. El Señor las ha prohibido.

Hay algunos hombres que animan a los jóvenes a unirse a ellos en esos actos inmorales. Si alguna vez alguien se te acerca para invitarte a participar en algo así, resiste con toda tu fuerza.

Mientras yo visitaba una misión, en cierta ocasión, un misionero dijo que tenía algo que confesar. Yo estaba muy preocupado porque él no podía llegar a decirme claramente qué había hecho.

Después de animarlo con paciencia, finalmente me dijo mascullando: «Le pegué a mi compañero».

«Ah, eso es todo…», dije con gran alivio.

«Pero le pegué tan fuerte que lo tiré al suelo», repuso.

Después de enterarme un poco más en cuanto a la situación, mi respuesta fue: «Bueno, está bien, alguien tenía que hacerlo y no habría sido bueno que una Autoridad General resolviera el problema en esa forma».

Yo no te recomiendo ese curso de acción, pero no lo omito. Debes protegerte.

Hay una falsedad que dice que algunas personas nacen con una atracción hacia los de su propio sexo, y que no hay nada que puedan hacer al respecto. Son simplemente «así» y únicamente pueden ceder a esos deseos. Ésa es una mentira maliciosa y destructiva y, aunque esa mentira es una idea convincente para algunos, proviene del diablo. A nadie se le encierra en esa clase de vida. Desde nuestra existencia premortal fuimos dirigidos a cuerpos físicos. No existe desacuerdo entre cuerpos y espíritus: el muchacho debe llegar a ser hombre —masculino, hombre varonil— para finalmente ser marido y padre; no hay nadie predestinado al uso pervertido de esos poderes.

Incluso aquellos que hayan sido arrastrados a prácticas inicuas y estén sujetos a hábitos casi inflexibles pueden escapar. Si tú pareces estar atrapado en eso, escapa. Ve a tu padre o a tu obispo. Tus padres, tu obispo, los siervos del Señor, los ángeles del cielo y el Señor mismo te ayudarán a redimirte de ello.

Joven Santo de los Últimos Días, no te entrometas con estos poderes, ni contigo mismo en forma personal, ni en compañía de otras personas del mismo sexo. Nunca dejes que otra persona te manosee o te toque aquellas partes muy personales de tu cuerpo, las cuales son un eslabón esencial en la marcha de la creación.

Muchos de los del mundo, estoy seguro, se divertirán a costa de ese consejo; déjalos que se diviertan, ellos viven otra norma, una norma más baja. Nosotros vivimos la norma del Señor y continuaremos enseñándola.

Es normal y apropiado que un joven varón se sienta cada vez más interesado en las jóvenes señoritas, en comenzar a salir juntos con la finalidad de seleccionar a una compañera. Nosotros alentamos eso, pero ten cuidado: mantén puras y castas esas relaciones con las jóvenes; reserva esos poderes dadores de la vida para el matrimonio.

En general, el joven varón está físicamente desarrollado para el matrimonio mucho antes de llenar los requisitos emocionales, espirituales o materiales. En el tiempo debido, cuando todo se equilibre, estarás listo. Después de haberte mantenido en control físico, después de haber madurado lo suficiente emocional y espiritualmente, y luego de tener algunos medios materiales, ése será el momento para el matrimonio.

Entonces entrarás en el nuevo y sempiterno convenio: tú y tu novia serán sellados por esta vida y por toda la eternidad. Entonces, esos poderes sagrados dadores de la vida se liberarán para su uso; llegarán a ser un vínculo unificante en tu matrimonio y, mediante ellos, llegarás a ser padre.

Pero, por ahora, prepárate y sigue el consejo dado en este pasaje de la Escrituras: «Sed limpios los que lleváis los vasos del Señor» (D. y C. 133:5).

Dios te bendiga, joven hermano nuestro, a medida que te esfuerces por ser limpio. Al hacerlo así, complacerás al Señor y a Su profeta, de quienes doy testimonio, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Discurso pronunciado el 2 de octubre de 1976 en la sesión del sacerdocio de la conferencia general de la Iglesia

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Una respuesta a Sólo para varones jóvenes

  1. Walter dijo:

    Mi padre me lo pasó cuando esté discurso era un folleto y yo un jovencito de unos 14 años. «Te va servir» me dijo.. lo leí y me transformó la vida. Aprendí a querer mi cuerpo con sus defectos pero también con sus virtudes. Ahora tengo 52 y hace años atrás se lo comparti a mis 2 hijos varones… Ruego que sigan sus consejos y le sirva como me sirvió a mi …

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