Cada uno de nosotros tiene una historia

Conferencia General Abril 2022

Cada uno de nosotros tiene una historia

Por el élder Gerrit W. Gong
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Por favor, vengan y encuentren a su familia, todas sus generaciones, y tráiganlas a casa.


Amigos, hermanos y hermanas, cada uno de nosotros tiene una historia. Al descubrir nuestra historia, nos conectamos, desarrollamos un sentido de pertenencia, llegamos a ser.

Mi nombre es Gerrit Walter Gong. Gerrit es un nombre holandés, Walter (el nombre de mi padre) es estadounidense, y Gong, por supuesto, es un apellido chino.

Los expertos estiman que entre unos 70 000 y 110 000 millones de personas han vivido sobre la tierra. Quizás solo uno se ha llamado Gerrit Walter Gong.

Cada uno de nosotros tiene una historia. Me encantan “la lluvia sobre mi faz [y] el soplo del viento al pasar”1. Me balanceo al andar como los pingüinos de la Antártida. Doy a huérfanos en Guatemala, a niños que viven en la calle en Camboya y a mujeres masái en la Mara africana sus primeras fotos de sí mismos.

Espero en el hospital al nacer cada uno de nuestros hijos; en una ocasión, el médico me pide que ayude.

Confío en Dios. Creo que “exist[imos] […] para que tenga[mos] gozo”2, que hay un tiempo y una hora para todo lo que hay debajo del cielo3.

¿Conocen su historia? ¿Lo que significa su nombre? La población mundial creció de 1100 millones de personas en 1820 a casi 7800 millones en 20204. El año 1820 parece haber sido un punto de inflexión en la historia. Muchas personas nacidas después de 1820 tienen recuerdos y registros para identificar varias generaciones familiares. ¿Pueden ustedes pensar en algún recuerdo tierno y especial con algún abuelo u otro miembro de su familia?

Sea cual sea el número total de personas que hayan vivido sobre la tierra, es un número finito, contable, una persona a la vez. Ustedes y yo, cada uno, somos importantes.

Consideren esto: tanto si los conocemos como si no, todos nacemos de una madre y un padre, y cada madre y padre ha nacido de una madre y un padre5. Sea por nacimiento o por linaje adoptivo, al final todos estamos conectados en la familia de Dios y en la familia humana.

Mi trigésimo bisabuelo, Primer Dragón Gong, nacido en el año 837 después de Cristo, fundó el pueblo de nuestra familia en el sur de China. La primera vez que visité el pueblo Gong, la gente decía “Wenhan huilaile” (“Gerrit ha regresado”).

Por la línea de mi madre, nuestro árbol familiar vivo incluye miles de nombres, y hay más por descubrir6. Todos tenemos más familiares con quienes conectarnos. Si piensan que su tía abuela ya ha realizado toda la genealogía familiar de ustedes, por favor, encuentren a sus primos y a los primos de sus primos. Conecten sus nombres familiares de la memoria viva con los 10 000 millones de nombres que ahora se pueden buscar en la colección en línea de FamilySearch y los 1300 millones de personas que hay en su Árbol Familiar7.

Pidan a sus amigos y familiares que hagan un árbol familiar vivo. Como nos enseña el presidente Russell M. Nelson, los árboles vivos tienen raíces y ramas8. Ya sean la primera o la décima generación conocida, conecten el ayer para el mañana. Conecten las raíces y las ramas en su árbol familiar vivo9.

La pregunta “¿De dónde es usted?” hace referencia al linaje, al lugar de nacimiento y al país de origen o a la tierra natal. A nivel mundial, el 25 por ciento de las personas seguimos el rastro de nuestra tierra natal hasta China, el 23 por ciento hasta la India, el 17 por ciento hasta otras partes de Asia y del Pacífico, el 18 por ciento hasta Europa, el 10 por ciento hasta África y el 7 por ciento hasta las Américas10.

La pregunta “¿De dónde es usted?” también nos invita a descubrir nuestra identidad divina y nuestro propósito espiritual en la vida.

Cada uno de nosotros tiene una historia.

Una familia que conozco conectó cinco generaciones familiares cuando visitaron su antiguo hogar en Winnipeg, Canadá. Allí, el abuelo habló a sus nietos sobre el día en que dos misioneros (a quienes él llamó ángeles del cielo) les trajeron el evangelio restaurado de Jesucristo, lo cual cambió a su familia para siempre.

Una madre que conozco invitó a sus hijos y a sus primos a preguntar a su bisabuela sobre sus experiencias cuando era niña. Las aventuras y lecciones vitales de la bisabuela ahora forman parte de un libro familiar de gran valor que une generaciones.

Un jovencito que conozco está compilando un “Diario de papá”. Años atrás, un auto atropelló y mató a su padre. Ahora, para conocer a su padre, este valeroso jovencito está preservando recuerdos de la infancia e historias de familiares y amigos.

Cuando a las personas les preguntan qué es lo más significativo en la vida, la mayoría de ellas ponen a la familia en primer lugar11. Esto incluye tanto a los que están vivos como a los que han fallecido. Por supuesto, cuando morimos, no dejamos de existir; seguimos viviendo al otro lado del velo.

Nuestros antepasados, que aún están muy vivos, merecen ser recordados12. Recordamos nuestro legado mediante historias orales, registros de clanes y relatos de familia, monumentos o lugares conmemorativos y celebraciones con fotos, comida u objetos que nos recuerdan a nuestros seres queridos.

Piensen en dónde viven: ¿No es maravilloso cómo su país y comunidad recuerdan y honran a los antepasados, a la familia, a personas que han servido y se han sacrificado? Por ejemplo, en la cosecha conmemorativa de otoño en South Molton, Devonshire, Inglaterra, a la hermana Gong y a mí nos encantó encontrar la pequeña iglesia y la comunidad donde vivieron varias generaciones de nuestra familia Bawden. Honramos a nuestros antepasados cuando abrimos los cielos mediante la obra del templo y de historia familiar13 y cuando nos convertimos en un eslabón conexivo14 en la cadena de nuestras generaciones15.

En esta era de egocentrismo, la sociedad se beneficia cuando las generaciones se conectan de formas significativas. Necesitamos tener raíces para poder tener alas: relaciones reales, servicio significativo, vida más allá de las efímeras fachadas de las redes sociales.

La conexión con nuestros antepasados puede cambiar nuestra vida de maneras sorprendentes. Sus pruebas y logros nos dan fe y fortaleza16. Su amor y sus sacrificios nos enseñan a perdonar y a seguir adelante. Nuestros hijos se hacen resilientes. Obtenemos protección y poder. Los lazos con los antepasados aumentan la unidad familiar, la gratitud y los milagros. Tales lazos pueden brindar ayuda del otro lado del velo.

Así como las familias tienen alegrías, también pueden tener pesares. Ninguna persona es perfecta, y tampoco ninguna familia. Cuando aquellos que deben amarnos, nutrirnos y protegernos no lo hacen, nos sentimos abandonados, avergonzados y heridos. La familia puede convertirse en una cáscara vacía. Sin embargo, con la ayuda del cielo, podemos llegar a comprender a nuestra familia y hacer las paces unos con otros17.

A veces, un compromiso inquebrantable con las relaciones familiares perdurables nos ayuda a lograr cosas difíciles. En algunos casos, la comunidad se convierte en nuestra familia. Una jovencita extraordinaria, cuya familia atribulada se trasladaba frecuentemente, encontró una familia amorosa en la Iglesia que la nutrió y la acogió en cada lugar donde estuvo. La genética y los esquemas familiares tienen influencia sobre nosotros, pero no nos definen.

Dios quiere que nuestras familias sean felices y duren para siempre. La eternidad es un tiempo muy largo si no nos hacemos felices unos a otros. La felicidad es muy corta si nuestras relaciones más queridas terminan en esta vida. Por medio de convenios sagrados, Jesucristo ofrece Su amor, poder y gracia para cambiarnos18 y sanar nuestras relaciones. El servicio abnegado en el templo por los seres queridos hace que la expiación de nuestro Salvador sea real para ellos y para nosotros. Santificados, podemos volver a casa en la presencia de Dios como familias unidas eternamente19.

Cada una de nuestras historias es un viaje todavía en curso a medida que descubrimos, creamos y llegamos a ser con posibilidades que van más allá de la imaginación.

El profeta José Smith dijo: “A algunos les parecerá muy atrevida esta doctrina que discutimos: un poder que registra o ata en la tierra y también en los cielos”20. La sociabilidad que creamos aquí puede existir con gloria eterna allí21. Sin lugar a dudas, sin los miembros de nuestra familia “nosotros no podemos perfeccionarnos, ni ellos pueden perfeccionarse sin nosotros”, es decir, en “una unión entera, completa y perfecta”22.

¿Qué podemos hacer ahora?

Primero, imaginen su propia imagen reflejada una y otra vez entre dos espejos que representan la eternidad. En una dirección, véanse a sí mismas como hijas, nietas, bisnietas; en la otra dirección, sonrían a su reflejo como tías, madres, abuelas. ¡El tiempo pasa tan rápido! En cada ocasión y papel que desempeñen, fíjense en quién está con ustedes. Reúnan sus fotografías e historias; hagan que las memorias de ellos sean reales. Registren sus nombres, experiencias y fechas clave. Son su familia: la familia que tienen y la familia que quieren.

A medida que realicen ordenanzas del templo por los miembros de sus familias, el espíritu de Elías, “una manifestación del Espíritu Santo que da testimonio de la naturaleza divina de la familia”23, entrelazará los corazones de sus padres, madres e hijos con amor24.

Segundo, hagan que la aventura de la historia familiar sea deliberada y espontánea. Llamen a su abuela. Miren profundamente a los ojos a un bebé recién nacido. Dediquen tiempo —descubran la eternidad— en cada etapa del viaje. Aprendan y reconozcan con gratitud y honestidad su legado familiar. Celebren y apliquen lo positivo y, cuando sea necesario, hagan humildemente todo lo posible para no transmitir lo negativo. Hagan que las cosas buenas comiencen con ustedes.

Tercero, visiten FamilySearch.org. Descarguen las aplicaciones móviles disponibles. Son gratuitas y divertidas. Descubran, conéctense, desarrollen un sentido de pertenencia. Vean cómo están relacionados con las personas de la habitación, cuán fácil y gratificante es añadir nombres a su árbol familiar vivo, encontrar y bendecir a sus raíces y ramas.

Cuarto, ayuden a unir a las familias por la eternidad. Recuerden la demografía del cielo. Hay muchas más personas al otro lado del velo que en este. A medida que más templos se encuentran más cerca de nosotros, por favor, ofrezcan a aquellos que están esperando las ordenanzas del templo la oportunidad de recibirlas.

La promesa en la Pascua de Resurrección y siempre es que, en Jesucristo y por medio de Él, podemos llegar a convertirnos en nuestra mejor historia y nuestras familias pueden llegar a ser felices y eternas. En todas nuestras generaciones, Jesucristo sana a los quebrantados de corazón, libera a los cautivos y pone en libertad a los quebrantados25. El sentido de pertenencia por convenio con Dios y unos con otros26 incluye saber que nuestro espíritu y cuerpo serán reunidos mediante la resurrección y que nuestras más preciadas relaciones pueden continuar más allá de la muerte con una plenitud de gozo27.

Cada uno de nosotros tiene una historia. Vengan y descubran la suya. Vengan y encuentren su voz, su canción, su armonía en Él. Este es el propósito mismo por el que Dios creó los cielos y la tierra y vio que eran buenos28.

Alaben el plan de felicidad de Dios, la expiación de Jesucristo, la restauración continua en Su evangelio e Iglesia. Por favor, vengan y encuentren a su familia, todas sus generaciones, y tráiganlas a casa. En el sagrado y santo nombre de Jesucristo. Amén.


  1. “Mi Padre Celestial me ama”, Canciones para los niños, págs. 16–17.
  2. 2 Nefi 2:25.
  3. Véase Eclesiastés 3:1.
  4. Basado en la Secretaría de las Naciones Unidas, The World at Six Billion, 1999, pág. 5, tabla 1; “World Population by Year”, Worldometer, worldometers.info.
  5. Muchos tienen la bendición de tener padres que no los concibieron físicamente y, sin embargo, están unidos como familia por medio de lazos de afecto, adopción y convenios selladores sagrados.
  6. Expreso mi aprecio por aquellos que están probando nuevas maneras de organizar grandes cantidades de nombres familiares en árboles familiares.
  7. En 2021 se añadieron aproximadamente 99 millones de nombres a árboles familiares públicos y recientemente se terminó la digitalización de 2,4 millones de rollos de microfilmes que contienen aproximadamente 37 000 millones de nombres (con algunas duplicaciones). Estos registros individuales ahora pueden prepararse para ser buscados, encontrados y añadidos al árbol familiar de la humanidad.
  8. Véase Russell M. Nelson, “Raíces y ramas”, Liahona, mayo de 2004, págs. 27–29.
  9. Por supuesto, al descubrir y construir nuestro árbol familiar vivo, mantengamos un 100 por ciento de respeto por la privacidad y la participación voluntaria de los miembros de la familia, tanto vivos como fallecidos.
  10. David Quimette extrapoló estas cifras, basadas en Angus Maddison, The World Economy: A Millennial Perspective, 2001, pág. 241, tabla B-10.
  11. Véase Laura Silver y otros, “What Makes Life Meaningful? Views from 17 Advanced Economies”, Pew Research Center, 18 de noviembre de 2021, pewresearch.org.
  12. 1 Nefi 9:5; 1 Nefi 19:3; Palabras de Mormón 1:6–7 y Alma 37:2 hablan de llevar registros y recordar “para un sabio propósito”, el cual incluye bendecir a futuras generaciones.
  13. Véase Russell M. Nelson y Wendy W. Nelson, “Abran los cielos mediante la obra del templo y de historia familiar”, Liahona, octubre de 2017, págs. 14–19; véase también “Día de descubrimiento familiar—sesión de apertura 2017” (video), LaIglesiadeJesucristo.org.
  14. Véase Doctrina y Convenios 128:18.
  15. Véase Gordon B. Hinckley, “Keep the Chain Unbroken” (devocional de la Universidad Brigham Young, 30 de noviembre de 1999), speeches.byu.edu. El presidente Hinckley también fue citado por David A. Bednar en “Un eslabón conexivo” (devocional mundial para jóvenes adultos, 10 de septiembre de 2017), https://www.churchofjesuschrist.org/broadcasts/article/worldwide-devotionals/2017/01/a-welding-link?lang=spa.
  16. Por ejemplo, en nuestra familia, Henry Bawden, de Devonshire, Inglaterra, se casó con Sarah Howard, que emigró con su familia después de que se unieron a la Iglesia. Cuando Sarah era una joven adolescente que vivía en St. Louis, su padre, su madre y cinco de sus hermanos murieron. Henry y Sarah tuvieron diez hijos. Sarah también crio a seis hijos de la primera esposa de Henry, Ann Ireland, después de que esta falleciera. Además, Sarah hizo de madre de dos jóvenes nietas después de que falleciera su nuera. A pesar de los muchos desafíos de la vida, Sarah era agradable, amorosa, compasiva y, por supuesto, muy trabajadora. Se la conocía afectuosamente como “la pequeña abuela”.
  17. A pesar de que sea difícil, a medida que nos perdonamos a nosotros mismos y unos a otros con la ayuda de Cristo, llegamos a ser “hijos de Dios” (Mateo 5:9).
  18. Véase, por ejemplo, Mosíah 3:19.
  19. Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, LaIglesiadeJesucristo.org.
  20. Doctrina y Convenios 128:9.
  21. Véase Doctrina y Convenios 130:2.
  22. Doctrina y Convenios 128:18.
  23. Russell M. Nelson, “Un nuevo tiempo para la cosecha”, Liahona, julio de 1998, pág. 36; véase también Russell M. Nelson y Wendy W. Nelson, “Abran los cielos mediante la obra del templo y de historia familiar”, págs. 16–18.
  24. Véase Mosíah 18:21.
  25. Véase Lucas 4:18.
  26. Según me han dicho, la palabra hebrea equivalente a familia —mishpachah— proviene de una raíz lingüística hebrea (shaphahh) que significa “juntar o unir”. Cada función en la familia está pensada para fortalecer los lazos familiares.
  27. Véanse Doctrina y Convenios 88:15–16, 34; 93:33; 138:17.
  28. Véase Génesis 1:4, 31.
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